Casi todos los países ricos tienen un comercio muy libre sin monopolios de telecomunicaciones o seguros

 

México en lugar destacado en América Latina después del TLC con Estados Unidos

Impuestos, déficit y desarrollo económico - Daniel J. Mitchell

 

Aumentos de impuestos habrían llevado al cataclismo que fue la Gran Depresión.

Se resume la tesis de Jude Wanniski sobre cómo los impuestos de aduanas instaurados por la ley Smoot-Hawley en 1930 y posteriormente los aumentos de impuestos sobre la renta de 1932, habrían causado la Gran Depresión.  Wanniski señala cómo, en 1929, las noticias del avance de la ley Smoot-Hawley en el Senado fue seguida por los mercados accionarios: Cuando parecía que dicha ley sería aprobada, los precios de las acciones en los mercados accionarios caían, cuando parecía que sería rechazada, los precios aumentaban. El "lunes negro" y "martes negro", de históricas caídas de los mercados accionarios, fueron también los días en que fue evidente que los impuestos de aduana serían aprobados.

Cómo habría ocurrido el cataclismo que fue la Gran Depresión.

La tesis de Jude Wanniski de cómo los impuestos de aduana formaron un "muro arancelario" alrededor de los Estados Unidos (EE.UU.). Este muro impidió que se realizaran muchos negocios entre personas dentro de los EE.UU. y de personas en el extranjero. Posteriormente, los impuestos sobre la renta dentro de los EE.UU. crearon un "muro doméstico", dentro del mismo país, que impidió que muchas actividades siguieran llevándose a cabo. 

Mundell: Impuestos convirtieron a una deflación en la Gran Depresión.

Mundell alega que hubo deflación, un rápido aumento de valor de la moneda, que llevó a una crisis. Los impuetos convirtieron a dicha crisis en la Gran Depresión. Sin deflación, dicha crisis no hubiera sido la Gran Depresión.

Nueva evidencia de la asombrosa destructividad de los impuestos.

Un resumen del papel que Edward C. Prescott, Premio Nóbel de Economía del 2004, da al capital y al esfuerzo laboral  en las fluctuaciones económicas. Prescott señala que el cambio del valor de las acciones de los mercados se puede explicar por impuestos y regulaciones. Se muestran también algunos gráficos de cómo el ahorro y la formación de capital suelen ser cantidades parecidas en una economía.

La asombrosa destructividad del impuesto a las ganancias de capital - EN CONSTRUCCION

Hechos y Fantasías sobre las reducciones de impuestos

Richard W. Rahn explica el éxito de los recortes de impuestos realizados en los EE.UU., el aumento en las recaudaciones, y como la eliminación de impuestos al capital en los EE.UU. llevaría a un enorme aumento del bienestar, duplicando la tasa de crecimiento

Wanniski: Cuando el capitalismo funciona muy mal, el pueblo escoge el socialismo.

Wanniski explica como a principios de los 1930s los impuestos llevaron a impedir que muchas actividades empresariaes tuvieran ganancias. Si no es posible obtener ganancias, la actividad empresarial puede detenerse.

Cuando el cese de la actividad empresarial lleva a desempleo masivo, el pueblo prefiere que una burocracia socialista se haga cargo de la producción, sin ganancias.

Las ganancias llegan a quien produce algo qtan útil para las personas que éstas lo compran voluntariamente. Cuando la producción no es guiada por las ganancias, se hace mucho más dificil producir lo que las personas necesitan

Noticias cortas sobre formación de capital empresarial (inversión)

 

La fábula de la gallinita y el pan: Impuestos llevan a las personas a trabajar menos

Sobrecalentamiento keynesiano 

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Casi todos los países ricos tienen comercio muy libre sin monopolios de telecomunicaciones o seguros

Luis Di Mare H - dimareluis@anfe.or.cr

Se ha dicho que el Tratado de Libre Comercio (TLC) es la venta de Costa Rica, la “centroamericanización” de Costa Rica, la instauración de un “Sistema neoliberal excluyente”, etcétera. Pero las reglas que instauraría el TLC, de aprobarse, son muy similares a las que ya existen en casi todos los países ricos del mundo, incluyendo los países de la socialista Europa.

Es central en el TLC eliminar gradualmente impuestos de aduana a la importación de Centro América o Estados Unidos (EE.UU.) de ciertos productos de primera necesidad como lácteos y arroz. El comercio muy libre es la regla en los países ricos. El ARANCEL PROMEDIO PONDERADO (APP) es un promedio de impuestos que pagan los productos importados a un país, un APP bajo significa bajos impuestos a las importaciones. La Unión Europea es una gigantesca zona de comercio muy libre y allí, según Fundación Heritage, el APP es de 1.7% . En EE.UU. el APP es 1.7% (2005) y en Costa Rica 3.8% (2004). En otras palabras, impuestos bajos de aduana ya son la regla en Europa, los EE.UU. y Costa Rica.

No sé de ningún país con libre comercio total, inclusive el ejemplar Hong Kong, con un APP de 0% (2003), tiene impuestos a hidrocarburos, licores, tabaco y alcohol metílico, y regulaciones sobre importación de farmacéuticos, servicios legales y propiedad intelectual.

Son poquísimos los países ricos con altos impuestos de aduana: Por ejemplo Bahamas, en donde el APP es 25.6% (2002), es un “paraíso fiscal” que no tiene los impuestos al capital típicos de los países ricos y los impuestos de aduana son altos porque el gobierno depende casi solo de ellos.

Monopolio estatal en telecomunicaciones: Hace unos meses el Sr Alberto Trejos señaló: “Los 25 países en el mundo que hoy tienen monopolio estatal en telecomunicaciones son: Algunos países árabes con petróleo, algunas pequeñas islas del Caribe, Costa Rica, Belize, Corea del Norte, Macedonia y Chipre” .

De esos países el único que pertenece a la Unión Europea es Chipre. Irán, Islas Salomón, Papua, Djibouti, Benin y Etiopía, por ejemplo, también tienen monopolios en telecomunicaciones y, con excepción de Irán, son muy pobres.

Monopolio estatal en seguros: No sé de ningún país rico que no permita seguros privados (no estoy afirmando que no exista). Sin embargo, Heritage señala sobre Francia. “La Constitución [francesa] establece que cualquier compañía definida como un servicio público nacional o como un monopolio natural debe pasar a ser propiedad del estado”.

Seguros de Salud: La OCDE es una institución que lleva estadísticas de varios países ricos.

El documento de OCDE “Resumen de aseguramiento privado de salud en los países de la OCDE “ menciona la existencia de seguros privados de salud en Alemania, Australia, Austria, Canadá, Corea del Sur, Dinamarca, Estados Unidos, Finlandia, Francia, Holanda, Irlanda, Italia,Japón, México, Noruega, Polonia, Portugal, Reino Unido, Suecia y Suiza, en fin, en casi todos los países afiliados a la OCDE.

Se ha dicho que los seguros privados de salud acabarán con la CCSS.

No estoy enterado de que eso haya ocurrido en los países de la OCDE señalados, donde más bien la seguridad social estatal suele gastar sumas enormes. En resumen, el TLC lleva nuestras normas a ser más parecidas a las de los países ricos. Más en http://www.anfe.or.cr/imp_cap.htm#mono

Este artículo fue publicado en el "Diario Extra" del 19 de septiembre del 2007 en http://www.diarioextra.com/2007/setiembre/19/opinion05.php . A continuación se consignan las fuentes de la información mostrada

 

Aranceles promedios ponderados en 77 países.

El sitio web de Heritage Foundation contiene el Indice de Libertad Económica del 2006 http://www.heritage.org/research/features/index/countries.cfm  en donde se indica el Arancel Promedio Ponderado de 77 países. Estos datos se encuentran también un una hoja de excel en este sitio web en tlc/datos/pib_ppp_paises_desarrollo_hem_occidental_fmi_weo_april_2007_ingreso_ied_acentral.xls

El Sr. Alberto Trejos señala monopolios de telecomunicaciones en sólo 25 países. 

Lo anterior fue señalado en Foro sobre el TLC en el INCAE, en la tercera parte, disponible en YouTube.com. http://www.youtube.com/watch?v=dtcb1p2Z26E , minuto 1:13

Por otra parte, el folleto "Lo más importante sobre el TLC" del Ministerio de Comercio Exterior (COMEX), disponible en http://www.anfe.or.cr/tlc/datos/COMEX-LoMasImportantedelTLC.pdf, señala:

En la prestación de servicios de telecomunicaciones hay básicamente tres tipos de opciones: apertura, que es el caso de Canadá, Francia, Noruega, Uruguay, Colombia, Cuba; privatización, que es el caso de Argentina, Chile, Estados Unidos, Brasil,Panamá, Venezuela, Perú, El Salvador, Nicaragua y Guatemala; y,monopolio, que es el caso de Costa Rica, Irán, Islas Salomón, Papua Nueva Guinea, D-ibouti, Benín y Etiopía.

OCDE menciona existencia de seguros privados.

El documento "Summary of Private Health Insurance in OECD Countries", dispnible en este sitio web en http://www.anfe.or.cr/tlc/datos/OCDE-SummaryOfPrivateHealthInsuranceInOECDCountries-8pag.pdf y en el sitio web de la OCDE https://www.oecd.org/dataoecd/10/31/1902544.pdf menciona la existencia de seguros privados de salud en varios países afiliados a la OCDE.

Dicho documento señala en su página 3:

The extend and pace of the development of private health insurance in each country has been very dependant on the original pattern of the national health care organisation, even if most countries tend to have now a rather hybrid health care system (mixing elements from the three original models). Amongst OECD member countries, strong contrasts can now be observed in the balance between private and

public health insurance. Although, private sector is mainly supplementary to public coverage, in some countries it can substitute to public sector to cover even primary care for all or part of the population.

Lastly private health insurance may provide the same level of coverage than the existing public scheme, while giving access to private providers.

Two countries, the United States and Switzerland have opted for a highly privately financed system, in which private insurance intervenes even in primary care. In the US, 40% of overall health expenditures are covered by private insurance, and above 74% of the population is enrolled in a private scheme, be it a substitute or a complement to public schemes.

In Germany and in the Netherlands the wealthiest, independent workers and most civil servants are excluded from the social health insurance. Health care insurance is left to their own initiative. In Germany, 20% of the population are insured on a voluntary basis; among these, 7 millions are entirely insured by private insurers.

Nevertheless, in the majority of OECD countries, private health insurance is supplementary to the public scheme and provides co-payment and deductibles or covers specific services not taken into account by public financing. The majority of the population therefore contracts a co-payment insurance in France, Canada, Japan, Austria and Denmark to some extent.

In Ireland and Australia, it is possible to “opt out” of the public scheme. In both countries, private health insurance is highly regulated in order to be accessible to the most part of the population, hence 40% have a private coverage that gives access to private providers.

In other countries with an overwhelming public financing and providing system such as the UK, Sweden, Norway, Finland and Portugal, private health insurance represents a small market covering currently less than 10% of the population, and insuring mainly access to private providers.

Regarding countries in transition, despite the recent privatisation of health care in Poland, health insurance markets remain narrow, due to a lack of maturity of insurance markets and to an inherited quasi-universal public coverage. Lastly, in middle income countries, like Mexico, Turkey, Korea or even Greece, the role of private insurance also remains marginal (5% of the population enrolled).

 

El TLC México-Estados Unidos ha sido un éxito y la política agrícola mexicana un fracaso

Luis Di Mare H.-dimareluis@anfe.or.cr  

“Nadie niega que el campo mexicano vive una pobreza inaceptable. Pero no por causa del libre comercio. ¡Cuidado! Hay que identificar claramente las verdaderas causas así como sus posibles soluciones, pues no podemos echar abajo el mayor éxito económico del país (el TLCAN [Tratado de Libre Comercio de América del Norte]) en toda su historia en aras de preservar su mayor fracaso.”. Eso indican Roberto Salinas-León y Adolfo Gutiérrez Chávez, en “El Impacto del TLCAN en el campo mexicano”, disponible en http://www.elcato.org/node/1263 

Salinas y Chávez señalan también: “El flujo promedio anual de inversiones que llegó a México de 1994 a 2001 triplicó el promedio registrado en los siete años anteriores al TLCAN. [....]El TLCAN abrió la puerta a una serie de empresas multinacionales que de otra manera no hubieran pensado en instalarse en México.” [...]


“ El TLCAN cumplió con creces en materia de comercio e inversión. Lo más importante es que millones de consumidores mexicanos han resultado beneficiados al tener a su alcance una variedad de productos y servicios innovadores que son más baratos y que tienen una mejor calidad.”


En cuanto a la política agrícola mexicana, señalan como grandes defectos 1) Reparto agrario: El ejido y el minifundio condenaron al campo mexicano a ser pequeñas áreas de cultivo con tecnologías de producción obsoletas. Señalan: “Hay que aceptarlo: el ejido ha sido uno de los mayores fracasos en la historia de nuestro país, pero los grupos políticos que dicen luchar contra la pobreza del campo no se atreven a señalarlo porque se benefician de él.” 2) Proteccionismo, que empujó a capitales a ser invertidos en industria en vez de en agricultura 3) Ausencia de derechos de propiedad: Cuando el agricultor no puede otorgar la tierra como garantía, no puede obtener préstamos para producir o invertir 4) Obstáculos constitucionales.

Señalan además: “El campo en México seguirá en desventaja y el 44% de los mexicanos que viven de él seguirá sumido en la pobreza extrema mientras no se rompa con la estructura del minifundio. “

También señalan: “Los oponentes del TLC argumentan que los beneficios del libre comercio no se han repartido de manera equilibrada en el país. El norte del país, apuntan, se ha visto favorecido mientras que el sur de México se ha quedado rezagado. [....] Pero ahí está también una de las claves que nos obligan a mantener y a fortalecer el TLC. El norte se ha integrado con entusiasmo al libre comercio y de ahí surge su relativa prosperidad. El sur, [....]se ha quedado atrás precisamente por la resistencia de sus políticos a la apertura comercial y económica.”


He analizado cifras de producción mexicana en dólares PPP -la mejor medida- de varios años y he encontrado que México se encuentra en lugar destacado en América Latina en el período 1996-2006 y en el período 1996-2002, este último un período de precios del petróleo moderados. No divulgo todavía esas cifras, disponibles en www.anfe.or.cr/imp_cap.htm, porque necesitan revisión. Por otra parte, un estudio de CEPAL estima que gracias al TLC la producción de Costa Rica crecerá un 2% anual adicional. En cuanto a América Central, masivamente dependiente de las exportaciones textiles exceptuando a Costa Rica, hay que analizar el impacto del vencimiento en enero del 2005 del Acuerdo sobre Textiles y Vestido de la OMC, que ha significado competencia de países que en conjunto tienen miles de millones de habitantes como China, India y Bangladesh. La pregunta que hay que hacerse es ¿Qué habría sido del sector textil centroamericano sin TLC?

Este artículo fue publicado en el "Diario Extra" del 21 de agosto del 2007 en http://www.diarioextra.com/2007/agosto/21/opinion03.php

 


México en lugar destacado en crecimiento de la producción después de firmar TLC con los Estados Unidos

Luis Di Mare H.

Por qué se analiza el período 1996-2006

En 1994 entraba en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN, también NAFTA por sus siglas en inglés) suscrito por Canadá, Estados Unidos y México.

En enero del 2004 ANFE publicaba en "Diario Extra" la columna "El Impacto en México del TLC de Norteamérica (NAFTA)".  En dicha columna básicamente se exponían los resultados de un estudio del Banco Mundial "Lessons from NAFTA" de Daniel Lederman. Se indicó:

"Las conclusiones [del estudio de Lederman] son claras: El NAFTA ha ayudado a México a acercarse al nivel de desarrollo de los EUA y Canadá, y probablemente ha hecho un aporte moderado a la reducción de la pobreza y ha tenido un impacto positivo sobre el número de empleos y su calidad."

También se indicó que la "Crisis del Tequila", ocurrida en 1995, ya había sido pronosticada por economistas, Rudy Dornsbusch siendo uno de ellos. Dicha crisis, según The Economist, fue "ampliamente sin relación con el NAFTA" . Una causa principal de dicha crisis fueron "malos préstamos", inversiones condenadas al fracaso.

Por eso aquí analiza la economía mexicana a partir de 1996, para no tomar en cuenta esos dos años de crisis que no se debió al NAFTA, 1995 y 1995. Por otra parte, el período 1996-2006, 11 años en total, es un período largo. Los promedios obtenidos en períodos tan largos son significativos, no es conveniente llegar a conclusiones basándose en períodos cortos.

Por qué se analiza también el período 1996-2002

El gráfico de abajo  muestra el precio del petróleo desde 1971. Se ha alegado que gran parte del auge exportador de México se debe a altos precios del petróleo. Pero en el período 1996-2002, 7 años, el precio del petróleo no fue particularmente alto, más bien en 1999 y en el 2002 el petróleo tuvo precios cercanos a $10 y $20 por barril, precios que hoy parecen muy bajos. Por eso se analizó dicho período.

La imagen de arriba se encuentra en http://www.anfe.or.cr/ref/deficit_cuenta_corriente/img/oil-1971-07.JPG

Por qué se calculan datos con producción ajustada al poder de compra (dólares PPP).

He revisado la metodologia del cálculo del producto interno bruto a precios constantes y soy de la opinión que esas cifras funcionan como un índice de precios: En los precios de bienes y servicios ya están incluidos los impuestos. Los impuestos llevan a precios más altos. Luego, cuando el gobierno gasta el dinero de impuestos o lo entrega a las personas y esas personas lo gastan, dicho gasto aparece de nuevo como "producción", pero en realidad dicha producción ya se había reflejado en precios que incluyen impuestos. De esa manera, al aumentar impuestos se obtiene la ilusión de que la producción es alta, porque mucho del gasto del gobierno se contabiliza dos veces. Por eso es más adecuado usar cifras ajustadas al poder de compra que básicamente intentan reflejar lo que se puede comprar con la producción. 

Período 1996-2006-Vigencia del NAFTA post crisis del Tequila

 

Período 1996-2002-Precios moderados del petróleo

 

La hoja de excel que contiene los cuadros de  arriba se encuentra en  tlc/datos/pib_ppp_paises_desarrollo_hem_occidental_fmi_weo_april_2007_ingreso_ied_acentral.xls

¿Qué habría sido de Centro América sin TLC?

Luis Di Mare H.-dimareluis@anfe.or.cr        

Los países centroamericanos comparten una característica preocupante: Dependen masivamente de las exportaciones textiles a los Estados Unidos (EE.UU.). Según el economista Daniel Ickowicz, en las exportaciones a los EE.UU. de El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua los textiles tienen un peso que oscila entre 54% y 78%. En cambio, afortunadamente, para Costa Rica el peso es de solamente 12%.

En enero del 2005 venció el Acuerdo sobre Textiles y Vestido de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Esto significó una reducción progresiva e importante de las cuotas textiles que los EE.UU. imponen a China y otros países asiáticos. En otras palabras, países gigantes como China, India, Indonesia, Bangladesh y Vietnam, que entre ellos tienen casi 3000 millones de habitantes, tienen mucha más libertad para exportar sus productos textiles a los EE.UU. Señala Ickowicz:

“Estos países asiáticos son altamente competitivos, tanto por sus economías de escala como por el bajo costo de su mano de obra, al punto que cada vez es mayor su “tajada” del mercado textil de EE. UU. En el 2006, las exportaciones textiles a EE. UU. de países como China, Indonesia, India, Bangladesh y Vietnam, entre otros, crecieron más del 20%. En el mismo año, las exportaciones a EE. UU. de textiles desde Guatemala, Honduras, El Salvador y Costa Rica, se redujeron sustancialmente, dada la feroz competencia asiática.” 

En enero del 2004 mostré en este diario opiniones de economistas que decían que la “Crisis del Tequila” que vivió México en 1995-96 había sido ampliamente pronosticada y que no tenía relación con el TLC México-EE.UU. En otras palabras, tanto Centro América, con los textiles, como México con la "Crisis del Tequila", en los inicios del TLC enfrentaron una crisis ampliamente anunciada que el TLC ayudó a mitigar. Y si analizamos el período 1996-2002, posterior a esa crisis anunciada, el desempeño de México es brillante: Segundo lugar en América Latina en crecimiento de la producción por habitante en dólares ajustados al poder de compra. Y se ha alegado que mucho del éxito eportador de México se debe a altos precios del petróleo, pero precisamente 1996-2002 es un período de precios moderados y bajos del petróleo. En el período 1996-2006 México ocupa el cuarto lugar.

Al decir América Latina me refiero a América del Sur, los 6 países centroamericanos y México y República Dominicana. La semana pasada debí haber señalado “México ocupó el quinto lugar entre los países EN DESARROLLO del hemisferio occidental en aumento de la producción por habitante” pero, por error, omití “EN DESARROLLO”

Honduras, Guatemala, Nicaragua y EE.UU. aprobaron el TLC en el año 2005. El Salvador en diciembre del 2004. A partir del momento de aprobación del TLC es que un inversionista sabe a ciencia cierta que sí habrá TLC. Basándome en datos de la CEPAL, calculé el promedio de ingreso de Inversión Extranjera Directa (IED, el establecimiento de empresas de capital extranjero) en el período 2002-2004 (anterior a la aprobación del TLC) y en el período 2005-2006 (posterior a la aprobación del TLC). El aumento del ingreso de IED no es nada despreciable: En 2002-04 en promedio llegaron $330 millones de IED a El Salvador y en 2005-06 llegaron $361 millones, un aumento de 9%. Para Guatemala el aumento fue de $132 a $267 millones, un 101%, para Honduras el aumento fue de $249 a $379 millones, un 52% y para Nicaragua de $218 a $266 millones, 22% de aumento.

Este artículo fue publicado en el Diario Extra del 4 de septiembre del 2007 en http://www.diarioextra.com/2007/setiembre/04/opinion03.php . El texto en negrita no formó parte del artículo publicado. En la edición web de Diario Extra hay 8 cifras incorrectas después de la frase "El aumento de IED no es nada despreciable:", al final del artículo. La edición impresa de "Diario Extra" y el artículo de arriba muestra las cifras correctas. Las opiniones del Sr. Daniel Ickowicz se encuentran en Comercio y Diversificación, artículo publicado en La Nación del 5 de junio del 2007 en http://www.nacion.com/ln_ee/2007/junio/05/opinion1120896.html . Los cuadros de abajo sustentan las afirmaciones hechas en Diario Extra.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La hoja de excel que contiene los cuadros de  arriba se encuentra en  tlc/datos/pib_ppp_paises_desarrollo_hem_occidental_fmi_weo_april_2007_ingreso_ied_acentral.xls

Los datos del cuadro de arriba se tomaron del documento de la CEPAL "Ingresos de Inversión Extranjera Directa en América Latina y el Caribe, por país receptor, 1992-2006, disponible en http://www.eclac.org/prensa/noticias/comunicados/1/28471/CuadroInvExtr_cp1_OK.pdf . El cuadro de abajo muestra dicho documento en septiembre del 2007

 

 

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14 de mayo de 1996
Impuestos, déficit, y desarrollo económico
Conferencia Heritage #565 

Daniel J. Mitchell es uno de los principales expertos del mundo sobre el impacto económico de los impuestos y en teorias de "Supply Side Economics". El texto que se muestra a continuación, que data de 1996, muestra aspectos muy importantes de política económica. El contenido original en inglés Taxes, Deficits and Economic Growth, se encuentra en http://www.heritage.org/Research/Taxes/hl565.cfm. Los comentarios entre paréntesis cuadrados [] no forman parte del texto de Mitchell

  Incluso asumiendo que el pronóstico de la administración Clinton [este artículo fue escrito en 1996] para este año es exacto, el desempeño de la economía de Estados Unidos desde 1989 habrá sido el peor período de siete años desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Ajustado a la inflación, el ingreso mediano de los hogares ha declinado un 6.6 por ciento desde que Ronald Reagan dejó el poder.1 Y mientras que la tasa de desempleo es razonablemente baja, muchos estadounidenses se preocupan por el futuro y temen que sus niños serán la primera generación en tener un estándar de vida más bajo que sus padres.

