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Asociación Nacional de Fomento Económico ANFE Boletín Febrero del 2010 Descargue este boletín en formato (PDF 591 KB ) (DOC 450 KB)
Mensaje de la Presidencia de ANFE-Jorge Corrales Quesada Columna libre-Panorama tributario Post-electoral-Carlos Federico Smith ¿Defender la ley o a los habitantes?-Luis E. Loría Dolarización y oportunismo político-Luis E. Loría Sintrajap, coerción y violencia-Luis E. Loría La ética del lucro-Alejandro Barrantes Requeno América Latina degarrada-Marcos Aguinis Un comentario sobre la dolarización en Costa Rica-Steven Hanke
MENSAJE DE LA PRESIDENCIA DE ANFE
Asimismo,
algunos podrán haber notado que hemos rediseñado el logo de ANFE, en mucho por
el enorme esfuerzo de nuestro Director Ejecutivo, don Luis Loría, quien
presentó varias propuestas alternativas ante la Junta Directiva, que escogió
la que estamos empezando a utilizar en nuestras actividades.
Esperamos que pronto este boletín incorporará el nuevo logo de ANFE. En
estos momentos en ANFE estamos organizando varias actividades acerca de las
cuales me permito informarles. En primer lugar hemos organizado nuestro primer
seminario del año que lleva por título “Futuro de los Puertos del Atlántico”,
en torno a los cuales en estos momentos se están tomando importantes decisiones
en diversos sectores. Ante la
sensibilidad del tema, ANFE ha programado la realización del seminario el
próximo miércoles 17 de marzo en el Hotel Aurola Holiday Inn Salones Ay B
tercer piso de 8 a doce mediodía. En un primer panel, denominado “Hacia una
Solución definitiva para los Puertos del Atlántico” participarán el
Director Ejecutivo del Colegio Federado de Ingenieros y Arquitectos, Ing. Olman
Vargas, la Presidente de la Cámara de Exportadores de Costa Rica (CADEXCO), Sra
Mónica Araya, la Lic. Laura Rivera de la firma KPMG, nuestro Director
Ejecutivo, Luis Loría, autor del estudio “Los Puertos del Atlántico y la
Competitividad de Costa Rica”, realizado para la Comisión Asesora de Alta
Tecnología (CAATEC). En un segundo panel, “Puertos del Atlántico: ¿Qué nos
Espera?” participarán el Dr. Alberto Cortés, Representante del Consejo
Universitario de la Universidad de Costa Rica, el Lic. Francisco Jiménez,
Presidente Ejecutivo de JAPDEVA y un representante por confirmar de la nueva
Junta Directiva de SINTRAJAP. El
costo de la actividad es de ¢5.000 y se debe hacer la reservación en los
teléfonos 2253 4460, 2253 4497 y 8996-6569 o por el correo electrónico anfe@anfe.or.cr
El costo anterior incluye un refrigerio y hay becas para estudiantes de colegio
y universitarios Debido
a que esta actividad está en proceso de desarrollo, podría haber variaciones
que se estarían informando debidamente por medio de nuestras listas de correo
electrónico. Asimismo,
el jueves 8 de abril en nuestras instalaciones, de 6 a 7 y media tendremos el
foro denominado “Futuro de los Movimientos Políticos Liberales en Costa Rica”,
el cual será conducido por el Licenciado Mario Brenes Rímolo, quien es
politólogo y Consejero de la Oficina Regional para América Latina de la
Fundación Friedrich Naumann para la Libertad, entidad con la cual ANFE mantiene
una estrecha relación de apoyo interinstitucional. El tema a
conversar es de enorme actualidad e impacto y no hay duda de que será muy
atendida por ciudadanos y ciudadanas interesados en estos asuntos.
Al final de esa actividad, la cual es gratuita, hay un refrigerio. Para
reservaciones, llamar al 2253 4460, 2253 4497 y 8996-6569 o por el correo
electrónico anfe@anfe.or.cr
Cualquier información relevante sobre esta actividad se la informaremos
a través de nuestras listas de correo electrónico. Este
boletín contiene las siguientes secciones: Mensaje de la Presidencia, Pensamientos
de Liberales, la Columna Libre de nuestro colaborador don Carlos Federico Smith,
titulada “Panorama Tributario Post-Electoral”. De nuestro Director Ejecutivo
y miembro de la Junta Directiva de ANFE, Luis Eduardo Loría, reproducimos sus
artículos “Defender la Ley o sus Habitantes”, “Dolarización y
Oportunismo Político” y “SINTRAJAP-Coerción o Violencia”. También de
Alejandro Barrantes Requeno, miembro de la Junta Directiva de ANFE, incluimos su
comentario “La Etica del Lucro”, así como el interesante artículo del
pensador Marcos Aguinis, publicado
en el periódico La Nación, que tiene como título “América Latina
Desgarrada”. Se reproduce una respuesta que el prestigioso economista Steven
Hanke de la Universidad Johns Hopkins y especialista en el tema de dolarización
dio a declaraciones públicas que el entonces candidato presidencial del PAC,
señor Ottón Solís, hizo en un debate entre candidatos a la Presidencia de la
República acerca del tema de una posible dolarización en Costa Rica. El
artículo se llama “Un Comentario sobre la Dolarización en Costa Rica”.
