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Asociación Nacional de Fomento Económico ANFE Boletín Marzo del 2009
Mensaje de la Presidencia de ANFE Columna Libre La crisis actual y la política impositiva - Carlos Federico Smith Liberalismo Político - Oscar Alvarez Araya Sombrero en el suelo - Andrés I. Pozuelo A. La sociedad emergente - Andrés I. Pozuelo A. Los pingüinos están a salvo - Andrés I. Pozuelo A. La lengua no es inofensiva - Laurencia Sáenz ¿Quién gobierna en Costa Rica? - Rubén Hernández Valle
MENSAJE
DE LA PRESIDENCIA DE ANFE Para
los próximos días, concretamente el miércoles 22 de abril, en nuestras
instalaciones ubicadas 200 metros al oeste de la Casa Italia, al costado norte
de la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús en el Barrio Francisco Peralta, se
realizará el foro “Análisis de la Economía Costarricense para el 2009”,
en la cual expondrán nuestros Directores, los economistas Juan Muñoz Giró y
este servidor. Evidentemente este
es un tema objeto de la atención de nuestros asociados, amigos y la sociedad en
general por razones obvias. La
entrada es gratuita y habrá un refrigerio al final de la actividad.
Como el cupo es limitado, se ruega reservar lo más pronto posible, a
partir del regreso de la Semana Santa, a nuestros teléfonos 2253 4460, 2224
7350, 2253 4497 y 8376 1947. En
este boletín, además de la Columna Libre que usualmente escribe don Carlos
Federico Smith y la cual trata la faceta tributaria de medidas destinadas a
paliar la recesión, bajo el título “La Crisis Actual y la Política
Impositiva”, también presentamos la columna usual “Pensamientos de
Liberales,” aunadas a una colaboración del politólogo Dr. Oscar Alvarez
Araya, Director de ANFE, que aparece bajo el nombre “Liberalismo Político”.
También de nuestro frecuente colaborador y miembro de la Junta Directiva
de ANFE, Ing. Andrés Pozuelo Arce, en este boletín incluimos tres de sus
artículos “Sombrero al Suelo en el G-20”, “La Sociedad Emergente”, y
“Los Pingüinos Están a Salvo”. En esta oportunidad ANFE se siente muy
afortunada de poder reproducir dos importantes ensayos recientemente publicados
en la prensa nacional, uno de la filósofa Laurencia Sáenz, bajo el nombre “La
Lengua No Es Inofensiva”, y otro interesante artículo del jurista Dr. Rubén
Hernández V., titulado “¿Quién Gobierna en Costa Rica?”. Jorge
Corrales Quesada
Presidente de ANFE
PENSAMIENTOS
DE LIBERALES “En
los años ochentas, la gran historia sobre competencia impositiva fue la
reducción de las tasas marginales del impuesto sobre la renta a individuos y a
las empresas en los mayores países industriales, tales como Inglaterra y los
Estados Unidos. En los años
noventas se intensificaron los recortes de las tasas y se extendieron hacia un
mayor número de países. En esta
década la historia más excitante acerca de la competencia tributaria fue la
revolución de los impuestos bajos y uniformes (flat tax).
Para el 2008 25 jurisdicciones habían adoptado impuestos sobre la renta
individual con una tasa única. Este
“club del flat tax” se está haciendo más grande año tras año. Irónicamente,
el antiguo mundo comunista es la fuente de las reformas hacia un impuesto bajo y
uniforme… En numerosos países, las reformas hacia el flat tax han recibido el
apoyo de partidos políticos tanto de la derecha como de la izquierda. Los
países con flat tax han tomado la decisión de deshacerse de sistemas de
impuestos a los ingresos con tasas múltiples o ‘progresivos’ en favor de
sistemas con una tasa única que poseen menos deducciones, exenciones y
créditos. Hoy en día, la tasa
individual promedio en los países con flat tax es de tan sólo un 17 por
ciento. La mayoría de los países
con flat tax también han recortado sus impuestos a la renta de las empresas y
la tasa media en estas naciones es de tan sólo un 18 por ciento. (Chris
Edwards & Daniel J. Mitchell, Global
Tax Revolution: The rise of tax competition and the battle to defend it,
Washington D. C.: Cato Institute, 2008, p. 57). “Los
enemigos de la libertad han inventado en los últimos tiempos nuevas ideas para
combatirla, pero sin nunca reconocer que ése es su propósito.
