Columna Libertad


MUNDO CONVULSO

Randall Arias S.
Director Ejecutivo ANFE

Los últimos años han sido particularmente difíciles para la economía mundial. Desde los detestables atentados a las Torres Gemelas en Nueva York por parte del grupo terrorista internacional Al Qaeda, hemos estado al borde de una recesión económica, de la cual aún no se sale. Y en un mundo globalizado como el actual, ningún país escapa a sus efectos, por lo que Costa Rica no es la excepción. A este complicado panorama, se suma en Latinoamérica la protesta permanente de gran parte del pueblo venezolano en contra de su desafortunado Presidente Hugo Cháves, lo cual no sólo es preocupante para los amantes de la libertad y de la democracia, sino además por su impacto en la economía mundial en la oferta de petróleo y su incidencia en los precios.

Ahora, aunado a esa complicada situación, se suma la insistencia de los Estados Unidos, apoyado por Inglaterra, y últimamente por algunos países europeos, de atacar a Irak por incumplir con las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Aunque muy pocos demócratas podrían simpatizar con personajes tan funestos como Saddam Hussein o Hugo Cháves, por ejemplo, se debe valorar las consecuencias del uso de la fuerza o de medios no democráticos para sacarlos del poder.

En el caso de Irak, luego de largas inspecciones de Naciones Unidas, un severo control de los Estados Unidos y Gran Bretaña, aún no existen pruebas contundentes que demuestren fehacientemente que posea armas de destrucción masiva que lo conviertan en un peligro tal para la seguridad mundial que amerite una intervención armada inmediata y urgente. Por ello no se ha logrado el consenso necesario en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, y países como Francia y Alemania se oponen al uso de la fuerza, principalmente de forma unilateral.

No se puede negar que Saddam Hussein es un peligro latente. Y que los terroristas desalmados de Al Qaeda deben ser severamente castigados por sus crímenes contra la humanidad. Pero al igual que Irak existen varios otros casos similares en Asia y Africa. Sin embargo, eso no es motivo suficiente que justifique el uso de la fuerza de forma unilateral. Deben seguirse, en estos casos, y si los cambios no provienen desde adentro, los caminos que establece el Derecho Internacional, liderados por las Naciones Unidas. Ya lo ha dicho al respecto su Secretario General, "la guerra no es inevitable".

Esto no significa ser indiferente ante un dictador que ha burlado los principios que inspiran la convivencia internacional. Debe ser vigilado fuertemente y controlado para que no realice actos que atenten contra el orden mundial. Además, sobra decir que sería deseable tener personas en el poder respetuosas de los derechos humanos. Sin embargo, la comunidad internacional ha creado mecanismos, si no perfectos, al menos adecuados, para enfrentar estas situaciones. Estamos a la par de los Estados Unidos en su lucha contra el terrorismo internacional y el mantenimiento de la paz mundial. Y creemos que esto se puede lograr con base en el consenso a través de las Naciones Unidas.

Hoy más que nunca el mundo requiere un gran consenso mundial, aunque difícil de lograr, para luchar consistentemente en contra de los flagelos más grandes de la humanidad como son la pobreza, la ignorancia, la discriminación, el proteccionismo, entre otros. Esto sólo será posible si la acción humana es guiada por valores como la paz y la justicia, en un orden social basado en la libertad individual por medio de un régimen democrático. En el plano mundial, el multilateralismo, el consenso entre las naciones debe ser igualmente el norte a seguir. Hoy más que nunca el mundo necesita una gran cruzada por la libertad y la democracia, que permita no sólo sociedades justas sino también prósperas.