Para terminar se reproduce “La Declaración de Mount Vernon. El Liberalismo
Clásico Constitucional: Una declaración para el Siglo XXI”, en la cual se
exponen una serie de ideales políticos que se podría clasificar como liberales
clásicos. Por ser su traductor, este manifiesto reciente en los Estados Unidos
utiliza el término conservador el cual lo he traducido como liberalismo
clásico, debido a que en esa nación los así llamados liberales más bien se
caracterizan por su afecto hacia el estatismo.
Jorge Corrales Quesada
Presidente de ANFE PENSAMIENTOS
DE LIBERALES “Si
el socialismo ha de regenerarse no será esgrimiendo los estandartes de la
ecología, los derechos humanos o la emancipación de la mujer, ni mediante el
rechazo del paro y la marginalidad social, o del nacionalismo, el racismo o la
xenofobia. Esos valores, todos
plausibles, no sirven para elegir hoy una doctrina moderada, ni para votar en
las próximas elecciones… Es
disparatado a estas alturas reclamar la intervención del Estado para lograr la
igualdad y ‘corregir la acción del mercado’. Un caso tras otro, un país
tras otro, una política tras otra, se ha demostrado que la invasión del Estado
en la economía no sólo no reduce sustancialmente las desigualdades sino que
provoca trastornos crecientes que no se pueden resolver con más intervención.
Lo que se impone ahora es exactamente al revés, la intervención del
mercado para corregir la acción del Estado. No
se puede hablar del Estado social o del Estado del Bienestar y omitir el detalle
que no funciona. Mucho menos se
puede renovar el socialismo sobre la base de más de lo mismo. Esta insistencia... revela la esterilidad intelectual de la
izquierda que, aferrada al Welfare State,
no lo puede abandonar y no tiene con qué reemplazarlo… …No
habla de impuestos, prosiguiendo así la idea socialista de que no son un
problema. Más curiosamente, no habla de la corrupción, como si no existiese
relación alguna con la intervención del Estado… ¿Puede
haber una izquierda después del socialismo? Desde luego que sí, pero tiene que
ser una izquierda que deje atrás el intervencionismo trasnochado, que vuelva a
apoyarse en el mercado, la libertad y la dignidad de los trabajadores, y que
obligue al capital a hacer lo que menos le gusta: competir.” (“Sobre ‘La Izquierda después del Socialismo,” en Carlos
Rodríguez Braun, A Pesar del Gobierno:
100 Críticas al Intervencionismo con Nombres y Apellidos, Madrid: Unión
Editorial, S. A., 1999, p.p. 70-72).
COLUMNA
LIBRE PANORAMA
TRIBUTARIO POST-ELECTOR
Por
Carlos Federico Smith Dicen
que no hay que mencionar sonar soga en casa de ahorcado, pero parece casi seguro
que el aumento de los impuestos estará presente en este año.
No esperen que les diga cuándo, pues no soy un brujo, pero puedo indicar
que la situación de las finanzas públicas no es la mejor: a pesar de que ya se
observa un ligero crecimiento en los ingresos tributarios, el gasto público se
ha disparado, si bien en mucho por el pago extraordinario del aguinaldo escolar
en enero, de forma que el déficit sigue creciendo como porcentaje de nuestra
producción. Un
indicador del problema en ciernes es la apetencia por repetir el permiso legal
obtenido para la aprobación del más reciente presupuesto del Estado, para que
pueda de nuevo endeudarse para cubrir gastos corrientes -indicador de un camino
al despeñadero, que pocos han advertido- además de las señales que ya se
están mandando al mercado de que el Estado incurrirá en fuerte demanda de
recursos financieros. Esto
no es lo único. Si bien en campaña sólo el PAC anunció que promovería la
aprobación de nuevos impuestos, el PLN en ese momento indicó, como para salir
de apuros, que, a menos que la situación económica mejorara, apoyaría tal
incremento. Ello abre un espacio
político interesante: los posibles afectados enfatizarán que la situación
económica es tal que no deben de aprobarse nuevos gravámenes, pero la realidad
objetiva del déficit es tan grande que ya se están comentando varias
posibilidades. Por una parte, se
habla de un impuesto a los casinos, sobre el cual falsamente se dijo que el
Movimiento Libertario se oponía, pues más bien el gremio de los casinos ha
buscado un régimen tributario similar al de Panamá. Ello les daría una mayor
respetabilidad legal en el país. Pero más atrayente es la propuesta de los
llamados centros de apuestas, que hoy día operan casi en la ilegalidad, con
problemas esenciales para funcionar, y que estarían dispuestos a pagar los
impuestos que se han venido proponiendo a cambio de gozar de todos los derechos
(y deberes) de empresas legalmente constituidas en el país. El problema será
con la aceptación (¿veto?) previa de esa idea por parte del gobierno de los
Estados Unidos, que parece aborrecer la competencia en materia de bases
tributarias. Un
impuesto a los casinos y a los centros de apuestas se ha mencionado que
brindaría los recursos necesarios para poder cumplir con las promesas de
campaña en cuanto luchar contra la delincuencia. Aparentemente
es algo que se va a llevar a cabo seriamente, a fin de cumplir con un clamor
popular que solo quien no quiere oír puede no haberlo escuchado. El problema
está en la consecución de recursos frescos.
