Comentario a la exposición del Sr. Mart Laar sobre el "flat tax"

Jorge Corrales Quesada 

Asesor de ANFE

San José, 18 de setiembre del 2006

 

 

Me complace enormemente el honor conferido de poder comentar la excelente exposición que el Sr. Mart Laar ha hecho en torno a la propuesta del llamado flat tax.

 Empiezo por mencionar una cita atribuida a Albert Einstein, quien dijo que “La cosa más difícil de entender en el mundo es el impuesto sobre la renta”.

 Me atrevo a pensar que la incomprensibilidad de Einstein no se refería exclusivamente al impuesto sobre la renta en los Estados Unidos, sino a cualquier forma de impuesto de la renta basado en la progresividad de sus tasas, por el hecho de que siempre tiene adosado un sinnúmero de excepciones, exoneraciones y preferencias, generalmente producto de la influencia de grupos de poder, en donde se termina por convertir a un gravamen supuestamente justo, en una fuente de enormes injusticias y privilegios, que causan un enorme daño moral a nuestros pueblos.

 El enorme mérito de la exposición que esta noche nos ha brindado el Sr. Laar, radica en que nos obliga a formularnos un pregunta trascendental: ¿Por qué los costarricenses debemos de valorar la posibilidad de sustituir nuestro actual impuesto sobre la renta por el llamado “flat and low tax”, que traduzco por un impuesto sobre la renta con una tasa baja y uniforme?

 Hay numerosas razones que justifican el que nos hagamos esa pregunta vital; razones que me propongo darles. Las dos primeras surgen directamente de la excelente exposición del Sr. Laar; las otras se derivan de la propia naturaleza de esta propuesta de gravamen, que hoy analizamos.

 La primera y muy poderosa razón es que en su exposición el Sr. Laar nos muestra que, en lo que se refiere a este impuesto, se ha avanzado de ser una simple exposición teórica, conceptual, académica, a una realidad práctica, en que ya se perciben sus consecuencias.

 Es así posible discernir con claridad cuáles han sido los efectos de esta política tributaria sobre una nación y, en este caso, hasta en la economía mundial, lo cual permite, a quienes valoran la perspectiva de introducirlo en sus países, ver qué resultados se pueden esperar de ello.

 Otra importante razón, derivada de la exposición del Sr. Laar, para hacernos aquella pregunta, es que, contrario a lo que algunos consideran iba a suceder con la recaudación tributaria, si se sustituye al actual impuesto sobre la renta por un flat tax, no se presenta una erosión de los impuestos, sino que, todo lo contrario, más bien se da un incremento en la recaudación derivada de la transformación del actual gravamen. 

 

 

Por su parte, en Costa Rica, de acuerdo con una estimación hecha en la Contraloría General de la República, en el año 2002 se presentó una evasión del impuesto sobre la renta de aproximadamente un 2.5% del PIB. 

 

 Eso ya lo había notado Platón- aquel notable observador de la naturaleza humana- desde hace mucho tiempo, al señalar que “Cuando existe un impuesto a la renta, para un mismo nivel de ingresos, el hombre justo pagará más y el injusto menos”.  En este caso, la posibilidad legal de fraccionar la renta, dada la progresividad del impuesto, es aprovechada lógicamente por el contribuyente, pero ello hace que quien no tenga la posibilidad de hacer tal fraccionamiento, perciba al gravamen como algo injusto.

 Así, en Costa Rica, supuestamente para acabar con esa práctica de fraccionar los ingresos, mediante la utilización de sociedades anónimas, se ha propuesta que se grave con $200 a las sociedades anónimas, como forma de resolver esa evitación del impuesto.  Pero ello equivale a tratar de sanar a un enfermo, atacando la calentura y no la infección.

 Para quien fracciona rentas elevadas, aún con ese pago, le seguirá siendo “rentable” dividir sus ingresos gravables, pues posiblemente esos $200 son una insignificancia, dada la molienda de impuestos que tal fraccionamiento permite. 

 Pero, y me recuerda a Hayek y su idea de las consecuencias no previstas, esa política de gravar las sociedades anónimas –monto que los proponentes no aceptan como un gasto legítimo, deducible para efectos del impuesto sobre la renta- posiblemente acabe con muchos negocios pequeños y medianos, que lícitamente utilizan a las sociedades anónimas como un instrumento legal y eficiente para realizar sus negocios.

 Un cuarto argumento fuerte para que, de una vez por todas, nos deshagamos de impuestos ineficientes como el actual sobre la renta, es que el “flat tax” elimina una serie de gastos –algunos muy elevados- en que hoy los contribuyentes se ven forzados que incurrir. 

Los costos de transacción que se presentan con el impuesto sobre la renta actual son de muy diversa índole.  Algunos calzan dentro del ámbito legal permitido, como contratar firmas de asesoría legal y tributaria, pagar a contadores y auditores, comprar papelería para llevar una prolija documentación, llevar libros de control, incurrir en gastos de litigios fiscales si se peca tributariamente hablando, etcétera y etcétera.