Así, han inventado los que llaman los ‘derechos colectivos,’ los
cuales no son más que un arma contra los derechos individuales y en particular
contra la libertad… La
libertad está hoy en riesgo. Cada vez son más intensos los esfuerzos por
limitarla. Los gobernantes la restringen con el argumento de que quieren lograr
una mejor distribución de la riqueza, cuando lo único que consiguen es un
mejor reparto de la pobreza. Pretenden también proteger al individuo de sus
debilidades y le prohíben usar ciertas sustancias o disfrutar de ciertos
placeres. Al final sólo crean
mercados negros en los que prevalecen los intereses más oscuros y la violencia.”
(Sergio Sarmiento, “Caminos de la libertad,” en Fomento Cultural Grupo
Salinas, editor, Segundo Concurso de
Ensayo: Caminos de la Libertad, Memorias, México, D. F.: Grupo Salinas,
2008, p. p. 18-19).
COLUMNA LIBRE LA CRISIS ACTUAL Y LA POLITICA
IMPOSITIVA
Hay
una gran preocupación acerca de las implicaciones fiscales de las decisiones
presupuestarias tomadas por la administración Obama como medidas para lograr
salir de la actual crisis económica. Si
bien la parte fiscal comprende básicamente tres partes fundamentales y
relacionadas entre sí, como son los impuestos, el gasto público y la deuda
pública, además de que tienen efectos sobre otras y diversas variables
macroeconómicas, como lo pueden ser el tipo de cambio, la estructura de las
tasas de interés, entre muchas otras, en esta ocasión me referiré a algunos
aspectos de los planteamientos tributarios formulados, así como a la
experiencia impositiva durante la Gran Recesión de los años treinta, debido a
la lección que se puede derivar de ella. El
último paquete fiscal aprobado por el Congreso de los Estados Unidos en
realidad es algo confuso en cuanto a la política impositiva; esto es, en lo
referente a reducciones o aumentos de diversos impuestos, pues incluye algunas
notables decisiones que se plantean como si fueran reducciones en los
gravámenes, pero, en realidad, constituyen nuevos subsidios a grupos –independientemente
de su merecimiento- en vez de reducciones tributarias efectivas.
Ejemplo de esto es el anuncio de que en los próximos días se dará una
presunta devolución de impuestos bajo el programa llamado Making Work Pay tax
credit, mediante el cual el Ministerio de Hacienda de los Estados Unidos daría
$500 a cada trabajador o $1.000 a cada familia trabajadora, todo por un monto
total estimado de $116 billones de dólares, que forma parte del llamado
estímulo tributario que el Presidente Obama ha impulsado recientemente. Pero
en realidad no es que esta “devolución de impuestos” significa en verdad
una reducción de los gravámenes por este monto, puesto que muchos de quienes
recibirían la devolución (“rebate”) no pagan impuestos sobre la renta, al
estar sus ingresos por debajo de los montos imponibles.
Por ello se ha mencionado que la mayor parte de esa “devolución” no
es sino un nuevo programa de subsidios, que podrían justificarse como alimento
keynesiano que impulse la demanda agregada, pero que no satisface el criterio de
reducción impositiva. También
debo manifestar ciertas dudas acerca de la posible eficiencia de dicha política
para estimular una supuestamente insuficiente demanda agregada.
