Cómo la centralización gubernamental lleva a peores servicios, mayores gastos y corrupción: El caso de la educación pública en los EE.UU.

A principios del Siglo 20 algunas compañías llegaron a ser verdaderos gigantes. Por ejemplo  General Motors y Ford Motor, ambas fabricantes de automóviles, eran en ese entonces - y continúan siendo hoy- empresas gigantescas.

Desarrollar un nuevo automóvil puede representar un costo enorme. Frecuentemente el equipo que diseña un automóvil está formado por especialistas en varias disciplinas,  Química, Física, Ingeniería automotriz, Diseño, Mercadeo, por ejemplo. Usualmente deben fabricarse varios automóviles (prototipos) para hacer rigurosas pruebas, algunas de ellas, como las que estudian el comportamiento del vehículo en una colisión, implican la destrucción de dicho prototipo. El costo de desarrollar un automóvil puede llegar a ser muy elevado.

Si la empresa fabricante desea obtener ganancias con la fabricación del automóvil debe cobrar a sus clientes el costo del desarrollo. Si ese costo de desarrrollo fuera por ejemplo de $50 millones, si se construyeran solamente 50 vehículos, habría que cobrar $1.000.000 a cada comprador solamente para pagar el costo de desarrollo. Es evidente que tales sumas no pueden cobrarse. Pero si la empresa fabrica 50.000 vehículos, el costo  desarrollo por automóvil es la milésima parte, $1000 por vehículo, una suma más razonable para el comprador.

Es claro que cuántos más vehículos se fabriquen, menor es el costo de diseño por vehículo.

El uso de maquinaria sofisticada también puede llevar a reducir costos.  Por ejemplo en  Guanacaste existen hoy cosechadoras de azúcar que hacen el trabajo de 100 hombres. Resulta más barato pagar el costo de dicha máquina que las remuneraciones de 100 hombres. Lo mismo ocurre con cierta maquinaria que se usa en las fábricas de automóviles. En los casos anteriores un aumento del volumen de producción lleva a menores costos por unidad. Eso contribuye a que existan empresas grandes y empresas gigantes.

Por otra parte, una gran compañía puede conseguir mejores precios. Si Ford Motor compra  400.000 llantas, conseguirá un mejor precio que el que usted consigue cuando va a comprar las llantas de su automóvil.

Estos y varios otros factores pueden hacer que para ciertas empresas sea rentable ser  gigantescas.

Mc Donald´s es una gigantesca corporación que tiene restaurantes a lo largo y ancho del mundo. Una de las razones del éxito de Mc Donald´s es que el cliente sabe lo que va a encontrar en cualquier Mc Donald´s del mundo: Mc Donald´s se vanagloria, por ejemplo, de que el Big Mac tiene el mismo sabor en cualquier restaurante del mundo. Mc Donald´s tiene millones de clientes en todo el mundo porque cubre una necesidad, porque millones de personas cada día quieren comer una hamburguesa que conocen bien, una hamburguesa predecible.

Pero no es frecuente que alguien vaya a Mc Donald´s, por ejemplo, para una cena de aniversario de bodas. Para un aniversario de bodas generalmente se espera romper la rutina cotidiana, se busca algo que no sea tan predecible como Mc Donald´s. Por eso existen en el mundo millones de lugares en donde se puede comer, que no son restaurantes Mc Donald´s (en países como los EE.UU., a diferencia de Costa Rica, almorzar en Mc Donald´s es la rutina de millones de personas)

El pecado original del sector público.

Ford Motor, General Motors, Mc Donald´s y el azucarero guanacasteco que usa una cosechadora que hace el trabajo de 100 hombres, producen grandes volúmenes. Y la razón de que puedan tener esas grandes producciones es que existen millones de personas que  VOLUNTARIAMENTE compran los productos que fabrican: Esos clientes pagan VOLUNTARIAMENTE un precio que -generalmente- cubre el costo de fabricar esos productos.

Un azucarero guanacasteco que compra una cosechadora que hace el trabajo de 100 hombres, pero que sistemáticamente produce azúcar más caro que la competencia, no puede vender su producción y termina en la ruina. 

