Columna Libertad
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INTOLERANCIA Y VIOLENCIA Randall Arias S. La esencia de la democracia liberal a la que aspiramos en nuestro país es el ejercicio de la libertad en un marco de tolerancia y respeto por el pensamiento ajeno. El pluralismo es un requisito básico para que la democracia funcione adecuadamente, sin el temor de ser perseguido o amenazado por las ideas que se sigan. Costa Rica ha sido, a lo largo de su historia, un vivo ejemplo de respeto hacia el pensamiento ajeno. Sin embargo, últimamente hemos visto un serio deterioro en materia de tolerancia. Ya sea por motivos religiosos, políticos o de cualquier otra especie, notamos cómo se ha dado una radicalización en la defensa de las ideas propias, irrespetando este principio democrático. La agresión sufrida la semana anterior por parte de un sacerdote católico es una triste muestra de esta preocupante tendencia. Al margen de las motivaciones religiosas que puedan haber provocado tal hecho, lo cierto es que nada, salvo la legítima defensa o el estado de necesidad, justifica el uso de la violencia en una sociedad democrática. Este es un claro ejemplo de la directa relación entre intolerancia y violencia. El irrespeto a las ideas ajenas por ser diferentes a las propias es la antesala de la violencia, en este caso, física. La democracia requiere la libre expresión del pensamiento, así como su manifestación mediante actos que no perturben la tranquilidad ni la moral pública. En el ámbito político también encontramos manifestaciones de intolerancia que fácilmente se convierten en violencia hacia las personas. Por ejemplo, ante la sana decisión de los Diputados que conocen la reforma a las pensiones del Magisterio en el sentido de prorrogar el estudio de un proyecto que podría tener serios efectos en las finanzas públicas y en la vulneración del principio desigualdad, los gremios magisteriales vuelven a amenazar con lanzarse a las calles y violar el derecho no sólo de la niñez y la juventud de tener educación, sino también el derecho de los ciudadanos de transitar libremente por las calles y realizar sus actividades ordinarias. Igual recurso suelen utilizar los grupos organizados de la provincia de Limón, quienes recurrentemente amenazan con huelgas y bloqueos en las vías públicas, si no se satisfacen sus particulares intereses, que normalmente no reflejan los profundos problemas de esta zona del país. Nuestra sociedad debe volver a respetar la diferencia de opiniones. Debemos entender que la democracia significa pluralismo. Que tenemos el derecho de pensar de forma independiente y diferente, y que nadie nos puede obligar a pensar o actuar en determinado sentido, siempre y cuando no violemos con nuestras obras los derechos de otras personas. Debemos promover la tolerancia para tener una convivencia pacífica. Y esta labor debe efectuarla principalmente la familia y el sistema educativo. Sin embargo, las últimas noticias demuestran que nuestras familias se han debilitado en el ámbito de los valores y los principios, y el sistema educativo público pareciera que más bien enseña a nuestra niñez y juventud el irrespeto a la institucionalidad democrática. Debemos actuar rápidamente para detener este peligroso avance de la intolerancia. De lo contrario, continuarán aumentando los niveles de violencia que hoy desafortunadamente vivimos. Después, puede ser muy tarde. |