Pero si la fuente para lograrlos son tales impuestos, sería para
financiar un nuevo gasto, con lo cual no redundaría en una reducción del
déficit. Otro
impuesto que podría entrar en juego es el cobro efectivo de ese barroco
gravamen a las viviendas de lujo, pero es muy posible que enfrente serios
problemas legales que retrasen su plena entrada en vigencia: como que el Estado
ni siquiera es eficiente en diseñar impuestos que se pueden cobrar
efectivamente. Me imagino que constituye el mejor mentís de quienes –con la
moda- ahora nos hablan de lo bueno que es ampliar el tamaño del Estado. Creo
que fue a un excelente ex Ministro de Comercio Exterior, don Roberto Rojas,
lamentablemente algo alejado de la política necesaria, a quien le escuché que
para desarrollarnos en serio lo mejor sería que Costa Rica fuera una gran zona
franca. En discusiones recientes
acerca del impacto de tales zonas en la ligera recuperación de la actividad
económica de nuestro país, algunas personas ligadas (y muy interesadas en
dicha actividad) casi que hasta cabilderos de ese sector, han enfatizado la
generación de empleo que en él ha tenido lugar, incluso en lo más profundo de
la crisis. Como de soslayo se refieren al régimen tributario preferencial de
que disponen las empresas allí instaladas como lo que hacen atractivo invertir
en el país y con ello generar fuentes de trabajo. Aleluya:
esos cabilderos descubrieron el agua tibia.
Se dieron cuenta de que los menores tributos que pagan (si bien se vieron
aumentados en recientes negociaciones como resultado de las reglas que la
Organización Mundial de Comercio OMC impuso a las zonas francas) son un
importante aliciente para atraer inversión extranjera en el país. La
triste paradoja radica en que, al menos para los actuales gobernantes y algunos
adláteres ubicados en sectores claves de organizaciones del sector privado, con
esa reforma acordada ya no se va a poder aumentar los impuestos a las empresas
de las zonas francas. Esto impasse me
parece tributariamente realista y evitaría que con un nuevo aumento de
impuestos, no tanto que se fuera mucha inversión extranjera del país, sino que
esas firmas no reinvirtieran sus utilidades en el país o que dejaran de llegar
recursos privados externos a ese sector, lo cual sería muy malo para los
costarricenses. Pero
el Estado hace aguas en sus finanzas y tendrá que ver de dónde saca plata para
financiar su gasto en exceso. Lo que posiblemente sucederá es que el gobierno,
si la economía no revierte su ligero crecimiento observado en los últimos
meses, acudirá a nuevos gravámenes. Se
oirá de nuevo la expresión hipócrita de “que los ricos paguen como ricos y
los pobres como pobres” para tratar de justificar nuevas o mayores tasas
impositivas Este
nuevo proceso impositivo seguirá el mismo ritual de siempre: ampliemos las
bases, pongamos mayores tasas a los ricos, pero las cosas se moverán como
siempre para que esos gravámenes sean trasladados a los de menores y medianas
posibilidades económicas, pues surgirá algún plan nuevo de excepciones o
deducciones que hagan que los de mayores ingresos terminen pagando tasas
efectivas menores. O hará que disminuya la inversión privada y así se reduzca
la generación de empleo. O se propondrá de nuevo la vieja idea de poner un
impuesto de $200 a las sociedades anónimas (algo “fácil” de cobrar”),
que es un monto muy elevado a las pequeñas empresas, pero cualquier cochinada
para las grandotas y grandotes, quienes con gusto aceptarían el sacrificio Todo
igual que siempre. Mi esperanza es
que ahora más bien se hable de reducir las elevadas tasas marginales y más
bien busquemos impuestos bajos y uniformes, en donde no haya excepciones y
privilegios, para así estimular la inversión, el empleo y la generación de
riqueza. Es muy difícil, dado el acuerdo reciente que logrado con las
empresas de zonas francas, llegar a un tasa única y baja, pero debemos
dirigirnos hacia a lo que en mis palabras don Roberto Rojas propuso que el país
tuviera desde hace muchos años: una tasa baja general, en todo el país y no
sólo para firmas establecidas en zonas francas, evitando una discriminación
indebida en el trato al capital (mayoritariamente) extranjero de las zonas
francas y el que se invierte en el resto del país. En
su momento ANFE presentará ideas en torno a la propuesta de un impuesto bajo y
uniforme, no como dogma liberal con que alguno la ha acusado, sino para promover
razonadamente un reforma tributaria que estimule el crecimiento de nuestra
economía, sin crear privilegios para algunos y en sentido contrario, mayores
impuestos para otros. ¿Defender la ley o a los habitantes? Por Luis E. Loría Strategic Advantage Consulting Group A la generación que creció convencida de las bondades de un Estado benefactor —convencida de la necesidad de utilizar los poderes del Gobierno para asegurar una “mejor” o “más justa” distribución de la riqueza (de acuerdo con la definición del planificador central de turno)— se le olvida que el utilizar los poderes coercitivos del Gobierno para asegurar privilegios a un grupo particular (trabajadores empleados) requiere un tipo de discriminación para otras personas (desempleados), el cual es irreconciliable con una sociedad libre. Métodos arbitrarios. Como nos recuerda Hayek, es este tipo de Estado benefactor que apunta a la “justicia social” y se convierte “principalmente en redistribuidor de riqueza”, el que se encuentra alineado con una senda de regreso al socialismo y sus métodos coercitivos y, esencialmente, arbitrarios. Paul A. Samuelson, premio Nobel de Economía, y William D. Nordhaus, profesor de Economía de la Universidad de Yale, en su libro Economics , explican claramente que “los Gobiernos algunas veces legislan un nivel de salario mínimo que define un piso para la mayor parte de los trabajos”. A pesar de que casi todos estarían de acuerdo con la importancia de los salarios elevados para combatir la pobreza, estudios demuestran que salarios mínimos elevados muchas veces perjudican a quienes estaban diseñados a ayudar… En el mismo sentido, N. Gregory Mankiw, profesor de Economía en la Universidad de Harvard, en su libro Macroeconomics , sentencia que “el Gobierno causa rigidez en los salarios cuando impide que los salarios caigan a sus niveles de equilibrio. Leyes de salario mínimo definen un mínimo legal para los salarios que las empresas les pagan a sus empleados… Para la mayor parte de los trabajadores, ese salario mínimo no es vinculante porque ellos ganan bastante más que el mínimo. Paro para algunos trabajadores, especialmente para los poco calificados o sin experiencia, el salario mínimo eleva sus salarios sobre el nivel de equilibrio. Este, por lo tanto, reduce la cantidad de esos trabajadores que las firmas demandan”. Ley pervertida. En Costa Rica, la ley de salarios mínimos es un ejemplo de cómo la ley —en palabras de Bastiat— ha sido pervertida, apartada de su finalidad y aplicada para contrariar su objetivo lógico: defender a los habitantes. Así, no comparto la “defensa de la ley” propuesta por Miguel Gutiérrez-Saxe ( La Nación 20/01/10), ya que es una ley discriminatoria que ayuda a incrementar el desempleo y perjudica, especialmente, a trabajadores poco capacitados, minorías y jóvenes sin empleo.