Ese es precisamente el drama que viven a diario quienes trabajan para el sector privado: En el momento en que una empresa deja de producir buenos productos a un precio competitivo, empieza a perder clientes. Sobran los ejemplos de empresas que eran colosos que acabaron en la quiebra. El empresario privado y el asalariado del sector privado viven con la angustia de que no tienen sus ventas aseguradas, de que no tienen sus puestos de trabajo asegurados. El empresario no sabe cuándo aparecerá un competidor con precios más bajos. El asalariado o el profesional que trabaja para el sector privado no sabe cuándo la  empresa para la que trabaja enfrentará problemas, no sabe cuándo llegará alguien que le quitará su puesto de trabajo.

En cambio los salarios, remuneraciones y gastos del sector público frecuentemente se pagan de una manera totalmente diferente: Se pagan mediante impuestos, mediante dinero que se quita, con la amenaza de la fuerza, a los contribuyentes. El gobierno frecuentemente solamente necesita un acuerdo de la clase política para aumentar impuestos y de esa manera puede obtener más dinero para gastar, aunque no siempre mayores impuestos llevan a mayores ingresos, por la misma razón por la que para un comerciante aumento los precios no significa necesariamente que tendrá mayores ingresos.

No todo lo que hace el sector público se paga mediante el uso de la fuerza. Por ejemplo los servicios que compramos a los bancos estatales los pagamos voluntariamente. Lo que compramos a algunos monopolios públicos como ICE o INS lo compramos en parte voluntariamente, por una parte compramos esos servicios porque los queremos comprar, pero por otra parte no nos permiten comprar a otras empresas que no sean el ICE o el INS. Pero sí hay gran cantidad de servicios que brinda el gobierno que simplemente recibimos, o reciben otros, sin poder escoger.

Es posible que al tener un gobierno centralizado, en el cual pocas personas manejan  enormes sumas de dinero y tienen un poder enorme, se obtengan economías importantes resultado de manejar grandes volúemenes, como en el caso de las grandes empresas de que se habló anteriormente.

Pero los problemas que acarrea el que unas cuantas personas manejen cantidades enormes de dinero que se quitan a los contribuyentes mediante el uso de la fuerza, además de los que genera el que los burócratas tomen decisiones por cuenta de las personas, como por ejemplo cuando deciden por los padres a qué escuela deben ir los niños, eclipsan,  por mucho, los beneficios de un gobierno grande.

Un empresario que no logra vender sus productos, puede tener interés en que el gobierno tenga dinero para que le compre esos productos que no logra que las personas le compren voluntariamente.  Si el empresario tiene buenas relaciones con la clase política, puede convencerlos de que hagan un proyecto con el cual logra vender su producto.

Un maestro puede preferir trabajar en el sector público para contar con un empleo seguro, en vez de trabajar, con el riesgo permanente de perder su empleo, en el sector privado. Un político que quiere tener el agradecimiento de quienes lo eligen, puede crear, para ganarse el agradecimiento de algunos votantes, empleos en el sector público cuyo costo nadie estaría dispuesto a pagar voluntariamente.

Un político puede lograr que se construya una carretera cuya construcción no es rentable, pero que beneficia a su comunidad o a sus amigos. Por las anteriores razones un gobierno centralizado es proclive a la corrupción. Un gobierno descentralizado, en que se gastan sumas menores, en dónde quiénes van a usar los servicios tienen poder de decisión, es menos propenso a la corrupción.

Gastar , generalmente, no solamente produce placer sino que además es fácil. Los ahorros logrados con gran dificultad a lo largo de la vida, la fortuna acumulada con el arduo trabajo de toda una vida, pueden dilapidarse en pocas horas e inclusive en minutos. Los gobiernos gastan el dinero de otros, trasladan el gusto del gasto a funcionarios públicos, cuánto más dinero, mayor es el gusto de gastar y mayor es el poder del funcionario público que decide en qué se gasta.

El sector privado constantemente nos dice que sus productos son los mejores, que si compramos lo que nos ofrecen encontraremos la felicidad y una vida mejor. El sector público hace exactamente lo mismo. Pero el problema fundamental es que el empresario del sector privado tiene que encontrar alguien que  VOLUNTARIAMENTE compre los productos que vende. En el sector público basta con convencer a las personas adecuadas, y se pueden lograr colosales proyectos de gasto, que no son rentables, que aportan poco o nada.

