Columna Libertad


PREPOTENCIA SINDICAL

Armando Guardia
Presidente ANFE

Si hay un grupo prepotente, arrogante y abusivo en Costa Rica, es el que constituyen las camarillas sindicales, mangoneadas por cabecillas vitalicios en sus cargos.

No solo se creen dueños de las calles de las ciudades y de las carreteras nacionales, sino también de todo el país, con sus instituciones y su estructura legal, social, y política.

Las camarillas sindícales, bien pagadas y vagabundas a más no poder, se arrogan el derecho de representar a los trabajadores costarricenses, cuando en sus organizaciones no están agremiados ni el uno por ciento del uno por ciento de las personas que laboran en Costa Rica, tanto en el sector privado como en el público.

Un ejemplo claro es el de la Asociación Nacional de Empleados Públicos y Privados (ANEP), integrada por cuatro gatos.

En los movimientos sindicales muchos se incorporan a la fuerza, por presión de los cabezas calientes y calenturientos rojillos que los obligan a llenar las boletas de inscripción. De lo contrario se verían en el riesgo de sufrir ‘inconveniencias’ en el desempeño de sus funciones. Y hay quienes adhieren a una organización sindical con el propósito de formar parte de una argolla la cual le podría derivar beneficios para escalar puestos o gozar de privilegios laborales. También para tener la oportunidad de hacer viajes al extranjero con todo pagado mientras la institución estatal le corre el salario como si estuviera trabajando.

Por ese espíritu prepotente de las camarillas sindicales, el país tiene que sufrir la amenaza todos los años –y a veces la triste realidad- de ver las calles de la ciudad capital bloqueadas en demanda de beneficios que el sector público no está en capacidad de concederles o en demanda de medidas materialmente imposibles de concretar.

Sobre esto cabe hacerse la pregunta de por qué han llegado a ese descaro esas camarillas que se atribuyen la representación de los trabajadores del país. La respuesta es muy sencilla: por la complacencia y flojera de los políticos, que se les agachan y que les dan lo que les pidan con tal de jugar un papel de populistas con la esperanza de despertar simpatías y acumular votos.

El colmo es que dos ex presidentes de la República sean sus inspiradores e instigadores, que les dan aliento, falsos argumentos y doctrina caduca. ¿Por qué esa actitud de dos ex mandatarios? Porque ambos no cuentan con apoyo popular, se han marginado de toda posibilidad dentro de las estructuras democráticas del país, no tienen partidos -¡son verdaderos parias políticos!-, y entonces han encontrado en esos grupitos de cabezas calientes, el conducto para darle rienda suelta a sus frustraciones por no haber cumplido a cabalidad cuando se les dio la oportunidad de ser gobernantes.


Publicada originalmente en el "Diario Extra" de San José, Costa Rica