Columna Libertad


¿POR QUÉ SE OPONEN AL LIBRE COMERCIO?

Randall Arias S.
Director Ejecutivo ANFE

En un artículo publicado el sábado 10 de Enero, Don Rolando Araya Monge escribe, a propósito de la negociación del TLC con los Estados Unidos, que: "Sin descartar las bondades inherentes al logro de regulaciones apropiadas, el bienestar de los países depende más de sus fortalezas propias que del libre comercio. Nada sustituye al trabajo y a la educación." O sea que si se trabaja mucho y se es muy fuerte a lo interno de un país, y además sus habitantes son muy educados, seremos un país de bienestar aunque se niegue la libertad, en este caso para comerciar.

Según este argumento, Cuba sería hoy un país muy próspero. La Unión Soviética aún existiría y sus habitantes vivirían en la opulencia. Lo cierto es que los cubanos viven miserablemente y la Unión Soviética colapsó precisamente porque no respetó la libertad de sus habitantes, y en consecuencia no alcanzó el bienestar predicado. Lo mismo sucedió con los países socialistas de Europa del Este.

Este argumento en contra de la libertad es típico de los modelos de desarrollo que han condenado a América Latina y muchos otros países del mundo a la pobreza. Parte de la premisa falsa, según lo demuestra con contundencia la realidad mundial, que un país puede ser autosuficiente, que no necesita del comercio con otros para lograr su prosperidad. Esta visión autista del desarrollo, denominada de forma populista de soberanía nacional, tiene como consecuencia necesaria la negación del libre comercio, al cual se condena de lo que no es culpable. La realidad mundial no miente: entre más libre es un país (lo cual incluye, lógicamente, al comercio), más próspero es. Basta solamente con estudiar el Índice Libertad Económica que prepara anualmente la Fundación Heritage y relacionarlo con el Desarrollo Humano de los países.

Por ello recomendamos la lectura del nuevo número de las Ediciones de ANFE preparada por el Dr. Rigoberto Stewart titulada "Comercio Internacional, Principios, Conceptos y Tratados". Este ensayo demuestra con inusual claridad las verdades del libre comercio en el ámbito internacional y desnuda los mitos que se han construido acerca del libre intercambio de bienes y servicios, especialmente por parte los políticos y los grupos de interés que se benefician del proteccionismo.

En este año en que arranca, desafortunadamente, la carrera electoral, tan temprana como innecesaria, la mayoría de los aspirantes a puestos públicos nacionales utilizarán, como lo han hecho por décadas, la plataforma de la lucha contra el libre comercio para ganar simpatizantes, utilizando la herramienta preferida del populismo: la apelación a los sentimientos del pueblo. Asimilarán libre comercio con el TLC con los Estados Unidos, el cual, en muchos aspectos, más bien niega el libre comercio y lo que hace es fortalecer los privilegios de unos pocos grandes grupos de interés y empresas nacionales, bajo el argumento de las debilidades e incapacidades nacionales para competir internacionalmente.

Libre comercio y un TLC no son lo mismo. Según el TLC que se negocie, promoverá o no el libre comercio. A veces más bien lo limita. Sin embargo, a los políticos de turno les conviene verlos como idénticos, sin reparar, como debiera ser, en un análisis serio y reflexivo acerca de sus defectos y virtudes. De nuevo, lo que les conviene es apelar al "sentimiento del pueblo", haciéndoles creer que defienden los intereses de la mayoría, especialmente los agricultores, cuando en la realidad lo que hacen es defender a los grupos económicos más poderosos, afectando en consecuencia a los sectores más necesitados. Nos hablarán de dignidad, de unidad nacional, de imperialismo y capitalismo salvaje. Sonará muy agradable a los oídos. Será lo mismo que han dicho por décadas y seguiremos teniendo el mismo nivel de vida de esas décadas: muy lejos del que gozan los países que han hecho exactamente lo contrario de lo que ellos predican. Por eso en el mundo se cree cada vez menos en la política, porque se sabe que finalmente lo que muchos políticos pretenden, escudados en lindas palabras y discursos emotivos, es seguir favoreciendo a sus amigos o a sus patrocinadores de campaña.

Si por la víspera se saca el día, la campaña electoral que se asoma tendrá como uno de sus temas centrales el ataque al libre comercio. Porque siguen predicando equivocadamente, por convicción o interés, que seguir protegiendo a unos pocos es beneficioso para la mayoría. Por ellos, seguimos siendo pobres.