Asociación Nacional de Fomento Económico ANFE 

Boletín Abril del 2009

(En construcción)

 

Mensaje de la Presidencia de ANFE 

Manifiesto a la opinión pública - ANFE

Pensamientos de liberales

Columna Libre - Nada de qué avergonzarnos - Carlos Federico Smith

Un mundo cubista - Andrés I. Pozuelo A.

Soy un liberal - Andrés I. Pozuelo A.

Empujón del FMI al Central - Luis E. Loría

La incertidumbre atormenta al mejor sistema - Edmund Phelps

Munición: Armarse contra la contra-revolución keynesiana - Greg Ransom

 

Novedades en el sitio web de ANFE

¡NUEVO! Columnas de ANFE del mes de abril del 2009

MENSAJE DE LA PRESIDENCIA DE ANFE

El pasado miércoles 22 de abril se celebró el foro  “Análisis de la Economía Costarricense para el 2009”, en donde expusieron nuestros Directores Juan Muñoz Giró y este servidor.  La actividad fue sumamente exitosa, dado que nos acompañaron más de 30 personas y lo que refuerza nuestros ánimos en pro de una difusión de las ideas de libertad.

 Menos afortunado fue nuestro curso “Inflación: La presunta inocencia del Banco Central,” pues esperábamos una asistencia mayor. Uno observa cómo muchas personas suelen referirse a este tema con suma facilidad, obviamente por sufrir todos los efectos del crecimiento de la generalidad de los precios, pero que carecen de una correcta interpretación de la verdadera causa de la inflación, cayendo en el error frecuente de adscribir un proceso inflacionario de un cambio en la generalidad de los precios, con aquél en que hay una variación en los precios relativos de los bienes, que es algo que caracteriza el movimiento normal y permanente de los mercados. El curso concluyó en las fechas previstas y se contempla la posibilidad de poder brindarlo de nuevo el año entrante.

 En este boletín aparece la Columna Libre escrita por don Carlos Federico Smith que lleva por título “Nada de qué avergonzarnos,” la cual trata acerca de las intenciones de la OECD de forzar a Costa Rica a abrir las cuentas corrientes bancarias privadas a instancias administrativas gubernamentales, bajo el prurito de que la práctica actual de hacerlo mediante la decisión en tal sentido de un juez, constituye una burla que intenta ocultar que somos un “paraíso tributario”.  Lamentablemente esta posición de la OECD fue endosada por un importante medio de prensa nacional, lo que motivó que la Junta Directiva de ANFE decidiera informar a sus asociados y a sus listas de correo electrónico acerca de esta columna, previo a su aparición formal en esta edición.  No omitimos informar a nuestros asociados que la columna en mención fue muy positivamente recibida por personas a quienes les fue remitida, lo cual mucho nos complace pues en esencia constituye una defensa de la libertad de las personas sumamente bien documentada ante una pretensión indebida de los estados de entrometerse en asuntos privados.

 También se presenta la columna usual “Pensamientos de Liberales,” en adición a dos artículos de nuestro frecuente colaborador y miembro de la Junta Directiva de ANFE, Ing. Andrés Pozuelo Arce, bajo los nombres “Un Mundo Cubista” y “Soy un Liberal”, además de otro de nuestro director, el Lic. Luis Loría, que lleva por título “Empujón del FMI al Banco Central.” En esta ocasión también incluimos el reciente pronunciamiento público de nuestra institución, en el cual abogamos por una reducción gradual del oneroso encaje bancario, así como reproducimos una traducción de un interesante artículo del Premio Nobel y economista liberal, Edmund Phelps, el cual hemos titulado “La Incertidumbre Atormenta al Mejor Sistema.”  Asimismo, presentamos la traducción de un artículo del filósofo y connotado pensador Hayekiano, Greg Ransom, en que incluye una rica bibliografía sobre la interpretación austriaca, y Hayekiana, en lo particular, de la reciente crisis económica, y el cual lleva por título “Munición: Armarse contra la Contra-Revolución Keynesiana,” que mucho aconsejamos.

 También deseamos informarles a nuestros asociados que esta Presidencia se reunió el pasado miércoles 22 de abril con la Directora Ejecutiva de la Red Liberal de América Latina (RELIAL) de la cual ANFE es miembro, Sra. Odile Gaset-Mauri, así como con representantes de otras asociaciones que integran la Red en Costa Rica, además del representante en el país de la Fundación Naumann para la libertad, Lic. Mario Brenes.  El propósito fue fortalecer la coordinación de actividades en Costa Rica y América Latina para el 2009.

 

Jorge Corrales Quesada         Presidente de ANFE

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ASOCIACIÓN NACIONAL DE FOMENTO ECONÓMICO

Manifiesto a la opinión pública

 

Considerando que:

1.      Costa Rica muestra un marcado deterioro de los indicadores de producción, consumo, inversión, desempleo, inflación, salarios reales y probablemente del nivel de pobreza;

2.      Esta situación se enmarca dentro de un contexto de declive económico mundial;

3.      Factores internos asociados con la política monetaria y cambiaria del Banco Central de Costa Rica han contribuido sustancialmente al deterioro económico;

4.      La defensa a ultranza de un régimen de bandas cambiarias llevó al Banco Central de Costa Rica a reducir artificialmente las tasas de interés y así agravar el desequilibrio de las cuentas externas de Costa Rica;

5.      La políticas cambiaria y monetaria han contribuido a disminuir drásticamente la liquidez en moneda nacional en momentos en que se inicia con fuerza la recesión económica, profundizando así la difícil situación que atraviesan las empresas y las familias costarricenses;

6.      El Plan Escudo brinda opciones importantes de asistencia social a los costarricenses de menores ingresos, pero no atiende la urgente necesidad de promover e incluso ayudar a sentar las bases para que las empresas retengan empleo y, por consiguiente, ayudar a los trabajadores nacionales;

Manifiesta a la opinión pública:

1.      Su profunda preocupación por la actitud aislacionista y ausente de acciones por parte del Banco Central de Costa Rica para definir y aplicar una política monetaria acorde y coherente con la situación económica actual;

2.      Solicitar al Banco Central de Costa Rica que implante un programa gradual de reducción del encaje mínimo legal, instrumento inoperante para el control de la inflación, y con ello eliminar un impuesto a las transacciones monetarias.

 

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PENSAMIENTOS DE LIBERALES

PENSAMIENTOS DE LIBERALES

 

“Los Estados Unidos califican como un paraíso tributario tanto por las reglas federales que rigen los ingresos de los extranjeros, como por las reglas estatales sobre tributación de las empresas, registro y privacidad.  Comparado con los contribuyentes estadounidenses, los extranjeros no residentes pagan poco o ningún impuesto sobre los ingresos de sus inversiones –característica importante de los paraísos tributarios de acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD), una obstinada oponente de la competencia tributaria.  El gobierno federal generalmente no grava el ingreso proveniente de inversiones de una empresa extranjera si las utilidades no están interconectadas con una actividad o empresa de los Estados Unidos y no se requiere que los extranjeros paguen impuestos sobre los ingresos de sus inversiones provenientes de empresas estadounidenses, a menos que residan en los Estados Unidos.

Es más, los estados ofrecen muchos beneficios impositivos adicionales  diseñados para atraer inversiones de fuera del estado y el gobierno federal generalmente no tiene la autoridad para pasar por encima de esas decisiones.  Nevada, Texas, Wyoming y Washington no graban los ingresos de las empresas; Alaska, Delaware y Nevada no recogen información sobre beneficiarios de empresas registradas; en Wyoming las compañías pueden tomar ventaja de cuentas corrientes bancarias nominadas que protegen la identidad de los propietarios; y los conglomerados en Delaware no tienen que llevar registros y declaraciones públicas y generalmente no requieren que se lleve una contabilidad… Adicionalmente, las reglas tributarias son “negociables” en muchos estados y muchos inversionistas grandes de fuera del estado pueden obtener concesiones a cambio de que inviertan en el estado”. (Tomado de Yesim Yilmaz, “Tax Havens, Tax Competition and Economic Performance,” Prosperitas, Vol. 6, No. 3, junio de 2006, p. 2).

