Columna Libertad


FIRMEZA CONTRA LOS CRIMINALES Y PREVENCIÓN

Randall Arias S.
Director Ejecutivo ANFE

Durante las últimas semanas hemos presenciado con dolor y enojo, actos criminales de personas indeseables, viles asesinos de niños y niñas inocentes, así como de sus esposas. No es posible tener otra actitud que no sea la de repudio absoluto y completa solidaridad con los familiares de estas víctimas. La indiferencia hacia estas situaciones, solamente nos puede llevar a una sociedad aún más violenta, más deshumanizada, en donde reine el irrespeto de los derechos fundamentales de las personas. Es evidente que deben haber urgentes reformas legales en las leyes penales de fondo y procesales, que permitan un efectivo y pronto castigo a estos criminales. Y esas sanciones deben ser firmes y ejemplarizantes. Por eso, apoyamos las iniciativas legislativas que vayan en ese sentido. No obstante, hoy más que nunca necesitamos una detenida reflexión acerca de las medidas que deben ser tomadas por el conjunto de la sociedad, no solamente por el Gobierno. Desafortunadamente, en estas difíciles situaciones, la ligereza, el populismo o la irreflexión pueden ser quizá más peligrosas. Debemos entender que las leyes, en muchos casos, no resuelven nada.

Se ocupan muchas y diversas acciones. Por ejemplo, en el ámbito represivo no hay duda de que es necesario:
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Mejor legislación con penas más graves para algunos delitos (por ejemplo sustracción de menores), así como normas procesales que garanticen un efectivo castigo a los criminales;

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Una adecuada ejecución de la pena, una vez que las personas han sido condenadas, que evite que fácilmente descuenten los años de cárcel en mucho menos del tiempo sancionado, y, por supuesto, que no se escapen del sistema penitenciario;

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Jueces que apliquen correctamente la ley, sin errores evidentes ni retrasos innecesarios;

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Un cuerpo de policía cada vez más profesional, bien equipado y conocedor de los derechos y garantías de las personas.

Sin embargo, es aún más importante y urgente la prevención. La represión estatal para la defensa de los derechos es desafortunadamente necesaria, pero si no va acompañada de una adecuada prevención institucional y social en general, lo que lograremos es tener leyes muy fuertes, muchos tribunales y más policías y cárceles, pero igualmente cada vez mayor cantidad de delitos. Por eso, en el ámbito de la prevención, se deben tomar, entre otras medidas, las siguientes:
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Fuerte formación en valores, tanto en el sistema educativo formal (escuela y colegio), como en el seno de las familias;

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Padres y madres responsables, cuidadosos, amorosos, y verdaderamente preocupados por sus hijos, que satisfagan sus necesidades no sólo materiales (proveedores), sino principalmente espirituales y sentimentales;

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Comunidades más solidarias y organizadas, no solamente para prevenir el delito, sino para fomentar sanas prácticas barriales de carácter deportivo, cultural, etc.

Debemos actuar rápida y firmemente contra la delincuencia que cada día es más violenta. La solución no es solamente aumentar las penas y crear más delitos. Esa es una parte de la solución, y quizá sea la menos importante. Debemos cuidar que no se confundan las medidas rápidas y firmes, con ligereza y populismo que violen derechos fundamentales. Hoy más que nunca se requiere de cordura y reflexión, especialmente en la Asamblea Legislativa, que es el lugar en donde se piensa está la solución al problema.

La verdadera solución, integral y humana, está en el conjunto de la sociedad. Se encuentra en el seno de nuestras propias familias. En nuestras relaciones de trabajo cotidianas. En las relaciones con nuestros vecinos. En nuestras carreteras. La violencia es un cáncer silencioso y mortal. Solamente con conciencia, inteligencia y valores podremos atacarla en sus raíces. Y la ley, por sí sola, no produce esas cualidades. Ayuda a promoverlas pero son, finalmente, algo interno al individuo. Ahí está el cambio más importante y urgente.