Columna Libertad


Cómo multiplicar peces y panes

Luis Di Mare - ANFE

Son tan obvios los beneficios de la industria y la agricultura que rara vez se cuestiona la utilidad de esas actividades. Sin embargo, los beneficios del comercio, una de las actividades que más fuentes de trabajo genera en el país, a veces no son tan obvios.

El comercio genera tantos empleos precisamente porque es muy útil. ¿Cómo serían nuestras vidas si nos viéramos obligados a comprarle directamente al productor artículos de consumo tan cotidiano como leche, frutas, granos básicos o prendas de vestir? Si imperara ese absurdo estado de cosas -por ejemplo, porque una ley le prohibiera al pequeño comerciante comprar al por mayor para vender un poco más caro, obteniendo una ganancia- los productores tendrían que tener enormes expendios para atender en sus fábricas y fincas a millones de consumidores costarricenses. Por ejemplo, el pescado, por la cercanía del mar, se produce esencialmente en las costas (aunque también existe producción tierra adentro) ¿Estaría usted dispuesto a hacer un viaje a Puntarenas o a otra costa cada vez que quiere un filete de corvina? ¿Cuántos pescados tendría que comprar para que valga la pena hacer el viaje a Puntarenas? Y si comprara muchos pescados, ¿cómo haría para guardarlos para que no se pudran? ¿O comería pescado hasta empacharse?

Por ejemplo probablemente parezca sencillo ir a Guanacaste a traer melones, pero tal vez producir melones parezca algo más complicado. Por eso a veces se piensa que el trabajo del comerciante es fácil o poco útil. Pero ese trabajo no es ni sencillo ni poco útil. Si una ama de casa está preparando un queque y se da cuenta de que no tiene harina, simplemente va a comprar la harina al mini super o pulpería más cercana en donde probablemente le cobren un poco más que en un gran supermercado más lejano. Pero, si ni siquiera el ama de casa sabía que iba a necesitar harina, ¿cómo podía el pequeño comerciante saber que esa ama de casa iba a llegar a su negocio necesitando harina? Y por eso el dueño de un supermercado se ve obligado a tener permanentemente un costoso inventario de productos -como harina- que sus clientes esperan encontrar al visitar su negocio, porque el cliente que no encuentra lo que busca se va disgustado a otro negocio. Y esos productos, pueden estropearse (si son perecederos), o pueden no venderse, o pueden ser robados por clientes deshonestos. Además, el comerciante debe tener el negocio abierto en el horario de apertura que le anuncia a sus clientes. Y dependiendo del negocio, puede tener otros costos como alquiler, planillas, CCSS, impuesto de ventas, patentes municipales, luz, agua, teléfono, etcétera.

El otro beneficio fundamental del comercio es que permite la multiplicación de peces y panes. Imagínese que el comercio es prohibido y un pescador y un panadero son vecinos. Para vivir cada uno necesita 3 panes y 3 peces por día. El pescador trabaja una hora al día para producir 3 peces y 4 horas para producir 3 panes. El panadero trabaja una hora para producir 3 panes y 4 horas para producir 3 peces. Ese absurdo estado de cosas se elimina permitiendo el comercio, que permite al pescador dedicarse 8 horas a pescar, produciendo 24 peces y al panadero dedicarse 8 horas a hacer pan, produciendo 24 panes. Los peces o panes que no consuman se los entregarán a un comerciante al que además le comprarán lo que no producen. Los demás productores de ese país, por las mismas razones, aumentarán su producción y tendrán con qué pagar los panes y peces que el panadero y el pescador no pueden consumir. Gracias al comercio se habrá logrado no solamente la multiplicación de peces y panes, sino la de casi todos los productos de esa sociedad y la generación de nuevos empleos en el comercio. Lo asombroso es que siendo tan obvios los beneficios del comercio, se insista en nuestro país en impedir el libre comercio con otros países.


Publicada originalmente en el "Diario Extra" de San José, Costa Rica