Asociación Nacional de Fomento Económico ANFE 

Boletín Enero del 2009

 

Mensaje de la Presidencia de ANFE 

Pensamientos de liberales

Columna Libre ¿Somos ahora todos keynesianos? - Carlos Federico Smith

La primera responsabilidad en el acto de legislar - Rosaura Chinchilla Calderón

Carta del Movimiento Libertario al Sr Oscar Arias Sánchez

¿Por qué es necesaria una reforma tributaria? - Luis E. Loría

Inflación al desnudo - Luis E. Loría

Escudo o corona - Luis E. Loría

Ilusión, elusión y evasión - Luis Mesalles

Contrapunto al editorial "Un gran plan nacional" - Jorge Corrales

Friedrich Naumann Para la Libertad entre los 25 think tanks líderes de Europa Occidental - Ulrich Wacker

El fracaso del mercado. Un modelo fracasado - Philip Booth

¡VIDEO! - Obama's So-Called Stimulus: Good For Government, Bad For the Economy

Novedades en el sitio web de ANFE

¡NUEVO! Columnas de ANFE del mes de enero del 2009

¡NUEVO! Anteriores boletines de ANFE accesibles desde la página principal del sitio web de ANFE

MENSAJE DE LA PRESIDENCIA DE ANFE

Hemos reiniciado nuestras actividades de este año y desde ya les informamos de nuestra próxima actividad, cual es el seminario titulado “Lecciones de Tres Grandes Crisis Económicas”, que se realizará el próximo jueves 26 de febrero a partir de las 4 p. m. y hasta las 7 de la noche.  Los expositores serán, en su orden de presentación, este servidor, quien lo hará acerca de “La Gran Depresión de los Treintas,” seguido por el profesor universitario Lic. Ronulfo Jiménez Rodríguez, quien tratará sobre “La Crisis durante la Administración Carazo,” y concluirá con una exposición del también profesor universitario, Dr. Juan Muñoz Giró, quien lo hará acerca de “La Crisis Económica Actual.” La actividad será moderada por el Lic. Federico Malavassi Calvo, quien además comentará las exposiciones antes mencionadas.

 

Esta actividad se llevará a cabo en las instalaciones de la Universidad Autónoma de Centro América, ubicadas 700 metros al Norte de La Bomba La Galera en Cipreses de Curridabat y esperamos contar con su asistencia a lo que creemos, por ser un tema de enorme actualidad, se caracterizará por una gran participación de público.  Habrá un café con bocadillos cortesía de la Fundación Naumann para la Libertad, a la cual le agradecemos el apoyo que suele brindar a este tipo de actividades que ANFE realiza. La cuota al público es de ¢10.000 y para estudiantes de ¢5.000. Para inscribirse y solicitar cualquier información que estime pertinente, se ruega llamar a los teléfonos de ANFE 2253-4497, 2224-7350 u 8376-1947 o al Fax 2253 4497 o al correo electrónico anfe@anfe.or.cr Sugerimos reservar su lugar con la debida anticipación. Esperamos a futuro poder contar con recursos para editar un folleto que contenga las exposiciones en mención y que se haría llegar primordialmente a los asistentes al seminario.

En esta edición, además de la Columna Libre que escribe don Carlos Federico Smith y que continúa tratando el tema de la crisis económica actual, en esta ocasión bajo el título “¿Somos Ahora Todos Keynesianos?”, también se agrega nuestra sección usual Pensamientos de Liberales. Asimismo, por considerarlo del posible interés de nuestros lectores, se reproduce un interesante artículo de la Jueza Rosaura Chinchilla Calderón, que nos induce a meditar acerca de los problemas que surgen cuando se legisla apuradamente y sin reparar en las violaciones eventuales a la ley a que dan lugar. 

Por la misma razón, en esta ocasión reproducimos la interesante carta que sobre política económica para paliar la crisis actual envió el Movimiento Libertario al Presidente de la República, señor Oscar Arias.

De nuestro usual colaborador don Luis Loría, reproducimos sus artículos “¿Por qué es necesaria una reforma tributaria?,” “Inflación al desnudo,” “Expoliación legal,” Y “Escudo o corona,”, todos ellos de enorme vigencia. En esta línea de reproducciones, presentamos una columna de nuestro asociado don Luis Mesalles, que lleva por nombre “Ilusión, Elusión y Evasión.” Para no quedarme atrás, de mi cosecha se reproduce un comentario económico sobre un editorial del periódico El Financiero, que lleva por nombre “Contrapunto al Editorial.”

Finalmente, con gran gusto reproducimos un reconocimiento internacional que se le otorgó a nuestra institución amiga, la Fundación Friederich Naumann para la Libertad, como uno de los “think tanks” más destacados de Europa Occidental. Y, para terminar, se incorpora la traducción de una conferencia de Philip Booth del Institute for Economic Affairs de Inglaterra, que lleva por nombre “El fracaso del mercado. Un modelo fracasado.”

 

Jorge Corrales Quesada         Presidente de ANFE

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PENSAMIENTOS DE LIBERALES

 

“Uno puede creer que hay momentos en los cuales medidas vigorosas para aumentar la oferta de dinero prevendrán el desastre; pero no es con impunidad como una figura científica destacada como Keynes concede la protección de su autoridad sobre la propensión de todos los gobiernos para inflar las economías.  Uno puede creer que bajo ciertas circunstancias un incremento de la deuda pública es el mal menor, pero no es con impunidad como tal medida temporal es transformada en una máxima.  Puede suceder –como en la Gran depresión de 1931-32- que todos los esfuerzos para poner un fin rápido al desempleo probaron ser inútiles, de manera que se debió recurrir a un incremento de la ‘demanda efectiva’ mediante la expansión de la oferta monetaria; pero no es con impunidad como uno puede tratar, con un menosprecio difícilmente ocultado, a las reglas establecidas y a las instituciones sobre las cuales, en el largo plazo, depende la conducción ordenada de la vida económica si es que no se quiere que ella sufra de un presión inflacionaria constante.  Uno puede descubrir en el mecanismo de los ahorros diversos problemas que requieren de atención especial, que no fueron vistos por generaciones previas y más afortunadas; pero no es con impunidad que uno puede quitarle a los hombres el sentimiento de que ahorrar es algo correcto, poner a un lado unas reservas para sí y para sus familias, en vez de gastarlo todo y luego en tiempo de necesidad llamar al gobierno –el mayor gastón de todos- para que acuda en su ayuda. Tal como en una tormenta en altamar puede requerirse que los mástiles sean recortados y la carga lanzada por la borda, así también en la vida económica habrá huracanes que requerirán que nosotros, temporalmente, suspendamos los principios del libre comercio internacional: pero uno no puede declarar con impunidad que estos principios están ‘fuera de época’ tan pronto como se ponen en el camino de una política de ‘pleno empleo’, una doctrina que, siguiendo al choque de la Gran Depresión, se ha convertido en algo tan inflexible como algunos de los puntos de vista sostenidos por la despreciada ‘vieja economía.’ Para que estemos en lo seguro, la competencia, la libertad de los mercados, la flexibilidad de los salarios y una política fiscal prudente no necesariamente garantizan la prosperidad y la estabilidad; en efecto, hay situaciones extraordinarias en las cuales excepciones a estos excelentes principios deben ser efectuadas; pero no es con impunidad que uno puede anunciar a una muchedumbre que de ahora en adelante, con la conciencia limpia,  pueden ser pisoteados.” Whilhelm Röpke, Economics of the Free Society, Chicago: Henry Regnery Co., 1963, p. p. 222-3.

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COLUMNA LIBRE

  ¿SOMOS AHORA TODOS KEYNESIANOS?

                                                                                              Carlos Federico Smith

 

Pues, yo no.  Por muchas razones.  Empezaré por comentar las propuestas que, en momentos de la Gran Depresión, formuló John Maynard Keynes acerca de algo primordial en el pensamiento liberal: su creencia en el libre comercio. Los aficionados al pensamiento económico tenemos muy claro que, mediante el intercambio voluntario de bienes o servicios, los individuos que lo practican ganan (al menos no pierden) efectuando la transacción.  Esa premisa fundamental de la economía –las ganancias del intercambio comercial- parte de la división del trabajo y de la especialización que conlleva en producir ciertos bienes.  Importa señalar que conceptualmente este claro beneficio individual es fácilmente extendible tanto a las familias, las comunidades, los pueblos como a las naciones.

 Keynes fue, en un momento dado, un claro convencido de las bondades derivadas del libre comercio internacional.  Inicio mi análisis citando una referencia suya que aparece en el libro de Douglas A. Irwin, Against the Tide: An intellectual history of free trade (Princeton, New Jersey: Princeton University Press, 1996) –libro en que ampliamente me baso para presentar mis argumentos sobre el tema (las referencias aquí indicadas de opiniones de Keynes sobre comercio internacional las he obtenido de citas incluidas en este libro de Irwin).

 La primera cita de 1923 muestra a un Keynes como claro proponente del libre comercio. Dice, 

“En tanto la decisión dependa de nosotros, debemos adherirnos al Libre Comercio en su interpretación más amplia, como a un dogma inflexible al cual no se le admite excepción alguna. Debemos adherirnos a ello aún cuando no recibamos reciprocidad de tratamiento y aún en aquellos casos raros en los cuales, infringiéndolo, podemos de hecho obtener una ventaja económica directa.  Debemos adherirnos al Libre Comercio como un principio de moral internacional y no meramente como una doctrina de ventaja económica.” (John Maynard Keynes, The Collected Writings of John Maynard Keynes, editado por Elizabeth Johnson y Donald Moggridge {Londres: Macmillan for the Royal Economic Society, 1971-1989 [y de ahora en adelante referido sólo como Collected] y en Irwin, Op. Cit., p. 187)

 

A este viejo liberal le emocionan esas palabras del Keynes de 1923, pero, pocos años después, se alejaría gradualmente de ese “fundamentalismo liberal” que algunos malquieren.

 En 1928 escribió:  

“El caso en favor del libre comercio debe sustentarse en el futuro y no en los principios abstractos del laissez-faire, que ahora pocos aceptan, sino en la experiencia propiamente dicha y en las ventajas de dicha política.” (Collected, XIX, 729-730 y en Irwin, Op. Cit., p. 190).  

Ahora dice ser pragmático y, en el caso del libre comercio, está a favor de él no por razones abstractas sino prácticas y en cuanto resulte ser ventajoso.  

En 1930, en medio de un desempleo elevado en Inglaterra, Keynes propuso usar aranceles a las importaciones para aumentar el empleo total al no haber una utilización plena de la mano de obra. Así lo indica en su obra Un Tratado sobre el Dinero (A Treatise on Money y de ahora en adelante tan sólo Tratado) y citado en Collected, VI, 162-69 y en Irwin, Op. Cit., p. 190.  

Una devaluación de la libra frente al oro podría corregir un tipo de cambio mal ajustado y restaurar el equilibrio en la balanza de pagos; sin embargo, Keynes consideró que el Banco de Inglaterra no aceptaría devaluar la libra, caso en que optaría por seguir una política monetaria deflacionaria, a fin de lograr el ajuste requerido.  Sin embargo, la presión sindical impediría una política que redujera los salarios nominales, de manera que la restricción monetaria sólo lograría reducir los precios y no los costos laborales, lo cual provocaría pérdidas en los negocios y un aumento del desempleo. Ante esta creencia de Keynes sobre el rumbo que seguiría en esa época el Banco de Inglaterra, expuso en el Tratado que

“creía que las resistencias a una deflación severa del ingreso… siempre han sido muy fuertes.  Pero en el mundo moderno de sindicatos organizados y de electorados proletarios son abrumadoramente fuertes.” (Collected, VI, 164 y en Irwin, Op. Cit., p. 191).  

Por eso Keynes propuso utilizar aranceles para estimular la demanda interna que permitiera disminuir el desempleo:  

“He llegado al punto de vista de que también hay campo para aplicar algún método útil que establezca precios diferenciados entre bienes domésticos y bienes importados.” (Collected, VI, 169 y en Irwin, Op. Cit., p. 192)  

A inicios de la Gran Depresión, en 1930, Keynes formuló diversas propuestas para aumentar la producción y el empleo y, de nuevo, consideró que el Banco de Inglaterra no devaluaría, que los sindicatos impedirían una caída de los salarios nominales, que no era fiscalmente posible subsidiar la inversión privada, que aumentos en la productividad eran lentos en darse, que una expansión monetaria coordinada de los principales bancos centrales no era posible por razones institucionales, lo cual dejaba sólo dos opciones viables de política económica: una, dar incentivos a la inversión doméstica y , la otra, poner un arancel que aliviara la recesión, si bien no la endosó.  

Ya en julio de 1930 y viendo que la recesión se profundizaba y que el gobierno no tomaba medida alguna, Keynes, aunque receloso, habló de poner aranceles. Así, escribió que, 

“Con renuencia me fui convenciendo de que se deberían introducir algunas medidas proteccionistas.” (Collected, XX, p. 378 y en Irwin, Op. Cit., p. 193). 

En 1931 Keynes señaló tres medidas concretas para reactivar la economía y bajar la desocupación: (1) devaluar, pero eso minaría la confianza en los mercados financieros de Londres; (2) reducir los salarios, pero ello  

“con seguridad conduciría a la injusticia social y a la resistencia violenta… Por estas razones una política de contracción, que fuera lo suficientemente drástica como para servir de algo, podría ser sumamente impráctica.” (Collected, OX, p. 235 y en Irwin, Op. Cit., p. 195). 

