Columna Libertad


UN PAIS A MEDIAS

Randall Arias
Director Ejecutivo ANFE

La mayoría de los costarricenses estamos orgullosos de los logros que ha alcanzado nuestros país. Sin embargo, esto muy frecuentemente ha sido más bien un obstáculo para el progreso posible y deseado, ya que se ha creído que nuestro país no necesita grandes reformas, por cuanto pensamos que estamos suficientemente bien.

En los últimos días, gracias a la siempre necesaria observación desde afuera, un destacado economista del Banco Mundial, con gran fundamento, nos advertía de que somos un país a medias. Si bien tenemos buenos niveles de vida con respecto a nuestros vecinos, no estamos en el sitio de privilegio al cual podríamos razonablemente aspirar.

Ello se debe a nuestra incapacidad de realizar grandes reformas. Nuestro país está diseñado institucionalmente para que avance a un ritmo lento, y en ocasiones nuestros gobernantes prefieren este ritmo lento y pausado, aún cuando saben que es necesario avanzar con más profundidad.

Señalaba este experto del Banco Mundial que nuestro país tiene un notable avance en materia de telecomunicaciones, pero un serio retraso en cuanto a la calidad y modernidad de sus servicios. Además, que avanzó rápida y ampliamente en materia educativa, pero presenta un gran rezago en cuanto a la cobertura en secundaria. Igualmente apuntó la estabilidad económica del país, pero que sigue arrastrando un serio problema con respecto a las finanzas públicas.

Esta situación de nuestro gradualismo en las reformas, que a veces termina en "parches", se puede observar en el plan de contingencia fiscal. Originalmente se planteó como un plan extraordinario para enfrentar estructuralmente el problema del déficit fiscal. Sin embargo, terminó siendo un "paquetito fiscal", ahora con la novedad de ser apoyado por los sectores sociales, al menos los representados en la Comisión Mixta.

De nuevo, antes de hacer una reforma profunda y verdaderamente estructural, se opta por medidas de corto plazo, que apenas alcanzarán para no agravar aún más la delicada situación fiscal del país. Y este problema, desafortunadamente, es cíclicamente evitado por los gobiernos de turno, debido al costo político que conlleva. Se aprueba entonces una pequeña reforma, que no nos tire por el despeñadero, pero que, obviamente, tampoco nos permitirá salir fortalecidos en el plano de las finanzas públicas y la estabilidad financiera.

Y como éste, hay muchos ejemplos más. Pero de nuevo, no se asume el liderazgo para realizar las reformas de fondo necesarias. Y mientras todo esto sigue sucediendo, la mayoría sigue tranquilizándose al pensar que no estamos tan bien como quisiéramos, pero tampoco estamos tan mal como los vecinos cercanos. Por eso, entre el conformismo y la mediocridad, hay sólo una pequeña brecha.