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LA DOLARIZACION COMO REGIMEN CAMBIARIO ALTERNATIVO PARA COSTA RICA
Jorge Corrales Quesada
Seminario
de Econálisis del 31
de agosto del 2007 I.-
INTRODUCCION Desde ya deseo
aclarar que no hay nada en el Tratado de Libre Comercio entre Costa Rica, Centro
América, República Dominicana y los Estados Unidos, que requiera dolarizar
nuestra economía. Digo esto para
frenar cualquier intento de tergiversación de los profetas del negativismo,
quienes, no me extraña, podrían aseverar que se oponen al TLC, porque éste
exige una Costa Rica dolarizada. Sí, yo propongo
que los residentes de Costa Rica usemos extensivamente el dólar estadounidense
como moneda (u otra moneda extranjera) al lado del colón, que se emplearía
como moneda fraccionaria. Al igual que Panamá. Voy a exponer el
principio general dentro del cual enmarco mi propuesta.
Una moneda tiene valor si es objeto de demanda; si la gente la desea para
realizar transacciones o como un almacén de valor.
Creo que la experiencia reciente con la moneda de Costa Rica nos indica
que su demanda declina en comparación con la que los costarricenses hacemos de
otras monedas, tales como el dólar o el euro. La prueba de la existencia de
tales demandas es si permitimos que los costarricenses escojan libremente cuál
moneda usar para sus transacciones (esto es, que puedan sustituir la moneda
nacional) o bien para mantener sus acervos de riqueza (es decir, que nos proteja
de los riesgos macroeconómicos y, principalmente, contra la inflación
interna). Recientemente veníamos
observando un país que gradualmente sustituía al colón por el dólar y como
cada día más y más transacciones se realizaban en moneda estadounidense en
vez de hacerlo en colones. Esto no sólo se daba en transacciones de alto valor,
principalmente tierras y otras propiedades, sino también en activos duraderos o
semi-duraderos, como vehículos y cierta línea blanca, pero, además, era la
forma frecuente con que se pagaba el salario para ciertas posiciones
relativamente altas o escasas en la actividad privada, lo que incluso provocaba
la sorpresa y el deseo de trabajadores remunerados en colones, para que también
a ellos se les cancelara en dólares. Costa
Rica estaba experimentando una dolarización extraoficial. Sobre este tema
nada más permítaseme citar tres fuentes que lo corroboran: una es el Fitch
Ratings del 2006, que manifiesta su preocupación por la dolarización
financiera del país; otra es el informe del Fondo Monetario Internacional del
2003, el cual señala que el 60% del crédito al sector privado estaba
dolarizado, indicando una importante vulnerabilidad de la economía y, en tercer
lugar, más recientemente, el Country Report del Fondo Monetario del 2006 para
Costa Rica, que señala que “la dolarización de los depósitos y el crédito
en el sector financiero son aún altos (aunque parece que se han nivelado).”
Por supuesto que el FMI insiste en que las autoridades económicas
nacionales tomen acciones para des-dolarizar la economía, tal como las
autoridades del Banco Central lo han venido intentando hacer, si bien
ciertamente la fijación actual del tipo de cambio al piso de la banda cambiaria
hace muy poco por estimular una des-dolarización del país. Esencialmente
propongo que Costa Rica inicie un proceso de dolarización como paso previo a
una libre tenencia de monedas. II.-
BENEFICIOS Y COSTOS DE DOLARIZAR Los expongo a fin
de que, y al menos como un principio, se ponderen los pros y los contras de una
dolarización para los costarricenses.
A.- POSIBLES BENEFICIOS Por lo general,
cuando los países dolarizan oficialmente es cuando se encuentran inmersos en
serias crisis financieras. Alguien
de inmediato me va a decir. “Costa Rica no sufre una crisis financiera.
Entonces, ¿para qué dolarizarnos?” Esta pregunta tan razonable me permite señalar
lo que es uno de los principales beneficios que se esperaría de una dolarización,
en especial porque, de hacerlo en una situación de relativa estabilidad
financiera, disminuyen los enormes costos del ajuste económico que usualmente
se requiere para salir de una crisis: es mejor hacer la dolarización en una
situación de relativa tranquilidad, que hacerla cuando nos encontramos inmersos
en una grave crisis financiera-cambiaria.