        El desempeño malo [sub-par performance] de la economía ha desencadenado una discusión sobre cuál es la mejor manera de estimular el crecimiento económico y elevar el ingreso. Las buenas noticias son que todos los lados de la discusión convienen en que la clave del desarrollo económico es la formación de capital -- aumentar los niveles de ahorro y de inversión (incluyendo inversiones en capital humano). Las malas noticias, sin embargo, son que hay un desacuerdo significativo sobre los cambios de política que lograrán lo mejor posible esa meta. Por un lado están los que argumentan que las altas tasas impositivas dañan los incentivos [al ahorro y la inversión, por ejemplo] y creen que corregir el sesgo anti-ahorros, anti-inversión del código actual del impuesto sobre la renta mejorará el desempeño de la economía. El impuesto de tasa única [flat tax], alegan, ofrece la mejor oportunidad de generar un impacto substancial y positivo en la creación de trabajos y el crecimiento del ingreso. El otro lado del debate está dominado por los que creen que la variable más importante es el déficit fiscal. Ellos argumentan que un déficit fiscal más bajo conduce a reducciones significativas en las tasas de interés y que tipos de interés más bajos estimularán niveles más altos de inversión.

        Finalmente, no hay discusión de crecimiento económico completa sin discutir el tamaño del gobierno. Sin importar si [el gasto del gobierno] está financiado con impuestos o con préstamos, el gasto del gobierno representa una transferencia de recursos del sector privado al sector público. Si el gobierno gasta ese dinero de una manera que genere un rendimiento suficientemente alto, la economía se beneficiará. Pero, si el rendimiento está debajo de el del sector privado, la tasa de crecimiento [de la producción] será más baja que lo que habría sido de otra manera.

        Innecesario decir, el debate sobre el crecimiento [de la producción] tiene implicaciones importantes de política [pública]. ¿Deben los impuestos ser aumentados o ser disminuidos? ¿Debe el presupuesto estar equilibrado [sin déficit] y, si es así, que tan rápidamente? ¿Es el déficit [fiscal] el problema verdadero, o es un síntoma de un problema subyacente de gobierno demasiado grande? ¿Cuál es el impacto de la reforma tributaria? ¿Qué tipos de gasto del gobierno cuentan como inversión? ¿Si ciertas políticas [públicas] aumentan el crecimiento, debe ese crecimiento más alto incluirse en las estimaciones económicas y de ingresos del gobierno?

        El análisis cuidadoso de la evidencia histórica y teórica rinde tres conclusiones importantes que pueden ayudar a los formadores de política pública que estudian los problemas económicos del país:

     

  1. El sistema tributario está quitando demasiado dinero al sector productivo de la economía. Quizás aún más importante, la estructura del sistema tributario está mal hecha [grossly flawed] e impone una pena particularmente dura a los comportamientos -- el ahorro y la inversión -- que precisamente se necesitan para promover el crecimiento [de la producción].

     

  2. El endeudamiento del gobierno es moralmente incorrecto porque impone deudas a las generaciones futuras, 2  pero el déficit [fiscal] no debe conducir la política económica. Contrariamente a lo que alegan ambos partidos políticos [se refiere a republicanos y demócratas en los Estados Unidos], no parece que exista una relación fuerte entre el déficit fiscal y las tasas de interés. Tampoco hay mucha razón para creer que tipos de interés más bajos, por sí mismos, tendrán un efecto [positivo] pronunciado en la inversión. Por otra parte, centrarse en el déficit [fiscal] puede minar una política económica sana al llevar a algunos a ver impuestos más altos como solución apropiada de la política.

     

  3. El gasto del gobierno es demasiado alto. Muchos programas no pueden generar un rendimiento adecuado (y muchos, tales como programas de bienestar [welfare programs], casi ciertamente tienen un retorno negativo y han empeorado las cosas). No todo el gasto del gobierno, innecesario decir, es dependiente de “tasas de rendimiento,” pero los legisladores deben entender claramente que programas financiados con dinero que podría ser utilizado más productivamente por el sector privado darán lugar a menos crecimiento económico. Finalmente, para aquellos que ven al déficit como la variable dominante, hay amplia evidencia de que frenar el crecimiento del gasto -- y no impuestos más altos -- es la única manera de alcanzar un presupuesto equilibrado.

Por qué el capital es importante

        Como se dijo anteriormente, hay poca controversia sobre qué causa crecimiento [de la producción]. Hay un acuerdo casi unánime en que sueldos y remuneraciones están muy estrechamente ligados a la productividad [del trabajo]. La única manera de aumentar el ingreso de los trabajadores permanentemente -- asumiendo que sus destrezas no cambian -- es a través del ahorro y la inversión. Puesto simplemente, los trabajadores son pagados en base a lo que producen, y darles mejores herramientas permite que produzcan más. El nivel de la formación de capital, por ejemplo, explica en gran parte por qué los trabajadores en los Estados Unidos, Alemania, y Japón ganan más que los trabajadores en Brasil, la India, y Nigeria. De igual manera, los trabajadores en los Estados Unidos  ganan hoy más que sus padres gracias a la inversión neta (aumento de la cantidad [stock] de capital). Consecuentemente, son más productivos, generando más producción por hora de trabajo.

        Economistas de todas las persuasiones reconocen esta relación entre inversión y salarios. Paul Samuelson, por ejemplo, economista laureado con el Nobel que apoyó a Bill Clinton para presidente, escribió:

¿Qué sucede con la tasa salarial [salario por hora, por ejemplo] ahora que cada persona trabaja con más bienes de capital? Porque cada trabajador tiene más capital para trabajar, su producción marginal aumenta. Por lo tanto, el salario real competitivo aumenta al convertirse los trabajadores en más valiosos para los capitalistas quienes cumplen con vivaces ofertas al alza  las tasas [salariales] de mercado más altas [que demandan los trabajadores].3 

        Otro ejemplo es tomado del informe de 1991 sobre el desarrollo económico preparado por el personal del Joint Committee on Taxation [Comisión Mixta sobre Impuestos], entonces controlado por los demócratas:

Cuando en una economía la tasa de inversión neta (inversión bruta menos depreciación) 4 aumenta, la cantidad [stock] de capital en la economía aumenta. Una cantidad de capital  más grande permite que una cantidad fija de trabajo produzca más mercancías y servicios. Cuanto mayor sea la cantidad de capital en un país, más productivos son sus trabajadores y, generalmente, más altos son sus salarios y remuneraciones reales. Así, los aumentos en la inversión tienden a causar aumentos futuros en el estándar de vida de una nación.5

        Según un informe de 1989 sobre desarrollo económico publicado por el Congressional Research Service (Servicio de Investigación del Congreso):

Profundizar el capital ha sido y continuará probablemente siendo una fuerza central para acelerar el crecimiento [de la producción] y la producción potencial a mediano plazo. Pero, como hemos visto, un aumento permanente en el índice de crecimiento a largo plazo dependerá de la capacidad de los Estados Unidos de aumentar la velocidad de la innovación y del avance técnico. Sin embargo, ambas rutas a un crecimiento más rápido dependerán de la capacidad de aumentar el nivel del gasto en inversión -- más gasto en  bienes de capital y más gasto en investigación y desarrollo. Financiar una inversión más alta, a su vez, requerirá que los estadounidenses aumenten la tasa nacional de ahorro.6

       O considerare las opiniones de la Casa Blanca. En el Informe Económico del Presidente de 1994 , dicha administración observó que:

Las razones para querer aumentar la fracción que representa la inversión en el PIB [producto interno bruto] son claras: Los trabajadores son más productivos cuando los equipan con más y mejor capital, trabajadores más productivos ganan salarios reales más altos, y salarios reales más altos son el principal empuje para lograr estándares de vida más altos. Pocas afirmaciones económicas se sustentan tan bien como ésta -- o son más importantes.

 

Teorías sobre crecimiento económico que compiten entre ellas

        Cada escuela de pensamiento económico -- incluyendo el marxismo -- está de acuerdo en que la formación de capital es la clave para aumentar los estándares de vida. Este consenso feliz, sin embargo, no se traduce en un acuerdo sobre cómo estimular más ahorro e inversión. En la discusión económico política, por lo menos en los Estados Unidos, hay básicamente tres (en realidad  dos y medio) opiniones sobre cómo promover el crecimiento económico. Éstas son:

 

bulletKeynesianismo pasado de moda. Ésta es la media teoría porque tiene muy pocos adherentes en los Estados Unidos. En períodos de crecimiento lento, los Keynesianos creen que el gobierno debe aumentar su gasto, financiándolo con deuda, para dar a la economía un empujón [shot in the arm]. Este gasto se supone que estimula la demanda agregada, que hace al comportamiento del sector privado animarse. Con un puñado de excepciones, tales como la ley de estímulo del 1993, este enfoque no recibe mucha atención en Washington.

 

bulletOrtodoxia de presupuesto equilibrado de los republicanos de los años 50s/demócratas de los años 90s. Este título es hechizo porque esta escuela de pensamiento realmente no tiene un nombre. Impulsores de esta propuesta, que es dominante en Washington, creen que la economía depende de cambios en el déficit fiscal. Contrariamente al Keynesianismo pasado de moda, sin embargo, este enfoque ortodoxo alega que la reducción del déficit fiscal es la clave del crecimiento económico. La teoría trabaja como sigue: Un déficit fiscal más bajo conduce a bajas tasas de interés, tipos de interés más bajos conducen a más inversión, más inversión conduce a una productividad más alta, y una productividad más alta lleva a más crecimiento. Aunque algunos de los autores favorecen un gobierno más pequeño como meta filosófica, la muchedumbre de [los defensores] del presupuesto equilibrado no creen que los impuestos tienen un efecto primordial sobre los incentivos para dedicarse a comportamientos productivos [invertir, por ejemplo, es un comportamiento productivo]. Consecuentemente, son escépticos en cuanto a las reducciones de impuestos y más bien están dispuestos a aumentar impuestos.

 

bulletEl mercado libre. Otro título hechizo porque otras opciones -- supply-side, conservador, liberal clásico -- no capturan la creencia  central; el enfoque de libre mercado cree que las  claves del crecimiento económico, por lo menos en términos de política tributaria, son el tamaño del gobierno y la estructura del sistema tributario. En fin, el enfoque de libre mercado cree que el gasto total [del gobierno], sin importar si es financiado por impuestos o por deuda, obstaculiza el funcionamiento de la economía transfiriendo recursos escasos del sector privado -recursos que en el sector privado tienen incentivos para ser usados sabiamente- a políticos y burócratas que a menudo responden a incentivos políticos. Porque el tamaño del gobierno es importante, los defensores del mercado libre preferirían un gobierno con $1 trillón de presupuesto y un déficit $200 mil millones a un gobierno con $2 trillones de presupuesto equilibrado [sin déficit]. En el lado de los impuestos de la ecuación, los partidarios del mercado libre creen que los impuestos afectan los incentivos para trabajar, ahorrar e invertir. Una meta principal de esas personas, por lo tanto, es una reforma tributaria radical diseñada para reducir al mínimo tasas impositivas y para eliminar impuestos múltiples al capital. Estas reformas, se cree, incentivarán la formación de capital, lo que aumentará la productividad, lo que significa un crecimiento económico más rápido.

¿Quién tiene la razón?

        La discusión política en Washington gira en gran parte entre las opciones 2 y 3 (aunque hay también una lucha entre los partidarios de la opción 2 sobre el tamaño del gobierno -- ¿Debe el presupuesto estar equilibrado en el nivel “X” o “X+Y”?). Quitando mucho de la retórica, el vencedor en esta lucha depende de cuál conjunto de relaciones es más sólido:

     

¿Tienen los defensores del presupuesto equilibrado razón en que bajarán significativamente las tasas de interés una vez que termine el gasto deficitario? ¿Y, tienen razón ellos en que la inversión es muy sensible a las tasas de interés?

 

¿Están los partidarios del mercado libre en lo correcto al creer que hay una relación inversa entre el crecimiento económico y el tamaño del gobierno? ¿Y, aún más importante, están ellos en lo correcto al creer que las decisiones sobre trabajar, ahorrar e invertir son alteradas perceptiblemente por el código tributario?

        En un cierto sentido, ambos lados están en lo correcto. A menos que los economistas deseen repelar las leyes de la oferta y la demanda, no puede haber duda en que déficits fiscales más bajos bajarán las tasas de interés. Y, en igualdad de circunstancias, tipos de interés más bajos deben significar más inversión. Es también cierto, sin ambiguedades, que impuestos más bajos reducirán el precio de proporcionar trabajo y capital a la economía. Y es ciertamente exacto observar que un gobierno grande, al reducir el costo de no trabajar [probablemente acá Mitchell se refiere a esos programas que entregan dinero a las personas a cambio de nada] afectará negativamente  el funcionamiento de la economía.

        La pregunta verdadera es cuál es la magnitud de estos efectos. ¿Equilibrar el presupuesto realmente reducirá las tasas de interés en dos puntos porcentuales? ¿El nivel de la inversión es primariamente conducido por las tasas de interés? ¿Cuán sensibles son las decisiones en cuanto a trabajar, ahorrar e invertir a las tasas impositivas? ¿En qué medida los programas de gasto del gobierno realmente minan el esfuerzo laboral?

Dudas con respecto a ortodoxia del presupuesto equilibrado

        Hay razón amplia para cuestionar la robustez del argumento de las tasas de interés. Según la teoría, déficits fiscales más bajos dan lugar a tasas de interés más bajas. Pero hay poca evidencia que sugiera que las tasas de interés son afectadas perceptiblemente por cambios en el déficit fiscal de los EE.UU. Esto no significa que los leyes de la oferta y la demanda se han derogado. Significa simplemente que en los mercados de capitales del mundo, una cambio de $30 mil millones, $40 mil millones, o $50 mil millones es poco probable que tenga un efecto dramático y [dicho efecto] puede ser abrumado fácilmente por otros factores como política monetaria y demanda de crédito. 7 [la pregunta ahora es: Si el enorme déficit fiscal de los EE.UU. tiene poco efecto en las tasas de interés, ¿Qué efecto tiene el déficit fiscal del gobierno de Costa Rica, minúsculo al lado del de los EE.UU.,

          Aunque las tasas de interés se reduzcan una cantidad significativa, el segundo eslabón en el razonamiento [de los defensores] del presupuesto equilibrado es muy débil. Sí, las tasas de interés pueden afectar las decisiones de inversión, pero se encuentra que esta variable es minimizada por otras influencias.8 ¿Por qué invertir, por ejemplo, si no hay esperanza de obtener ganancias? Las tasas de interés reales fueron negativas durante los años 30 [Gran Depresión] en los EE.UU. y, sin embargo, la inversión estuvo moribunda porque los inversionistas no vieron muchas oportunidades de ganar un rendimiento adecuado. Asimismo, las tasas de interés reales fueron altas en los EE.UU. durante mucho de los años 80 y, sin embargo, la inversión aumentó porque la gente vio maneras de hacer dinero [por ejemplo, las empresas vieron maneras de obtener ganancias]. Por otra parte, puesto que una porción grande de la inversión es financiada por la misma empresa, es difícil ver cómo las tasas de interés tendrían un impacto dramático. 

        Si lo demás sigue no cambia, es una buena idea equilibrar el presupuesto. Y, sí, tipos de interés más bajos promoverán la inversión. Balancear el presupuesto, sin embargo, no es una "pomada canaria" [silver bullet, en el original] para la economía. Este enfoque es particularmente miope si se utiliza como una razón para aumentar impuestos o para bloquear reducciones de impuestos favorables al crecimiento [de la producción]. Según la sección siguiente ilustra, los cambios en la política tributaria pueden tener un efecto pronunciado en el desempeño de la economía.

Por qué los partidarios del mercado tienen razón en cuanto a los impuestos y la formación de capital

        Los apéndices adjuntos proporcionan una muestra del trabajo empírico sobre el impacto de los impuestos. Para poner dicho trabajo en contexto, sin embargo, es útil examinar un ejemplo que ilustra cuán pesada carga sobre el ahorro y la inversión representan los impuestos. Entre los impuestos a la renta personal, los impuestos a la renta corporativa, los impuestos a las ganancias de capital, y el impuesto a la herencia [estate tax], un solo dólar de renta generada por la inversión puede estar sometido a tanto como cuatro capas de impuestos en los EE.UU.. Se agregan a esa carga las provisiones contenidas en la ley, tales como depreciación y el impuesto mínimo alternativo, que fuerzan a los contribuyentes a exagerar su renta. El pesado costo de cumplir con el [complejísimo] sistema [tributario] actual es como poner sal en una llaga.

        El ejemplo siguiente ilustra por qué los ahorros y la inversión sufren bajo el clima tributario actual. Un contribuyente tiene $100 de renta y debe decidir qué hacer con ella. [Dicho contribuyente] puede consumir esos $100, gastándolo en alimentos, vacaciones, ropa, cortes de pelo, o algún otro producto o servicio; en este caso (exceptuando posibles impuestos de ventas) recibe cerca de $100 en mercancías y servicios por su dinero. O [dicho contribuyente] puede invertir [esos $100] en acciones de una compañía que apenas inicia que tiene potencial de proporcionar nuevos trabajos a la comunidad y de producir bienes que los consumidores deseen. Si la compañía tiene éxito, el inversionista probablemente obtendrá ganancias. Si falla, perderá sus $100.

        En el caso a continuación, la inversión da frutos y rinde un 10 por ciento, permitiendo a la compañía producir $10 de renta anual por cada $100 invertidos [nótese que todos los días quiebran empresas, el empresario que arriesga su capital rara vez tiene aseguradas ganancias. Invertir es arriesgar, si se consume casi invariablemente se recibirá algo, pero al arriesgar un capital en una empresa el capitalista puede perderlo todo, sin obtener ninguna ganancia]. Bajo el código tributario actual, 35 por ciento se quitan al inversionista para ser pagados como impuesto sobre la renta corporativo, dejandole solamente $6.50 de los $10 originales. Estos $6.50 entonces llegan al inversionista como dividendo. Pero hay otros impuestos. Dependiendo de la renta del inversionista, el impuesto sobre los ingresos personales [del inversionista] tomará tanto como un 39.6 por ciento de esos $6.50, dejándolo con menos de $4.00 de renta anual por una inversión “exitosa” de $100. Además, puede tener que enfrentar impuestos estatales y locales sobre la renta.

        Finalmente, si el inversionista alguna vez decide vender sus acciones, lo golpeará uno de los impuestos a las ganancias de capital más altos del mundo industrializado. Para hacer una mala situación aún peor, será gravado en los aumentos nominales [de capital], significando a menudo que  impuestos son pagados sobre activos que han perdido valor en términos reales  (y no hay que olvidar  de que la persona que vendió originalmente dichas acciones al inversionista pudo haber tenido que pagar impuesto a las ganancias de capital sobre dicha venta [imagine que usted compra un terreno en $100.000 a principio de año, y que la inflación es 5% anual. Si usted vende dicho terreno a final de año en $105.000, un 5% más, en realidad lo está vendiendo por el mismo valor por el que lo compró. Pero como dicho terreno tuvo  un aumento de precio de $5000, y bajo el sistema tributario se considera que usted tuvo una ganancia de capital de $5000 y tiene que pagar impuestos sobre dicha ganancia de capital que no es más que una ilusión creada por la inflación] ). El insulto final es el impuesto a la herencia y a los regalos. Los impuestos a la herencia penalizan a los empresarios acertados que intentan dejar un patrimonio a sus niños, dichos impuestos  pueden confiscar hasta un 55 por ciento de los activos de un difunto.

        Gracias al código tributario, un inversionista afortunado -- uno que efectivamente gana dinero con sus inversiones -- puede tener que entregar más del 80 por ciento de sus ganancias al gobierno, eso sin mencionar los impuestos ya pagados sobre el dinero usado inicialmente para invertir. Así, la política tributaria gubernamental ha creado un campo de juego muy sesgado. Castigando el ahorro y la inversión, el código tributario anima a los individuos y negocios a consumir en vez de construir para el futuro de los EE.UU..

        Puesto que los impuestos tienen un impacto tan dramático en los incentivos para trabajar, ahorrar e invertir, no debe ser ninguna sorpresa que los cambios importantes de impuestos tienen casi siempre un impacto significativo en la economía. La decisión de Herbert Hoover en 1930 de aumentar la tasa impositiva superior de 25 por ciento a 65 por ciento contribuyó sin duda a la [Gran] Depresión. La sobretasa de Lyndon Johnson a los pasivos de impuesto sobre la renta, decretada en 1968, junto con un aumento del impuesto de ganancias de capital contribuyeron a terminar la expansión [de la producción] de los años 60. Aumentos importantes de impuestos, incluido el "cambio hacia un tramo más alto" [bracket creep] inducido por la inflación, contribuyeron triste funcionamiento de la economía bajo  Jimmy Carter ["cambio hacia un tramo más alto" o bracket creep ocurre cuando hay impuestos sobre la renta progresivos e inflación: La inflación lleva a las personas a ganar más en dólares corrientes, aunque en dólares reales ganen lo mismo; dicho aumento los lleva a pagar tasas de impuesto sobre la renta más altos al ascender a un tramo de ingresos donde las tasas son más altas. De esa manera se aumentan los impuestos de muchas personas. A esto se añade el impuesto a las ganancias de capital, señaladas anteriormente, que no existen y que son pura ilusión inflacionaria]. El aumento de  impuestos récord de George Bush en 1990 es una causa principal de la recesión reciente y de la recuperación anémica subsecuente [Mitchell escribe en 1996. Robert Mundell, Nóbel de Economía, en la charla que impartió al recibir dicho premio, señaló que los recortes de impuestos de principios de los 80s del Presidente Reagan fueron seguidos por la más larga expansión de la producción que haya ocurrido en ningún país y que dicha expansión solamente fue interrumpida por una corta recesión en 1991]. Y el funcionamiento de la economía de hoy, particularmente la caída del ingreso mediano de los hogares, es casi ciertamente atribuible en parte al aumento de impuestos récord empujada a través de congreso en 1993 por Bill Clinton.

La respuesta: El impuesto de tasa única [flat tax]

        Cada uno defectos del código tributario se puede tratar con legislación específica, pero un enfoque de lejos mejor es simplemente substituir el sistema existente por un impuesto de tasa única [flat tax]. Ha habido muchas propuestas de impuesto de tasa plana a través de los años, pero todas comparten ciertas características claves. Éstas son:

 

bulletUna tasa impositiva baja. Todas las propuestas de impuesto de tasa plana tienen una sola tasa impositiva que se aplica a toda la renta sujeta a impuesto [en otras palabras, en esas propuestas no hay impuestos progresivos sobre la renta]. La tasa real impuesta varía, pero el límite superior sería cercano al 20 por ciento. La legislación de impuesto de tasa plana de Armey-Shelby, por ejemplo, comienza con una tasa impositiva de 20 por ciento que se reduce gradualmente a 17 por ciento después de un par de años.

 

bulletGravar la Renta solamente una vez. Las ofertas de impuesto de tasa plana están diseñadas para eliminar el sesgo del código tributario contra la formación de capital terminando con la doble  (y a veces triple y cuádruple) imposición a la renta generada por el ahorro y la inversión. El principio clave es que el código tributario no discrimine contra la renta que se utiliza para ahorro e inversión respecto a la renta se consume.

 

bulletEliminación de deducciones, créditos, y exenciones. Todas las propuestas puras de impuesto de tasa plana eliminan las provisiones del código tributario que conceden un tratamiento tributario  preferencial de ciertos comportamientos y actividades. Se incluyen en esto exenciones de impuesto especiales para los negocios y las corporaciones y, para los contribuyentes individuales, la deducción del interés sobre la hipoteca de la casa, la deducción de las contribuciones a la caridad, y la deducción estatal y local al interés de las hipotecas. La eliminación de estos  “agujeros” soluciona el problema de la complejidad, permitiendo que los contribuyentes llenar  sus declaraciones de impuestos en un formulario del tamaño de una tarjeta postal.

