Suplemento a ¿Cuánto dinero puede rendir un sistema privado de pensiones?, columna de ANFE en el Diario Extra del 4 de septiembre del 2006

John Berlau en un artículo publicado en 1997, se refiere a la seguridad social chilena: (ver http://findarticles.com/p/articles/mi_m1571/is_n45_v13/ai_20035438 )

 “Para un líder de la democracia en el mundo, los Estados Unidos de América están detrás de los tiempos en ésto [en la privatización de la seguridad social]" dice Adam Dubitsky, consultor político de Washington que es presidente de Fund for a New Generation (Fondo para una Nueva Generación), una organización de veintiañeros y treintañeros que lideran la lucha para la privatización de la seguridad social en el país. Su objetivo es reacondicionar un sistema que se espera se encuentre en la ruina antes de que ellos se retiren.

El primer lugar que tales reformadores están mirando es la república de Chile en Suramérica. En 1924, Chile se convirtió en la primera nación en las Américas en adoptar un sistema de la seguridad social del gobierno y funcionó sobre un sistema Pay-As-You-Go (pago "sobre la marcha") en donde los trabajadores de hoy  pagan las ventajas de los pensionados de hoy. En el 1981, el sistema se estaba resquebrajando. Los impuestos a las planillas promediaban más de 25 por ciento de los sueldos de los trabajadores, sin embargo el sistema continuaba drenando el presupuesto del gobierno. Dicho año, el gobierno chileno de Augusto Pinochet instituyó dramáticas reformas diseñadas por un grupo de economistas conocidos como los “Chicago Boys,” debido a  que muchos habían estudiado en la universidad de Chicago y fueron influenciados por los economistas pro libre-mercado en la facultad allí, incluyendo el laureado con el premio Nobel Milton Friedman.

 Bajo las reformas, los trabajadores podían optar salirse del sistema público de seguridad social si ponían por lo menos 10 por ciento de sus salarios en una cuenta privada de inversión exenta de impuestos similar a  los IRAs, o cuentas de jubilación individual, en los Estados Unidos. Se dieron bonos del gobierno, para depositar en sus cuentas,  a los trabajadores que habían participado en el viejo sistema. Según Peter Ferrara, el principal economista de Americans for Tax Reform (Estadounidenses pro Reforma Tributaria), más del 90 porciento de los trabajadores había elegido el nuevo sistema privado en el plazo de 18 meses. Para los nuevos trabajadores el viejo sistema fue suprimido totalmente, y ahora pueden optar por inversiones de retiro provistos por 21 compañías aprobadas por el gobierno. Ferrara precisa que aunque los trabajadores pagan en el nuevo sistema cerca de 40 por ciento menos que bajo el sistema vejo, las ventajas del nuevo sistema serán probablemente cerca de 50 por ciento mayores. Ya el trabajador chileno medio, que gana cerca de $5.400 por año, ha acumulado cerca de $21.000 en activos en una cuenta de jubilación privada. Por el contrario, mientras que la renta mediana de la familia en los Estados Unidos era $36.000 por año, los activos medianos de los hogares eran solamente una cantidad casi igual. Pronto, Ferrara dice, el trabajador chileno medio será más rico en ahorros personales que el trabajador estadounidense medio.

El sitio web de CATO Institute contiene une reproducción de un artículo de José Piñera,  publicado en el New York Times del 1ero de Diciembre del 2004, que se refiere al sistema de pensiones de Chile. Reproducimos algunas partes de dicho artículo. El texto completo se encuentra en  http://www.elcato.org/publicaciones/articulos/art-2004-12-03.html

 

3 de diciembre de 2004

El Modelo Chileno de Pensiones

por José Piñera

José Piñera fue el ministro del Trabajo y Previsión Social en Chile responsable de esta reforma, es co-presidente del Proyecto para la Privatización de la Seguridad Social del Cato Institute, y presidente del International Center for Pension Reform (www.pensionreform.org).

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El sistema de pensiones chileno estaba originalmente basado en exactamente los mismos principios que guían el sistema de EE.UU. Se originan en la Prusia del siglo 19, cuando Bismarck creó el sistema de reparto. Pero un sistema como ese no solo es rehén de las tendencias demográficas, también tiene una falla fatal: destruye el vínculo entre contribuciones individuales y beneficios, es decir, entre esfuerzo personal y recompensa.

La Ley de 1980 de Reforma al Seguro Social chileno permitió a los entonces trabajadores decidir no participar en el sistema estatal de pensiones, financiado por impuestos sobre los salarios, y en lugar de eso contribuir a una cuenta personal de retiro. Lo que determina los beneficios de jubilación de aquellos trabajadores es el monto de dinero acumulado en su cuenta personal durante sus años de trabajo. Ni los trabajadores ni los empleadores pagan un impuesto sobre los salarios. Estos trabajadores tampoco reciben una pensión del gobierno.