Y (3) introducir aranceles, pues propuso:  

“un impuesto a la importación del 15% a todos los bienes manufacturados y semi-manufacturados sin excepción, en tanto que se exoneraría del gravamen a las materias primas… En tanto conduce a la sustitución de bienes previamente importados por producción doméstica, incrementará el empleo de este país.” (Collected, IX, p. 231 y 237 y en Irwin, Op. Cit., p. 195).  

Si bien Keynes consideró que imponer aranceles no era la mejor medida para estimular la producción y disminuir el empleo, la apoyó como una manera práctica de recuperar la economía.  

A fines de 1931 Keynes consideró que el caso en favor del libre comercio era minado por la ausencia de flexibilidad en los salarios a la baja, tal que permitiera el ajuste requerido.  Por ello, escribió que  

“Si bien el libre comercio combinado con una gran movilidad de las tasas de salarios es una posición intelectual respetable… presenta un problema de justicia en cuanto a que muchos tipos de ingresos monetarios (salarios) están protegidos por contratos y no pueden variarse.” (Collected, XX p. 490 y 496 y en Irwin, Op. Cot., p. 195)  

Y, ante la crítica de que con su propuesta lograba sólo barajar el empleo desde un sector de la economía hacia otro, sin aumentar el empleo total de la economía, arguyó que 

“Cuando un librecambista señala que un arancel no puede incrementar el empleo sino que tan sólo lo desvía de una industria hacia otra, tácitamente está suponiendo que un hombre que pierde su empleo en un lado va a reducir el salario que está dispuesto a aceptar hasta que encuentre empleo en otro rumbo… en las circunstancias actuales (eso) es un completo sin sentido.” (Collected, XX, p. 117 y en Irwin, Op. Cit., p. 196).  

Para Keynes el libre comercio era recomendable cuando la economía estaba en condiciones de pleno empleo o poseía la flexibilidad del caso para el ajuste necesario, pero en situación de desempleo no era la política correcta, pues en ese caso la opción era entre producir algo o producir nada.  

En esos momentos muchos economistas se opusieron a la tesis de Keynes acerca del arancel (entre ellos, Lord Robbins. William Beveridge, T. E. Gregory, Arnold Plant y John R. Hicks), y abogaron en favor del libre comercio, pero los hechos hicieron que el debate se cortara, pues el supuesto de Keynes de que Inglaterra no devaluaría –que era mejor alternativa que erigir aranceles- dejó de cumplirse en setiembre de 1931.  

Ante ello, Keynes escribió que  

“Hasta hace poco estaba urgiendo a los Liberales y a otros acerca de la importancia de aceptar un arancel general como medio de mitigar los efectos del desequilibrio obvio entre los costos monetarios domésticos y del exterior… (ahora) han dejado de ser urgentes las propuestas para una protección elevada.” (Collected, IX, p. 243 y 245 y en Irwin Op. Cit., p. 198).  

Su pleno apoyo al mercantilismo se encuentra en el Capítulo 23 de su obra clásica La Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero (The General Theory of Employment, Interest and Money), que, en resumen, cuestiona la capacidad conceptual del laissez-faire de lograr un equilibrio con pleno empleo; específicamente, que la tasa de interés y el nivel de inversión se ajustaban a un nivel óptimo en cuanto al empleo y la producción. Sin embargo, su planteamiento en favor de aranceles continuaba siendo adecuado para circunstancias especiales, si bien no como un caso general. Se podría decir que, hasta ese momento, Keynes continuaba apreciando los beneficios derivados del comercio internacional y su propuesta para introducir un arancel era más bien resultado de una enorme preocupación y de un intento por restaurar el equilibrio de la economía y de promover su recuperación, más que por alguna razón fundamental por la cual los mercados libres fracasaban en restaurar dicho equilibrio.  

Sin embargo, Keynes mostró algo más además de la conveniencia del arancel para salir de la crisis, pues su planteamiento acerca de la inamovilidad de los factores y la inflexibilidad a la baja de sus precios, así como una insuficiencia de la demanda agregada, cuestionaron la posibilidad de lograr una situación de equilibrio con pleno empleo, tal como hasta entonces era el criterio casi generalizado de los economistas.  

Como expresa Irwin,  

“Keynes irrecuperablemente estableció la idea de que los aranceles y otras restricciones a las importaciones eran opciones razonables a la cuales acudir en el arsenal de políticas destinadas a mantener el pleno empleo de la actividad económica.” (Irwin, Op. Cit., p. 201)  

El economista John R. Hicks escribió en 1951 que.  

“El libre comercio ya no es aceptado más por los economistas, aún como un ideal, en la forma en que solía serlo… la preponderancia de la opinión económica ya no es más tan segura como lo era del lado del libre comercio.” “El hecho principal que ocasionó que tanta opinión liberal en Inglaterra perdiera su fe en el libre comercio, fue la impotencia del viejo liberalismo ante el desempleo masivo y la posibilidad de usar las restricciones a las importaciones como un elemento en un programa activo para luchar contra la desocupación… Fue esto, tan solamente, lo que condujo a Keynes a abandonar su creencia previa en el libre comercio.” (John R. Hicks, “Free Trade and Modern Economics,” en Essays on World Economics, Oxford: Clarendon Press, 1959, p. 41-42 y 48 y en Irwin, Op. Cit., p. 202).  

Con el paso del tiempo el argumento expresado por Keynes a favor de restricciones a las importaciones fue relegado a un conjunto de circunstancias muy restringidas, en las cuales sí podría tener algún grado de preferencia frente a otras opciones mejores.  

Por ello interesa destacar que, tal como se expuso anteriormente, Keynes a inicios de los años 30s propuso utilitariamente imponer un arancel ante la supuesta oposición inglesa a devaluar, pero en la actualidad tal oposición a esa política ha variado, pues analíticamente se prefiere la flexibilidad en los tipos de cambio a la introducción de aranceles como forma de obtener el ajuste externo requerido.   Baste citar los trabajos de Sidney Alexander (“Devaluation versus Import Restrictions as an Instrument for Improving the Foreign Trade Balance,” IMF Staff Papers, abril de 1951) en donde muestra que una devaluación es más eficiente que un arancel, pues la primera política varía tanto los gastos domésticos como los externos hacia la producción doméstica de bienes, mientras que la segunda tan sólo trasladaría la demanda doméstica hacia la producción doméstica.  

También está la obra de Friedman (Milton Friedman, “The Case for Flexible Exchange Rates,” en Essays on Positive Economics, Chicago: The University of Chicago Press, 1953), quien asevera que  

“En principio, los controles directos sobre las importaciones, las exportaciones y los movimientos de capitales podrían lograr los mismos efectos sobre el comercio y la balanza de pagos que las variaciones en los tipos de cambio o en los precios e ingresos internos… Es claro, sin embargo, que los cambios en las importaciones y las exportaciones y en las transacciones de capital que se requieren no pueden ser predichas; el hecho de que cada nueva crisis cambiaria en un país como Inglaterra fuera vista como un rayo que cae del cielo, es una evidencia amplia de esta proposición. Aún si fuera posible predecirlas, el control directo de las importaciones, exportaciones y transacciones de capital por técnicas diferentes a las del sistema de precios, necesariamente significa extender tal control a muchos asuntos internos e interferir con la eficiencia de la distribución y la producción de bienes…” (Friedman, Op. Cit., p. p. 168-169).  

También está el trabajo de James Meade (“The Case for Variable Exchange Rates,” en Three Banks Review, setiembre de 1955), en el cual explicó cómo de los tres principales objetivos de política económica –estabilidad de los precios internos, estabilidad de los tipos de cambio y libre comercio- tan sólo dos eran posibles de lograr simultáneamente y que esos tres no se podían lograr a la misma vez. De esta manera, “si se dejaba depreciar la moneda doméstica en los mercados cambiarios externos, se podría mantener estables los precios internos y el libre comercio.” (Irwin, Op. Cit., p. 204).  

No fue sino hasta finales de los 60s cuando se cuestionó el análisis Keynesiano de desempleo e inflación, en lo que se conoce como el debate acerca de la curva de Phillips.  Aquí han sido esenciales los trabajos de los Premios Nobel Edmund Phelps y Milton Friedman, quienes muestran cómo, aún suponiendo que los salarios sean inflexibles a la baja en el corto plazo, una política expansionista del gobierno no podrá reducir permanentemente el desempleo.  Por lo tanto, en el largo plazo una política arancelaria proteccionista no podrá aliviar la desocupación, que tenderá a llegar a lo que se denomina la tasa natural de desempleo, que viene determinada por las condiciones reales de la economía, que influyen en la oferta y la demanda del factor trabajo.  Es posible reducir el desempleo, pero reduciendo obstáculos en el mercado laboral, tales como grado de sindicalización, mejorando el nivel de educación del obrero, ampliando el acceso al mercado de la fuerza de trabajo femenina, eliminando leyes sobre salarios mínimos y similares, y no con medidas monetarias expansivas, que sólo podrán influir en la desocupación en el corto plazo.  

Es ocasión apropiada para presentar algunas impresiones acerca de Keynes de su amigo personal Friedrich A Hayek, quienes en el marco de la amistad mantuvieron profundas diferencias en cuanto al enfoque macroeconómico que cada uno sostuvo, pues nos permiten mostrar algo acerca de la personalidad de Keynes, pues a veces es difícil entenderlo, dado que, conociendo qué es lo que piensa en un momento dado, luego, ante la crítica, responde haber variado su opinión previa.  De eso presento una cita bien conocida (aunque disputada por algunos) de Keynes, quien aseveró que,  

“Cuando los hechos cambian, yo cambio mi pensamiento. ¿Qué es lo que Usted hace, Señor? (Citado en The Economist del 18 de diciembre de 1999, p. 47). .

Tal vez con ella es posible entender lo que sucedió cuando Hayek criticó el Tratado sobre el Dinero que Keynes escribió en los años 30s. En su análisis de este libro -por lo general favorable- Hayek cuestiona fuertemente el punto fundamental de Keynes, de que había una dependencia directa del nivel empleo con la demanda agregada. Sin embargo, ante dicha crítica lo único que Keynes le respondió fue que dicha obra (el Tratado) ya no reflejaba su pensamiento. “Keynes me dijo: ‘Oh, no se preocupe; ya no creo en nada de eso.” (Friedrich A. Hayek, Hayek on Hayek: An autobiographical dialogue, editado por Stephen Kresge y Leif Wenar, Chicago: The University of Chicago Press, 1994, p. 90).  

Para entender las divergencias, Hayek, ante una pregunta de W. W. Barkley, respondió que:  

PREGUNTA: “¿Podría decir algo acerca de sus diferencias con los economistas Keynesianos?”            

RESPUESTA: “Keynes, en contra de sus intenciones, había estimulado el desarrollo de la macroeconomía. Yo estaba convencido no sólo que sus conclusiones particulares estaban equivocadas sino todo el fundamento de la macroeconomía, de manera que deseaba demostrar que debíamos regresar a la microeconomía. El enfoque macroeconómico provino de los científicos naturales, de que uno podía deducir cualquier cosa para medir las magnitudes de los efectos de agregados y promedios. Eso me llegó fascinar mucho… El otro tema era un problema abierto: ¿A qué es lo que realmente se parece la economía cuando uno la reconoce como el prototipo de una nueva forma de ciencia de los fenómenos complejos, que ya no puede emplear el modelo simple de la mecánica en la física, pero que tiene que lidiar con lo que yo describí como ‘simples predicciones de patrones’, ciertas predicciones limitadas? Eso era mucho más fascinante como problema intelectual.” (Friedrich A. Hayek, Ibíd., p. 96).  

Así responde Hayek a otra pregunta de Barkley,  

PREGUNTA: “Por lo menos ahora se toma seriamente la cuestión de los agregados Keynesianos y Usted terminó siendo como el hombre que hace cincuenta años lo cuestionó por primera vez.  

RESPUESTA: “Es por la desilusión con Keynes que la atención se ha vuelto hacia mí. Y el simple hecho de un desempleo combinado al mismo tiempo con inflación que súbitamente desilusionó a la gente.” ((Friedrich A. Hayek, Ibíd., p. 96).  

Hayek también respondió la siguiente pregunta en una entrevista de Jack High del Departamento de Economía de la Universidad de California en Los Angeles:  

PREGUNTA: “John Hicks escribió acerca de Usted y quiero citarlo: ‘Cuando se llegue a escribir la historia definitiva del análisis económico de los años 30s, un actor principal en el drama –fue un gran drama- lo será el Profesor Hayek. Hubo un momento en que las nuevas teorías de Hayek fueron las rivales de las nuevas teorías de Keynes.’ ¿Por qué piensa Usted que sus teorías fueron derrotadas por las de Keynes?  

RESPUESTA: “Esto tiene dos partes.  Una es que mientras Keynes fue objeto de disputa en tanto vivió –mucha en efecto- después de su muerte fue elevado a la santidad.  En parte porque el propio Keynes siempre estaba muy dispuesto a cambiar sus opiniones, sus pupilos desarrollaron una ortodoxia: A Usted se le permitía pertenecer a la ortodoxia o no.  