Dolarización
y oportunismo político
Por Luis E.
Loría* El
liderazgo intelectual independiente -ajeno al oportunismo político- es
necesario para la propagación de nuevas ideas para la organización política y
el diseño de políticas públicas. Es la manera legítima para que un punto de
vista compartido por una minoría pueda llegar a convertirse en una visión
conjunta de la mayoría. De manera más concreta, el camino que se debe seguir
para que una nueva propuesta -como la dolarización de la economía- logre
implementarse con el apoyo de la mayoría de los ciudadanos debe incluir un
proceso de discusión acerca de cuáles son los pros y los contras de su
implementación y, particularmente, cuál será su impacto para diferentes
grupos en la sociedad. En
contraposición con un liderazgo intelectual independiente, que busca promover
ideas innovadoras en materia de política económica, se encuentra el
oportunismo político. Un ejemplo reciente de esto es el lamentable artículo de
mi amigo Juan Manuel Villasuso con el título Dolarizar es un disparate (La
República y Diario Extra 19/01/10). Ortega
y Gasset, en Mirabeau o el Político (1927), explicó que el hombre de acción,
y el político de manera especial, es poco escrupuloso con la verdad, no se
preocupa mayormente por la precisión y veracidad intelectuales. En ese sentido,
don Juan Manuel peca de político en su artículo en dos puntos centrales: No
es cierto que un grupo de burócratas o planificadores centrales -ej. Presidente
del Banco Central y su Junta Directiva- cuenten con capacidad para definir con
precisión cuándo hace sentido intervenir en los mercados para corregir sus
fallas. La
evidencia, de más de 50 años de historia del Banco Central de Costa Rica
(BCCR), muestra que las intervenciones de esa institución han contribuido a
crear distorsiones e ineficiencias y que, en varios casos, han beneficiado a
grupos particulares en perjuicio de la mayoría. Más recientemente, el papel
que jugó el BCCR durante la crisis económica actual solamente contribuyó a
profundizarla. No
es cierto que el Banco de Reserva Federal de los Estados Unidos se tomará la
tarea de tomar las decisiones de política monetaria para Costa Rica. Aquí se
hace necesario un baño de realidad. A Ben Bernanke y a la Junta Directiva de la
Reserva Federal de los Estados Unidos poco les puede importar si Costa Rica
adopta el dólar como moneda oficial. Es ridículo sugerir que ellos van a
definir su política monetaria considerando cuál puede ser el impacto para
Costa Rica. En la misma línea, Eduardo Lizano, en su artículo La
dolarización, una vez más (Actualidad Económica 17/05/08), aclara que “la
autonomía o control actual del Banco Central, en cuanto al manejo de su
política monetaria, es muy relativa.” Al respecto, explica que ya hoy, “sin
dolarización”, las decisiones de la Reserva Federal deben tomarse en cuenta
en Costa Rica -ej., fijación de tasas de interés- y que el grado de “dolarización”
actual de la economía nacional impide al BCCR utilizar libremente sus
instrumentos de política monetaria. *Luis
Loría es miembro de la Junta Directiva de ANFE y este artículo fue
originalmente publicado en el diario La Extra del 2 de febrero del 2010.