No son pocos los estudios que muestran que es conveniente, por ejemplo, que el gobierno contribuya con le educación primaria y secundaria, porque rara vez alguien, a excepción de los padres de los estudiantes, hace dicho gasto educativo. Desafortunadamente esto lleva a creer, de buena fe,  que casi cualquier proyecto que proponga un funcionario público, llevará beneficios enormes a la población. Cuánto mayor sea el dinero que maneje el gobierno central, más serán las personas que, llenas de buenas intenciones, de buena fe, logren proytectos de gasto que aportan un escaso beneficio que ni remotamente supera el costo de esos proyectos.

Cuánto más dinero maneja el gobierno, mayor es la tentación de la corrupción, mayor es la tentación de tratar de que el gobierno haga contratos en los cuales el gobierno paga a un ente privado mucho más de lo que pagarían las personas  voluntariamente: En arca llena hasta el justo peca.

El economista Milton Friedman nos dice en Free to Choose que generalmente los congresos aprueban gastos para proyectos que pueden -por ejemplo- ayudar a quiénes menos tienen. Pero que con el paso del tiempo, quienes manejan la cosa política, que usualmente no son quienes menos tienen, logran que esos enormes fondos se usen en otros proyectos. Por eso un gobierno es un ente insaciable.

Por otra parte, es posible que un sistema centralizado lleve a que las necesidades se cubran mal. ¿Puede un Ministro de Hacienda conocer las necesidades de un poblado alejado  tan bien como los habitantes de dicho poblado alejado? Difícilmente.

Todos estos factores hacen que los daños de tener un gobierno centralizado, superen abrumadoramente los beneficios.

El punto esencial es que un gobierno centralizado es un sistema de gobierno malo, en comparación con un gobierno descentralizado. Por ejemplo a principios del Siglo 20 se reproducía música con victrolas que daban un sonido muy, pero muy inferior al sonido de cualquier equipo de sonido de hoy en día.  La solución para obtener buen sonido hoy no es aumentar la cantidad de victrolas, no es comprar 10, 30 o 40 victrolas y ponerlas a funcionar al mismo tiempo. Con eso lo que se logra es un gran desperdicio de dinero y un sonido infernal, que puede ser inclusive dañino para la salud. La solución, para obtener un buen sonido, es usar un equipo de sonido moderno.

Lo mismo ocurre con el gobierno centralizado. Se supone que eligiremos al partido político que nos dé mejores resultados, y que eso garantiza la calidad del gasto público. Pero eso no es así, al igual que una victrola siempre dará un sonido muy inferior al de un equipo de sonido moderno, un gobierno absurdamente centralizado como el nuestro siempre cubrirá los servicios de manera muy inferior a la que lo haría un gobierno descentralizado. Elegimos cada 4 años al partido que suponemos va a lograr los resultados menos deplorables. Es el sistema lo que es malo, no se necesita más dinero, se necesita mejorar  el sistema. 

Para entender los daños que puede hacer la centralización gubernamental y la burocratización que usualmente la acompaña, tal vez lo más adecuado es conocer los resultados de un minucioso estudio sobre la decandencia de la educación pública en los Estados Unidos de América (EE.UU.) Este estudio fue llevado a cabo a final de los 1970s por Milton Friedman, economista estadounidense, una de las mentes más brillantes que ha tenido la Humanidad, en la opinión de quien esto escribe. Dicho estudio se encuentra en el conocido libro Free to Choose, estudio que además fue presentado como serie de televisión

Cómo la centralización en los Estados Unidos de América (EE.UU.) llevó  a un aumento de los costos  y a un  derrumbe de la calidad educativa.

Es difícil encontrar alguien que no esté de acuerdo con que la ayuda gubernamental para proveer educación primaria y secundaria es beneficiosa. Sin embargo, es interesante analizar la evolución de la educación pública en los EE.UU.

Al principio en los EE.UU. las escuelas eran privadas y la asistencia voluntaria. La primera ley que hacía obligatoria la asistencia a la escuela fue instaurada en Massachussets en 1852, pero hasta 1918 es que la asistencia fue obligatoria en todos los estados de la Unión Americana (EE.UU.). Aunque no se tienen cifras a mano, todo indica que los estadounidenses en esa época eran muchísimo más pobres que los costarricenses hoy. Y sin embargo prácticamente todos los niños asistían a la escuela.