 

Ventajas de un impuesto de tasa plana [flat tax]

        Tratando los muchos problemas del código tributario existente de un solo golpe, el impuesto de tasa  plana tendría un impacto positivo inmediato y dramático. Se incluyen entre las ventajas:

 

bulletUn crecimiento económico más rápido. Un impuesto plano estimularía trabajo, ahorro, e inversión crecientes. Según muchos economistas, el aumento del comportamiento productivo agregaría probablemente un punto porcentual a la tasa anual de crecimiento económico. ¿Cuán significativo es esto? Un aumento en la de crecimiento [de la producción] de apenas la mitad de un punto porcentual aumentaría el ingreso anual de una familia media en más de $5.000 después de diez años.

 

bulletCreación  inmediata de riqueza. Eliminar el segundo, tercer, y cuarto gravámen que recaen sobre una misma renta de capital aumentaría perceptiblemente el valor de todos los activos generadores de renta. Según el profesor Dale Jorgenson de la Universidad de Harvard, la promulgación de un impuesto de tasa plana aumentaría inmediatamente la riqueza en cerca de  $1 trillón.

 

bulletSimplicidad. Los más de 600 formularios de impuesto del sistema actual serían botados a la basura y substituidos por dos formularios simles del tamaño de una tarjeta postal. Remuneraciones, salarios y la renta proveniente de la pensión serían reportados en el formulario de declaración individual y las rentas de los negocios y del capital serían reportadas en la declaración de la renta empresarial. Ninguno de las dos formularios requeriría más de algunos minutos para ser llenado, reduciendo substancialmente la carga anual de 5.4 mil millones de horas [gastadas en elaborar las declaraciones de renta] que impone el código tributario de hoy.

 

bulletImparcialidad. Todos los contribuyentes y toda la renta serían tratados igualmente. Un contribuyente con diez veces la renta imponible de su vecino pagaría diez veces más en impuestos. Empresarios exitosos ya no serían penalizados por tasas impositivas discriminatorias, y aquellos bien conectados políticamente no se podrían beneficiar con "huecos" especiales y  preferencias.

 

bulletUn final al micromanejo y favoritismo político. Todas las deducciones, créditos, exenciones, escapatorias, y preferencias serían eliminadas bajo un impuesto de tasa plana. Los políticos perderían su capacidad de escoger ganadores y perdedores, recompensar a los amigos y castigar a los enemigos, y utilizar el código tributario para imponer sus valores a la economía. Las decisiones de inversión serían dirigidas por fuerzas económicas más bien que por  consideraciones tributarias.

 

bulletLibertades civiles crecientes. La complejidad del código tributario hace casi imposible para los contribuyentes o los agentes del IRS [oficina de impuestos de los EE.UU.] seguir la ley. Un código tributario ampliamente simplificado eliminaría virtualmente todos los conflictos y controversias que convierten al IRS en una de las agencias más temidas del gobierno federal.

El problema del gasto

        Mientras que la política tributaria actual representa un impedimiento enorme al crecimiento económico, los hacedores de política pública también deben centrarse en el tamaño del gobierno. Mientras los políticos y los burócratas no gasten el dinero tan sabiamente o eficientemente como sería gastado en el sector privado, el crecimiento económico se retrasará a medida que el gobierno aumenta de tamaño. Más específicamente, muchos programas del gobierno no generan las ventajas (o reducir al mínimo costes) a la economía que exceden a los que habrían ocurrido si el dinero hubiera permanecído en manos privadas.

        El enfoque apropiado para los hacedores de política pública es determinar si el gasto para un programa dado rendirá suficientes beneficios como para compensar la pérdida de dinero al sector privado ([y dicho análisis] debe incluir el costo de los incentivos y de cumplimiento que impone el recolectar impuestos). Cierto nivel del gasto en transporte, por ejemplo, facilitará el crecimiento económico permitiendo el flujo eficiente de mercancías y de servicios. Los hacedores de Política Pública  deben discutir, por supuesto, si el gasto se podría privatizar o ser hecho a nivel estatal o local. Y al grado creen que tiene que ser realizado por  Washington [o sea, por el gobierno federal o central], ellos debe hacer su mejor para asegurarse de que el financiamiento está asignado según política de las pautas más bien que por políticas de pork-barrel [políticas de repartición de recursos] . Otros tipos de gasto, tales como prevención del crimen, también pueden ayudar a la economía reduciendo el coste causado por el crimen.

        En demasiados casos, sin embargo, hay razón fuerte de creer que el gobierno federal está gastando dinero de maneras que no producen buenos resultados para la economía. Algunos programas, tales como el welfare [repartición de dinero a ciertas personas, por ejemplo]  reducen el costo de no trabajar y e inevitablemente minan el comportamiento económico productivo. Otros tipos de gasto, tales como los presupuestos para agencias reguladoras, pueden tener rentabilidades perceptiblemente negativas debido a los pesados costes que imponen al sector privado. Desafortunadamente, los hacedores de política pública no sujetan generalmente los programas del gobierno a este tipo de análisis coste/beneficio.

        Observe que una conclusión importante de usar este enfoque es que el déficit no es la variable crítica. La clave es el tamaño del gobierno, no cómo se financia. Los impuestos y el déficit son dañinos, pero el problema verdadero es que el gobierno está tomando dinero del sector privado y lo está gastando de maneras que son a menudo contraproducentes. Consecuentemente, la política tributaria debe centrarse en la reducción del nivel de gasto del gobierno, con énfasis particular en esos programas que rindan los beneficios más bajos e impongan los costos más altos. La importancia de reducir el gasto, debe ser observado, existe sin importar si el presupuesto está o no balanceado y no es contingente en cambios al sistema tributario (igual que reformar el sistema tributario y adoptar otros cambios tributarios favorables al crecimiento no debe ser contingente en qué sucede con el lado del gasto).

Conclusión

        No hay fórmula mágica para alzar crecimiento. La economía [la producción] puede crecer solamente si la gente trabaja más o trabaja mejor. Desafortunadamente, mucho del mundo ha adoptado políticas que imponen penas tributarias cada vez más elevadas a quienes agregan riqueza a la economía. Agravando el daño de estas políticas están los programas del gasto que escudan a la gente de tomar la responsabilidad de sus propias vidas. La combinación ha sido un fracaso rotundo.

        Esto plantea una cuestión particularmente importante para aquellos a la izquierda [del espectro político]. Deben decidir qué es más importante: mantener un sistema fiscal que puede satisfacer un impulso ideológico de castigar el éxito, o adoptar un sistema que ayuda a elevar los estándares de vida de los menos afortunados. Es ciertamente verdad que reformas modestas como la reducción de la tasa del impuesto a las ganancias de capital o las reformas grandes como el impuesto tasa plana aumentarán la renta después de impuestos de los ricos. La evidencia empírica, sin embargo, demuestra que otras clases sociales se beneficiarán también -- y puede ser que se beneficien aún más. 9

        Los críticos de la reforma tributaria se quejan de que se trata nada más de teorías económicas de  “goteo hacia abajo” que confía en reducciones de impuestos para los “ricos” para alzar salarios. Tal retórica puede ser útil políticamente, pero no puede cambiar realidad económica. El economista John Shoven ha explicado:

El mecanismo de aumentar los salarios verdaderos estimulando la inversión a veces es llamado burlónamente economía de “goteo hacia abajo”. Pero sin importar la etiqueta usada, nadie duda que el mecanismo primario para levantar la renta del trabajo es proveyendo a cada trabajador con herramientas mejores y más numerosas. Uno puede preguntarse sobre la longitud del tiempo que toma para tal política del ahorro y de inversiones de aumento para tener un efecto pronunciado en salarios, pero sé de nadie que dude la corrección del mecanismo subyacente. De hecho, la mayoría de los economistas indicarían que la única manera de aumentar salarios verdaderos está a largo plazo con inversiones adicionales por worker.10

        Para una profesión regañó generalmente para su carencia del acuerdo, economistas son casi unánime en su reconocimiento que la formación de capital es la llave al desarrollo económico. Los Policymakers que intentan alzar estándares vivos y la paga para llevar hacen frente a dos opciones competentes para cómo lo más mejor posible alcanzar la meta de más ahorros e inversión: ¿Deben centrarse en el déficit o deben ellos contraer el tamaño del gobierno y reformar el sistema fiscal? Mientras que estas metas no necesitan estar en conflicto, al grado hay una división, allí debe ser poco duda que una fijación miope en el déficit no producirá necesariamente los resultados derechos de la política. Adoptar un impuesto plano, por el contrario, combinada con reducciones largo-atrasadas en el nivel del gasto del gobierno, generará el resultado deseado de una economía más próspera.

 

APÉNDICE 1:
Los impuestos afectan decisiones para trabajar

        Investigación común de los economistas de la universidad de Princeton y de la universidad joven de Brigham, basadas en un examen al azar de médicos, encontrado que un un aumento del punto del porcentaje en imposiciones fiscales marginales está asociado a una reducción tanto como 1.11 por ciento en las horas worked.11

        Una universidad del economista de California encontró que debido a el acto de la reforma del impuesto de 1986 (que bajó imposiciones fiscales), el esfuerzo del trabajo de la alto-renta casó a mujeres se levantó por 0.8 por ciento para cada un por ciento sus salarios después de impuestos increased.12

        Otro economista encontró que los “maridos de la edad del retiro, de 60 y del excedente, demuestran la variación substancial en las horas del trabajo, relacionadas sistemáticamente con los salarios y la renta de la manera prevista.” Por otra parte, las “esposas en todos los grupos de misma edad son absolutamente sensibles a los salarios y a la renta. “13 es decir como baja la renta después de impuestos, así que hace el incentivo para trabajar.

        Dos otros economistas estimaban que la “fuente de trabajo de las esposas aumentará en 3.8 por ciento” en respuesta a una reducción en la unión penalty.14

        Un estudio comprensivo en el diario de recursos humanos encontró que los impuestos reducen las horas de los varones casados del trabajo por 2.6 por ciento y de las hembras casadas cerca entre 10 por ciento y 30 percent.15

        Según un estudio estadístico en Econometrica, las horas anuales del trabajo para las mujeres casadas blancas aumentan en 2.3 por ciento para cada un por ciento de aumento en earnings.16 después de impuestos

        Mientras que los maridos no son tan sensibles a los impuestos como esposas, el impacto de impuestos en su comportamiento es no obstante dramático. Un estudio encontró que trabajan ocho por ciento menos que ellos en ausencia de taxes.17 que éste indica una pérdida en salida económica de por lo menos $1.000 por persona. 18

        Todos los estudios reconocen que rentas después de impuestos más altas aumentan incentivos al trabajo aumentando el “precio” del ocio, pero algunas asumen este efecto está compensado porque impuestos más bajos permiten que los trabajadores alcancen cierto nivel de la renta trabajando pocas horas. Mientras que esta compensación es relevante al mirar las opciones individuales, dos economistas observar que “la generalización del análisis individual a la economía en su totalidad es inválida” porque “será imposible que todos los individuos consuman más mercancías y más ocio como el análisis individual del trabajar-ocio implica. “19 la respuesta economía-ancha real a los cambios en imposiciones fiscales serán más altos que casi todos los estudios indicate.20

        Un modelo econométrico encontró que una reducción de un por ciento en imposiciones fiscales aumentó el esfuerzo del trabajo para los trabajadores de la bajo-renta por 0.1 por ciento, para los trabajadores medios y superior-medios de la renta por 0.25 por ciento, y para los trabajadores de la superior-renta por más de 2.0 percent.21

 

APÉNDICE 2:
Los impuestos reducen ahorros y la inversión  

        En un libro en impuestos y la formación de capital, B. normando Ture y B. Kenneth Sanden conocido, “el diagonal contra ahorrar en los resultados del sistema fiscal del presente del hecho que, con pocas excepciones, grava se impone ante la cantidad de ahorro actual y ante las vueltas futuras a tal ahorro, mientras que el impuesto baja solamente una vez en la renta usada para la consumición. “22

        El economista Juan Shoven estima que una reducción de 20 por ciento en la tarifa superior para las ganancias sobre el capital haría la bolsa levantarse por 3 percent.23

        El subsecretario de los veranos de Lorenzo H. del Hacienda ha escrito que los “aumentos en el índice de la vuelta después de impuestos verdadero recibido por los ahorradores conducirían a los aumentos substanciales en la acumulación de capital duradera.” Además, los “legados pueden explicar una fracción grande de la formación de capital nacional,” que consolida la discusión que los impuestos influencian savings.24

        Un estudio en la revisión política americana de la ciencia observó eso económico extractivo las “naciones… donde la capacidad [del impuesto] del gobierno no aumentó perceptiblemente, concerniente al producto, en un sentido, se ha optado por… un índice de aumento de la acumulación de capital privada. “25

        Analyzing the decline in savings, a study by three experts concluded that Social Security and other transfer programs have led to a "decline in U.S. saving."26

        Two other economists also concluded that Social Security reduces savings because workers no longer worry as much about retirement.27

        Econometric results, according to a study published in the Journal of Public Economics, "suggest that dividend taxes have important effects on investment decisions" and that "an increase of 10 percent in the stock market would raise the investment rate by about 15 percent."28

        Writing in the National Tax Journal, three economists found "significant effects for the after-tax return on saving, after-tax cost of borrowing, or both." The Reagan tax cuts "had a major impact on U.S. economic growth."29

 

APPENDIX 3:
Growth Is Weaker When Government Penalizes Economic Behavior

        A 1983 World Bank study of 20 countries found that low-tax nations experience faster growth, generate more investment, and enjoy more rapid increases in productivity and standards of living than high-tax nations.30

        The tax system imposes between 22 cents and 54 cents of losses for every dollar raised, according to a labor-supply economist. For working wives, the losses are even higher: more than 58 cents for very dollar of tax revenue.31

        Another study found that each 1.0 percent increase in the federal tax burden reduces economic growth by 1.8 percent and lowers national employment by 1.14 percent.32

        According to a statistical study published in the American Economic Review, for every dollar paid to the federal government in taxes, 33.2 cents is lost to the economy.33

        The increased tax burden between 1965 and 1980 drove an estimated 1.9 million people out of the U.S. labor force.34

        Statistical research published in Lloyd's Bank Review has found that in the U.K. each one percent rise in payroll taxes causes hiring to fall by approximately 1.4 percent. The same study estimated that each $1 of additional tax revenue costs $3 in lost economic output.35

        A study printed in the American Sociological Review concluded that "Increases of one percent in the tax burden relative to household income are directly associated with a 2.8 percent decline in economic growth over three years, or just under one percent annually."36

        An American Economic Review study found that every dollar of taxes could impose as much as $4 of lost output on the economy, with the probable harm ranging between $1.32 and $1.47.37

        A 1981 analysis of the Swedish economy in the Journal of Political Economy found "The estimated long-run effects [of high marginal tax rates] are sufficient to explain up to 75 percent of the recent decline in the measured growth of the Swedish GNP."38

        According to a former Treasury Department official, between 75 percent and 80 percent of the additional wealth generated by increased savings and investment goes to workers.39

        Another study in the Journal of Political Economy estimated that the corporate income tax costs more in lost output than it raises for the government. The "excess burden" is "123 percent of revenue."40

        A 1984 study in the American Economic Review estimated "20.7 cents of welfare loss per additional dollar of tax revenue."41

        A study of U.S. taxes at the state level found that low-tax states grew 35 percent faster than high-tax states between 1970 and 1980.42 The relationship between growth and taxes among the states has been shown in literally dozens of studies.43

        Another economist was able to illustrate a very strong inverse relation between average per capita growth rates and average tax rates on income and profits in developed countries.44

        According to an article in the Journal of Political Economy, based on worldwide data, increasing the tax burden by ten percentage points will reduce annual growth by two percentage points.45

        In a paper presented at the World Bank, two economists uncovered an "impressive negative relation between the rate of growth and the ratio of tax revenue to GDP" as well as a "negative association between growth and... the 'marginal' income tax rate."46

        Of the explosive growth of Hong Kong, Taiwan, Singapore, and South Korea, Hoover economist Alvin Rabushka has written that

The four Asian tigers adopted supply-side tax policies decades before the Reagan and Thatcher revolutions. Finance ministers oversaw systems of taxation that featured low rates and/or low levels of direct taxation of individuals and businesses, the absence of or very light charges on capital income (interest, dividends, capital gains), and a smorgasbord of inducements for domestic and foreign enterprises to invest and reinvest in each economy.47

        Other studies have found that the economy is harmed when government spends tax revenue:

        A National Bureau of Economic Research study, using worldwide data, found that an increase "in government spending and taxation of 10 percentage points was predicted to decrease long-term growth rates by 1.4 percentage points."48

        According to Daniel Landau, "The results of this study [published in the Southern Economic Journal] suggest a negative relationship exists between the share of government consumption expenditure in GDP and the rate of growth of per capita GDP."49

        Two economists found that increases in U.S. government outlays for social programs "are associated with reductions in the growth rate."50

ENDNOTES

 

  1. U.S. Bureau of the Census Current Population Reports: Series P60-189, "Income, Poverty, and Valuation of Non-Cash Benefits: 1994," (Washington, D.C.: U.S. Government Printing Office, 1996).
  2. This moral argument is less stringent if the debt was incurred to win a war or for some other purpose which presumably yields benefits to future generations.
  3. Paul A. Samuelson and William D. Nordhaus, Economics, 12th Edition (New York: McGraw-Hill, Inc., 1985), p. 789.
  4. Depreciation refers to the amount of capital that is used up or wears out during each period. For instance, a machine may have a life expectancy of five years. In order to measure increases in the capital stock accurately, increases in investment should be adjusted to reflect depreciation.
  5. "Tax Policy and the Macroeconomy: Stabilization, Growth, and Income Distribution," Joint Committee on Taxation report for House Committee on Ways and Means, December 12, 1991, p. 21.
  6. Craig Elwell, "The Goal of Economic Growth: Lessons from Japan, West Germany and the United States," Congressional Research Service, July 17, 1989.
  7. For a complete discussion of the scholarly research on deficits and interest rates, see "Government Deficit Spending and Its Effects on Prices of Financial Assets," Department of the Treasury, May 1983.
  8. Aldona Robins, Gary Robins, and Paul Craig Roberts, "The Relative Impact of Taxation and Interest Rates on the Cost of Capital," in Dale Jorgenson and Ralph Landau, eds., Technology and Economic Policy (Cambridge, Mass.: Bellinger Press, 1986).
  9. Barry J. Seldon and Roy G. Boyd, "The Economic Effects of a Flat Tax (Draft)," National Center for Policy Analysis, Dallas, Texas (forthcoming).
  10. John B. Shoven, "Alternative Tax Policies to Lower the U.S. Cost of Capital," in Business Taxes, Capital Costs and Competitiveness, American Council for Capital Formation Center for Policy Research, July 1990, p. 3.
  11. Mark Showalter and Norman K. Thurston, "Taxes and Labor Supply of High-Income Physicians," unpublished manuscript, October 21, 1994.
  12. Nada Eissa, "Taxation and Labor Supply of Married Women: The Tax Reform Act of 1986 as a Natural Experiment," unpublished manuscript, September 1994.
  13. Robert E. Hall, "Wages, Income, and Hours of Work in the U.S. Labor Force," in G. Cain and H. Watts, eds., Income Maintenance and Labor Supply (Chicago: Markham, 1973).
  14. Jerry Hausman and Paul Ruud, "Family Labor Supply with Taxes," American Economic Review, Vol. 74, No. 2 (May 1984), pp. 242-248.
  15. Robert K. Triest, "The Effect of Income Taxation on Labor Supply in the United States," The Journal of Human Resources, Vol. XXV, No. 3, pp. 491-516.
  16. Harvey S. Rosen, "Taxes in a Labor Supply Model with Joint Wage-Hours Determination," Econometrica, Vol. 44, No. 3 (May 1976), pp. 485-507.
  17. Jerry Hausman, "Labor Supply," in Henry J. Aaron and Joseph A. Pechman, eds., How Taxes Affect Economic Behavior (Washington, D.C.: The Brookings Institution, 1981), pp. 27-83.
  18. Robert E. Hall and Alvin Rabushka, Low Tax, Simple Tax, Flat Tax (New York: McGraw-Hill Book Co., 1983).
  19. James Gwartney and Richard Stroup, "Labor Supply and Tax Rates: A Correction of the Record," American Economic Review, Vol. 73, No. 3 (June 1983), pp. 446-451.
  20. This is confirmed by other economists. See, for example, Paul Craig Roberts, "The Breakdown of the Keynesian Model," The Public Interest, No. 52 (Summer 1978), pp. 20-33; Norman B. Ture, "The Economic Effects of Tax Changes: A Neoclassical Analysis," in Richard H. Fink, ed., Supply-Side Economics: A Critical Appraisal (Frederick, Md.: University Publications of America, 1982); and William G. Laffer, "Virtues and Deficiencies of Supply-Side Economics Viewed From an Austrian Perspective," unpublished manuscript, September 28, 1990.
  21. Michael K. Evans, "New Developments in Econometric Modelling: Supply-Side Economics," in Fink, Supply-Side Economics: A Critical Appraisal.
  22. Norman B. Ture and B. Kenneth Sanden, The Effects of Tax Policy on Capital Formation (Washington, D.C.: Institute for Research on the Economics of Taxation, 1977).
  23. Shoven, "Alternative Tax Policies to Lower the U.S. Cost of Capital."
  24. Lawrence H. Summers, "The After-Tax Rate of Return Affects Private Savings," American Economic Review, Vol. 74, No. 2 (May 1984), pp. 249-253.
  25. David Cameron, "The Expansion of the Public Economy: A Comparative Analysis," The American Political Science Review, Vol. 72 (1978), pp. 1243-1261.
  26. Jagadeesh Gokhale, Laurence J. Kotlikoff, and John Sabelhaus, "Understanding the Postwar Decline in United States Saving: A Cohort Analysis," unpublished manuscript, November 1994.
  27. Lawrence H. Summers and Chris Carroll, "Why Is United States National Saving So Low," Brookings Papers on Economic Activity, Vol. 2 (1987), pp. 607-635.
  28. James M. Poterba and Lawrence H. Summers, "Dividend Taxes, Corporate Investment, and 'Q'," Journal of Public Economics 22 (1983), pp. 135-167.
  29. Allen Sinai, Andrew Lin, and Russell Robins, "Taxes, Saving, and Investment: Some Empirical Evidence," National Tax Journal, Vol. XXXVI, No. 3 (1983), pp. 321-345.
  30. Keith Marsden, "Links Between Taxes and Economic Growth: Some Empirical Evidence," World Bank Staff Working Paper No. 605, 1983.
  31. Hausman, "Labor Supply."
  32. William C. Dunkelberg and John Skorburg, "How Rising Tax Burdens Can Produce Recession," Cato Institute Policy Analysis No. 148, February 21, 1991.
  33. C. L. Ballard, J. B. Shoven, and J. Whalley, "General Equilibrium Computations of the Marginal Welfare Costs of Taxes in the United States," American Economic Review, Vol. 75, No. 1 (1985), pp. 128-138.
  34. Otto Eckstein, "Tax Policy and Core Inflation, A Study Prepared for the Use of the Joint Economic Committee" (Washington, D.C.: U.S. Government Printing Office, 1980). See also L. Godfrey, "Theoretical and Empirical Aspects of the Effects of Taxation on the Supply of Labour" (Paris: Organization for Economic Cooperation and Development, 1975).
  35. Michael Beenstock, "Taxation and Incentives in the U.K.," Lloyd's Bank Review, No. 134 (October 1979), pp. 1-15.
  36. Roger Friedland and Jimy Sanders, "The Public Economy and Economic Growth in Western Market Economies," American Sociological Review, Vol. 50 (August 1985), pp. 421-437.
  37. Edgar K. Browning, "On the Marginal Welfare Cost of Taxation," American Economic Review, Vol. 77, No. 1 (March 1987), pp. 11-23.
  38. Charles E. Stuart, "Swedish Tax Rates, Labor Supply, and Tax Revenues," Journal of Political Economy, Vol. 89, No. 5 (1981), pp. 1020-1038.
  39. Norman B. Ture, "Supply Side Analysis and Public Policy," in David G. Raboy, ed., Essays in Supply Side Economics (Washington, D.C.: Institute for Research on the Economics of Taxation, 1982).
  40. Jane G. Gravelle and Laurence J. Kotlikoff, "The Incidence and Efficiency Costs of Corporate Taxation When Corporate and Noncorporate Firms Produce the Same Good," Journal of Political Economy, Vol. 97, No. 4 (1989), pp. 749-780.
  41. Charles Stuart, "Welfare Costs per Dollar of Additional Tax Revenue in the United States," American Economic Review, Vol. 74, No. 3 (June 1984), pp. 352-362.
  42. Richard K. Vedder, "Rich States, Poor States: How High Taxes Inhibit Growth," Journal of Contemporary Studies, Fall 1982, pp. 19-32.
  43. See Bruce Bartlett, "Impact of State and Local Taxes on Growth: Bibliography," Alexis de Tocqueville Institution, 1995, and Richard K. Vedder, "Do Tax Increases Harm Economic Growth and Development?" Arizona Issue Analysis, Report No. 106, September 20, 1989 (Annotated Bibliography).
  44. Charles Plosser, "The Search for Growth," unpublished manuscript, August 1992.
  45. Robert G. King and Sergio Rebelo, "Public Policy and Economic Growth: Developing Neoclassical Implications," Journal of Political Economy, Vol. 98 (October 1990), pp. S126-S150.
  46. William Easterly and Sergio Rebelo, "Fiscal Policy and Economic Growth: An Empirical Investigation," unpublished manuscript, March 1993.
  47. Alvin Rabushka, "Tax Policy and Economic Growth in the Four Asian Tigers," Journal of Economic Growth, Vol. 3, No. 1.
  48. Eric M. Engen and Jonathan Skinner, "Fiscal Policy and Economic Growth," National Bureau of Economic Research, Working Paper Series, No. 4223, December 1992.
  49. Daniel Landau, "Government Expenditure and Economic Growth: A Cross-Country Survey," Southern Economic Journal, Vol. 49 (January 1983), pp. 783-792.
  50. John McCallum and Andre Blais, "Government, Special Interest Groups, and Economic Growth," Public Choice, Vol. 54 (1987).