 

“Una porción importante de la población mundial no vive en naciones civilizadas que respetan la regla de la ley y los derechos de propiedad. La mayoría de la gente está sujeta a discriminación si son minorías religiosas, raciales, étnicas, políticas o sexuales.  Otras son victimizadas por la corrupción, la expropiación o el crimen. Los paraísos tributarios brindan un refugio para gente que necesita de protección. Aún Jeffrey Owens de la OECD lo admitió que ‘los paraísos tributarios son esenciales para individuos que viven en regímenes inestables’. El anterior Consejero en impuestos internacionales del Presidente Clinton reconoció ‘los problemas de los gobiernos corruptos o el peligro para sus hijos y para los individuos.’” (Tomado de Daniel J. Mitchell, “Tax Havens: Myth Versus Reality,” Prosperitas, Vol. VII, No. 4, mayo del 2007, p. 3).

    

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COLUMNA LIBRE

NADA DE QUÉ AVERGONZARNOS

 

Durante los últimos meses he escrito en torno a asuntos relacionados con la recesión económica y, principalmente, sobre propuestas orientadas a paliar sus efectos. En esta ocasión mi análisis trata de un asunto que indirectamente tiene una enorme relación con el principal cuerpo de mis análisis previos: la declaración de Costa Rica como paraíso fiscal por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), entidad conformada por treinta estados, principalmente industriales y ricos, cuyo fin principal se supone que es la coordinación de las políticas económicas y sociales de sus miembros.

Dicho pronunciamiento fue conocido en nuestro país a inicios de abril de este año y que casi que inmediatamente le siguieron dos acontecimientos domésticos que en mucho contribuyen a fijar el tono de este ensayo.  Uno de ellos fue la pronta respuesta que, como una bala, formuló el Ministro de Hacienda, don Guillermo Zúñiga, tan sólo un día después, el 3 de abril, por la cual comprometió al país “a reformar su legislación para permitir el intercambio de información bancaria con fines tributarios.” (La Nación, sábado 4 de abril del 2009).

En síntesis, se obligó a levantar el llamado secreto bancario hoy vigente en nuestro país, para cumplir, de acuerdo con el Lic. Zúñiga, con “El mayor interés de la OCDE (que) en este momento es el acceso a la información bancaria para efectos tributarios, sin necesidad de la intervención de un juez y sin que exista una causa pendiente o una investigación por fraude fiscal.” (Ibíd.).

El segundo hecho nacional destacado fue el también casi inmediato pronunciamiento del periódico La Nación, que en un editorial titulado “Costa Rica como paraíso fiscal” del lunes 6 de abril, resume su posición al señalar que, sobre esta petición de la OECD, “No valen pretextos; esto es una vergüenza para el país. Manos a la obra ya, de parte del Gobierno y de la asamblea legislativa.”

Ambos, el Ministro de Hacienda y el editorialista, aparentan estupor y sorpresa por este pronunciamiento de la OECD.  Tal vez dicha actitud se podría justificar si Costa Rica apareciera por primera vez en una “lista negra” de paraísos tributarios, pero ya en el pasado la OECD había pretendido que nuestro país cambiara su regulación al respecto. Es así como el 4 de junio del 2004 la OECD publicó una nueva lista de “paraísos fiscales” en la cual incorpora por primera vez a Costa Rica (ver OECD, A Process for Achieving a Global Playing Field {Global Forum on Taxation: Berlin, June 3-4, 2002}, nota al pie 7, p. 6).

Pero lo que sí no debe sorprenderles a ambos, el Ministro y el editorialista, pues mostraría que viven en un mundo muy distinto al de muchos mortales costarricenses y extranjeros, es la intención de la OECD de obligar a naciones del mundo que no comparten su visión hegemónica de armonización tributaria, para que forzadamente efectúen reformas legales que tal vez no estén dispuestas a efectuar por su propia voluntad, pues eso más bien iría en contra de sus intereses propios, de sus tradiciones y leyes, de sus esfuerzos por ampliar el comercio internacional, de sus pretensiones de lograr un mayor crecimiento económico y de dar protección a los derechos humanos.

Veamos un poco de historia: en 1998 la OECD presentó un informe titulado Harmful Tax Competition: An Emerging Global Issue (París: OECD, 1998), el cual se convirtió en una especie de biblia para quienes consideran que la competencia tributaria entre los diversos países daña la economía mundial.  Entre sus alegatos principales para asumir tal posición están porque se crean “distorsiones potenciales en los patrones del comercio internacional y de la inversión de forma que se reduce el bienestar global,” (p. 14), así como que causa un daño cuando los países tratan de atraer inversión “haciendo ofertas (tributarias) de forma agresiva” (p. 16), además de que, como lo dice otro informe de la OECD (algo así como el hijo de Frankestein), porque la competencia tributaria “injustamente erosiona las bases imponibles de otros países y distorsionan la asignación del capital y de los servicios,” (Towards Global Tax Cooperation: Progress in Identifying and Eliminating Harmful Tax Practicas {París: OECD, 2001}, p. 4).

La frecuentemente pro globalizadora OECD aduce ahora no estar en contra de la competencia tributaria en sí, sino de la competencia tributaria “injusta”, lo cual me imagino que a los amigos lectores les recordará aquel otro slogan vacío: el que habla del comercio internacional “justo”. Concretamente dice no gustarle la competencia de los paraísos tributarios y de los llamados “dañinos regímenes tributarios preferenciales”. Se entiende por los primeros a países que no tengan impuesto sobre la renta o que sean muy bajos, así como leyes que protegen la privacidad de los contribuyentes al restringir información tributaria con otros países, mientras que los segundos son naciones que no tienen impuestos o que son muy bajos, que no comparten información tributaria y que poseen provisiones impositivas preferenciales (en inglés “ring-fenced tax provisions”), por las cuales ofrecen tasas impositivas bajas a inversionistas extranjeros, pero no las otorgan a inversionistas domésticos. (Mucha de la información que me permite forjar estas opiniones la obtuve del libro de Chris Edwards y Daniel J. Mitchell, Global Tax Revolution; The rise of tax competition and the battle to defend it {Cato Institute: Washington D. C., 2008}, p. 136).

Lo interesante de estos alegatos de la OECD es que asumen que los recursos productivos son altamente sensibles a las menores tasas impositivas y por ello fluyen hacia los llamados paraísos tributarios, pero, si eso fuera cierto, tendrían que cuestionarse (y no lo hacen) que lo opuesto puede ser lo correcto: que es por las muy elevadas tasas de impuestos en los países de donde proceden las inversiones, que fluyen hacia los paraísos impositivos. La verdad es que la inversión es sensible a la imposición doméstica y a la imposición en el extranjero, por lo que los esfuerzos de la OECD más bien deberían de encaminarse hacia reducir los gravámenes tan altos existentes en sus países, en vez de impulsar aumentos tributarios en los países receptores de inversión.

El argumento de la OECD es que un país crea una externalidad dañina cuando unilateralmente baja sus impuestos a la inversión como medio para atraerla al país, pues erosiona la base imponible del país de origen de dicha inversión.  Todo esto es en realidad un tema de eficiencia económica: si una nación reduce sus gravámenes como medio para prosperar, ello no necesariamente tiene que causar daño al país de donde proviene la inversión.

En un medio competitivo, como sucede en el caso del libre comercio, cada país, buscando su propio interés, deberá reducir sus propios impuestos para lograr conservar sus recursos de inversión.  No hay lo que se llama un “juego de suma cero”, en donde lo que uno gana es a costas del otro: al igual que menos aranceles conducen a un aumento en el comercio internacional, menores impuestos sobre la inversión conducen a un aumento en la inversión total.  El problema radica en altas tasas de impuestos sobre la inversión que afectan la formación de capital dentro de los propios países. El desvelo de la OECD se sustenta en última instancia en una preocupación acerca de la ubicación hacia donde se dirige la inversión y no sobre el efecto negativo que tienen los impuestos elevados sobre el ahorro, el esfuerzo, la inversión y el crecimiento económico. Con su actitud la OECD aboga por una especie de proteccionismo tributario.

La propuesta conveniente es que las inversiones en un país deberían ser objeto de la misma tasa impositiva independientemente del origen de la inversión. En lo que se denomina el enfoque territorial de la base impositiva, el impuesto se aplica en el país en donde se genera el ingreso, sustentado en el principio de neutralidad impositiva al capital importado.  El objetivo de la OECD es que no rija este principio impositivo territorial, sino uno basado en los ingresos globales del contribuyente, de manera que impida la competencia tributaria.

