Columna Libertad


EL TRABAJADOR COSTARRICENSE

Armando Guardia
Presidente ANFE

Mayo es el mes del trabajador costarricense. Por un lado están las celebraciones del 1 de mayo y por otro, el 15 de mayo está señalado como el Día del Agricultor.

El trabajador costarricense, el asalariado, en su inmensa mayoría, es una persona servicial, sencilla, con buena disposición en sus tareas y con afán de superación, es decir, de ir aprendiendo y mejorando en sus responsabilidades laborales. (Quede claro que el empresario también es trabajador, pues es una persona que labora, lucha, la suda. El dueño de una pulpería, de una finquita, de una tienda o un supermercado, es empresario y trabajador al mismo tiempo).

El trabajador costarricense -el que está en planilla o recibe paga por su trabajo- es una pieza importante en las unidades de producción y servicio. Si por un lado el empresario organiza, administra y hace inversiones -arriesga capital- y se mete de lleno a generar riqueza y empleo, el trabajador aporta su valioso esfuerzo y se incorpora a la tarea que se le asigna, y trata de hacerla lo mejor posible.

Por lo general, el trabajador costarricense no es problemático. Trata de llegar puntualmente a su unidad laboral y abre su voluntad al aprendizaje a fin de captar las indicaciones que se le hacen.

El trabajador costarricense es pacífico, leal, con afán de ir ascendiendo poco a poco, y sabe que si prospera la unidad productiva en donde labora, tiene asegurado su empleo y por tanto el sustento de su familia.

Al trabajador costarricense no le atrae tirarse a la calle a gritar consignas extrañas a su modo de ser y pensar, ni tampoco le gusta eso de obstruir las vías públicas, ni de lanzar amenazas.

El trabajador costarricense quiere laborar en tranquilidad, cumplir con sus responsabilidades satisfactoriamente, tener satisfechos a sus jefes y afianzarse en su empleo.

Por eso al trabajador costarricense le tienen sin cuidado las manifestaciones callejeras y no entiende de esas doctrinas que pretenden incendiar el corazón de las personas con odios hacia sus empleadores y hacia las fuentes productivas. Su corazón está henchido de paz y es totalmente «alérgico» a esos signos de enemistad y rencor que viven alentando pequeños grupos precisamente de personas que no trabajan como ellos, que se atribuyen la representación de los trabajadores, y que se la pasan comodonamente viajando al extranjero todo el año, con todo pagado.

Es por eso que esa semilla de odio y esos llamados a la desobediencia civil, a la violencia, que propagan algunos dirigentes sindicales y otros desde el ámbito de la política, no germina en el corazón de los trabajadores costarricenses.


Publicada originalmente en el "Diario Extra" de San José, Costa Rica