Columna Libertad


LA DEMOCRACIA ES UN FRENO A LAS MALAS LEGISLACIONES

Luis Di Mare - ANFE

Nuestra actual Asamblea Legislativa, a pocos días de haber iniciado su mandato, aprobó -por unanimidad- la reforma constitucional del referendo, que permite a los costarricenses, con un poco más de 110.000 firmas, convocar la aprobación de ciertas legislaciones por votación popular universal. Mientras que en la mayoría de las democracias el referendo puede ser convocado únicamente por los gobiernos, con lo que pierde su importancia trascendental como freno a los excesos gubernamentales, en muy pocas democracias, como Suiza, algunos estados de los EUA como California y en Costa Rica, la ciudadanía puede convocarlo. Brilló como nunca nuestra Asamblea al permitirnos convocar al referendo, pero opacó mucho ese brilllo cuando excluyó los temas fiscales, tributarios y presupuestarios. Pero este último punto no es el tema de este artículo, si no más bien los efectos de las malas legislaciones, que pueden causar daños enormes.

Si nuestra Asamblea Legislativa, con la buena intención de aumentar los salarios y remuneraciones, aprobara una legislación, imposible de cumplir, que prohibiera toda remuneración o salario menor a 20.000 colones por hora, estableciendo severas penas de cárcel para los infractores, y estableciendo penas todavía más severas para los funcionarios públicos que no aplicaran dicha legislación, varias cosas ocurrirían: Para ganar 20.000 colones por hora, hay que producir 20.000 colones por hora o más, y como pocos costarricenses son tan extraordinariamente productivos, inmediatamente una abrumadora mayoría de los trabajadores costarricenses se convertirían en “trabajadores ilegales” , otros dejarían de trabajar. En nuestro país probablemente los funcionarios públicos no insistirían en aplicar esta legislación, “cerrarían el ojo”, no por corrupción, sino por compasión, para no obligar a tantos costarricenses a quedarse sin trabajo. Pero, aunque eso ocurriera, todos esos “trabajadores ilegales” podrían ser chantajeados por cualquiera que insisitiera en que se aplicara la legislación.

Pero, ¿y si el gobierno de turno insistiera en aplicar dicha legislación?: En primer lugar, dicho gobierno tendría que armarse fuertemente, porque de otra manera sería derrocado por una rebelión popular. En segundo lugar, los funcionarios justos y buenos, cansados de tener que obligar a los “trabajadores ilegales” a dejar de trabajar y a exponerse a la cárcel por actuar compasivamente, simplemente se irían alejando de la función pública. En tercer lugar, habría mucho dinero que ganar extorsionando a esa enorme cantidad de “trabajadores ilegales”, amenazándolos con denunciarlos, y la función pública atraería a individuos sin escrúpulos que se enriquecerían mediante la intimidación y el chantaje, y a individuos sádicos que disfrutarían acorralando a tantos costarricenses indefensos. El gobierno costarricense se habría convertido en un ente corrupto y totalitario, y Costa Rica en un infierno. No es de extrañar que semejante régimen, que desde un inicio habría perdido el apoyo popular, insistiera en perpetuarse en el poder mediante la fuerza para preservar las enormes ganancias de su corruptos e inescrupulosos funcionarios.

Nuestra Asamblea Legislativa jamás hubiera aprobado semejante legislación, pero eso no implica que no haya aprobado malas legislaciones: La democracia directa, a mi juicio, es la mejor forma de evitar las malas leyes de los congresos.


Publicada originalmente en el "Diario Extra" de San José, Costa Rica