Columna Libertad
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El problema principal es el gasto, no el déficit Luis Di Mare - ANFE El funcionario público encargado de decidir cuánto y cómo se gasta enfrenta una crítica permanente, por lo difícil que es determinar las necesidades del contribuyente.¿Se ha dado cuenta de lo difícil que es saber qué necesitan los demás? ¿Se ha dado cuenta de cómo cambian caprichosamente gustos y necesidades?¿Conoce los complicados estudios de mercado que realiza el empresario privado antes de arriesgar su capital? El jerarca público, si quiere reducir la planilla, usualmente no puede decirle a un subalterno: “tenemos que prescindir de sus valiosos servicios, porque no hay compradores para lo que producimos”, como tan a menudo se hace en el sector privado, porque el gobierno central no se guía por ganancias y pérdidas y no cobra por la mayoría de los servicios -como salud, educación, justicia- que provee. Si hay escasez de un producto como papitas fritas o tomates no se acostumbra acusar al empresario privado de imprevisión, probablemente porque se sabe lo difícil que es estimar la demanda. Pero si falla la seguridad ciudadana o la salud pública y mueren personas, o se acaba la administración de justicia y la sociedad se convierte en un infierno, son legiones quienes critican al funcionario público que no supo prevenir. Por estas y otras razones no es de extrañar que ante el enorme faltante crónico de dinero (déficit) que enfrenta el Gobierno Central, la reacción del Poder Ejecutivo sea solicitar, mediante el Plan Fiscal, un enorme aumento de impuestos, en vez de dedicarse a la dificilísima tarea de disminuir sustancialmente el gasto. Aumentar los ingresos significa facilitar el aumento de gastos, por la razón obvia de que si hay más dinero se puede gastar más y, porque al tener el gobierno más dinero, se hace menos riesgoso prestarle y éste podrá pedir crédito a una tasa de interés más baja. En los últimos doce meses, en que el Gobierno Central tuvo un aumento de ingresos sustancialmente mayor que el aumento de la producción del país, los gastos que no son intereses aumentaron a un ritmo menor, cercano al aumento de la producción, así que el Poder Ejecutivo puede argumentar creíblemente que está decidido a usar el dinero de nuevos impuestos en disminuir el déficit. Pero tal vez una vez aprobados los impuestos se acabe esta relativa disciplina, pero, sobre todo, no sabemos qué puede ocurrir con otro Ministro de Hacienda o con otra administración. Nuestra experiencia hasta ahora es que es extremadamente difícil que un gobierno disminuya el gasto. Si el contribuyente no se opusiera, sería más digerible un aumento del gasto, pero, si las encuestas muestran una mayoría masiva de los contribuyentes en contra de un aumento de impuestos esto muestra que o bien los contribuyentes son irracionales y quieren gasto gratis, -pero no creo que eso suceda- o no quieren pagar más gasto público. Las tasa de interés aumenta con la demanda de préstamos y si el Gobierno Central demandara menos préstamos porque recibe más dinero en impuestos, podría ser que la tasa de interés baje, lo que beneficiaría a quienes tienen bonos del gobierno, porque los bonos aumentan de precio cuando disminuyen las tasas de interés (y pierden valor cuando aumentan las tasas). Lo esencial es que mucho del dinero que ahora el sector privado le PRESTA, VOLUNTARIA ,OCASIONALMENTE Y CON LA PROMESA DE QUE LE SERÁ DEVUELTO al gobierno, con los nuevos impuestos será confiscado MEDIANTE EL USO DE LA FUERZA, y esto representa una forma de financiación muy diferente, que puede tener un impacto muy complejo en nuestra economía. Aprovecho este artículo para enviar un saludo al señor Expresidente de la República don Miguel Ángel Rodríguez, quien también presidiera ANFE, por su elección como Secretario General de la OEA, lo cual nos llena de orgullo a los costarricenses. |
Publicada originalmente en el "Diario Extra" de San José, Costa Rica