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Asociación Nacional de Fomento Económico ANFE Boletín Abril del 2009 (En construcción)
Mensaje de la Presidencia de ANFE Manifiesto a la opinión pública - ANFE Columna Libre - Nada de qué avergonzarnos - Carlos Federico Smith Un mundo cubista - Andrés I. Pozuelo A. Soy un liberal - Andrés I. Pozuelo A. Empujón del FMI al Central - Luis E. Loría La incertidumbre atormenta al mejor sistema - Edmund Phelps Munición: Armarse contra la contra-revolución keynesiana - Greg Ransom
MENSAJE
DE LA PRESIDENCIA DE ANFE El
pasado miércoles 22 de abril se celebró el foro “Análisis de la Economía Costarricense para el 2009”, en
donde expusieron nuestros Directores Juan Muñoz Giró y este servidor. La actividad fue sumamente exitosa, dado que nos acompañaron
más de 30 personas y lo que refuerza nuestros ánimos en pro de una difusión
de las ideas de libertad. Menos
afortunado fue nuestro curso “Inflación: La presunta inocencia del Banco
Central,” pues esperábamos una asistencia mayor. Uno observa cómo muchas
personas suelen referirse a este tema con suma facilidad, obviamente por sufrir
todos los efectos del crecimiento de la generalidad de los precios, pero que
carecen de una correcta interpretación de la verdadera causa de la inflación,
cayendo en el error frecuente de adscribir un proceso inflacionario de un cambio
en la generalidad de los precios, con aquél en que hay una variación en los
precios relativos de los bienes, que es algo que caracteriza el movimiento
normal y permanente de los mercados. El curso concluyó en las fechas previstas
y se contempla la posibilidad de poder brindarlo de nuevo el año entrante. En
este boletín aparece la Columna Libre escrita por don Carlos Federico Smith que
lleva por título “Nada de qué avergonzarnos,” la cual trata acerca de las
intenciones de la OECD de forzar a Costa Rica a abrir las cuentas corrientes
bancarias privadas a instancias administrativas gubernamentales, bajo el prurito
de que la práctica actual de hacerlo mediante la decisión en tal sentido de un
juez, constituye una burla que intenta ocultar que somos un “paraíso
tributario”. Lamentablemente esta
posición de la OECD fue endosada por un importante medio de prensa nacional, lo
que motivó que la Junta Directiva de ANFE decidiera informar a sus asociados y
a sus listas de correo electrónico acerca de esta columna, previo a su aparición
formal en esta edición. No
omitimos informar a nuestros asociados que la columna en mención fue muy
positivamente recibida por personas a quienes les fue remitida, lo cual mucho
nos complace pues en esencia constituye una defensa de la libertad de las
personas sumamente bien documentada ante una pretensión indebida de los estados
de entrometerse en asuntos privados. También
se presenta la columna usual “Pensamientos de Liberales,” en adición a dos
artículos de nuestro frecuente colaborador y miembro de la Junta Directiva de
ANFE, Ing. Andrés Pozuelo Arce, bajo los nombres “Un Mundo Cubista” y
“Soy un Liberal”, además de otro de nuestro director, el Lic. Luis Loría,
que lleva por título “Empujón del FMI al Banco Central.” En esta ocasión
también incluimos el reciente pronunciamiento público de nuestra institución,
en el cual abogamos por una reducción gradual del oneroso encaje bancario, así
como reproducimos una traducción de un interesante artículo del Premio Nobel y
economista liberal, Edmund Phelps, el cual hemos titulado “La Incertidumbre
Atormenta al Mejor Sistema.” Asimismo,
presentamos la traducción de un artículo del filósofo y connotado pensador
Hayekiano, Greg Ransom, en que incluye una rica bibliografía sobre la
interpretación austriaca, y Hayekiana, en lo particular, de la reciente crisis
económica, y el cual lleva por título “Munición: Armarse contra la
Contra-Revolución Keynesiana,” que mucho aconsejamos. También
deseamos informarles a nuestros asociados que esta Presidencia se reunió el
pasado miércoles 22 de abril con la Directora Ejecutiva de la Red Liberal de América
Latina (RELIAL) de la cual ANFE es miembro, Sra. Odile Gaset-Mauri, así como
con representantes de otras asociaciones que integran la Red en Costa Rica, además
del representante en el país de la Fundación Naumann para la libertad, Lic.
Mario Brenes. El propósito fue
fortalecer la coordinación de actividades en Costa Rica y América Latina para
el 2009. Jorge Corrales Quesada Presidente de ANFE
ASOCIACIÓN
NACIONAL DE FOMENTO ECONÓMICO Manifiesto a
la opinión pública Considerando
que: 1.
Costa
Rica muestra un marcado deterioro de los indicadores de producción, consumo,
inversión, desempleo, inflación, salarios reales y probablemente del nivel de
pobreza; 2.
Esta
situación se enmarca dentro de un contexto de declive económico mundial; 3.
Factores
internos asociados con la política monetaria y cambiaria del Banco Central de
Costa Rica han contribuido sustancialmente al deterioro económico; 4.
La
defensa a ultranza de un régimen de bandas cambiarias llevó al Banco Central
de Costa Rica a reducir artificialmente las tasas de interés y así agravar el
desequilibrio de las cuentas externas de Costa Rica; 5.
La políticas
cambiaria y monetaria han contribuido a disminuir drásticamente la liquidez en
moneda nacional en momentos en que se inicia con fuerza la recesión económica,
profundizando así la difícil situación que atraviesan las empresas y las
familias costarricenses; 6.
El Plan
Escudo brinda opciones importantes de asistencia social a los costarricenses de
menores ingresos, pero no atiende la urgente necesidad de promover e incluso
ayudar a sentar las bases para que las empresas retengan empleo y, por
consiguiente, ayudar a los trabajadores nacionales; Manifiesta a
la opinión pública: 1.
Su
profunda preocupación por la actitud aislacionista y ausente de acciones por
parte del Banco Central de Costa Rica para definir y aplicar una política
monetaria acorde y coherente con la situación económica actual; 2.
Solicitar
al Banco Central de Costa Rica que implante un programa gradual de reducción
del encaje mínimo legal, instrumento inoperante para el control de la inflación,
y con ello eliminar un impuesto a las transacciones monetarias.
PENSAMIENTOS
DE LIBERALES PENSAMIENTOS DE LIBERALES “Los
Estados Unidos califican como un paraíso tributario tanto por las reglas
federales que rigen los ingresos de los extranjeros, como por las reglas
estatales sobre tributación de las empresas, registro y privacidad.