El profesor Milton Friedman expuso su teoría de la función consumo, la
cual, a diferencia de la función de consumo keynesiana que depende del ingreso
medido del momento, está en función de las expectativas de ingresos pero a un
plazo mucho mayor que el de plazo inmediato que formulara Keynes. Así, de
acuerdo con Friedman, variaciones de corto plazo, transitorias, en los ingresos
no tienen efecto significativo sobre el consumo; simplemente, lo que hace es
variar el ahorro. Una baja en los impuestos que se considera como transitoria,
por ejemplo, se reflejaría más que en un aumento en consumo, en un alza del
ahorro. Para Friedman el determinante del consumo lo es el ingreso permanente,
definido por los activos físicos y humanos que poseen los consumidores y que
influyen en su capacidad para obtener ingresos a lo largo del tiempo. De
acuerdo con esta idea, es de esperar que, en tanto la “devolución” de
impuestos, según la propuesta del presidente Obama, sea percibida por sus
receptores como un ingreso transitorio, el efecto sobre el gasto total será
relativamente pequeño, y más bien se reflejará en un incremento de los
ahorros individuales. En efecto, ya
hace más de medio año, durante la administración Bush, se intentó una
devolución tributaria similar y el resultado fue que no se elevó
significativamente el gasto total en la economía, tal como era el objetivo de
dicha devolución. Estos resultados
se ajustaron a la predicción friedmaniana sobre la naturaleza de la función de
consumo. Tampoco
el paquete actual del presidente Obama parece contener importantes reducciones
tributarias orientadas a compensar lo que Hayek y Mises denominaron como “recesión
secundaria”, en la cual el sector privado inversionista, plagado de
incertidumbre y dudas sobre la posible recuperación de sus inversiones, se
abstiene de llevarlas a cabo en tanto perdure dicha incertidumbre generalizada.
No hay, por ejemplo, una propuesta que reduzca los muy elevados impuestos sobre
las utilidades de las empresas en los Estados Unidos. En efecto, entre los
países que conforman la llamada Organización para la Cooperación y el
Desarrollo Económico (OECD), la tasa máxima de impuestos a los ingresos de las
empresas en los Estados Unidos es la segunda entre ellos (un 40%, mientras que
el deshonroso primer lugar lo posee Japón con un 40.7%), y está un 13% por
encima del promedio de los países de la OECD, según lo señala el libro de
Chris Edwards y Daniel J. Mitchell, Global Tax Revolution: The rise of tax
competition and the battle to defend it (Washington D. C.: Cato Institute,
2008), p. 45. Tampoco
el paquete de Obama contempla reducciones de otros gravámenes que actualmente
podrían constituir un freno para la inversión privada, como podría ser el
elevado impuesto sobre las ganancias de capital. Parece que, de lo poco bueno
que desde el punto de vista tributario contiene el último paquete de Obama, es
que, por el momento, no echará para atrás algunas reformas tributarias
llevadas a cabo por la administración Bush, que efectivamente se pueden
considerar como favorables para el crecimiento económico. La
experiencia tributaria sucedida en los Estados Unidos durante la Gran Depresión
de los años treinta, que se ha señalado como uno de los factores que prolongó
la recesión e impidió una pronta recuperación, podría ser útil tenerla
presente. En lo más profundo de aquélla, en 1932, el Presidente Hoover aprobó
el mayor aumento de impuestos en su país en un período que no fuera de guerra. En el caso del impuesto personal sobre los ingresos, la tasa
marginal más elevada pasó de un 25% a un 63% (les apuesto que a ritmo del
estereotípico “que los ricos paguen como ricos y los pobres paguen como
pobres”), mientras que el correspondiente a las empresas se elevó de un 12% a
un 14%. Pocos años después y aún
en medio de la recesión, el Presidente Franklin D. Roosevelt aumentó más
estos gravámenes (en 1936 la tasa máxima del impuesto personal sobre la renta
fue incrementada hasta un 79%). Entre
1933 y 1940 los programas del llamado New Deal de Roosevelt se triplicaron desde
$1.6 billones a $5.3 billones, debido a aumentos no sólo de los ya mencionados
del impuesto a la renta, sino también a la herencia, específicos de consumo, a
“holdings” de empresas, sobre “utilidades excesivas”, entre otros. Deseo
mencionar que, en el caso de impuestos específicos, aumentaron los gravámenes
a las bebidas alcohólicas, a los cigarrillos, la margarina (les apuesto que
para proteger a los lecheros productores de mantequilla), jugos de frutas,
fósforos, dulces, goma de mascar, refrescos no alcohólicos, llamadas
telefónicas, naipes, llantas (incluyendo las de sillas de ruedas), entradas a
los cines, electricidad, radios, entre muchos otros.