SI
Por
Luis E. Loría * Los
problemas relacionados con la competitividad del país producto de la actual
gestión de los puertos del Atlántico no son un problema de falta de dinero,
nada más; se requiere migrar hacia un modelo de gestión de clase mundial. Esa
es una de las principales conclusiones del estudio “Los puertos del Atlántico
y la Competitividad de Costa Rica”, elaborado por el autor y publicado, en
septiembre de 2009, por la Fundación Caatec (disponible en: http://www.caatec.org/sitio1/publicaciones/caatec-puertos-atlantico.pdf). Actualmente,
los puertos del Atlántico se caracterizan por ser coadministrados entre las
autoridades de Japdeva y Sintrajap, lo cual ha generado toda una serie de
distorsiones en la eficiente administración de los puertos, convirtiéndose
así en una barrera al comercio y un obstáculo para el desarrollo de la
provincia de Limón y de toda Costa Rica. De
acuerdo con el estudio, durante los últimos 35 años, los dirigentes del
Sindicato de Trabajadores de Japdeva (Sintrajap) han promovido innumerables
interrupciones a los servicios portuarios para forzar negociaciones bajo
presión, logrando con ello beneficios y privilegios durante dicho lapso. Estos
beneficios se encuentran bien documentados, con base en información oficial y
verificable de Japdeva , en el trabajo de Caatec. El
trabajo pone en evidencia cómo los paros, huelgas y tortuguismo en los puertos
del Atlántico, promovidos por dirigentes sindicales de Sintrajap, se llegaron a
convertir en una práctica común. Como se detalla en la sección 6., entre los
años 2003 y 2008, fue posible documentar 21 eventos de este tipo que acumularon
69 días y 10 horas de trastornos en los servicios portuarios de los puertos de
Limón y Moín, un promedio de 11 días y 14 horas por año. A esas
interrupciones extraordinarias, se le deben sumar los 8 días y medio por año
de cierre de puertos, mencionados en el párrafo anterior, para llegar a un
total de aproximadamente 20 días hábiles de interrupción de actividades por
año. Esta situación contrasta negativamente con la operación normal de los
puertos en el resto del mundo, donde se trabaja 24 horas al día los 365 días
del año. El
secuestro del Ministerio de Trabajo por parte de la cúpula de Sintrajap —con
el apoyo de otros sindicatos— es un ejemplo más de que no es razonable apelar
a la moderación y el sentido común de los miembros de la cúpula sindical para
que no actúen en contra de los intereses del país. Por el contrario,
nuevamente, recurren a la coerción y la violencia para impulsar sus intereses
particulares. Cómo bien lo señalara Friedrich A. Hayek, Premio Nobel de
Economía, en The Constitution of Liberty (1960): “…[H]emos
alcanzado un estado en el que ellos [los sindicatos] se han convertido en
instituciones especialmente privilegiadas a las cuales las reglas generales de
la ley no aplican. Se han convertido en la única instancia importante en la que
los gobiernos notablemente fallan en su función principal —la prevención de
la coerción y la violencia.” *Loría
es miembro de la Junta Directiva de ANFE y este comentario apreció
originalmente en el diario La Extra del 30 de enero del 2010. LA ÉTICA DEL LUCRO
Por Alejandro Barrantes Requeno*
¿Por
qué? Una posible respuesta a esta interrogante nos la ofreció Weber tiempo
atrás, cuando explicó en su libro "La ética protestante y el espíritu
del capitalismo" que la religión podría tener algún tipo de influencia
respecto a las consideraciones acerca del dinero, a partir de sus observaciones
en el sur de Europa, donde los países eran predominantemente católicos y
pobres, contrario a los del norte, protestantes y considerablemente más ricos
que sus vecinos. Para él, la razón de tal situación descansaba en que el
catolicismo veía con malos ojos a la riqueza, mientras que el protestantismo la
consideraba una bendición. Siguiendo
ese razonamiento, podría establecerse que, al ser las sociedades
latinoamericanas eminentemente católicas, las consideraciones negativas acerca
de la riqueza, el lucro y el dinero han calado hondo en la mentalidad de los
individuos. Y aunque quizá no pueda establecerse que tal relación sea directa,
la realidad permite generar ciertas suspicacias, máxime cuando es en esta
región del mundo donde la "Teología de la liberación" se ha
desarrollado sobre la base de un discurso eminentemente redistributivo y
colectivista. Precisamente, este último punto hace más interesante el
análisis, puesto que es en Latinoamérica donde el influjo colectivista, en
cualquiera de sus expresiones teóricas y políticas, ha persistido con más
fuerza (quizá exceptuando a Rusia y China). Sea
con los regímenes socialistas moderados de Arbenz o Allende, con el estatismo
socialdemócrata costarricense, con el socialismo revolucionario cubano, el
socialismo del Siglo XXI venezolano, el peronismo argentino, el aprismo peruano,
el sandinismo nicaragüense o el priismo mexicano, los países de la región
latinoamericana han transitado, durante más de un siglo, por el camino de la
lucha de clases, el revanchismo, la ignorancia, la indecencia y el robo
institucionalizado como elementos legitimadores de un discurso populista que se
ha afincado no sólo en el poder sino que también en los fundamentos éticos de
los individuos en torno a la riqueza, el lucro y el dinero. Por
supuesto que han existido variaciones de grado en cuanto a estos regímenes:
mientras en Cuba y Venezuela, la riqueza es inaceptable para los individuos
libres (no para los gobernantes) y está prohibida por ley, en otras como Costa
Rica y Argentina, se permite la acumulación siempre y cuando los ciudadanos se
resignen a ver cómo se les arrebata "solidariamente" su dinero para
dárselo a otros, en un acto que los progresistas gustan llamar "justicia
social" como eufemismo para validar el robo. En cualquier caso, sea por una
cuestión religiosa o por una tradición ideológico-política específica, lo
cierto es que en esas sociedades, las calificaciones negativas respecto a la
riqueza, el dinero y el lucro, se han ido consolidando hasta el punto de servir
de acicate para la aparición de cierto tipo de líderes. En esos contextos es