1.- Inflación menor y bajan
riesgos de inflación en el futuro. Cuando un país
se dolariza es de esperar que su tasa de inflación se aproxime a aquella del país
cuya moneda aceptó. Al hacerlo implícitamente se asume que la inflación del
país es superior a la inflación del país por cuya moneda optó.
El dolarizado Panamá es el único país de América Latina que no ha
sufrido una inflación elevada, aún en el difícil período del gobierno del
general Noriega. La menor inflación
da más seguridad a los derechos de propiedad sobre el dinero, lo que estimula
el ahorro y los préstamos a largo plazo con bajos intereses, pues disminuye la
incertidumbre, desaparece el riesgo cambiario y el cálculo económico es más
predecible. Sigo con Panamá: a diferencia de Costa Rica, allá son usuales los
préstamos para vivienda a 30 años plazo, con tasas muy cercanas a las vigentes
en las principales plazas financieras del mundo. Deseo destacar
que, por ejemplo, para el caso de Costa Rica, desde la desafortunada
administración Carazo, en la que en 1982 hubo tasas de inflación cercanas a
los 3 dígitos, el país bajó gradualmente la inflación pero, rara vez y sólo
ocasionalmente, logró que fueran tasas inferiores a un dígito, en tanto la
inflación en los Estados Unidos, a excepción de la mala administración económica
de Carter, nunca ha superado, en época reciente, el 5% anual (hoy es cerca de
un 2 o un 2 y medio por ciento). Una
Costa Rica dolarizada probablemente hubiera tenido tasas cercanas a estos
niveles y no las elevadas tasas anuales de inflación sufridas en los últimos
25-30 años. Pero, ¿y que
podría esperarse en el futuro? Tengo la impresión de que uno esperaría que,
dada la experiencia histórica, la inflación en los Estados Unidos será menor
que la de Costa Rica, por lo que una dolarización del país se espera que rinda
réditos en el campo de la inflación. Sin
embargo, no hay certeza de que Estados Unidos no va a sufrir altas tasas de
inflación. Frente a ello, baste
decir que una dolarización no es una estrategia sin salida: se puede
perfectamente usar otra moneda distinta del dólar, por hipótesis, el euro o
alguna otra, que no tenga esos eventuales problemas.
Esto lo determinará el libre uso de los costarricenses. Una dolarización no debe ser vista como un matrimonio de por
vida, necesariamente, aún cuando me parece que el Sistema de Reserva Federal es
más confiable que el Banco Central de Costa Rica o el de Venezuela, entre
muchos otros. Claro, eso está por verse a través de los tiempos. La libre
demanda de los ciudadanos será la que determine la moneda que considere como la
más adecuada para realizar sus transacciones.
Me parece que, al momento, escogería el dólar.
2.- Reducción de las tasas de
interés Intimamente
ligado con lo expuesto y al hecho de que la dolarización elimina el riesgo de
devaluación del colón, es posible que se reduzcan los intereses en el país
que dolarice, pues las tasas tenderían a converger, si bien es posible que para
ello se requiera de un tiempo relativamente amplio.
Siempre habrá diferencias en las tasas por lo que se denomina como
“riesgo-país” o “riesgo soberano”, pero observen cómo, y de nuevo me
remito al caso de Panamá, allá las tasas internas de interés suelen ser
superiores a tan sólo un 2 o un 2 y medio por ciento sobre las de Estados
Unidos. La dolarización no elimina
la prima por riesgo soberano de un país (esto es, el riesgo de incumplimiento
de pagos de un país por sus deudas denominadas en dólares), pero,
evidentemente, sí reduce el riesgo derivado de una devaluación, que por
definición con una dolarización ya no se daría. No omito
mencionar el efecto positivo de tal baja en las tasas de interés por el costo
del servicio de la deuda externa privada y pública del país que dolarice, así
como para que aumente la inversión y con ello su crecimiento económico.