En nuestro país hace un par de años, como parte de un paquete tributario propuesto por el Ministerio de Hacienda y el cual también defendió el editorialista de La Nación de ese entonces, se pretendió sustituir al sistema impositivo territorial que hoy sirve de base para gravar la inversión, por un esquema de renta global o universal, como se le suele denominar, mediante el cual quienes tributan en el país lo deben hacer sobre los ingresos totales que perciben en el mundo y no sólo sobre lo generado en el territorio nacional. Esta idea, como tantas malas, posiblemente pronto resucitará como el Ave Fénix. Es precisamente lo que hoy desea la OECD: temerosa de que las empresas ubicadas en naciones de la OECD trasladen sus operaciones a países fuera de su ámbito, considera que, si los ingresos que esas firmas obtienen en el exterior son fuertemente gravados, no se dará tal “outsourcing”; que no se irán al “exterior”. Pero no hay duda de que, en tanto haya razones tributarias (o de otra índole) para que una empresa traslade sus operaciones al exterior, lo hará. El punto es hasta qué grado podrá hacerlo una empresa de un país que grave los rendimientos de sus inversiones en el exterior, en comparación con otra firma proveniente de una nación que no tenga tal esquema tributario.

Lo que el Ministerio de Hacienda pretendía con su propuesta de gravar la renta universal era, al fin de cuentas, lo mismo que pretende lograr la OECD: obtener más impuestos. Al forzar a un país considerado paraíso tributario, como Costa Rica, a que transforme su sistema tributario mediante medidas que equivalgan a un alza en el costo impositivo de operar en el país, lo que la OECD busca es elevar la recaudación de impuestos provenientes de las empresas.  Como dicen Edwards y Mitchell (Op. Cit., p. 110), parece que quienes promueven la renta universal “estarían satisfechos si cada país tuviera un sistema tributario que gravara la renta universal con una elevada tasa impositiva a las empresas de un 60 por ciento.  Eso sería ‘eficiente’ según su manera de pensar, pero sería devastador para la economía global porque la inversión se desplomaría y caerían los niveles de ingresos.”

Con su presión sobre Costa Rica para que reforme las leyes vigentes sobre el secreto bancario, lo que la OECD anda tras es de que nuestro país le facilite la aplicación de su principio de renta universal, tal que le permita aumentar su recaudación tributaria.  Las pretensiones de la OECD reciben un fuerte impulso con la posición expuesta por el editorial de La Nación del 4 de abril del 2009, que hace sentir que el país comete una villanía reprochable cuando retiene “información bancaria fundamental que facilitaría la identificación de ingresos gravables de ciertos contribuyentes nacionales y extranjeros domiciliados en el país o en el exterior”.

El editorial de marras enfatiza luego que actualmente “Los extranjeros (personas físicas o jurídicas) pueden domiciliarse aquí sin que se les grave por los ingresos obtenidos en el exterior”, y apoya una reforma que implica una aceptación del principio impulsado por el Ministerio de Hacienda como parte de su paquete de reforma tributaria, mediante el cual el impuesto sobre la renta no se cobraría sólo por aquellos ingresos generados en nuestro territorio, sino en cualquier lugar del mundo. Prosigue el editorial en mención señalando que ahora “además, se le niega información a sus respectivos países de origen sobre los ingresos que (los extranjeros) obtengan y depositen en sus cuentas bancarias abiertas en el territorio nacional.” (El paréntesis es mío). Esto significa que, también, si, por ejemplo, una empresa extranjera o un ciudadano no costarricense genera ingresos en el país, deberíamos, para no avergonzarnos, como dice el editorial, informar de ello a los gobiernos de su país de origen, lo cual significa aceptar de nuevo el principio de renta universal. 

Lo que debería de aconsejar el agente tributario de marras es que se graven los réditos de las inversiones de los extranjeros en el país al igual que se hace con los que obtienen los nacionales, pero no hay razón alguna para que tengamos que informar a gobiernos extranjeros acerca de lo que produce una inversión externa en nuestro territorio: esto último debería ser un asunto nuestro en cuanto objeto de gravamen.

El principio anterior podría incorporarse en una reforma tributaria basada en fundamentos tributarios modernos caracterizados por impuestos bajos y uniformes, mejor conocido por su nombre en inglés “flat tax”, que actualmente cobija a 25 sistemas impositivos nacionales. Debo mencionar que, si el problema tributario global de acuerdo con la OECD es la evasión tributaria, en especial en cuanto a que significa un flujo de inversiones de países con altos impuestos hacia naciones con tributos más bajos, uno de los medios más importantes a través de los cuales las naciones podría mejorar su recaudación eliminando la evasión impositiva, lo sería mediante un impuesto como el “flat tax”, que tiene el incentivo positivo de evitar esconder los ingresos ante las autoridades tributarias, como sucede actualmente con muchos de los esquemas impositivos vigentes.

Antes de mencionar algunas razones por las cuales los derechos de los extranjeros son salvaguardados con nuestro sistema tributario, hay que ser muy crédulo, como el editorialista de La Nación, para considerar que, como lo señala la OECD y citado por ese periódico, con paraísos fiscales como Costa Rica se da “la oportunidad a los contribuyentes de evadir o burlar impuestos en sus países de origen. Cuando los individuos o compañías evaden sus obligaciones privan a los gobiernos de ingresos necesarios para edificar escuelas, hospitales y otros proyectos de carácter público.” ¡Casi que no aguanto las ganas de llorar ante conducta tan malévola de esos evasores tributarios gracias a paraísos fiscales como nuestro país! Me imagino que el editorialista incluye dentro de esos “otros proyectos de carácter público” los gastos en armamento del gobierno venezolano, que no es muy amable “tributariamente hablando” con sus ciudadanos y sus empresas. O tal vez considera como loables proyectos públicos el financiamiento de una abotagada burocracia europea costeada por toda la ciudadanía. Me imagino que es muy loable el gasto público que queda sin financiar en Argentina y que podría ser mucho mayor si la gente pagara los impuestos y la que, ante la expropiación y la frustración por un futuro negro, ¡huye de su país y se refugia en un paraíso fiscal como Costa Rica!  Si La Nación se traga el cuentico del merecido gasto estatal que se queda sin financiar, según la OECD, nos pone a un paso de aseverar que es necesario aumentar los impuestos en Costa Rica para pagar todos los proyectos loables que una burocracia podría contemplar.

Por ello es inaceptable la regañada que el periódico La Nación le hace a Costa Rica, cuando señala: “Costa Rica, al negarse a dar información (o consentir el funcionamiento de la banca offshore) está dando muestra de muy poca o ninguna solidaridad con la comunidad internacional.” Todo lo contrario: al facilitar que lleguen inversiones y empresas a nuestro país en parte por razón de que los impuestos son menos elevados que en su país de origen, el país está mostrando una enorme solidaridad con las personas de esos países. Si el periódico aduce falta de solidaridad “con la comunidad internacional” entendida ésta como gobiernos que gravan fuertemente los ingresos de sus ciudadanos, pues en buena hora somos insolidarios con los gobiernos, pero no lo somos con los seres humanos, como individuos y como actores económicos por medio de empresas, cuyo bienestar es al fin y al cabo lo que debe interesar.

Para que el lector se dé cuenta de la importancia de este tema en la actualidad política de los Estados Unidos, ya el presidente Obama, quien en el pasado se manifestó en contra de los llamados paraísos fiscales, parece reanudar su andanada contra ellos, envalentonado por las conversaciones recientes sostenidas con países del llamado grupo de los 20 (G-20).

En el periódico New Herald de Miami del 20 de febrero de este año, el periodista Gerardo Reyes escribió lo siguiente: “Costa Rica figura junto a Panamá como uno de los 50 paraísos fiscales preferidos de las mayores empresas de Estados Unidos y de los principales contratistas del gobierno federal, según un informe de la Oficina de Fiscalización del Congreso (GAO)… Entre los criterios para definir ‘paraíso fiscal’, la investigación señaló que se tuvo en cuenta las jurisdicciones donde las filiales no están obligadas a declarar impuestos; donde no hay un intercambio de información tributaria efectiva entre el país en cuestión y Estados Unidos y existe una ‘falta de transparencia en la implementación de las normas legislativas, judiciales y administrativas’. También se consideró la ausencia de una presencia física de la filial.”… Costa Rica sólo aparece como paraíso fiscal “al aplicarse el novedoso criterio del IRS (Oficina de Impuestos del Gobierno de los Estados Unidos.”… “Las notificaciones del IRS son citaciones proferidas por los tribunales estadounidenses para obtener información de contribuyentes estadounidenses que aparecen con firma autorizada en bancos o cuentas de tarjetas de crédito expedidas por esos bancos en 34 países.”… Las empresas con filiales en Costa Rica son: “ Abbot Laboratories (1), Altria Group (2), Caterpillar (1), Cisco (1), Citigroup (19), Coca-Cola (1), Countrywide Financial (1), Dell (2), Dow Chemical (1), Fedex (1), Hewlett-Packard (1), Intel (1), International Business Machines Corp. (1), Kraft Foods (3), Pepsi (2), Pfizer (2), Tech Data (1), The Procter & Gamble Company (3) y United Health Group (2).”