donde han surgido los Fidel Castro, los Hugo Chávez, los Pepe Figueres,
los Juan Domingo Perón, los Salvador Allende y otros que, posiblemente, no
rechazaban obtener riqueza para sí mismos, pero que indudablemente se
aprovecharon de una mentalidad imperante en sus sociedades para arribar y
mantenerse en el poder. Así, durante su vida y hasta después de su muerte –gracias
a los herederos de su tradición- este tipo de líderes ha alimentado el odio,
la envidia, la mediocridad y la creencia de que la riqueza es obtenida a partir
de un juego de suma cero o que conseguirla es un acto indigno que debe
avergonzar a las personas con "conciencia social", por lo que deben
deshacerse de ella a la mayor brevedad posible. Sin
embargo, esa mentalidad no sólo atenta contra el progreso individual sino
contra la libertad misma, pues en tanto que en una sociedad persista un odio
visceral hacia la riqueza, la propiedad privada, el esfuerzo, el trabajo y el
ahorro, la fórmula política terminará en un autoritarismo que procure
emparejar a todos hacia abajo, redistribuir la riqueza quitándole a unos para
dárselo a otros sin importar que no lo merezcan, incentivar la mediocridad de
quienes se atienen a esperar la "justicia social" como regalo
prometido. Una sociedad guiada por este tipo de regímenes es la antesala de la
esclavitud y la pobreza, donde unos trabajarán para que otros disfruten de lo
producido o donde ninguno se esforzará porque no tendría sentido hacerlo si
todo lo que logre se lo quitarán. Es el camino de servidumbre del que Hayek nos
hablaba en su reconocida obra literaria. ¿Qué
hay de malo en querer ser rico? ¿Qué hay de malo en trabajar duro, aplicarse
disciplinadamente a una actividad honesta y disfrutar de los resultados? Siempre
y cuando la riqueza sea generada por la libre empresa y el libre intercambio,
por individuos que voluntariamente disponen de sus bienes, habilidades y
recursos y que acuerden, sin coacción alguna, realizar transacciones y entablar
relaciones, no habrá ningún daño a los demás. Y, como bien nos enseñó
Smith, gracias a la búsqueda del interés individual, consigue el progreso
social. *Politólogo
AMÉRICA LATINA DESGARRADA
Por Marcos Aguinis* Unas
semanas antes de las elecciones en los Estados Unidos ya se percibía el triunfo
de los demócratas sobre los republicanos. Fue entonces –recuerdo-- cuando me
trasmitieron una dramática confidencia. El vicepresidente Dick Cheney había
decidido asesinar a George W. Bush para tomar el gobierno, clausurar ambas
cámaras del Congreso, suprimir las elecciones y dar un impulso feroz al
programa destinado a imponer en el resto el mundo el modelo norteamericano.
Quedé boquiabierto y pedí detalles sobre un proyecto tan horrible. Me
explicaron entonces que fue comentado en voz baja, como hacen los conspiradores,
en una reunión compuesta por dos argentinos, un peruano, tres guamaltecos, un
mexicano y un nicaragüense. En
menos de un segundo solté mi carcajada, pese a que no era un chiste. Semejante
complot solo podía surgir de la calenturienta inspiración latinoamericana,
donde ese cuento a menudo se hace realidad. Pero en los Estados Unidos no. Allí
se asesinó a varios presidentes, sin que a nadie se le hubiese ocurrido cerrar
el Congreso o perturbar el funcionamiento de las instituciones. Las
instituciones son más vigorosas que el más encumbrado y popular de los
caudillos. En
nuestros países, por el contrario, la única institución fuerte que conocemos,
predomina y perdura, es el caudillo. Y a nuestros políticos, a menudo fascina. Los
tres siglos de la etapa colonial nos fijaron en el alma que el único que manda
es el rey (y sus sucesivos descendientes, incluidos los que se autointitularon
benefactores, libertadores, supremos, dictadores, presidentes vitalicios,
conductores). A principios del siglo XIX habíamos sido bendecidos por la
transitoria lluvia de una primavera ilustrada que se tradujo en las revoluciones
de la Independencia e impulsó el crecimiento de la cultura más progresista de
la época. Pero las arraigadas tradiciones de sometimiento colectivo –incluidas
la nostalgia por el imperio incaico y azteca, más la implacable castración
inquisitorial-- bloquearon su avance. Un
hombre admirable como Simón Bolívar se auto-designó dictador vitalicio. Como
si fuera poco, propuso que el dictador eligiera al remoto sucesor y, por lo
tanto, no se gastase dinero ni energías en nuevas elecciones. Exigió también
que los cargos legislativos fueran de por vida y, además, hereditarios. Para
completar ese oscuro panorama instituyó la censura. Por último, estableció
como ejemplo del futuro latinoamericano a Haití. ¡Haití! el ahora país más
pobre, sufrido y caótico del continente. Simón
Bolívar no era ser común y debemos esforzarnos por comprender algunas de sus
iniciativas totalitarias como el recurso entonces necesario para impedir la
reducción a escombros de toda la epopeya emancipadora. Pero me pregunto si
aquellas iniciativas terribles son imprescindibles ahora, o si la cacareada “revolución
bolivariana” o “el socialismo del siglo XXI” de veras traerá prosperidad
a nuestro continente. Bolívar
fue un hijo de la Ilustración, como casi todos los próceres de la
Independencia. Sus ideales eran la libertad y el progreso. Pero cayó en las
pegajosas tradiciones del absolutismo (caudillescas, anti-institucionales) que
una y otra vez levantan sus cabezas. ¿Cómo luchar por la libertad conculcando
libertades? ¿Cómo estimular el progreso asociándose al arcaísmo
colectivista? ¿Cómo alimentar la solidez de instituciones republicanas cuando
la única institución que se palpa y se ve –como los paganos a los ídolos--
es el hombre fuerte? Estas
contradicciones desgarran gran parte de nuestro continente. Producen el efecto
acuñado por el mismo Bolívar de “arar en el mar”. Muchas democracias no
son más que procesos electorales a los que se pueden invalidar con golpes de
Estado, movilizaciones callejeras o actos circenses. Sabemos
ahora que no alcanzan las elecciones para que haya democracia. Es necesario que
después de las elecciones se respeten a rajatabla las instituciones de la
república. M.
