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Asociación Nacional de Fomento Económico ANFE Boletín Enero del 2010 Descargue este boletín en formato (PDF 584 KB ) (DOC 411 KB)
Mensaje de la Presidencia de ANFE-Jorge Corrales Quesada Infierno lleno de buenas intenciones-Carlos Federico Smith En defensa de los desempleados-Luis Loría Las dictaduras del siglo XXI- Oscar Alvarez El motor de plasma-Rodrigo Cedeño Gómez En Guardia-Jorge Guardia Quirós Confianza sin soluciones-Jorge Corrales Quesada
MENSAJE
DE LA PRESIDENCIA DE ANFE
Al
inicio de actividades mediante este primer boletín del año, empiezo por
desearles a los asociados y asociadas de ANFE un Feliz Año Nuevo, el cual deseo
que esté pleno de salud para ustedes y sus apreciadas familias; asimismo, que
en todo sentido sea mucho mejor que el año anterior. El
pasado 10 de diciembre se presentó el libro de nuestro compañero de Junta
Directiva, el Dr. Luis Loría, titulado “Agenda para la Reactivación
Económica de Costa Rica: Elementos de una visión de futuro”, el cual contó
con la asistencia de más de 25 personas, quienes
participaron activamente en la discusión. Una vez más aprovecho la oportunidad
para agradecer el apoyo de la Fundación Friedrich Naumann para que la actividad
fuera todo un éxito. En
este año esperamos poder realizar una serie de actividades acerca de las cuales
les informaremos oportunamente y sobre las cuales se está en proceso de su
diseño y de la búsqueda de apoyo para poder realizarlas con todo éxito, tal y
como lo hicimos en el año recién pasado. Ante
la cercanía del proceso electoral por el cual los costarricenses llevamos a
cabo sin violencia el cambio de nuestras autoridades, tan sólo manifestamos
nuestro apoyo a la voluntad del pueblo que esperamos se muestre en el marco de
libertad y de decisión personal de parte de cada uno de nosotros. A quienes
básicamente comparten nuestros ideales y que de alguna u otra manera, en
diferentes agrupaciones políticas, podrían ocupar un puesto de elección
pública, les deseamos el logro de sus objetivos, que esperamos sean encabezados
por la promoción de la libertad en todas sus amplias vertientes. Este
boletín comprende las siguientes secciones: Mensaje de la Presidencia,
Pensamientos de Liberales, la Columna Libre de nuestro colaborador don Carlos
Federico Smith, titulada “Infierno lleno de buenas intenciones”., Asimismo,
de nuestro compañero director Luis Eduardo Loría reproducimos sus artículos
“En Defensa de los Desempleados”, “Vientos de Cambio” y “Casino
Cambiario”. También del Dr. Oscar Alvarez, miembro de la Junta Directiva de
ANFE reproducimos su ensayo “Las Dictaduras del Siglo XXI”, así como el
interesante artículo del Dr. Rodrigo Cedeño Gómez, publicado en el periódico
La Nación, que lleva por nombre “El Motor de Plasma”. Asimismo se reproduce
un artículo del columnista Jorge Guardia Quirós, Ex presidente de ANFE sobre
el tema de la política de salarios mínimos. Finalmente, de este servidor se
reproduce el comentario “Confianza sin Soluciones”. Jorge Corrales Quesada
Presidente de ANFE
PENSAMIENTOS
DE LIBERALES “…es
necesario no pasar por alto el hecho de que detrás de la soberanía del rey
filósofo se oculta el deseo de poder. El hermoso retrato del soberano no es
sino un autorretrato. Una vez recobrados de la conmoción ocasionada por este
descubrimiento, podremos contemplar ese imponente relato sin que –siempre que
logremos fortificarnos con una pequeña dosis de ironía socrática-, nos vuelva
a aparecer tan aterrador. Así,
comenzaremos a descubrir sus rasgos humanos
-en verdad, demasiado humanos-; podemos llegar, incluso, a sentirnos algo
apiadados de Platón, que debió conformarse con establecer la primera academia,
ya que no el primer reino, de la filosofía y que jamás pudo materializar su
sueño, esto es la Idea soberana que se había formado de su propia imagen.
