Columna Libertad


COSTOS SOCIALES DE LA HUELGA DEL ICE

Randall Arias S.
Director Ejecutivo ANFE

Finalmente el Banco Central accedió a la solicitud de las autoridades del ICE de hacer una colocación de bonos en el extranjero. Aunque el Presidente del Banco Central afirma, lo cual no debemos dudar, que no se debió a la presión ejercida por la injusta huelga de los trabajadores del ICE, es imposible imaginar que esa situación no haya tenido una importante influencia.

Además, aunque el Presidente del Banco Central señala que esa colocación no tendrá un impacto muy fuerte en nuestra frágil situación económica, siempre tendrá efectos negativos. Afectará el déficit fiscal, que será mayor de lo previsto para este año, y además a la política monetaria, particularmente a las tasas de interés, aunque aún no se sabe su magnitud. O sea, que todos hemos salido perdiendo de esta manifestación de fuerza de los sindicatos del ICE, con el apoyo solapado de sus autoridades.

Hemos perdido todos, excepto una pequeña minoría del ICE, ya que no sólo tendremos aumentos fuertes en las tarifas que ofrece la institución, sino que además nos veremos también afectados en los préstamos que pagamos todos quienes usamos crédito, ya sea para pagar la casa, el automóvil, o cualquier otra deuda. Si tenemos altas tasas de interés pasivas, ahora serán aún más elevadas, y la mayoría de quienes leen esta columna, tendrán que pagar más por sus préstamos cada mes, lo cual pudo haber sido utilizado para atender otra necesidad básica como alimentación o educación.

Hemos perdido porque se ha sobrepuesto el interés de una minoría por encima del de la gran mayoría. Lo que más asombro causa, es que la mitad de los costarricenses estaban de acuerdo con la huelga del ICE, muchos de ellos concientes del impacto de sus demandas y su consecuente impacto en la estabilidad macroeconómica. Inclusive, algunas personas piensan que la huelga era en contra de la privatización de la institución, cosa que no es, a todas luces, cierto, sino una triste maniobra sindicalista de manipulación popular. Nadie ha planteado en el Gobierno su privatización. El Presidente así lo ha insistido. Muchos sí pensamos que debe darse una apertura en telecomunicaciones y no en energía, que es solo una parte del ICE, y que no es igual a la privatización que unos pocos, con afán de confundir a la opinión pública, pretenden hacer ver.

No vamos a insistir en la necesidad de la apertura en telecomunicaciones, en la cual una gran cantidad de costarricenses estamos de acuerdo. No vamos tampoco a insistir en el peligro que para nuestra democracia representan los grupos sindicales del ICE después del año 2000, y que son capaces de imponer, por la fuerza y no por las razones, sus intereses particulares por encima de los de la mayoría. Tampoco insistiremos en el temor que tienen muchos políticos de enfrentar a estos sindicatos que no representan los intereses de la mayoría de los costarricenses, ya que no quieren ver disminuido su caudal electoral con una protesta sindical.

Baste decir solamente que hoy nuestro país no sólo está en una delicada situación económica, agravada por los desmanes de los sindicatos del ICE, sino que además está tomada políticamente por la fuerza que se imponga en las calles. Hoy nuestra democracia está debilitada, y no sólo nuestra situación económica, en especial de las personas que menos tienen y ahora deberán pagar más no sólo por los servicios del ICE, sino además, al menos, por los préstamos que tengan. Hoy nuestro país se encuentra a merced de los sindicatos del ICE, cuyos dirigentes no sólo amenazan a los trabajadores que quieren trabajar y cumplir con su deber, sino que además amenazan también con seguir con sus demandas siempre insatisfechas y particulares. Parece que los costarricenses hubiéramos elegido a los sindicatos del ICE para gobernar por la fuerza y en las calles. Sin embargo, y aunque nadie lo hizo, en la realidad imponen sus intereses por encima de los de nosotros, sin pensar en el impacto que tiene especialmente para las personas de escasos recursos. Hoy somos un país menos estable económicamente, menos democrático y menos justo.