Comparado con los contribuyentes estadounidenses, los extranjeros no
residentes pagan poco o ningún impuesto sobre los ingresos de sus inversiones
–característica importante de los paraísos tributarios de acuerdo con la
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD), una
obstinada oponente de la competencia tributaria. El gobierno federal generalmente no grava el ingreso
proveniente de inversiones de una empresa extranjera si las utilidades no están
interconectadas con una actividad o empresa de los Estados Unidos y no se
requiere que los extranjeros paguen impuestos sobre los ingresos de sus
inversiones provenientes de empresas estadounidenses, a menos que residan en los
Estados Unidos. Es
más, los estados ofrecen muchos beneficios impositivos adicionales
diseñados para atraer inversiones de fuera del estado y el gobierno
federal generalmente no tiene la autoridad para pasar por encima de esas
decisiones. Nevada, Texas, Wyoming
y Washington no graban los ingresos de las empresas; Alaska, Delaware y Nevada
no recogen información sobre beneficiarios de empresas registradas; en Wyoming
las compañías pueden tomar ventaja de cuentas corrientes bancarias nominadas
que protegen la identidad de los propietarios; y los conglomerados en Delaware
no tienen que llevar registros y declaraciones públicas y generalmente no
requieren que se lleve una contabilidad… Adicionalmente, las reglas
tributarias son “negociables” en muchos estados y muchos inversionistas
grandes de fuera del estado pueden obtener concesiones a cambio de que inviertan
en el estado”. (Tomado
de Yesim Yilmaz, “Tax Havens, Tax Competition and Economic Performance,” Prosperitas,
Vol. 6, No. 3, junio de 2006, p. 2). “Una
porción importante de la población mundial no vive en naciones civilizadas que
respetan la regla de la ley y los derechos de propiedad. La mayoría de la gente
está sujeta a discriminación si son minorías religiosas, raciales, étnicas,
políticas o sexuales. Otras son
victimizadas por la corrupción, la expropiación o el crimen. Los paraísos
tributarios brindan un refugio para gente que necesita de protección. Aún
Jeffrey Owens de la OECD lo admitió que ‘los paraísos tributarios son
esenciales para individuos que viven en regímenes inestables’. El anterior
Consejero en impuestos internacionales del Presidente Clinton reconoció ‘los
problemas de los gobiernos corruptos o el peligro para sus hijos y para los
individuos.’” (Tomado de Daniel J. Mitchell,
“Tax Havens: Myth Versus Reality,” Prosperitas, Vol. VII, No. 4, mayo del 2007, p. 3).
COLUMNA LIBRE NADA DE QUÉ AVERGONZARNOS Durante
los últimos meses he escrito en torno a asuntos relacionados con la recesión
económica y, principalmente, sobre propuestas orientadas a paliar sus efectos.
En esta ocasión mi análisis trata de un asunto que indirectamente tiene una
enorme relación con el principal cuerpo de mis análisis previos: la
declaración de Costa Rica como paraíso fiscal por la Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), entidad conformada por treinta
estados, principalmente industriales y ricos, cuyo fin principal se supone que
es la coordinación de las políticas económicas y sociales de sus miembros. Dicho
pronunciamiento fue conocido en nuestro país a inicios de abril de este año y
que casi que inmediatamente le siguieron dos acontecimientos domésticos que en
mucho contribuyen a fijar el tono de este ensayo.
Uno de ellos fue la pronta respuesta que, como una bala, formuló el
Ministro de Hacienda, don Guillermo Zúñiga, tan sólo un día después, el 3
de abril, por la cual comprometió al país “a reformar su legislación para
permitir el intercambio de información bancaria con fines tributarios.” (La
Nación, sábado 4 de abril del 2009). En
síntesis, se obligó a levantar el llamado secreto bancario hoy vigente en
nuestro país, para cumplir, de acuerdo con el Lic. Zúñiga, con “El mayor
interés de la OCDE (que) en este momento es el acceso a la información
bancaria para efectos tributarios, sin necesidad de la intervención de un juez
y sin que exista una causa pendiente o una investigación por fraude fiscal.”
(Ibíd.). El
segundo hecho nacional destacado fue el también casi inmediato pronunciamiento
del periódico La Nación, que en un editorial titulado “Costa Rica como
paraíso fiscal” del lunes 6 de abril, resume su posición al señalar que,
sobre esta petición de la OECD, “No valen pretextos; esto es una vergüenza
para el país. Manos a la obra ya, de parte del Gobierno y de la asamblea
legislativa.” Ambos,
el Ministro de Hacienda y el editorialista, aparentan estupor y sorpresa por
este pronunciamiento de la OECD. Tal
vez dicha actitud se podría justificar si Costa Rica apareciera por primera vez
en una “lista negra” de paraísos tributarios, pero ya en el pasado la OECD
había pretendido que nuestro país cambiara su regulación al respecto. Es así
como el 4 de junio del 2004 la OECD publicó una nueva lista de “paraísos
fiscales” en la cual incorpora por primera vez a Costa Rica (ver OECD, A
Process for Achieving a Global Playing Field {Global Forum on Taxation: Berlin,
June 3-4, 2002}, nota al pie 7, p. 6). Pero
lo que sí no debe sorprenderles a ambos, el Ministro y el editorialista, pues
mostraría que viven en un mundo muy distinto al de muchos mortales
costarricenses y extranjeros, es la intención de la OECD de obligar a naciones
del mundo que no comparten su visión hegemónica de armonización tributaria,
para que forzadamente efectúen reformas legales que tal vez no estén
dispuestas a efectuar por su propia voluntad, pues eso más bien iría en contra
de sus intereses propios, de sus tradiciones y leyes, de sus esfuerzos por
ampliar el comercio internacional, de sus pretensiones de lograr un mayor
crecimiento económico y de dar protección a los derechos humanos. Veamos
un poco de historia: en 1998 la OECD presentó un informe titulado Harmful
Tax Competition: An Emerging Global Issue (París: OECD, 1998), el cual se
convirtió en una especie de biblia para quienes consideran que la competencia
tributaria entre los diversos países daña la economía mundial.
Entre sus alegatos principales para asumir tal posición están porque se
crean “distorsiones potenciales en los patrones del comercio internacional y
de la inversión de forma que se reduce el bienestar global,” (p. 14), así
como que causa un daño cuando los países tratan de atraer inversión “haciendo
ofertas (tributarias) de forma agresiva” (p. 16), además de que, como lo dice
otro informe de la OECD (algo así como el hijo de Frankestein), porque la
competencia tributaria “injustamente erosiona las bases imponibles de otros
países y distorsionan la asignación del capital y de los servicios,” (Towards
Global Tax Cooperation: Progress in
Identifying and Eliminating Harmful Tax Practicas {París: OECD, 2001}, p.
4). La
frecuentemente pro globalizadora OECD aduce ahora no estar en contra de la
competencia tributaria en sí, sino de la competencia tributaria “injusta”,
lo cual me imagino que a los amigos lectores les recordará aquel otro slogan
vacío: el que habla del comercio internacional “justo”. Concretamente dice
no gustarle la competencia de los paraísos tributarios y de los llamados “dañinos
regímenes tributarios preferenciales”. Se entiende por los primeros a países
que no tengan impuesto sobre la renta o que sean muy bajos, así como leyes que
protegen la privacidad de los contribuyentes al restringir información
tributaria con otros países, mientras que los segundos son naciones que no
tienen impuestos o que son muy bajos, que no comparten información tributaria y
que poseen provisiones impositivas preferenciales (en inglés “ring-fenced tax
provisions”), por las cuales ofrecen tasas impositivas bajas a inversionistas
extranjeros, pero no las otorgan a inversionistas domésticos. (Mucha de la
información que me permite forjar estas opiniones la obtuve del libro de Chris
Edwards y Daniel J. Mitchell, Global Tax
Revolution; The rise of tax competition and the battle to defend it {Cato
Institute: Washington D. C., 2008}, p. 136). Lo
interesante de estos alegatos de la OECD es que asumen que los recursos
productivos son altamente sensibles a las menores tasas impositivas y por ello
fluyen hacia los llamados paraísos tributarios, pero, si eso fuera cierto,
tendrían que cuestionarse (y no lo hacen) que lo opuesto puede ser lo correcto:
que es por las muy elevadas tasas de impuestos en los países de donde proceden
las inversiones, que fluyen hacia los paraísos impositivos. La verdad es que la
inversión es sensible a la imposición doméstica y a la imposición en el
extranjero, por lo que los esfuerzos de la OECD más bien deberían de
encaminarse hacia reducir los gravámenes tan altos existentes en sus países,
en vez de impulsar aumentos tributarios en los países receptores de inversión. El
argumento de la OECD es que un país crea una externalidad dañina cuando
unilateralmente baja sus impuestos a la inversión como medio para atraerla al
país, pues erosiona la base imponible del país de origen de dicha inversión.