Siempre fortificados por una buena dosis de ironía, podemos llegar a encontrar,
incluso, en la historia platónica, una melancólica semejanza con aquella
sátira inconsciente y sin intención de platonismo, esto es, el cuento del Ugly Dachshund, de Tono, el gran danés, quien se forma la Idea
soberana del “Gran Perro” según su propia imagen (pero que al fin descubre,
felizmente, que él es, realmente, el Gran Perro). ¡Qué
monumento a la pequeñez humana es esta idea del filósofo rey! ¡Qué contraste
entre ella y la simplicidad y humanidad de Sócrates, que se pasó advirtiendo
al hombre de estado contra el peligro de dejarse deslumbrar por su propio poder,
excelencia y sabiduría, y que tanto se preocupó por enseñar que lo que más
importa es nuestra frágil calidad de seres humanos! ¡Qué decadencia, qué
distancia desde este mundo de ironía, razón y sinceridad, al reino platónico
del sabio cuyas facultades mágicas lo elevan por encima de los hombres
corrientes, aunque no tan alto como para evitar el uso de las mentiras o para
ahorrarse las tristezas del oficio médico: la venta o la fabricación de
tabúes, a cambio del poder sobre sus ciudadanos.” Karl R. Popper, La
Sociedad Abierta y sus Enemigos (Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica, S.
A., 1994), p. 156. INFIERNO
LLENO DE BUENAS INTENCIONES
Por Carlos Federico Smith Sé
que escribir acerca del tema de los salarios mínimos no es tema fácil, en
especial por ser un campo propicio para un análisis más propio del sentimiento
que de la razón y porque, al menos los economistas, a veces somos aguafiestas
para quienes emplean un análisis sensiblero como justificante de opiniones
que más que técnicas son políticas o ideológicas o bien para lograr un
interés inmediato particular. Desnudar esta apariencia obviamente que no es
bien vista por mercaderes de la sensibilidad social. En
esta ocasión me refiero a dos comentarios, uno el editorial del periódico La
Nación del 6 de enero, que lleva por título “La Ley de Salarios Mínimos”
y el otro un artículo de Miguel Gutiérrez, director del programa Estado de la
Nación, aparecido en ese mismo diario el 20 de enero. Podría estar equivocado,
pues en dicho medio los editoriales son anónimos, pero me parece que aquél
puede haber sido escrito por el mismo señor Gutiérrez, de gran cercanía a ese
medio, pues el editorial desde su inicio se deshace en alabanzas al informe del
“Estado de la Nación”, por su “programa sorprendente” que, de seguirse,
permitiría reducir la pobreza extrema del país a la mitad, pues para lograr
“semejante maravilla”, como dice el editorial, sólo basta con “exigir
el cumplimiento universal de la Ley de Salarios Mínimos.” Si
no fue el señor Gutiérrez el autor del editorial de referencia, me imagino que
tampoco lo fue alguno de dos destacados economistas quienes suelen escribir en
ese medio, los señores Luis Mesalles y Jorge Guardia, pues su alta formación
académica estoy seguro que los mantendría aislados de creencias deseadas o de
ser movidas por el deseo (wishful thinking), y quienes más bien harían un buen
análisis económico de los asuntos laborales. Si don Jorge o don Luis, alguno
de ellos, fuera el autor de ese editorial, entonces sí acepto que a la
propuesta se le otorgue el calificativo de “sorprendente” que le dio el
editorial. Pero casi estoy seguro que no fue ninguno de ellos, por lo que me
inclino por el señor Gutiérrez o bien por alguien quien no parece conocer
mucho de análisis económico y sí de tentaciones demagógicas que suelen
acompañar esas prédicas usual e irresponsablemente expresadas en términos de
proteger a lo más pobres, cuando en verdad suelen terminar por afectarlos al
máximo y muy directamente. Vamos
al meollo del asunto: lo que el editorial dice es que si la ley de salarios
mínimos se pusiera en práctica –que según él “es un imperativo inmediato”
el hacerlo- dado que en el país existen cerca de 600.000 costarricenses que el
año pasado ganaron menos que ese mínimo, la pobreza del país, en vez de ser
un 17.7%, habría sido de un 11.1% y que la pobreza extrema, en vez de un 3.5%,
habría llegado a tan sólo un 1.5%. Por lo tanto, para resolver esa “inequidad”
en la distribución del ingreso es necesario aplicar la ley de salarios
mínimos. Es más, como dice
Gutiérrez en su artículo, “los salarios mínimos no es solamente un asunto
económico es un asunto de derechos fundamentales”. Ojalá
fuera cierto que, con una política salarial de un salario mínimo por encima de
su valor de mercado, fuera posible conservar el nivel de empleo que se tenía
con un salario previo inferior, lo cual me imagino es lo deseable desde el punto
de vista de los derechos fundamentales de los trabajadores: un nivel de empleo
elevado con “salarios altos”. Así nirvana (el paraíso terrenal) sería
posible: que no hubiera desocupación alguna y que los salarios fueran del nivel
mayor que uno podría imaginar. Pero,
maldición con esos “insensibles” economistas, a ellos se les ocurre decir
que si el salario mínimo fijado es superior a los salarios vigentes en el