 El control gubernamental de las escuelas fue local hasta bien entrado el siglo 20. La escuela de vecindario, controlada por un consejo local en que los padres de familia tenían gran peso, era la regla. Hasta que apareció un reformismo, particularmente en las grandes ciudades, impulsado por las grandes diferencias étnicas y sociales de los diferentes distritos escolares y por la creencia de que los educadores profesionales debían tener un papel más amplio. El movimiento adquirió más fuerza en los 1930s con el incremento generalizado del estatismo.

Los estadounidenses siempre han estado orgullosos del sistema escolar y de que la disponibilidad de escuelas haya permitido la asimilación de nuevos llegados a los EE.UU., evitando la fragmentación y la división, permitiendo a personas de diferentes orígenes  culturales y religiosos vivir en armonía.

Pero para el momento en que Friedman realizó el estudio (finales los 1970s), la situación se había degradado tanto, que en muchas escuelas  públicas  tanto estudiantes como maestros temían  por su propia seguridad al asistir a clases.

Para finales de los 1970s la calidad de la escuela es sobresaliente en los suburbios adinerados de las grandes metropólis, excelente o razonablemente satisfactoria en muchas pequeñas ciudades y áreas rurales, increíblemente mala en el interior de las ciudades (inner cities)

El poder fue trasladado a educadores profesionales . La enfermedad se agravó con la centralización y la burocratización de las escuelas, especialmente en las grandes ciudades.

En 1928 había menos estudiantes en universidades públicas que en privadas, para 1978 fondos del gobierno consistían en casi la mitad del gasto educativo público y privado.

En los remotos tiempos cercanos al nacimiento de la  República estaodounidense, no solamente las ciudades sino prácticamente todo pueblo y caserío,  tenía su escuela. En muchos estados y localidades, el mantenimiento de una "escuela local" era obligatorio por ley. Pero las escuelas se financiaban esencialmente con lo que pagaban los padres de familia. El gobierno local, del condado o del estado ayudaba con algún financiamiento, tanto para pagar las cuotas de los padres que no podían pagarlas y como complemento a las cuotas que pagaban los padres.

Los datos parecen indicar que prácticamente todo joven en edad escolar podía asistir a la escuela.

En los 1840s se desarrolló un sistema que reemplazara este sistema esencialmente privado por un sistema de escuela gratuita. En otras palabras, los padres empezaron a pagar las escuelas a través de impuestos que entregaban al gobierno y ya no directamente a la escuela de su escogencia.

 Según E.G. West, esta campaña no fue llevada a cabo por padres de familia insatisfechos, sino más bien por maestros y funcionarios públicos. El más famoso cruzado fue Horace Mann, el padre de la educación pública estadounidense.

Su principal argumento es que la educación era tan importante que el gobierno debería involucarse, que las escuelas debían ser laicas (secular) e incluir niños de todos los backgrounds sociales, étnicos y religiosos y que la escolaridad libre y universal llevaría a los niños a sobrellevar el handicap de la pobreza de sus padres. En sus reportes como secretario de educación de Massachussets, Mann proclamó repetidamente que la educación era una buena inversión y que aumentaba la producción.

 A pesar de que muchos argumentos decían ser en interés público, mucho del apoyo de los maestros y funcionarios públicos al movimiento fue por intereses personales: Esperaban tener más seguridad de empleo, más seguridad de que sus salarios fueran pagados, y mucho más control si el gobierno, en vez de los padres, era el patrono inmediato. En una escuela que es controlada por los padres, cuando un maestro hace mal su trabajo, los padres no solamente pueden increpar al maestro, sino que pueden llegar a removerlo de su trabajo. Si las escuelas son controladas por los padres, y si los padres pueden escoger a qué escuela enviar a sus hijos, los padres se comportan como un cliente de cualquier empresa y exigen buen servicio, y si no se los dan, envían a sus hijos a otra institución. Bajo algunos sistemas burocratizados, los padres no pueden escoger la escuela de sus hijos y muchos funcionarios públicos argumentan que la educación debe estar en manos de los profesionales y no de los padres, que ignoran lo que es mejor para sus hijos.

