Columna Libertad


DICTADURA LEGISLATIVA

Armando Guardia Sasso
Presidente ANFE

Una dictadura legislativa, enmascarada en una aparentemente inocente reforma al Reglamento de los debates del Primer Poder de la República, pende como una amenaza para nuestra democracia.

Algunos diputados han tenido la «brillante» ocurrencia de redactar una reforma reglamentaria, bajo el título de adición al artículo 208 bis, pretextando un afán de agilización en la tramitación de los proyectos de ley.

En otras palabras, estos legisladores pretenden que a golpe de tambor pasen aquellos proyectos de ley de su conveniencia, dejando de lado el tiempo suficiente para el debate, para el examen concienzudo, de los temas que se tratan y que, obviamente deben ser -recalquémoslo-, obviamente deben ser del interés de la mayoría de nuestro pueblo.

Por eso en una democracia sana, los asuntos deben ser debatidos en extremo, sopesados serenamente, examinados escrupulosamente. No deben pasar leyes que se conviertan en mordaza, que limiten la libertad o que restrinjan el debate. La polémica es saludable para los pueblos que viven en democracia y libertad. Tengamos presente que cuando Hitler llegó al poder se encontró con un «andamiaje legal» que le permitió convertirse en dictador de Alemania, con las potestades suficientes para lanzarla a una aventura desgarradora para su país y el resto del mundo.

La adición del artículo 208 bis establece que por mayoría calificada (38 votos) se podría echar mano a un procedimiento más corto al actual para darle trámite a un proyecto de ley. Eso podría significar, en una de esas tardes donde se ausenta la lucidez y la mejor intención para los intereses patrios, que un grupo de diputados decidan acogerse a ese recurso y aprueben, sin mayor discusión del caso, una nefasta ley.

En esa clase de condiciones, donde se revientan al último rincón del país los intereses de la patria, cualquier día Costa Rica puede ser sometida a leyes absurdas, dictatoriales, contraproducentes, lesivas al beneficio de la mayoría de nuestro pueblo.

Basta que unos diputados, por un asunto de revanchismo, porque los acosa un interés personalísimo, o porque los picó una mosca, se pongan de acuerdo y le den curso a un proyecto de ley que se opone a nuestro sistema democrático, o golpea la libertad, o bien, favorece -con nombres y apellidos- a una persona o a un pequeño grupo de individuos.

Aquí no se trata solo de amordazar a los partidos pequeños, o de al menos reducirles su capacidad de acción legislativa, o de postrarlos como una insignificancia parlamentaria. Aquí se trata de abrir -con esa reforma propuesta al Reglamento- un portón por el que se pueden ir las mayores conquistas democráticas del país.


Publicada originalmente en el "Diario Extra" de San José, Costa Rica