Columna Libertad
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POPULISMO, NACIONALISMO Y SOCIALISMO Randall Arias S. Hemos venido insistiendo durante las últimas semanas, a propósito de los movimientos de huelga, acerca de los peligros a que se encuentra sometida nuestra democracia. En estos movimientos huelguísticos se ha evidenciado una extraña mezcla de populismo con nacionalismo y socialismo. Populismo, ya que el argumento preferido de los grupos, especialmente radicales, es la apelación al pueblo. Esta falacia consiste en esconder las razones verdaderas, porque suelen ser muy pobres, en vagas apelaciones a los intereses del pueblo. Hacen creer a las personas que defienden intereses de todos, cuando defienden intereses particulares. Es decirle a la gente lo que quiere escuchar, aunque esa no sea la verdadera motivación de sus acciones. Por otra parte se encuentra un particular nacionalismo, que se esconde bajo el argumento de hacer las "cosas a la tica". Aunque nadie parece saber qué significa eso, sí es claro que incluye la protección de ciertos intereses "nacionales", especialmente de unos pocos trabajadores y empresas. El nacionalismo aunado al socialismo del estatismo burocrático, crean una particular combinación que encuentra en el TLC con los Estados Unidos de América el caldo de cultivo perfecto para ser aprovechado por el populismo. Llama la atención cómo las protestas del Magisterio pasaron, de un momento a otro, y como por arte de magia, de la totalmente justa y legítima reivindicación salarial, porque les habían violado un derecho fundamental, a la lucha por las pensiones y en contra del TLC con Estados Unidos! Para mi modesto entendimiento, esa es una combinación casi imposible de entender. Mientras los grupos sindicales del Magisterio se mantuvieron en absoluto silencio cuando el Gobierno pretendió cercenar el derecho a la educación al reducir los 200 días lectivos, y mantuvieron una posición encomiable de paciencia ante el reiterado retraso en el pago de los salarios, de repente, y con una extraña posterioridad a la huelga del ICE, se levantan también en huelga, ya no para exigir el pago puntual de sus salarios, sino para solicitar que se incumpliera la ley en materia de pensiones, creando un privilegio ilegal en beneficio de unos pocos. Peor aún, sus líderes sindicales, secundados por muchos de sus agreamiados, se expresaban en contra del TLC con Estados Unidos, sin dar razones válidas para ello. Se fraguaba así la desafortunada mezcla de nacionalismo, socialismo, con populismo, este último alimentado por grupos políticos interesados en mejorar su imagen electoral, así como por sus sueños de imponer un socialismo que se ha demostrado con miseria y violación de los derechos humanos, ha sido un absoluto fracaso en el mundo. Desconocen u olvidan por conveniencia, que los países más prósperos del mundo son los más libres, los que menores barreras al comercio imponen para beneficiar a sus consumidores, los que hacen valer la ley y la igualdad que ésta garantiza, los que respetan la propiedad privada, y los que utilizan la democracia representativa para tomar las decisiones generales. Siguen utilizando frases populistas sin fundamento como capitalismo salvaje, por ejemplo. Usan ejemplos acomodados a sus intereses particulares, o porque desconocen que en el mundo, las personas que mayor nivel de vida tienen son los que más libertad les garantiza el Estado. No hace falta una tercera, cuarta o quinta República como la del General Hugo Cháves en Venezuela. No hace falta polarizar nuestra sociedad entre buenos y malos, o lanzarse a las calles a violentar los derechos de las personas. Lo que hace falta es observar con detenimiento y sin pasión los ejemplos de los países más prósperos, para darnos cuenta que el camino que seguimos después de estos movimientos huelguísticos no es el que lleva al desarrollo económico y social. Que más bien, lejos de mejorar nuestro nivel de vida, empeorará el de las mayorías pobres. La realidad en nuestro país y en los países prósperos del mundo es muy distinta. Lo es porque ellos han seguido un camino distinto al del nacionalismo, el socialismo y el populismo. Si ese no es el camino, por qué lo estamos transitando? |