 

Si desea beneficiar a los trabajadores, ¡Elimine completamente los impuestos al capital!

El mito del impuesto sobre la renta corporativa

Por  R. GLENN HUBBARD 
26 de julio del 2007; Página A13

El secretario de Hacienda Hank Paulson conducirá hoy una discusión sobre los efectos del impuesto sobre la renta corporativa en nuestra economía. Será, en parte, una discusión política, dado que los demócratas desean aumentar impuestos sobre el capital corporativo mientras que los republicanos desean recortar la tasa impositiva a las corporaciones(una posición defendida por el presidente George W. Bush).

Pero la parte más interesante de la discusión puede estar reducido a dos temas: Si los impuestos corporativos son una manera eficaz de levantar los ingresos tributarios para el gobierno. Y, muy importante, quién realmente paga dicho impuesto.

Los economistas han alegado por generaciones que los impuestos a las corporaciones distorsionan la asignación del capital entre el sector corporativo y non corporativo y que también distorsionan las decisiones corporativas  y de financiamiento e inversión. Esta distorsión impide al impuesto generar ingresos “eficientemente” el rédito -- es decir, o sea, el impuesto impone un coste mayor a la economía que el ingreso que recoge.

En los años 90 tempranos, el Departamento de Hacienda y el American Law Institute recomendó quitar de una de las capas de nuestra doble imposición al capital corporativo actual, que está sujeto no sólo al impuesto corporativo sino también a impuestos a nivel del inversionista-nivel a los dividendos y las ganancias de capital. En el 2003, los  recortes  de impuestos del presidente Bush redujeron -- aunque no eliminaron -- esta doble imposición.

Que el impuesto sobre la renta corporativa es ineficaz de esta maneras no es controversial entre economistas.

Una pregunta tradicionalmente menos-asentada ha sido el de la incidencia: ¿Quién lleva la carga de impuesto corporativo? Algunos pueden estar tentados a dar una respuesta rápida, las “corporaciones.” Pero eso es claramente incorrecto. La advertencia de Econ 101 de que la gente paga los impuestos -- en este caso, los proveedores de capital con rendimientos más bajos, los trabajadores a través de salarios más bajos, y/o de los consumidores con precios altos más elevados -- sigue siendo cierta aun cuando el impuesto es dirigido al capital. Y la categoría “dueños del capital corporativo” (es decir, accionistas) es también demasiado estrecha. En su celebrado análisis del impuesto corporativo hace casi 50 años, Arnold Harberger demostró, para una economía cerrada, que un impuesto separado sobre capital corporativo reduciría las rentas a todos los dueños del capital, convirtiéndolo en un impuesto al ahorro (y, en un marco más general que el del Sr. Harberger, [a un impuesto] a la inversión).

La investigación reciente ha mirado en una dirección algo diversa, demostrando que es posible que el impuesto no recaiga enteramente (ni siquiera principalmente) en los dueños del capital, pero sí en los trabajadores. La Globalización  desempeña un papel. En una economía abierta, con el capital móvil, un impuesto basado en la fuente como el impuesto corporativo conducirá a una salida capital, reduciendo la inversión y productividad y los salarios. De hecho, la investigación -puesta al día- del Sr. Harberger sobre la incidencia del impuesto corporativo concluyó que los trabajadores llevan no solamente la parte más fuerte del impuesto, sino que dicha carga puede ser más grande que el impuesto sí mismo.

En otra investigación, si se asume que el stock de capital mundial es fijo, Guillermo Randolph del Congressional Budget Office (Oficina Presupuestaria del Congreso) encuentra que el trabajo carga cerca de 70% del impuesto corporativo. Más generalmente, la carga sobre el trabajo es más alta hasta cuánto más sensible sea el ahorro sensible a los impuestos y menor el efecto del país en los precios mundiales de mercancías.

La mayor parte de esta investigación se ha basado en modelos teóricos, no obstante a veces con parámetros calibrados en base a experiencia real. Pero pruebas empíricas directas de los efectos de la apertura, los impuestos corporativos y su combinación [¿?] sobre los salarios de los trabajadores cuentan una historia similar.

Un estudio reciente de Kevin Hassett y Aparna Mathur del American Enterprise Institute analiza datos de varios países y en un cierto tiempo, concluyendo que para los países afiliados a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico  (la OCDE), un aumento del 1% en imposiciones fiscales corporativas da lugar a una disminución de 0.8% de las tasas salariales de manufactura. (La intuición económica sugiere efectos negativos significativos del impuesto corporativo sobre los salarios de la industria manufacturera debido a la complementariedad del capital y del trabajo para los trabajadores calificados.)

Efectos sobre el salario de este tamaño sugieren que el trabajo lleva mucha de la carga del impuesto corporativo. De hecho, los trabajadores estarían colectivamente mejor pagados si votaron por impuestos más altos sobre el trabajo acompañados de los recortes al  impuesto corporativo correspondientes.

¿Suena loco? Bien, mientras que esta investigación económica se ha realizado en los E.E.U.U., la acción del impuesto ha ocurrido al exterior. No sólo la imposición fiscal corporativa de los E.E.U.U. ha sido alta por los estándares del resto del mundo inustrializado, pero otros países continúan reduciendo sus tarifas.

Un examen y un estudio recientes por KPMG demuestra, por ejemplo, que la competición para la inversión continúa conduciendo abajo de imposiciones fiscales alrededor del globo, con más futuro corta adentro la tubería de China, de Alemania, de Singapur y de Gran Bretaña, entre otras. El deseo para éstos corta viene en parte de la sensibilidad significativa de la inversión verdadera y de la renta imponible a las imposiciones fiscales corporativas.

Entre nuestros competidores europeos, las reducciones en imposiciones fiscales corporativas están siendo financiadas por aumentos en los impuestos de la consumición, relacionados con el “voto” que describí anterior. Esto es también similar a la reforma fundamental del impuesto abogada por muchos economistas, donde los impuestos corporativos son substituidos por impuestos de la consumición.

¿Cuánto rédito de compensación (o un gasto más bajo del gobierno) necesitaríamos para financiar un corte en impuestos corporativos? La respuesta no está enteramente clara. La máxima de los viejos economistas de “ensancha la base, baja las tarifas” es consejo sano, aunque el base-ensanchamiento económicamente sabio solamente no es probable financiar un corte significativo de la tarifa.

La investigación reciente de Michael Devereux de la universidad de Warwick sugiere, aunque, que la imposición fiscal corporativa de rédito-maximización en países de la OCDE sea menos el de 30% probable. Es decir, la inversión más arriba corporativa (y los beneficios corporativos subsecuentes y los ingresos fiscales corporativos) y las cambios en renta imponible por las firmas multinacionales reducirán substancialmente el rédito “costado” de una tarifa corporativa cortada del actual 35% al, por ejemplo, 30%.

Cortar la imposición fiscal corporativa sería positivo para la inversión, la productividad y el desarrollo económico. También reduciría una carga de impuesto ahora llevada en parte grande (o aún enteramente) por el trabajo, alentando salarios. Y las respuestas del negocio a la reducción de impuestos compensarán mucho del coste “estático” del rédito.

Pienso que la secretaria Paulson está encendido algo.

Sr. Hubbard, decano de la escuela de negocio de Colombia, era presidente del consejo de consejeros económicos debajo de presidente Bush.

 

 

 

http://online.wsj.com/article/SB118541232986178417.html

The Corporate Tax Myth

By R. GLENN HUBBARD
July 26, 2007; Page A13

Today Treasury Secretary Hank Paulson will lead a discussion on the effects of the corporate tax on our economy. It will, in part, be a political discussion, as Democrats want to increase taxes on corporate capital while Republicans want to cut the corporate tax rate (a position championed by President George W. Bush).

But the more interesting part of the discussion may well come on two issues: Whether corporate taxes are an effective way to raise revenue for the government. And, importantly, who really pays the tax.

Economists have stressed for generations that corporate taxes distort the allocation of capital between the corporate and noncorporate sectors and that they also distort corporate investing and financing decisions. This distortion prevents the tax from "efficiently" raising revenue -- that is, the tax imposes a larger cost on the economy than it raises in revenue.

In the early 1990s, both the Treasury Department and the American Law Institute recommended removing one layer of our current double taxation of corporate equity capital, which is subject not only to the corporate tax but to investor-level taxes on dividends and capital gains. In 2003, President Bush's tax cuts reduced -- though they didn't eliminate -- this double taxation.

That the corporate tax is inefficient in these ways is not controversial among economists.

A traditionally less-settled question has been one of incidence: Who bears the corporate tax burden? Some may be tempted with a quick answer, "corporations." But that is clearly wrong. The Econ 101 admonition that people pay taxes -- in this case, suppliers of capital through lower returns, workers through lower wages, and/or consumers through higher prices -- remains true even when the tax is aimed at capital. And the category "owners of corporate capital" (that is, stockholders) is also too narrow. In his celebrated analysis of the corporate tax almost 50 years ago, Arnold Harberger showed, for a closed economy, that a separate tax on corporate capital would reduce returns to all owners of capital, making it a tax on saving (and, in a framework more general than Mr. Harberger's, on investment).

Recent research has cast an eye in a somewhat different direction, showing that the tax may be borne not entirely (or even principally) by owners of capital, but by workers. Globalization plays a role. In an open economy, with mobile capital, a source-based tax like the corporate tax will lead to a capital outflow, reducing investment and productivity and wages. Indeed, Mr. Harberger's updated research on the incidence of the corporate tax concluded that labor bears not just the brunt of the tax, but a burden that may be larger than the tax itself.

In other research assuming that the world-wide capital stock is fixed, William Randolph of the Congressional Budget Office finds that labor bears about 70% of the corporate tax. More generally, the burden on labor is higher to the extent that saving is responsive to after-tax returns and the country has a small effect on world prices of goods.

Most of this research has relied on theoretical models, albeit sometimes with parameters calibrated from actual experience. But direct empirical tests of the effects of openness, corporate taxes and their combination on workers' wages tell a similar story.

A recent paper by Kevin Hassett and Aparna Mathur of the American Enterprise Institute analyzes data across countries and over time, concluding that for countries that are part of the Organization for Economic Cooperation and Development (OECD), a 1% increase in corporate tax rates results in a 0.8% decrease in manufacturing wage rates. (Economic intuition suggests significant negative effects of the corporate tax on manufacturing wages because of the complementarity of capital and labor for skilled workers.)

Wage effects of this size suggest labor bears much of the burden of the corporate tax. In fact, workers collectively would be better off if they voted for higher taxes on labor with corresponding cuts in the corporate tax.

Sound crazy? Well, while this economic research has been carried out in the U.S., tax action has occurred abroad. Not only has the U.S. corporate tax rate been high by the standards of the rest of the industrial world, but other countries continue to reduce their rates.

A recent survey and study by KPMG shows, for example, that competition for investment continues to drive down tax rates around the globe, with further cuts in the pipeline from China, Germany, Singapore and Britain, among others. The desire for these cuts comes in part from the significant responsiveness both of real investment and taxable income to corporate tax rates.

Among our European competitors, reductions in corporate tax rates are being financed by increases in consumption taxes, akin to the "vote" I described earlier. This is also similar to the fundamental tax reform advocated by many economists, where corporate taxes are replaced by consumption taxes.

How much offsetting revenue (or lower government spending) would we need to finance a cut in corporate taxes? The answer is not entirely clear. The old economists' maxim of "broaden the base, lower the rates" is sound advice, though economically wise base-broadening alone is not likely to finance a significant rate cut.

Recent research by Michael Devereux of the University of Warwick suggests, though, that the revenue-maximizing corporate tax rate in OECD countries is likely less than 30%. That is, higher corporate investment (and subsequent corporate profits and corporate tax revenue) and shifts in taxable income by multinational firms will substantially reduce the revenue "cost" of a corporate rate cut from the present 35% to, say, 30%.

Cutting the corporate tax rate would be positive for investment, productivity and economic growth. It would also reduce a tax burden now borne in large part (or even entirely) by labor, bolstering wages. And business responses to the tax cut will offset much of the "static" revenue cost.

I think Secretary Paulson is on to something.

Mr. Hubbard, dean of the Columbia Business School, was chairman of the Council of Economic Advisers under President Bush.

 

*****

Aumentos de impuestos habrían llevado al cataclismo que fue la Gran Depresión

La Gran Depresión es el cataclismo económico de los tiempos modernos. Nathan K. Lewis en  The Role of Money and Gold in the Great Contraction of the 1930s, disponible en http://www.polyconomics.com/1930s.pdf, explica las ideas básicas de Jude Wanniski, quien alegó que aumentos de impuestos serían la causa principal de la Gran Depresión. Wanniski, autor del libro "The Way The World Works", un renombrado libro que explica las teorías económicas hoy conocidas como  "Supply Side Economics" (Ciencias económicas de la oferta), investigó a profundidad la Gran Depresión. 

Las teorías de "Supply Side Economics" enfatizan la importancia de la producción y de la formación de capital productivo, y de los incentivos para producir: Sin producción, no hay consumo; cuánto más capital productivo, fábricas, maquinaria, por ejemplo, mayor producción y mayor bienestar. Un tema importante de las teorías de "Supply Side Economics" es que, frecuentemente, al reducir las tasas impositivas, por ejemplo, al reducir la tasa del impuesto sobre la renta de 50% a 30%, se motiva a las personas a producir más y, esa mayor producción, puede llevar a mayores ingresos para el gobierno, a pesar de la reducción de la tasa impositiva. Arthur Laffer en The Laffer Curve: Past, Present and Future , disponible en http://www.heritage.org/Research/Taxes/bg1765.cfm , explica ampliamente el tema.

Wanniski fue discípulo de dos gigantes modernos, Robert Mundell que, a la postre, recibió el Premio Nóbel de Economía en 1999, y Arthur Laffer. En The Supply Side Revolution , disponible en http://www.wanniski.com/showarticle.asp?articleid=2803, Wanniski expone cómo nacieron las teorías hoy llamadas "Supply Side Economics" y cómo Robert Mundell, ayudó al presidente John F. Kennedy, demócrata, y al presidente Ronald Reagan, republicano, a implementar los exitosos recortes de impuestos que ambos presidentes realizaron, recortes que fueron seguidos por largos períodos de prosperidad y bienestar. Al efectuar estos recortes, se aplicaron deliberadamente las teorías de "Supply Side Economics"

Por otra parte, el Wall Street Journal del 28 de octubre de 1977, publicó un artículo, disponible en http://www.wanniski.com/showarticle.asp?articleid=4091,  que resume el capítulo de "The Way The World Works" (el libro de Wanniski),  en el que Wanniski explicó cómo las alzas y caídas de la bolsa en octubre de 1929 siguieron, casi al pie de la letra, las discusiones de la ley Smoot-Hawley en el Senado de los EE.UU. Dicha ley establecía enormes impuestos de aduana, nunca antes vistos en los EE.UU.

Para comprar una compañía se compran las acciones que ésta emite. Una compañía que produce ganancias de, por ejemplo, $10 millones anuales, usualmente vale mucho más que una que produce ganancias de, por ejemplo, $1 millón anual. Cuando una compañía aumenta de valor, sus acciones aumentan de valor. Las acciones se negocian en mercados accionarios como Wall Street.

Wanniski alega que quienes negocian en los mercados accionarios suelen seguir al pie de la letra las discusiones políticas, especialmente las discusiones relacionadas con impuestos, porque los impuestos pueden llevar, súbitamente, a las empresas a la bancarrota. Cuando una empresa se declara en bancarrota, puede ocurrir que nadie pague ni un centavo por las acciones emitidas por dicha empresa. Según Wanniski, los enormes impuestos de aduana instaurados por la ley Smoot-Hawley y los impuestos sobre la renta que la siguieron fueron la causa principal de la Gran Depresión y los negociantes de acciones, pronosticando el daño que haría la ley, de ser aprobada, siguieron muy de cerca la discusión del proyecto de ley en el Senado. Wanniski muestra cómo los mercados subían cuando parecía que la ley Smoot-Hawley no sería aprobada, y cómo caían cuando parecía evidente que el proyecto sería convertido en ley.

Resulta particularmente revelador lo ocurrido el jueves 24 de octubre de 1929. John Kenneth Galbraith, en su libro The Great Crash, 1929 ("El Gran Derrumbe, 1929") narra como fue la caída ocurrida ese día, en horas de la mañana:

El pánico no duró todo el día. Fue un fenómeno de las horas de la mañana.[....]. Por un tiempo, los precios se mantuvieron. El volumen [transado], sin embargo, fue muy grande y pronto los precios empezaron a caer. De nuevo, el ticker [máquina que reporta los precios] se quedó atrás. Los precios cayeron más lejos y más rápido y el ticker quedó cada vez más rezagado. Cerca de las 11 de la mañana, el mercado había degenerado en una salvaje y loca batida para vender. [....]. En los abarrotados salones de sesión de las juntas directivas, el ticker mostró un espantoso colapso. [...] para las 11:30, los mercados se habían rendido a un miedo ciego, sin descanso. Esto fue, ciertamente, pánico

Pero Wanniski indica que, en la tarde de ese día, las fuerzas anti impuestos se habían reagrupado y lograron mociones que rebajaban los impuestos a los químicos. El mercado sufrió un alza violenta. El mercado cerró el día con una caída moderada, 6.5 puntos.

Sin embargo, el siguiente lunes, el 28 de octubre de 1929, el "lunes negro", el New York Times dió noticias duras, que indicaban que la coalición anti impuestos se había quebrado, y que la coalición pro impuestos estaba en control. No solamente el senador Smoot, promotor de la ley, aseguró que la ley sobreviviría, sino que el senador Borah, hasta ese entonces el líder de las fuerzas anti impuestos, dijo que el proyecto sería convertido en ley. Para empeorar las cosas, Simmons, el líder de la bancada demócrata, indicó que los demócratas no harían nada para tratar de detener el  proyecto de ley, pero que los republicanos, impulsores de la ley, deberían tomar total responsabilidad por la ley aprobada. En ese fatídico día, el índice industrial Dow Jones cayó 38 puntos, en lo que el New York Times llamó "Una estampida de ventas a lo largo y ancho de la nación".

El día siguiente fue el fatídico "martes negro", el 29 de octubre de 1929. Las acciones industriales del Dow Jones cayeron 30 puntos más, hasta llegar a 230, a medida que todas las noticias provenientes del Senado parecían asegurar que el proyecto de ley de impuestos sería convertido en ley.

*****

Cómo habría ocurrido el cataclismo que fue la Gran Depresión

A continuación se consigna un resumen de las ideas presentadas por Milton Friedman en "Free To Choose", Nathan K. Lewis en  The Role of Money and Gold in the Great Contraction of the 1930s, disponible en http://www.polyconomics.com/1930s.pdf y Jude Wanniski en http://www.wanniski.com/showarticle.asp?articleid=4091 y http://www.wanniski.com/showarticle.asp?articleid=2803. En http://www.goldenbar.com/MainPages/GuestAnalysts/WanniskiDepression.htm , Jude Wanniski indica que Nathan Lewis agrupó  su trabajo (el de Wanniski) sobre la Gran Depresión en  The Role of Money and Gold in the Great Contraction of the 1930s. Wanniski enfatiza que el patrón oro NO fue el responsable de la Gran Depresión.

*** 

La Gran Depresión fue el cataclismo económico del mundo moderno. Milton Friedman, en Free To Choose (Libre para Escoger), indica que la Gran Depresión fue una catástrofe de dimensiones sin precedentes. En los Estados Unidos (EE.UU.), la producción cayó una tercera parte de lo que era antes de la crisis y un 25% de la fuerza laboral estuvo desempleada. Muchos otros países  también sufrieron una aguda contracción de la producción. Varias fuentes señalan que, en 1933, el comercio mundial era la tercera parte de lo que había sido en 1929.

Según Friedman, la Gran Depresión fue causada por la Reserva Federal, el Banco Central de los EE.UU., que permitió que la cantidad de dinero en circulación se redujera una tercera parte. Friedman señala que la palabra "depósito" lleva, frecuentemente, a malentendidos. Si, por ejemplo, María deposita efectivo en un banco, comprando un certificado de depósito en dólares, el banco pagará un interés a María por el dinero depositado, por ejemplo, un 4% anual. Si el banco tomara dicho efectivo y lo prestara a Carlos a una tasa de, por ejemplo, 7% anual, no puede pretenderse que el banco conserve "depositado" en sus bóvedas dicho efectivo, puesto que, precisamente, el banco lo presta a Carlos. El banco puede pagar un 4% anual a María, por el dinero que deposita, precisamente porque presta ese dinero a Carlos, quien paga al banco, por dicho préstamo, un interés mayor, 7% anual. El banco obtiene sus ganancias cobrando 7% de interés anual a Carlos y pagando un interés menor, 4% anual, a María.