Naím es editor en jefe de la revista Foreign Policy. Nació en Venezuela
y ama a nuestro continente con pasión. Pero es realista. Es tan realista que a
veces da miedo. Le escuché pintar a nuestra América Latina con pinceladas que
recuerdan al último Goya. Lo intituló en uno de sus trabajos de investigación
The lost continent. No usó la expresión “continente perdido” porque
sea difícil encontrarlo en el mapa, sino porque hasta ha perdido el nivel de
“patio trasero”. Más bien se parece a la Atlántida de la leyenda, ese
espacio idílico que por razones tan variadas como incontenibles desapareció de
la superficie terrestre. Semejante afirmación requería explicaciones. Y las
dio. América
Latina dejó de ser competitiva en todo, explica. Ni siquiera es competitiva
como tragedia, porque las más conmovedoras se centran en África o el Medio
Oriente. Tampoco es competitiva como amenaza militar y mucho menos económica:
las bravuconadas del eje chavista provocan sonrisas, no miedo. Las donaciones
solidarias de ayuda internacional tienen otros destinos. La clase media
desciende. El
populismo –una palabra que antes generaba escozor y ahora parece vibrar como
un clarín– es la expresión de la pobreza y falta de estrategia política.
Las Constituciones no son defendidas por las Cortes Supremas con el debido
coraje ni la necesaria convicción. El
Estado de derecho sigue siendo una abstracción que pocos entienden. Falta una
conciencia inversora genuina, despegada de los favoritismos. El monopolio y la
concentración de la riqueza van de la mano con el poco estímulo a la
competencia transparente. Pese
al hueco palabrerío contra la pobreza, no se realizan las reformas laborales
que permitirían incorporar millones de excluidos al mercado del trabajo. Ese
temor a efectuar una progresista y revolucionaria reforma impide el nacimiento
de muchas fuentes nuevas de trabajo o la expansión de las existentes, así como
la posibilidad de generar productos de alta calidad que puedan competir en el
mercado mundial. En
nuestro lastimado continente se han realizado muchos experimentos políticos y
económicos. Pero aún no se ha tomado conciencia de que ningún país progresa
de manera sostenida con fórmulas caudillescas y populistas, porque el populismo
necesita eternizar la miseria, mantener la limosna, el asistencialismo, la
ignorancia y el fanatismo. Sin pobres ni ignorantes se acaban los caudillos y se
acaba la limosna y se acaba el populismo. Para
que no haya pobres, en cambio, los políticos deben asumir que hacen falta
cataratas de inversión nacional e internacional, como reciben ahora Irlanda,
Estonia, China, Corea del Sur, Taiwán, Botswana, India. El
economista Milton Friedman, cuya figura crece como la del verdadero
revolucionario de la libertad, dijo que para el crecimiento de un país hacían
falta tres cosas: “inversión, inversión e inversión”. Como
era un científico que no se perdonaba ni sus propios errores –rasgo común de
todo verdadero científico– dijo que tampoco la sola inversión alcanzaba,
porque era proclive a ser distorsionada y terminar en sitios opuestos a los
ansiados. Entonces se corrigió. Dijo que para el acelerado progreso de un país
hacen faltan tres cosas: “Estado de derecho, Estado de derecho y Estado de
derecho”. América
Latina, desgarrada entre sus opuestas tradiciones colectivistas e ilustradas,
autoritarias y democráticas, debería echar una mirada a su interminable marcha
de borracho. Así
como el argentino Alberdi aprendió de la Constitución de California (predijo
que esa Constitución producirá más oro que todo el oro de sus minas, y no se
equivocó), ¿no deberíamos aprender de los países que hasta hace poco fueron
muy atrasados y ahora se elevan como cohetes espaciales? Tarea inexcusable para
cualquier político honesto y ambicioso. *Marcos
Aguinis,
escritor argentino, autor de numerosas novelas, cuentos y ensayos, ha sido
galardonado con el Premio Planeta (España) y el Premio Fernando Jeno (México).
Sus últimas obras son La Pasión según Carmela (Novela, 2008) y ¡Pobre
Patria mía! (Ensayo, 2009). Este artículo fue originalmente publicado en
La Nación del 7 de febrero del 2010.