3.- Reducción de las
posibilidades de crisis Debo ahondar
sobre los costos que las crisis generalmente ocasionan a los países menos
desarrollados y señalar que la dolarización contribuye a amortiguar el impacto
negativo que aquéllas suelen ocasionar. La
dolarización no elimina la posibilidad de que haya una fuga de reservas
ocasionada por la existencia de un sistema financiero débil o un mal manejo
fiscal del país, pero sí elimina de tajo el riesgo cambiario del país. En la
historia de Panamá, que de nuevo uso como ejemplo, hay períodos de crisis a
causa de debilidades financieras o por disturbios político-militares, pero no
por la posibilidad de que se devalúe “su moneda” para corregir las típicas
crisis financieras de nuestros países. Recordemos que éstas se caracterizan
porque al inicio suele haber una fuga súbita de capitales y luego viene una
significativa devaluación de su tipo de cambio, la cual es usualmente seguida
por una crisis financiera y una caída sustancial de la producción. Con la dolarización
y la consecuente eliminación de la volatilidad de la moneda con respecto al dólar,
lo que excluye la posibilidad de crisis en el tipo de cambio, es posible para el
país lograr mayor estabilidad; al eliminarse el riesgo cambiario, se limita la
incidencia y la magnitud de las crisis y los casos de contagio.
Al alejarse el incentivo para la fuga de capitales por temor a una
devaluación, es menor el posible efecto negativo de los grandes movimientos de
capitales sobre la economía doméstica. Es oportuno señalar
que, al surgir una crisis en su balanza de pagos, muchos países suelen acudir
al expediente del control de capitales, en vez de devaluar, creyendo que así
resuelven el problema de la volatilidad de los capitales. Esta suele ser una política
errada, pues prolonga las políticas económicas equivocadas que inducen a la
crisis en mención, sino que, también, introduce fuertes costos no sólo de
control, sino de evasión tributaria, de corrupción, así como frena la inversión
necesaria y la transferencia de tecnología.
4.- Reducción en los costos de
transacción La primera
reducción obvia en los costos de transacción se da al eliminarse el costo de
cambiar una moneda por otra; es decir, elimina la diferencia entre el precio de
compra y el de venta de convertir moneda doméstica por la extranjera. Asimismo,
hace innecesarias operaciones que cubran el riesgo cambiario entre monedas.
Ambos efectos estimulan la inversión y el intercambio entre los países de la
zona unificada. Asimismo, si hay
operaciones cambiarias múltiples; digamos, por ejemplo, intercambiar colones
por dólares para luego cambiar esos dólares por yenes, ya no es necesario
tanto costo de transacción, pues sólo sería entre cambiar dólares por yenes,
lo cual puede ser una economía sustancial en un comercio internacional entre
tan diversas naciones. Asimismo, se
reducirían los costos de transacción cuando en los países se tiene leyes
bancarias que exigen reservas legales diferentes dependiendo de la moneda. Con
la dolarización oficial, tal como sucede en Panamá, puede obtenerse una tasa
de reserva legal inferior a la que se tendría con la moneda nacional, por un
lado y, por el otro, con la moneda extranjera.
Estimaciones de Moreno-Villalaz para Panamá señalan que las reservas
legales de los bancos comerciales son 5 puntos inferiores a las que tendrían si
Panamá tuviera una moneda doméstica distinta del dólar. Otra posible
reducción importante en los costos de transacción se da al facilitar el
comercio internacional, a lo cual me refiero de seguido.
5.- Mayor integración con el
comercio mundial Gracias a esa
reducción en los costos de transacción, así como por asegurarse la
estabilidad de los precios en dólares de los Estados Unidos, la dolarización
facilita al país integrarse al comercio mundial y, específicamente, con los
Estados Unidos (o con cualquier otro país cuya moneda se adopte).
Hay evidencia empírica de que las provincias canadienses están más
integradas entre ellas (medido por un volumen de comercio hasta 20 veces mayor)
en comparación con los estados geográficamente más cercanos de los Estados
Unidos. El uso de una moneda común
(aquí es el dólar canadiense) puede ser la explicación de esta mayor
integración comercial, pues, de hecho, el comercio trans-fronterizo entre
Estados Unidos y Canadá se caracteriza por sus bajos costos de transacción y
por restricciones comerciales relativamente menores. Por otra parte, a
lo interno de la economía nacional habría un claro incentivo para que sus
exportaciones se den por su eficiencia relativa en el uso de los recursos y no
por un premio inconveniente originado en una política cambiaria, que, como hoy
sucede en Costa Rica, incluso podría sobrevalorar a la divisa. Es importante
destacar que con la dolarización el comercio internacional se haría en términos
de una moneda (asumamos que es el dólar), que goza de aceptabilidad
generalizada, en vez de introducir una moneda relativamente desconocida en el
comercio internacional que posiblemente casi no tiene aceptación.
