Columna Libertad


AÚN ES TIEMPO PARA RECTIFICAR

Randall Arias S.
Director Ejecutivo ANFE

Una reciente encuesta de opinión nacional demuestra, entre otras cosas, que la popularidad del Presidente Pacheco se mantiene alta, pero que la valoración de su gestión presidencial sigue cayendo fuertemente. Si bien esto permite muchas posibles interpretaciones, parece que la gente aún confía en él como persona, pero tiene serias reservas en cuanto a su capacidad para resolver los problemas nacionales.

Don Abel debería reflexionar con tranquilidad, acerca del tipo de país que merecemos los costarricenses. Y en este ejercicio, debería valorar dónde se encuentra el eje central del descontento popular hacia su gestión, así como recordar dos de sus ejes centrales de campaña: la lucha contra la corrupción y alcanzar un gobierno de unidad nacional. Aunque en ambos campos inició muy bien, posteriormente su tarea se ha ido desdibujando en un zigzageo en la mayoría de las veces impredecible.

El mayor activo con que inició el Presidente Pacheco su administración fue su altísima credibilidad. Recordemos que en tiempos difíciles la población necesita un personaje carismático en quien creer. Ahí estuvo la esencia de su triunfo electoral. Sin embargo, la credibilidad en política es muy deseable, pero muy difícil de conservar. Si bien los electores normalmente encuentran una figura en quien creer con relativa facilidad, con igual o mayor facilidad pierden la fe en ella.

Estamos en un momento difícil, no sólo en términos políticos, sino también económicos y sociales. Se requiere, con urgencia, firmeza en las decisiones. Y en este sentido el Presidente Pacheco no ha sido consecuente en algunas de sus decisiones, y con excesiva facilidad cambia de parecer con mucha prontitud.

Sin embargo, no solo la firmeza es deseada, sino además la visión estratégica que nos indique hacia donde debemos avanzar. Esa visión de futuro hoy es una incógnita en el país. Parece que seguimos el rumbo equivocado. Parece que caminamos hacia un Estado corporativizado, en donde se confunden unos grupos de presión, los sindicatos, con los gobernantes democráticamente electos en las urnas. Bajo el pretexto de la participación democrática, se están violando precisamente los principios de la democracia, especialmente el de representación popular. Y esto es precisamente lo que una cantidad importante de la población está percibiendo. Si bien es cierto un importante sector de la población aún cree en el viejo Estado de Bienestar que lo daba todo y todo lo regulaba, hoy muchas personas, especialmente jóvenes, tienen una visión moderna de la sociedad.

Han tomado conciencia de que la libertad es central en la vida cotidiana. Que la libre inciativa privada es el eje central del progreso humano. Que el Estado debe solamente cumplir unas esenciales funciones (justicia, obras públicas, seguridad, por ejemplo) y dejar que la empresa privada sea el motor de la economía. Hoy cada vez más jóvenes consideran fundamental la libre competencia, y se opone a la regulación de la acción humana, especialmente la económica. Quieren oportunidades de progreso, y aborrecen los privilegios y los beneficios inmerecidos.

El rumbo es claro, basta ver la experiencia mundial de los países libres, y comparar a los países más libres, especialmente en lo económico, con respecto a los que menos lo son, para ver cuáles tienen mayores niveles de bienestar. No obstante, un sector importante de fuertes dirigentes sindicales e inclusive empresariales, desean que nuestro país siga por el camino de los privilegios y el proteccionismo, con el propósito de perpetuar sus beneficios, evitando la libre competencia, y con ello el beneficio de los consumidores.

El camino, observando la realidad mundial, se ve muy claro. Sin embargo, hay grupos a lo interno del país que nos quieren cegar con su demagogia populista. El discurso socialista y nacionalista suena muy melodioso, pero ha sido una catástrofe en la historia de la humanidad. Señor Presidente, esperamos que rectifique el rumbo de su gobierno y lo enrumbe hacia el que produzca el mayor bienestar para todos los habitantes. Su popularidad aún se lo permite. No la desaproveche.