Como señala Jim Powell (How FDR’s New Deal Harmed Millions of Poor
People, Instituto Cato, 29 de diciembre del 2003), “Un reporte del
Departamento del Tesoro de los Estados Unidos reconoce que estos impuestos
específicos ‘a menudo recayeron desproporcionadamente sobre los menos
solventes’”. Además
de los gravámenes específicos referidos, se duplicó el impuesto a la
propiedad, se volvió a poner un gravamen sobre los regalos que hacían las
personas y, uno muy interesante, un impuesto del 2% a los cheques bancarios,
que, por supuesto alentó a que hubiera un traslado desde el dinero bancario
hacia el efectivo, contribuyendo a disminuir la oferta monetaria en
circulación, si bien posiblemente en un grado menor a lo que fue la absurda
política monetaria restrictiva seguida por el Banco de Reserva Federal durante
este episodio, pero que, en todo caso, contribuyó en algo a que se profundizara
la recesión. Al
igual que en los Estados Unidos, en Costa Rica es necesario estimular la
asunción de riesgos por parte de la empresa privada, a fin de que lleve a cabo
la inversión necesaria para aprovechar la recuperación esperable de la
economía mundial. El empresario
nacional está sumido en la incertidumbre proveniente tanto de la situación
económica mundial como de las circunstancias nacionales, principalmente
derivadas de una política monetaria y cambiaria que incluso ha estimulado una
fuerte dolarización de la economía, como forma de protegerse ante dicha
incertidumbre. Dentro del llamado Plan Escudo se había mencionado que habría
medidas fiscales que estimularan la inversión privada, a fin de que generara
empleos (a diferencia de una generación de empleo relativamente improductiva en
el sector público) y que permitiera preparar nuestra estructura productiva para
el período de recuperación. Sin
embargo, la propuesta tributaria lógica hasta el momento ha sido casi nula: un
ligero aumento en la deducción tributaria posible para efectos del impuesto
sobre la renta de las empresas por la depreciación de los activos. Esto no va a
tener efecto alguno en cuanto a estimular la asunción de mayores riesgos por
parte de las personas privadas y más bien conforma una promesa incumplida que
más bien alimentará la incertidumbre del inversionista. Es
conveniente que nuestras autoridades repasen un poco las erróneas políticas
tributarias seguidas por los Estados Unidos durante la Gran Depresión de los
años treinta y decidan, de una vez por todas, si es que de verdad quieren
alimentar la recuperación y generar empleo en el sector privado, mediante una
rebaja de los impuestos tal estimule la asunción de riesgos en nuestra
economía. Sin embargo, para nuestra consternación lo contrario parece asomarse
en el horizonte. De acuerdo con lo informado por el periodista Mario Bermúdez
en el periódico El Financiero del 3 de abril, “la caída en los ingresos
tributarios ya motivó una estrategia de emergencia (la negrita está en el original), en
la cual destacan los dos proyectos enviados a la Asamblea Legislativa,
autorizaciones temporales para financiar con ingresos extraordinarios
el gasto corriente, y para aumentar el endeudamiento interno en dólares.”
Esto lo ha anunciado el Ministro de Hacienda, quien posiblemente con esto nos
está avisando una salida del cargo actual para lanzarse como candidato a una
diputación por la provincia de Heredia. Es bastante extraña dicha estrategia:
“aquí propongo más impuestos para que voten por mí”.
Por lo que podría anunciarnos una buena dosis de demagogia tipo que “quienes
más tienen que paguen más impuestos”, dejando de lado las actuales
circunstancias penosas en que transcurre nuestra economía. En
contraste con lo que expuso Keynes como medida anti-recesiva –una disminución
de los impuestos- quienes, tal vez
sin decirlo explícitamente ahora se declaran keynesianos, están proponiendo
hacer lo contrario: aumentar los impuestos.