mercado, lamentablemente el trabajador que desea encontrar trabajo a ese salario
mínimo mayor no va a tener empleo. Esos economistas “deshumanizados” lo “deben”
decir porque no les gusta que los pobres progresen y más les vale que ignoren
lo que ha estado harto documentado en diversas experiencias en todo el mundo: si
el salario mínimo se fija por encima del nivel de mercado, aumenta la
desocupación. Me imagino que,
entre mayor sea esa disparidad, mayor será el efecto sobre el nivel de empleo. Antes
de hacer una explicación de lo que posiblemente ha sucedido en el mercado
laboral costarricense ante la existencia de salarios mínimos, debo enfatizar el
problema moral de quienes, empujados por su “gran sensibilidad social”
proponen legislaciones de salarios mínimos por encima de los niveles de mercado
en las economías. Si bien quienes
ahora con el salario mínimo más elevado encuentran un trabajo en donde ganan
más (y supuestamente así es como bajarían los indicadores de pobreza de
acuerdo con los editorialistas), simplemente
deben ser comparados con quienes ahora no ganan nada al quedar desempleados por
esa medida de política laboral (habría trabajadores que quedan frustrados,
pues no encontraron trabajo al salario más alto que fijó la ley, en tanto que,
quienes al salario anterior, supuestamente más bajo, tenían trabajo, ahora
quedaron desempleados). Eso lo ignoran olímpicamente el editorial y el
artículo de referencia, al asumir simplemente que una legislación de salarios
mínimos no provoca desocupación. El
comentarista Gutiérrez brinda una respuesta mágica: la evidencia empírica que
dice tener, pero que no prueba. Escribe que “la política de salarios mínimos
costarricense, en el muy largo plazo, es un caso que documenta el
fortalecimiento de un mercado interno en la segunda mitad del siglo XX, que ha
permitido combinar el bienestar de las personas con el crecimiento de la
economía.”. Esto
suena muy bonito, pero lo que podría indicar es otra cosa muy distinta de lo
que alega el analista: la política de salarios mínimos que Costa Rica ha
puesto en práctica a lo largo de esta segunda mitad del siglo XIX se
caracteriza porque la fijación de salarios mínimos no parece estar muy alejada
de los niveles salariales que, de todas maneras, demanda el mercado. Es así
como históricamente, excepto en períodos en que cayó violentamente la
producción, como sucedió en 1979, al igual que en la actualidad, la tasa de
desempleo en Costa Rica ha sido relativamente baja. Pensar que si aquí se fija el salario mínimo muy por encima
del determinado en los mercados sin ocasionar desocupación, equivale a alegar
algo así como que la ley de la
gravedad no funciona en nuestro país. Si en Costa Rica se fija un salario
mínimo por encima de aquel determinado en el mercado, a lo que da lugar es al
desempleo, aquí y en la Cochinchina. De otra manera, repito, aquí y en la
Cochinchina, a lo que da lugar es a la desocupación, como lo vivimos en 1979 y
en la actualidad. El
comentarista Gutiérrez agrega “el crecimiento de la economía” como factor
explicativo del crecimiento del mercado interno, en cuanto a su efecto sobre la
demanda de mano de obra. Precisamente lo que esto implica es que aumente la
demanda de trabajo (es una de las razones por las cuales algunos siempre tenemos
en mente asegurar un crecimiento económico sostenido), lo que conduce a que
haya salarios crecientes, lo cual permite acomodar una política de “salarios
mínimos creciente” sin que haya dado lugar a altos niveles de desempleo. En
otras palabras: es el crecimiento de la economía lo que ha generado salarios
crecientes y que la política de salarios mínimos propuesta por ciertos
políticos ha sido irrelevante desde el punto de vista de los mercados, pues no
han generado altos niveles de desocupación, aunque sí réditos electorales y
tal vez algún grado de tranquilidad en las conciencias de los políticos. La
mala decisión económica que se tomó no causó un gran daño pues aprobaron
salarios mínimos que estaban muy cerca de los salarios crecientes que se
demandaban en la economía. Pensemos,
por un momento, otro escenario alternativo. Supóngase que en efecto las
políticas de salarios mínimos conducen a una disminución de la pobreza y que,
tal como asevera Gutiérrez, es cierto que “existe evidencia histórica
robusta para Costa Rica”, de que aquéllas no provocan un aumento en el
desempleo. Como no hay un monopolio (ni de La Nación ni del señor
Gutiérrez) en el deseo de disminuir la pobreza en Costa Rica (en otras
palabras, ni La Nación ni el director del programa del Estado de la Nación son
los únicos que se sentirían muy felices si se redujera la pobreza general y la
extrema en nuestro país), entonces, la solución al problema es muy, pero muy
sencilla: simplemente lo que hay que hacer es aumentar los salarios mínimos en
lo que fuere necesario (¡Usted escoja hasta cuánto!). Por ejemplo, sugiero
pasar del salario mínimo mensual de los trabajadores de ¢156.625 en el 2009 al
equivalente de los $10.000 mensuales que, supongo, podría ganar un director de
periódico o de un programa internacional (aunque podría ser un monto aún
