Columna Libertad
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REFORMA FISCAL SÍ, PAQUETE DE IMPUESTOS NO Randall Arias S. Una Comisión de la Asamblea Legislativa conoce un proyecto que se dice procura sanear las maltrechas finanzas públicas del país. Es evidente que el déficit fiscal, o sea el exceso de gastos del Gobierno con respecto a sus ingresos, es el mayor problema que atenta contra la estabilidad y crecimiento de nuestra economía. El Gobierno de la República inició su gestión con un valioso compromiso de contención del gasto público, paralelo con la aprobación de la Ley de Contingencia Fiscal que rigió durante el año anterior, la cual le permitió una importante entrada de ingresos por medio de impuestos. Gracias a estas acciones, la situación fiscal y macroeconómica del país en general mostró indicadores aceptables durante el 2003. Sin embargo, el Gobierno argumenta que requiere de más ingresos, lo cual se logra por medio de más y nuevos impuestos. No obstante, lo que el país requiere es una verdadera reforma fiscal, que se concentre en el gasto público, y no un nuevo paquete de impuestos. No es simplemente aumentar los impuestos, porque se argumenta necesitar más dinero para hacerles frente a las deudas contraídas. En tal caso lo que se debería hacer para atacarlo, como ya fue recomendado hace varios años, es privatizar algunas empresas estatales, las cuales no tienen razón de estar en manos del Estado. ¿O es que acaso tiene algún sentido práctico, de conveniencia, ideológico, o de cualquier otro tipo la existencia de la Fábrica Nacional de Licores? Esto por citar solamente el caso más asombroso. Irónicamente, cuando el Gobierno insistía con vehemencia y alarmismo, al borde de la irresponsabilidad, en la crisis nacional que se podría producir si no se aprobaba el paquete de impuestos que se conoce en la Asamblea Legislativa, la Contraloría General de la República emitía un informe que demostraba que la evasión por el impuesto de ventas alcanzó un 46% durante el año 2002. Esto quiere decir que el Estado dejó de recaudar ciento dieciocho mil millones de colones, equivalentes a un 1,9% del Producto Interno Bruto (PIB) de nuestro país. Ese monto representa alrededor de la cuarta parte del paquete tributario impulsado por el Gobierno. Aunado a lo anterior, se encuentra el despilfarro de fondos públicos por medio de convenciones colectivas con privilegios desproporcionados para algunos pocos funcionarios públicos, las pensiones de privilegio para algunos grupos que nunca cotizaron para recibir los montos millonarios que reciben, o la duplicidad de puestos en la administración pública, todo lo cual crea una enorme presión en el gasto del Gobierno, y que son la verdadera causa del déficit fiscal que nos sigue condenando a tasas de crecimiento de la economía muy limitadas. Para agravar la situación, se discute bajo una enorme presión un monstruoso proyecto de reforma fiscal, que los mismos especialistas califican de casi imposible de entender en muchos aspectos, que regula un sinnúmero de elementos que ni siquiera tienen relación con el tema fiscal, y que por sobre todo es muy tímido en la contención del gasto público, y sí muy espléndido en el aumento y creación de nuevos tributos. Antes de solicitar más tributos se debe poner orden en casa, cobrando bien los que ya existen, evitando el despilfarro, recortando la planilla estatal principalmente de instituciones que hacen lo mismo si no es que hacen nada, poniendo a cotizar a la gente para lo que realmente va a recibir como pensión, privatizando empresas estatales que son ineficientes o no tienen razón alguna de ser. Después de hacer esto, sí será el momento de analizar, con detenimiento, si hacen falta nuevos impuestos. ¡Cuidado y al final de cuentas más bien sobran! |