Con ello, tal como sucedió con la Gran Depresión de los treinta en los
Estados Unidos, lograrán profundizar y evitar una pronta recuperación de la
economía. Quedan advertidos de su
potencialmente grave error. Ojalá que la ambición política no nuble los
buenos sentidos que se han empleado en el pasado reciente. Carlos
Federico Smith Queda
debidamente autorizado para reproducir esta columna en el medio de su
predilección.
LIBERALISMO
POLÍTICO Óscar
Álvarez Araya* Con
justicia se ha calificado al inglés John Locke como el Padre del liberalismo
político. En su Ensayo sobre el gobierno civil (1690)
introdujo toda una nueva visión sobre la política que constituyó un
verdadero salto hacia adelante en la historia del pensamiento social: su
doctrina política trató de legitimar la revolución liberal inglesa de 1688.
Es decir que su teoría iba atrás de los acontecimientos que en su patria
dieron lugar a una monarquía constitucional y
parlamentaria que constituía entonces una novedad. Para
Locke el peor gobierno es la monarquía absoluta o tiranía que era el
predominante en su época (con las excepciones de Holanda e Inglaterra) y que
según su criterio consistía en el ejercicio del poder fuera de la ley. En
la monarquía absoluta el poder estaba concentrado en una persona, el rey o la
reina, quien hacía las leyes, las ejecutaba y también juzgaba en nombre de la
ley. Ante esa realidad política predominante en la Europa del siglo XVII,
propugna la suscripción de un pacto social como medio para fundar una sociedad
civil en la que nacerá un gobierno representativo de la mayoría en el marco de
la ley. En ese gobierno, sin
embargo, la minoría deberá ser respetada, conservar sus derechos, y
eventualmente podrá convertirse en mayoría. El
gobierno civil se diferencia de la monarquía absoluta en varios sentidos: nace
de la voluntad de la mayoría y no de la herencia dinástica, representa a la
comunidad política y no a una casa reinante y se mueve dentro de la ley y no
dentro de la arbitrariedad y la intolerancia de un monarca todopoderoso. La
preocupación central de Locke es como sustituir a las monarquías absolutas que
eran vistas entonces como la forma legítima de gobierno por un tipo de gobierno
nuevo, desconocido en su tiempo y basado en el supuesto de que la mayoría de
ciudadanos iguales entre sí debía prevalecer sobre el gobierno de uno sólo. Para
frenar o sustituir el poder del monarca absoluto propuso varios caminos: En
primer lugar el pueblo debe ser el soberano aunque delega esa soberanía en los
poderes legislativo y ejecutivo. En segundo lugar los poderes del estado deben
estar divididos para evitar que se concentren en una sola persona. En tercer
lugar ante el poder ilimitado de la monarquía absoluta ha de introducirse un
estado de derecho que garantice al menos tres derechos naturales esenciales, el
derecho a la vida, el derecho a la libertad y el derecho a la propiedad de los
ciudadanos. En la sociedad civil los ciudadanos dejan atrás la libertad natural
de la que disfrutaban en el estado natural y pasan a vivir en la libertad civil,
que es una nueva forma de libertad dentro de la ley. Con
este tipo de ideas que hoy nos suenan tan sencillas y comunes Locke se
convirtió en el fundador del liberalismo político y en doctrinario de las
democracias representativas modernas, comenzando por su confirmada influencia en
la Declaración de Independencia y en la Constitución de los Estados Unidos de
América.
