Columna Libertad


SINDICATOS AMENAZAN NUESTRA DEMOCRACIA

Randall Arias S.
Director Ejecutivo ANFE

Las últimas semanas han puesto en evidencia un problema que se venía gestando desde el año 2000: los sindicatos del ICE, acuerpados por la ANEP y otros, pretenden socavar las bases de la democracia costarricense, y pretenden arrogarse, en las calles y por la fuerza, un poder que le pertenece al Gobierno de la República. En la calle no se puede razonar, ya que es una manifestación de fuerza, que se convierte en triste amenaza, como la efectuada por don Jorge Arguedas en contra de sus compañeros de trabajo del ICE, que sí quieren cumplir su derecho - deber de trabajar.

Es mentira que en el Gobierno se pretenda privatizar al ICE. Es una falsedad que pretende confundir a la población, por parte de los sindicatos, y que ha tenido eco en no pocos Diputados. Cuando no hay razones de por medio, lo más fácil es inventar fantasmas para asustar a las personas. El Presidente de la República ha demostrado fehacientemente el gran apoyo, no sólo financiero, que se le ha dado al ICE en los últimos años. Sin embargo, los sindicatos no escuchan razones, y ahora son movidos por intereses políticos, y esperamos que no desestabilizadores.

Lo único que se espera del ICE es que siga siendo una institución básica en el desarrollo de nuestro país, pero que no es la única ni la más importante. Causa pasmoso asombro escuchar a sindicalistas y políticos argumentando que el ICE es el centro del desarrollo nacional. Se les olvida que la esencia de este país está en la salud y en la educación. Olvidan u omiten por conveniencia o falta de solidaridad, que el seguro social y nuestro envidiable sistema educativo, a pesar de sus problemas, son la esencia de nuestro desarrollo humano actual. Y que a la par de ellos está nuestro sistema democrático, el cual debilitan cada vez que se unen en huelgas tan injustas como ésta. Qué acaso quieren estos sindicalistas que el Gobierno, que cuenta con limitados recursos, los destine prioritariamente al ICE, olvidando las muchas necesidades en materia de salud y educación, por citar sólo las dos verdaderamente más importantes? Es más importante satisfacer las siempre crecientes demandas sindicales ahora de orden político, amparadas por algunos grupos políticos, que mejorar los Ebais o los tratamientos de enfermedades que causan miles de muertes en el país, o fortalecer la infraestructura y la cantidad y calidad de los educadores en todo el país? Esto parece no importarles a los sindicatos del ICE y de la ANEP, así como a otros políticos afines, algunos de los cuales solamente buscan ganar caudal político - electoral, cuando no tratar de imponer regímenes contrarios a la libertad como los de la antigua Europa del Este o la Cuba del Dictador Castro.

No sólo es grave esa falta de solidaridad con la mayoría del país, sino también las intenciones de romper el orden democrático constitucional. Los Sindicatos, del tipo que sean, no fueron escogidos para gobernar, como pretenden hacer, y mucho menos por la fuerza y en las calles. En la democracia el pueblo elige a sus representantes de forma pacífica, libre y competitiva en las elecciones, según las propuestas nacionales que presenten los Partidos Políticos. Y esa decisión del pueblo debe ser respetada, nos guste o no. Pretender lo contrario, es atentar contra el orden democrático, y vulnera nuestro Estado de Derecho, eje central de la estabilidad de este país. Los sindicatos tienen todo el derecho de manifestarse y buscar reivindicar sus intereses particulares. Pero si quieren gobernar al país, deben convertirse en Partidos Políticos y someterse el escrutinio popular en elecciones democráticas. Ese es su papel y no el que hoy quieren asumir antidemocráticamente. No podemos permitir que estos pequeños grupos de presión interesados pretendan gobernar al país por la fuerza, y destruir no sólo nuestra democracia, sino también nuestro Estado solidario basado en la salud y la educación. Ese no es el país que queremos la gran mayoría del pueblo costarricense, que cree firmemente en la democracia y el Estado de Derecho, así como en la solidaridad y la justicia.