Ya para mediados del siglo 19, la mayoría de los niños asistían a escuelas públicas. Unos pocos continuaron asistiendo a escuelas privadas, esencialmente a escuelas operadas por la Iglesia Católica y por otras denominaciones religiosas.

Los EE.UU. no fueron los únicos responsables de la aparición de este movimiento que llevó a menos escuelas privadas y a más escuelas públicas. Alguien dijo que la aceptación gradual de que la educación debía ser la responsabilidad del gobierno fue la más influyente de las corrientes del siglo 19 que todavía eran influyentes en el siglo 20.

Es interesante señalar que esta tendencia se inició en Prusia en 1808 y en Francia bajo Napoleón más o menos en la misma época. Tanto en Inglaterra como en los EE.UU. la escolaridad era prácticamente universal antes de que el gobierno se hiciera cargo.

E.G. West ha argumentado creíblemente que presiones de maestros, funcionarios públicos e intelectuales bien intencionados fue lo que llevó al traslado de la eduación privada a la pública, y no las presiones de los padres. E.G. West llegó además a la conclusión de que al hacerse cargo el gobierno se redujo tanto la calidad de la enseñanza como la diversidad. 

El control estatal de la Educación y la Seguridad Social, es un elemento común en las filosofías autoritarias y socialistas. Las aristocráticas Francia y Prusia fueron las pioneras del control estatal de la educación. Intelectuales de inclinación socialista en los EE.UU., Gran Bretaña y Francia, y luego en la Francia Republicana fueron los principales promovedores del control estatal en sus países.

Inicialmente la mayoría de los estados de la Unión Americana (EE.UU.) dejaron el control en manos de la comunidad local, la ciudad, el pueblo o de una subdivisión de la gran ciudad. Un monitoreo cercano de las autoridades políticas por parte de los padres aseguraba que los deseos ampliamente compartidos de los padres fueran implementados.

Ya desde antes de la Gran Depresión (1929-1933) la situación había empezado a cambiar. Los distritos escolares fueron consolidados, los distritos educativos fueron agrandados y se dió cada vez más poder a educadores profesionales. Después de la Gran Depresión, el poder pasó de manos de la comunidad local a comunidades más grandes: La ciudad, el condado, el estado y recientemente al gobierno federal.

 En 1920 el 83% de los fondos de las escuelas eran fondos locales, fondos federales eran menos del 1%. Para 1940 fondos locales proveían únicamente el 68%. Hoy proveen menos de la mitad. El gobierno estatal provee la mayor parte del dinero: 16% en 1920, 30% en 1940, más de 40% hoy. El gobierno federal proveía menos del 2% en 1940 a cerca de 8% hoy.

El control de los padres se ha debilitado. Las escuelas hoy pretenden llevar a movilidad social, integración racial y otros objetivos distantemente relacionados con su tarea fundamental de educar.

El Dr Max Gammon, al estudiar el sistema estatal de salud de Gran Bretaña, llegó a la conclusión de que "un aumento en el gasto será acompañado por una caída en la producción. Que dichos sistemas estatales más bien actúan como "agujeros negros" en el universo económico, simultáneamente tragando más recursos y devolviendo menos servicios. Esto se aplica perfectamente al sistema escolar de los EE.UU.

En los 5 años que inician con en el año escolar 1971-72 y terminan en el año escolar 1976-1977, el personal profesional de las escuelas públicas aumentó 8%, y el costo por alumno 11% , después de ajustarlo a la inflación: El uso de recursos claramente aumentó .

Pero en ese período el número de estudiantes se redujo en 4%, el número de escuelas se redujo 4%. Y nadie va a cuestionar que la calidad disminuyó todavía más que la cantidad: El sistema claramente entregó menos.

En los suburbios ricos de las grandes ciudades, donde hay un importante control por parte de los padres, subsisten excelentes escuelas públicas. Pero en el interior de las grandes ciudades (inner cities) como New York, Chicago, Los Angeles, Boston, la calidad decayó abrumadoramente. Para colmo de males, quienes allí viven, usualmente no tienen recursos como para  pagar 2 veces las escuelas: una vez con impuestos y una segunda vez pagando una escuela privada.

