Columna Libertad


TLC, DAR PARA RECIBIR

Armando Guardia Sasso
Presidente ANFE

El camino hacia la prosperidad del país es una estrategia encaminada a producir más y si es posible ampliar – como consolidar- sus mercados. La colocación de nuestros productos en el extranjero, es una de las formas de traer más divisas, más dólares, al igual que lo ha venido siendo el turismo. La vía más ágil y rápida para dotar de mayor riqueza a Costa Rica, generar más empleo, atraer mayores inversiones y oportunidades para todos consiste en que el país pueda con éxito lograr aprovechar las oportunidades que se le presentan. El TLC con Estados Unidos es una de ellas.

En el mundo de hoy existe una gran competencia. El mercado europeo tiene sus restricciones, sus cuotas fijas, y en sus compras le da preferencia a sus ex colonias del África, principalmente. Y Asia prefiere adquirir artículos -de los que se obtienen en Costa Rica-, de naciones dentro de ese continente o próximas a ese continente, como ocurre con el banano de Filipinas.

Por otro lado, la mayor actividad comercial de nuestro país ha sido, desde hace muchas décadas, con Estados Unidos. Es decir, el más grande y rico mercado del mundo, por una situación geográfica, lo tenemos a mano y además desea formalizar un tratado con nosotros para el libre intercambio de nuestros productos... ¡Qué privilegio!

Lo anterior son suficientes fundamentos para considerar indudablemente conveniente un Tratado de Libre Comercio (TLC) con la potencia del norte.

Hay muchas otras razones. No obstante, pensemos por un momento en lo contrario. ¿Qué pasaría si no se concreta este TLC con Estados Unidos? Otras naciones, entre ellas las centroamericanas, podrían llenar el vacío que deje Costa Rica, suministrándole los productos a Estados Unidos. Y a nosotros se nos vendrían abajo los ingresos. El desempleo sería masivo. La miseria se extendería por todos lados. En otras palabras, aunque haya gente que pretende pintar las cosas de otro modo, quedar fuera del TLC sería el derrumbe económico del país.

Hay que tener presente que el TLC no solo significa incrementar las oportunidades de empleo y de riqueza nacional. Es cierto que, al principio, como en todo cambio, habrá ajustes, y quizás, momentáneamente, podría haber sectores que no obtengan las ventajas que se espera de este TLC. Pero en el camino se acomodan las cargas, a futuro se pueden hacer los arreglos del caso. Lo importante es avanzar. Costa Rica no puede quedarse atrás, Costa Rica no puede enrumbarse hacia la pobreza, hacia la reducción de sus cultivos o el estancamiento en la fabricación de sus artículos. El presente obliga a poner los ojos hacia el porvenir con una actitud positiva y aprovechar este momento histórico para aumentar las ventas al exterior y obtener un bienestar mayor para todos.

Don Ricardo Jiménez Oreamuno, quien fue tres veces Presidente de la República, y quien en sus gobiernos tuvo que establecer convenios con diversos países, entre ellos Estados Unidos, lo dijo con una gran simplicidad: “En los tratados comerciales es necesario dar para recibir”. Pues bien, en esta oportunidad para Costa Rica dejar pasar este momento sin aprovecharlo como si la vida fuese una parada de buses donde tenemos uno a nuestro alcance cada 15 minutos, ello sería sencillamente denotar incapacidad de lograr alcanzar las cosas más sencillas, en otras palabras sería una soberana insensatez, condición esta que es más negativa que la ignorancia y el atraso, pues estas no afectan la capacidad de pensar, sino solo a la instrucción y el acopio de conocimientos.


Publicada originalmente en el "Diario Extra" de San José, Costa Rica