mayor). Redondeemos ese nuevo salario mínimo mensual a ¢5.700.000 mensuales (a mi me parece un monto muy “justo o digno”; pero no se
si también a los directores de referencia). Si
la propuesta de salario mínimo que he sugerido no va a provocar un aumento en
la desocupación, me imagino que así quedaría resuelto el problema de la
pobreza que tanto aflige al editorialista y al
comentarista (y me imagino que también a todos los costarricenses que
tengan corazón). Al fin de
cuentas, con llevar al absurdo el argumento del editorial y del comentarista, lo
que me permite es exhibir la ignominia y demagogia de la proposición que hoy
analizo. Si no tuviera efectos
negativos sobre los trabajadores empleados, la propuesta de reducir la pobreza
mediante un aumento de los salarios mínimos no tendría problema alguno, pero
en verdad resulta ser tan sólo la ilusión de un mal economista, de un
economista metido a político o de un periódico que decidió tirar por la borda
el conocimiento económico acumulado a través de muchas generaciones de
estudiosos e investigadores. Además
de estas consideraciones generales a que me he referido, también es importante
hacer algunas observaciones en torno a la situación actual de desempleo en
nuestro país y con ello ubicar debidamente estas pretensiones del editorialista
y del comentarista de referencia. De
julio del 2008 a junio del 2009 la tasa de desempleo abierto pasó de un 4.9% a
un 7.8% como resultado del menor crecimiento de la economía en ese lapso (y en
general en todo el 2009). Este menor crecimiento económico se reflejó en una
disminución de la demanda de mano de obra.
Conceptualmente, si se hubiera reducido el salario nominal (y en concreto
el salario mínimo), posiblemente la tasa de desocupación no hubiera aumentado
a esos niveles; sin embargo, es un hecho inimaginable desde el punto de vista
político que el salario mínimo se puede reducir. Lo
que sí puedo afirmar es que, en muchas empresas, principalmente aquellas no
ubicadas en zonas francas, aunque también en algunas que sí lo están, hubo
despidos de trabajadores, mientras que en otras, por acuerdos internos e
imbuidos en ideas de conservar la inversión en mano de obra incurrido por las
personas y de las firmas, así como por solidaridad con compañeros de trabajo,
muchos trabajadores aceptaron laborar menos horas e incluso ver reducidos
temporalmente sus salarios a fin de conservar su empleo y el de algunos de sus
compañeros. Por ello es de esperar
que, no por la “desvergüenza de quienes pagan salarios de miseria”, como
dice el editorial de La Nación, se haya presentado una reducción en los
ingresos de los trabajadores y que, en ese tanto, se diera un aumento de la
pobreza, tanto general como extrema. De
no haberse dado este episodio recesivo, tanto por razones externas como
internas, el continuo crecimiento de la economía que se venía dando se habría
mantenido y, por ende, no se habría presentado el aumento en la desocupación
ya señalada, ni tampoco que se percibieran salarios inferiores a los mínimos. Creo
que el lector es consciente de que la solución a la pobreza no radica en “el
fortalecimiento del equipo de inspectores” del Ministerio de Trabajo ni del
“régimen de sanciones aplicables”, como argumenta el editorial del
periódico de marras, sino que, por el contrario, está en incrementar los
niveles de empleo y de salarios mediante una reactivación del crecimiento
económico privado en el país, en mucho postrado por las malas políticas
económicas que el gobierno ha proseguido en tal sentido. Hasta el momento el
crecimiento del desempleo se ha logrado compensar en algo por la demanda de
trabajo en las zonas francas, las cuales gozan de un sistema tributario que no
desincentiva la recuperación, así como por un aumento en la demanda de empleo
en el sector público, pero que, al no ser algo temporal adaptado a una crisis
de idéntica naturaleza, sino de una contratación fija y atemporal, lo único
que va a generar es un mayor déficit que tendrá que ser compensado en un
futuro cercano con más impuestos. Estos causarán una mayor retracción del
crecimiento de la economía y del empleo privados en el país. El
abuso del editorial de La Nación y del artículo del señor Gutiérrez, al
ignorar fundamentos de economía que ni siquiera sería aceptable de un
estudiante primerizo, tal vez podría ser refrenado si se tuviera muy presente
aquella expresión popular de que de nada sirve una mente ardiente si se tiene
un corazón frío y sustituirla por otra frase mejor: tener una mente fría con
un corazón ardiente. Lo que se ha expuesto señala la gran injusticia que se haría
contra los más pobres y los que quedarían desocupados, si se siguieran las
sugerencias represivas que proponen el editorial y el artículo bajo comentario. Las
buenas intenciones no pueden ser una justificación adecuada para hacer llamados
a favor de adoptar políticas económicas que dañan en última instancia y de
forma grave a quienes se pretende ayudar y proteger; en este caso, los
trabajadores de ingresos relativamente menores.