UN
COMENTARIO SOBRE LA DOLARIZACIÓN EN COSTA RICA
Por Steven Hanke*
*Steve
H. Hanke es
profesor de economía aplicada en la Johns Hopkins University en Baltimore y
académico titular en el Cato Institute en Washington, D.C. En este comentario
del 4 de febrero del 2010 desmiente lo que dijo Ottón Solís sobre la
dolarización en el debate de Canal 6 entre los candidatos a la presidencia de
la República el día 28 de enero del 2010. LA
DECLAR EL
LIBERALISMO CLASICO CONSTITUCIONAL: UNA DECLARACION PARA EL SIGLO XXI Estos
principios nos definen como un país y nos inspiran como un pueblo. Son
responsables de que haya una nación justa y próspera como ninguna otra en el
mundo. Son nuestros logros máximos, sirviendo no sólo como poderosos faros
para todos quienes luchan por la libertad y buscan un gobierno propio, sino
también como advertencias a los tiranos y a los déspotas en todo ámbito. Cada
una de estas ideas fundacionales en la actualidad se encuentra bajo un ataque
sostenido. En décadas recientes
los principios de los Estados Unidos han sido minados y redefinidos en nuestra
cultura, nuestras universidades y nuestra política. Las verdades evidentes en
sí mismas de 1776 han sido suplantadas por la noción de que tales verdades no
existen. El gobierno federal de hoy día ignora los límites que le impone la
Constitución, la cual es crecientemente despreciada como obsoleta e
irrelevante. Algunos
insisten en que los Estados Unidos deben cambiar, tirando lo viejo e imponiendo
lo nuevo. Pero, ¿adónde conducirá esto –hacia adelante o hacia atrás,
hacia arriba o hacia abajo? ¿No es la idea de cambio una promesa vacía sino
hasta un engaño peligroso? El
cambio que necesitamos urgentemente, un cambio consistente con el ideal de los
Estados Unidos, no es un movimiento que nos aleje sino que nos acerque a
nuestros principios fundacionales. En este momento tan importante necesitamos
una reafirmación del liberalismo clásico constitucional, basado en el
principio invaluable de un orden de libertad articulado en la Declaración de la
Independencia y en la Constitución. El
liberalismo clásico de la Declaración afirma verdades evidentes en sí mismas
con base en las leyes de la naturaleza y en el Dios natural. Defiende la vida,
la libertad y la búsqueda de la felicidad. Determina el origen de la autoridad
en el consentimiento de los gobernados. Reconoce
el interés propio del hombre pero también su capacidad por la virtud. El
liberalismo clásico de la Constitución limita los poderes del gobierno a la
vez que se asegura que el gobierno lleve a cabo efectivamente su función
propia. Refina la voluntad popular a través del filtro de la representación.
Provee frenos y contrapesos por medio de las diversas ramas del gobierno y de la
república federal. Un
liberalismo clásico basado en la Constitución une a todos los liberales
clásicos por medio de una fusión natural brindada por los principios de los
Estados Unidos. Recuerda a los
interesados en asuntos económicos que la moral es esencial para un gobierno
limitado, a los interesados en los asuntos sociales que un gobierno ilimitado es
una amenaza para un autogobierno moral y a los interesados en la defensa de la
nación que un gobierno responsable pero energético es la clave para la
seguridad de los Estados Unidos y su papel de liderazgo en el mundo. Un
liberalismo clásico constitucional basado en los primero principios brinda el
marco para un agenda política consistente y significativa ·
Aplica
el principio de un gobierno limitado basado en la regla de la ley a cualquier
propuesta. ·
Honra
el papel central que tiene la libertad individual en la política y la vida en
los Estados Unidos. ·
Estimula
la libre empresa, el empresario individual y las reformas económicas basadas en
soluciones que brinda el mercado. ·
Apoya
el interés nacional de los Estados Unidos en impulsar la libertad y en oponerse
a la tiranía en el mundo y prudentemente considera lo que podemos y debemos
hacer para tal propósito. ·
Instruye
la firma defensa del liberalismo clásico a la familia, la vecindad, la
comunidad y la fe. Para
que tengamos éxito en las críticas batallas políticas y sobre la formulación
de políticas que yacen adelante nuestro, debemos estar seguros de nuestro
propósito. Debemos
empezar retomando y defendiendo resueltamente el punto cimero de los principios
fundacionales de los Estados Unidos Febrero
17 del 2010 Firmantes: Edwin
Meese, Ex Ministro de Justicia de la Administración Reagan Wendy
Wright, Presidente de Mujeres Interesadas en los Estados Unidos Edwin
Feulner, Jr., Presidente de la Fundación Heritage Lee
Edwards, Miembro Distinguido en el Pensamiento Liberal Clásico en al Fundación
Heritage Tony
Perkins, Presidente del Consejo para la Investigación sobre la Familia Becky
Norton Dunlop, Presidente del Consejo sobre Política Nacional Brent
Bozell, Presidente del Centro para la Investigación sobre Medios Alfred
Regnery, Editor del American Spectator David
Keene, Presidente de la Unión Estadounidense de Liberales Clásicos David
McIntosh, Cofundador de la Sociedad Federalista T.
Kenneth Cribb, Antiguo asesor sobre política doméstica del Presidente Reagan Grover
Norquist, Presidente de Estadounidenses Pro Reforma Tributaria William
Wilson, Presidente de Estadounidenses por un Gobierno Limtiado Elaine
Donnelly, Centro para la Alerta Militar Richard
Viguerie, Presidente de ConservativeHQ.com Kenneth
Blackwell, Coalición para una Mayoría Liberal Clásica Colin
Hanna, Presidente de “Dejad que la Libertad se escuche” Kathryn
J. López, National Review |
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