Raras veces se hacen grandes transacciones en efectivo, el manejo de efectivo no solamente es peligroso -cualquiera puede ser asaltado mientras lo transporta- sino que, además, se dificulta contar y transportar sumas importantes de efectivo. Si María deposita, por ejemplo, $5.000, probablemente efectúe dicho depósito por medio de un cheque de $5.000 a nombre del banco. Si el banco presta esos $5.000 a Carlos, usualmente, emite un cheque a nombre de Carlos. Pero, María podría depositar, por ejemplo, un cheque por $5.000 y, dos días después, exigir $5.000 en efectivo. ¿De dónde toma el banco esos $5.000 en efectivo, si María había depositado un cheque?. Es obvio que, si todos los depositantes exigieran que sus depósitos les sean pagados en efectivo, un banco usualmente no podría hacer frente a esa exigencia. Para hacer frente a las necesidades cotidianas de efectivo, los bancos tienen una reserva de efectivo, que estiman es suficiente para cubrar las necesidades de efectivo en la operación normal del banco. Según Lewis, los bancos, en caso de quedarse sin efectivo, salían al Money Market, o mercado de efectivo, a conseguirlo. A primera vista se podría pensar que sería posible establecer un banco sin un centavo, simplemente recibiendo depósitos y prestando ese dinero depositado a otras personas. Pero, Lewis señala que el Bank of International Settlements (BIS) obliga a los bancos a tener $8 de patrimonio (capital) por cada $100 que presten. Las regulaciones obligan a los bancos a tener un capital para poder funcionar. 

Friedman, por su parte, en "Free To Choose", también explica la necesidad de efectivo de los bancos, y que el papel de la Reserva Federal de los EE.UU., el emisor de moneda o Banco Central de los EE.UU., es, precisamente, proveer el efectivo que los bancos necesitan en situaciones de angustia. Friedman alega que la Gran Depresión ocurrió porque la Reserva Federal falló en proveer efectivo a los bancos: Cuando los depositantes tienen miedo de que un banco caiga en bancarrota, o sea, que el banco no pueda pagar a los depositantes, puede ocurrir un pánico bancario, muchos depositantes rechazan los cheques emitidos por el banco puesto que temen que el banco no pueda honrar sus cheques, y exigen efectivo -que por ley debe ser recibido como pago de cualquier deuda- y guardan dicho efectivo, por ejemplo, debajo del colchón. En los 1930s, según Friedman, quiebras de bancos, causadas por exigencias de efectivo de depositantes, llevaron a más quiebras y, naturalmente, llevaron a más preocupados ahorrantes a exigir la devolución, en efectivo, de sus depósitos. Según Friedman, puesto que la Reserva Federal no suplió el efectivo que los bancos tan desesperadamente necesitaban, se dieron tantas bancarrotas, que el asunto terminó en la Gran Depresión. A estas bancarrotas contribuyó la revaloración de la moneda: Como la moneda era más escasa, valía más, y las deudas se hicieron mayores.

El argumento implícito de Friedman es que ocurrió una crisis de liquidez: Muchos bancos eran solventes, o sea, los préstamos que habían hecho eran buenos y era razonable esperar que los deudores pagarían, pero, al no poder conseguir efectivo, muchos bancos simplemente quedaron en bancarrota.

Según Lewis las cosas eran radicalmente diferentes: No hubo crisis de liquidez, sino que muchos bancos se convirtieron en insolventes, en otras palabras, los deudores de los bancos, las personas a quienes los bancos habían prestado dinero, se convirtieron en incapaces de pagar dichos préstamos, llevando a los bancos a la insolvencia [bancarrota]

Lewis señala que, antes de 1930, se dieron varias crisis de liquidez, y que un funcionario de la Reserva Federal señaló, en 1931, en plena crisis:

Hay una diferencia más entre 1907 [crisis de liquidez] y el momento presente [1931, Gran Depresión], esta diferencia es que los bancos, en 1907, no tenían dificultades de solvencia, pero no podían continuar pagando moneda [efectivo], mientras que, en este momento [1931, Gran Depresión], los bancos pueden pagar efectivo en grandes cantidades, si necesitaran hacerlo, pero corren el riesgo de convertirse en insolventes al hacer eso [al pagar el efectivo] 

Lewis indica que durante la Gran Depresión estaba vigente el patrón oro en los EE.UU. En otras palabras, la Reserva Federal (Banco Central) entregaba una onza de oro por cada $20.45. El patrón oro se estableció para tener una moneda de valor muy estable. El oro, para fines prácticos, es eterno. El oro se extrae de las minas y, usualmente, continúa existiendo indefinidamente a diferencia de, por ejemplo, los tomates, o el trigo, que se consumen, y cuya oferta es muy variable, y depende de si la cosecha es buena, de cuánto deciden cultivar los agricultores, etcétera. El oro que existe hoy fue extraído a lo largo de la historia de la Humanidad.  En un año, la cantidad de oro en existencia difícilmente aumenta más de un 2% o 3%. Y el oro nuevo, recién extraído, usualmente no es destruido, sino que pasa a formar parte de las enormes existencias de oro del mundo. Por estas razones, se alega que el oro es la mercancía que tiene el valor más estable, y que por eso es ideal para ser usado como moneda.

La Reserva Federal fue establecida precisamente para evitar las crisis de liquidez que Friedman alega que ocurrieron. Lewis habla de un mercado de efectivo (Money Market) en donde se puede conseguir efectivo, pagando una tasa  interés. La tasa de interés es el precio del efectivo. Si el efectivo es escaso, la tasa del mercado de efectivo, puede llegar a niveles muy elevados. La idea inicial era que la Reserva Federal prestara efectivo a los bancos que lo necesitaran, a una tasa relativamente alta, por ejemplo al 10% anual. Pero esto presentaba el problema de que la Reserva Federal, antes de prestar dinero a un banco, tenía que analizar si el banco enfrentaba una crisis de liquidez, o sea, si el banco había hecho préstamos "sanos", pero no conseguía efectivo, o si el banco era insolvente, o sea, si estaba en bancarrota.

La tasa de interés es el precio del dinero. Si hay escasez de efectivo, es de esperar que la tasa de interés en el mercado donde se compra y vende efectivo, que Lewis llama Money Market, sea muy elevada. Inicialmente, antes de prestar efectivo a un bando, la Reserva Federal tenía que evaluar si el banco vivía una escasez de efectivo, o si el banco era insolvente, o sea, estaba en bancarrota. Para evitar esa compleja decisión, se decidió que la Reserva Federal vigilara cuidadosamente la tasa de interés del mercado de efectivo, si dicha tasa alcanzaba 10%, la Reserva Federal emitiría efectivo y, con ese efectivo, compraría valores, aumentando de esa manera el efectivo en circulación, poniendo así efectivo a disposición de los bancos, y llevando a una baja de la tasa de interés en el mercado de efectivo (Money Market). Una vez que la crisis de liquidez se terminara, lo cual se sabría por la tasa de interés vigente en el mercado de efectivo, automáticamente, se volverían a vender los valores comprados, reduciendo, de esa manera, de nuevo la cantidad de efectivo.

Lewis indica que, un banco en buena situación financiera, usualmente, no se declara en quiebra por tener que pagar durante una semana una tasa de 50% por el efectivo que necesita para cubrir las exigencias de sus depositantes. Lewis indica que, sin duda, existió una grave crisis bancaria en los 1930s, y que, por eso, muchos bancos se declararon en bancarrota. Pero no fue una crisis de liquidez lo que ocurrió, sino que los bancos sufrieron pérdidas en sus préstamos a largo plazo, porque los deudores de los bancos perdían la capacidad de pagar los préstamos que habían tomado. Cuando los depositantes se enteraban de esta insolvencia, muy preocupados, exigían que sus depósitos les fueran pagados en efectivo. Personas en capacidad de prestar efectivo, a pesar de tenerlo, no quisieron prestarlo, porque sabían, o temían, que esos bancos fueran insolventes. Por eso, muchos bancos, que eran insolventes, se declararon en bancarrota.

Un banco está en bancarrota técnica cuando los depósitos, o sea, lo que el banco debe a los clientes, y el capital que por ley debe tener el banco, suman más dinero que lo que los préstamos que el banco espera razonablemente que le sean pagados. Cada préstamo que un deudor no puede pagar al banco, acerca más al banco a la bancarrota

Charles W. Calomiris, en un estudio independiente, "Runs on Banks and the Lessons of the Great Depression", Regulation, Volume 22, No 1, página 2, disponible en http://www.cato.org/pubs/regulation/regv22n1/deplesson.pdf, aduce que las quiebras de los bancos en 1932 se debieron principalmente a una verdadera debilidad de los bancos, a préstamos que no podían ser pagados, y no a una falta de efectivo.

Cómo habría ocurrido la Gran Depresión, según Wanniski

La página web del Departamento de Estado de los EE.UU. se refiere a la ley Smoot-Hawley en http://www.state.gov/r/pa/ho/time/id/17606.htm.  El Departamento de Estado indica que las ventas de productos europeos en  los EE.UU. (exportaciones de Europa a EE.UU.) cayeron de $1334 millones en 1929 a $390 millones en 1932. Por otra parte, las ventas de productos estadounidenses a Europa (exportaciones de EE.UU. a Europa) cayeron de $2341 millones en 1929 a $784 millones en 1932. El comercio habría caído a la tercera parte de lo que era en 1929, un derrumbe gigantesco, colosal. Los datos anteriores muestran un claro el derrumbe del comercio entre Europa y los EE.UU. En un memorando dirigido al editor del Washington Times, disponible en http://www.polyconomics.com/searchbase/04-03-01.html , Wanniski aclara un poco más sobre como, en su opinión, habría ocurrido la debacle:

Soy un viejo amigo de Paul Craig Roberts y un gran admirador de su columna, pero tengo que discrepar con su esfuerzo [o sea, con su columna] del 1 de abril, que culpa a la Reserva Federal de la Gran Depresión. No es inusual para comentaristas modernos como Craig tomar esa posición porque Milton Friedman sostiene esa visión, y cualquier número de Keynesianos y Austriacos [defensores de las teorías keynesianas y austriacas] también. Robert Samuelson de Newsweek hizo la misma argumentación en su columna a inicios del mes pasado.

  El asunto es de importancia extrema porque creo que es absolutamente necesario que los Estados Unidos regresen a un dólar ligado al oro. Desde que Richard Nixon rompió el vínculo  con el oro en 1971, el mundo ha pasado una serie de convulsiones financieras y de crisis de energía -- que son resultado de los errores hechos por la Reserva Federal, errores que no habrían sido hechos si hubiéramos estado bajo un patrón oro. La crisis asiática de 1997-98 fue causada por la deflación causada por la Fed [Reserva Federal], creo yo. La crisis de energía actual que molesta tanto al mundo, no sólo a California, es otra consecuencia de la deflación del Fed.

 En el curso de la investigación y de escribir "The Way The World Works" (Cómo funciona el mundo)en 1977, descubrí que la causa del desplome de Wall Street de 1929 era la emergente ley de impuestos de aduana Smoot-Hawley, un acontecimiento fiscal [relacionado con impuestos], no un acontecimiento monetario. Es decir, cuando el "muro arancelario" se levantó entre productores domésticos y extranjeros, los inventarios se acumularon a ambos lados del muro y los precios tuvieron que caer para que esos inventarios fueran liquidados. Habría habido una recesión corta pero, para recuperar los ingresos tributarios perdidos, el presidente Herbert Hoover aumentó la tasa máxima del impuesto sobre la renta de 25% a 63%. Esto hizo más difícil para los productores intercambiar mercancías sobre este [nuevo] "muro doméstico" de impuestos. El Presidente Franklin Roosevelt empeoró la situación aumentando dicha tasa a  91% y aumentando el impuesto a las ganancias de capital.

No se puede atribuir la culpa a la Fed, como lo hacen Craig y Samuelson, porque la Fed fue creada en 1913 para manejar el patrón oro. Esto significó que la Fed tuvo que proveer liquidez de dólares a los bancos cuando los bancos lo solicitaran, mientras no se alterara el precio del oro en dólares de $20.67 por onza. Era el trabajo de la Fed mantener el valor de la unidad de cuenta, la  medida estándar del dólar de papel, manteniéndolo [al dólar] tan bueno como el oro.

Hay aserciones que la Fed debía haber actuado como prestamista de último recurso, pero en 20 años de mirar, no puedo encontrar ninguna evidencia que el Fed rechazara algún papel comercial elegible en su ventana de descuento. Si Craig, o cualquier persona, puede encontrar tal evidencia y presentarla, podríamos entonces considerar la posibilidad que la Fed contribuyó al problema. Pero, aunque él pueda encontrar lo que yo no puedo encontrar, la contribución [de la Fed] tuvo que ser trivial comparada con el daño enorme hecho por las alzas de aranceles y de impuestos [sobre la renta].

 El compromiso de los Estados Unidos de América de mantener el dólar tan bueno como el oro durante la Gran Depresión fue la única razón que no experimentáramos [los EE.UU.] una crisis económica mucho peor, una “Gran Stagflation.” La "Stagflation" , ocurrida después del abandono del patrón oro, fue una época de caída del precio del dólar Esto [si una "Stagflation hubiera ocurrido en los 1930s, antes de la Segunda Guerra Mudial] pudo haber significado la victoria de las fuerzas del eje [Alemania, Japón, Italia] en la Segunda Guerra Mundial. Pues, pudimos financiar el gran coste de la Segunda Guerra Mundial con tipos de interés del 2%, pues [dichos tipos de interés] aseguraron a los compradores de bonos que cuando estos bonos maduraron, conseguirían dólares duros, con equivalencia al oro, no una modernidad inflada.

Nótese que Wanniski habla de un "muro arancelario" y de un "muro doméstico". No tenemos acceso a una explicación más detallada de Wanniski de cómo habría ocurrido la Gran Depresión. Con base en el resumen sobre "Supply Side Economics" que consigna la Wikipedia en http://en.wikipedia.org/wiki/Supply-side_economics , elaboramos el siguiente ejemplo, imaginario, de cómo, según la tesis de Wanniski-Lewis, se habría llegado a la grave crisis.

Helmut, productor alemán, produce motores, que se venden en  $1.000 dentro de los EE.UU. Helmut también compra a Jack, en los EE.UU., chocolates estadounidenses, a $500 la tonelada. Pero los EE.UU., con la ley Smoot-Hawley, establecen un impuesto de aduana que eleva a $1.600 el precio, en los EE.UU., de los motores que Helmut produce. Helmut se encuentra con que los motores que fabricó, se estancan en sus bodegas, sin venderse. Helmut se ve obligado a reducir el precio de sus motores, incurriendo en grandes pérdidas. Helmut vende con pérdidas, y además, para no incurrir en más pérdidas, disminuye su producción. Debido a sus pocas ventas, Helmut no tiene dinero para comprar chocolates a Jack, el productor estadounidense de chocolates. En Alemania la crisis es grave, puesto que muchos productores están en una situación similar a la de Helmut.

Jack, en los EE.UU., se encuentra con un problema parecido al de Helmut: Los chocolates se apilan en sus bodegas, sin venderse: Los alemanes, japoneses, franceses, etcétera, que antes compraban chocolates, ya no tienen tanto dinero para comprarle, precisamente porque no pueden vender como antes a sus clientes dentro de los EE.UU. Además, esos países, en represalia, instauraron impuestos que encarecieron los productos estadounindenses en sus país, lo que dificulta aún más las ventas de Jack. Jack solicitó un préstamo para producir chocolates, suponiendo que podía vender 100 toneladas a $500 cada una. Pero, se ve obligado a rebajar el precio a $300 por tonelada. Eso lleva a Jack a la bancarrota. El banco de Jack enfrenta muchas bancarrotas como la de Jack, y termina declarándose también en bancarrota. 

En resumen: Los impuestos de aduana instaurados por los EE.UU. impidieron a extranjeros (japoneses, franceses, alemanes, etcétera) vender dentro de los EE.UU. Al no tener esos extranjeros el dinero de las ventas que planeaban hacer dentro de los EE.UU., no solamente ocurrieron crisis en estos países, que vendían a los EE.UU., sino que, además, mermó considerablemente el dinero que tenían los residentes de esos países para comprar productos estadounidenses, llevando también a una grave crisis dentro delos  EE.UU. 

Ante esta caída de actividad económica y de exportaciones e importaciones, los ingresos por impuestos del gobierno estadounidense cayeron y, para tratar de arreglar las cosas, el gobierno de Hoover aumentó los impuestos máximos sobre la renta:  Esto estableció un "muro doméstico", muy similar al "muro arancelario", al "muro entre países", que habían instaurado los impuestos de aduanas: Actividades que eran rentables pagando un impuesto sobre la renta máximo de 25%, dejaron de ser rentables con el exorbitante impuesto máximo de 63% que estableció Hoover.

Entendemos que así habría ocurrido, según la tesis de Wanniski-Lewis, la Gran Depresión.

Mundell: Impuestos convirtieron a una deflación en la Gran Depresión.

Mundell: Impuestos ("shocks fiscales") transformaron una deflación en la Gran Depresión

En nuestra comprensión, Mundell alega que varios países empezaron a usar el patrón oro, y que eso hizo el oro más valioso, llevando a una deflación, a un súbito aumento del valor del dinero. Wanniski, que más bien alega un valor muy estable del oro, parece no estar de acuerdo en que hubo deflación. Pero Wanniski en The Deflation Monster ( http://www.wanniski.com/defmonster.asp ) está de acuerdo en que un súbito aumento del valor de la moneda puede ser muy dañino, porque aumenta las deudas de quienes deben dinero. Mundell señala que sin deflación no habría habido Gran Depresión

Mundell señala explícitamente: (ver Mismanagement of the Gold Standard http://www.robertmundell.net/NobelLecture/nobel3.asp  )

La deflación monetaria fue transformada en la [gran] depresión por choques fiscales [por impuestos]. La ley de impuestos de aduana Smoot-Hawley, que condujo a represalias en el extranjero, fue el primero: entre 1929 y 1933 las importaciones cayeron un 30 por ciento y, significativamente, las exportaciones cayeron aún más, casi un 40 por ciento. El 6 de junio de 1932, el congreso democráta aprobó, y el presidente Herbert Hoover firmó, en un arranque de manía de presupuesto equilibrado, uno de sus actos más mal recomendados, el Revenue Act de 1932, una legislación que proporcionó el aumento porcentual de impuestos más grande que jamás se hubiera decretado en tiempos de paz en la historia del los Estados Unidos. El desempleo aumentó hasta un máximo de  24.9 por ciento de la fuerza laboral  en 1933, y el PIB [la producción] cayó un 57 por ciento, medida a precios corrientes  y 22 por ciento en términos reales.

[.....]

Si se hubiera aumentado el precio del oro hacía el final de los 1920s o, alternativomente, si los principales bancos centrales hubieran seguido políticas de estabilidad de precios en vez de  adherirse al patrón oro, no habría habido Gran Depresión, ni revolución Nazi, ni Segunda Guerra Mundial.

 

Nueva evidencia de la asombrosa destructividad de los impuestos

Edward Prescott recibió, junto con Finn E. Kydland, el premio Nóbel de economía en el 2004. The Transformation of Macroeconomic Policy and Research (La Transformación de las Políticas y la Investigación Macroeconómica, disponible en http://www.minneapolisfed.org/pubs/region/05-05/essay.cfm ), es un documento basado en la conferencia que impartiera Prescott al recibir el premio Nóbel.

Frecuentemente se observan "ciclos económicos", períodos de alto crecimiento de la producción son seguidos por períodos de estancamiento para luego ser seguidos, de nuevo, por períodos de alto crecimiento de la producción. El trabajo de Prescott ayuda  a entender mucho mejor estos ciclos económicos. Prescott estudia las horas trabajadas para el mercado, o sea, las horas trabajadas por una remuneración en dinero. Las personas suelen también trabajar sin remuneración: Una persona puede reparar su casa, arreglar su jardín, asear su casa, sin remuneración. Quienes trabajan sin remuneración, no trabajan para el mercado. 

Uno de los resultados más interesantes que encontró Prescott es que las horas trabajadas para el mercado, y la producción, durante las alzas y bajas del "ciclo económico", aumentan casi simúltaneamente, y también caen casi simúltaneamente. Esto aclara muchas interrogantes sobre el ciclo económico

La correlación se muestra en el cuadro de abajo. Nótese como las horas laboradas y la producción "van de la mano". Para elaborar dicho gráfico, Prescott estableció una "tendencia", tanto para la producción como para las horas trabajadas, y en el cuadro mostró, de nuevo, tanto para la producción como para  las horas trabajadas, la desviación a partir de esa tendencia. Prescott indica que antes se creía que la oferta de trabajo era poco elástica, en otras palabras, que las personas en los altos y bajos del ciclo económico cambiaban poco su esfuerzo laboral. Pero, según Prescott, eso no es así, la oferta de trabajo es muy elástica: Cuando se reduce la producción se reducen también las horas trabajadas para el mercado y cuando aumenta la producción aumentan.

Esto, a primera vista, parece completamente evidente: Si las personas trabajan más, producen más, si trabajan menos , producen menos. Pero, ¿Por qué no se era consciente de algo tan obvio? Porque se analizaba solamente las horas que trabajaban las personas que seguían teniendo un trabajo, pero si se toma en cuenta que las personas que pierden su trabajo, o que dejan de trabajar para el mercado, resulta no solamente que la elasticidad de la oferta de trabajo es alta, sino que producción y horas trabajadas van prácticamente "de la mano". 

 

 

Por otra parte, Prescott indica que la Macroeconomía de los 1970s ignoraba la acumulación de capital. Más interesante, Prescott indica que el consumo es procíclico, en otras palabras, cuando aumenta la producción, aumenta el consumo y cuando disminuye la producción también disminuye el consumo. Pero la inversión (formación de capital productivo) se mueve con el consumo (y entendemos que, con la producción, aunque no se dice explícitamente), pero el movimiento de la inversión es 10 veces más amplio que el movimiento del consumo. En otras palabras, se elevan juntos la producción y la inversión, y caen juntos la producción y la inversión, pero el movimiento de la inversión es 10 veces más amplio. El cuadro de abajo muestra el punto. Nótese la similitud de la curva de inversión,  en el cuadro de abajo, y de la curva de producción en el cuadro de arriba: AMBAS CURVAS SON MUY SIMILARES. Inversión y producción parecen moverse de manera muy similar, aunque eso no se indica explícitamente en en el ensayo.

Prescott señala que la cercanísima relación entre horas trabajadas y producción no era patente en la forma tradicional en que se examinaban los datos en el pasado. El cuadro de abajo muestra la producción y las horas trabajadas en esta  presentación convencional.

    

Prescott afirma:

One set of key business cycle facts is that two-thirds of business cycle fluctuations are accounted for by variations in the labor input, one-third by variations in total factor productivity, and virtually zero by variations in the capital service input

Esto se traduce literalmente como :

Uno de los hechos claves del ciclo de negocios es que dos terceras partes de las fluctuaciones del ciclo de los negocios son a cuenta de variaciones del insumo de mano de obra, una tercera parte son a cuenta de variaciones en Total Factor Productivity, y virtualmente cero son a cuenta de variaciones en capital service input [¿?].

No nos queda claro si eso quiere decir que, según las investigaciones de Prescott, el ciclo de los negocios se debe a las variaciones en el insumo de mano de obra y en el insumo Total Factor Productivity.

Frecuentemente el ahorro y la inversión (formación de capital productivo) son cantidades que difieren poco.

Prescott señala que la macroeconomía de los 1970s ignoraba la acumulación de capital. Hemos querido ilustrar, con datos ajenos al ensayo de Prescott, la formación de capital productivo (inversión) y el ahorro. El cuadro de abajo muestra los países donde más creció la producción por habitante en un período de 25 años, 1960-85. Nótese que Taiwán. Indonesia, Singapur, Corea y Japón se encuentran entre los líderes. Malasia y Tailandia no están en los primerísimos lugares, pero si se encuentran entre los primeros 20 países de alto crecimiento de la producción.