Ello sucede con la legislación sobre salarios mínimos cuando de verdad
se pone en práctica y no se usa tan sólo para cubrir las apariencias.
EN
DEFENSA DE LOS DESEMPLEADOS
Por Luis Loría*
El
asumir como propia la lucha por defender las “conquistas de los trabajadores”
y exigir la fiscalización rigurosa, por parte del Estado, del pago del salario
mínimo—considerado por muchos como un precio justo por el
trabajo—es algo muy popular (¿populista?). Esto convierte a los abanderados
de esa cruzada en “amigos de los trabajadores”. El que cuestione la
conveniencia de esto sería denunciado, por supuesto, como “enemigo de los
trabajadores”. Antes
de aplaudir y apoyar la noble causa de la defensa de un salario justo, se
hace necesario reflexionar acerca del impacto sobre el empleo y la pobreza que
tendría la aplicación de las recomendaciones de lo que el editorial “Ley de
Salarios Mínimos” (La Nación , 06/01/2010) presentó como
“…un programa sorprendente para rebajar en más de la mitad el índice de
pobreza extrema y en mucho más de un tercio los indicadores generales de
pobreza.” Aunque
duela decirlo, y para muchos digerirlo, la pobreza no desaparecerá, como por
arte de magia, gracias a la intervención del Estado. En los casos en que eso se
ha intentado, la genialidad de la planificación central de la economía ha
generalizado la pobreza, no la riqueza. Ejemplos cercanos y recientes sobran:
Venezuela, Ecuador, Cuba, Bolivia y Nicaragua. Esto para no refrescar la memoria
acerca del fracaso del experimento soviético antes de la caída del muro de
Berlín. De
acuerdo con el editorial y el Estado de la Nación, “Semejante maravilla [la
reducción del índice de pobreza] pudo haberse logrado, además, sin recurrir a
las arcas del Estado para repartir dinero público. Bastaría, según el bien
documentado informe, exigir el cumplimiento universal de la Ley de Salarios
Mínimos.” Esa alegre conclusión—en defensa de las “conquistas de los
trabajadores” y que permite denunciar una grave injusticia que prevalece en el
mercado laboral—descansa sobre un supuesto crucial: es factible pagar a todos
los empleados actuales el salario mínimo que establece la Ley y, al mismo
tiempo, mantener a todos ellos trabajando (el mismo nivel de empleo). Ese
supuesto crucial no se ajusta bien a la realidad y, por lo tanto, la conclusión
se torna sospechosa. La
intervención del Estado para fijar y exigir la aplicación de un salario
mínimo solamente contribuiría a incrementar el desempleo y, por ende, la
pobreza. Es un caso claro de cómo una “conquista de los trabajadores”
(privilegio para los empleados) se convierte en un obstáculo para reducir el
desempleo (perjudica a los desempleados y a quienes perderían el empleo como
consecuencia de la medida). En
lugar de proponer la adopción de medidas inviables para reducir la pobreza, se
deberían eliminar las distorsiones que evitan la reactivación económica y la
generación de empleos en Costa Rica. Es
hora de defender a los desempleados. *El
Dr. Luis Loría es miembro de la Junta Directiva de ANFE. Este artículo fue
publicado en La Nación del 12 de enero el 2010.