Todo esto es en realidad un tema de eficiencia económica: si una nación
reduce sus gravámenes como medio para prosperar, ello no necesariamente tiene
que causar daño al país de donde proviene la inversión. En
un medio competitivo, como sucede en el caso del libre comercio, cada país,
buscando su propio interés, deberá reducir sus propios impuestos para lograr
conservar sus recursos de inversión. No
hay lo que se llama un “juego de suma cero”, en donde lo que uno gana es a
costas del otro: al igual que menos aranceles conducen a un aumento en el
comercio internacional, menores impuestos sobre la inversión conducen a un
aumento en la inversión total. El
problema radica en altas tasas de impuestos sobre la inversión que afectan la
formación de capital dentro de los propios países. El desvelo de la OECD se
sustenta en última instancia en una preocupación acerca de la ubicación hacia
donde se dirige la inversión y no sobre el efecto negativo que tienen los
impuestos elevados sobre el ahorro, el esfuerzo, la inversión y el crecimiento
económico. Con su actitud la OECD aboga por una especie de proteccionismo
tributario. La
propuesta conveniente es que las inversiones en un país deberían ser objeto de
la misma tasa impositiva independientemente del origen de la inversión. En lo
que se denomina el enfoque territorial de la base impositiva, el impuesto se
aplica en el país en donde se genera el ingreso, sustentado en el principio de
neutralidad impositiva al capital importado.
El objetivo de la OECD es que no rija este principio impositivo
territorial, sino uno basado en los ingresos globales del contribuyente, de
manera que impida la competencia tributaria. En
nuestro país hace un par de años, como parte de un paquete tributario
propuesto por el Ministerio de Hacienda y el cual también defendió el
editorialista de La Nación de ese entonces, se pretendió sustituir al sistema
impositivo territorial que hoy sirve de base para gravar la inversión, por un
esquema de renta global o universal, como se le suele denominar, mediante el
cual quienes tributan en el país lo deben hacer sobre los ingresos totales que
perciben en el mundo y no sólo sobre lo generado en el territorio nacional.
Esta idea, como tantas malas, posiblemente pronto resucitará como el Ave
Fénix. Es precisamente lo que hoy desea la OECD: temerosa de que las empresas
ubicadas en naciones de la OECD trasladen sus operaciones a países fuera de su
ámbito, considera que, si los ingresos que esas firmas obtienen en el exterior
son fuertemente gravados, no se dará tal “outsourcing”; que no se irán al
“exterior”. Pero no hay duda de que, en tanto haya razones tributarias (o de
otra índole) para que una empresa traslade sus operaciones al exterior, lo
hará. El punto es hasta qué grado podrá hacerlo una empresa de un país que
grave los rendimientos de sus inversiones en el exterior, en comparación con
otra firma proveniente de una nación que no tenga tal esquema tributario. Lo
que el Ministerio de Hacienda pretendía con su propuesta de gravar la renta
universal era, al fin de cuentas, lo mismo que pretende lograr la OECD: obtener
más impuestos. Al forzar a un país considerado paraíso tributario, como Costa
Rica, a que transforme su sistema tributario mediante medidas que equivalgan a
un alza en el costo impositivo de operar en el país, lo que la OECD busca es
elevar la recaudación de impuestos provenientes de las empresas.
Como dicen Edwards y Mitchell (Op. Cit., p. 110), parece que quienes
promueven la renta universal “estarían satisfechos si cada país tuviera un
sistema tributario que gravara la renta universal con una elevada tasa
impositiva a las empresas de un 60 por ciento.
Eso sería ‘eficiente’ según su manera de pensar, pero sería
devastador para la economía global porque la inversión se desplomaría y
caerían los niveles de ingresos.” Con
su presión sobre Costa Rica para que reforme las leyes vigentes sobre el
secreto bancario, lo que la OECD anda tras es de que nuestro país le facilite
la aplicación de su principio de renta universal, tal que le permita aumentar
su recaudación tributaria. Las
pretensiones de la OECD reciben un fuerte impulso con la posición expuesta por
el editorial de La Nación del 4 de abril del 2009, que hace sentir que el país
comete una villanía reprochable cuando retiene “información bancaria
fundamental que facilitaría la identificación de ingresos gravables de ciertos
contribuyentes nacionales y extranjeros domiciliados en el país o en el
exterior”. El
editorial de marras enfatiza luego que actualmente “Los extranjeros (personas
físicas o jurídicas) pueden domiciliarse aquí sin que se les grave por los
ingresos obtenidos en el exterior”, y apoya una reforma que implica una
aceptación del principio impulsado por el Ministerio de Hacienda como parte de
su paquete de reforma tributaria, mediante el cual el impuesto sobre la renta no
se cobraría sólo por aquellos ingresos generados en nuestro territorio, sino
en cualquier lugar del mundo. Prosigue el editorial en mención señalando que
ahora “además, se le niega información a sus respectivos países de origen
sobre los ingresos que (los extranjeros) obtengan y depositen en sus cuentas
bancarias abiertas en el territorio nacional.” (El paréntesis es mío). Esto
significa que, también, si, por ejemplo, una empresa extranjera o un ciudadano
no costarricense genera ingresos en el país, deberíamos, para no
avergonzarnos, como dice el editorial, informar de ello a los gobiernos de su
país de origen, lo cual significa aceptar de nuevo el principio de renta
universal. Lo
que debería de aconsejar el agente tributario de marras es que se graven los
réditos de las inversiones de los extranjeros en el país al igual que se hace
con los que obtienen los nacionales, pero no hay razón alguna para que tengamos
que informar a gobiernos extranjeros acerca de lo que produce una inversión
externa en nuestro territorio: esto último debería ser un asunto nuestro en
cuanto objeto de gravamen. El
principio anterior podría incorporarse en una reforma tributaria basada en
fundamentos tributarios modernos caracterizados por impuestos bajos y uniformes,
mejor conocido por su nombre en inglés “flat tax”, que actualmente cobija a
25 sistemas impositivos nacionales. Debo mencionar que, si el problema
tributario global de acuerdo con la OECD es la evasión tributaria, en especial
en cuanto a que significa un flujo de inversiones de países con altos impuestos
hacia naciones con tributos más bajos, uno de los medios más importantes a
través de los cuales las naciones podría mejorar su recaudación eliminando la
evasión impositiva, lo sería mediante un impuesto como el “flat tax”, que
tiene el incentivo positivo de evitar esconder los ingresos ante las autoridades
tributarias, como sucede actualmente con muchos de los esquemas impositivos
vigentes. Antes
de mencionar algunas razones por las cuales los derechos de los extranjeros son
salvaguardados con nuestro sistema tributario, hay que ser muy crédulo, como el
editorialista de La Nación, para considerar que, como lo señala la OECD y
citado por ese periódico, con paraísos fiscales como Costa Rica se da “la
oportunidad a los contribuyentes de evadir o burlar impuestos en sus países de
origen. Cuando los individuos o compañías evaden sus obligaciones privan a los
gobiernos de ingresos necesarios para edificar escuelas, hospitales y otros
proyectos de carácter público.” ¡Casi que no aguanto las ganas de llorar
ante conducta tan malévola de esos evasores tributarios gracias a paraísos
fiscales como nuestro país! Me imagino que el editorialista incluye dentro de
esos “otros proyectos de carácter público” los gastos en armamento del
gobierno venezolano, que no es muy amable “tributariamente hablando” con sus
ciudadanos y sus empresas. O tal vez considera como loables proyectos públicos
el financiamiento de una abotagada burocracia europea costeada por toda la
ciudadanía. Me imagino que es muy loable el gasto público que queda sin
financiar en Argentina y que podría ser mucho mayor si la gente pagara los
impuestos y la que, ante la expropiación y la frustración por un futuro negro,
¡huye de su país y se refugia en un paraíso fiscal como Costa Rica!