Siempre me he cuestionado ¿qué pasaría si Jorge Corrales llega a un
banco comercial en Zambia o Bolivia, sosteniendo en una mano cincuenta mil
colones y en la otra, digamos, diez dólares, e intenta cambiar esas monedas por
la moneda nacional de esos países? Posiblemente
al cajero no le interese ese dinero parecido al del “monopoly” que tengo en
una mano, mientras que rápidamente reconocería a los dólares. ¿Cuál moneda
creen ustedes que aceptaría el cajero? La
diferencia está en que una de ellas sí tiene aceptación universal (o casi
universal), mientras que la otra es tan sólo conocida en un lugarcito del
universo. ¿Con cuál moneda creen
ustedes que será más fácil realizar el comercio internacional o invertir en
algún proyecto dado en algún lugar del mundo?
6.- Mejora en la integración
financiera No sólo se
estimula a que crezca el comercio, sino también esperaría que haya una mejora
en la integración financiera entre el país y los Estados Unidos, tanto porque
ahora el Banco de Reserva Federal de hecho se constituye en el Banco Central de
Costa Rica (lo que probablemente en sí mismo significaría un ahorro de
recursos escasos, si bien posiblemente menor), como porque es de esperar una
mejora sustancial en los regímenes regulatorios y supervisorios del sector
financiero, cuyo desarrollo es crucial para el crecimiento económico del país.
B.- POSIBLES COSTOS Los siguientes
costos han sido señalados como causados por una dolarización:
1.- Pérdida del señoriaje Por señoriaje,
en términos simples, se entiende al ingreso que obtiene el estado por el poder
de emitir dinero fiduciario. El
Banco Central denomina como señoriaje al resultado de emitir dinero en efectivo
que no devenga intereses y que es invertido en activos que sí los devengan, lo
cual se refleja en utilidades brutas para el Banco. Si deja de emitir colones,
se dice que pierde estos ingresos, los que se trasladan al banco emisor de la
moneda que cursa en el país (por hipótesis el Banco de Reserva Federal de los
Estados Unidos). Creo que a veces
se sobredimensiona este argumento, por las siguientes razones: (1) En muchas
ocasiones la dolarización es de hecho muy extendida, por lo que, antes de una
dolarización oficial, ya el Banco Central había perdido muchas de sus
facultades sobre el señoriaje (recuperar el señoriaje que estaba perdiendo
puede ser una hipótesis para explicar el actual comportamiento de nuestro Banco
Central). (2) La hipotética de pérdida de señoriaje se suele computar al
momento de dolarizar, pero, en realidad, debería ser a la nueva supuesta menor
tasa de inflación debido a la dolarización.
Esto porque, si un país ha decidido dolarizar para bajar su tasa de
inflación, significa que valora más su reducción que el posible ingreso que
el Banco obtiene por la inflación, por lo cual la pérdida de señoriaje por la
dolarización se debería de medir a la tasa de inflación menor que se tendría
sin que se tuviera una dolarización. (3) También es factible que el país que
dolariza negocie con los Estados Unidos recibir parte del señoriaje adicional
que éste obtendría si Costa Rica dolariza. (Esa podría ser una función que
asuma el Fondo Monetario Internacional, el cual, de paso, con la dolarización
hace innecesario su papel en cuanto a la política cambiaria; posiblemente esta
pérdida de razón de ser nos explica cierta animadversión mostrada hacia la
dolarización). (4) Al dolarizar se da una mayor confianza en la economía
nacional, lo cual se traduce en mayor inversión y, por ende, crecimiento, por
lo que se esperaría que los ingresos fiscales aumenten, compensando en algo la
posible pérdida del señoriaje. (5) Si existen monedas nacionales en circulación
(tal como el balboa en Panamá), siempre habría algún grado, si bien
relativamente menor, de ingresos por señoriaje.
2.- El costo de convertir precios,
contabilidades, cajas registradoras y similares, a la nueva moneda Este sería un
costo de una sola vez por todas; sin embargo, si el país está experimentando
una fuerte inflación, también se incurriría en tales costos, pero de forma
continua. Con la menor inflación ocasionada por la dolarización, más bien
habría una economía de costos.