¿VIENTOS
DE CAMBIO? Por Luis Loría*
El
progreso es imposible cuando el cambio no es permitido. Durante las últimas
décadas, los encargados de la política económica han abrazado a un estatus
quo bajo el cual prevalece la falta de transparencia a la hora de definir la
política monetaria, cambiaria y fiscal, se ha favorecido con privilegios a
grupos de interés, en perjuicio de la mayoría, y se ha restado competitividad
al entorno requerido para el libre desarrollo de la actividad empresarial
(impuestos excesivos, trámites burocráticos y costos de transacción
elevados). Cambio
para el 2010. Deben romperse los mitos relacionados con la bondad de un Estado
grande paternalista, la necesidad de una moneda nacional, la justificación de
cobrar tasas impositivas más altas a quienes generan mayor riqueza y trabajo
para la sociedad. Al mismo tiempo, deben acabar las políticas intervencionistas
de fijación de precios, protecciones arancelarias y salarios mínimos (que, en
la práctica, contribuyen a aumentar el desempleo). Hacia
el futuro. Se requiere de un cambio radical en la manera en que una nueva
generación de líderes comprenda sus posibilidades de participar en el
desarrollo. Esa nueva visión debe incluir, al menos: I.- La
vida como sujeto de cambio deliberado a través del uso del conocimiento, la
innovación y la capacidad de organización.
II.- El
progreso ilimitado y crecimiento como características normales de la vida –en
contraste con una visión estática del mundo– en la cual es posible escapar
de la pobreza.
III.-
Una revolución de expectativas crecientes en la que se despierte el interés de
los jóvenes en la cultura, las ciencias y la participación en la definición
de políticas públicas. *El
Dr. Luis Loría es miembro de la Junta Directiva de ANFE.
El artículo apareció originalmente en la sección Contrapunto del
Periódico El Financiero, edición 751, como respuesta al editorial “Los
vientos de cambio” publicado en la edición 750 de dicho medio.
CASINO
CAMBIARIO
Por
Luis E. Loría* La
Junta Directiva del Banco Central de Costa Rica (BCCR) administra un “Casino
cambiario” en el cual nos obliga a todos a participar. Lo más grave es que
arregla las máquinas, carga los dados y golpea la mesa de la ruleta para
determinar quiénes ganan y quiénes pierden. En
Costa Rica, las empresas y los individuos requieren señales claras para poder
tomar decisiones importantes relacionadas con inversión, ahorro y organización
de la producción. En otras palabras, para poder hacer su cálculo monetario.
Los juegos cambiarios y monetarios del BCCR hacen imposible ese cálculo
monetario, cuya importancia resumió, en 1949, el economista austriaco Ludwig
von Mises, en Human Action: “El cálculo monetario es el norte de la acción
dentro de un sistema social de división del trabajo. Viene a ser la brújula
que guía al hombre cuando éste se lanza a producir. Mediante el cálculo
consigue distinguir, entre las múltiples producciones posibles, las
remuneradoras de las que no lo son; las que seguramente serán apreciadas por el
consumidor soberano de las que lo más probable es que éste rechace. Cada etapa
y cada paso de la actuación productiva ha de ponderarse a la luz del cálculo
monetario.” Con
su fracasado experimento de bandas, el Banco Central se inventó un nuevo
mecanismo—aparte del tradicional e injusto impuesto inflacionario—para
expoliar legalmente (despojar con violencia o con iniquidad) el fruto del
trabajo de las personas. Esto se puede comprobar al revisar los Estados de
Resultados del BCCR, disponibles en www.bccr.fi.cr. Si tomamos, por ejemplo, el
año 2008, vemos que en la línea de "Diferencial cambiario" reporta
ingresos por un total de 18,466.6 millones de colones. Esa cifra es equivalente
a 70.26% de los Ingresos Operativos del BCCR, para ese año. Al comparar los
ingresos por "Diferencial cambiario" con la línea de "Salarios
BCCR", encontramos que los nuevos ingresos que se "inventó" el
Banco Central con sus “bandas cambiarias” alcanzan para cubrir 1.8 veces sus
salarios. Para darnos una idea de la magnitud de esto, los ingresos de ese—aparentemente
inofensivo—“Diferencial cambiario” alcanzan para pagar 4.5 veces los
costos de la Convención Colectiva de JAPDEVA-SINTRAJAP, en 2008, o para
contratar unos 7700 nuevos policías para enfrentar los problemas de seguridad. http://apps.facebook.com/causes/374301/15873974?m=e56504ed. *El
Dr. Luis Loría es miembro de la Junta Directiva de ANFE y este artículo
apareció originalmente en el Semanario Universidad en la edición del 20-26 de
enero del 2010, edición 1835, año XIV.