Afortunadamente, el artículo en mención cita que el informe de la Oficina de Fiscalización del Congreso (GAO) “advierte que el establecimiento de esas filiales no significa necesariamente que lo hicieron con el propósito de aliviar su carga tributaria”. He destacado estos hechos recientes sucedidos en Estados Unidos para señalar que los propósitos de la OECD, expresados en su publicación de 1998, el informe Harmful Tax Competition: An Emerging Global Issue, han sido revitalizados por el ascenso de Barack Obama al gobierno de su país. Su principal asesor económico, Larry Summers, es un connotado creyente en la armonización tributaria global y no considera que dicha política provoque daños a la economía mundial. Actualmente varios comités del Congreso de los Estados Unidos analizan el tema.

Uno argumento que se ha escuchado en favor de eliminar el llamado secreto bancario es la enorme ayuda que éste brinda para el lavado de dineros tanto provenientes del tráfico ilegal de drogas como de fondos dedicados al terrorismo internacional.  Es más, el periódico La Nación, en su editorial antes mencionado, se hace eco de este alegato, al señalar que, con la apertura del secreto bancario que solicita la OECD, “se podrían controlar más fácilmente los delitos de lavado de dinero sancionados por la Ley de Sicotrópicos.” De nuevo estamos en presencia de otro acto de candidez, pues es sabido que, por medio del Instituto Costarricense de Drogas (creo que hoy conocido como Comisión Nacional de Drogas, CONADRO), nuestro país forma parte del llamado Grupo Edmont, cuya meta es brindar un foro mundial para las entidades nacionales encargadas de la lucha contra el dinero sucio, con el fin de mejorar el apoyo a los gobiernos en su lucha en contra del lavado de dinero, el financiamiento del terrorismo y otros crímenes de índole financiera. 

Asimismo, Costa Rica es participante activo del GAFIC, que es un grupo de naciones del Caribe y de Centro América organizado para luchar contra el lavado de dinero.

Ahora se pretende que, para luchar efectivamente contra esos crímenes financieros, eliminemos el secreto bancario, cuando el país ha sido un diligente colaborador del Grupo Edmont, precisamente encargado de la coordinación internacional de estos asuntos. (De paso, de nada sirvió que en los Estados Unidos no existiera el secreto bancario ante los atentados de extremistas islamitas contra las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de setiembre del 2001: las transacciones monetarias a los terroristas se efectuaron a través de los canales bancarios de los Estados Unidos, Europa y de Oriente Medio y no existe información de que para ello se usaran centros financieros offshore o paraísos tributarios).

Costa Rica permite la apertura de las cuentas corrientes cuando un juez así lo autoriza.  Este es el camino que hasta el momento ha seguido nuestro país, firmemente basado en la protección de la privacidad del ciudadano.  En caso de dudas acerca del comportamiento de alguna persona o empresa, ya sea en el campo de la evasión tributaria o de blanqueo de capitales de dudosa procedencia, es mediante el camino de la ley, como ha sido una tradición en nuestro país, que un juez permite dicha apertura de cuentas, pero debe ser un proceso razonadamente justificado por las autoridades del caso y fundamentado en nuestras garantías constitucionales.

La pretensión, tanto de la OECD como del editorialista de La Nación, pone en riesgo la seguridad del buen ciudadano: una simple apertura de las cuentas corrientes, en que, como dice La Nación, “las autoridades fiscales podrían controlar más eficazmente los ingresos gravables y no gravables de todos los contribuyentes, nacionales o extranjeros, sin necesidad de una engorrosa autorización judicial,” no es suficiente razón.  Ni tampoco es justificación lo que asevera el Ministro de Hacienda en sus declaraciones del sábado 4 de abril del 2009 en La Nación, cuando dice, y repito su cita, que “El mayor interés de la OCDE en este momento es el acceso a la información bancaria para efectos tributarios, sin necesidad de la intervención de un juez y sin que exista una causa pendiente o una investigación por fraude fiscal.” ¿Intervención por parte de quién? ¿De algún burócrata de turno, nacional o internacional? ¿Sin que medie causa o investigación de naturaleza fiscal? Entonces, ¿de qué causa o razón para acceder a nuestras cuentas bancarias se está hablando? Prefiero que, como ciudadano, me ampare la ley: que rija el principio de legalidad y no que se abran las puertas al abuso potencial del estado o de los estados en contra de los ciudadanos.

Tal propuesta abre la posibilidad de que cualquier persona, nacional o extranjera, física o jurídica, Usted o yo, estemos sujetos a la apreciación que en algún momento dado puede tener alguna “autoridad fiscal”, lo que sin duda comprende a políticos oportunistas, tal vez ansiosos, como se ha observado en más de una ocasión, de dañar a quienes miran como sus oponentes. Con la propuesta en mención le permitiremos tener acceso a la información de nuestras cuentas corrientes.  Hoy Usted está protegido de alguna manera porque, para hacerlo, se requiere de la decisión de un juez, si bien es una posibilidad que La Nación califica como “engorrosa”. Tal vez esa característica de “engorrosa” es más bien una virtud necesaria para garantizar nuestros derechos fundamentales. El riesgo de un posible daño al ciudadano no puede estar sustentado en que, con esa apertura de las cuentas corrientes, el fisco estará en posibilidad de obtener recursos que consideró como evadidos. El riesgo está en que nada garantiza que esa información que adquiere el burócrata público no será utilizada para propósitos presuntamente más peligrosos, como el chantaje o el secuestro extorsivo, pues ahora se tendría libre acceso a una información estrictamente personal que es hoy privilegiada.  Nada, absolutamente nada, garantiza que ello no vaya a suceder.  Alguien podría alegar que posiblemente “tal cosa no va a suceder en Costa Rica”, pero si se abre esa posibilidad de una nueva y rica fuente para la delincuencia, será sólo una cuestión de tiempo para que ello suceda aquí, tal como pasa en otras naciones.

Hace poco el distinguido abogado Dr. Rubén Hernández Valle publicó en La Nación del 17 de marzo del 2009 un artículo aptamente titulado “¿Quién Gobierna en Costa Rica?” el cual se reprodujo en el boletín de ANFE del mes de abril.  Si bien en él se refiere a temas distintos a los que hoy trato, la pregunta que formula tiene, en esta oportunidad, una relevancia crucial.  En el aspecto tributario, ¿Quién Gobierna en Costa Rica? ¿Es acaso la OECD que ejerce presión y chantajes políticos al amenazar con la suspensión de ayuda financiera externa a nuestro país si no cambia sus leyes tributarias? La carrera que pegó el Ministro de Hacienda para que nuestra Asamblea Legislativa haga lo que le pide la OECD es la mejor muestra de sumisión de un político costarricense a los dictados de una organización de la cual ni siquiera somos miembros. Una organización cuya dirigencia ni siquiera es electa por el voto democrático de todos quienes somos afectados por sus acciones; una organización que defiende los intereses particulares de sus actuales integrantes, que bien pueden coincidir o no con los nuestros; una organización que, en este caso particular, está envuelta en un serio conflicto interno, pues algunos de sus miembros hoy son connotados “paraísos tributarios”, según la propia definición de la OECD, como lo son Austria, Bélgica, Luxemburgo, Inglaterra, Suiza y los Estados Unidos. Claro, la OECD no ataca a esas naciones poderosas, sino a “paisecitos” como el nuestro, con pocas posibilidades de defensa ante ellos y en donde se tiene a defensores gratuitos y temerosos de nuestra franca y libre posición actual.

