Columna Libertad


¿ES EL ICE UN TESORO?

Enrique Soler de Socarraz
Expresidente de ANFE

Un tesoro es una riqueza, sea en bienes o en dinero, algo material que puede invertirse y generar bienestar a una persona o a una sociedad, un conjunto de objetos que se puede traducir o hacer efectivo para darle confortabilidad, posibilidades reales o alegría a un individuo o a la colectividad.

Un tesoro, pues, está para deparar beneficios o para brindar progreso a quien lo posee, y en ese sentido es inapreciable, algo útil, que contribuye o podría contribuir a dar desarrollo, progreso o elevar las condiciones económicas, sociales o culturales de su propietario o propietarios.

Con base en esa premisa cabe preguntarse si el ICE es un tesoro, y si realmente lo es, ¿quiénes son los dueños de ese tesoro?

En primer término, el ICE es una empresa estatal, tipo monopolio, encargada de la generación eléctrica y de las telecomunicaciones de Costa Rica. ¿Funciona bien en esa misión? ¿Le está dando riqueza al país? ¿Está a la altura de nuestros tiempos? ¿Es una empresa que cuenta con la más reciente tecnología en el campo de las telecomunicaciones? ¿Actúa como una camisa de fuerza, como un real obstáculo a la posibilidad de que, por medio de diversas empresas particulares, se pudiera estar ensanchando la capacidad de producción de energía eléctrica?

El ICE, es bueno recalcarlo, es un monopolio, y los monopolios impiden la competencia, la posibilidad de que los consumidores y usuarios cuenten con otras opciones -ojalá muchísimas opciones- para recurirr a esos servicios o adquirir sus productos.

Todos sabemos que donde no hay competencia no hay calidad. Y todos sabemos también que las empresas estatales -los monopolios públicos- son mal manejados, que se han convertido en refugio de grupitos sindicales que las exprimen y les extraen sus recursos, que son arcas donde muchos políticos hacen fiesta. Por supuesto, todo a costa del pueblo, que es el que tiene que estar pagando 1) exceso de tarifas y malos servicios, porque son monopolios, y ni modo, no se puede recurrir a otra empresa, y 2) aguantarse -con paciencia franciscana o a que San Pedro baje el dedo, como dice el pueblo- para que le realicen una instalación telefónica o para que le hagan un cambio de teléfono porque el abonado se cambió de residencia.

La congoja también la sufren, a un altísimo costo, las empresas, que necesitan una telefonía de calidad, pues el mundo se globalizó y hay que competir internacionalmente para poder colocar los productos o vender los servicios.

Desde ese punto de vista, es decir, viendo lo mal que funciona el ICE, éste ha dejado de ser un tesoro preciado, pues es como si se hubiera llenado de "polilla", pues no está a la altura de los avances tecnológicos de nuestro tiempo, y por eso sufrimos todos los días su pésimo servicio.

Y, aceptando que fuera un tesoro riquísimo, como algunos lo dicen, pues entonces el Estado debería venderlo para pagar parte de su deuda interna, pues esta obligación le está generando mucha pobreza al país. Obviamente, las más perjudicadas son las personas de menores recursos económicos.

Pareciera, pues, incoherente y hasta cruel que un padre de familia que está embejucado, que no tiene plata para darle de comer a sus hijos, mantenga un tesoro en sus manos y no proceda a venderlo cuanto antes para llevarle alimentos, brindarle salud y educación a su amada prole.

Además, si el ICE es un tesoro de nuestro pueblo, como insisten algunos neciamente en pregonarlo, ¿quisiéramos saber si los pobres, si los menesterosos que esos demagogos dicen defender, tienen voz y voto en las decisiones administrativas y políticas de ese monopolio? Y también, ¿si cada año -como ocurre en las empresas privadas- al repartirse los beneficios que ese monopolio ha generado, esos pobres o menesterosos al menos reciben una migaja por la venta de sus servicios y productos?