Si La Nación se traga el cuentico del merecido gasto estatal que se
queda sin financiar, según la OECD, nos pone a un paso de aseverar que es
necesario aumentar los impuestos en Costa Rica para pagar todos los proyectos
loables que una burocracia podría contemplar. Por
ello es inaceptable la regañada que el periódico La Nación le hace a Costa
Rica, cuando señala: “Costa Rica, al negarse a dar información (o consentir
el funcionamiento de la banca offshore)
está dando muestra de muy poca o ninguna solidaridad con la comunidad
internacional.” Todo lo contrario: al facilitar que lleguen inversiones y
empresas a nuestro país en parte por razón de que los impuestos son menos
elevados que en su país de origen, el país está mostrando una enorme
solidaridad con las personas de esos países. Si el periódico aduce falta de
solidaridad “con la comunidad internacional” entendida ésta como gobiernos
que gravan fuertemente los ingresos de sus ciudadanos, pues en buena hora somos
insolidarios con los gobiernos, pero no lo somos con los seres humanos, como
individuos y como actores económicos por medio de empresas, cuyo bienestar es
al fin y al cabo lo que debe interesar. Para que el lector se dé cuenta de la importancia de este tema en la
actualidad política de los Estados Unidos, ya el presidente Obama, quien en el
pasado se manifestó en contra de los llamados paraísos fiscales, parece
reanudar su andanada contra ellos, envalentonado por las conversaciones
recientes sostenidas con países del llamado grupo de los 20 (G-20). En el periódico New Herald de Miami del 20 de febrero de este año, el
periodista Gerardo Reyes escribió lo siguiente: “Costa Rica figura junto a
Panamá como uno de los 50 paraísos fiscales preferidos de las mayores empresas
de Estados Unidos y de los principales contratistas del gobierno federal, según
un informe de la Oficina de Fiscalización del Congreso (GAO)… Entre los
criterios para definir ‘paraíso fiscal’, la investigación señaló que se
tuvo en cuenta las jurisdicciones donde las filiales no están obligadas a
declarar impuestos; donde no hay un intercambio de información tributaria
efectiva entre el país en cuestión y Estados Unidos y existe una ‘falta de
transparencia en la implementación de las normas legislativas, judiciales y
administrativas’. También se consideró la ausencia de una presencia física
de la filial.”… Costa Rica sólo aparece como paraíso fiscal “al
aplicarse el novedoso criterio del IRS (Oficina de Impuestos del Gobierno de los
Estados Unidos.”… “Las notificaciones del IRS son citaciones proferidas
por los tribunales estadounidenses para obtener información de contribuyentes
estadounidenses que aparecen con firma autorizada en bancos o cuentas de
tarjetas de crédito expedidas por esos bancos en 34 países.”… Las empresas
con filiales en Costa Rica son: “ Abbot Laboratories (1), Altria Group (2),
Caterpillar (1), Cisco (1), Citigroup (19), Coca-Cola (1), Countrywide Financial
(1), Dell (2), Dow Chemical (1), Fedex (1), Hewlett-Packard (1), Intel (1),
International Business Machines Corp. (1),
Kraft Foods (3), Pepsi (2), Pfizer (2), Tech Data (1), The Procter & Gamble
Company (3) y United Health Group (2).” Afortunadamente, el artículo en mención cita que el informe de la Oficina de Fiscalización
del Congreso (GAO) “advierte que el
establecimiento de esas filiales no significa necesariamente que lo hicieron con
el propósito de aliviar su carga tributaria”. He destacado estos hechos
recientes sucedidos en Estados Unidos para señalar que los propósitos de la
OECD, expresados en su publicación de 1998, el informe Harmful
Tax Competition: An Emerging Global Issue, han sido revitalizados por el
ascenso de Barack Obama al gobierno de su país. Su principal asesor económico,
Larry Summers, es un connotado creyente en la armonización tributaria global y
no considera que dicha política provoque daños a la economía mundial.
Actualmente varios comités del Congreso de los Estados Unidos analizan el tema. Uno argumento que se ha escuchado en favor de eliminar el llamado secreto
bancario es la enorme ayuda que éste brinda para el lavado de dineros tanto
provenientes del tráfico ilegal de drogas como de fondos dedicados al
terrorismo internacional. Es más,
el periódico La Nación, en su editorial antes mencionado, se hace eco de este
alegato, al señalar que, con la apertura del secreto bancario que solicita la
OECD, “se podrían controlar más fácilmente los delitos de lavado de dinero
sancionados por la Ley de Sicotrópicos.” De nuevo estamos en presencia de
otro acto de candidez, pues es sabido que, por medio del Instituto Costarricense
de Drogas (creo que hoy conocido como Comisión Nacional de Drogas, CONADRO),
nuestro país forma parte del llamado Grupo Edmont, cuya meta es brindar un foro
mundial para las entidades nacionales encargadas de la lucha contra el dinero
sucio, con el fin de mejorar el apoyo a los gobiernos en su lucha en contra del
lavado de dinero, el financiamiento del terrorismo y otros crímenes de índole
financiera. Asimismo, Costa Rica es participante activo del GAFIC, que es un grupo de
naciones del Caribe y de Centro América organizado para luchar contra el lavado
de dinero. Ahora se pretende que, para luchar efectivamente contra esos crímenes
financieros, eliminemos el secreto bancario, cuando el país ha sido un
diligente colaborador del Grupo Edmont, precisamente encargado de la
coordinación internacional de estos asuntos. (De paso, de nada sirvió que en
los Estados Unidos no existiera el secreto bancario ante los atentados de
extremistas islamitas contra las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de setiembre
del 2001: las transacciones monetarias a los terroristas se efectuaron a través
de los canales bancarios de los Estados Unidos, Europa y de Oriente Medio y no
existe información de que para ello se usaran centros financieros offshore o paraísos tributarios). Costa
Rica permite la apertura de las cuentas corrientes cuando un juez así lo
autoriza. Este es el camino que
hasta el momento ha seguido nuestro país, firmemente basado en la protección
de la privacidad del ciudadano. En
caso de dudas acerca del comportamiento de alguna persona o empresa, ya sea en
el campo de la evasión tributaria o de blanqueo de capitales de dudosa
procedencia, es mediante el camino de la ley, como ha sido una tradición en
nuestro país, que un juez permite dicha apertura de cuentas, pero debe ser un
proceso razonadamente justificado por las autoridades del caso y fundamentado en
nuestras garantías constitucionales. La
pretensión, tanto de la OECD como del editorialista de La Nación, pone en
riesgo la seguridad del buen ciudadano: una simple apertura de las cuentas
corrientes, en que, como dice La Nación, “las autoridades fiscales podrían
controlar más eficazmente los ingresos gravables y no gravables de todos los
contribuyentes, nacionales o extranjeros, sin necesidad de una engorrosa
autorización judicial,” no es suficiente razón.
