Columna Libertad


HIPOCRESÍA SINDICAL

Armando Guardia
Presidente ANFE

Las camarillas sindicales, cuando claman por sus aspiraciones, echan mano a las normas de nuestra Constitución Política. Pero cuando se lanzan a la calle, no les importa mandar a la porra a la Carta Magna y atropellar los derechos de la inmensa mayoría de los ciudadanos e impedirles el libre tránsito por las vías públicas.

Cuando hacen demandas exorbitantes de orden laboral y procuran privilegios por encima de la gran mayoría de los trabajadores costarricenses, invocan las leyes. Pero cuando paralizan los puertos marítimos y bloquean las carreteras, no les importa brincarse las leyes y ocasionarle irreparables daños a la economía del país.

Cuando esas camarillas sindicales vociferan por sus libertades –que nadie se las está cercenando- rápidamente se olvidan de esas libertades cuando por la violencia y el atropello entraban la libre circulación en las calles, o clausuran oficinas estatales donde los ciudadanos deben concurrir a cumplir trámites de diversa índole, o incluso a recibir servicios de salud o bien asistir a las aulas de docencia.

Cuando invocan la libre asociación para celebrar encuentros –lo cual dichosamente se puede hacer en nuestro suelo patrio- agitan en sus manos los textos de la Constitución Política para respaldar sus anhelos. Pero cuando notan que la mayoría del pueblo de Costa Rica apoya un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, se olvidan de esa Constitución para lanzar la amenaza de tomar las calles a fin de impedir la aspiración cívica y pacífica del pueblo costarricense.

Cuando van a una convención colectiva, enumeran los artículos del Código de Trabajo –que dichosamente existe en una democracia como la costarricense- para apoyar sus propósitos. Pero cuando ven que una corriente política le brinda abiertamente el apoyo al aludido TLC con Estados Unidos, anticipan –en una actitud antidemocrática y sediciosa- que desconocerán el resultado de la voluntad popular si esa corriente política resulta vencedora en los comicios de febrero de 2006.

Es evidente que la camarilla sindical procede con hipocresía. Cuando necesita de la Constitución Política la agita a los cuatro vientos, pero cuando se siente derrotada, entonces toca los tambores de guerra y lanza al cesto de la basura la Constitución Política y se opone a toda tradición democrática y pacifista.

Con lo que sucedió el 14 de abril en el Teatro Melico Salazar, cuando sin tapujos los que mangonean a las camarillas sindicales amenazaron con recurrir a la violencia, quedó al descubierto –por su propio puño y letra- la actitud hipócrita en que sustentan sus aspiraciones, y la actitud hipócrita de cómo se mueven dentro de nuestro sistema democrático.


Publicada originalmente en el "Diario Extra" de San José, Costa Rica