Costa Rica es una nación caracterizada por defender los derechos humanos, entre los que destaca la defensa de la persona ante la persecución de los gobiernos, que muchas veces se origina simplemente en razones étnicas, políticas o religiosas.  Asimismo, busca proteger a las personas del crimen, la corrupción y la mala administración que emana de muchos de esos mismos gobiernos.  Por ello es crucial la defensa del derecho que el país otorga de preservar la información personal contenida en las cuentas corrientes.  Lo es hoy más importante que antes, en especial ante la existencia de tecnologías que fácilmente invaden el campo personal privado.  No hay que irse a otro mundo (aunque algún medio así parece mostrarlo) para darse cuenta de que hay muchas naciones en que los individuos se encuentran inmersos en sociedades en donde abunda la corrupción y la persecución por el simple hecho de disentir.  En muchas ocasiones dicha persecución se origina en la conducta propia de los estados, que mediante la expoliación, la expropiación, la imposición discriminada, tratan de minar el derecho de las personas de poder cambiar libremente sus gobiernos, para lo cual una medida contundente contra aquéllas es restringirles sus derechos a la propiedad.  (¿Acaso no hemos todos escuchado alguna vez historias de cómo se amenaza a oponentes, por parte de ciertos políticos en el gobierno de turno, con enviarles “la tributación” si prosiguen en sus empeños?).

Uno sabe que la gente se protege, al menos parcialmente, de esos abusos gubernamentales mediante la ubicación de recursos financieros en los así considerados y llamados paraísos fiscales.  Me imagino que hoy en día lo hace el empresario venezolano al huir del socialismo rampante de Hugo Chávez, o el argentino o el boliviano o el ecuatoriano o el nicaragüense, quienes ven como sus propiedades o están siendo limitadas o están en peligro de ser nacionalizadas por los estatistas de turno.  O, más lejos de aquí: cómo es que buscan protección el comerciante de la República Democrática del Congo o las familias en Zimbabwe quienes ven perder sus ahorros y riquezas acumuladas a través de los años, en un marco jurídico público totalmente corrupto.  Podría seguir citando minorías perseguidas en todo el mundo (homosexuales en Arabia Saudita o en Cuba; judíos en el Medio Oriente o cristianos, hasta hace poco, en Iraq; mujeres en partes de Afganistán o chinos en secciones de Asia y en regiones del Este de África) que podrían lograr protección gracias a los malqueridos paraísos tributarios. 

Lo sorprendente no es que haya tantas naciones que carecen de libertad (45, de acuerdo con Freedom House; 130 países con calificaciones menores a 5 según la calificación de 1 a 10 que tiene Transparencia Internacional y 60 en el Indice de Estados Fracasados de la Revista Foreign Policy), sino el hecho de que casi todos los países calificados como paraísos tributarios gozan de una excelente gobernabilidad.  Así, un estudio de Dhamikka Darmapala y James Hines, Which Countries Become Tax Havens? (Cambridge, Mass.: National Bureau of Economic Research, Working Paper 12802, 2006) señala que “los paraísos tributarios califican muy bien entre países en cuanto a medidas sobre la calidad de la gobernabilidad, las cuales incluyen medidas sobre voz de la ciudadanía y rendición de cuentas, estabilidad política, efectividad de los gobiernos, vigencia de la regla de la ley y de control de la corrupción.  De hecho, casi no existen paraísos tributarios que son pobremente gobernados.” (p. 1) Los autores responden y explican afirmativamente una pregunta crucial: “¿por qué los países mejor gobernados tienen una mayor posibilidad que otros de convertirse en paraísos fiscales? (p. 2)

Si el amigo lector desea estar informado apropiadamente sobre la defensa mundial en contra de la eliminación de la competencia tributaria entre naciones, el Center for Freedom and Prosperity, www.freedomandprosperity.org , le brinda la información necesaria.

Carlos Federico Smith

Queda debidamente autorizado para reproducir esta columna en el medio de su predilección.

 

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UN MUNDO CUBISTA

Andrés I. Pozuelo Arce


En contraposición al reduccionismo clásico, el principio emergente establece que, en los sistemas complejos, el todo es algo más que la suma de las partes. El entorno económico, no estatista, por ejemplo, se compone de un sinfín de relaciones entre empresas y consumidores, a partir de las cuales se pueden desarrollar ciertos teoremas, aunque nunca lleguemos a observar dichas relaciones en su totalidad. De hecho, hoy más que nunca, estamos sumergidos en una especie de obra cubista, donde el camuflaje que nos rodea impide la observación de los detalles que definen los procesos económicos globales. No solo no tenemos todas las respuestas, sino que ni siquiera podemos anticipar las preguntas.

No obstante, el intencionalismo y el artificialismo antropomórfico que caracterizan el momento que ahora vivimos van más lejos: amenazan con quitar el camuflaje que todavía nos protege de las intenciones violentas de los estados y de sus burocracias, tratando de reducirnos a una predecible y aburrida obra realista. Una obra en la cual los sujetos somos nosotros, suspendidos en una pose inmóvil y llenos de nostalgia inducida por la falta de espontaneidad y de emergencia que domina la realidad económico–social.

“Nos hemos hundido a tal profundidad que la repetición de lo obvio se ha convertido en el deber primordial de los hombres inteligentes” (George Orwell, 1939); y en estos trances históricos, lo obvio parece limitarse a seguir los caminos populistas, intervencionistas y constructivistas de aquellos mismos estados que no supieron crear en el pasado las condiciones apropiadas para que, sobre la base de una genuina libertad, conocimiento y acceso a la propiedad, surgieran procesos económicos dinámicos y autocorregibles.

No hay nada más frustrante que encontrarse en esta línea difusa entre lo viejo y lo nuevo, y ver que lo nuevo es una obra de arte con un estilo anticuado y engañoso, según argumentaban los cubistas: el realismo constructivista es una mentira, sobre todo porque congela a los objetos de una manera muy simple y porque lo hace dentro de un contexto artificial. La gente no cambia de una generación a otra; lo que cambia es el entorno y, si el entorno no evoluciona libremente, lo que tendremos es un futuro sin inspiración ni anhelo de lo desconocido. Un futuro –y valga la paradoja– que no tendrá porvenir.

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SOY UN LIBERAL

Andrés I. Pozuelo Arce


 
Tal vez algunos se pregunten de dónde nace mi necesidad de dejar bien claro que me considero un liberal, y con gran orgullo. Esto se debe a que, en nuestro país, los enemigos de la libertad se confabulan de manera sistemática para arrastrar a la gente  a sus trincheras, sea  por vía de la manipulación o por medio de un muy hábil camuflaje de colores, llámense socialdemócratas, estatistas solidarios, progresistas o demócratas cristianos. Ante dichos esfuerzos, se  torna necesario  (tal como hacen los practicantes cristianos que renuevan y refuerzan las creencias y la fe en un Dios omnipotente) que uno, como liberal, esté continuamente anunciando y predicando las virtudes de la filosofía liberal humanista, además de crear un escudo protector alrededor de su persona para repeler las estrategias oscuras de aquellos que atentan contra la libertad individual  y el libre pensamiento.


Para mí, ser  liberal significa mucho más que enarbolar una ideología política. Implica, ante todo, adherir a una filosofía de vida fundada en la convicción de que los seres humanos poseemos un sentido innato del libre albedrío; y que el hecho de que, en la actualidad, la mayoría de los pueblos se hallan sometidos a estructuras socioeconómicas donde unos hombres roban libertades a otros hombres, se debe a variados accidentes históricos y a la acción de líderes despistados y a menudo inescrupulosos que aprovechan ciertos momentos de vulnerabilidad civil para promulgar leyes arbitrarias, sembrando miedos irreales sobre el libre pensamiento de los individuos. Ser liberal, en efecto, consiste en rendir culto a este afán de pensar libremente acerca de cualquier tema, aunque tal pensamiento nos conduzca a ir en contra del poder establecido por una sociedad esclava del miedo, algo que alimenta día con día mi propio metabolismo liberal.