 Pero, también hay otros costos que no calzan dentro de lo deducible, como son aquellos incurridos para evitar riesgos de entrar en líos tributarios (esto es, el costo de la informalidad). 

 

 De lo que estoy hablando es que se malgastan recursos escasos y valiosos, que bien se podrían emplear en actividades productivas y todo ello por el prurito de promover una tal “progresividad”, que, al fin y al cabo, resulta a todas luces ser inconveniente e injusta.

 Es falsa la crítica que se hace de que un flat tax no toma en cuenta una progresividad que supuestamente desea la sociedad.

 Si suponemos que ello es así y que la forma de resolverla lo es con la existencia de tasas crecientes del impuesto conforme aumentan los ingresos y no por la forma en que se gastan los recursos, que es lo que verdaderamente importa, el flat tax es capaz, mediante la introducción de una adecuada deducción familiar, de convertirse en un instrumento que satisface los criterios lógicos de progresividad; esto es, que conforme aumenta el ingreso gravable, se pague una proporción cada vez mayor.

 No voy a expandir sobre este aspecto conceptual del impuesto, pero me refiero a ello porque son muchos los que equivocadamente arguyen en contra del flat tax, con base en falsos argumentos de equidad. Por el contrario, éste es un quinto argumento en favor del flat tax.

 Sexto, mediante la puesta en práctica de un flat tax mejoraría lo que, en mi opinión, es un creciente deterioro de nuestra educación tributaria.  Me parece que nuestro sistema tributario, cada en mayor grado, es percibido por la ciudadanía como algo injusto (en especial cuando la gente compara el pago del impuesto con la forma en que se gastan esos recursos). 

 

 Pocos días antes, en una comparecencia ante esa misma Asamblea, oportunamente el Ministro de Educación, don Leonardo Garnier, señaló la necesidad de mejorar la educación tributaria de la ciudadanía y allí señaló que esa educación tributaria pasaba porque “la gente se diera cuenta de que, cada vez que se exoneraba del pago de impuestos a algún  grupo –de privilegio, agrego yo- significaba que el resto de la ciudadanía tendría que cubrir esos impuestos”.  

 

 Todo este contenido de un flat tax creo que mejora la forma en que la gente percibe su régimen tributario: que lo considere como justo –subrayo, que no sea visto como injusto para unos costarricenses, mientras que a la vez constituye un privilegio para otros, usualmente unos pocos que hacen uso de la presión política para obtener prerrogativas tributarias.

 Esa percepción de injusticia debe terminarse de una vez por todas.

 Esta noche hemos visto como el país del Sr. Laar mejoró sustancialmente, cuando se sustituyó un sistema tributario inímico al crecimiento económico, por un flat tax que incentivaba la producción destinada en última instancia a satisfacer el consumo.

 Es factible, y éste constituye mi séptimo argumento, diseñar esquemas orientados a no gravar el ahorro y, por ende, la inversión.  No voy a expandir sobre el tema, pero si queremos que esta economía sea verdaderamente dinámica y que permita atraer el ahorro y la inversión del exterior, se debe tener los incentivos adecuados, que en este caso significa que posibilitemos la generación de una mayor riqueza, lo cual, en última instancia, se traduce en un crecimiento de las bases tributarias del país. 

 

 Como último argumento en favor del flat tax, deseo referirme a algo inmediato: hablo de un préstamo al Gobierno de Costa Rica por el Banco Centroamericano de Integración Económica, que nuestra Asamblea Legislativa está a punto de aprobar, aunque de momento está congelado.

 Es por un monto de US $55.6 millones y que requiere de una contrapartida nacional por US $21 millones.  Este préstamo se usará esencialmente para mejorar los sistemas de control tributario, a fin de disminuir la evasión. No puedo precisar de cuánto sería el ahorro, pero puedo asegurarles que, un mejor control para la evasión tributaria en el caso del impuesto a la renta, se logra con la aprobación del flat tax, simplemente porque se eliminan muchos de los incentivos para evitar el pago del impuesto.

 Los costos que suelen introducir los procedimientos para controlar la evasión tributaria que se basan en la coacción, deben compararse con los posiblemente menores costos que se daría con el flat tax, al eliminar el simple incentivo actual  de quebrar las rentas.

 Muchas gracias Sr. Laar por su exposición tan clara y sobre todo tan útil para darnos cuenta de que sí vale la pena pensar en la posibilidad de sustituir esquemas tributarios ineficientes, oscuros, y que terminan casi por convertirnos a todos nosotros en delincuentes tributarios, por un esquema alternativo basado en la simpleza y, por ende, en la transparencia. 

 

 

 

 

    

 

 

 

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Puesto al día: 11 de diciembre del 2007