Ni tampoco es justificación lo que asevera el Ministro de Hacienda en
sus declaraciones del sábado 4 de abril del 2009 en La Nación, cuando dice, y
repito su cita, que “El mayor interés de la OCDE en este momento es el acceso
a la información bancaria para efectos tributarios, sin necesidad de la
intervención de un juez y sin que exista una causa pendiente o una
investigación por fraude fiscal.” ¿Intervención por parte de quién? ¿De
algún burócrata de turno, nacional o internacional? ¿Sin que medie causa o
investigación de naturaleza fiscal? Entonces, ¿de qué causa o razón para
acceder a nuestras cuentas bancarias se está hablando? Prefiero que, como
ciudadano, me ampare la ley: que rija el principio de legalidad y no que se
abran las puertas al abuso potencial del estado o de los estados en contra de
los ciudadanos. Tal
propuesta abre la posibilidad de que cualquier persona, nacional o extranjera,
física o jurídica, Usted o yo, estemos sujetos a la apreciación que en algún
momento dado puede tener alguna “autoridad fiscal”, lo que sin duda
comprende a políticos oportunistas, tal vez ansiosos, como se ha observado en
más de una ocasión, de dañar a quienes miran como sus oponentes. Con la
propuesta en mención le permitiremos tener acceso a la información de nuestras
cuentas corrientes. Hoy Usted está
protegido de alguna manera porque, para hacerlo, se requiere de la decisión de
un juez, si bien es una posibilidad que La Nación califica como “engorrosa”.
Tal vez esa característica de “engorrosa” es más bien una virtud necesaria
para garantizar nuestros derechos fundamentales. El riesgo de un posible daño
al ciudadano no puede estar sustentado en que, con esa apertura de las cuentas
corrientes, el fisco estará en posibilidad de obtener recursos que consideró
como evadidos. El riesgo está en que nada garantiza que esa información que
adquiere el burócrata público no será utilizada para propósitos
presuntamente más peligrosos, como el chantaje o el secuestro extorsivo, pues
ahora se tendría libre acceso a una información estrictamente personal que es
hoy privilegiada. Nada, absolutamente nada, garantiza que ello no vaya a
suceder. Alguien podría alegar que
posiblemente “tal cosa no va a suceder en Costa Rica”, pero si se abre esa
posibilidad de una nueva y rica fuente para la delincuencia, será sólo una
cuestión de tiempo para que ello suceda aquí, tal como pasa en otras naciones.
Hace
poco el distinguido abogado Dr. Rubén Hernández Valle publicó en La Nación
del 17 de marzo del 2009 un artículo aptamente titulado “¿Quién Gobierna en
Costa Rica?” el cual se reprodujo en el boletín de ANFE del mes de abril.
Si bien en él se refiere a temas distintos a los que hoy trato, la
pregunta que formula tiene, en esta oportunidad, una relevancia crucial.
En el aspecto tributario, ¿Quién Gobierna en Costa Rica? ¿Es acaso la
OECD que ejerce presión y chantajes políticos al amenazar con la suspensión
de ayuda financiera externa a nuestro país si no cambia sus leyes tributarias?
La carrera que pegó el Ministro de Hacienda para que nuestra Asamblea
Legislativa haga lo que le pide la OECD es la mejor muestra de sumisión de un
político costarricense a los dictados de una organización de la cual ni
siquiera somos miembros. Una organización cuya dirigencia ni siquiera es electa
por el voto democrático de todos quienes somos afectados por sus acciones; una
organización que defiende los intereses particulares de sus actuales
integrantes, que bien pueden coincidir o no con los nuestros; una organización
que, en este caso particular, está envuelta en un serio conflicto interno, pues
algunos de sus miembros hoy son connotados “paraísos tributarios”, según
la propia definición de la OECD, como lo son Austria, Bélgica, Luxemburgo,
Inglaterra, Suiza y los Estados Unidos. Claro, la OECD no ataca a esas naciones
poderosas, sino a “paisecitos” como el nuestro, con pocas posibilidades de
defensa ante ellos y en donde se tiene a defensores gratuitos y temerosos de
nuestra franca y libre posición actual. Costa
Rica es una nación caracterizada por defender los derechos humanos, entre los
que destaca la defensa de la persona ante la persecución de los gobiernos, que
muchas veces se origina simplemente en razones étnicas, políticas o
religiosas. Asimismo, busca
proteger a las personas del crimen, la corrupción y la mala administración que
emana de muchos de esos mismos gobiernos. Por
ello es crucial la defensa del derecho que el país otorga de preservar la
información personal contenida en las cuentas corrientes.
Lo es hoy más importante que antes, en especial ante la existencia de
tecnologías que fácilmente invaden el campo personal privado. No hay que irse a otro mundo (aunque algún medio así parece
mostrarlo) para darse cuenta de que hay muchas naciones en que los individuos se
encuentran inmersos en sociedades en donde abunda la corrupción y la
persecución por el simple hecho de disentir.
En muchas ocasiones dicha persecución se origina en la conducta propia
de los estados, que mediante la expoliación, la expropiación, la imposición
discriminada, tratan de minar el derecho de las personas de poder cambiar
libremente sus gobiernos, para lo cual una medida contundente contra aquéllas
es restringirles sus derechos a la propiedad.
(¿Acaso no hemos todos escuchado alguna vez historias de cómo se
amenaza a oponentes, por parte de ciertos políticos en el gobierno de turno,
con enviarles “la tributación” si prosiguen en sus empeños?). Uno
sabe que la gente se protege, al menos parcialmente, de esos abusos
gubernamentales mediante la ubicación de recursos financieros en los así
considerados y llamados paraísos fiscales.
Me imagino que hoy en día lo hace el empresario venezolano al huir del
socialismo rampante de Hugo Chávez, o el argentino o el boliviano o el
ecuatoriano o el nicaragüense, quienes ven como sus propiedades o están siendo
limitadas o están en peligro de ser nacionalizadas por los estatistas de turno.
O, más lejos de aquí: cómo es que buscan protección el comerciante de
la República Democrática del Congo o las familias en Zimbabwe quienes ven
perder sus ahorros y riquezas acumuladas a través de los años, en un marco
jurídico público totalmente corrupto. Podría
seguir citando minorías perseguidas en todo el mundo (homosexuales en Arabia
Saudita o en Cuba; judíos en el Medio Oriente o cristianos, hasta hace poco, en
Iraq; mujeres en partes de Afganistán o chinos en secciones de Asia y en
regiones del Este de África) que podrían lograr protección gracias a los
malqueridos paraísos tributarios. Lo
sorprendente no es que haya tantas naciones que carecen de libertad (45, de
acuerdo con Freedom House; 130 países con calificaciones menores a 5 según la
calificación de 1 a 10 que tiene Transparencia Internacional y 60 en el Indice
de Estados Fracasados de la Revista Foreign
Policy), sino el hecho de que casi todos los países calificados como
paraísos tributarios gozan de una excelente gobernabilidad.
Así, un estudio de Dhamikka Darmapala y James Hines, Which Countries Become Tax Havens? (Cambridge, Mass.: National
Bureau of Economic Research, Working Paper 12802, 2006) señala que “los
paraísos tributarios califican muy bien entre países en cuanto a medidas sobre
la calidad de la gobernabilidad, las cuales incluyen medidas sobre voz de la
ciudadanía y rendición de cuentas, estabilidad política, efectividad de los
gobiernos, vigencia de la regla de la ley y de control de la corrupción.