Casi al mismo tiempo, yo me desacredité ante la mayoría de mis compañeros economistas por escribir El Camino a la Servidumbre (The Road to Serfdom), el cual a muchos no les gusta.  Pero no sólo declinó mi influencia teórica, sino que les llegué a disgustar a la mayoría de los departamentos de entidades educativas, tanto que aún hoy así lo siento. En un alto grado los economistas tendieron a tratarme como a alguien de fuera del círculo, quien se ha desacreditado a sí mismo escribiendo un libro como El Camino a la Servidumbre, el cual ahora se ha convertido en su totalidad en ciencia política…  

Parte de la justificación, sabe Usted, fue que después de eso en economía tan sólo hice algunos trabajos incidentales. Creo que hay un aspecto adicional.  Yo nunca simpaticé con la macroeconomía o la econometría. Estas se convirtieron en la gran moda durante ese período, gracias a la influencia de Keynes.  Eso es claro en el caso de la macroeconomía. Pero el propio Keynes nunca pensó altamente acerca de la econometría, sino todo lo contrario.  Sin embargo, su énfasis en los agregados, en el ingreso agregado, en la demanda agregada, estimularon tanto el trabajo en macroeconomía como en econometría. De manera que, muy en contra de sus propios deseos, se convirtió en el líder espiritual de este desarrollo hacia la matemática econométrica de la economía.  Ahora, yo siempre he expresado mis dudas acerca de esto y eso no me hizo muy popular entre la generación reinante de economistas. Se pensó de mi como un anticuado que no simpatizaba con las ideas modernas, ese tipo de cosas.” (Friedrich A. Hayek, Op. Cit., p. 143 y 144). 

A la luz de lo expuesto, Ustedes podrán haber dado cuenta de algunas de las razones por las cuales, sin dejar de admirar los aportes intelectuales de Keynes, no es correcto aseverar que “ahora todos seamos Keynesianos”.  

Para continuar esta exposición, me referiré a la impresión de que los “liberales” (me imagino que alguien como yo, pues la gama de “liberales” es sumamente amplia) nos oponemos al uso de la política fiscal como instrumento para paliar los efectos de una recesión. Al respecto, una vez más, expongo conceptos desarrollados sobre esto por Hayek, que brindan alguna luz a quienes se adhieren a aquella apreciación acerca de los liberales.  

Empiezo por una cita de Roger W. Garrison, la cual nos permite comprender que, en muchos aspectos del análisis del ciclo, había una coincidencia entre la visión que tenían los economistas austriacos y aquélla de Keynes. Pero antes debo señalar que la divergencia principal entre estos radica en que, mientras los primeros enfatizan que la causa de la caída del crecimiento de los ingresos (en inglés, “bust”) se debe a que, como resultado de una baja artificial de la tasa de interés por parte del Banco Central, colocándola por debajo de la tasa natural de interés, se llevaron a cabo inversiones no rentables (en inglés “mal-investments”), las cuales después no van a ser sostenibles, pues el aumento necesario en los fondos de inversión no surge de aumentos en los ahorros de la economía (esto lo expuse en la Columna Libre del Boletín de ANFE de noviembre del 2008, que puede ser leído en www.anfe.or.cr/bol/bol_2008_11_1.htm), para Keynes, por su parte, la inflexión en el ciclo se debe esencialmente a una decisión de la comunidad de negocios de involucrarse menos en proyectos de inversión (las alzas y las caídas de los “espíritus animales” que decía Keynes).  

Ahora sí, tal como señala Garrison, después de que el alza (“boom”) en el ciclo cedió su lugar a una caída (“bust”)  

“…cambios que se auto-revierten en la estructura del capital, ceden su lugar a una caída en espiral tanto de los ingresos como del gasto, la cual se agrava a sí misma cada vez más. Este incremento en la preferencia por la liquidez… no debe ligarse a algún rasgo sicológico profundamente enraizado en la humanidad, sino más bien debe entendérsele como una aversión al riesgo a la luz de una crisis generalizada en la economía. Esta espiral hacia abajo, que es el foco principal del Keynesianismo convencionalmente interpretado, fue descrita por Hayek como ‘deflación secundaria’ –en reconocimiento de que el problema primario era otro: la mala asignación inter-temporal de recursos o, para usar el término que emplea Mises, la mala inversión (‘malinvestment’).” (Roger W. Garrison, Time and Money: The Macroeconomics of Capital Structure, New York: Routledge, 2001, p. 75; el paréntesis es mío).  

El pensamiento austriaco (Hayek, Mises) sirve de puente entre la visión clásica de una economía que logra un crecimiento sostenido con pleno empleo hacia una en la cual una política macroeconómica (enfatizan la decisión del Banco Central de reducir artificialmente la tasa de interés nominal por debajo de la tasa de preferencia en el tiempo que define el nivel de ahorro) hace que la economía se caracterice por una situación de equilibrio con un desempleo generalizado; esto es, una depresión, causada por una pérdida de confianza de los negocios o por colapsos del sistema bancario. Lo interesante es que ahora el caso Keynesiano se convierte en uno particular de la economía austriaca, pues ésta es más general en cuanto a que, en una situación en que no hay un política disruptiva (del Banco Central), se logra el caso clásico de equilibrio con pleno empleo, en tanto que, a la vez, con posterioridad a darse una situación del ciclo de los negocios de un alza seguida por una caída, es factible que la economía se encuentre en el caso expuesto por Keynes (de desempleo generalizado).  

Continúa Garrison:  

“En tanto que la política monetaria es la mejor solución para un problema secundario (en que la demanda de dinero se ha incrementado), la política fiscal es la mejor segunda solución (second-best solution) para el problema primario. El problema primario, manifestado a sí mismo como un colapso en la demanda de inversión, es el pesimismo de los negocios… La mejor solución (first-best solution) sería simplemente una que volteara el pesimismo empresarial hacia un optimismo sobre los negocios… El optimismo recuperado, el cual se auto-reforzaría, enviaría a la economía en una espiral hacia arriba, hacia un nivel de demanda agregada que validaría la tasa de salarios existente.  La peor solución es el laissez-faire, que permitiría que la tasa de salarios se adaptara a las condiciones deterioradas y que haría que la economía tuviera que esperar una depreciación del capital para iniciar la espiral hacia arriba… Limitados a adoptar una segunda mejor solución, los formuladores de políticas se orientan a recrear el nivel de gasto que correspondería a aquellas condiciones ya idas en donde prevalecía el optimismo. La demanda de inversión pública sustituye a la deficiente demanda de inversión privada… La espiral creciente resultante en los ingresos y gastos de consumo… produce (un aumento)… en la oferta de fondos prestables.  Este incremento en la inversión… es acompañado por los cambios correspondientes en todas las otras magnitudes macroeconómicas, de manera que la economía regresa a sus condiciones iniciales…” (Roger W. Garrison, Op. Cit., p. 155 y 156; los paréntesis son míos.) 

 

En presencia de una deflación secundaria, los economistas austriacos no eliminan la posibilidad de utilizar la política fiscal, sin embargo, manifiestan su advertencia acerca de posibles efectos que deben ser tomados en consideración.  Esencialmente, enfatizan el efecto que podría tener una política de gasto gubernamental que compense la ausencia de inversión privada sobre la tasa de crecimiento de la economía, en contraste con una situación en donde el equilibrio se logra simplemente por un aumento de la inversión privada.

Antes de intentar un comentario acerca de este posible impacto, el cual lo haré aquí con posterioridad, es importante referirse en este momento a la acusación hecha de que los economistas austriacos, concretamente Hayek y Robbins, han sido “liquidacionistas”, en el sentido de que proponen no hacer nada ante una recesión y dejar que el ajuste requerido se lleve a cabo sin seguir políticas monetarias o fiscales que, en su momento, podría haber propuesto Keynes.  Esto es, el laissez-faire a que se refirió el economista austriaco Roger Garrison en la cita inmediata anterior.  

Los liquidacionistas supuestamente veían a la Gran Depresión como el precio necesario de pagar por las políticas expansionistas proseguidas durante la década previa, en donde, después de las quiebras (liquidaciones) de los negocios, resurgiría, como ave fénix, el capitalismo con una nueva estructura productiva en la cual ya no existirían las previamente denominadas inversiones no productivas (“malinvestments”).  Como consideró Joseph Schumpeter, el capitalismo avanzaba gracias a un proceso de destrucción creativa. (Este tema lo traté con mayor amplitud en la Columna Libre del Boletín de ANFE de diciembre del 2008, en www.anfe.or.cr/bol/bol_2008_12_1.htm).   

Esta crítica a los economistas austriacos la plantea, por ejemplo, el reconocido economista Bradford DeLong, quien señaló que,  

“Al adoptar tales políticas ‘liquidacionistas’, la Reserva Federal simplemente estaba siguiendo las recomendaciones brindadas por la teoría económica de las depresiones, que de hecho era común antes de la Revolución Keynesiana y que era sostenida por economistas como Friedrich Hayek, Lionel Robbins y Joseph Schumpeter.” (J. Bradford DeLong, Liquidation Cycles and the Great Depression, Harvard University and the National Bureau of Economic Research, 1991 y citado en Lawrence H. White, “Did Hayek and Robbins Deepen the Great Depression?,” Journal of Money, Credit and Banking, Vol. 40, No. 4, junio del 2008, p. 752.  White es el Profesor F. A. Hayek de Historia Económica de la Universidad de Saint Louis-Missouri).  

No sólo se considera que Schumpeter no forma parte de los llamados economistas austriacos (aunque algunos así lo ven), sino que también ni Hayek ni Robbins se opusieron a la utilización de medidas anticíclicas, tal como lo asume DeLong, al decir en un comentario en línea, sin fecha, que esos austriacos consideraban que  

“…en el largo plazo la Gran Depresión resultaría haber sido una ‘buena medicina’ para la economía y que los proponentes de políticas de estímulo eran enemigos miopes del bienestar público.” (J. Bradford DeLong, Friedrich A. von Hayek, www.jbradford.delong.net/Economists/hayek.html y en Lawrence H. White, Op. Cit., p.  753).  

Hayek mantenía como recomendación de política económica mantener el ingreso nominal, de manera que la cantidad de dinero en circulación debería de ajustarse de acuerdo con los cambios en la velocidad de circulación del dinero; esto es, acoplarse ante variaciones en la demanda de dinero, de forma que se mantuviera la constancia en los ingresos y, por tanto, postulaba que no variara la cantidad de dinero si no se daba una variación en la velocidad de circulación. 

En términos de la ecuación cuantitativa MV = PQ, en donde el ingreso monetario Y es igual a PQ,  para que Y no varíe –se reduzca durante una recesión- si la demanda de dinero aumenta (es decir, si disminuye la velocidad de circulación del dinero V) fenómeno que, en opinión de Keynes y de Friedman era posible que se diera en una recesión, la propuesta de Hayek era la de aumentar M, de manera que compensara esa baja en V. 

De acuerdo con White (Op. Cit., p. 755), Hayek  

“lamentó la disminución en la cantidad de dinero en circulación M debido al retiro que hizo el público de dinero de reserva de los bancos (tal como había ocurrido en 1929-33), refiriéndose Hayek [en Friedrich A. Hayek, A Monetary Nationalism and International Stability, London: Longmans, Green, 1937, p. 82] a ‘esa característica más perniciosa de nuestro sistema presente: esto es, que un movimiento hacia tipos de dinero más líquidos causa un descenso real en la oferta de dinero y viceversa”… declaró (Friedrich A Hayek, Ibíd., p. 84) que el deber de un banco central yacía en ‘compensar tanto como fuera posible los efectos de cambios en la demanda de activos líquidos sobre la cantidad total de medio circulante.” (El detalle entre paréntesis cuadrados es mío).  

Así Hayek propuso para este caso de recesión secundaria utilizar una política monetaria expansionista compensatoria del aumento en la demanda de dinero, si bien posteriormente lamentó no haber insistido más en dicha recomendación. Comentó que  

“Soy el último en negar – o más bien hoy soy el último en negar- que en estas circunstancias, son apropiadas contra-medidas monetarias, intentos deliberados de mantener el flujo monetario. Probablemente debo agregar una explicación: Tengo que admitir que asumí una actitud diferente hace cuarenta años, a inicios de la Gran Depresión. En esa época creía que un proceso de deflación de cierta duración corta podría quebrar la rigidez de los salarios que yo pensé era incompatible con una economía que funcionara.  Tal vez debería en ese entonces haber entendido que esa posibilidad ya no existía más… Ya no sostendré más, tal como lo hice en los años 30s, por esa razón, y tan sólo por esa razón, que era deseable un breve período de deflación. Hoy día creo que la deflación no tiene función alguna que valga la pena y que no hay justificación para apoyar o permitir un proceso deflacionario.” (Friedrich A. Hayek, A Discussion with Friedrich A. von Hayek, Washington D. C.: American Enterprise Institute, 1975, p. 5 y en White, Op. Cit., p. p. 764-765).  