El ser liberal no significa de ninguna manera ser ilegal. De hecho, un Estado basado en leyes con proclamas generales, que respete las raíces hereditarias y locales de los individuos y permita a estos moldear y, a la vez, amoldarse de una manera natural a las leyes y regulaciones por ellos mismos establecidas, debe ser siempre un ideal de todo liberal responsable. Pero tal Estado de derecho no debe inhibir, en ningún momento, la iniciativa y necesidad de creación del individuo mediante reglamentos y trámites que favorezcan el egocentrismo o enriquecimiento de unos pocos profesionales o burócratas oportunistas, a costa de los méritos positivos de los agentes  productivos de la sociedad. En estos incómodos casos, resulta inevitable y hasta legítimo, por parte de la sociedad civil, apearse del procedimiento establecido por reglamento, siempre y cuando se proceda de acuerdo con las leyes vigentes y la viabilidad ética, técnica y científica de la actividad o proyecto.
 
El hombre puede muy poco por sí solo. Únicamente en sociedad, al lado de otros, es y puede mucho. Por ello, son necesarias las reglas de convivencia, asentadas en el principio de que la libertad de un ser humano termina donde comienza la libertad de los demás. Pero, por ningún motivo, esta necesidad de una organización colectiva debe nublar el hecho de que la individualidad - en todo hombre - es mucho más importante que la nacionalidad o cualquier otro atributo y ha de ser tomada en cuenta a la hora de promulgar leyes, reglamentos y ordenanzas publicas.

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EMPUJÓN DEL FMI AL CENTRAL

Luis E. Loría *

“No sabemos cuán largo es el desierto. Lo que queremos es tener agua en las cantimploras”, declaró Francisco de Paula Gutiérrez, Presidente del Banco Central de Costa Rica (BCCR), al celebrar el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) (La Nación 14/04/09). Los recursos del FMI, en caso de que se lleguen a utilizar, son un tipo de deuda pública que no requiere aprobación por parte de la Asamblea Legislativa. Ese dinero sería administrado por el BCCR a discreción, sin rendir cuentas a nadie, como es su costumbre.

Lo paradójico del asunto es que los costarricenses, quienes hemos sufrido (o muerto) debido a las inclemencias del desierto económico, al cual nos condujo el mismo ente emisor, pagaremos al FMI el recibo del agua, por $735 millones, que le echará en las cantimploras al BCCR para que continúe haciendo de las suyas.

El empujón que el FMI le da al Central no nos ayudará a salir de la crisis. Repasemos, brevemente, lo que se conoce de los compromisos voluntarios adquiridos por los encargados de las políticas económicas en Costa Rica con el FMI. Primero, en política fiscal, no hay nada nuevo. Afortunadamente, las autoridades no se comprometieron a impulsar un paquetazo de nuevos impuestos. Segundo, en política monetaria, se habla de una supuesta “disciplina monetaria” para mantener bajo control la cantidad de dinero en manos de las personas y evitar que “compren en exceso”—lo que sea que eso signifique—tanto en el mercado interno como en el mercado externo.

A contravía. Esto es precisamente lo contrario a lo que J.M. Keynes recomendó en su Teoría General, en el capítulo 22—Notas sobre el ciclo comercial.

“El remedio estaría en varias medidas diseñadas para incrementar la propensión a consumir a través de la redistribución del ingreso o de otros medios; para que un nivel determinado de empleo requiera un menor volumen de inversión corriente para soportarlo”, explicó.

En otras palabras, para mantener el empleo actual, en momentos de crisis, es fundamental inyectar liquidez al sistema económico para dinamizar el consumo. Si la política monetaria saca dinero de la economía, las ventas caerán y, como resultado, aumentará el desempleo y las empresas quebrarán.

Tercero, en política cambiaria, se habla de moverse hacia una mayor flexibilidad, para que el precio del dólar tenga mayor libertad para variar. Esto no hace sentido en un mercado cambiario ineficiente donde el tipo de cambio es manipulado, grandes jugadores se benefician del acceso a información privilegiada y el BCCR se ha convertido en el principal expoliador legal. En realidad, se trata de una mayor libertad para especular y aumentar las abominables ganancias cambiarias del BCCR y de quienes se benefician de ese negocio, en perjuicio del resto de los ciudadanos. Adicionalmente, el sistema de bandas cambiarias es responsable por graves pérdidas de competitividad en las exportaciones y de introducir incertidumbre al sistema económico, lo cual ahuyenta la inversión, tanto nacional como extranjera.

Cuarto, en política financiera, se dice que procura el fortalecimiento del sistema financiero.

Nuevamente, se presenta una contradicción ya que las políticas del BCCR y Hacienda han contribuido a elevar las tasas de interés y al deterioro de las carteras de crédito.

También, causa de las muertes en el desierto. También fue la Junta Directiva del Central la que hace un año jugó con las tasas de interés y engañó a individuos y empresas para que contrajeran créditos artificialmente baratos que hoy no pueden cancelar.

Al respecto, el mismo Keynes sentenció: “Por tanto, un incremento en la tasa de interés, como remedio para una situación que sale de un periodo anormal de pesada nueva inversión, pertenece a la especie de remedio que cura la enfermedad matando el paciente.”

El empujón del FMI al Central no es motivo de celebración. Las cantimploras del Central se llenarán de agua mientras que el FMI y el Gobierno observan pasivos cómo trabajadores y empresas costarricenses continúan muriendo de sed en el desierto.

*Economista, consultor (lloria@strategic-la.com). Tomado de Diario La Extra del 21 de abril del 2009

 

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LA INCERTIDUMBRE ATORMENTA AL MEJOR SISTEMA

                                                                                      Edmund Phelps*

En países que operan un sistema esencialmente capitalista, no parece existir un entendimiento amplio de los actores y de quienes lo vigilan ya sea sobre sus ventajas como de sus peligros. La ignorancia acerca de lo que él puede contribuir ha conducido a que en el pasado algunos países se deshagan del sistema o que le recorten sus alas.  La ignorancia acerca de los peligros ha hecho más factible la imprudencia en los mercados y el descuido en las políticas. Recuperar un capitalismo que funcione bien requerirá de una reeducación y de reformas profundas.

El capitalismo no es el “libre mercado” o el laissez faire –un sistema de cero gobierno “además del alguacil”. Los sistemas capitalistas funcionan mucho menos bien sin la protección del estado para los inversionistas, prestamistas y las empresas contra el monopolio, el engaño y el fraude. Estos sistemas pueden carecer del soporte político requerido y causar estreses sociales si no se tienen subsidios que estimulen la inclusión de los menos favorecidos en la economía de los negocios formales que hay en la sociedad. Por último, un extenso sistema de seguridad social, con los resultantes impuestos elevados, menores ingresos para los hogares y una riqueza reducida, puede ser que no dañe al capitalismo.

En esencia, los sistemas capitalistas son un mecanismo por el cual las economías pueden generar un crecimiento del conocimiento –con mucha incertidumbre durante el proceso, debido a la calidad de incompleto que posee el conocimiento.  El crecimiento en el conocimiento conduce a que se dé un crecimiento del ingreso y a una satisfacción con el trabajo; la incertidumbre hace que la economía se vea impulsada a tener oscilaciones súbitas –todos estos fenómenos fueron notados por Marx en 1948.  Sin embargo, el entendimiento de ellos fue muy lento en darse.

Bien entrado el siglo XX, los académicos vieron los avances económicos como resultado de innovaciones comerciales facilitadas por los descubrimientos de los científicos –descubrimientos que surgieron de fuera de la economía y de fuente desconocida.  ¿Por qué, entonces, las economías capitalistas se beneficiaron más que las otras? La temprana teoría de Joseph Schumpeter proponía que una economía capitalista era más rápida en apropiarse de las oportunidades súbitas y que por ello tiene una mayor productividad, gracias a la cultura capitalista: el celo de los empresarios capaces y la diligencia de los banqueros expertos. Pero la idea de banqueros que todo lo saben y de empresarios que no se equivocan es risible. Los académicos encuentran ahora que el mayor crecimiento en conocimiento no es impulsado por la ciencia (science-driven). La economía Schumpeteriana –Adam Smith más sociología- captura muy poco.

Friedrich Hayek ofreció otro punto de vista en los años treinta. Cualquier economía moderna, capitalista o dirigida por el estado, es una gran sopa de conocimiento (know-how) privado disperso entre los participantes especializados. Nadie, dijo él, ni aún una agencia estatal, podía acumular todo el conocimiento que cada participante “en el sitio” (“on the spot”) inevitablemente requiere. El estado no tendría ni idea de adónde invertir. Sólo el capitalismo resuelve este “problema del conocimiento”.