De hecho, casi no existen paraísos tributarios que son pobremente
gobernados.” (p. 1) Los autores responden y explican afirmativamente una
pregunta crucial: “¿por qué los países mejor gobernados tienen una mayor
posibilidad que otros de convertirse en paraísos fiscales? (p. 2) Si
el amigo lector desea estar informado apropiadamente sobre la defensa mundial en
contra de la eliminación de la competencia tributaria entre naciones, el Center
for Freedom and Prosperity, www.freedomandprosperity.org
, le brinda la información necesaria. Carlos
Federico Smith Queda
debidamente autorizado para reproducir esta columna en el medio de su
predilección.
UN
MUNDO CUBISTA Andrés I. Pozuelo Arce
No
hay nada más frustrante que encontrarse en esta línea difusa entre lo viejo y
lo nuevo, y ver que lo nuevo es una obra de arte con un estilo anticuado y engañoso,
según argumentaban los cubistas: el realismo constructivista es una mentira,
sobre todo porque congela a los objetos de una manera muy simple y porque lo
hace dentro de un contexto artificial. La gente no cambia de una generación a
otra; lo que cambia es el entorno y, si el entorno no evoluciona libremente, lo
que tendremos es un futuro sin inspiración ni anhelo de lo desconocido. Un
futuro –y valga la paradoja– que no tendrá porvenir.
SOY
UN LIBERAL Andrés
I. Pozuelo Arce
EMPUJÓN
DEL FMI AL CENTRAL Luis E. Loría * “No sabemos cuán largo es el desierto. Lo que queremos es tener agua en
las cantimploras”, declaró Francisco de Paula Gutiérrez, Presidente del
Banco Central de Costa Rica (BCCR), al celebrar el acuerdo con el Fondo
Monetario Internacional (FMI) (La Nación 14/04/09). Los recursos del FMI, en
caso de que se lleguen a utilizar, son un tipo de deuda pública que no requiere
aprobación por parte de la Asamblea Legislativa. Ese dinero sería administrado
por el BCCR a discreción, sin rendir cuentas a nadie, como es su costumbre. Lo paradójico del asunto es que los costarricenses, quienes hemos sufrido
(o muerto) debido a las inclemencias del desierto económico, al cual nos
condujo el mismo ente emisor, pagaremos al FMI el recibo del agua, por $735
millones, que le echará en las cantimploras al BCCR para que continúe haciendo
de las suyas. El empujón que el FMI le da al Central no nos ayudará a salir de la
crisis. Repasemos, brevemente, lo que se conoce de los compromisos voluntarios
adquiridos por los encargados de las políticas económicas en Costa Rica con el
FMI. Primero, en política fiscal, no hay nada nuevo. Afortunadamente, las
autoridades no se comprometieron a impulsar un paquetazo de nuevos impuestos.
Segundo, en política monetaria, se habla de una supuesta “disciplina
monetaria” para mantener bajo control la cantidad de dinero en manos de las
personas y evitar que “compren en exceso”—lo que sea que eso
signifique—tanto en el mercado interno como en el mercado externo. A contravía. Esto es precisamente lo contrario a lo que J.M. Keynes
recomendó en su Teoría General, en el capítulo 22—Notas sobre el ciclo
comercial. “El remedio estaría en varias medidas diseñadas para incrementar la
propensión a consumir a través de la redistribución del ingreso o de otros
medios; para que un nivel determinado de empleo requiera un menor volumen de
inversión corriente para soportarlo”, explicó. En otras palabras, para mantener el empleo actual, en momentos de crisis, es
fundamental inyectar liquidez al sistema económico para dinamizar el consumo.
Si la política monetaria saca dinero de la economía, las ventas caerán y,
como resultado, aumentará el desempleo y las empresas quebrarán. Tercero, en política cambiaria, se habla de moverse hacia una mayor
flexibilidad, para que el precio del dólar tenga mayor libertad para variar.
Esto no hace sentido en un mercado cambiario ineficiente donde el tipo de cambio
es manipulado, grandes jugadores se benefician del acceso a información
privilegiada y el BCCR se ha convertido en el principal expoliador legal. En
realidad, se trata de una mayor libertad para especular y aumentar las
abominables ganancias cambiarias del BCCR y de quienes se benefician de ese
negocio, en perjuicio del resto de los ciudadanos. Adicionalmente, el sistema de
bandas cambiarias es responsable por graves pérdidas de competitividad en las
exportaciones y de introducir incertidumbre al sistema económico, lo cual
ahuyenta la inversión, tanto nacional como extranjera. Cuarto, en política financiera, se dice que procura el fortalecimiento del
sistema financiero. Nuevamente, se presenta una contradicción ya que las políticas del BCCR y
Hacienda han contribuido a elevar las tasas de interés y al deterioro de las
carteras de crédito. También, causa de las muertes en el desierto. También fue la Junta
Directiva del Central la que hace un año jugó con las tasas de interés y
engañó a individuos y empresas para que contrajeran créditos artificialmente
baratos que hoy no pueden cancelar. Al respecto, el mismo Keynes sentenció: “Por tanto, un incremento en la
tasa de interés, como remedio para una situación que sale de un periodo
anormal de pesada nueva inversión, pertenece a la especie de remedio que cura
la enfermedad matando el paciente.” El empujón del FMI al Central no es motivo de celebración. Las
cantimploras del Central se llenarán de agua mientras que el FMI y el Gobierno
observan pasivos cómo trabajadores y empresas costarricenses continúan
muriendo de sed en el desierto. *Economista,
consultor (lloria@strategic-la.com). Tomado de Diario La Extra del 21 de abril del
2009
LA
INCERTIDUMBRE ATORMENTA AL MEJOR SISTEMA
Edmund
Phelps* En
países que operan un sistema esencialmente capitalista, no parece existir un
entendimiento amplio de los actores y de quienes lo vigilan ya sea sobre sus
ventajas como de sus peligros. La ignorancia acerca de lo que él puede
contribuir ha conducido a que en el pasado algunos países se deshagan del
sistema o que le recorten sus alas. La ignorancia acerca de los peligros ha hecho más factible
la imprudencia en los mercados y el descuido en las políticas. Recuperar un
capitalismo que funcione bien requerirá de una reeducación y de reformas
profundas. El
capitalismo no es el “libre mercado” o el laissez faire –un sistema de
cero gobierno “además del alguacil”. Los sistemas capitalistas funcionan
mucho menos bien sin la protección del estado para los inversionistas,
prestamistas y las empresas contra el monopolio, el engaño y el fraude. Estos
sistemas pueden carecer del soporte político requerido y causar estreses
sociales si no se tienen subsidios que estimulen la inclusión de los menos
favorecidos en la economía de los negocios formales que hay en la sociedad. Por
último, un extenso sistema de seguridad social, con los resultantes impuestos
elevados, menores ingresos para los hogares y una riqueza reducida, puede ser
que no dañe al capitalismo. En
esencia, los sistemas capitalistas son un mecanismo por el cual las economías
pueden generar un crecimiento del conocimiento –con mucha incertidumbre
durante el proceso, debido a la calidad de incompleto que posee el conocimiento. El crecimiento en el conocimiento conduce a que se dé un
crecimiento del ingreso y a una satisfacción con el trabajo; la incertidumbre
hace que la economía se vea impulsada a tener oscilaciones súbitas –todos
estos fenómenos fueron notados por Marx en 1948.
