Columna Libertad
|
Orígenes y consecuencias del exceso de regulación Luis Di Mare - ANFE El “informe 2003 sobre trabajo decente” del Banco Mundial que colocaba a Costa Rica entre los diez países más regulados del mundo ha ayudado a que el tema del exceso de regulación se discuta más en nuestro país, la semana pasada ANFE y La Academia de Centro América realizaron un seminario en el que se expusieron algunas de las ideas de este artículo. El informe del Banco Mundial es claro: En los países en que hay más regulaciones usualmente hay mayor ineficiencia en las instituciones públicas, plazos más largos y mayores costos para completar los trámites, esto tiene como resultado mayor desempleo, aumento de la corrupción, menos productividad e inversión . Y este exceso de regulación no lleva a una mejor calidad de bienes públicos y privados, según el informe, que además concluye que en los países más regulados es más fácil que el funcionario público decida a su antojo a quien aplica y a quien no aplica una norma; el exceso de normas lleva a que casi todo el mundo tenga “rabo que majar” y eso puede ser usado por funcionarios públicos poco escrupulosos para tratar de obtener una “propina” de quien necesita un permiso o autorización. El caso de Bolivia, uno de los países más regulados del mundo, es impactante: el sector informal (pequeños negocios que trabajan sin tener todos los permisos o autorizaciones a que obliga la ley) es de un 82%. ¿A qué se debe el exceso de regulación? Existen regulaciones que casi nadie cuestiona, por ejemplo la ley de tránsito: Sin reglas como la que obliga a los vehículos a circular a la derecha viviríamos un verdadero caos vial y tendríamos una tasa de accidentes pavorosa. Pero si se “nos fuera la mano” y obligáramos a los vehículos a circular a 1 kilómetro por hora, los accidentes prácticamente desaparecerían, pero el costo en tiempo perdido en observar esta regulación sería ruinoso para nuestra economía, por ejemplo todos tendríamos que vivir muy cerca de nuestro lugar de trabajo. El regulador tiene la difícil tarea de decidir cuánto debe regular y si regula demasiado poco teme que se le acuse de no haber sido suficientemente prudente y por eso demasiado a menudo la salida es establecer regulaciones excesivas. ¿Qué se puede hacer para mermar este mal? En nuestro país se aprobó en el 2002 la “Ley de Protección al Ciudadano del Exceso de Trámites Administrativos” que por ejemplo indica que una institución pública no puede solicitar dos veces la misma información a un ciudadano, que indica que para que un trámite tenga que hacerse personalmente la ley debe indicarlo explícitamente. Tal vez el punto más interesante es que establece que si la administración pública no ha resuelto un permiso, licencia o autorización en el plazo que la ley establece, éstos –después de ciertos trámites- se dan por aprobados. Una de las mejores protecciones al consumidor es la competencia: Quién vende un mal producto se queda sin compradores si no se impide a las demás personas ofrecer el mismo producto. Otra forma de protección, todavía no tan común en Costa Rica, son las organizaciones de consumidores: Tal vez la más famosa es “Consumer Reports” en los EUA, que evalúa la mayoría de los artículos de uso cotidiano, haciendo cuestionarios a cientos de miles de usuarios, elaborando informes con estos datos y cobrando una módica suma por los mismos. Lo positivo es que aparentemente en nuestro país la actitud de que más leyes resuelven los problemas está retrocediendo y está tomando más fuerza la actitud de que el exceso de leyes y normas es un problema importante. |
Publicada originalmente en el "Diario Extra" de San José, Costa Rica