Con posterioridad, Hayek desarrolló una teoría de cómo es que el capitalismo por sí mismo hace “descubrimientos”. El no tenía problema con el concepto de una idea innovadora, porque entendió que, aún entre expertos, el conocimiento es incompleto acerca de la mayoría de las cosas que aún no han sido experimentadas. De manera que se sintió libre para suponer que, gracias a los discernimientos (insights) especializados que cada uno adquiere, un administrador o un empleado puede algún día “imaginar” (como lo hubiera puesto David Hume, el héroe de Hayek) una desviación comercial –una que no podía ser inferida o imaginada por gente de fuera de la línea de trabajo del individuo. Luego él muestra un sistema capitalista que funciona bien como un organismo que posee una base amplia, de decisiones que van de abajo hacia arriba (bottom-up), que le da a diversas nuevas ideas, oportunidades de competir con su desarrollo y, con suerte, para que sean adoptadas por el mercado. Ese “procedimiento para el descubrimiento” lo hace mucho más innovador que los sistemas de decisiones que van de arriba hacia abajo (top-down) del socialismo o del corporativismo. Estos últimos son muy burocráticos para aprender ideas que vienen desde abajo y que difícilmente obtienen el apoyo de todos los compañeros sociales (social partners) de ideas que logren traspasar.

Las economías capitalistas que funcionan bien, con su alta propensión para innovar, sólo podían surgir cuando estuvieran en su lugar instituciones útiles. Las libertades acarreadas por la Revolución Gloriosa de Inglaterra en 1688 y la “sociedades comerciales” de los Escoceses no fueron suficientes.  Tenían que existir instituciones financieras adonde hubiera financistas imparciales, cada uno tratando de hacer la mejor inversión y –muy importante- en donde hubiera una pluralidad de puntos de vista entre ellos, de forma que los financistas destinaran fondos para una diversidad de proyectos. También tenía que existir una responsabilidad limitada para las empresas y un mercado que permitiera tomar posesión de ellas (takeover). Tales instituciones tuvieron que esperar para ser demandadas por un amplio número de personas de negocios que quisieran construir un nuevo producto o un nuevo mercado o un nuevo modelo de negocios. Instituciones rudimentarias empezaron a surgir a inicios del siglo XIX, desde leyes sobre empresas y bolsas de valores a bancos constituidos como sociedades anónimas y bancos “comerciales” que prestaran a la industria.

Beneficios sin  precedentes pronto se vieron en Europa y América: surgieron nuevas ciudades, crecimiento sin rupturas de la productividad, salarios aumentando constantemente y, por lo general, un nivel de empleo elevado.  Mejoraron las perspectivas de vida para todos o casi todos los participantes. Si bien es difícil de medir, pero en última instancia es algo fundamental, un número creciente de gente en las economías capitalistas disfrutó de carreras que los involucraban y que fue energizado en sus desafíos y sus exploraciones. Para ellos el capitalismo fue un regalo bendito (godsend).

Desde los inicios, el mayor aspecto negativo fue que la creación de empresas arriesgadas (creative ventures) causó incertidumbre no sólo a los empresarios propiamente, sino a todo mundo en la economía global. Las oscilaciones de la actividad empresarial arriesgada crearon un ambiente económico fluctuante. Frank Knight, observando al capitalismo de los Estados Unidos en su libro de 1921, dijo que una compañía, en todas sus decisiones, excepto algunas pocas rutinarias, encaraba lo que ahora se denomina la “incertidumbre Knightiana”. En una economía que innova no hay suficientes precedentes que permitan estimar la probabilidad de este o aquel resultado. En 1936 John Maynard Keynes insistió en la “precariedad” de mucho del “conocimiento” usado para valorar una inversión –de aquí la “debilidad” en las creencias de los inversionistas. (Sin embargo, ahora él es visto como “Smith más oscilaciones psicológicas”).

Nunca se ha sugerido una justificación moral para deshacerse de un sistema que provee una novedad invaluable e irreemplazable, una solución a problemas y a la exploración y, por tanto, al crecimiento personal. Por el contrario, la filosofía humanista ha continuado, desde tiempos antiguos, sosteniendo tales experiencias como “la buena vida”. Los socialistas y los corporativistas nunca ofrecieron una buena vida alternativa. Simplemente alegaron que el sistema que ellos proponían podía sobrepasar al capitalismo: una prosperidad más amplia o más empleos o más satisfacción con los trabajos.  Desafortunadamente, aún no existe un entendimiento amplio entre el público de los beneficios que justamente pueden ser acreditados al capitalismo y de por qué estos beneficios tienen sus costos. Este fracaso intelectual ha hecho que el capitalismo sea vulnerable ante sus oponentes y ante la ignorancia que hay dentro del sistema.

El capitalismo perdió mucho de su lugar durante el período entreguerras, cuando muchos países en el occidente de la Europa continental cambiaron hacia sistemas corporativistas. Este fue un punto bajo en la percepción pública acerca de la economía política. Al final de cuentas, las promesas de una prosperidad mayor y de oscilaciones menores no pudieron ser cumplidas. Las naciones que mantuvieron el capitalismo, al tiempo que hacían reformas, algunas buenas y otras tal vez no, en última instancia de nuevo tuvieron un buen desempeño –hasta ahora. Aquellos que rompieron con el capitalismo fueron menos innovadores.  Después de los disturbios de los años setenta, vieron como el desempleo se elevó mucho más de lo sucedido en las naciones capitalistas.  También fueron peores en cuanto a inclusión económica.

Ahora el capitalismo está en medio de su segunda crisis.  Una explicación ofrecida es que los banqueros, cualquiera cosa que sea lo que ellos pudieran conocer acerca del capitalismo, sabían que para conservar sus trabajos y sus bonificaciones tenían que pedir prestado más y más, para prestar más y más, a fin de satisfacer los objetivos de ganancias y de regulación que gobierna el apalancamiento del capital de los bancos, a niveles que hizo a los bancos vulnerables por una caída de los precios de las viviendas.

Pero, ¿por qué los grandes accionistas no se movilizaron para parar el endeudamiento exagerado, antes de que llegara a niveles peligrosos? ¿Por qué los legisladores no demandaron una intervención regulatoria? La respuesta, creo, es que no tenían ni idea de la incertidumbre Knightiana.  De manera que no tenían idea de la posibilidad de una caída enorme en los precios de las viviendas y ningún sentido acerca de la inaplicabilidad fundamental de los modelos de administración de riesgo usados en los bancos. “Riesgo” vino a significar volatilidad en algún pasado reciente. Se consideró la volatilidad del precio al vibrar alrededor de alguna trayectoria, pero no en cuanto a la incertidumbre de la trayectoria en sí: el riesgo de que ella se fuera a caer.  También los principales ejecutivos de los bancos tuvieron poco dominio de la incertidumbre. Algunos tuvieron el instinto de ir a comprar seguros, pero no vieron la incertidumbre de la solvencia de los aseguradores.

Hay mucha disfuncionalidad en los Estados Unidos y en Inglaterra: un sector financiero que se alejó del sector de los negocios, que luego causó su auto-destrucción y un sector empresarial ahogado por el cortoplacismo. Si es que aún mantenemos nuestros valores humanistas, trataremos de reestructurar estos sectores y hacer que el capitalismo de nuevo trabaje bien –protegernos mejor contra un desprecio atolondrado de la incertidumbre en el sector financiero, al mismo tiempo que se revive la capacidad innovadora de las empresas. No cerraremos la puerta a sistemas que dieron a números crecientes vidas que valen la pena.

 

*El autor es director del Centro sobre el Capitalismo y la Sociedad de la Universidad de Columbia y ganador del Premio Nobel en Economía en el 2006. Este artículo fue publicado en el periódico Financial Times del 14 de abril del 2009. La traducción (aficionada) fue hecha por Jorge Corrales Quesada.

 

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MUNICION: ARMARSE CONTRA LA CONTRA-REVOLUCION KEYNESIANA

                                                                                                               Greg Ransom*

 

Una generación atrás, la economía Keynesiana estaba muerta y enterrada, abandonada hasta por el más influyente economista de todos ellos, John Hicks. Había sido eliminada por el redescubrimiento de Hayek (por Robert Lucas, Alex Leijonhufvud y John Hicks, entre otros), por Milton Friedman –y por la estanflación. La economía Keynesiana fue rechazada por las figuras políticas más importantes de la época. Por Thatcher y por Reagan, quienes miraron hacia Hayek y no hacia Keynes. Y por los líderes de los estados del antiguo Imperio Ruso, por los chinos y a través del continente europeo, quienes de nuevo miraron hacia Hayek (y hacia Friedman) y no hacia Keynes.