El sistema de eduación pública, en vez de ayudar a disminuir las brechas sociales, las acentúa. Se obtiene exactamente lo contrario de lo que se pretende. Lo asombroso es que los gastos en las escuelas de los suburbios acomodados y en las de las inner cities son casi los mismos, pero en las inner cities mucho del gasto se va en preservar la disciplina, evitar el vandalismo y en corregir los efectos del vandalismo. En las escuelas públicas citadinas el ambiente se parece más al de una prisión que al de un centro de enseñanza. Los padres de los suburbios adinerados reciben mucho más por su dólar de impuestos que los padres de las ciudades.

Pero, si los padres controlan las escuelas, esa decadencia no ocurre.

La escuela de Saint John Chryostom en el Bronx, uno de los barrios más pobres de Nueva York, es reveladora. Sus fondos provienen en parte de una organización caritativa, el New York Inner City Scholarship Fund, de la Iglesia Católica y de cuotas de los alumnos.

Los jóvenes asisten a esa escuela porque sus padres así lo decidieron. Casi todos provienen de familias pobres, sin embargo sus padres pagan por lo menos parte de los costos. Los niños se portan bien, con deseos de aprender. Los maestros muestran dedicación. El ambiente es callado y tranquilo.

El costo por estudiante es bastante menor que el de las escuelas públicas, aún si se ajusta el costo de manera que que refleje que muchos maestros son monjas que no cobran dinero. En promedio los niños van dos grados más adelante que sus colegas de las escuelas públicas. Eso es porque los maestros y los padres tienen la libertad de escoger como deben ser enseñados los hijos. Fondos privados reemplazan fondos públicos.

Harlem Prep fue otras escuela fenomenalmente exitosa. Muchos de sus maestros no tenían un título que les permitiera enseñar. Pero eso no les impidió hacer un excelente trabajo. Muchos de sus estudiantes eran inadaptados y dropouts, pero encontraron en Harlem Prep el tipo de enseñanza que querían. La escuela fue fenomenalmente exitosa. Muchos de sus estudiantes fueron a la Universidad, inclusive a  grandes universidades.

Pero el final fue triste, después del período inicial de crisis, la escuela se quedó sin dinero. El Board of Education le ofreció a Ed Carpenter (el jefe de la  escuela y uno de sus fundadores) el dinero, siempre que se conformara a las regulaciones gubernamentales. Después de una larga lucha para preservar la independencia, "tiró la toalla". Las escuela cayó en manos de los burócratas. "Sentí que una escuela como Harlem Prep moriría, y no prosperaría, bajo la rígida burocracia de un Board of Education". No todo lo que ocurrió después fue malo, pero hubo más de malo que de bueno.  

Lo fundamental es dar más control a los padres de familia, el mismo control que los padres de altos ingresos tienen en los suburbios acomodados. Generalmente los padres tienen no solamente un mayor interés en lo que sus hijos aprenden sino que además tienen un conocimiento más íntimo y exacto de las capacidades de sus hijos. Los reformadores de la educación, insultan a los padres de niños pobres al pretender que ellos, los reformadores, saben mejor que los padres de los niños lo que es bueno para los niños, y que los padres son incapaces de saber lo que es bueno para sus propios hijos.  La historia de los EE.UU ha demostrado ampliamente que , si se les da la oportunidad, los padres hacen grandes sacrificios por sus hijos, y que hacen sabiamente esos sacrificios, llevando al bienestar de sus hijos. Sin duda algunos padres carecen de interés en la escolaridad de sus hijos o de la capacidad de actuar sabiamente, pero esa minoría es pequeñísima.

Sin embargo el argumento de los burócratas para mantener el "agujero negro económico" que cada vez traga más recursos y entrega peores resultados, es que los padres no saben escoger, que el trabajo debe dejarse en manos de profesionales. La degradación de la educación en los EE.UU. es tal, que Friedman indicaba recientemente en el Wall Street Journal, en un artículo llamado   Free to Choose al igual que la conocida serie de televisión, que la alfabetización (literacy, simple literacy and functional literacy) es hoy, en pleno Siglo 21, mucho menor en los EE.UU. de lo que era hace un siglo, a pesar del aumento continuo del gasto del gobierno en educación.

