Columna Libertad


¿HACIA DONDE VA COSTA RICA?

Randall Arias S.
Director Ejecutivo ANFE

Las huelgas de las últimas semanas han provocado, por los oscuros intereses que las mueven, una profunda crisis política, con serias y negativas consecuencias económicas y sociales para el país. Como dijimos hace una semana, y hoy tristemente se reafirma, tenemos ahora una Costa Rica menos democrática, menos estable económicamente y menos justa, solidaria y libre. El renovado y poco democrático sindicalismo, encabezado por los sindicatos del ICE y la ANEP, y con la anuencia de un pequeño sector del Gobierno, así como de Diputados de la mayoría de las fracciones políticas representadas en la Asamblea Legislativa, lideradas por el PAC y su Presidente Otón Solís, han provocado una crisis democrática como no se había visto en Costa Rica hace varias décadas.

El Gobierno de la República ha cedido ante las injustas demandas de los sindicatos del ICE, amparadas por su Presidencia Ejecutiva. Nadie quiere "estrangular" al ICE, como malintencionadamente han querido hacer ver los dirigentes sindicales. Eso sería poco menos que un suicidio, si no una estupidez. Hay que ser realistas: el ICE es una institución básica en el esquema productivo del país, y pretender lo contrario por medio de una "asfixia" irreal es simplemente una invención carente de todo sentido. El ICE debe modernizarse y rendir cuentas claras para ser transparente con el uso de los enormes fondos públicos que administra. Además, y para evitar que arbitrariamente sus grupos sindicales, que en la práctica sí han privatizado el ICE pero que no quieren compartir esos beneficios con otros en un contexto de igualdad y libre concurrencia, debería tener una apertura para que otras empresas puedan ofrecer esos servicios, y que el consumidor, libremente pueda escoger al que le brinde la mayor calidad al menor costo. Si es tan eficiente, por qué no acepta esta competencia? No será acaso temor de perder jugosas prebendas, escondido por un demagógico discurso patriótico nacionalista basado en un socialismo ya superado por el mundo libre?

Volviendo al impacto en la democracia de los grupos sindicales, es desafortunado ver cómo ahora los sindicatos magisteriales se han aprovechado de una muy justa reivindicación salarial, para convertirla ahora en una lucha para que el Gobierno viole el marco legal y constitucional vigente, a propósito del Convenio 102 de la OIT. Ya no luchan por el pago de los salarios, que se logró en más del 99%, demasiado tarde y muy injustamente, sino por un privilegio de pensiones que ni desde el punto de vista jurídico ni de igualdad y justicia les corresponde. Y pretenden que el Gobierno viole el Estado de Derecho para complacer sus demandas, ahora compartidas por las Universidades Estatales. Ni qué decir de los sindicatos de JAPDEVA, a quienes no solamente hay que tolerarles los desproporcionados privilegios que les conceden sus convenciones colectivas, sino que además exigen por la fuerza que les sean satisfechas de forma extraordinaria.

Si nuestra situación estaba delicada antes, ahora está bastante peor. Ya el Gobierno cedió a los sindicatos del ICE, lo hizo con los de JAPDEVA, y ahora los del Magisterio pretenden, con singular oportunismo, iguales o mejores ventajas. Olvidan el principio de igualdad y de justicia social que tanto proclaman en sus demagógicos discursos, y finalmente solamente piensan en su bienestar particular. Habrán meditado, por un instante, en las consecuencias de sus exigencias para las personas de menos recursos? Tendrán conciencia, por ejemplo, del impacto que tendrá las concesiones del Gobierno al ICE en las tasas de interés y en la inflación, lo cual afecta principalmente a los más pobres?

Es imposible ser tan sólo un poco optimista ante un país en un estado como el que nos han impuesto. Pareciera que ahora la vía para satisfacer intereses particulares es lanzarse a las calles, sin importar el impacto en el servicio público que deben prestar a la población, y así doblarle el brazo al Gobierno. Lo peor de todo es que esta es apenas la punta del iceberg. Lo peor está aún por venir. El mensaje es claro: entre más gente se lance a las calles y se vocifere más fuerte, más privilegios se obtendrán.

Tristemente este no es el país democrático, justo y libre que la mayoría deseamos. Pero es el que hemos tolerado hoy.