Si bien Hayek y Robbins, en vez de permanecer pasivos, arguyeron en favor de aumentar la cantidad de dinero en circulación para compensar los aumentos en la demanda de dinero para mantener constante el nivel de ingresos, lo cierto es que, como dice White, hay un grano de verdad en los planteamientos de DeLong (y también de Friedman, quien en su momento formuló dicha crítica; ver la referencia que de él hace Gene Epstein, “Mr. Market [Interview with Milton Friedman],” Hoover Institution Digest, No. 1, 1999, en www.hooverdigest.org/991/epstein.html) de que  

“Hayek y Robbins por sí mismos fracasaron en impulsar esta receta a inicios de los años treintas, cuando importaba al máximo.” (Lawrence White, Op. Cit., p. 754).  

Alguien podría preguntar acerca de la actitud de estos oponentes austriacos al Keynesianismo de emplear la política fiscal a fin de salir de la recesión (la recesión secundaria). Sobre esto White presenta una cita que me permito transcribir:  

“En lo que se refiere a la política fiscal, la teoría austriaca del ciclo de los negocios se mantuvo en silencio. Hayek y Robbins se opusieron a los programas públicos para crear empleo, pero lo hicieron porque creían que los programas dirigirían erróneamente los recursos escasos, no porque el programa fuera financiado mediante endeudamiento del sector público.” (Lawrence White, Op. Cit., p. p. 754-755). 

Volviendo a los posibles efectos sobre el ingreso que mencionaba en este comentario tres páginas atrás, de acuerdo con Roger Garrison, al emplearse el gasto público en inversión en sustitución de una insuficiente inversión privada, valorar si el efecto será positivo o negativo en mucho va a depender de lo que denomina la “dependencia en la visión que se tenga.” Así, Garrison indica que 

“Hayek (en Collectivist Economic Planning: Critical Studies on the Possibilities of Socialism, Clifton, New Jersey: Augustus M. Kelley, 1975 y originalmente escrito en 1933), siguiendo a Mises (en Socialism: An Economic and Sociological Analysis, New Haven: Yale University Press, 1951 y originalmente escrito en 1922) se refirió a los problemas fundamentales para la asignación de recursos por parte del sector público. El estado no puede calcular los costos y beneficios tal como lo hace el mercado.  Hayek, por tanto, esperaría que la economía que llegó a un equilibrio mediante una política de gasto público diseñado creciera más lentamente. Keynes (en La Teoría General, p. 164), quien mira al estado como estando “en una posición en que puede calcular la eficiencia marginal de los bienes de capital a largo plazo y con base en la ventaja social general,” esperaría que la economía con un pleno empleo diseñado por la política gubernamental, creciera más rápidamente…  

Sin embargo, en el largo plazo la actuación de la economía puede verse afectada por la misma naturaleza de la mezcla fiscal… Los cambios en la estrategia gubernamental para acomodar un déficit crónicamente grande puede tener efectos dramáticos sobre las condiciones del mercado –sobre las tasas de interés, tasas de inflación y tipos de cambio. Estas son las condiciones críticas del mercado a las cuales los empresarios del sector privado se tienen que adaptar. Tener que averiguar qué estrategia específica se adoptará en la realidad –o qué combinación de ellas- agrega a los ‘desconocidos y a los imposibles de conocer’ y eso tiene su efecto propio sobre la comunidad de negocios. Con prospectos inciertos de alzas en las tasas de interés, de un empeoramiento de la inflación y de mercados de exportación debilitados, los empresarios del sector privado pueden estar dudosos de comprometerse a sí mismos con proyectos de inversión… En efecto, aún cuando no tenga fundamento la creencia de Keynes de que el gasto en inversión es inherentemente inestable y que el pleno empleo se da tan sólo por accidente, la puesta en práctica de la política de estabilización Keynesiana –el arreglo fiscal y la deuda concomitante y las incertidumbres relacionadas con esa deuda- bien puede hacer que la economía exhiba la inestabilidad y la lentitud características de la visión Keynesiana.” (Roger W. Garrison, Op. Cit., p. p. 156-157).  

La opinión expresada en el párrafo previo debe, como mínimo, servirnos para una inyección de mesura en cuanto a las múltiples propuestas de gasto gubernamental que hoy en día uno escucha como medio para compensar una presuntamente insuficiente demanda agregada privada. Pero, al mismo tiempo, debe ser útil para que el lector se dé cuenta de los costos que podría tener un intento de sustituir una supuestamente insuficiente inversión privada por una actividad pública compensatoria.  No sólo esto introduce el tema de la menor eficiencia con que la actividad pública puede asignar los recursos productivos escasos, en comparación a como lo hace la actividad privada, sino que también es igualmente importante la limitación de la libertad que usualmente conlleva la actividad pública.   

Según Keynes,  

“en un sistema descentralizado los ahorrantes y los inversionistas son dos grupos diferentes de gente, hecho que repetidamente reporta en la Teoría General. Esta fragmentación de las decisiones de ahorro e inversión en la economía hace que surja un riesgo para los prestamistas, que podría ser evitado por una reforma institucional apropiada… [Para Keynes] mientras que el ahorro voluntario bajo el laissez-faire puede ser refrenado por la necesidad de pagar interés, es ‘posible que el ahorro comunal sea mantenido a un nivel que permitiría el crecimiento del capital hasta un punto en donde cesa de ser escaso por medio de una agencia del Estado’ (John M. Keynes, The General Theory, p. 376).  En otras palabras, si la decisión de ahorrar puede ser centralizada, la tasa de interés (implícita) puede ser empujada por debajo de su nivel inferior, creado en gran parte por el riesgo del prestamista quien a su vez depende del riesgo sobre el proyecto en que incurre quien le pide prestado y que caracteriza las decisiones de ahorro e inversión.” (Roger W. Garrison, Op. Cit., p. 178).  

En un sistema capitalista los empresarios actúan en función de sus cálculos de costos y beneficios privados y no de los costos y beneficios sociales, por lo que posiblemente propuestas como la expuesta de Keynes van a afectar las decisiones de inversión que consideren llevar a cabo, lo cual significa, ni más ni menos, que se elevará la incertidumbre en la economía. Por ello Keynes debió afirmar que 

“Espero ver al Estado, que está en una posición en que puede calcular la eficiencia marginal de los bienes de capital con una visión de largo plazo y en base de la ventaja social general, que tome una mayor responsabilidad para organizar directamente la inversión.” (John M. Keynes, The General Theory, Op. Cit, p. 164 y en Roger W. Garrison, Op. Cit., p. 180).  

Si para el lector esta cita no es suficiente para tener una idea del totalitarismo a que conduce la propuesta Keynesiana, lo reitero con la siguiente cita:  

“Yo concibo, por lo tanto, que alguna forma de socialización comprensiva de la inversión probará ser el único medio de asegurar una aproximación al pleno empleo.” (John M. Keynes, The General Theory, Op. Cit, p. 378 y en Roger W. Garrison, Op. Cit., p. 180).  

Podemos así estar claros en cuanto a que Keynes pretendía un orden socialista de burócratas supuestamente omnisapientes, quienes sustituirían a los empresarios en sus decisiones de inversión.  Esta preferencia Keynesiana simplemente parte de una comparación sin sentido entre un capitalismo “como es en la realidad” (según Keynes) con un socialismo “que nunca ha existido”. 

Termino este ensayo mencionando que en la portada de la revista Time del 31 de diciembre de 1965 aparece una foto de Keynes con una supuesta cita de Friedman, la cual dice: “Ahora todos somos Keynesianos” y que se ha reproducido aquí en días recién pasados. Friedman posteriormente aclaró que su cita había sido obtenida fuera de contexto y que lo que dijo fue que 

“En un sentido, ahora todos somos Keynesianos, en otro ya nadie es Keynesiano. Todos nosotros usamos el lenguaje y el aparataje Keynesiano, pero nadie de nosotros acepta más las conclusiones Keynesianas iniciales.” (Milton Friedman, “Why Economists Disagree,” Dollars and Deficits, New York: Prentice Hall, 1968, p. 15 y en Mark Skousen, “Milton Friedman, Ex-Keynesian,” The Freeman, July, 1968).  

Lo correcto es interpretar a Friedman como Keynesiano en el sentido de que, al igual que en el modelo que desarrolla Keynes en su Teoría General, el suyo –el modelo monetarista- no incluye un análisis de la estructura de capital, tal como sí lo considera el modelo austriaco. En todo caso, Friedman, para aclarar las cosas, expuso que,  

“He sido conducido a rechazar (el Keynesianismo)… porque creo que ha sido contradicho por la experiencia.” (Milton Friedman, “Keynes’s Political Legacy,” en John Burton, ed., Keynes General Theory; Fifty Years On, London: Institute of Economic Affairs, 1986, p. 48 y en Skousen, Op. Cit.) 

A su vez Nixon, en enero de 1971, expuso su versión de la célebre frase cuando dijo: “Ahora soy Keynesiano,” al justificar un presupuesto “de pleno empleo” que contenía un financiamiento deficitario para reducir el desempleo. No olvidemos que Nixon introdujo una extensa política de controles de precios y salarios para contener las presiones inflacionarias. Nixon bien puede compartir con Keynes la apreciación de que el mercado esencialmente no resuelve el problema de coordinación.  

Me permito dedicar estas reflexiones sobre el famoso dictum “Ahora todos somos Keynesianos” al columnista licenciado Jorge Guardia, quien la popularizó hace algunos meses en el periódico La Nación e incluso volvió a repetirla a principios de este año en otra columna.  Estoy seguro de que con su lectura apreciará el sentido de una política económica apropiada para una situación de recesión, la cual está muy alejada de los alcances del pensamiento Keynesiano, en especial después de que, con el paso de los años, lo que más ha estimulado es el uso del estado para sustituir lo que bien podría lograr un sector privado. Por ello he pensado que, si se quiere aplicar política fiscal ante la crisis, sea principalmente mediante una reducción de los impuestos, de manera tal que permita a las personas recuperar su poder adquisitivo y, principalmente, para que se vea estimulado a invertir, que es lo que hace falta en este marco de desconfianza, en mucho originado por malas políticas gubernamentales seguidas en los Estados Unidos, tanto por la Reserva Federal, como por las cuasi-estatales Fannie Mae y Freddie Mac.  

Por supuesto, esta reducción no debe ser temporal, sin que se le perciba como permanente, de largo plazo, por los agentes económicos, pues de no ser así simplemente pasaría tal como sucedió con el reciente experimento Keynesiano de los Estados Unidos a mediados del 2008, por el cual se dio un reembolso a los contribuyentes con el fin de alentar su consumo, dada una presuntamente insuficiente demanda agregada. Pero,  ¡pobre función consumo Keynesiana!, el consumo no aumentó, pues las personas percibieron este aumento de su ingreso como algo temporal y que, al no formar parte de un incremento en la función de consumo permanente (tal como lo expuso históricamente Friedman), simplemente ahorraron esa alza temporal de sus rentas.     

 

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LA PRIMERA RESPONSABILIDAD EN EL ACTO DE LEGISLAR

                                                                        Por Rosaura Chinchilla Calderón*

 

¿Dónde están los asesores parlamentarios y las comisiones técnicas de la Asamblea?

Costa Rica ha experimentado, en los últimos años, una explosión legislativa sin precedentes. Todo problema nacional pretende solucionarse con leyes y la maraña es tal que, muchas veces, ni quienes trabajamos diariamente con las normas, podemos descifrarla. El panorama es particularmente preocupante en el Derecho Penal, área que el legislador ha estimado terreno fértil para manipular, pretendidamente con efectos simbólicos, desconociendo los principios que la materia impone. Este manoseo de las normas penales causa, en la mayor parte de los casos, una mayor inseguridad que la que se pretende combatir. Es la incerteza sobre la vigencia del derecho la que, incluso, genera hasta impunidad. A manera de ejemplos algunas situaciones relativamente recientes:

a)- Conmocionados por la desaparición de un niño, presuntamente sustraído por su padrastro, los medios de comunicación presionaron por endurecer la legislación penal, lo que culminó con la emisión de la ley Nº 8387 de 8 de octubre de 2003 que introdujo el artículo 184 ter en el Código Penal para sancionar, con pena de doce a veinte años de prisión y entre otros supuestos, la sustracción con ánimo de lucro de un niño del poder de sus padres. Al día siguiente se emitió la ley Nº 8389 de 9 de octubre de 2003 que introdujo un artículo 215 bis al Código Penal para sancionar con cárcel de diez a quince años a quien “…sustraiga del poder de sus padres (…) a una persona menor de doce años de edad...” Es decir, un día más tarde, la pena pasó de ser de 12-20 años a 10-15 años para la misma conducta y, en ambos casos, la sanción penal prevista era menor a la norma originalmente vigente, el artículo 215 inciso 4 del Código Penal, que para el secuestro con ánimo de lucro de una persona menor de edad preveía una pena de 15 a 20 años de prisión. Ergo, se emitieron dos leyes para regular una conducta ya prevista y ambas, pese a tener como fin aumentar la sanción, en realidad la disminuyeron.

b)- En 1999 se emite la Ley Nº 7899 de 3 de agosto de 1999 denominada “contra la explotación sexual de personas menores de edad” para reformar el artículo 167 del Código Penal –que entonces sancionaba los actos sexuales perversos, prematuros y excesivos contra personas menores de edad– y reprimir “nuevas” formas de corrupción pero, lejos de ello, al definirse la conducta, se dejaron de lado muchos de los supuestos que tradicionalmente se comprendían en la norma al punto que fue necesario volver a aquella fórmula original mediante ley Nº 8590 de 2007. Es decir, la ley intermedia era absolutamente innecesaria y solo generó impunidad en muchos casos (cfr. el análisis que así se hace en el voto Nº  581-2001 de la Sala Tercera).

c)- Por ley N° 8148 de 24 de octubre del 2001 se creó un artículo 229 bis denominado “Alteración de datos y sabotaje informático” y luego, por ley Nº 8250 de 02 de mayo de 2002 se “volvió a crear” el artículo 229 bis previendo, ahora, el abandono dañino de animales. El contenido de ambos es radicalmente diferente. Entonces, si partimos que la ley posterior deroga la anterior y en aplicación del principio de legalidad, la primera reforma, que no tenía relación con la temática abarcada en la segunda, quedó tácitamente derogada porque el legislador no supo introducir adecuadamente la segunda norma.

d)- Igual sucedió con el Código Procesal Contencioso Administrativo (ley Nº 8508 de 2006) que reformó el contenido de la desobediencia a la autoridad bajo el numeral 305 sin tomar en cuenta que ese delito ya no ocupaba ese numeral sino que el mismo legislador, un tiempo antes (por ley Nº 7732 de 1997), lo había pasado al artículo 307. Ese error implicó la despenalización de la resistencia agravada a la autoridad y que existieran dos tipos penales de desobediencia a la autoridad, siendo que –por ser ley posterior– el artículo 307 igualmente quedó derogado por el contenido del actual artículo 305.