 

El cuadro de abajo muestra la inversión (formación de capital productivo) y el ahorro en los países asiáticos de alto crecimiento de la producción en 1970-1990, Japón, Corea, Taiwán, Hong Kong, Singapur, Indonesia y Malasia. Nótese la elevadísima tasa de inversión, que supera el 35% anual. Por otra parte el ahorro, también supera el 35% anual, llegando casi al 40% anual. Nótese que el cuadro cubre un período amplio, los 20 años de 1970 a 1990. Nótese que el ahorro y la inversión son cantidades que son poco diferentes y que, tanto el ahorro como la inversión, son mucho más altos en los países asiáticos de alto crecimiento que en los otros países mostrados en el gráfico. El ahorro tiende a traducirse en inversión: A Juan se le facilita comprar un tractor si Juan ha ahorrado dinero para comprar dicho tractor. El vendedor de tractores usualmente exige una prima, en otras palabras, Juan necesita algo de ahorro para poder comprar su tractor. 1000 tractores son capital productivo. Si en un país, en un año, se compran 1000 nuevos tractores, es de esperar que la producción aumente, puesto que dichos tractores fueron comprados para producir más. Por eso, no es de extrañar que frecuentemente aumentos del capital productivo (inversión) se acompañen de aumentos de la producción. 

 

 

Más impactante resulta el crecimiento real de las remuneraciones, que se muestra en el cuadro de abajo para la década de los 1970s (1970-80) y en la década de los 1980s (1980-90) en los mismos países. Nótese que se trata del mismo período de 20 años 1970-1990. Nótese el aumento fenomenal de las remuneraciones reales en esos países asiáticos, que en el caso de Corea llega casi al 10% anual. Compárese esas tasas con el estancamiento de América Latina, en donde en los 1970s las remuneraciones reales crecieron a un 2% y en los 1980s cayeron. En La mejor manera de aumentar los salarios de los trabajadores, en este sitio web, se expuso cómo ya hace 200 años Adam Smith había explicado cómo la formación de capital productivo lleva a mejorar las remuneraciones de los trabajadores. El aumento de las remuneraciones reales de los trabajadores en los tigres asiáticos, según muestra el cuadro de abajo, es simplemente alucinante

En cuanto a la producción por habitante en Hong Kong en el período 1961-1991, uno de los países estudiados en el cuadro de arriba, resulta muy revelador lo que señala James Bartholomew en John Cowperthwaite, Secretario Financiero de Hong Kong (http://www.anfe.or.cr/politpub/desarrollo/cowperthwaite_hong_kong.htm )

Inversamente, Hong Kong era un país del Tercer Mundo, como Kenia o la India, solamente que  probablemente más pobre que cualquiera de ésos. En 1945 fue descrito como una “roca estéril”. Inmediatamente después de la guerra, los ingresos medios reales bajaron debido a la afluencia de personas que no tenían ni un centavo [penniless]. En 1960, la producción per cápita de Hong Kong era apenas un 21.5% de lo que los avanzados británicos producían. Gran Bretaña era casi cinco veces más productiva per capita y, hablando ampliamente, correspondientemente sumamente más rica.


Entonces, a partir de 1961 - el año en que, de hecho, John Cowperthwaite se convirtió en secretario financiero de Hong Kong - la producción por habitante [en Hong Kong] empezó a crecer muy rápidamente. La tasa [de crecimiento] en los años 60 era de 6.0%, mientras que Gran Bretaña,  en comparación, crecía a paso de tortuga - solamente 2.3% al año.

En los años 70, la producción por habitante de Hong-Kong creció todavía más rápidamente - un 6.5% anual. Mientras tanto, Gran Bretaña tuvo que ir, con el sombrero en la mano [¿? cap in hand] a ponerse a disposición del Fondo Monetario Internacional, porque su crédito se había acabado. Nuestro crecimiento per capita [se refiere a Gran Bretaña] cayó a apenas un 1.5% anual.

En 1992, el crecimiento de Hong-Kong había sido tan excepcional - y tan sumamente superior al de Gran Bretaña- que su producción por habitante sobrepasó la de la “madre patria” [Gran Bretaña]. Hong Kong, bajo la influencia de Cowperthwaite, se había transformado de ser una región pobre - una colonia golpeada por la pobreza que fabricaba juguetes plásticos baratos - a convertirse en igual de la Gran Bretaña. Hong Kong alcanzó a Gran Bretaña en apenas tres décadas

Nótese que Bartholomew indica una producción por habitante en Hong Kong que era poco más de la quinta parte de la de Gran Bretaña, para llegar a superar la de la Gran Bretaña. No quisiéramos hacer el cálculo exacto, pero parece que la producción por habitante de Hong Kong se quintuplicó en 31 años (1961-1992). Puesto que Hong Kong alcanzó a Gran Bretaña, y la producción por habitante de Gran Bretaña no estuvo estancada en esos 31 años, también aumentó, aunque muy lentamente.

Milton Friedman, en La verdadera lección de Hong Kong ( http://www.aipenet.com/Indice/article.asp?Articulo_Id=3261 ),  señala, sobre Hong Kong, unos datos un poco diferentes, pero que también muestran un aumento alucinante de la producción por habitante:

Sin embargo conseguí algunos datos. En 1960, el ingreso promedio per capita en Hong Kong era 28% del de Gran Bretaña, mientras que para 1996 era 137%. Es muy fácil dar esas cifras, pero difícil entender su significado. Comparemos a Gran Bretaña, la cuna de la Revolución Industrial, el superpoder del siglo XIX, en cuyo imperio no se ponía el sol, con Hong Kong, una lengüeta de tierra, atestada de gente, sin recursos naturales más allá de su puerto. Sin embargo, en menos de cuatro décadas su gente gozaba de un ingreso 37% más alto que los residentes de la metrópolis.

Es importante resaltar el bajo gasto del gobierno de Hong Kong (para los estándares de hoy) que señala Christian Wignall en Hong Kong Freedomhttp://www.scu.edu/civilsocietyinstitute/events/upload/WignallLectureOutline.pdf , una traducción del documento de Wignall se encuentra en ¿Qué permitió el milagro económico de Hong Kong? http://www.anfe.or.cr/hong_kong.htm en este sitio web )

En los 1960s el gasto total del gobierno [en Hong Kong] era en promedio cerca de 13% del PIB, cerca de una tercera parte del total del gobierno de los EE.UU. hoy. En el último año de Sir John Cowperthwaite, 1970, el [gasto del gobierno] había bajado a 11.5% del PIB.

Un gasto del gobierno mucho menor que el de muchos países industrializados, es típico de estos "tigres asiáticos" de alto crecimiento de la producción, según muestra el gráfico de abajo.

En el caso de los "tigres asiáticos" se cumple claramente que una mayor producción por habitante se acompañó de más altas remuneraciones reales para el trabajo. Fredrik Bergstrom y Robert Gidehag en EU versus USA ( http://www.timbro.se/bokhandel/pdf/9175665646.pdf ), un estudio que muestra como los Estados Unidos cada vez aventajan más a Europa en nivel de vida, analizan el caso de los Estados Unidos. En el cuadro de abajo cada punto representa un estado de la Unión Americana (EE.UU.). Nótese que los estados de mayor producción por habitante son a la vez los estados con mejores salarios promedio y, viceversa, los estados con menor producción por habitante son aquellos que tienen salarios promedio más bajos.

 

EL cuadro de abajo relaciona directamente la inversión por empleado y la remuneración por hora en los EE.UU., de 1947 a 1997, -un largo período de 50 años-. Nótese como el capital físico  por empleado y las remuneraciones por empleado han crecido casi al mismo paso: Cada aumento de capital físico por empleado, se ha acompañado de un aumento muy similar de la remuneración real por hora laborada.

Remuneraciones laborales y capital por trabajador. Fuente: Daniel J. Mitchell, How Taxes Reduces Savings ( Cómo los impuestos reducen el ahorro) http://www.heritage.org/Research/Taxes/1309a.cfm#pgfId=1034101) , Heritage Foundation. 

En un reciente artículo The Great Thrift Shift, publicado por la revista The Economist en http://www.economist.com/surveys/displaystory.cfm?story_id=E1_QQTRPNR , se muestra el cuadro que se encuentra abajo

 

Nótese cómo el ahorro y la inversión son cantidades que no difieren mucho, lo que es acorde con la teoría de que el ahorro tiende a transformarse en inversión. Por otra parte, el mismo artículo muestra el ahorro y la inversión en China, en el cuadro de abajo.

Nótese de nuevo, el elevadísimo ahorro nacional en China, y la también elevadísima inversión en China. El crecimiento alucinante de la producción en China es un hecho tan conocido, que creemos que no es necesario documentarlo acá.

El artículo de The Economist que contiene los cuadros de arriba analiza el ahorro en el mundo. Sin embargo señalamos varios estudios que contienen una posición drásticamente diferente a la que sostiene The Economist. Estos estudios muestran que impuestos, destruyen, desincentivan y expulsan el ahorro de países con altos impuestos, hacia países de bajos impuestos al ahorro En How Taxes Reduce Savings ( http://www.heritage.org/Research/Taxes/1309a.cfm#pgfId=1034101 ) Daniel J. Mitchell señala cómo impuestos llevan a una drástica reducción del ahorro. En The Taxing of Nations  Richard W. Rahn señala cómo impuestos llevan, en  casos de países de altos impuestos, como Francia, a que el ahorro no genere ningún rendimiento real. El artículo de The Economist en cuestión parece sorprendido de que grandes capitales lleguen a los EE.UU., pero Daniel J. Mitchell en Tax Competition and Fiscal Reform: Rewarding Pro-Growth Tax Policy ( http://www.cato.org/events/russianconf2004/papers/mitchell.pdf ) señala cómo los impuestos llevan a movimientos de capital, Mitchell enfatiza la importancia de la "competencia de impuestos", de cómo los países se ven obligados a competir entre ellos por la atracción de capital, reduciendo impuestos. En The Adverse Impact of Tax Harmonization and Information Exchange on the U.S. Economy ( http://www.freedomandprosperity.org/Papers/taxharm/taxharm.shtml )   Mitchell señala que en el 2000 había  $9.400.000.000.000 de inversión extranjera en los EE.UU., y que consideraciones fiscales han sido cruciales en atraer tan enorme capital. Los EE.UU. son, por amplísimo margen,  el mayor paraíso fiscal del mundo (se podría decir que, para ciertas inversiones, los EE.UU. son paraíso fiscal para extranjeros, infierno fiscal para residentes). Prueba de que consideraciones de impuestos son cruciales en los movimientos de ahorro, es que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y la Unión Europea han dedicado grandes energías a promover propuestas de "armonización fiscal" que básicamente obligan a los residentes de un país de elevados impuestos a pagar por sus inversiones en el extranjero los mismos elevados impuestos que se cobran en el país. Estas propuestas de "armonización" buscan evitar que el capital huya de impuestos opresivos, frecuented en países de la Unión Europea.  Mitchell señala sobre la "Saving Tax Directive":

La iniciativa principal de "armonización fiscal" de la UE [Unión Europea] es el "Savings Tax Directive" (Directriz sobre impuestos al ahorro)  un esquema que permitiría a países de altos impuestos imponer sus impuestos a cualquier renta proveniente de ahorros que sus residentes ganen en un país [extranjero] de bajos-impuesto. Esta iniciativa es contingente en la participación estadounidense, y reduciría perceptiblemente el flujo del capital internacional a la economía de los E.E.U.U 

[....]

Los esquemas internacionales de "armonización de impuestos" significarían una erosión penetrante de la soberanía fiscal de los E.E.U.U. Esto tendría consecuencias económicas profundas. Una porción substancial de la inversión extranjera en los E.E.U.U. ha llegado por consideraciones de impuestos. Los Estados Unidos de América son un asilo seguro, un lugar para la gente que huye de la opresión fiscal. Con pocas excepciones, el gobierno de los E.E.U.U. no grava la renta de inversión de extranjeros no residentes. Y puesto que los gobiernos extranjeros no son informados de esta renta, es muy difícil para ellos gravarla. Esta combinación de impuestos bajos y de privacidad financiera implica que los Estados Unidos de América son un paráiso fiscal

La economía estadounidense sufrirá si los gobiernos extranjeros obtienen el poder de gravar los ingresos generados en los  Estados Unidos. Los inversionistas de ultramar, intentando proteger sus activos, llevarán su dinero a otras jurisdicciones. Esto significa menos inversión en la economía estadounidense, menos puestos de trabajo para los trabajadores estadounidenses, y una caída substancial en los mercados financieros. Los Estados Unidos son el beneficiario más grande del mundo de la competencia internacional de impuestos, así que no deben ser ninguna sorpresa que los Estados Unidos sufrirían el daño más grande si se armonizan los sistemas fiscales.

Stephen J. Entin en Tax Incidence, Tax Burden, and Tax Shifting: Who Really Pays The Tax? ( http://www.heritage.org/Research/Taxes/cda04-12.cfm ) explica la movilidad del capital: El capital es muy difícil de gravar, porque si se grava, se va del país

Prescott fue más lejos, y analizó la influencia de los impuestos en el esfuerzo laboral. Analizando el grupo de los G7 encontró que, si se asumía una elasticidad de la oferta laboral de 3, se pronosticaba que los países de elevadísimos impuestos al trabajo, Francia Alemania e Italia, las personas trabajarían la tercera parte menos que en los países de impuestos al trabajo menos elevados, Estados Unidos y Japón. Se encontró que eso efectivamente es así.

Pero Prescott fue más lejos: Se preguntó por qué el valor de todas las compañías cotizadas en bolsa variaba tan brutalmente en la los Estados Unidos y en Inglaterra en la segunda mitad del siglo XX. La respuesta son los impuestos y las regulaciones, un impuesto de 50% en las utilidades distribuidas de una empresa, podía llevar a caer el valor de ésta hasta la mitad.

Este resultado es crucial para un país como Costa Rica, en donde la inversión extranjera ha contribuido notablemente al incremento de la producción: Los inversionistas buscan aumentar su capital al invertirlo en nuestros suelos, y los impuestos pueden reducir drásticamente el valor de ese capital: Pocos inversionistas quieren perder su capital al invertirlo en Costa Rica. En otras palabras, si se aumentan impuestos, no solamente la inversión puede dejar de llegar, sino que además se puede ir la que ya se encuentra en el país. A esto se añade que es claro que la inversión (formación de capital productivo) es crucial para mejorar los salarios de los trabajadores.

 

Cómo el ahorro hace más valioso su trabajo

Luis Di Mare H. (dimareluis@anfe.or.cr) – ANFE

Este artículo fue publicado en Diario Extra del 15 de enero del 2006 en http://www.diarioextra.com/2007/enero/15/opinion03.php. En esta letra negrita se indican las referencias que sustenta la información consignada en dicho artículo

Suponga que puede usted acordar con el gobierno que todo lo que usted y su patrono pagan en cargas sociales se deposite en una cuenta de su propiedad (a la que llamanos cuenta INVEAHORRO). Se establece, además, que usted tiene libertad total para asegurarse, contra cualquier riesgo, en cualquier lugar del mundo. 

El seguro que usted escoja se paga con dinero de su cuenta INVEAHORRO, dinero que se usará para su sustento en la vejez. Si, por desgracia, llegara usted a la vejez con poco dinero en su cuenta, o no pudiera pagar un seguro, el gobierno, como parte del acuerdo, le garantiza un ingreso mínimo y un seguro mínimo: Usted no queda sin protección. El sector privado ya provee seguros parecidos a éste: En Chile, por ejemplo, son populares seguros llamados anualidades, en los cuales, a cambio de las primas del asegurado, la aseguradora se compromete, por ejemplo, a pagar una suma mensual fija al asegurado, hasta el día de la muerte de éste.

Anualidades en Chile.

Estelle James, Ph. D., en Social Security Reform: Reducing the Risk of Poverty (Reforma a la Seguridad Social, Reduciendo el Riesgo de Pobreza, http://www.ncpa.org/pub/ba/ba505/ ) explica en qué consisten los seguros llamados anualidades que existen en Chile.

James indica que en Chile desde hace más de 20 años se inició un sistema de seguridad social en el que existen cuentas de retiro. Dos tercios de los trabajadores chilenos han comprado un seguro llamado anualidad. Una anualidad es un contrato con una aseguradora que provee al comprador del seguro un ingreso mensual. 

El gráfico de abajo se encuentra en el artículo de James mencionado anteriormente y muestra la popularidad de las anualidades.

Usted quiere aumentar sus ingresos y compra un lote para construir apartamentos. Los fondos de su cuenta INVEAHORRO le sirven como garantía para comprarlo. Usted construye un primer apartamento. Con los ingresos que genera este apartamento, y usando de nuevo su cuenta INVEAHORRO, poco a poco usted construye más apartamentos, hasta llegar a 6.

Usted gastaba 1 hora diaria en cuidar su primer apartamento, pero hoy le toma 2 horas diarias cuidar esos 6 apartamentos (20 minutos por cada uno) : Usted trabaja con más capital productivo (más apartamentos) y por eso produce más por cada hora de cuido. El caso suyo no es tan diferente del caso de un agricultor que trabajaba con machete y que, gracias a un tractor (capital productivo), produce más y gana más por hora trabajada. Pero además usted obtiene ganancias por ser dueño de esos apartamentos.

Tal vez, sin su cuenta de ahorro INVEAHORRO, sus 6 apartamentos, que son capital productivo, no existirían.

Efectivamente, estudios como el de Horioka y Feldstein (1980), encuentran que frecuentemente en los países el ahorro y la formación de capital productivo difieren poco.

En los Estados Unidos (EE.UU.), de 1947 a 1997, los salarios reales de los trabajadores aumentaron casi al mismo paso que el capital productivo por trabajador, de modo que allí vemos que más capital productivo se acompañó de mejores remuneraciones para los trabajadores.

Como el ahorro tiende a acompañarse de formación de capital productivo, quienes tienen la suerte de vivir en un país de alto ahorro, usualmente ven sus niveles de vida aumentar rápidamente.

En China cada año se ahorra casi la mitad de la producción, y también casi la mitad de la producción se convierte en capital productivo: No es de extrañar que este aumento del capital productivo se acompañe del alucinante aumento de la producción china que no deja de asombrarnos.

No tiene sentido expulsar, con impuestos, capitales de este país, porque el capital presente en el país genera empleos, bienestar, y hace el trabajo más valioso. Países socialistas de impuestos exorbitantes como Suecia, Francia y Alemania, cobran bajos impuestos a muchas grandes empresas que se instalan allá, porque la cruda realidad es que ni siquiera esos países ricos pueden permitirse el lujo de expulsar, mediante impuestos, a los grandes capitales.

No fue posible localizar el estudio de Horioka y Feldstein en internet. Horioka y Feldstein encuentran una alta correlación entre ahorro e inversión, en otras palabras, que en los países las cantidades ahorradas y las cantidades invertidas son cantidades que no son tan diferenrtes. Esto se considera un enigma puesto que si hay movimientos de capital entre países, el ahorro y la inversión no tienen por qué ser cantidades muy similares. Una explicación es que el ahorro doméstico tiende a invertirse en el país.

En este mismo documento, en Nueva Evidencia de la Asombrosa Destructividad de los Impuestos , se muestra la estrecha relación entre ahorro e inversión y ,además, se muestra como países de alto ahorro e inversión son además países en que ha crecido rápidamente la producción. Se muestra también cómo el aumento de la producción, en los casos examinados, se ha acompaña de un aumento de las remuneraciones del trabajo. Se incluye el gráfico que muestra la relación entre capital por trabajador y remuneración por cada hora de trabajo.

Más en www.anfe.or.cr/imp_cap.htm

La asombrosa destructividad del impuesto a las ganancias de capital.

EN CONSTRUCCION

 

Usted le prestó 15 millones de colones a José, dueño de un back-hoe (excavadora mecánica). El único bien que tiene José es ese back-hoe, quien trabaja operando dicho back-hoe. José le hace pagos mensuales a usted, pero a menudo incumple, porque José tiene una familia numerosa que le cuesta mucho mantener. El back-hoe está valorado en 10 millones. Si usted logra que a José le rematen el back-hoe, probablemente usted recupere un poco menos de esos 10 millones y casi nada más. A José se le dificulta pagarle ahora que tiene un  back-hoe, que le permie ganar muy bien. Si usted envía el back-hoe a remate, José, sin back-hoe, va a ganar mucho menos (porque va a producir mucho menos). José tal vez hasta quede desempleado y, en esas condiciones, difícilmente va a poder pagarle a usted.

El back-hoe se descompone. José no consigue crédito ni siquiera para repararlo. Usted amenaza a José, si no paga la cuota, el back-hoe va a remate. José entonces, el primer mes vende una llanta, el segundo mes la otra llanta, el tercer mes vende la pala excavadora. Al cabo de un año, José se "comió" el capital. El back-hoe ahora es chatarra inservible, si usted lo envía a rematar no le van a dar nada.

Los cuadros que se encuentran abajo provienen de The Economic and Fiscal Impact of the 2003 Tax Cut, http://www.atr.org/content/pdf/2006/October/studyoverview11.pdf y muestran los efectos

(documento central sobre la destructividad de impuesto a las ganancias de capital: http://www.anfe.or.cr/ref/supply_s/wanniski.htm )

 

 

 

 

 

 

 

http://www.institutional-economics.com/

http://www.institutional-economics.com/index.php/weblog/macro_myth_busting_with_ed_prescott/

Macro Myth-busting with Ed Prescott

Ed Prescott tackles five macroeconomic myths, including some of this blog’s favourite targets:

Myth No. 3: Americans don’t save. This is a persistent misconception owing to a misunderstanding of what it means to save. To get a complete picture of savings we need to investigate economic wealth relative to income. Our traditional measures of savings and investment, the national accounts, do not include savings associated with tangible investments made by businesses and funded by retained earning, government investments (like roads and schools) and business intangible investments.

If we want to know how much people are saving, we need to look at how much wealth they have. People invest themselves in many and varied ways beyond their traditional savings accounts. Viewing the full picture—economic wealth—Americans save as much as they always have; otherwise, their wealth relative to income would fall. We’re saving the right amount.

*****

Richard W. Rahn pronostica aumento de ingresos tributarios el 4 de abril del 2003, pocas semanas antes del recorte de impuestos de Bush en Junio del 2003, también ennumera resultados de Robert Lucas, Premio Nobel de Economía, sobre los impuestos al capital 

Esta reproducción del artículo de Rahn, publicada el 13 de abril del 2003,  se encuentra en el sitio web de CATO Institute http://www.cato.org/pub_display.php?pub_id=3059&print=Y 

13 de abril de 2003

Hechos y fantasías sobre las reducciones de impuestos

por Richard W. Rahn

Richard W. Rahn es un académico adjunto del instituto Cato.

En 1980, el presidente Carter  y sus partidarios en los medios de noticias y el congreso,  preguntaron, “cómo podemos permitirnos” las reducciones de impuestos propuestas por el candidato presidencial Ronald Reagan ?

Los críticos de Sr. Reagan alegaron que las reducciones de impuestos conducirían a más inflación y a tasas de interés más altas, mientras que Sr. Reagan dijo que dichas reducciones de impuestos conducirían a más desarrollo económico y a estándares de vida  más altos. ¿Qué sucedió? La inflación bajó de 12.5 por ciento en 1980 a 3.9 por ciento en 1984, los tipos de interés bajaron, y el desarrollo económico aumentó de menos 0.2 por ciento en 1980 a más 7.3 por ciento en 1984, y el Sr. Reagan fue reelecto por "una avalancha de votos" (landslide victory).

Ahora un cuarto-siglo más adelante, la misma discusión se está llevando a cabo, con los opositores demostrando amnesia e ignorancia colectivas. Éstos opuestos a las propuestas de recorte de impuesto del presidente Bush alegan dos argumentos  importantes: las reducciones de impuestos aumentarán el déficit y beneficiarán a ricos. Los que apoyan las reducciones de impuestos alegan que tales reducciones de impuestos aumentarán el desarrollo económico y la libertad, y reducirán la pobreza.

Para tener un discusión honesta, es importante conocer los hechos. Se alegan que la  reducción de impuestos “costará” $700 mil millones o así pues, a lo largo de 10 años. Tales números son casi sin sentido. Primero, tienden a ser estimaciones estáticas del ingreso tributario, que no asumen ningún cambio de comportamiento debido a la reducción de impuestos, y eso es totalmente poco realista. En segundo lugar, se espera que el producto interno bruto (GDP) sea de aproximadamente $140 trillones (americanos) en los próximos 10 años, lo que significa que la reducción de impuestos propuesta es aproximadamente la  mitad de 1 por ciento del producto nacional total (en términos estáticos). Aún cuando los comentaristas políticos, como David Broder del Washington Post, se refiere a la reducción de impuestos como “masiva” (30 de marzo de 2003), ésta es casi demasiado pequeña para ser medida significativamente.