3.- Se perdería la función del
Banco Central como prestamista de última instancia. Esta función del
Banco Central consiste en la posibilidad de rescatar un banco comercial de una
situación de insolvencia, que puede ser importante en una situación de crisis
financiera. El Banco Central al emitir dinero puede otorgarle préstamos al
banco comercial para enfrentar una incapacidad temporal de pagar sus pasivos,
con activos que usualmente tienen un plazo de recuperación mayor al que tiene
para el pago de sus obligaciones. No voy a
extenderme sobre si, debido al problema de riesgo moral que implica la función
de prestamista de última instancia, más bien ella puede contribuir a agravar
la volatilidad de los mercados financieros y cambiarios de las economías menos
desarrolladas, por lo que una dolarización sería preferible al introducir
mayor disciplina en el mercado. En cambio, sí puedo señalar que el presunto
costo por la pérdida de la función de prestamista de última instancia puede
ser mitigado con el uso de alternativas tales como crear un fondo especial o una
línea de garantía con un prestamista internacional de última instancia, que
brinde los recursos necesarios en circunstancias en que se exceda la capacidad
interna de suministrarlos. Podría encargarse al Estado que obtenga los recursos
necesarios mediante préstamos externos o creando un fondo interno especial para
tales acontecimientos, mediante un aporte de los entes financieros domésticos
objeto de su regulación en tal sentido. De hecho, como señaló
Guillermo Calvo (“Capital markets and the exchange rate, with special
reference to the dollarization debate in Latin America,” Journal of Money,
Credit and Banking, mayo del 2001), los bancos centrales de los países
industrializados no llevan a cabo su función de prestamista de última
instancia mediante la emisión de dinero, sino que lo hacen pidiendo prestado.
4.- Se pierde flexibilidad en la
política monetaria doméstica No es que se
“pierde flexibilidad”. Es que
ya no va a haber flexibilidad alguna. Precisamente
de lo que se trata es que no haya una política monetaria doméstica. Los
episodios desafortunados de inflación y devaluación y grandes pérdidas en la
riqueza de los ciudadanos, es lo que impulsa el argumento a favor de la
dolarización. Me da la impresión
de que en nuestras naciones las prédicas que uno puede agrupar bajo el
rimbombante título de “soberanía monetaria” no son para defender buenas prácticas
monetarias, como podrían ser medidas anti-cíclicas apropiadas, sino más bien
es un nacionalismo nefasto reflejado históricamente en muchos períodos de
inestabilidad monetaria y cambiaria de nuestras economías. Esto, más que
“soberanía monetaria”, me suena a “soberbia monetaria”. III.-
CONCLUSIONES Concluyo con dos
ideas. La primera es agradecer al
Dr. Juan Muñoz Giró por su tiempo tan escaso dedicado a la lectura de este
comentario y, sobre todo, por sus sugerencias, que de ninguna manera significa
que evada mi responsabilidad por ellas y, en segundo lugar, decirles que se
avecina el momento adecuado para que el país valore la conveniencia de que los
ciudadanos costarricenses podamos proteger el valor de nuestro trabajo y de
nuestros ahorros, con una moneda que, a largo plazo, nos brinde confianza.
Hoy día nuestro trabajo es subvaluado en colones simplemente por el diseño
del Banco Central de Costa Rica, como una muestra más de que nuestros haberes
en colones están determinados por la buena o mala voluntad, conocimiento o
pericia de quienes emiten una moneda de curso legal en el país.
El Banco Central le puede fijar a nuestra moneda un valor que es
totalmente ajeno a aquél que los ciudadanos estamos dispuestos a darle.
Se avecina el
momento mas adecuado para discutir tranquilamente el tema de la dolarización en
Costa Rica. No tenemos, al momento,
temor de una escasez de reservas ni se percibe una crisis financiera cambiaria
con una posible devaluación del colón, sino que hoy se da lo contrario.
Es por esto que, además de la, en mi opinión, inminente aprobación por
Costa Rica de un área de libre comercio entre Centro América, Republica
Dominicana y los Estados Unidos, cuya ampliación del comercio se hará básicamente
en una moneda común, el dólar estadounidense, en vez de dolarizar en un
momento de crisis, con lo angustioso y oneroso que resulta todo ello, lo podamos
hacer en el mejor momento posible o como ahora.
Tal vez así podríamos evitar repetir aquí lo que dijo el Presidente
Woodrow Wilson en 1919, después de haber firmado en 1913 la creación del Banco
de Reserva Federal: “Sin proponérmelo he arruinado a mi país.” Muchas gracias
por su amable atención. |
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