Ahora, con las recientes reformas a la Ley de Tránsito nos encontramos ante un verdadero berenjenal pues, lejos de aprovecharse la ocasión para hacer una reforma integral a la Ley de Tránsito que eliminara los artículos bis, ter y quater que se han ido introduciendo en la numeración de la ley producto del activismo legislativo o que actualizaran las referencias a la legislación procesal derogada, se opta por hacer reformas parciales siguiendo un procedimiento bastante complicado: se modifican algunos artículos de la vieja ley; se introducen en medio del articulado nuevos artículos y capítulos y se corre la numeración de todo lo restante (es decir, de los artículos viejos no modificados y hasta de los ya reformados).

No obstante, el legislador no se percata de que los artículos que él no reformó se relacionaban expresamente entre sí y que esa relación se perdió cuando se corrió la numeración sin modificar las referencias internas que se hacen en las distintas normas y sin que ahora, vía interpretación, pueda hacerse esa relación pues ello implicaría una mayúscula violación al principio de legalidad. Así en el artículo 7 se remite al artículo 187, pero el contenido de esa remisión ahora está en el 188; el 28 remite al 38, pero ese artículo ahora es el 39; el 34 remite a los artículos 34 (es decir remite a sí mismo), 35 y 36, pero esos artículos ahora son el 35, 36 y 37 y, de igual forma, encontramos remisiones erróneas en los numerales 37, 38, 41, 45, 46, 50, 56, 57, 68, 70, 84, 119, 127, 138 bis, 139 incisos b) y c), 141 inciso j), 145, 149, 150, 158, 162, 166,183, 186, 188, 193, 204,205, 223 y 249.

Algunos de esos errores pueden no ser muy relevantes o hasta obviarse pero hay otros que tendrán consecuencias impredecibles. Por ejemplo, el artículo 45 señala que la póliza del seguro obligatorio tiene una vigencia de un año salvo “para los vehículos indicados en el artículo 42”. En los términos originales ese numeral, hoy 43, aludía a los vehículos con matrícula extranjera mientras estuvieran en el país. Es decir existía logicidad de que el seguro fuera por menos de un año por la transitoriedad del paso del automotor. No obstante, el actual numeral 42 alude a la venta de vehículos automotores usados que, de esta forma, tendrían una póliza de seguro con una duración diferente al año.

Por otra parte, el artículo 145 autorizaba para que se inmovilizaran los vehículos si producían humos o gases que excedieran los límites establecidos en los artículos 34 y 35 pero estos numerales pasaron a ser el 35 y 36, por lo que la emisión de gases en los términos del numeral 36 no está contemplada en la norma. Por último, se podían confeccionar partes impersonales en ciertos casos calificados establecidos en los artículos 129, 130, 131 y 132, pero, al correrse la numeración de estos artículos, el contenido de aquellos números lleva a situaciones tan absurdas como confeccionar partes impersonales a un conductor concreto e identificado, lo que es un contrasentido.

Esas despenalizaciones no se arreglan con ulteriores reformas porque, si bien eso modifica el panorama en el futuro, las conductas actuales que quedaron fuera de la previsión legislativa o hasta aquellas firmes ya juzgadas podrían revisarse a favor de la persona acusada, producto de estos errores legislativos (artículo 12 del Código Penal).

Además, es posible observar otros burdos errores meramente formales en la ley, para no analizar su contenido pues esto escaparía a los límites de este artículo. Por ejemplo, el artículo 1 inciso k de la Ley Nº 8696 recién promulgada, que modifica la Ley de Tránsito y el Código Penal, indica que se reforma el inciso e) del artículo antiguo 93 (nuevo 94), reforma que no es tal sino una adición pues la antigua Ley no contemplaba ningún inciso e) en ese numeral. Asimismo, en el transitorio XIV de la citada ley se indica que se otorgan seis meses para que Cosevi cumpla lo dispuesto en el artículo 207 reformado por el inciso u) del artículo 1 de esa ley, pero resulta que ese artículo e inciso no reforman el artículo 207, sino los numerales antiguos 156 (hoy 157), 181 (hoy 182), 190 (hoy 191), 199 (hoy 200) y 205 (hoy 219) y ni el 207 antiguo (que ahora es el 221) ni el nuevo tienen ninguna relación con COSEVI…entonces ¿para qué es ese plazo?

Frente a ese panorama lo único que cabe preguntarse es…¿y dónde están los asesores parlamentarios y las comisiones técnicas de la Asamblea Legislativa? ¿Es que acaso los/las diputados/as desconocen lo que la misma Asamblea Legislativa produce y legislan sin tomarse la molestia de consultar el sistema oficial de legislación que lleva la Procuraduría General de la República?

Al margen del contenido ideológico de las reformas, convendría que los y las diputadas se informaran adecuadamente antes de ponerle mano a las leyes penales pues, de hacerlo, se darían cuenta que casi cualquier conducta que pretendan “crear” ya está prevista en alguna disposición jurídica ya que el derecho penal costarricense ha pasado de ser un ‘orden discontinuo de ilicitudes’ (en la tradicional definición dogmática) a ser un desorden cuasicontinuo de prohibiciones. Y si, no obstante, se persiste en la fórmula de acallar las presiones vía legislación, lo menos que debemos exigirles a nuestros diputados y diputadas es que lo hagan formalmente bien y que, si no, asuman la responsabilidad (jurídica y política) que ello implica.

 

*Jueza Casación Penal, San José.  Tomado del periódico La Nación del 11 de enero del 2008.

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San José, 14 de enero del 2009

Señor

Oscar Arias Sánchez

Presidente de la República

S.O.

Estimado señor:

El pasado 7 de enero, el señor Ministro de la Presidencia, don Rodrigo Arias, hizo público un llamado a todos los costarricenses para que contribuyamos a enfrentar los desafíos que impone el nuevo año, sin divisiones ni obstruccionismos. La tragedia del pasado 8 de enero, señor Presidente, confirmó la necesidad de ese esfuerzo, al que nos adherimos por completo.

Nuestro Partido convocó a un grupo de profesionales y empresarios destacados, desde finales del año pasado, para que estudiaran la situación del país y definieran un conjunto de medidas inmediatas que contribuyan a la generación de un contexto favorable para enfrentar los retos que impone el presente.

El resultado, señor Presidente, es un conjunto de acciones, la mayoría de ellas en manos del Poder Ejecutivo, que tienden a minimizar el posible impacto de la actual crisis financiera internacional sobre la economía costarricense, evitando en la medida de las posibilidades  un aumento en el desempleo y la pobreza para la población costarricense.  Todas las medidas que proponemos, aún dentro de un entorno adverso, son compatibles con las reformas de mediano y largo plazo que son necesarias para mejorar la competitividad de las empresas y de la creación de empleo bien remunerado para los costarricenses.

Estamos seguros, señor Presidente, que dentro del mismo espíritu cívico que anima esta iniciativa, el Gobierno de la República sabrá valorar cada una de las medidas incluidas en el documento adjunto, de forma tal que, ante la adversidad, los costarricenses nos unamos sin distinciones ni banderas políticas.

Atentamente,


Otto Guevara Guth

Presidente Partido Movimiento Libertario

 

Tiempo para acciones inmediatas y decisivas:

 Propuesta del Movimiento Libertario

A la luz de los acontecimientos de meses recientes en el entorno económico nacional e internacional, el Partido Movimiento Libertario ve con profunda preocupación el proceso de deterioro de la condición económica de los costarricenses. La tragedia ocasionada por el terremoto aumenta la urgencia de la adopción de medidas inmediatas para paliar la crisis.

La unión de factores externos con decisiones equivocadas, la ausencia de políticas económicas claras y consistentes, así como una zigzagueante política monetaria y cambiaria por parte del Banco Central de Costa Rica, ha llevado a la economía nacional a la puerta de una crisis, entendida esta como la disminución del crecimiento económico y del empleo nacional. Mención especial merece la política monetaria y cambiaria del Banco Central de Costa Rica. Por un lado, una inflación superior al 5% anual promedio es inaceptable bajo cualquier circunstancia; y por otro, la experimentación a la que fuimos sometidos los costarricenses con el esquema de bandas cambiarias tiene que terminar de una vez por todas. La sociedad costarricense lleva más de dos años expuesta a la incertidumbre y a la zozobra que la imprudente audacia del Banco Central ha creado con el tipo de cambio. Y, lo peor, el Banco Central ha introducido fuertes distorsiones en el mercado monetario, con una forzosa y costosa disminución de las tasas de interés, para defender un esquema cambiario que no funciona.

No obstante las amenazas que se ciernen sobre la economía costarricense, el Partido Movimiento Libertario considera que es la libertad económica lo que mejor potencia la capacidad del recurso humano costarricense siendo ésta la mejor garantía para superar y más bien aprovechar las nuevas oportunidades que un entorno de crisis proporciona.

La propuesta que a continuación detallamos es el producto del estudio y análisis de un grupo de economistas y empresarios que conforman los comités de política monetaria, fiscal y económica del partido y está dirigida a crear el  contexto apropiado para que las empresas nacionales lleven a cabo con agilidad y eficiencia sus proyectos de inversión, a retener su nivel de empleo y a generar incluso nuevas oportunidades de expansión.

Con esta propuesta, en el partido Movimiento Libertario estamos convencidos de contribuir proactivamente con el manejo de una crisis que requiere decisiones firmes y efectivas.

Reformas Inmediatas (las cuales requieren únicamente la voluntad y liderazgo del Poder Ejecutivo para ponerse en práctica):

POLÍTICA MONETARIA Y CAMBIARIA

• El Banco Central de Costa Rica (BCCR) debe renunciar al uso del impuesto inflacionario como mecanismo de financiamiento; la meta debe ser estabilidad interna del colón e inflación baja de un dígito, menor al 5%.

• El BCCR debe renunciar a la intervención en el mercado cambiario con el objetivo de defender el tipo de cambio y no debe recurrir, sistemáticamente, al endeudamiento externo para mantener en niveles arbitrariamente bajos el tipo de cambio, pues un tipo sobrevaluado desestimula la producción de alto contenido local, que –entre otras- contribuye a paliar la crisis.

• De cualquier manera, si la Junta Directiva del BCCR decide favorecer un sistema de “banda cambiaria”, entonces que explique claramente su lógica interna, cómo será su conducta y, lo más importante de todo,  que sea consecuente con ella. Si ese fuera el caso, el BCCR sólo debiera intervenir para apoyar los límites inferior y superior. En cualquier caso, el Banco Central debe justificar por qué le conviene al país continuar con un sistema de "bandas cambiarias" que no ha cumplido con sus objetivos (particularmente la reducción de la inflación).

• El Banco Central debe programar y anunciar anticipadamente el cronograma y montos de las compras y ventas de divisas para entes públicos (ej. ICE, RECOPE, CCSS) y sus propias necesidades. Adicionalmente, todas las transacciones deben hacerse a través del MONEX, en lugar de utilizar Reservas Monetarias o intervenir en ventanillas. Lo anterior permitirá eliminar la volatilidad innecesaria en el tipo de cambio.


POLÍTICA CREDITICIA

• Solicitar a la Junta Directiva del BCCR que proceda a reducir el encaje legal. Dicho encaje está hoy en un nivel muy elevado, lo que lo convierte en una especie de impuesto a la intermediación financiera, en perjuicio de  ahorrantes y usuarios de crédito bancario. Por esa vía  se inyectaría la liquidez que el sistema financiero requiere para estimular la economía sin atizar la inflación.

• Solicitar a la Superintendencia General de Entidades Financieras, que de consuno con el CONASSIF, emita la normativa necesaria para flexibilizar la reestructuración de créditos bancarios cuando ello favorezca su servicio, para que no se penalice a los bancos que realizan dichas reestructuraciones y que durante la coyuntura adversa se permita a los bancos duplicar el plazo para vender bienes recibidos en dación en pago.