Uno
de sus discípulos fue el francés Barón de Montesquieu, especialmente en su
célebre capítulo sobre la división de poderes de su obra cumbre “El
Espíritu de las leyes.” Montesquieu apunta también contra el absolutismo que
se caracterizó por la concentración del poder en un solo individuo: “el
Estado soy yo”. Su
propuesta de la división de poderes tiene un objetivo muy claro y explícito:
lograr la libertad política y evitar la tiranía. Establece la división de
poderes pero además señala que cada poder debe servir de freno o contrapeso a
los demás. Así por ejemplo el ejecutivo puede vetar las leyes del legislativo
y éste puede y debe examinar y controlar las acciones del ejecutivo dando como
resultado un balance o equilibrio que hace posible la libertad política. El
liberalismo de Montesquieu no llegó a proponer la república democrática, fue
más bien un liberalismo moderado propio de un aristócrata que se conformaba
con una monarquía parlamentaria, pero de todos modos sus ideas contribuyeron de
manera significativa a minar el antiguo régimen autocrático de los reyes y
fueron muy influyentes en el clima ideológico que precedió a la Revolución
Francesa de 1789. Tanto
Locke como Montesquieu fueron clásicos de un liberalismo político ascendente
que para bien de Europa y de la humanidad destronó a las nefastas monarquías
absolutas inspiradas generalmente en el Derecho Divino de los Reyes. Hay
que releer a los grandes del pensamiento político para comprender mejor el
surgimiento de nuevas monarquías absolutas disfrazadas de un
hiperpresidencialismo autoritario que opera dentro de la democracia, tal y como
sucede hoy en Venezuela y Nicaragua. *Escritor
y politólogo
SOMBRERO EN EL SUELO Andrés I. Pozuelo A. Yo antes me consideraba un realista, y
con esto me refiero al realismo científico. El realismo científico sostiene
que (i) existe una realidad objetiva, (ii) que el objetivo primordial de la
ciencia es describir y explicar (además de predecir) los hechos de la realidad
y (iii) que la ciencia consigue su objetivo gracias a la aplicación del método
científico (Wikipedia, 2009). del conocimiento (Hayek) de lo que va a pasar y
de lo que deviene, de acuerdo con nuestra limitada observación, se ha
convertido en un arma suicida.
LA
SOCIEDAD EMERGENTE Andrés Pozuelo
Arce A
pesar de la aparente tendencia al desorden que existe en la naturaleza , en el
universo o los sistemas socioeconómicos (como
los pares de medias en una gaveta), reinan un sorprendente
orden en los sistemas complejos que observamos, siempre y cuando los observemos
a distancia y sin intervenir en ellos. Las
estrellas se agrupan en galaxias; las hormigas
trabajan en conjunto en sus colonias; las
especies interactúan formando ecosistemas; las
neuronas coordinan, como luciérnagas en un arbusto, para producir el
pensamiento; y los entes económicos
intercambian bienes y servicios formando una infinita red de intercambio, o lo
que conocemos con el nombre de economía.
Vivimos en sociedades, donde –dadas
las condiciones necesarias– emergen
comportamientos sociales impredecibles pero increíblemente armoniosos. El orden
emerge del desorden a nuestro alrededor, y solo
nuestra intervención artificial como observadores y actores nos hace percibirlo
bajo la forma de caos. La
sincronización
es una característica persistente en el mundo de la materia y lo vivo. Hormigas
individuales reaccionan a la manera de robots a
las señales químicas de sus vecinos durante sus cortas vidas, mientras la
colonia como un todo vive, madura y muere,
semejante a un organismo autopoético que trasciende cualquier
individuo. Las células individuales y especializadas de nuestro cuerpo se
comunican entre sí químicamente y se autodestruyen para que otras nazcan, pero
la entidad – que es el “ser”–
no deja de existir hasta que muere como un todo, dejando espacio para
que otros seres vivan. Asimismo,
en el sistema socioeconómico, diferentes entes económicos actúan en
busca de su propio bienestar, interaccionando
con los demás consumidores, de
lo que emerge un proceso económico sincronizado. Inclusive la
conciencia pareciera ser emergente de un aparente caos de neuronas
que se comunican y retroalimentan a velocidades impresionantes,
trabajando en coro a la hora de formar nuestra
memoria y pensamiento. A
partir de
este nuevo paradigma emergente, el reduccionismo clásico (entender al mundo,
tratando de entender sus componentes) queda atrás,
en el olvido. La autoorganización pareciera ser inevitable
en medio de las interacciones de los vecinos inmediatos (partículas,
células, seres vivos) y no debido a la
intervención artificial de actores a distancia y sin la información apropiada.