Sin embargo, el entendimiento de ellos fue muy lento en darse. Bien
entrado el siglo XX, los académicos vieron los avances económicos como
resultado de innovaciones comerciales facilitadas por los descubrimientos de los
científicos –descubrimientos que surgieron de fuera de la economía y de
fuente desconocida. ¿Por qué,
entonces, las economías capitalistas se beneficiaron más que las otras? La
temprana teoría de Joseph Schumpeter proponía que una economía capitalista
era más rápida en apropiarse de las oportunidades súbitas y que por ello
tiene una mayor productividad, gracias a la cultura capitalista: el celo de los
empresarios capaces y la diligencia de los banqueros expertos. Pero la idea de
banqueros que todo lo saben y de empresarios que no se equivocan es risible. Los
académicos encuentran ahora que el mayor crecimiento en conocimiento no es
impulsado por la ciencia (science-driven). La economía Schumpeteriana –Adam
Smith más sociología- captura muy poco. Friedrich
Hayek ofreció otro punto de vista en los años treinta. Cualquier economía
moderna, capitalista o dirigida por el estado, es una gran sopa de conocimiento
(know-how) privado disperso entre los participantes especializados. Nadie, dijo
él, ni aún una agencia estatal, podía acumular todo el conocimiento que cada
participante “en el sitio” (“on the spot”) inevitablemente requiere. El
estado no tendría ni idea de adónde invertir. Sólo el capitalismo resuelve
este “problema del conocimiento”. Con
posterioridad, Hayek desarrolló una teoría de cómo es que el capitalismo por
sí mismo hace “descubrimientos”. El no tenía problema con el concepto de
una idea innovadora, porque entendió que, aún entre expertos, el conocimiento
es incompleto acerca de la mayoría de las cosas que aún no han sido
experimentadas. De manera que se sintió libre para suponer que, gracias a los
discernimientos (insights) especializados que cada uno adquiere, un
administrador o un empleado puede algún día “imaginar” (como lo hubiera
puesto David Hume, el héroe de Hayek) una desviación comercial –una que no
podía ser inferida o imaginada por gente de fuera de la línea de trabajo del
individuo. Luego él muestra un sistema capitalista que funciona bien como un
organismo que posee una base amplia, de decisiones que van de abajo hacia arriba
(bottom-up), que le da a diversas nuevas ideas, oportunidades de competir con su
desarrollo y, con suerte, para que sean adoptadas por el mercado. Ese
“procedimiento para el descubrimiento” lo hace mucho más innovador que los
sistemas de decisiones que van de arriba hacia abajo (top-down) del socialismo o
del corporativismo. Estos últimos son muy burocráticos para aprender ideas que
vienen desde abajo y que difícilmente obtienen el apoyo de todos los
compañeros sociales (social partners) de ideas que logren traspasar. Las
economías capitalistas que funcionan bien, con su alta propensión para
innovar, sólo podían surgir cuando estuvieran en su lugar instituciones
útiles. Las libertades acarreadas por la Revolución Gloriosa de Inglaterra en
1688 y la “sociedades comerciales” de los Escoceses no fueron suficientes.
Tenían que existir instituciones financieras adonde hubiera financistas
imparciales, cada uno tratando de hacer la mejor inversión y –muy importante-
en donde hubiera una pluralidad de puntos de vista entre ellos, de forma que los
financistas destinaran fondos para una diversidad de proyectos. También tenía
que existir una responsabilidad limitada para las empresas y un mercado que
permitiera tomar posesión de ellas (takeover). Tales instituciones tuvieron que
esperar para ser demandadas por un amplio número de personas de negocios que
quisieran construir un nuevo producto o un nuevo mercado o un nuevo modelo de
negocios. Instituciones rudimentarias empezaron a surgir a inicios del siglo
XIX, desde leyes sobre empresas y bolsas de valores a bancos constituidos como
sociedades anónimas y bancos “comerciales” que prestaran a la industria. Beneficios
sin precedentes pronto se vieron en
Europa y América: surgieron nuevas ciudades, crecimiento sin rupturas de la
productividad, salarios aumentando constantemente y, por lo general, un nivel de
empleo elevado. Mejoraron las
perspectivas de vida para todos o casi todos los participantes. Si bien es
difícil de medir, pero en última instancia es algo fundamental, un número
creciente de gente en las economías capitalistas disfrutó de carreras que los
involucraban y que fue energizado en sus desafíos y sus exploraciones. Para
ellos el capitalismo fue un regalo bendito (godsend). Desde
los inicios, el mayor aspecto negativo fue que la creación de empresas
arriesgadas (creative ventures) causó incertidumbre no sólo a los empresarios
propiamente, sino a todo mundo en la economía global. Las oscilaciones de la
actividad empresarial arriesgada crearon un ambiente económico fluctuante.
Frank Knight, observando al capitalismo de los Estados Unidos en su libro de
1921, dijo que una compañía, en todas sus decisiones, excepto algunas pocas
rutinarias, encaraba lo que ahora se denomina la “incertidumbre Knightiana”.
En una economía que innova no hay suficientes precedentes que permitan estimar
la probabilidad de este o aquel resultado. En 1936 John Maynard Keynes insistió
en la “precariedad” de mucho del “conocimiento” usado para valorar una
inversión –de aquí la “debilidad” en las creencias de los
inversionistas. (Sin embargo, ahora él es visto como “Smith más oscilaciones
psicológicas”). Nunca
se ha sugerido una justificación moral para deshacerse de un sistema que provee
una novedad invaluable e irreemplazable, una solución a problemas y a la
exploración y, por tanto, al crecimiento personal. Por el contrario, la
filosofía humanista ha continuado, desde tiempos antiguos, sosteniendo tales
experiencias como “la buena vida”. Los socialistas y los corporativistas
nunca ofrecieron una buena vida alternativa. Simplemente alegaron que el sistema
que ellos proponían podía sobrepasar al capitalismo: una prosperidad más
amplia o más empleos o más satisfacción con los trabajos. Desafortunadamente,
aún no existe un entendimiento amplio entre el público de los beneficios que
justamente pueden ser acreditados al capitalismo y de por qué estos beneficios
tienen sus costos. Este fracaso intelectual ha hecho que el capitalismo sea
vulnerable ante sus oponentes y ante la ignorancia que hay dentro del sistema. El
capitalismo perdió mucho de su lugar durante el período entreguerras, cuando
muchos países en el occidente de la Europa continental cambiaron hacia sistemas
corporativistas. Este fue un punto bajo en la percepción pública acerca de la
economía política. Al final de cuentas, las promesas de una prosperidad mayor
y de oscilaciones menores no pudieron ser cumplidas. Las naciones que
mantuvieron el capitalismo, al tiempo que hacían reformas, algunas buenas y
otras tal vez no, en última instancia de nuevo tuvieron un buen desempeño
–hasta ahora. Aquellos que rompieron con el capitalismo fueron menos
innovadores. Después de los
disturbios de los años setenta, vieron como el desempleo se elevó mucho más
de lo sucedido en las naciones capitalistas.
También fueron peores en cuanto a inclusión económica. Ahora
el capitalismo está en medio de su segunda crisis.