LAS DICTADURAS DEL SIGLO XXI Por Oscar Alvarez* Una
vez más la América Latina es escenario de la lucha entre la libertad y el
absolutismo. Así
como en otras épocas los próceres de la independencia se enfrentaron al
colonialismo español y las fuerzas de la democracia al totalitarismo
nazi-fascista primero y al totalitarismo marxista después, ahora surge un
capítulo tardío de la guerra fría entre las frágiles democracias de la
región y el absolutismo encabezado por los gobiernos de Caracas y La Habana. Hay
quienes minimizan por ignorancia o por interés el expansionismo del Grupo ALBA
alegando que se limita a ser la causa de los gobiernos de Venezuela, Cuba,
Bolivia, Ecuador y Nicaragua. Pero olvidan que dicho grupo es solamente el
núcleo más radical de una fuerza mayor integrada por los gobiernos y partidos
que conforman el Foro de Sao Paulo, quienes con frecuencia despliegan políticas
exteriores convergentes con los de Caracas y La Habana. La fortaleza del grupo
ALBA está en rodearse y avanzar protegido por numerosos y diversos compañeros
de viaje, como en los tiempos de la Guerra Fría. El
proyecto del Teniente Coronel Hugo Chávez que se financia con los petrodólares
venezolanos y promueve las reelecciones presidenciales indefinidas se ha
caracterizado por la concentración del poder político y económico y la
instauración de un nuevo caudillismo que controla desde el Ejecutivo al
Parlamento, al Poder Judicial, a los gobiernos locales y en fin a todas las
instituciones del estado. Recientemente una de las Ministras de su gobierno ha
dicho abiertamente que la división de poderes debilita al estado, razón por la
cual propone reformar la Constitución Política para eliminar de ella el
concepto de división y balance de poderes, que ha sido piedra angular de los
sistemas libres y democráticos a través de la historia. Desde
luego que el Barón de Montesquieu, John Locke, Aristóteles y todos los
pensadores fundadorees de las democracias occidentales se están revolcando en
sus tumbas, al tiempo que Jenofonte, Maquiavelo, Stalin y todos los pensadores
del poder absoluto parecen ganar momentum.
Si
el proyecto de Chávez triunfara en la región, entonces presenciaríamos el fin
de la Tercera Ola de la democracia que empezó hacia finales de la década del
setenta. Volveríamos a la era de las dictaduras, pero ésta vez con el signo
ideológico del llamado socialismo del siglo XXI. El absolutismo de Thomas
Hobbes y de los fascistas de derecha y de izquierda estaría de regreso. El
absolutismo de Chávez y sus adláteres es de carácter expansionista y tiene
como fin extender su poder a toda la América Latina y el Caribe. La tesis del
Rey Sol, “El Estado soy yo” invade éste movimiento. Todos estamos en la
mira, incluida por supuesto Costa Rica, como lo demuestra la existencia de las
Bases de Paz. Por
eso es de vital importancia que cuando apoyemos un partido o candidato/a
presidencial durante la presente campaña electoral confirmemos si tiene lazos
políticos, ideólogicos o financieros con el absolutismo caudillista de
Venezuela, versión reciclada del totalitarismo expansionista que tanto daño
causó a la causa de la dignidad humana, de la libertad y de la democracia
durante los largos y tenebrosos tiempos de la Guerra Fría. Con
firme responsabilidad ciudadana debemos garantizarnos de que con nuestro voto
Costa Rica siga estando entre el grupo de naciones que practican y promueven la
libertad, la democracia y la paz. *El
Dr. Alvarez es miembro de la Junta Directiva de ANFE. Este ensayo fue publicado
en la Nación del 7 de enero del 2010
EL
MOTOR DE PLASMA
Como
siempre guardó un afecto por su país natal, vino a hacer las gestiones para
poder desarrollar su proyecto aquí. Estaba muy entusiasmado y le contó a
alguna persona con la que conversó en Costa Rica, que el combustible que él
quería estudiar era el plasma y que deseaba montar sus instalaciones de
investigación en La Ribera de Belén. Esto trascendió al público y casi en
forma inmediata, la comunidad se organizó y en una semana hicieron
manifestaciones y bloqueos en las calles porque se les dijo que el plasma con el
que se trabajaría, era cancerígeno para los niños. En
vista de la seriedad con que el proyecto fue presentado y debido al camino
formal que iba tomando, el científico hizo un proceso de selección de diez
estudiantes de secundaria que estuvieran cerca de obtener su título de
bachiller, con el fin de convertirlos en ingenieros del proyecto, con todos los
gastos costeados, en un plazo de 5
a 6 años. Poco tiempo después, para su sorpresa, se enteró de que 8 de los
muchachos, habían desertado de su colegio y no se graduaron de bachilleres. Este
relato es por supuesto ficticio, pero podría haber sido real si el verdadero
proyecto del motor de plasma (VASIMIR) del Dr. Franklin Chang Díaz,
hubiera tenido que seguir todo el calvario de los canales habituales de
la administración pública. *Don
Rodrigo es médico de profesión. El
artículo fue originalmente publicado en La Nación del 10 de diciembre del
2009.
