Columna Libertad


DEMOCRACIA Y DECISIONES: TLC CON ESTADOS UNIDOS

Randall Arias S.
Director Ejecutivo ANFE

Cada vez más los estudiosos de la política hacen depender la calidad de una democracia del debate público. Se piensa que, una vez que se tienen reglas claras y objetivas para toda la población, que eviten la desigualdad y la discriminación, la acción gubernamental debe priorizar el debate político plural y respetuoso, en el cual todos los miembros de la sociedad puedan ejercer libremente su opinión. La otra parte, se refiere al funcionamiento de las instituciones públicas, las cuales, con base en el respeto a ese marco jurídico, realicen su labor de acuerdo a los intereses de la mayoría de la población. En las democracias modernas, las personas han hecho énfasis en los últimos años en los resultados o rendimiento de los Gobiernos, según le afecten o beneficien las políticas adoptadas.

Sin embargo, recientemente se tiende a dar más importancia al marco legal que orienta la acción pública, así como a la participación en el debate público para influir en la toma de decisiones. Una cantidad importante de la población desea ser escuchada y considerada en ciertas decisiones públicas. A otra parte, que me parece demasiado amplia, no le interesa expresar su opinión, ya que lo que pasa más allá de su entorno inmediato, no le parece importante o que vaya a afectar su vida.

Por eso es preocupante cuando existen grupos de interés que basan sus peticiones particulares en frases "como el interés del pueblo", "el bien de la patria ", o el "sentir nacional". La democracia liberal es modesta, y reconoce con humildad que las personas son diferentes y complejas, y no pretende saber lo que todos piensan con exactitud. Simplemente crea reglas justas para regular los intereses individuales, a través de las cuales se tomen decisiones legítimas, ojalá con la mayor participación popular.

En una República democrática las decisiones no pueden ser tomadas por "todos". Eso es simplemente imposible. Ni siquiera por la mayoría. Lo que hace esta mayoría es elegir, periódicamente, a sus representantes para que decidan por ellos, ojalá de acuerdo a sus intereses. Por eso, es al Poder Ejecutivo y al Poder Legislativo a quienes corresponde tomar esas decisiones. Es una labor indelegable, mucho menos en un pequeño grupo, por más fuerte que sea su influencia. Así funciona la democracia, y aún no se ha inventado nada mejor. Lo contrario sería la anarquía o el totalitarismo.

Por todo ello, es muy sano para nuestra democracia el debate creciente que se está generando en torno al Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica y los Estados Unidos de América. A pesar de haber firmado nuestro país diferentes Tratados de este tipo, no es sino hasta ahora que se produce una discusión tan amplia. Y no es casualidad que sea un Tratado con los Estados Unidos. Ahí brotan de nuevo los falsos nacionalismos y las nostalgias ideológicas, los cuales lejos de contribuir al debate, más bien lo emprobrecen y se convierte en caldo de cultivo para la manipulación interesada.

Por eso llama la atención una encuesta dada a conocer la semana anterior, la cual señalaba que disminuyó un poco el apoyo al TLC con Estados Unidos. Esto no es malo. Lo verdaderamente malo para la democracia y el debate inteligente deseado, es que más de la mitad de los entrevistados reconoció que tiene poco o ninguna información al respecto. O sea, que existe una parte de personas que se oponen al Tratado sin tener información, sin saber por qué. Una situación similar sucedió con las protestas anticombo.

Si bien sería utópico esperar que toda la población sepa de todos los asuntos públicos, al menos es de esperar que en temas tan importantes como éste se interese la mayoría, pero que principalmente se informe y valore todos los puntos de vista. Que reflexione acerca de las ventajas y desventajas, sin frases carentes de contenido o arengas amenazadoras. Lo peor que le puede suceder a una democracia, es que ante decisiones delicadas, los únicos argumentos sean trasnochados nacionalismos o demagogas consignas ideológicas, acompañadas de amenazas de rompimiento del orden constitucional.

ANFE desea propiciar, sin dogmatismos ni amenazas, bajo un marco de libertad de expresión y respeto del pensamiento ajeno, un amplio debate nacional sobre este y otros temas de vital importancia para el futuro del país. Eso sí, con el propósito de beneficiar la mayoría de la población, y no defender solamente a unos pocos.