Columna Libertad


¿QUE EFECTOS TIENEN LOS IMPUESTOS?

Luis Di Mare - ANFE

¿Qué efectos tienen los impuestos? Mejor decirlo con un cuento. En tiempos remotos, en la Edad Media, había una pequeña nación estado formada por un pequeño pueblo en el cual vivía un agricultor que producía las mejores peras del mundo. Para comerciar se usaban monedas de oro y de plata, que no perdían su valor. Las peras que se enviaban a la lejana ciudad, a lomo de mula, por los trillos de la montaña, llegaban podridas. Por eso el agricultor vendía toda su cosecha en el pueblo: Si esta era buena, la pera era abundante y la vendía barata, si era mala y la pera escasa la vendía cara.

El señor feudal de ese pueblo-estado era un tirano. Saqueaba con impuestos exorbitantes a la población. Vivía pendiente de las jóvenes que llegaban a la pubertad, para secuestrar a las más bellas y unirlas a su harén personal. Castigaba con pena de muerte a quienes no pagaran los impuestos.

El pueblo lo soportaba, porque el señor feudal tenía las armas y el dinero para pagar a los soldados de esa minúscula nación estado. Un día el señor feudal decidió construir un templo pagano para realizar orgías, pero como no tenía dinero suficiente, pidió prestado a un banquero en la lejana ciudad, explicándole que obligaría al pueblo a pagar un nuevo impuesto sobre las ventas para financiar la obra. El banquero accedió. El gobierno del señor feudal empezó a gastar mucho más de lo que se recibía en impuestos: Se convirtió en un gobierno fuertemente deficitario. El precio de las peras aumentó violentamente: El ayudante del cultivador de peras se fue a construir el templo, lo que disminuyó la producción y aumentó el precio de la pera, y los nuevos impuestos aumentaron aun más dicho precio.

Cuando el señor feudal secuestró a Juana la Bella, Juan el Valiente, hombre muy apreciado y padre de la bellísima muchacha, organizó una rebelión popular. Por cada soldado del señor feudal que murió, perdieron la vida veinte hombres del pueblo, pero triunfó la rebelión, que se apoderó de las armas y el castillo del señor feudal. Con la caída del señor feudal se acabaron los impuestos, y los precios bajaron inmediatamente. El sembrador de peras recuperó a su ayudante, con lo que aumentó la producción y disminuyó todavía más el precio de dicha fruta. Se estabeció una nación estado democrática, en la que los impuestos y las leyes se promulgaban en una asamblea formada por todos los adultos reunidos en la plaza principal. Esta asamblea acordó paralizar la construcción del templo y algunos impuestos muy moderados.

Los ciudadanos reunidos en asamblea también acordaron construir un camino a la lejana ciudad y para eso instauraron un impuesto de 10% a las ventas. Constituyeron un estado con poder de cobrar impuestos y de esta manera solicitaron un préstamo a un banquero de la lejana ciudad. El banquero accedió. Durante la construcción del camino, el déficit del gobierno de esta pequeña nación estado democrática fue enorme, pero no preocupaba a los ciudadanos, porque estaban convencidos de que una vez que funcionara el camino iban a pagar el préstamo con creces. Y así ocurrió efectivamente: El nuevo camino permitió enviar las peras a la gran ciudad, y muchos dejaron sus actividades para dedicarse a sembrar las mejores peras del mundo, que en la lejana ciudad se vendían a muy buen precio. La ciudad logró pagar su préstamo y eliminar su déficit.

Con esto quiero enfatizar que el déficit del gobierno no tiene por qué ser inconveniente, lo que es inconveniente es que el gobierno emprenda proyectos que la población no quiere o que despilfarre recursos. El déficit a menudo se paga con inflación, “el más injusto de los impuestos”, pero eso es otro tema. Termino con una corrección: En mi anterior artículo, por error, escribí “los cobradores de impuestos eran simples verdugos”, pero quise decir “algunos cobradores”.


Publicada originalmente en el "Diario Extra" de San José, Costa Rica