POLÍTICA TRIBUTARIA

• Que la Dirección General de Tributación emita una resolución mediante la cual autorice, a partir del período fiscal 2009, a todos los contribuyentes o declarantes cuyas actividades requieran activos depreciables amortizables, para que, sin que medie solicitud ante la Administración Tributaria, puedan utilizar métodos de depreciación acelerada de 3 años.


POLITICA COMERCIAL, DE EMPLEO Y DE ATRACCION DE INVERSIONES

• Eliminar los aranceles y demás barreras no arancelarias innecesarias que pesen sobre productos de la canasta básica, materias primas, bienes intermedios, bienes de capital y bienes de consumo.  A lo sumo,  llevar los aranceles al nivel del Arancel Uniforme Centroamericano.

• Demostrar voluntad política para eliminar trabas innecesarias a quien desea realizar alguna actividad económica, y mostrar su compromiso con la simplificación de trámites para facilitar el inicio de operaciones de miles de empresas de todo tamaño en el país, así como para mejorar nuestra competitividad.

• Por ninguna razón debe revivirse la política fracasada de control de precios,  fijación de márgenes de utilidad ni recurrir a políticas proteccionistas, ni prohibir la exportación de ningún bien o servicio.

• Promover la atracción al país de inversionistas residentes venezolanos, ecuatorianos, bolivianos y de otras nacionalidades que están buscando un refugio para su capital debido a las malas políticas públicas en sus países de origen.

• No incrementar el monto requerido para convertirse en residente rentista o pensionado según se pretende con la nueva ley de Migración.

• Solicitar a la Junta Directiva de la CCSS que emita una resolución indicando que las personas que estén en período de prueba en un trabajo no están obligadas a cotizar las contribuciones a la seguridad social, ni sus patronos tampoco.  La obligación sería a partir del tercer mes de trabajo ininterrumpido.

• Solicitar al ICE licitar el agregado de un ciclo combinado para aumentar la generación de electricidad en un 50% aproximadamente, de los 6 turbogeneradores ubicados en el complejo térmico de Moín.


GASTO PÚBLICO

• El Poder Ejecutivo debe impulsar proyectos de inversión en obra pública de claro interés nacional, de rápida ejecución, que no impliquen gastos recurrentes, y que sean generadores de empleo, en particular obra municipal a la luz de los recursos de la Ley 8114.  Por lo tanto, debe girarse la totalidad de los recursos que corresponden a cada municipalidad y, junto con el  IFAM, asesorar a los gobiernos locales que carezcan de capacidad de gestión para que esos recursos se utilicen en su totalidad en el mejoramiento de la red vial cantonal.

• Limitar los aumentos salariales del sector público, incrementando en el porcentaje compatible con la inflación esperada, únicamente los salarios de  las categorías inferiores de la planilla.

• Suspender cualquier nueva contratación de personal en el sector público por este año, llenando las vacantes que se presenten con traslados dentro del sector respectivo.

• Focalizar muy bien el uso de los recursos públicos asociados al gasto social, para asegurar que dichos recursos llegan sólo a quienes realmente lo requieren.

• No incrementar la asignación de recursos públicos a entidades  con historial de manejo ineficiente de ellos,  como el Consejo Nacional de Producción (CNP).

• No asignar recursos públicos al financiamiento de iniciativas, como el seguro de desempleo, que conllevaría un fuerte gasto público y privado que complicaría aún más la  situación económica del país y del sector productivo.

• Posponer la construcción de los nuevos edificios de la Asamblea Legislativa y Casa Presidencial. Los US$144 millones (¢75 mil millones) que se invertirían en los nuevos edificios, sin contar los millones que se acumularían en intereses, deben dedicarse a facilitar la reconstrucción de obra pública indispensable en servicios como agua potable, caminos, puentes, centros de salud y educativos,  y abrir facilidades para la adquisición de vivienda, y financiar al  sector productivo. Especial atención deberá brindársele a las zonas afectadas por el terremoto.


Reformas legales puntuales (requieren de un trámite legislativo, pero por ser proyectos relativamente pequeños –con pocos artículos- podrían tramitarse rápidamente en este período de sesiones extraordinarias, que es cuando los diputados conocen únicamente los proyectos de interés del Poder Ejecutivo):

• Reformar el inciso g) del artículo 8 de la Ley del  Impuesto sobre la Renta, N.7092, para permitir a todos los sectores empresariales, amortizar las pérdidas generadas en los períodos 2009 y 2010 en los siguientes períodos fiscales hasta su consumo total.

• Aprobar el Proyecto de Ley de Flexibilización Laboral, N.16030, “Ley para actualizar las jornadas de trabajo excepcionales y resguardar los derechos de los trabajadores”, presentado en octubre del 2005 por la anterior Fracción Legislativa del Movimiento Libertario.

• Reformar la ley constitutiva del INA para que esta Institución pueda utilizar su presupuesto para distribuirlo mediante el otorgamiento de becas a personas necesitadas de capacitación ocupacional, vinculada a los requerimientos del sector productivo. Esto estimulará la oferta de gran cantidad de escuelas privadas de capacitación ocupacional, siendo una forma de devolverle a las empresas ese dinero pero en capacitación del nuevo personal que requieran.

• Reformar la ley del Sistema Financiero de la  Vivienda para tomar una porción de ese dinero e inyectarlo en el sistema financiero nacional para el financiamiento de viviendas a 40 años plazo.  Esta medida está orientada a facilitar la obtención de una vivienda a la clase media costarricense y con ello estimular la industria de la construcción.

• Reformar la Ley de Protección al Trabajador para permitir que los fondos de la pensión complementaria obligatoria de los trabajadores puedan ser invertidos en títulos de flujos titularizados de activos del Estado o de  las empresas del Estado. Esto sería una forma de democratizar la propiedad pública y al mismo tiempo liberar recursos para financiar grandes obras de infraestructura pública o productiva, así como aumentar los rendimientos de los fondos de pensión.

• Aprobar el proyecto 16759 “Exoneración del pago del impuesto al diesel para la producción de electricidad” presentado por diputados del Movimiento Libertario.

• Aprobar el proyecto 16949 “Ley Marco de Concesión de Aguas para la Generación de Energía Hidroeléctrica” presentado por el diputado Luis Barrantes del Movimiento Libertario.

• Reformar la ley 7200 y la 7504 sobre la generación privada de electricidad para eliminar el tope máximo del 15% del consumo nacional que podría ser abastecido por el sector privado.


Otto Guevara---Thelmo Vargas---Jorge Corrales----Juan Muñoz---Luis Mesalles---Luis Loría---Juan Ricardo Fernández---José Joaquín Fernández---Walter Farah---Andrés Pozuelo---Rolando Leiva---José Arias---Luis Antonio Barrantes

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¿POR QUÉ ES NECESARIA UNA REFORMA TRIBUTARIA?

  Luis E. Loría*

 

El sistema tributario vigente incorpora las cicatrices de experimentos fallidos e iniciativas parcialmente implementadas que se acumulan y se hacen evidentes en una serie de ineficiencias e injusticias. Para corregir las ineficiencias e injusticias prevalecientes se debe estar dispuesto a renunciar al ingreso proveniente de viejos derechos fiscales—especialmente aquellos irracionales, onerosos e inconvenientes—para dar paso a un sistema tributario moderno más simple, justo, que genere ingresos suficientes y que realmente promueva el crecimiento económico de Costa Rica. El cual, a la vez, servirá como plataforma para la atracción de inversión extranjera directa (IED), facilitar la inserción efectiva de Costa Rica en la economía global y promover la innovación y la creación de nuevas empresas.  

Ese no es el tipo de reforma tributaria que se ha impulsado en el pasado. Argumentando que un grupo al que se denomina los costarricenses ha pedido al Gobierno atender una serie de gastos—algo que no es cierto porque no existe tal grupo organizado capaz de influir directamente sobre decisiones que afecten el gasto público—se ha perseguido el único y miope objetivo de incrementar la recaudación de impuestos. No es deseable promover, bajo ninguna circunstancia, que los ingresos fiscales aumenten ad infinitum. La percepción generalizada—y bien fundamentada—de que el Estado persigue ese objetivo explica  el rechazo automático de la población cuando escucha hablar de un nuevo paquete de impuestos que considera injusto, al igual que cuando se exige el pago de una cuenta por bienes o servicios que no se han consumido o disfrutado.  

Los intentos por instaurar nuevos impuestos considerados como injustos, o que se invertirán de una manera inadecuada, históricamente contribuyeron a la desobediencia civil e incluso han sirvieron como detonante para revoluciones en contra de los gobiernos que los promovieron. El ancien régime francés se desmoronó en un intento por impulsar una reforma fiscal. Al respecto, en 1791, Thomas Paine, explicó que, previo al estallido de la Revolución Francesa, el Ministro de Finanzas envió al Parlamento los edictos para dos nuevos impuestos recomendados por la Asamblea de Notables. La respuesta del Parlamento: “Que con ingresos tales como los que la Nación soportaba entonces, la palabra impuestos no debería ser mencionada, si no es con el propósito de reducirlos; y lanzaron ambos edictos fuera.”  

De vuelta al caso de Costa Rica, la experiencia de las últimas tres administraciones indica que no es políticamente viable la aprobación de un nuevo paquetazo de impuestos. De acuerdo con los resultados de una encuesta de opinión que se realizó como parte de un estudio del Sistema Tributario Costarricense por el Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas (IICE) entre el 7 de mayo y el 7 de junio de 2008, un 80% de las personas entrevistadas consideró que, en caso de que aumenten las recaudaciones de impuestos, el gobierno no invertirá los recursos adecuadamente. Esa percepción no puede ser ignorada por las autoridades económicas y los diputados en la Asamblea Legislativa. 

El Gobierno actual, en el Plan Nacional de Desarrollo 2006-2010 (PND), en su apartado Las grandes metas nacionales, habló de “un decidido esfuerzo tendiente a realizar una reforma profunda de la estructura tributaria, que no sólo aumente la recaudación del fisco, sino que lo haga en forma progresiva y dirigiendo los recursos hacia mayores niveles de inversión social.” En agosto de 2008, lamentablemente, el Presidente de la República, Óscar Arias Sánchez, anunció al país que se abandonaría el proyecto por considerar que el ambiente político no era adecuado. En palabras del primer mandatario: “Una cosa que no vamos a hacer es luchar en estos 20 meses por una reforma tributaria integral. Don Abel (Pacheco) pasó cuatro años secuestrado luchando por eso y la verdad es que mejor no perdamos el tiempo”. (La Nación 24/08/08)  

A pesar de que en el PND el Gobierno se comprometió a “impulsar un diálogo nacional sobre los retos de la Hacienda Pública en Costa Rica”, no se ha evidenciado, hasta la fecha, un interés real por avanzar en esa dirección. Para que ese tipo de diálogo sea posible, se requiere hacer pública, para discusión y análisis, la información referente a los proyectos de reforma tributaria. Por ejemplo, el proyecto de reforma al impuesto sobre la renta y las reformas al régimen de zonas francas no se han presentado al Congreso y su texto se mantiene en secreto a lo interno de los Ministerios de Hacienda y Comercio Exterior. Algo que permite albergar la esperanza de que esa discusión abierta tendrá lugar en un futuro cercano, son las declaraciones que el Ministro de Hacienda dio minutos antes de confirmar que él estaba interesado en optar por la silla presidencial. Concretamente, hizo un llamado a que se discuta el tema durante la campaña política para las elecciones del 2010: “Con toda franqueza quienes aspiran a dirigir los destinos de este país deben decir a los ciudadanos si es necesaria o no una reforma fiscal y por qué”. (La Prensa Libre 22/09/08)  

La reforma tributaria es necesaria porque el sistema tributario se convirtió en una importante desventaja competitiva para el país. El reporte Doing Business 2009 del Banco Mundial, en su apartado de pago de impuestos, ubicó a Costa Rica en la posición 152 de 181 países en el apartado de pagando impuestos. Para corregir esto, la reforma necesaria, siguiendo las mejores prácticas internacionales, debe ir en la dirección de tasas impositivas más bajas, eliminación de impuestos y simplificaciones al proceso de pago. Además, una propuesta en esa dirección, resultaría de interés con miras a las elecciones del 2010. Al preguntar a los encuestados acerca de que tipo de propuesta les resultaría interesante en materia tributaria, un 40% se inclinó por una reducción de impuestos y tan solo un 8% prefirió la opción de aumentar impuestos.

 

*Tomado de la Revista Poder de enero del 2009. El autor es investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad de Costa Rica.

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INFLACIÓN AL DESNUDO

                                                                                                            Luis E. Loría*

 A la espera del anuncio del Gobierno. El 19 de enero de 2009 es una fecha importante. Ese día el Gobierno de don Óscar Arias Sánchez presentará oficialmente el paquete completo de medidas que implementará de cara la crisis económica. Hasta hace poco, ningún político había tenido el coraje de proponer medidas concretas para enfrentar el principal problema económico del país: la inflación.

 Inflación al desnudo. No existe una forma bonita para decirlo: el que Costa Rica haya logrado, en el 2008, el sub campeonato latinoamericano en inflación-el campeón fue Venezuela-refleja, tristemente, el fracaso absoluto de la gestión del Banco Central de Costa Rica (BCCR). Ese resultado empobrecedor tampoco ha pasado inadvertido. El Índice de Confianza del Consumidor (ICC), calculado por Unimer, terminó el 2008 con un nivel de 3,6 puntos, de 10 posibles. La alta inflación revive sentimientos de pesimismo en la población y alimenta sentimientos de falta de liderazgo en el país.

