Columna Libertad


RAZONES, NO PASIONES POR EL CAFTA

Randall Arias S.
Director Ejecutivo ANFE

El anuncio del Representante de Comercio del Gobierno de los Estados Unidos, de que la viabilidad de la aprobación del TLC por parte del legislativo de ese país dependerá de lograr algún tipo de apertura en telecomunicaciones, ha provocado diversas reacciones. Es claro, y nadie duda, que Costa Rica es un país libre y soberano, y que las decisiones las tomamos los costarricenses soberanamente. Pero es igualmente cierto que en una negociación cada parte tiene sus intereses, y procura su satisfacción, lo cual es legítimo. Al margen de la posición que se tenga acerca de la apertura de las telecomunicaciones, sobre la cual ni siquiera se ha permitido su discusión, lo importante es que la decisión que se vaya a tomar sea reflexionada y que verdaderamente refleje los intereses de la población. Lo peor que nos puede pasar como estado es tomar decisiones a la ligera, llenas de pasiones, irreflexivas, ideológicas, electoreras, nacionalistas o populistas. Hoy el país necesita razones y debate, en un contexto democrático, en lugar de arengas y discursos panfletarios. Ya se escuchan las voces de siempre, cuya única razón parece ser la amenaza de la fuerza, de la intimidación, del grito, en lugar del debate, el intercambio de razones y la discusión civilizada. La decisión que tome el país, y no unos cuantos bullangueros, determinará el futuro del país. Así de sencillo, ¿Por qué? ¡Muy simple! Porque más de la mitad de la riqueza de este país tiene su origen en el intercambio comercial con los Estados Unidos, por mucho, nuestro mayor socio comercial. Esto no significa desde ningún punto de vista que debamos ceder sin valorar las consecuencias. Lo que sí debemos hacer, como verdaderos patriotas, es reflexionar, meditar acerca de los beneficios y costos de la propuesta.

Lo primero que se debe pensar son las consecuencias de quedar por fuera de un Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica y Estados Unidos. ¿Cuánto se ganaría? ¿Cuánto se perdería? La apertura que se solicita, ¿nos perjudica o nos beneficia? ¿Qué implica verdaderamente la apertura? ¿Por qué? ¿Quién lo dice? ¿Cuáles son intereses? ¿Beneficia a la mayoría de la población o a una minoría?

Los grupos conservadores y los políticos de turno ya hacen sonar sus tambores de guerra en contra tan siquiera de la más mínima reflexión o diálogo. Por otro lado, los grupos demócratas proponen simplemente, como corresponde, discutir la propuesta. Este segundo estilo es el que ha construido la Costa Rica libre, pacífica y democrática que hoy disfrutamos. Los grupos radicales y violentos han sido la excepción y el pueblo no los ha apoyado. En el fondo, la solución es sencilla: realizar un amplio debate, respetuoso, democrático, inteligente, sin pasiones políticas, ideológicas o gremiales. Si realmente somos una democracia operante y no de fachada, debería ser la mayoría de la población la que tome la decisión. No unos pocos favorecidos de la situación actual. El futuro de Costa Rica está de por medio. Más de la mitad de nuestras exportaciones y de la inversión extranjera en el país, y alrededor de un 40% de los puestos de trabajo dependen del comercio con los Estados Unidos. Si se rechaza esta opción, ¿cuál sería entonces la alternativa?