En lugar de eso, 10 por ciento de su salario antes de impuestos es depositado cada mes una cuenta de retiro personal. Los trabajadores pueden voluntariamente contribuir mensualmente hasta un 10 por ciento adicional de su salario antes de impuestos. Los montos invertidos crecen libre de impuestos y los trabajadores pagan impuestos sobre este dinero solamente cuando se hacen retiros para su jubilación.

Al retirarse, los trabajadores pueden escoger entre 3 opciones: adquirir una pensión vitalicia familiar, indexada a la inflación, en una compañía de seguros de vida; dejar sus fondos en su cuenta personal y hacer retiros mensuales, sujeto a límites basados en las expectativas de vida (si un trabajador muere, los fondos restantes forman parte de su herencia); o cualquier combinación de los dos anteriores. En cualquier caso, si el dinero excede el monto necesario para proveer mensualmente un beneficio equivalente al 70 por ciento del salario más reciente del trabajador, entonces el trabajador puede retirar todo el remanente. 

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Con este sistema, terminamos la ilusión que tanto el empleador como el trabajador pagan los impuestos sobre los salarios. Como bien saben los economistas, todas las contribuciones son pagadas, en última instancia, por los trabajadores debido a que el empleador toma en cuenta todos los costos laborales al adoptar sus decisiones de contratación y salario. Para proteger los salarios netos de los trabajadores, inicialmente recategorizamos las contribuciones del empleador como un sueldo bruto adicional. 

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Desde que el sistema se inició el 1 de mayo de 1981, el promedio real de retorno en las cuentas personales ha sido de 10 por ciento al año. Los fondos de pensiones han acumulado recursos equivalentes al 70 por ciento del PIB, ahorros que han ayudado a financiar el crecimiento económico y que han creado un mercado de capitales doméstico líquido de largo plazo. Al incrementar los ahorros y al mejorar el funcionamiento del mercado laboral y el de capitales, la reforma contribuyó a duplicar la tasa de crecimiento de la economía entre 1985 y 1997 (de un histórico 3 por ciento a un 7.2 por ciento anual) hasta la desaceleración causada por la errónea respuesta del gobierno a la crisis asiática.

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Cálculo del rendimiento de una inversión al 3% anual y al 10% anual  durante 40 años.

Según indica Stephen J. Entin en Tax Incidence, Tax Burden, and Tax Shifting: Who Really Pays the Tax? ( http://www.heritage.org/Research/Taxes/cda04-12.cfm ) , el rendimiento REAL del capital empresarial en los Estados Unidos de América, después de impuestos, ha oscilado en cerca del 3%.

Al decir real, se quiere decir que el rendimiento es después de inflación, en otras palabras, eliminando el efecto de la inflación. La inflación destruye continuamente el valor del colón, dando la ilusión de que se tiene mucho dinero: 100 colones de hoy no son ni 1 colón de hace 30 años, por eso aunque el capital en términos de colones puede crecer mucho, en términos reales, eliminando la inflación, el capital crece mucho menos de lo que se cree. 

Se calculó cuánto capital tendría un trabajador que invirtiera 600.000 colones al final de cada año, al cabo de 40 años. La inversión se haría al final de cada año, por ejemplo comprando acciones o bonos o algún instrumento similar. La inversión se hace una sola vez al final del año para simplificar los cálculos. Habría que estimar los intereses que ganan los 11 depósitos mensuales de 50.000 colones cada uno en una cuenta de efectivo, pero como el rendimiento REAL del efectivo suele ser muy bajo, se despreció dicha cantidad para simplificar los cálculos.

Si se invierten 600.000 colones anuales a una tasa de 10% anual, al cabo de 40 años el trabajador tendría 265.555.533 colones. Esos colones son colones DE HOY.

 

José Piñera señala que 10%  ha sido el rendimiento REAL de las pensiones chilenas al 2004. Pero dicho promedio -elevadísimo- de rendimiento probablemente sea imposible de mantener, puesto que cada vez hay más libre movimiento de capitales, cada vez hay más capital en el mundo -los chinos, por ejemplo, acumulan ahorro a una tasa asombrosa- y parece poco probable que en un país un grupo de inversiones pueda mantener esa altísima tasa de rendimiento. Más razonable es esperar un 3% REAL, que convertirián esos 600.000 mensuales, invertidos al final de cada año al 3%, en 45.240.756 colones al cabo de 40 años. De nuevo, se trata de colones DE HOY. 

Ya Adam Smith señaló la extraordinaria variablilidad del rendimiento del capital empresarial, por lo que estos datos son simplemente indicativos, y solamente dan una idea de cuánto es razonable esperar que genere el capital con el paso de los años.

 

 

  

 

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Puesto al día: 11 de diciembre del 2007