Un estudio reciente de CATO Institute, Federal Pay Outpaces Private Sector Pay (Las Paga en el gobierno federal [sector público] aventaja cada vez más la del sector privado), muestra claramente cómo en los EE.UU. las remuneraciones de los funcionarios públicos han aumentado mucho más rápidamente que las de los asalariados del sector privado: Mientras que para 1950 en promedio el funcionario público ganaba 19% más que el trabajador del sector privado, para el 2004 el funcionario pública ganaba en promedio casi el doble, 93% más. 

 

En el sector privado, en el que al funcionario productivo se le paga más, un aumento de salario frecuentemente representa un aumento de productividad. En el sector público frecuentemente ni siquiera se conoce la productividad del funcionario, simplemente se le paga con el dinero que se confisca al sector privado. Se podría argumentar que el importantísimo aumento de la paga del sector público se debe a un aumento de la productividad, pero ese argumento, a la vista de los hechos aquí mostrados, resulta muy difícil de creer. Resulta mucho más creíble que simplemente, dada la capacidad de cobrar impuestos que permiten los sistemas políticos, los gobiernos extraen cada vez más dinero. El estudio incluye en las  remuneraciones no solamente los salarios sin también otros beneficios como vacaciones, feriados, pensiones, etcétera.

La solución: Los bonos educativos 

Esta decadencia de la educación estadounidense se debe a que los padres no pueden escoger: Los padres frecuentemente no son clientes que escogen una escuela sino que envían a sus hijos a la escuela que les dicta el gobierno. Si la escuela es mala, los padres no pueden despedir a los maestros que hacen un mal trabajo, o enviar a sus hijos a otra escuela.

Por eso la solución es que el gobierno entregue dinero a los padres para que éstos escojan la escuela de su agrado, pública o privada. De esa manera las escuelas deben esmerarse por proveer una buena educación, la escuela que da mala enseñanza se queda sin alumnos. Se trata simplemente de permitir al comprador escoger lo que le conviene, en un ambiente de sana competencia, como durante milenios ha ocurrido con tantos productos y como ocurría en los primeros tiempos de la república estadounidense.

Sin embargo, como era de esperar, los sindicatos de maestros se han opuesto fuertemente a los bonos educativos, al punto que los programas de bonos educativos son muy pocos en los EE.UU. Pero, paradójicamente, fue Suecia, el país con mayor gasto del gobierno del mundo, quien instauró "bonos educactivos" en medio de una gran crisis a la que había llevado el insaciable "agujero negro económico" que es un gobierno centralizado.

El éxito de los bonos educativos en Suecia. 

El Frontier Centre for Public Policy, en School Vouchers in Sweden (bonos educativos en Suecia), nos ilustra sobre la instauración de un sistema limitado de bonos educativos (vouchers) en Suecia.

En medio de la grave crisis que vivía Suecia en 1992, crisis causada por un sector público cada vez mayor, se estableció   un sistema limitado de "bonos educativos" llamado "Libertad pare escoger y escuelas independientes" que inicialmente cubría solamente escuelas primarias y elementales, pero que 2 años después se extendió a la educación secundaria. Aparecieron inclusive escuelas privadas con fin de lucro, como el grupo Kunskapsskolan, que han introducido un plan de estudios único con el objeto de atraer estudiantes.

Una encuesta realizada por la confederación de empresas suecas, mostró que los estudiantes abrumadoramente preferían la nueva libertad para escoger. Los padres también están muy satisfechos puesto que gustan de la mejora académica que aportaron los bonos educativos. Un estudio del Ministerio de Hacienda sueco mostró que las escuelas municipales, sometidas a la competencia, mejoraron el uso de sus recursos y su calidad, gracias a la competencia con las escuelas que reciben bonos educativos.

Asombrosamente no solamente los padres y alumnos están más satisfechos, sino también los miembros de los dos sindicatos de maestros, según la encuesta mencionada, mayoritariamente favorecen el sistema de bonos educativos.

Suecia, el país industrializado de mayor gasto del gobierno en el mundo, paradójicamente ha sido líder en implementar los consejos de alguien que como Milton Friedman, ha expuesto los daños del gobierno grande: Dado el tamaño del gobierno sueco, tal vez no había otro camino a seguir.

 

 

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Puesto al día: 11 de diciembre del 2007