La manera correcta de medir ingresos fiscales y gasto del gobierno es como porcentaje del producto interno bruto, de la misma manera que la carga de su hipoteca casera se relaciona con su ingreso. Puedes ser que usted resulte "chocado" al enterarse de que  aun cuando los ingresos fiscales y el gasto de gobierno federal casi se han multiplicado por 20 en los 40 últimos años, ellos apenas han cambiado como porcentaje del producto interno bruto (PIB)

Por ejemplo, los ingresos fiscales federales eran 17.5 por ciento del PIB en 1962 y eran 17.9 por ciento del PIB, casi idénticos, el  año pasado. En este período de 40 años los ingresos fiscales federales nunca han sido más bajos del 17 por ciento (1965) o más altos del 20.8 por ciento (2000) del PIB. Asimismo, los gastos federales se han extendido de un punto bajo de 17.2 por ciento (1965) a un máximo de 23.5 por ciento (1983) del PIB en este mismo período de 40 años.

A pesar de que los ingresos tributarios federales  han variado poco (como porcentaje del PIB) durante los 40 años pasados, ha habido una variación enorme en las tasas impositivas superiores. Cuando Ronald Reagan tomó su cargo, la tasa impositiva individual  superior era 70 por ciento y antes en  1986 había disminuido a solamente 28 por ciento. Todos los estadounidenses recibieron por lo menos un recorte de impuestos de 30 por ciento; sin embargo, los ingresos fiscales federales como porcentaje del PIB casi resultaron sin cambios durante la presidencia de Reagan (variaron de 18.9 por ciento en 1980 a 18.1 por ciento en 1988).

Lo que sí cambió, sin embargo, fue la tasa de crecimiento económico, que fue más de 50 por ciento más alta en los siete años posteriores a las reducciones de impuestos de Reagan que en los siete años anteriores a las reducciones. Este aumento en desarrollo económico, más algunas reducciones en créditos y deducciones de impuestos, compensó casi enteramente el efecto de las reducciones de tasas impositivas. El desarrollo económico rápido, a diferencia de los  programas del gasto del gobierno, demostraron ser la manera más eficaz de reducir el desempleo y la pobreza, y crear oportunidades para los rezagados.

La oficina de presupuesto del congreso (CBO) (no es partisana) acaba de revelar su análisis de los efectos del paquete de impuestos y gastos del presidente Bush. Encontraron que sin la reducción de impuestos del presidente, los ingresos fiscales federales aumentarán a 20.6 por ciento del PIB, a partir de 17.9 por ciento el año pasado; pero incluso con la reducción de impuestos del presidente, los impuestos, como porcentaje del PIB, aumentarán a 18.8 por ciento en 2012. A medida que nos enriquecemos, los ingresos fiscales, como porcentaje del PIB,  aumentan debido a nuestro sistema fiscal progresivo. Para mantener constante la carga tributaria, necesitamos tener reducciones de impuestos periódicas incluso más grandes que las que el presidente ha propuesto.

Algunos de los críticos de la propuesta alegan que el gasto deficitario previsto aumentará las tasas de interés. Aquí, de nuevo, los hechos no apoyan el argumento. Lo que es importante es la deuda federal total, no los cambios año a año del déficit.

Si la deuda total aumenta como porcentaje del PIB, puede "desplazar" ("asfixiar", crowd out) la inversión privada  causando así una reducción de la inversión o un aumento de las tasas de interés. Sin embargo, de nuevo según CBO, la deuda total a fin de cuentas se contraerá como por ciento del PIB bajo plan del presidente (de 34.3 por ciento del PIB en 2002 a 33.1 por ciento en 2012). El hecho es los EE.UU. podrían tener  un déficit pequeño permanentemente y sin embargo reducir la deuda, de la misma forma que un individuo puede adquirir más deuda cada año a condición de que el coste de mantener esta deuda adicional sea más pequeño que el aumento del ingreso del individuo.

En los niveles actuales, la deuda no es un problema. Al final de la Segunda Guerra Mundial dicha deuda estaba en más de 100 por ciento del PIB y tan tarde como en 1995 era casi 50 por ciento del PIB, y nosotros nos desempeñamos bien. Irónicicamente, la única vez en los 60 últimos años que nuestra deuda fue de menos de 30 por ciento del PIB fue en los 1970s, que fueron caracterizados por altas tasas de interés, alta inflación y crecimiento bajo.

¿Qué clase de reducción de impuestos debemos tener? El economista ganador del  Premio Nobel Robert Lucas presentó un ensayo  importante en enero de este año, en el cual él dice: “Siguen existiendo aumentos importantes en bienestar resultado de mejores  políticas fiscales, pero argumento que éstos aumentos provienen de proveer a la gente incentivos mejores para trabajar y para ahorrar, no de un "ajuste fino" (fine tuning) de los flujos de gasto.” El Sr. Lucas encontró que reducir los impuestos a la renta de los  capitales de su nivel actual a cero (usando otros impuestos para mantener una tasa de gasto del gobierno sin cambio) daría lugar a aumentos totales del bienestar de “quizás 2 a 4 por ciento del consumo anual, a perpetuidad.”

La propuesta del presidente Bush de eliminar la doble imposición sobre los dividendos es un buen primer paso pero, si quitáramos todos los impuestos a los ahorros y la inversión productiva, como los impuestos sobre los intereses y sobre las ganancias de capital, casi todos los americanos incluyendo los más pobres, verían sus ingresos reales crecer aproximadamente a dos veces la tasa actual -- permanentemente. Quienes se oponen a las reducciones de impuestos al ahorro y la inversión porque piensan los ricos se beneficiarían con dichas reducciones, de hecho están castigando a los pobres. El Presidente Reagan entendía que uno gana una guerra, la guerra fría, siendo resuelto; y él entendía que uno fortalece la economía no sólo teniendo buenas políticas, pero también educando a la prensa y al pueblo estadounidense diariamente en cuanto a porqué esas políticas son correctas y necesarias. El Presidente Bush está siendo resuelto en la guerra contra el terrorismo, pero él también debe crear a un ejército de partidarios bien informados para educar a la prensa y al pueblo sobre la necesidad de una política impositiva que mejore el crecimiento [de la producción] para evitar perder la guerra económica.

Este artículo fue publicado en el  Washington Times, 4 de abril de 2003.

Wanniski: Cuando el capitalismo funciona muy mal, el pueblo escoge el socialismo.

En Economic Growth  http://wanniski.com/searchbase/growth1.htm , Jude Wanniski explica cómo empresarios que querían protección, mediante elevadísimos impuestos de aduana, lograron aprobar impuestos a finales de los 1920s. 

Wanniski explica que quien invierte, o sea, quien establece una empresa, busca ganancias. Pero, si impuestos impiden que haya ganancias, las empresas no se establecen, los negocios no se hacen, aunque haya capital para hacerlos.

Un ejemplo nuestro: Si se establece un impuesto de un millón de colones a cada cajita de fósforos, se acaba con la industria fosforera, porque las ventas de fósforos colapsan. Por otra parte, si se obliga a cada pulpería a tener en el local un helicóptero para repartir los encargos de los clientes, probablemente habría que cerrar casi todas las pulperías, probablemente ninguna pulpería produce lo suficiente como para cumplir tan descabellada regulación.

Los dos ejemplos anteriores son descabelladamente exagerados, pero ilustran que impuestos y regulaciones impiden la actividad económica. Frecuentemente los políticos creen que pueden imponer impuestos o regulaciones sin consecuencias negativas. Si se aumentan una y otra vez los impuestos o regulaciones, simplemente la actvidad económica cesa, o se hace a escondidas del gobierno.

Durante la Gran Depresión ocurrió algo similar: Existían las máquinas, existían las fábricas, los trabajadores estaban ansiosos de trabajar para alimentar a sus familias. Pero mucha de la producción estaba detenida. 

Cuando los políticos establecen condiciones que impiden la actividad empresarial, ésta cesa. En ese caso el pueblo, cuya supervivencia está en juego, escoge el socialismo.

Bajo el capitalismo tiene ganancias quien produce algo muy útil, que muchos quieren comprar. Bajo el socialismo una burocracia decide cómo, cuandó y qué se produce. Se hace mucho más difícil satisfacer las necesidades de las personas

 

Noticias cortas sobre formación de capital

Inversión extranjera en México se cuadruplicó en 10 años, después de entrada en vigencia del TLC con EE.UU.

http://www.nacion.com/ln_ee/2007/febrero/03/economia982615.html

Estrechísima relación entre inversión y producción.

Los cuadros que se muestran abajo muestran cambios en la producción en los Estados Unidos (EE.UU.) en 1929-1939 (Gran Depresión) y en 1947-2007 (Post guerra hasta hoy). Resulta evidente que existe una estrecha relación entre inversión y producción. Esta relación no se cumplió durante la Segunda Guerra Mundial, época en que el gasto público fue colosal, debido a la guerra.

 

Tasa impositiva al capital más alta en Costa Rica que en Escandinavia.

Los cuadros que se muestran abajo provienen de The 2006 Tax Competitiveness Report http://www.cdhowe.org/pdf/commentary_239.pdf  de C.D. Howe Institute. En ellos se muestra que Costa Rica tiene una tasa efectiva al capital de 29.7%, más alta que las correspondientes a Escandinavia, la región del hiper gigantismo estatal  (Dinamarca 15.4%, Finlandia 23.0%, Noruega 22.3%, Suecia 17.8%)

Suponemos que este estudio no toma en cuenta las zonas francas costarricenses, ni los impuestos al capital extranjero: Por ejemplo los EE.UU. tienen una de las tasas efectivas más altas, 38.0%, pero los capitales extranjeros están exentos del impuesto a las ganancias de capital.

Por otra parte, Chris Edwards, de CATO Institute, señala en Dividend Taxation: Nearly All Mayor Nations Relieve Double Taxation http://www.cato.org/testimony/ct-ce0301.pdf 

La manera más popular de reducir la doble imposición es simplemente gravar los dividendos a una tasa más baja, más baja que la tasa ordinaria para los salarios. Países que incluyen una tasa especial baja para los dividendos incluyen a Austria, Bélgica, República Checa, Dinamarca, Italia, Corea, Holanda, Polonia y Portugal.

Algunos países, como Finlandia, Noruega y Suecia, se han movido hacia "sistemas duales de impuesto sobre la renta" que impone tasas más altas al ingreso por salarios pero oferecen tasas más bajas, únicas (lower flat rates) a todas las formas de las rentas del capital. Estos países han reducido las tasas impositivas a las rentas del capital por la cada vez mayor competencia global de tasas impositivas, que está llevando billones de dólares de capital a países de bajos impuestos. Muchos países se están dando cuenta que altas tasas impositivas a las rentas del capital se están haciendo insostenibles en la economía global de hoy.

Tigres asiáticos no tiene impuesto a las ganancias de capital.


Abolición total de impuestos al capital maximiza el bienestar de TODOS

Robert Lucas, Premio Nóbel de Economía 1995 

Pág 3: La ganancia en bienestar de reducir la tasa de inflación de 10 a 0 porciento es equivalente a un 1% del consumo. Algunos usan este resultado para alegar que la inflación es poco problema, pero 1% del consumo es una cantidad importante. Las ganancias de eliminar una inflación del 200% son del 7% del consumo, a perpetuidad.

En los 1980s un grupo importante de economistas usaron versiones de la teoría neoclásica del crecimiento para eximinar el efecto de los impuestos en el stock total de capital, no solamente en la composición de dicho stock.

Estos modelos tienen básicamente el mismo esquema: Los consumidores maximizan la utilidad del consumo y el ocio en el tiempo, las empresas maximizan las ganancias, y los mercados están permanentemente en equilibrio.

En general, esos estudios encuentran que, en los Estados Unidos, reducir los impuestos del nivel actual (2003) a cero, aumentaría el balanced-growth capital (¿qué es?) de 30% a 60%.

La producción por adulto en Francia es de cerca de 70% de la producción por adulto en los EE.UU. Si los franceses adoptaran las tasas impositivas estadounidenses al trabajo y al consumo, tendrían, ¡sin ningún esfuerzo adicional!, una ganancia en consumo de 20%. (pág 5)

Costa Rica cerca de los primeros lugares del mundo en altos impuestos - Banco Mundial

El estudio se realizó de abril a julio del 2006. El vínculo es 

Las compañías en 90% de los países encuestados clasifican la administración de los impuestos como uno de los principales obstáculos para establecer empresas.

La encuesta muestra que los impuestos a la renta corporativa representan solamente un 36% de la tasa impositiva total, 11% del número de pagos y 25% del tiempo usado en cumplir con los impuestos.

Ley de Gammon: En una burocracia, más gasto llevará a menos resultados.

Milton Friedman en Free To Choose ha documentado ampliamente el "barril sin fondo" en que suelen convertirse los sectores públicos. Friedman habla más bien del "agujero negro" burocrático.

http://www.adf.com.au/archive.php?doc_id=76

http://www.hoover.org/publications/digest/3459466.html How to cure Health Care - Milton Friedman

http://willprice.blogspot.com/2006/11/milton-friedman-free-to-choose.html

La mezcla de política fiscal y monetaria - Alan Reynolds

La noción de que el estímulo fiscal y monetario son permutables implica que no hay ninguna diferencia entre la impresión del dinero [por parte del Banco Central]  y la impresión de bonos [por parte del Ministerio de Hacienda]. Si eso tuviera algún sentido, entonces los déficits presupuestarios podrían ser financiados del mismo modo emitiendo nueva moneda en vez de vender bonos de hacienda al público (público que tiene  que entregar efectivo para obtener esos bonos de hacienda). Con todo, la simetría [equivalencia] alegada entre la comercialización [venta] de bonos de hacienda y la conversión de bonos de hacienda en emisión monetaria, que es lo que está detrás de la ilusión de que se pueden intercambiar superávits fiscales por dinero fácil , está fundamentalmente flawed.

Las compras de bonos de Hacienda, con efectivo nuevo, por parte de la Reserva Federal no son en absoluto comparables al “supuesto estímulo fiscal” de vender/comercializar Bonos de Hacienda  al público. Si la política monetaria es demasiado laxa, el resultado será inflación más alta independientemente de si el presupuesto está en déficit, balanceado, o en superávit. Si la política monetaria es demasiado restrictiva, el resultado será deflación-aún si el  déficit presupuestario es enorme, como en Japón. La inflación y la deflación son fenómenos monetarios, no fiscales o reales.

[....]

En realidad, los economistas no están para nada seguros de cómo medir los superávits y déficits del presupuesto, y mucho menos cuáles son sus efectos.  Ninguna medida de endeudamiento del gobierno -ni siquiera el "inflation-adjusted structural budget less capital outlays" -está confiablemente ligado a los tipos de interés, a la inflación, al crecimiento económico real, o todo lo demás. Si miramos la evidencia comparando países o viendo los datos de cada país, la importancia que desde largo tiempo atrás se ha dado a cambios anuales de menor importancia en la deuda del gobierno no se puede reconciliar con los hechos. Varias generaciones de estudiantes de macroeconomía han sido malinformados.

La política monetaria tiene sus propias ambigüedades, por supuesto, pero su potencia a corto plazo no está seriamente en duda. La política fiscal, en el sentido primitivo de déficit o superávit anual, es un instrumento mal definido que no lleva a ningún resultado pronosticable

Los teóricos fiscalistas no sienten ninguna obligación de aceptar ninguna evidencia [empírica] como refutación de sus teorías, porque las teorías fiscalistas se pueden crear o revisar siempre para explicar cualquier cosa que pudo suceder. Si cae la economía, eso ocurre porque los déficits presupuestarios desplazan [crowd out] la inversión. Si crece la economía, ésto es así porque los déficits presupuestarios estimulan la demanda. Si aumenta el dólar, ése ocurre porque los déficits presupuestarios atraen la inversión extranjera. Si cae el dólar, es porque los déficits presupuestarios crean miedo a la inflación. Si la inflación aumenta , es  porque los déficits presupuestarios son inflacioniarios. Si baja la inflación,  es porque los déficits presupuestarios no son bastante grandes. La respuesta del fiscalista es siempre igual; solamente cambian las preguntas.

[...]

Por otra parte, las tasas de interés aumentaron -en vez de reducirse- cuando la tasa de ahorros era más alta (1984 y 1998), y bajaron en vez de aumentar  cuando la tada de ahorros era más baja (1991-93).

Los períodos de inversión fuerte son también períodos de fuertes ganancias corporativas, que aumentan el ahorro nacional.

Los tipos de interés real también han sido más altos cuando la economía crecía más rápidamente, y más bajos cuando la economía estaba estancada  o peor [reduciéndose]. Jactarse sobre la existencia de tipos de interés verdaderos bajos es lo mismo que jactarse sobre sobre la existencia de oportunidades de inversión pobres y de desarrollo económico anémico.

La mezcla de política fiscal y monetaria - Alan Reynolds

The Fiscal Monetary Policy Mix

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In the late sixties and early seventies, when the shrinking dollar proved less popular than expected, inflation was routinely described by a thermal metaphor (“overheating”), and regarded as an endemic problem to be endlessly “fought” by using fiscal policy (a surtax) and incomes policy (wage-price controls), but never monetary policy.

In reality, the steadily accelerating inflation from 1965 to 1970 was not due to massive “guns and butter” budget deficits, as an historical hoax maintains, but to careless monetary policy. The deficit in 1967 was no higher than it was in 1998, as a share of GDP, and inflation did not reach 4 percent until after the surtax of mid-1968 when money growth briefly accelerated.

“The reason for increasing money growth, in Keynesian analysis, was to get a proper mix of monetary and fiscal policy.”

[....]

If the economy were below full employment, faster growth of nominal GDP would automatically produce faster growth of real GDP. Demand was thought to create its own supply, turning Say’s Law on its head. If the economy were above full employment, by contrast, workers would demand higher wages and employers would hike prices to cover that cost, creating an escalating spiral that supposedly required wage-price controls.

But President Nixon’s experiment with wage-price controls exploded, creating horrific “stagflation” in 1973–75. By then, the hubris of expert demand management had suffered a permanent loss of credibility. Although the combination of recession and inflation seemed an anomaly when viewed through the funnel theory, it has nonetheless been the norm rather than the exception in post–Bretton Woods experience (i.e., 1970–71, 1973–75, 1980–82 and 1990–91).

The “Keynesian” cure for recession was to stimulate demand, and the cure for inflation was to curb demand, but it was obviously impossible to do both at the same time. This led Robert Mundell to propose, in 1971, that the job of ending inflation be assigned entirely to monetary policy (similar to what is now called “inflation targeting”), while the toolkit of fiscal policy should be expanded to include a microeconomic focus on the supply side—i.e., through tax incentives, privatization, and deregulation to enhance potential supply.

The old Tobin-Mundell debate over the proper policy mix remains central to the current debate about U.S. economic policy. When it comes to the alleged benefits of endless budget surpluses, the Clinton administration embraced the rhetoric of Herbert Hoover. The economic logic is still rooted in Tobin’s quaint funnel theory—that is, it pivots on defining fiscal and monetary policy as two perfectly interchangeable tools for managing growth of nominal GDP. If that was really true, then we could prudently trade more fiscal restraint for more monetary stimulus, with no net impact on real growth, and therefore (because inflation is defined as overheated growth) no impact on inflation

If that was really true, then we could prudently trade more fiscal restraint for more monetary stimulus, with no net impact on real growth, and therefore (because inflation is defined as overheated growth) no impact on inflation. But what do words like stimulus and restraint really mean? Until very recently (when budget surpluses began to be described as stimulative) a fiscal stimulus meant government borrowing— selling more Treasury bills and bonds to the public. Adding to the debts of taxpayers was supposed to make them feel richer, and therefore more inclined to spend (although that would not be so easy for those who had used their money to buy Treasury IOUs). Budget surpluses, by contrast, were a “fiscal drag”—something that depressed progress.

Monetary stimulus is easier to explain but slightly harder to describe. Monetary ease could be defined by the extent of Federal Reserve purchases of Treasury bills and bonds, which expands the supply of bank reserves and currency and thereby enables a greater expansion of liquid assets (“money”) used to purchase goods and services and pay creditors. Alternatively, we could define monetary stimulus or “ease” in terms of Fed efforts to keep interest rates low, since such efforts take the form of monetizing debt—i.e., purchasing T-bills with new reserves and currency. In either case, the Fed’s act of buying T-bills is surely quite different from the Treasury selling them. And the Fed does not need budget deficits to be a big buyer, because there are plenty of T-bills that can be purchased from the domestic or foreign public

The notion that fiscal and monetary stimulus are interchangeable implies there is no difference between printing money and printing bonds. If that made any sense, then budget deficits might just as well be financed by issuing new currency rather than by selling bonds to the public (which has to surrender cash to obtain the bonds). Yet the alleged symmetry between marketing and monetizing T-bills, which lies behind the illusion of trading budget surpluses for monetary ease, is fundamentally flawed.

Federal Reserve open market purchases of T-bills with new cash are not at all comparable to the so-called “fiscal stimulus” of marketing Treasury securities to the public. If monetary policy is too easy, the result will be higher inflation—regardless whether the budget is in deficit, balance, or surplus. If monetary policy is too restrictive, the result will be deflation—even if the budget deficit is huge, as in Japan. Inflation and deflation are monetary phenomena, not fiscal or real.

Sargent (1988: 321) boldly predicted that “under a deficit spending policy it is impossible to run a noninflationary monetary policy. In the early 1990s, the fashionable fiscal theory of “twin deficits” was a major rationale behind increases in individual income tax rates that took effect in 1991 and 1993. This theory predicts that countries with large budget surpluses, such as the United States and Australia at the present time, must therefore have large trade or current account surpluses. Countries with large budget deficits, like Japan, must likewise have large trade deficits. The twin deficits theory has fared no better than the Sargent–Wallace theories about fiscal inflation. As the federal budget moved from a deficit of 5.9 percent of GDP in 1992 to a surplus of 2.3 percent of GDP in 2000, the current account deficit simultaneously increased from 0.8 to 4.4 percent of GDP.

In truth, economists are not at all sure how to measure budget surpluses and deficits, much less what their effects are. No measure of government borrowing—not even the inflation-adjusted structural budget less capital outlays—is reliably linked to interest rates, inflation, real economic growth, or anything else. Whether we look at time series evidence within countries or cross-section evidence between countries, the importance long given to relatively minor annual changes in government debt cannot be reconciled with the facts. Several generations of students of macroeconomics have been hoodwinked.

Monetary policy has its own ambiguities, of course, but its shortterm potency is not seriously in doubt. Fiscal policy, in the primitive sense of annual deficits or surpluses, is a poorly defined instrument for achieving no predictable result at all

Fiscal theorists feel no obligation to accept any evidence as refutation of their theories, because fiscal theories can always be created or revised to explain anything that might happen. If the economy slumps, that is because budget deficits crowd out investment. If the economy booms, that is because budget deficits stimulate demand. If the dollar goes up, that is because budget deficits attract foreign investment. If the dollar goes down, that is because budget deficits create fears of inflation. If inflation goes up, that is because budget deficits are inflationary. If inflation goes down, that is because budget  deficits are not large enough. The fiscalist answer is always the same; only the questions change.

Clintonomics

The newest twist is to turn Keynes on his head and assert that balancing the U.S. budget was the cause of brisk economic growth in 1996–2000, rather than brisk growth being the cause of the fiscal windfall. This notion of stimulative surpluses involves yet another odd variation on the old policy mix debate. Recent White House explanations of the role of fiscal and monetary policy, for example, can best be described in the following series of questions and answers:

Question: Why is the U.S. economy growing at a rapid pace?