 Soluciones en manos del Presidente. El pasado 14 de enero, Otto Guevara entregó al Presidente Arias, en sus manos, una propuesta con el detalle de medidas económicas urgentes, necesarias y de fácil implementación que contribuirían a que nuestro país se ubique en una mejor posición para resistir el embate de una devastadora crisis económica internacional (texto disponible en: http://www.movimientolibertario.com/index.php?news=414). Lo que marca una clara diferencia entre esa propuesta y otras que han pululado es el claro énfasis en que se debe atacar, de manera directa y sin titubeos, el problema inflacionario. En lo esencial, en su primer apartado dedicado a política monetaria y cambiaria, propone que el BCCR renuncie al uso del impuesto inflacionario como mecanismo de financiamiento, se comprometa con el objetivo de estabilidad interna de la moneda y una inflación no mayor al 5%.  

Existe claridad en el Gobierno. Luego de escuchar la propuesta con atención, don Oscar agradeció el esfuerzo del grupo que participó en su elaboración y manifestó que estaba de acuerdo con al menos el 90% de las medidas puntuales sugeridas. Hizo especial referencia a los problemas del manejo de política monetaria y cambiaria. Al respecto, señaló que los costarricenses recuerdan muy bien quién fue el Presidente de la República a inicios de los 80s-cuando  la inflación y la devaluación alcanzaron niveles sin precedentes-, mientras que nadie recordaba quién estuvo como Presidente del BCCR o quiénes integraron su Junta Directiva en aquél entonces. También, explicó a los presentes que ya ha tenido varias discusiones al respecto con don Francisco de Paula Gutiérrez, actual Presidente del BCCR, y un par de gurús de la economía que se niegan a ver los problemas como el resto de los mortales.

 Esperemos que el Gobierno anuncie el lunes un cambio disruptivo en el manejo de la política monetaria y cambiaria. Si lo hace, responderá al clamor ciudadano y enfrentará el inaceptable problema de la inflación.

 

*Investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad de Costa Rica, lloria@strategic-la.com

 

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Escudo o corona

 

Luis E. Loría

Investigador IICE-UCR ¨

lloria@strategic-la.com

 

Aunque se ejecute en todos sus extremos, el Plan escudo no blinda a la economía costarricense ante el embate de una devastadora crisis. El principal obstáculo para su éxito no se encuentra, como uno podría pensar, en los partidos políticos, los gremios, los sindicatos, los líderes de la sociedad civil o los ciudadanos comunes. Es en la sala de reuniones de Junta Directiva del Banco Central de Costa Rica (BCCR), donde radica la principal amenaza y, a final de cuentas, se definirá nuestra suerte. La Junta Directiva del BCCR es responsable por un cúmulo de desaciertos en materia de política cambiaría, monetaria y tasas de interés. Una imagen de autonomía e independencia del Central, sin sustento real, permite al gobierno argumentar que no es responsable de la triste situación económica que atravesamos.

 

Los principales resultados de la gestión del BCCR, al menos desde el último trimestre de 2007, ya se empezaron a hacer visibles: creciente incertidumbre en el sistema económico que ahuyenta la inversión, caída en el poder adquisitivo gracias a un desastroso resultado de inflación (14% para 2008, segundo en América Latina), juegos en el mercado cambiario bajo el sistema de bandas (con los cuales se benefició directamente), manipulación de tasas de interés (enviando señales engañosas de bonanza crediticia), deterioro de carteras de crédito e incremento de morosidad en los préstamos, tasas de interés negativas en términos reales para el ahorro (afectando negativamente a las pensiones), incrementos en salarios para los trabajadores muy por debajo de la inflación, más personas sin empleo, caída estrepitosa en el ritmo de crecimiento económico, resultado muy negativo en la balanza comercial y aumentos de la pobreza y la pobreza extrema.

 

La Directiva del BCCR no parece estar dispuesta a modificar sus políticas empobrecedoras, capaces de virar la suerte de los costarricenses para que la moneda lanzada al aire con el anuncio del Plan escudo caiga al suelo mostrando su otra cara: la corona. El anuncio de que el BCCR insistirá en la implementación de políticas económicas desacertadas es reflejo de que continuará ignorando el rechazo unánime que han manifestado—vehementemente—gremios, partidos políticos, sectores sociales y ciudadanos independientes.  En el nuevo Programa Macroeconómico 2009-10, dos puntos quedan muy claros: 1) el BCCR continuará haciendo lo mismo (esperando resultados distintos) y 2) el BCCR modificará sus objetivos y metas a discreción, y, luego de hacerlo, anunciará los cambios a todos nosotros. Por supuesto, eso no garantiza estabilidad y reglas claras para el sistema económico ni imprime credibilidad y transparencia a la gestión del ente emisor.

 

J. M. Keynes, citando a Lenin, explicó que la corrupción de la moneda—vía inflación y devaluación—es la mejor manera para destruir el sistema capitalista. En esa observación debemos darle la razón. Costa Rica es, aunque a muchos les disguste, una economía capitalista y su evolución dinámica para generar crecimiento, empleo y bienestar no son compatibles con comportamientos abusivos por parte de la autoridad monetaria. En síntesis, aplaudo, en términos generales, las propuestas reflejadas en el Plan Escudo, pero difiero con el presidente Arias en que es necesario abrazar el escudo en nuestra moneda. Para enfrentar la crisis, es mejor abrazar el escudo en nuestro pabellón nacional y proceder tomar las acciones necesarias para eliminar el colón costarricense y adoptar una moneda fuerte, de aceptación internacional, como el dólar. Solamente así, Costa Rica podrá aspirar a una inflación menor al 5%, en 2009, y cercana al 2% para el 2010, y en adelante.

¨ Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas de la Universidad de Costa Rica.

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ILUSIÓN, ELUSIÓN Y EVASIÓN

Luis Mesalles*

 

Este parece ser el proceso para casi todo tipo de regulación.  Primero viene la ilusión del funcionario público, que cree poder lograr un objetivo a través de alguna regulación.  Luego viene la elusión (evitar con astucia una obligación, según el diccionario de la RAE).  La gente trata de evitar, a toda costa, caer en la situación que está siendo regulada, cambiando sus hábitos y costumbres.  Pero, además, se da la evasión (parecido a eludir, pero con una connotación de ilegalidad).  En estos casos, la gente “se la juega” para no ser penalizado por incumplir la regulación.  Al final de cuentas, el resultado suele ser muy diferente a lo que ilusionaba el funcionario público en un principio. 

Para muestra, un botón: el Plan de Restricción Vehicular del MOPT.  Cuando, se anunció hace 6 meses, la ilusión de los funcionarios del ministerio era reducir en 20 por ciento la cantidad de vehículos que ingresaba al casco metropolitano, y así bajar el consumo de combustible, ahorrándole divisas al país. 

Sin embargo, la astucia del tico afloró de inmediato.  Algunos conductores eludieron la regulación, evitando entrar al anillo de circunvalación dando vueltas por calles aledañas para llegar a su destino final.  Gastaron más combustible, pero no importó, ya que lograron el objetivo de no entrar en el área regulada.  Otros, los más pudientes, intercambiaron vehículo con su conyugue, cuya terminación de placa era diferente.  Así, pudieron atravesar la ciudad, evitando ser multados, pero sin lograr ningún ahorro de combustible. 

Hubo quienes fueron aún más jugados, y se aventuraron a entrar al área prohibida, tratando de evadir a los tráficos que estaban apostados en puntos estratégicos (casi siempre los mismos).  Aunque se hicieron cerca de 600 partes diarios, me imagino que por lo menos otros 600 conductores lograron atravesar la ciudad evadiendo la multa. 

El resultado final, como era de esperar, estuvo alejado de lo que ilusionaban los funcionarios del MOPT.  La elusión y la evasión hicieron que la reducción en la cantidad de vehículos no fuera de 20, sino 10 por ciento.  Además, el consumo de gasolina (súper y regular combinado) aumentó 2.3 por ciento con respecto al año anterior.  Y encima, hay que agregarle el costo de tener todos esos tráficos tratando de imponer la restricción. 

Hay que entender que la inversión, y no la regulación, es la solución.  Se requiere de más y mejores calles, así como de más puentes (como el de la ex rotonda de San Sebastián).    Al mismo tiempo, el servicio de transporte público masivo (autobuses y tren) debe mejorar sustancialmente.  Se debería pensar más en como ayudar, y menos en como restringir.

 

*Publicado en el periódico La Nación del 17 de enero del 2008

 

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CONTRAPUNTO AL EDITORIAL “UN GRAN PLAN NACIONAL” *

 

Diversos comentarios podría hacer a dicho editorial, pero el espacio exige concentrarme en la propuesta de “intensificar el desarrollo de obra pública”, en donde las municipalidades tendrían un papel relevante. 

El estado cumple una función social de proveer al país de la infraestructura necesaria, pero mediante concesiones al sector privado, en que el costo se sufrague por el usuario y no por la colectividad como un todo.  No debe confundirse este papel a largo plazo con el posible empleo en infraestructura pública para compensar un nivel insuficiente de empleo, el cual es más inmediato. 

Este esfuerzo debe ser por una vez y no crear una nueva estructura burocrática a largo plazo; por eso es atinada la idea de hacer contratos temporales.  Segundo: es necesario concentrarse en actividades que usan mano de obra intensivamente, en contraste con, por ejemplo, represas, puertos o similares, que son capital-intensivas. Tercero: el proyecto debe ser para la fuerza laboral desempleada resultado de la recesión; no debe darse incentivos que estimulen la entrada al país de excedentes de mano de obra externa, atraídas por seguros de desempleo o por un empleo indiscriminado en infraestructura. 

Propongo concentrarse en dar mantenimiento a las hoy abandonadas vías urbanas y caminos rurales, que depende de gobiernos municipales, mejor capacitados para emplear mano de obra local temporalmente desocupada. Bajo fuerte vigilancia de las comunidades, el esfuerzo sería intenso este año (en que sería mayor el impacto en el desempleo) y continuaría de forma reducida pero que frene el deterioro hoy observado en tales vías. 

Asimismo, propongo estimular el empleo productivo en el sector privado con una reducción de sus costos tributarios para que pueda invertir más, al igual que aumentar la flexibilidad del mercado laboral para mantener y hasta incrementar los puestos de trabajo.

*Jorge Corrales Quesada, Presidente de ANFE

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FRIEDRICH NAUMANN PARA LA LIBERTAD ENTRE LOS 25 THINK TANKS LIDERES DE EUROPA OCCIDENTAL*

 

 En un estudio comparativo realizado a nivel mundial por el "International Relations Program" de la 'University of Pennsylvania' en Philadelphia, la Fundación Friedrich Naumann (FFN) es la única de las fundaciones políticas alemanas nominada entre los 407 think tanks más destacados a nivel mundial. En la evaluación se tomaron en cuenta más de 5400 think tanks. En el ranking de los TOP 25 de Europa Occidental, la FFN se ubica en el puesto 17.


La Oficina Regional para América Latina de la FFN se congratula por tener como contrapartes a 9 miembros de RELIAL evaluados entre los TOP 25 de América Latina y el Caribe. Asimismo nos da gusto ubicar en la lista de destacados a los Institutos Fraser (No. 1 en los TOP 25 de América del Norte, sin contar a los Estados Unidos) y CATO (No. 1 en el ranking sobre propuesta de idea política más innovadora).


Finalmente quisiéramos felicitar a otras contrapartes de la Fundación Friedrich Naumann en el mundo que han obtenido excelentes evaluaciones.


El reporte de la Universidad de Pennsylvania valora la tarea y el rol de los think tanks en un mundo saturado de información, pero falto de un análisis calificativo y orientado a objetivos específicos.

 
Del reporte cabe destacar la parte analítica que engloba los capítulos sobre el rol de los think tanks y la asesoría política. En primer lugar, los donadores potenciales buscan instituciones cuyas investigaciones y análisis tengan una importante injerencia en las decisiones tomadas por los políticos. En segundo lugar, la independencia intelectual de las opiniones políticas de los think tanks es central para la percepción que de ellos tiene la opinión pública. Finalmente, los think tanks se prestan como espacio ideal para agrupaciones de oposición que en el marco de un think tank pueden presentar sus ideas y propuestas de políticas.


El estudio advierte el riesgo que representan las ONGs y think tanks que no trabajan de manera independiente y se comprometen con ciertos intereses, que en secreto trabajan por órdenes de un gobierno, que tienen un perfil poco claro y que finalmente mezclan estudios serios con la asesoría política comercial y la parcialidad frente a partidos políticos.


Mientras los análisis y las propuestas no lleven a superar el estancamiento político y a resolver los conflictos políticos, tomar partido en la lucha ideológica de las ideas para los autores del estudio representa una desventaja. Los think tanks tienen posibilidades muy específicas de participar en el diálogo político globalizado. Los autores del reporte expresan un gran interés por la meta de los think tanks de relacionarse en redes regionales y mundiales. Con ello, RELIAL es un instrumento, que con respecto a su autoentendimiento y sus posibilidades no podría ser más moderno y con respecto a la calidad de sus miembros no podría ser más esperanzador.


