Columna Libertad


LO ABSURDO DE LOS MONOPOLIOS

Armando Guardia Sasso
Presidente ANFE

Vamos a demostrar, con palabras y ejemplos sencillos, en una trilogía de comentarios, el absurdo de los monopolios, la dictadura que significa este tipo de actividad económica –sea pública o privada-, y el miedo que los monopolios le tienen a la competencia.

Vamos a hablar, en primer término, pues, del disparate o de la sinrazón de los monopolios.

La calidad del producto y la eficiencia en la prestación del servicio, son dos condiciones que los compradores y los usuarios esperan cuando pagan por un bien o por un trabajo proveniente del Estado o de una entidad privada.

La buena calidad del artículo y la excelencia en la atención -¡en el servicio!- solo lo puede brindar la competencia, es decir, ese libre juego en el que participan diversas ofertas en el expendio de productos y distintas posibilidades de contratar la realización de un trabajo o suministro, llámese electricidad, telefonía, pólizas de seguros, combustibles, o cualquier otro.

Por eso, donde hay competencia, hay calidad, o posibilidades de escoger de acuerdo con el presupuesto de cada quien o con las necesidades de cada quien.

Si solo se fabricara, por ejemplo, un tipo de jabón, porque así lo señala la ley, al productor le tendría sin cuidado su calidad, y hasta su distribución, porque de todas formas siempre le será comprado e incluso al precio que se le ocurra, esto último, principalmente, si es estatal. Lo podría colocar con una envoltura atractiva, o hasta sin envoltura, y siempre le sería adquirido.

Por supuesto, una situación así nos perjudica a todos los consumidores, que nos vemos obligados a adquirir un producto de una sola clase porque solo existe un proveedor. Esto, por supuesto, es un absurdo. Un contrasentido. Un disparate. ¿Y no es lo mismo acaso lo que sufrimos los costarricenses con los monopolios del ICE, el INS, RECOPE y de la Fábrica Nacional de Licores? Solo a ellos –a esas instituciones- les podemos comprar los servicios de electricidad y telefonía, el combustible, las pólizas de seguro –para casas, autos y hasta de vida humana-, y la fabricación de licores es exclusiva del Estado, así como el suministro de la gasolina, el diésel y otros derivados del petróleo.

¿Qué diría usted, si en la próxima visita a una pulpería o un supermercado, se encontrara que solo existe un jabón para la venta y que ya se acabó para siempre su posibilidad de escoger? Pegaría el grito de inmediato, y diría –muy acertadamente- que eso es un absurdo. Con esta clarísima concepción de lo que significan los monopolios, le dejamos pendiente del comentario sobre la dictadura de los monopolios.


Publicada originalmente en el "Diario Extra" de San José, Costa Rica