EN GUARDIA
Por
Jorge Guardia Quirós*
Voy
a terciar en un viejo e inconcluso debate sobre las bondades del salario
mínimo, revivido con pasión en esta campaña electoral por economistas de
distintos partidos. ¿Conviene
establecer un salario minino en una economía de mercado, como han hecho otros
países desarrollados, incluyendo EE.UU.? Antes de contestar, formulo la misma
pregunta pero con una connotación distinta: ¿Conviene establecer mínimos
legales para todas las categorías de empleo, como ha hecho Costa Rica? La queja
es que, a pesar de haberse decretado salarios mínimos para una amplia gama de
actividades, en la práctica no se cumple en su totalidad. Y hay que jalarles
las orejas –dicen– a los empresarios. Algunos
sostienen que es conveniente hacerlo sin que, por ello, nos volvamos
socialistas. Yo concuerdo parcialmente. La fijación de un salario mínimo no
necesariamente resulta incompatible con una economía capitalista, pues el
mercado simplemente se acomoda. Si para una categoría determinada el salario
fijado resulta inferior al de mercado, la fijación es irrelevante. El mercado
se encarga de que los patrones cumplan voluntariamente, pues, si no, no pueden
contratar a nadie. Pero si es superior, los patronos reducirán el número de
trabajadores contratados y aumentan el desempleo y subempleo. La
razón por la que los patronos reducen los niveles de contratación se relaciona
con la estructura productiva de la firma y la demanda por sus bienes a la que se
enfrenta en el mercado (microeconomía elemental). Los salarios son costos de
producción, al igual que las materias primas, intereses y otros gastos de
administración que inciden en el valor total de los bienes y servicios. Si la
demanda del público por sus bienes finales no permite aumentos salariales por
encima del mercado, no podrán trasladar el costo al precio final de sus bienes.
En esas circunstancias, tendrá que reducir la producción pues los consumidores
no estarían dispuestos a demandar las mismas cantidades a esos niveles de
precios. Y, claro, al bajar la producción, desciende el nivel de empleo. No
es tan sencillo afirmar que forzar (con cárcel o multas elevadas) el
cumplimiento de los salarios mínimos serviría para incrementar los salarios
reales sin afectar el nivel de contratación. Si fuera tan fácil, ya todos los
países, hubieran lanzado los salarios mínimos a niveles de nunca jamás. Pero
la teoría y la realidad andan por otro lado. La mejor forma de ayudar al
trabajador es incentivar la producción y consumo para que las firmas produzcan
más y contraten más empleados. Así habría crecimiento real y sostenible de
los salarios. Abogado-economista
y Ex presidente de ANFE. El artículo fue originalmente publicado en La Nación
del 26 de enero.
CONFIANZA
SIN SOLUCIONES Por Jorge Corrales Quesada* Después
de don Abel Pacheco, cualquier cosa que hiciera un gobierno sería vista como
“restaurar la confianza”, aunque sin solucionar nuestros graves problemas. Tal
es el caso de un régimen cambiario que ha ocasionado enormes pérdidas para
algunos y exorbitantes riquezas a otros, o de una inseguridad nunca antes vista,
que expresa el incumplimiento irresponsable de la función primordial de un
gobierno. También
es el caso de un descomunal déficit, que avecina más impuestos, o de una obra
de infraestructura que solo actualizó proyectos olvidados, pero que no dio
mantenimiento a la existente, con las consecuencias ya sabidas. Atina
el editorial en señalar que lo que considera positivo fue por “las propias
convicciones seculares de los costarricenses”, quienes han hecho grandes
esfuerzos por sobrevivir una crisis económica. En ella, esta administración
engrosó irresponsablemente la planilla pública, sin ayudar al empresario ni al
obrero a conservar sus trabajos, mérito logrado tan solo por sus sacrificios. Concuerdo
con el llamado a un “cambio radical” que enfatice el diálogo, pues si algo
caracteriza a esta administración imperial es su falta y la imposición como
sustituto, como lo refleja la elección en la Defensoría de los Habitantes. Este
autismo estatal que rehúye la discusión racional, la crítica sana y la
negociación, ha sido muy sentido por la ciudadanía, hoy preocupada por una
concentración de poder nunca antes vista. Si
alguien critica alguna política del Gobierno, se le llama “mezquino”,
calificativo que más propio parece de quien lo emite que de quien la hace; así
es como se ha desdeñado la disensión en esta democracia. *El
Dr. Corrales es Presidente de la Junta Directiva de ANFE y el articulo fue
originalmente publicado en la sección Contrapunto del Periódico El Financiero,
edición 750 y es una respuesta al editorial “El valor de la confianza” de
la edición 749 de dicho medio.
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