 Pero en la actualidad el mercado libre y las ideas de Friedrich Hayek son objeto de un asalto masivo. De nuevo los Keynesianos están en su montura, cabalgando los flagelantes caballos de la “crisis”, la “deflación” y el “estímulo” hacia la mayor toma de la economía libre en la historia de la nación.

 ¿Cómo fue que sucedió esto?

 Volvamos al colapso de Keynes.  En un mundo más amplio, el Keynesianismo había perdido su reputación, pero en las universidades permanecía su clerecía con derechos a la inmovilidad de su cargo –una especie de guilda moderna de astrólogos atados a la antigua y fracasada carga de la cultura** pseudo-científica de la “macroeconomía Keynesiana”. Pero no todo estaba perfectamente bien, aún en los centros de decisión superior de la Torre de Marfil. Los economistas, algo inconfortablemente, enseñaban una versión de las curvas IS-LM de la economía Keynesiana a los estudiantes de pregrado, quienes luego se reían de ellas en el aula de estudiantes de postgrado. En los seminarios de postgrado se expresaban con ohs y ahs ante las “Nuevas” versiones de economía Keynesiana, dados los fundamentos del “equilibrio” inspirados en una primera instancia por Hayek (por la vía de Lucas), pero que tienen poco que ver con los genuinos fundamentos microeconómicos. ¿Es este el único problema? Existió un número sin fin de estos modelos –incompatibles de diversas maneras y tan diferentes de “Keynes”, que muchos de ellos pasaron por nombres distintos de la “economía Keynesiana”. Pero estaba entrando en escena una nueva generación, inocente, políticamente polarizada, tanto en economía como en política. Y lo nuevo del día era la vieja economía Keynesiana, con el “estímulo” y la “deflación” como las nuevas palabras de la época que debían ser observadas. Primero fue con George W. Bush (ver los ligámenes abajo) y con los economistas de Bush como Greg Mankiw, Alan Greenspan y Ben Bernanke. Y ahora, con la llegada a la dominación de Paul Krugman, Timothy Geithner y Barack Obama, las cosas verdaderamente que se han despeñado.  Encima de nosotros hay una nueva era de Keynes.

 Llámela la Contra-Revolución de la Pseudo-Ciencia Keynesiana.

 De manera que es el momento de que los ejecutivos y los estudiantes de las universidades y los dueños de los negocios pequeños y el público en general, se armen –y que participen en derrotar a la carga de la cultura** de ciencia de los nuevos Keynesianos.

 Aquí están sus municiones. Toda disponible gratis en la internet:

BlogsEconLog, Cafe Hayek, Mish’s Trend Analysis, Mises Economics Blog, ThinkMarkets, The Austrian Economists.

Sitios en la WebCATO Institute, Mises Institute, Library of Econ & Liberty, The Bailout Reader, Roger Garrison’s article archive.

Libros:  Gerald O’Driscoll, Jr, Economics as a Coordination Problem:  The Contribution of Friedrich A. Hayek; Roger Garrison, Time and Money:  The Macroeconomics of the Capital Structure, David Laidler, Fabricating the Keynesian Revolution; F. A. Hayek, Prices and Production and Other Works; F. A. Hayek, Monetary Theory and the Trade Cycle.

MacroeconomistasRoger Garrison, Gerald O’Driscoll, Jr., Lawrence White.

Videos:   CNBC “House of Cards”The Crisis of Credit Visualized.

Finalmente, una colección de artículos contemporáneos que explican la caída de la crisis económica actual

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Mark Thornton, “The Housing Bubble in 4 Easy Steps”

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Gerald O’Driscoll, Jr.  “To Prevent Bubbles, Restrain the Fed”

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John Taylor, “How the Government Created the Financial Crisis”

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James Gwartney, “On The Fed and Greenspan”

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Michael Lewis, “Inside the Wall Street Doomsday Machine”

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John Taylor, “An Empirical Analysis of What Went Wrong” (pdf)

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Peter Wallison, “Government Policies and the Financial Crisis”

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David Beckworth, “No, Greenspan Was Not Right”

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Jim Grant, “Is the Medicine Worse Than the Illness?”

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David Rose & Larry White, “We Can’t Spend Our Way Out of This Quagmire”

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Arnold Kling, “Why Credit Default Swaps?”

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Seattle P-I, “FBI Saw Mortgage Fraud Early”

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OC Register, “How Subprime Lending All Started in OC”

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Mike Shedlock, “Krugman Still Wrong After All These Years”

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Steve Sailer, “Predatory Mortgage Lenders”

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The Wall Street Journal, “Lender Lobbying Blitz Abetted Mortgage Mess”

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Russ Roberts — “How the Government Stoked the Mania”

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Anonymous, “A Worm’s-Eye View of Wall Street”

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The NY Times, “Inside Washington Mutual”

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Steve Sailer, “Washington Mutual and the CRA”

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Mike Shedlock, “Time to Break Up the Credit Rating Cartel”

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William Black, “Fiddling While Rome Burns”

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Steve Sailer, “BofA’s $1.5 Trillion CRA Pledge”

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Felix Salmon, “Recipe for Disaster:  The Formula That Killed Wall Street”

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The Washington Post, “The Crash:  What Went Wrong”

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Lawrence White, “What Really Happened”

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The NY Times, “White House Philosophy Stoked Mortgage Bonfire”

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Martin Baily, et al, “The Origins of the Financial Crisis”

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Steve Sailer, “The Diversity Recession”

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Richard Wagner, “A Remarkable Question”

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George Selgin, “Guilty as Charged”

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Gerald O’Driscoll, Jr. — “Subprime Monetary Policy”

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Steve Sailer, “Karl Rove — Architect of the Minority Mortgage Meltdown”

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Lawrence White, “How Did We Get Into This Financial Mess?”

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Steven Horwitz, “An Open Letter to My Friends on the Left”

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Warren Coats, “The D E Fs of the Financial Markets Crisis”

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Arnold Kling, “My Planned Oral Remarks on Freddie & Fannie”

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Mike Shedlock, “Time to Break Up the Credit Rating Cartel”

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John Cassidy, “Anatomy of a Meltdown”

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William Black, “Adam Smith Was Right About CEO Incentives”

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Sebastian Mallaby, “Blaming Deregulation”

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The WSJ, “The Weekend That Wall Street Died”

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Michael Lewis, “Meltdown in Iceland”

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BusinessWeek, “Nightmare Mortgages”

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Steve Sailter, “A How-To Guide to Being a CRA Shakedown Artist”

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Tyler Cowen, “Bailout of Long-Term Capital”

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Arnold Kling, “Testimony on the Collapse of Fannie Mae & Freddie Mac” (pdf)

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Robert Higgs, “Lucas and the Fed”

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Eric Falkenstein, “WaMu and the Big Effects of Big Government”

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Lawrence White, “The Bungled Bailout”

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Wikipedia, “The Greenspan Put”

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Brian Riedl, “The Case for No Stimulus”

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John Cochrane, “Fiscal Stimulus, Fiscal Inflation, or Fiscal Fallacies?”

 *Puesto en el sitio www.hayekcenter.org el 28 de enero del 2009. Traducción de Jorge Corrales Quesada

 ** Para entender el término “cargo cult”, que he traducido como “carga de la cultura”, Ransom cita lo siguiente: “El movimiento de la isla de John Frum es un ejemplo clásico de lo que los antropólogos han llamado una “carga de la cultura” –muchas de los cuales surgieron en villas del Pacífico del Sur durante la Segunda Guerra Mundial, cuando miles de tropas estadounidenses cayeron sobre las islas desde los cielos y los mares. Tal como explica el antropólogo Kirk Huffman, quien pasó 17 años en Vanuatu: ‘Usted observa las cargas de la cultura (cargo cults) cuando el mundo externo, con toda su riqueza material, súbitamente desciende sobre remotas tribus indígenas.’ La gente local no sabe de dónde provienen las provisiones sin fin y sospechan que fueron mandadas por magia, enviadas desde el mundo espiritual. (Paul Raffaelle, Smithsonian Magazine, febrero del 2006).

 

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Puesto al día: 11 de diciembre del 2007