Answer: Because of a budget surplus which is (loosely) attributed to higher tax rates in 1993.

Question: With such a large surplus, why can’t we now roll back the highest tax rates?

Answer: Because that would “drain the surplus,” and any reduction of the surplus risks making the economy grow too fast. The rapid growth resulting from smaller surpluses, in turn, would force the Fed to raise interest rates, which would make the economy grow too slowly (presumably forcing the Fed to ease).

Conclusion: Real economic activity is stimulated by both budget surpluses and deficits, and the Fed’s job is to offset surpluses with low interest rates and deficits with high interest rates.

Moreover, real interest rates rose rather than fell when the savings rate was highest (1984 and 1998), and fell rather than increased when the savings rate was lowest (1991–93).

Not surprisingly, periods of strong investment have also been periods of strong corporate profits, which boosts national savings.

Real interest rates have also been highest when the economy was growing most rapidly, and lowest when the economy was stagnant or worse. Bragging about low real interest rates is equivalent to bragging about poor investment opportunities and anemic economic growth.

 

Referencias

 

A continuación se cosignan extractos de algunos textos que se usaron para escribir este documento

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http://www.wanniski.com/showarticle.asp?articleid=2821

Memo To: SSU Students
From: Jude Wanniski
Re: The Supply-Side Revolution Part I

Today I’m posting the first of a two-part brief history of the Supply-Side Revolution, written by a distinguished Los Angeles attorney, Wayne Jett, a 60-year-old man I’ve never met. He clearly has gone to a great deal of trouble to assemble this account, which he first sent to Professor Robert Mundell of Columbia University – Mundell being the prime mover in reviving classical theory. When Mundell gave it his seal of approval, Mr. Jett sent it to me, wondering if I could suggest a place where it might be published. It’s quite long, well over 5,000 words – which is why the few publications I suggested turned it down. It’s also why I decided to run it in two parts, at a natural break point. Hopefully it might get enough attention here to persuade some publication to run it in hard copy where it could reach a much wider audience than we have here. It really is quite an admirable job he has done and I thank Mr. Jett for his permission to run it here.


A Supply-Side History
And The Road Ahead

By Wayne Jett
© 2003

On October 13, 1999, the Royal Swedish Academy of Sciences announced its award of the Nobel Prize in Economics to Robert A. Mundell, citing “… his analysis of monetary and fiscal policy under different exchange rate regimes and his analysis of optimum currency areas.” The announcement said further:

“Robert Mundell has established the foundation for the theory which dominates practical policy considerations of monetary and fiscal policy in open economies. His work on monetary dynamics and optimum currency areas has inspired generations of researchers. Although dating back several decades, Mundell's contributions remain outstanding and constitute the core
of teaching in international macroeconomics.

“Mundell's research has had such a far-reaching and lasting impact because it … [produced] results with immediate policy applications. Above all, Mundell chose his problems with uncommon - almost prophetic - accuracy in terms of predicting the future development of international monetary arrangements and capital markets…”

These statements are remarkably sweeping when parsed in academic terms. Yet, they say very little to explain to ordinary people how Mundell’s work may have touched their lives and fortunes.

The Royal Swedish Academy credits Mundell’s theories as dominating practical policy-making for both monetary and fiscal [tax and budget] matters in all modern, market economies. And his theories have gained such eminence because Mundell has been “almost prophetic” in analyzing research problems that mirror the real world’s conditions before they happen.

Then Why The Mystery?

If that is so, how can it be that he has done such important work over several decades, was awarded the Nobel Prize in economics only four years ago, and yet the mainstream media (not to mention the public) would ask “Robert WHO?” By contrast, hardly a day passes that we do not hear of the exploits of Alan Greenspan, who, one might add, has not a single Nobel Prize to his name.

Is it possible that Robert Mundell has had a greater impact on our lives and well-being than we know? Or is this a case of the Royal Swedish Academy making another socialistically correct selection in the nature of Time Magazine’s “person of the year” awards?

People the world over want to know the causes of economic events that have dominated their lives. A study of the work of Dr. Mundell reveals facts that are surprising, even astonishing. These facts illuminate past successes and failures of U. S. monetary and fiscal policy. That illumination has important, if not profound, implications for current and future policy.

Supply-Side Economics

Robert Mundell is the person who furnished the theoretical genius behind “supply-side economics.” The ideas and premises of supply-side economics are described most lucidly in the writings of a political science and journalism graduate of UCLA, Jude Wanniski. Those writings, in turn, reveal that three individuals were primarily responsible for advancing the ideas of supply-side economics: Robert Mundell as the economic theoretician; Arthur Laffer as the pragmatic economist with a flair for public relations; and Jude Wanniski as the journalistic link between the two economists, the public, and the worlds of Wall Street finance and Washington politics.

The work of each of these three individuals is so important as to deserve detailed analysis. However, the challenge at hand requires spanning the three colleagues’ work in order to remedy a matter of urgency for the nation and the world. That urgent matter is the current, unsettled state of U. S. monetary policy and the unsatisfactory international monetary system.

The Struggle for Monetary Policy Influence

The American philosopher Francis Fukiyama has postulated that the “end of history” is at hand in the sense that all forms of government have been examined thoroughly, with republican capitalism proven to be the best design. Even if that is so, the end of history is certainly not at hand with respect to monetary policy.

To this day, monetary policy is the scene of a passionately contested struggle for primacy in influencing the central banking institutions that are responsible for national currencies. Yet, this struggle for influence of monetary policy is hardly discernible in the public media.

One thing can be said about this struggle with a fair degree of certainty: the views of Robert Mundell do not dominate monetary policy at the U. S. Federal Reserve Board. Indeed, Chairman Greenspan reportedly does not even maintain communications with Professor Mundell at present.

Is this because the Fed’s monetary policy is so well in hand that such communications are unwarranted? In his Nobel lecture of December, 1999, Professor Mundell put a pretty face on Fed performance by remarking that a period of relative stability in the dollar’s value had been reached.

But within three months of that hopeful assessment, the U. S. equity markets began a series of three consecutive years of precipitous declines in share prices. Since March, 2000, the Fed Chairman’s world has been tumultuous, to say the least. Mr. Greenspan now hopes for re-appointment next Spring to another term as Chairman, perhaps with the objective of burnishing his legacy.

Should we think that Robert Mundell could be helpful to Chairman Greenspan in restoring a degree of luster to the Fed’s performance? Let’s examine the record.

Robert Mundell

Since 1974, Robert Mundell has been Professor of Economics at Columbia University in New York. Canadian-born, he studied at the University of British Columbia and the London School of Economics before receiving his Ph.D. from MIT. He taught at Stanford University and the Bologna (Italy) Center of the School of Advanced International Studies of the Johns Hopkins University before joining, in 1961, the staff of the International Monetary Fund. From 1966 to 1971 he was a Professor of Economics at the University of Chicago and Editor of the Journal of Political Economy; he was also summer Professor of International Economics at the Graduate Institute of International Studies in Geneva, Switzerland. In 1974 he moved to Columbia University.

Mundell and the Kennedy Tax Cut

In the Fall of 1961, when Mundell joined the Research Department of the IMF, he was asked to analyze the monetary-fiscal policy mix of the U. S. economy. The economy at the time was experiencing sluggish growth and higher than acceptable unemployment, plus a worsening deficit in the foreign trade current account. President Kennedy had pledged in his 1960
campaign to get the country moving again.

Economists had split into three camps. Keynesians pushed for easy money and higher government spending. The U.S. Chamber of Commerce argued for tighter money and a balanced budget. The Council of Economic Advisors used the Samuelson-Tobin “neo-classical” analysis and urged low interest rates with a budget surplus to sop up excess liquidity.

Mundell’s analytical paper (circulated among IMF staff in late 1961 and published in March, 1962) showed that none of the three approaches would work. Instead, he recommended cuts in marginal tax rates to spur growth and employment, with tighter monetary policy to improve the balance of payments problem. Before the end of 1962, President Kennedy announced a reversal of existing policies, adopting Mundell’s recommendations. The tax cuts were enacted into law in 1964, after President Kennedy’s death. The result was rapid economic growth, higher employment, and improved stability in the international balance of trade.

Closing The Gold Window

During that time the dollar was still tied to gold at $35 per ounce. Under the international monetary exchange arrangement signed at the Bretton Woods conference in 1944, the U.S. dollar was the only currency with a value tied directly to gold. Other currencies were valued in terms of the dollar. Thus, fixed exchange rates existed among the currencies.

In 1964, Mundell had participated in a prestigious study group on international monetary reform that examined the concept of flexible exchange rates among currencies. Flexible exchange rates would become necessary if the ties between the dollar’s value and gold were severed. In 1966, Mundell split with other leading economists in the study group by concluding that flexible exchange rates would be a step backward for the international monetary system.

In the late ‘60s and early ‘70s, gold became undervalued at that rate due to inflationary monetary actions by the Fed. The Fed was helping the Nixon administration to finance the costs of the Viet Nam war without raising taxes. U. S. citizens could not convert their dollars to gold, but European nations could do so by bringing their dollars received in international trade to the U.S. “gold window.”

By August, 1971, the gold outflow from the reserves of the U.S. became so worrisome that President Nixon’s economic advisors were strongly urging him to close the gold window. Mundell understood, however, that cutting the ties between the dollar and gold would make the international system of fixed exchange rates impossible. Each currency would be floating under the management of an independent central bank.

Arthur Laffer, then working in the Office of Management & Budget, and Assistant Secretary of the Treasury Paul Volcker argued against closing the gold window. But Treasury Secretary John Connolly and other economic advisors overruled them. In August, 1971, President Nixon signed an executive order closing the gold window, thus ending dollar convertibility for European nations under the Bretton Woods agreement.

When the dollar’s convertibility to gold was ended in 1971, the value of the dollar was effectively floated. The values of all currencies of the world were floated at the same time by the same act. This required a mechanism of flexible exchange rates among the currencies.

Supply-Side Economics in the ‘70s

By January, 1972, Mundell was predicting severe inflation for the dollar and great instability in the international monetary system. Indeed, Mundell forecast that the flexible exchange rates among floating currencies would prove to be so volatile and unsatisfactory by 1980 that a return to a gold-based system would be unavoidable.

Once again, Mundell’s forecast proved to be on the mark, at least in terms of the inflation and instability. The price of gold doubled by the end of 1971 and quadrupled by 1973. The prices of other commodities soon followed, including first and foremost the price of oil. Oil producers of the world accepted payment in dollars, but they mentally measured the value received in terms of the amount of gold per barrel. OPEC was formed, and the price of oil was raised from $3 to $12 per barrel.

When the gold window was closed in 1971, the Nixon administration had indicated an intent to return to dollar convertibility at $43 per ounce “when stability had returned” to the gold price, as his economic advisors assured him would occur. Instead, with gold at $140 per ounce, Nixon abandoned all ties between the dollar and gold in early 1973.

Another important contribution of Robert Mundell was his early recognition and announcement that the worldwide inflation unleashed in 1971 was historic because, for the first time in world history, such inflation would be coupled with progressive income tax systems in all of the developed economies. With virulent inflation and progressive tax rates operating in tandem, tax burdens would increase annually and automatically across the board without public debate or need for legislative action. The continuously increasing tax burdens placed on world economies in this manner had significant anti-growth effects throughout the ‘70s and into the
‘80s.


The Tutoring of Jude Wanniski

Mundell and Arthur Laffer had begun collaborating in the ‘60s while both were on the faculty at the University of Chicago. Jude Wanniski became acquainted with Laffer in 1970, and Laffer began tutoring Wanniski, introducing him to Mundell in May, 1974.

Wanniski had eventually returned to New York after completing his UCLA degrees, working first on newspapers in Anchorage, Los Angeles and Las Vegas, then as a political columnist for the Dow Jones weekly National Observer. In January 1972, he moved within the Dow Jones media empire to the Wall Street Journal, working as an editorial writer. Wanniski became the ardent student, first of Laffer in 1970, and then of Mundell himself. Mundell and Laffer were voices in the wilderness, educating Wanniski in their theories and forecasts in order to obtain public exposure for their views.

Keynesian Failures

During the five and a half years of the Nixon administration, literally every Keynesian economic remedy (both monetary and fiscal) that could be devised had been tried, including wage and price controls, without success. In May, 1974, Mundell forecast that unemployment would increase to 8% by January, 1975, unless an immediate tax cut of at least $10 billion was enacted. The necessary amount of the tax cut would increase with every month of delay.

By December, 1974, Mundell was recommending a tax cut of $30 billion. Yet, after Nixon’s resignation, President Gerald Ford (in Wanniski’s words) “followed the advice of all the big-time Nobel prize winners and other stars of the profession, liberal and conservative, asking Congress for a tax increase to reduce pressure on prices.”

The Enlistment of Kemp and Reagan

If Mundell and Laffer failed to convert President Ford, they found a devout disciple in Jack Kemp, at the time an obscure congressman from Buffalo, New York. By the time of the 1976 Republican Convention, Kemp had proposed tax cutting legislation called the “Jobs Creation Act” based on the Mundell and Laffer Curve principles.

The two major Republican presidential candidates, Gerald Ford and Ronald Reagan, were both still mired in economic strictures of Keynesian and monetarist advisors. Ronald Reagan needed a few more delegates to take the nomination from Ford in ‘76, and Kemp offered (through Wanniski) to help him get them if Reagan would endorse the Jobs Creation Act. John Sears, Reagan’s campaign manager was ready and willing, but Reagan’s economic advisor Martin Anderson adamantly insisted “no.”

Wanniski Authors The Way The World Works

Ford kept the nomination from Reagan in a squeaker, but Mundell’s economic views had gained a better foothold in the political arena. With that encouragement and responding to his own burning commitment to the power and importance of the economic understanding he had gained from Mundell and Laffer, Jude Wanniski set himself to the task of writing a book expounding what he had already named in 1976 “supply-side economics.”

Wanniski’s book is entitled THE WAY THE WORLD WORKS, and was first published in 1978. Irving Kristol of Columbia University, by consensus an important American intellectual of the 20th Century, called Wanniski’s book “The best economic primer since Adam Smith.” Arthur Laffer remarked “In all honesty, I believe it is the best book on economics ever written.” Now in its 4th Edition, THE WAY THE WORLD WORKS is described by columnist Robert Novak as one of two books he has read in his life that changed his world view. (The other book was WITNESS by Whitaker Chambers.) In the year 2000, the editors of NATIONAL REVIEW listed TWTWW as one of the 100 most important non-fiction books of the 20th century.

Carter’s Keynesian and Monetarist Failures

Jimmy Carter defeated Gerald Ford in 1976 and brought his own Keynesian, and then monetarist, economic advisors into authority. Economic “stag-flation” and “malaise” continued unabated and even worsened. The price of gold doubled again to $280 per ounce by 1979. Fed Chairman Volcker abided by the monetarists’ call for slow, steady growth in the money supply. But by February 1, 1980, gold climbed to $840 per ounce, government bond interest rates climbed above 10%, and the prime rate rose above 20%.

Ronald Reagan’s 1980 Election

Fortunately, Ronald Reagan read Wanniski’s TWTWW and found that supply-side economics fit very comfortably with his own education in classical economics. By 1980, Reagan and John Sears had their campaign ducks in a row, and Ronald Reagan signed on to Mundell’s economic advice centering upon major cuts in marginal income tax rates. You will recall that Reagan’s eventual vice president, George H. W. Bush, annointed Reagan’s economic proposals with the epithet “voodoo economics” during the Republican primary. No matter. Reagan swept to victory in the ’80 presidential election.

As an aside, Bush’s campaign manager in 1980 and later Reagan’s Secretary of the Treasury, James Baker III, published his opinion on the WSJournal editorial page, April 20, 2003, good-humoredly calling himself a “reformed drunk.” He is now a true believer in the 1981 marginal tax rate cuts that keyed the Reagan economic recovery, and calls the results of the 1981 tax cuts “nothing short of miraculous.

Monetarism’s Debacle

Unfortunately, not many of Reagan’s economics appointees understood or shared his enthusiasm for Mundell’s views. In fact, many Reagan appointees were monetarists loyal to the views of Milton Friedman. The monetarists retained effective influence over the operation of the Federal Reserve Board. Their control was short-lived, however, because their theory that monetary growth should be strictly governed by a pre-set percentage soon had to be abandoned. Wanniski terms this monetarist theory as akin to keeping your car’s accelerator depressed to the same degree regardless of whether you are going uphill, downhill, through curves or around a corner; the outcome can be disaster.

In 1981-82, the Fed followed monetarist advice to tighten monetary policy. The result was a severe deflation as the dollar rapidly gained value, characterized by a drop in the price of gold from $850 in 1980 to $290 per ounce in early 1982. The deflation put tremendous pressure on debtors, who were required to repay loans with dollars much more valuable than those they had borrowed. Business shriveled and bankruptcies burgeoned.

Wanniski and other supply-siders pleaded with Volcker to add liquidity to the money supply. Monetarists argued that if he did so, inflation would be re-ignited and the bond market would collapse.

Volcker finally added $3 billion of new liquidity in the Summer of ’82, and the bond market boomed. Volcker’s decision to add liquidity was taken to avoid the imminent collapse of the banking system due to Mexico’s narrowly avoided default on loan payments - not because the Fed suddenly decided to acknowledge the merit and dominance of Mundell’s supply-side economic views. In Wanniski’s words: “Monetarism … ended as a serious experiment in the Summer of 1982.”


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Charles W. Calomiris, "Runs on Banks and the Lessons of the Great Depression", Regulation, Volume 22, No 1, página 2, disponible en http://www.cato.org/pubs/regulation/regv22n1/deplesson.pdf

A New View of the Depression

it was the great depression and the unprecedented upheaval felt in the banking sector during the early 1930s that brought massive government protection to banks in the form of the Reconstruction Finance Corporation (which made loans to banks and invested in banks’ preferred stock issues) and the Federal Deposit Insurance Corporation (which insured some bank deposits). Friedman and Schwartz famously argued that unlike previous banking crises, the institutional response to the panics of the Great Depression was inadequate. The founding of the Fed, in their view, placed the burden of institutional response on the Fed rather than on private banks’ decisions to coinsure one another against withdrawals or to suspend convertibility.

According to Friedman and Schwartz, the Fed did not act as it should have to stem the protracted outflow of deposits from the banking system.The Fed’s failure to inject liquidity into the banking system made the panics of the Depression more severe than previous panics. That failure to deal with aggregate banking panics set the stage for new government intervention to solve the information externality problem of bank panics.But new research suggests that the standard interpretation of banking collapse and government intervention during the Depression needs fundamental revision in four respects. First, recent research suggests that the banking crises of the 1930s for the most part were not the result of depositor confusion and information externalities but rather resulted from observable bank weakness. Second, new research also suggests that withdrawals of bank deposits often targeted observably weak banks and operated as an effective means of depositor discipline. Third, the conventional view that private coalitions were unwilling or unable to act effectively to insulate solvent banks from the threat of unwarranted runs has also been qualified by evidence of successful collective action in the most famous case of an identifiable panic—the run on Chicago banks in June 1932. Fourth, studies of the political economy of the passage of deposit insurance suggest that its passage did not reflect a consensus in favor of deposit insurance on economic grounds. Federal deposit insurance was the result of congressional logrolling by its advocates, who saw in federal deposit insurance a means of protecting small risky banks at the expense of healthier large banks. Together these four sets of findings imply a dramatic rewriting of the record of banking instability during the 1930s and its policy implications.

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http://www.state.gov/r/pa/ho/time/id/17606.htm

Smoot-Hawley Tariff

The Smoot-Hawley Tariff was more a consequence of the onset of the Great Depression than an initial cause. But while the tariff might not have caused the Depression, it certainly did not make it any better. It provoked a storm of foreign retaliatory measures and came to stand as a symbol of the ‘beggar-thy-neighbor’ policies (policies designed to improve one’s own lot at the expense of that of others) of the 1930s. Such policies contributed to a drastic decline in international trade. For example, U.S. imports from Europe declined from a 1929 high of $1,334 million to just $390 million in 1932, while U.S. exports to Europe fell from $2,341 million in 1929 to $784 million in 1932. Overall, world trade declined by some 66% between 1929 and 1934. More generally, Smoot-Hawley did nothing to foster trust and cooperation among nations in either the political or economic realm during a perilous era in international relations.

The Smoot-Hawley tariff represents the high-water mark of U.S. protectionism in the twentieth century. Thereafter, beginning with the 1934 Reciprocal Trade Agreements Act, American commercial policy generally emphasized trade liberalization over protectionism. The United States generally assumed the mantle of champion of freer international trade, as evidenced by its support for the General Agreement on Tariffs and Trade (GATT), the North American Free Trade Agreement (NAFTA), and the World Trade Organization (WTO).

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http://www.polyconomics.com/searchbase/04-03-01.html

Memo on the Margin

April 3, 2001

Gold Is Innocent

Memo To: Washington Times Letters Editor
From: Jude Wanniski
Re: Gold and the Great Depression

I’m an old friend of Paul Craig Roberts and a great admirer of his column, but I have to disagree with his April 1 effort, which blames the Great Depression on the U.S. Federal Reserve Board. It is not unusual for modern commentators like Craig to take that position because Milton Friedman holds to that view, and any number of Keynesians and Austrians do as well. Robert Samuelson of Newsweek made the same argument in his column early last month.

The issue is of extreme importance because I believe it is absolutely necessary for the United States to return to a gold-linked dollar. Since Richard Nixon broke the gold link in 1971, the world has gone through a series of financial convulsions and energy crises -- the result of errors made by the Federal Reserve that would not have been made if we had been on a gold standard. The Asian crisis of 1997-98 was caused by the Fed’s deflation, I believe. The current energy crisis that bedevils much of the world, not only California, is another consequence of the Fed deflation.

In the course of researching and writing The Way the World Works in 1977, I discovered that the cause of the 1929 Wall Street Crash was the emerging Smoot-Hawley Tariff Act, a fiscal event, not a monetary event. That is, when the tariff wall went up between domestic and foreign producers, inventories accumulated on both sides of the wall and prices had to fall for those inventories to be liquidated. There would have been a short recession, but to recover lost revenues, President Herbert Hoover raised the top income tax rate to 63% from 25%. This made it far more difficult for producers to exchange goods over the domestic tax wall. President Franklin Roosevelt made the situation worse by raising the top rate to 91% and hiking the capital gains tax.

There could be no blame attributed to the Fed, as Craig and Samuelson do, because the Fed was created in 1913 to manage the gold standard. This meant the Fed had to supply dollar liquidity to the banks when the banks asked for it, as long it did not disturb the dollar gold price of $20.67 per ounce. It was the Fed’s job to maintain the value of the unit of account, the standard of measure of the paper dollar, by keeping it as good as gold.

There are assertions that the Fed should have acted as the lender of last resort, but in 20 years of looking, I can find no evidence that the Fed turned away any eligible commercial paper at its discount window. If Craig or anyone else can find such evidence and present it, we could then consider the possibility that the Fed contributed to the problem. But even if he can find what I cannot, the contribution had to be trivial when set against the enormous damage done by the tariff and tax hikes.

America’s commitment to keeping the dollar as good as gold in the Great Depression was the only reason we did not experience a far worse economic decline, a "Great Stagflation." This might have meant the victory of the Axis Powers in WWII. As it was, we were able to finance the great cost of WWII at 2% interest rates, as bond buyers were assured that when their bonds matured, they would get back hard, gold-equivalent dollars, not an inflated currency.

Economists who have been trained for more than a half century to attribute part or all of the Great Depression to the Federal Reserve and the gold standard need to re-examine that thesis in light of my thesis that the whole of the 1929 Crash and Depression can be explained by fiscal errors, the tariff and tax policies of Hoover and FDR. Once the role of gold can be rehabilitated, it can serve as a guide in the new international monetary system envisioned by Robert Mundell, the godfather of supply-side economics and the euro.

Sincerely,

Jude Wanniski

 

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Puesto al día: 11 de diciembre del 2007