Una explicación ofrecida es que los banqueros, cualquiera cosa que sea
lo que ellos pudieran conocer acerca del capitalismo, sabían que para conservar
sus trabajos y sus bonificaciones tenían que pedir prestado más y más, para
prestar más y más, a fin de satisfacer los objetivos de ganancias y de
regulación que gobierna el apalancamiento del capital de los bancos, a niveles
que hizo a los bancos vulnerables por una caída de los precios de las
viviendas. Pero,
¿por qué los grandes accionistas no se movilizaron para parar el endeudamiento
exagerado, antes de que llegara a niveles peligrosos? ¿Por qué los
legisladores no demandaron una intervención regulatoria? La respuesta, creo, es
que no tenían ni idea de la incertidumbre Knightiana.
De manera que no tenían idea de la posibilidad de una caída enorme en
los precios de las viviendas y ningún sentido acerca de la inaplicabilidad
fundamental de los modelos de administración de riesgo usados en los bancos.
“Riesgo” vino a significar volatilidad en algún pasado reciente. Se
consideró la volatilidad del precio al vibrar alrededor de alguna trayectoria,
pero no en cuanto a la incertidumbre de la trayectoria en sí: el riesgo de que
ella se fuera a caer. También los
principales ejecutivos de los bancos tuvieron poco dominio de la incertidumbre.
Algunos tuvieron el instinto de ir a comprar seguros, pero no vieron la
incertidumbre de la solvencia de los aseguradores. Hay
mucha disfuncionalidad en los Estados Unidos y en Inglaterra: un sector
financiero que se alejó del sector de los negocios, que luego causó su
auto-destrucción y un sector empresarial ahogado por el cortoplacismo. Si es
que aún mantenemos nuestros valores humanistas, trataremos de reestructurar
estos sectores y hacer que el capitalismo de nuevo trabaje bien –protegernos
mejor contra un desprecio atolondrado de la incertidumbre en el sector
financiero, al mismo tiempo que se revive la capacidad innovadora de las
empresas. No cerraremos la puerta a sistemas que dieron a números crecientes
vidas que valen la pena. *El
autor es director del Centro sobre el Capitalismo y la Sociedad de la
Universidad de Columbia y ganador del Premio Nobel en Economía en el 2006. Este
artículo fue publicado en el periódico Financial Times del 14 de abril del
2009. La traducción (aficionada) fue hecha por Jorge Corrales Quesada.
MUNICION:
ARMARSE CONTRA LA CONTRA-REVOLUCION KEYNESIANA
Greg Ransom* Una
generación atrás, la economía Keynesiana estaba muerta y enterrada,
abandonada hasta por el más influyente economista de todos ellos, John Hicks.
Había sido eliminada por el redescubrimiento de Hayek (por Robert Lucas, Alex
Leijonhufvud y John Hicks, entre otros), por Milton Friedman –y por la
estanflación. La economía Keynesiana fue rechazada por las figuras políticas
más importantes de la época. Por Thatcher y por Reagan, quienes miraron hacia
Hayek y no hacia Keynes. Y por los líderes de los estados del antiguo Imperio
Ruso, por los chinos y a través del continente europeo, quienes de nuevo
miraron hacia Hayek (y hacia Friedman) y no hacia Keynes. Pero
en la actualidad el mercado libre y las ideas de Friedrich Hayek son objeto de
un asalto masivo. De nuevo los Keynesianos están en su montura, cabalgando los
flagelantes caballos de la “crisis”, la “deflación” y el “estímulo”
hacia la mayor toma de la economía libre en la historia de la nación. ¿Cómo
fue que sucedió esto? Volvamos
al colapso de Keynes. En un mundo más
amplio, el Keynesianismo había perdido su reputación, pero en las
universidades permanecía su clerecía con derechos a la inmovilidad de su cargo
–una especie de guilda moderna de astrólogos atados a la antigua y fracasada
carga de la cultura** pseudo-científica de la “macroeconomía Keynesiana”.
Pero no todo estaba perfectamente bien, aún en los centros de decisión
superior de la Torre de Marfil. Los economistas, algo inconfortablemente, enseñaban
una versión de las curvas IS-LM de la economía Keynesiana a los estudiantes de
pregrado, quienes luego se reían de ellas en el aula de estudiantes de
postgrado. En los seminarios de postgrado se expresaban con ohs y ahs ante las
“Nuevas” versiones de economía Keynesiana, dados los fundamentos del
“equilibrio” inspirados en una primera instancia por Hayek (por la vía de
Lucas), pero que tienen poco que ver con los genuinos fundamentos microeconómicos.
¿Es este el único problema? Existió un número sin fin de estos modelos
–incompatibles de diversas maneras y tan diferentes de “Keynes”, que
muchos de ellos pasaron por nombres distintos de la “economía Keynesiana”.
Pero estaba entrando en escena una nueva generación, inocente, políticamente
polarizada, tanto en economía como en política. Y lo nuevo del día era la
vieja economía Keynesiana, con el “estímulo” y la “deflación” como
las nuevas palabras de la época que debían ser observadas. Primero fue con
George W. Bush (ver los ligámenes abajo) y con los economistas de Bush como
Greg Mankiw, Alan Greenspan y Ben Bernanke. Y ahora, con la llegada a la
dominación de Paul Krugman, Timothy Geithner y Barack Obama, las cosas
verdaderamente que se han despeñado. Encima de nosotros hay una nueva era de Keynes. Llámela
la Contra-Revolución de la Pseudo-Ciencia Keynesiana. De
manera que es el momento de que los ejecutivos y los estudiantes de las
universidades y los dueños de los negocios pequeños y el público en general,
se armen –y que participen en derrotar a la carga de la cultura** de ciencia
de los nuevos Keynesianos. Aquí
están sus municiones. Toda disponible gratis en la internet: Blogs:
EconLog, Cafe
Hayek, Mish’s
Trend Analysis, Mises
Economics Blog, ThinkMarkets, The
Austrian Economists. Sitios en la Web: CATO
Institute, Mises
Institute, Library
of Econ & Liberty, The Bailout Reader, Roger
Garrison’s article archive. Libros: Gerald O’Driscoll, Jr, Economics
as a Coordination Problem: The Contribution of Friedrich A. Hayek; Roger Garrison, Time
and Money: The Macroeconomics of the Capital Structure, David Laidler, Fabricating
the Keynesian Revolution; F. A. Hayek, Prices
and Production and Other Works; F. A. Hayek, Monetary
Theory and the Trade Cycle. Macroeconomistas: Roger
Garrison, Gerald
O’Driscoll, Jr., Lawrence
White. Videos: CNBC
“House of Cards”, The Crisis of Credit Visualized. Finalmente,
una colección de artículos contemporáneos que explican la caída de la crisis
económica actual *Puesto
en el sitio www.hayekcenter.org el 28
de enero del 2009. Traducción de Jorge Corrales Quesada **
Para entender el término “cargo cult”, que he traducido como “carga de la
cultura”, Ransom cita lo siguiente: “El movimiento de la isla de John Frum
es un ejemplo clásico de lo que los antropólogos han llamado una “carga de
la cultura” –muchas de los cuales surgieron en villas del Pacífico del Sur
durante la Segunda Guerra Mundial, cuando miles de tropas estadounidenses
cayeron sobre las islas desde los cielos y los mares. Tal como explica el antropólogo
Kirk Huffman, quien pasó 17 años en Vanuatu: ‘Usted observa las cargas de la
cultura (cargo cults) cuando el mundo externo, con toda su riqueza material, súbitamente
desciende sobre remotas tribus indígenas.’ La gente local no sabe de dónde
provienen las provisiones sin fin y sospechan que fueron mandadas por magia,
enviadas desde el mundo espiritual. (Paul Raffaelle, Smithsonian
Magazine, febrero del 2006).
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