*Texto: Ulrich Wacker, Director de la Oficina Regional para América Latina de la Fundación Friedrich Naumann para la Libertad

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EL FRACASO DEL MERCADO. UN MODELO FRACASADO1

 

   Por Philip Booth2

 

Si les fuera a dar una conferencia de ingeniería y empezara diciendo, creo que correctamente, que la máxima velocidad teórica para un carro perfecto sería la velocidad de la luz3 y que un carro que viajara a cualquier velocidad menor que esa sería “un carro fracasado” o que sufriría del “fracaso del vehiculo”, probablemente Ustedes pensarían que fue una conferencia sumamente inútil. Y estarían en lo correcto. 

Sin embargo, un enfoque común en la enseñanza de la economía es enseñar acerca de las precondiciones de un llamado mercado perfecto –información plena, que no haya costos de transacción, que no existan externalidades, etcétera- para ver luego cómo los mercados, en la práctica, se desvían de ese modelo del libro de texto. Luego, entonces, llamamos a estas desviaciones “fracasos del mercado”. Esto sucede a pesar del hecho de que es tan imposible tener un mercado perfecto como lo es tener un carro perfecto. 

Intuitivamente, a pesar de no ser ingenieros, Ustedes probablemente sabrían cuál el mejor método para evaluar carros –toman un par de carros y miran las diferentes características y evalúan cuál es el mejor para un propósito particular. Cuando los economistas enseñan acerca del fracaso del mercado, ellos, en vez de eso, sugieren políticas que los gobiernos, en teoría, podrían usar para hacer perfecto a un mercado imperfecto, sin tomar en cuenta si es posible, en la práctica, mejorar el bienestar económico con la adopción de tales políticas. 

La obsesión con el enfoque del fracaso del mercado para el análisis de políticas es relativamente nueva y probablemente se le puede adscribir a Pigou.  El ejemplo obvio, que proviene de Pigou, es la idea de un impuesto óptimo para lidiar con la contaminación. Si mi fábrica contamina su tierra, dice el argumento, el problema se puede resolver con un impuesto óptimo a mis actividades. El problema es que no sabemos cómo sería tal impuesto.  Las preferencias de las personas sobre diferentes bienes económicos son reveladas tan sólo por los precios que pagan en las transacciones en el mercado. 

El gobierno sólo podría tener la información para resolver cuál es el impuesto óptimo si tuviera toda esa información acerca de los costos y los beneficios de todos los usos potenciales de los recursos económicos. Si tuviera esa información, entonces, planificar centralizadamente la economía podría funcionar con mayor generalidad. Y sin embargo nosotros sabemos que la planificación central es una catástrofe. La idea parece ser que tenemos un gobierno perfectible que no sólo siempre actúa en favor de los intereses de los participantes en los mercados, sino que también tiene la información para corregir las imperfecciones en los mercados.  Estoy seguro de que esta es la única racionalidad que puede usarse para justificar la aceptación automática de la intervención gubernamental para resolver los llamados fracasos del mercado. 

 

Entes Reguladores 

Este enfoque para enseñar la economía es luego aplicado a la política práctica. Muchos entes reguladores en Inglaterra han adoptado el enfoque del fracaso del mercado para la regulación. Esto significa que el desarrollo de la regulación puede involucrar un proceso por el cual el ente regulador identifica los fracasos del mercado y luego desarrolla instrumentos enfocados a “corregirlos”. Es interesante esta afirmación de la Autoridad de Servicios Financieros (FSA; equivalente a la SUGEF o a la SUGEVAL de Costa Rica). 

La FSA dijo: 

“Para lograr nuestros objetivos de una manera consistente con los principios de una buena regulación, hemos adoptado un enfoque regulatorio basado en corregir los fracasos del mercado… Sin embargo, hay numerosos casos en donde los mercados no regulados no lograrán el mejor resultado debido a alguna forma de fracaso del mercado, haciendo que sea necesaria la acción de parte nuestra.” (FSA, 2003; el énfasis es del autor del ensayo). 

Esta es una afirmación fuerte, porque todos los mercados se queden cortos del modelo de mercado perfecto, de manera que eso sugiere que no haya límite alguno sobre la intervención reguladora. La última frase, que la intervención del gobierno es necesaria, particularmente nos dice mucho. 

 

Ideas Provenientes de la Economía de la Elección Pública (Public Choice) 

La economía de la elección pública tiene algunos mensajes incómodos para el modelo del fracaso del mercado. 

La premisa más importante de la economía de la elección pública es muy directa: no debemos suponer que la gente se comporte de una forma en la arena política y de otra diferente en la arena económica. 

En la arena económica reconocemos que, por lo general, los agentes actúan en función de sus mejores intereses propios y que ellos tienen un conocimiento imperfecto. En la esfera política los agentes también tienen esas características. Esto no significa que se diga que todos los agentes en la esfera política actuarán tan sólo en función de sus mejores intereses propios: el altruismo es posible en ambas arenas, la política y la económica. Sin embargo, es prudente adoptar una hipótesis que funcione acerca de la prosecución del interés propio al juzgar los actos de los votantes, los burócratas y los políticos.           

Hay un número de implicaciones que surgen de combinar el supuesto del participante interesado en lo propio en el proceso político con nuestro entendimiento de los diversos aspectos administrativos del proceso regulatorio. Estas son las siguientes: 

• Los burócratas no pueden “corregir” el fracaso del mercado, aún cuando así lo deseen, porque carecen de información para conocer el resultado del mercado que se habría dado si no hubiera existido el llamado “fracaso”.  

• Los burócratas actuarán en función de sus mejores intereses propios, tomando cursos de acción que los conducirán hacia su promoción y avance.  Es posible que quieran evitar el escándalo, lo cual los hace adversos al riesgo, de manera que pueden regular para reducir los riesgos a un grado mayor que el que los consumidores desean. También desearán incrementar el tamaño de su menú de regulaciones.           

            • Los electores, en general, no tienen interés en estar perfectamente informados acerca de temas políticos, porque es minúscula la probabilidad de que el voto de un individuo impacte el resultado de una elección. 

            • Por ello, hay numerosas asimetrías entre los entes reguladores y aquellos a quienes en última instancia deben dar cuentas: los electores. Así, los electores están en desventaja relativa al evaluar los méritos de las regulaciones que se proponen. 

            • Cuando los beneficios de la acción gubernamental se concentran en un grupo particular de votantes o instituciones o empresas, tales grupos tienen un incentivo para hacer cabildeo (lobby) que incremente la protección regulatoria. Cuando el costo de esa regulación se dispersa entre los votantes, los perdedores no tienen incentivos para cabildear oponiéndose a que aumente tal regulación, porque el costo esperado del cabildeo para el votante individual será muy grande, en comparación con el beneficio esperado. 

• Los políticos, si otras cosas se mantienen constantes, responderán a las preferencias del “votante mediano” en vez de actuar para crear instituciones regulatorias que puedan enfrentar problemas genuinos de fracaso del mercado. 

Las características arriba expuestas tienden a sesgar las instituciones políticas a favor de un nivel mayor de regulación que aquel que conduciría a soluciones que maximicen el bienestar.  También sesgarán las instituciones políticas a favor de formas de intervención que favorecen a los grupos de interés en los que se concentran los beneficios.  De manera que, si es que del todo queremos usar el concepto de “fracaso del mercado”, que yo creo que no deberíamos usarlo, deberíamos tener cuidado de balancearlo con la idea de “fracaso del gobierno”. La economía de la elección pública sugiere que, en la práctica, no es posible perfeccionar el llamado mercado imperfecto.  Pero deberíamos ir mucho más allá y yo sugiero que del todo abandonemos esta idea del fracaso del mercado. Podemos llegar a esta conclusión si entendemos mejor qué es el proceso de la competencia.

 

Ideas Provenientes de los Modelos Austriacos de Competencia 

El modelo de los libros de texto sobre competencia perfecta es uno en el cual hay un conocimiento perfecto y en donde productos idénticos se venden a un precio igual al costo marginal. Esto conduce, cuando se les combina con otros supuestos, a que sean explotadas todas las oportunidades de maximizar el bienestar.  Pero debería ser obvio que no puede existir un mercado perfectamente competitivo. Su prevaleciera la competencia perfecta, no habría innovaciones ni diferenciación de productos. Si los consumidores o los productores descubren un nuevo conocimiento, o tendrían que compartirlo inmediatamente con otros en el mercado o terminaría el estado de competencia perfecta.  Sin embargo, en los mercados de la vida real continuamente ocurren innovaciones y nuevo conocimiento. En efecto, una economía en donde no fuera éste el caso, sería considerada como estancada. 

De manera que a la competencia se le debe considerar como el proceso por el cual los consumidores y los productores buscan nuevo conocimiento para permitir la producción de nuevos bienes o de los bienes existentes pero a un precio menor, por lo tanto expandiendo el bienestar.  Si existiera el modelo teórico ideal de una competencia perfecta, el proceso de la competencia se acabaría. 

De forma que, yo diría, si vamos a tener intervenciones regulatorias, mejor servirían los intereses del mercado si se removieran inhibiciones para el proceso de la competencia, en vez de tratar de recrear el resultado hipotético que resulta de la llamada competencia perfecta.  

También hay un segundo problema que surge con este modelo de fracaso del mercado. La ausencia de competencia perfecta significa que hay algunas oportunidades no descubiertas que permitan aumentar el bienestar del consumidor. Pero, ¿cuáles son esas?  No lo podemos saber porque requerimos que el proceso de competencia las descubra. Un regulador no puede saber cuáles son las oportunidades no descubiertas que aumenten el bienestar en un mercado imperfecto. Por ello, tal como lo puso Hayek, “si están ausentes los requisitos fácticos para la ‘competencia perfecta’ no es posible hacer que las firmas actúen ‘como si’ tal cosa existiera.” 

 

Alternativas al Fracaso del Mercado 

De manera que, si no debemos usar el enfoque del fracaso del mercado, ¿qué deberíamos hacer? Un enfoque es evaluar cuál de los enfoques alternativos acerca de la organización económica es el más efectivo –tanto en teoría (bajo ciertos supuestos) como en la práctica.  Eso es lo que hacemos cuando comparamos carros de carrera. Hay también otros enfoques.  Yo empecé con el ejemplo de que mi fábrica podría estar contaminando su tierra. ¿Cómo deberíamos de tratar esto? Pigou sugirió el impuesto óptimo.  Una alternativa es pensar cómo el mercado podría hacerse más completo mediante la definición apropiada de los derechos de propiedad, de manera que Usted podría pagarme por no contaminar (si el derecho de contaminar es legalmente mío) o yo le puedo pagar por el derecho a contaminar (si el derecho a no ser contaminado es legalmente suyo).  Esta es una solución mucho mejor que el llamado impuesto óptimo.  Puede conducir a una solución que refleje las preferencias de la gente en vez de aquéllas del burócrata, quien es disciplinado a través de un mecanismo muy imperfecto por sus amos políticos, cual es que estén sujetos a elecciones cada cinco años.  De manera que, en vez de tener gobiernos corrigiendo mercados fracasados, los gobiernos podrían enfocarse en tratar de remover restricciones institucionales a que los mercados sean más completos.  

Pero tal vez nos adentramos en áreas más complejas, tales como el control de las emisiones de CO2, en donde lo que yo haga en Londres podría afectar a alguien en (digamos) Pakistán.  Los costos de transacción pueden ser muy grandes como para poder desarrollar una situación que involucra hacer un mercado más completo.  Pero, sin embargo, la economía de la elección pública, las ideas austriacas sobre la competencia y los discernimientos provenientes de Coase nos brindan un mejor marco de pensamiento.  No deberíamos estarnos preguntando ‘¿cuál es el impuesto óptimo?’ sino hacernos una serie de preguntas más sutiles, tales como que ‘dado lo que sabemos acerca de las imperfecciones del gobierno, ¿puede la no intervención ser mejor que intervenir?’, ‘si intervenimos, ¿cómo minimizamos la posibilidad de la captura burocrática?’, ‘¿cómo nos aseguramos que los derechos para producir CO2 sean poseídos por la gente que más los valora?’.  Estos son el tipo de preguntas que yo pienso que los economistas clásicos habrían querido formular. Aquellos quienes siguen el método del fracaso del mercado para analizar cómo corregir los errores de los mercados imperfectos, terminan formulando una pregunta conceptualmente simple que no tiene respuesta práctica.

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1.- Esta breve charla fue dada en una conferencia para Maestros del Instituto para Asuntos Económicos (Institute for Economic Affairs-IEA) en junio del 2008. Como tal está diseñada para la discusión y no está rigurosamente referenciada. 

2.- Director Editorial y de Programas del Instituto para Asuntos Económicos 

3.- Este ejemplo no es original –creo que por primera vez fue sugerido por David Friedman. 

Traducción al español de Jorge Corrales Quesada

 

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Obama's So-Called Stimulus: Good For Government, Bad For the Economy


Daniel J. Mitchell explica cómo George Bush estuvo "estimulando" la economía con grandes aumentos del gasto público. Si no funcionó el "estímulo" keynesiano de George Bush, ¿ por qué entonces se espera que funcione el "estímulo" keynesiano de Barack Obama?.  El video original de YouTube se encuentra en http://www.youtube.com/watch?v=2mKE16Exh9k

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Puesto al día: 11 de diciembre del 2007