Columna Libertad
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EL EXTRAORDINARIO SISTEMA FISCAL DE LOS SUIZOS Luis Di Mare - ANFE Suiza es “el país de la democracia directa”, en donde la ciudadanía puede aprobar o vetar –con excepciones- las leyes con el voto popular universal (referendo). Esto impide que se aprueben leyes que una mayoría considera dañinas. No es de extrañar que su sistema fiscal, fruto de 700 años de sabiduría democrática, brille al contrastarlo con el de otras democracias. A menudo oigo a los costarricenses quejarse de que nuestro gobierno central da “mucho de lo que pocos quieren y poco de lo que muchos quieren”. Y es que es muy difícil estimar la demanda de servicios públicos. Es normal que productores privados estimen mal la demanda de sus productos, produzcan más de la cuenta y que eso lleve a una caída de precios que a su vez lleve a esos productores a pérdidas o a la quiebra. Ni aun con esas consecuencias tan graves los productores logran sistemáticamente estimar bien la demanda. El jerarca público, que es tan humano como el productor privado, también se equivoca al estimar la demanda de servicios públicos pero, como usualmente no tiene precios, ni pérdidas, ni enfrenta la quiebra, los proyectos públicos de poca demanda continúan consumiendo recursos –como el valioso trabajo de los funcionarios públicos- mes tras mes, año tras año. Difícilmente, sin un cambio sustancial en las reglas que sigue el Gobierno Central para decidir el gasto, un aumento de impuestos como el que contempla el Plan Fiscal va a operar el milagro de que esos nuevos fondos se usen únicamente para proveer servicios públicos de gran demanda. El sistema fiscal suizo es mejor que el nuestro en satisfacer las demandas de la ciudadanía y en mejorar el consentimiento de los contribuyentes al pago de impuestos: El primer impuesto en Suiza es el municipal: Hay 2900 municipalidades, pequeñas entidades de tamaño similar al de nuestros distritos, y es usual que el presupuesto anual se someta a votación de todos los habitantes del municipio. Si hay proyectos especiales como un muro contra avalanchas o un polideportivo, los impuestos serán mayores, si no hay proyectos especiales, serán más bajos. Esto lleva al consentimiento de los contribuyentes por dos vías: Primero, si un contribuyente opina que la municipalidad le exige demasiados impuestos, no solamente tiene voz y voto en la asamblea anual, sino que con poco esfuerzo puede trasladarse a otra municipalidad con impuestos más bajos. Y segundo, el contribuyente ha estudiado y evaluado y tal vez hasta ha propuesto alguno de los proyectos de su municipalidad, y se siente directamente beneficiado por los mismos. Aproximadamente un 30% de los impuestos que pagan los suizos son impuestos municipales. Suiza es una federación de 26 cantones, cada uno de los cuales establece, con la ayuda del referendo, sus leyes y la tasa de sus impuestos, de nuevo, el contribuyente que no está a gusto con sus impuestos puede cambiar de cantón: Por ejemplo, en el cantón de Zug una pareja con 2 hijos y un solo ingreso anual de 100.000 francos suizos paga un impuesto sobre la renta de 1,1% a la federación, 4,4% al cantón, y un 1,8% a la municipalidad (asumiendo que vive en la municipalidad que cobra los impuestos más altos). En el cantón de Ginebra esos impuestos serían respectivamente de 1,1%, 8,6% y 2,4% . Por último, los impuestos federales se pagan al gobierno de la federación de cantones, y pueden someterse a referendo. Los impuestos cantonales representan cerca del 40% de todos los impuestos, y los federales cerca del 30%. El impuesto sobre la renta no es el único impuesto en Suiza, hay otros como el impuesto al valor agregado o a las ganancias de capital. La clave del éxito del sistema suizo es la descentralización y el consentimiento del contribuyente a través de votaciones a nivel municipal, cantonal y federal. |
Publicada originalmente en el "Diario Extra" de San José, Costa Rica