Los sistemas complejos son, por naturaleza,
libres de tomar más de un camino predeterminado hacia el futuro, de tal forma
que se desvían de la acción mecánica y predecible. Todas las organizaciones,
comunidades, sectores económicos, economías regionales y otros entes
globales resultan, en esencia,
complejos. Si
esto es cierto, entonces lo que los economistas estatistas y políticos
contemporáneos hacen y deshacen, con el propósito de manipular los procesos
económicos y sociales, solo estaría aumentado la entropía de los sistemas e
impidiendo la autoorganización emergente y sincronizada, necesaria para el
bienestar del ser humano. Gracias a esta hipótesis,
podríamos concluir –en consecuencia– que
la sociedad sincronizada emergente reclama un máximo
de libertad y cercanía entre los individuos y,
a la vez, una ausencia total de intervención de agentes políticos a
distancia y ajenos a la comunidad.
LOS
PINGÜINOS ESTÁN A SALVO Andrés Pozuelo Arce En
la actualidad, ya casi
todos hemos oído hablar del
calentamiento global y de lo malos que somos los
humanos al contribuir con nuestras emisiones de CO2, metano y otros
horripilantes gases invisibles –culpables,
según los políticos y científicos alarmistas–
del inicio de una catástrofe sin precedentes,
lo que podría significar una nueva gran extinción
que incluya a nuestra especie. El
tema ya pasó a formar
parte de los tópicos de relleno de los medios de comunicación, a la par de
otros temas trillados como la obesidad mórbida, la crisis alimentaria y,
más recientemente, el fin
del capitalismo salvaje. Una
noticia de un importante periódico nacional dice: “14.000 KM2 de hielo
se desprenden de la Antártida
y esto podría subir el nivel de mar”. En dicho reportaje, la audaz reportera
se refiere a un gigantesco iceberg
que se desprendió en la Antártida. Sin importarle, claro está,
el hecho de que el desprendimiento de un iceberg,
y aún su derretimiento, no tienen por
qué aumentar el
nivel medio del océano, dado que éste ya se encuentra en el agua. En
imágenes elaboradas por el NSIDC (National Snow, Ice Data Center),
a partir de datos obtenidos por los satélites de la NASA que se pueden ver en
su Página
Interactiva,
se pueden leer
las fechas
para comparar la extensión de los hielos marinos. En los mapas satelitales,
vemos
la extensión del hielo en abril
de 2008, donde se nota con claridad que es bastante mayor que el promedio
histórico. Cuando
el hielo marino se extiende cubriendo al océano, se romperá
siempre en
los extremos más alejados de
la tierra.
Esto
es conocido por los glaciólogos cómo “calving”
o “quiebre
natural del hielo”,
algo completamente natural y que
obedece a
causas puramente mecánicas: el hielo que avanza desde la costa empuja al resto,
mar adentro; se forma un balcón de hielo que flota sobre el mar y llega un
momento en que el peso es demasiado
grande para
la resistencia del hielo.
Entonces, se
quiebra y los trozos caen al mar o se convierten en enormes témpanos que
navegarán a la deriva durante meses o años, como el reciente desprendimiento
de la Bahía de Wilkinson. El calor derrite al hielo; no lo quiebra. Resulta
obvio que no hay una pérdida general de hielo en la Antártica,
sino una muy localizada. La pérdida de hielo que se observa en
el suroeste
de la Península Antártica se
debe a una
modificación en los patrones de vientos que ahora soplan desde el más cálido
cuadrante noroeste. En todo el resto del continente blanco,
se ha producido un gran aumento de la masa de hielo y un constante descenso de
la temperatura durante los
últimos 25
a 30 años. El
témpano de hielo más grande jamás visto fue el 12 de noviembre de 1956,
avistado por el barco norteamericano USS Glacier. Medía 332 kilómetros de
largo por 90 de ancho,
el tamaño
de Bélgica. Sucedió mucho antes de que las emisiones de CO2 humanas lo pudieran
haber causado. Los pingüinos están más seguros ahora que nunca,
a pesar de todo lo que los periodistas nos están malinformando.
LA
LENGUA NO ES INOFENSIVA
Laurencia Sáenz*
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