De
mi parte les envío a los amigos lectores (y amigas, pero estoy seguro que
entienden bien mi “idioma”) y a sus familiares, el deseo de que esta Navidad
haya sido abundante en satisfacciones y plena de amor y de cariño, así como
que el año 2009 sea mejor, pero mucho mejor, que este año que, por suerte, ya
está por concluir. Hemos laborado duro, todos nosotros, para aumentar nuestro
bienestar y el de nuestras familias. Las circunstancias actuales tan sólo deben
llenarnos de ánimo para que, con nuestro trabajo, frugalidad e inventiva y
sobre todo, con un optimismo racional, podamos superar cualquier dificultad
material que pueda presentársenos, pues espiritualmente estamos muy listos para
ello. Reciban mi afecto y aprecio.
Este
boletín incluye nuestra sección ya conocida “Pensamientos de Liberales”,
que en esta ocasión incorpora algunas ideas extraídas de un reciente libro del
que es coautor nuestro conocido amigo Dan Mitchell, a quien lo tuvimos como
expositor en una de nuestras actividades del año pasado. También
aparece “Columna Libre”, escrita por nuestro colaborador don Carlos Federico
Smith, quien continúa con sus reflexiones sobre el importante tema del “El
Ciclo Austriaco de la Economía”. En esta ocasión analiza algunas objeciones
que se le han formulado a éste, así como las respuestas correspondientes.
También
incluye una traducción mía de un artículo del destacado economista liberal
Jagdish Bhagwati, el cual, si bien en algunas partes puede parecer algo
técnico, es en mi opinión una de las mejores piezas que recientemente se ha
escrito en defensa de aquella idea básica del pensamiento liberal, cual es la
libertad de comercio, ante diferentes ataques recientemente experimentados.
Forma
parte de esa edición un artículo de Xavier Salá i Martín, quien ha visitado
Costa Rica pero no hemos tenido el gusto de compartir con él en una actividad
de ANFE (¡estamos trabajando en ello!).Critica
lo que denomina neo-proteccionismo, nueva versión de quienes siempre ha
pretendido restringir la libertad de las personas para intercambiar libremente
bienes y servicios.
Del
distinguido escritor Gabriel García Márquez transcribimos una colaboración
que nos envió un amigo de ANFE, en donde enfatiza la importancia de la mesura
ante los rumores y lo dañinos que pueden ser por no meditarse acerca de sus
contenidos.Este artículo deberá
contribuir con todos nosotros para que mantengamos una actitud positiva y muy
clara en “estos tiempos de cólera.”
De
nuestro colaborador, don Luis Loría, en esta oportunidad incorporamos dos
artículos suyos, uno titulado “Teología Económica” y el otro, “Pesadilla
Cambiaria.” Continúa así con sus análisis sobre la “triste” conducción
monetaria y cambiaria que el Banco Central ha proseguido durante los últimos
tiempos.
Del
Dr. Juan Muñoz, compañero de Junta Directiva, incluimos su artículo “Capitalizar
los Bancos”, que interesa por su vigencia y por la trascendencia en el
comportamiento de nuestra economía. También de nuestro director, el Dr. Oscar
Alvarez, les transcribimos su interesante artículo recién aparecido en el
periódico La Nación, cuyo título “Ideas sobre Libertad” es un “pan muy
nuestro”. Incluimos de nuestro Premio a la Libertad, el Dr. Jaime Gutiérrez
Góngora, el ensayo “Los Mejores y Más Brillantes” en el cual expresa su
inquietud acerca del futuro de nuestros jóvenes a causa de una ceguera
política que no brinda las oportunidades requeridas para que puedan progresar
en libertad.
Este
año 2009 será crucial en la lucha por la libertad, para ello estamos empezando
a conformar diversas actividades que esperamos sean posibles de llevarlas a cabo
y sobre la cuales les informaremos oportunamente. Para ello requeriremos de su
apoyo y del de todos nosotros.Un
paso importante es aumentar la membresía y consolidar financieramente a nuestra
institución.Ojalá puedan invitar
a amigos para que formen parte de ANFE (¡Si nosotros no comemos chiquitos, tal
como lo hemos comprobado en estos 50 años de vida!).Si pueden ayudarnos, favor llamar a los teléfonos 2253-4460,
2224-7350 u 8376-1947, o por el fax 2253-4497 o a la dirección electrónica anfe@anfe.or.cr
o por el sitio www.anfe.or.cr.Asimismo, se puede hacer a nuestra dirección postal,
Apartado 3577-1000, San José, Costa Rica.
Jorge
Corrales QuesadaPresidente de ANFE
PENSAMIENTOS
DE LIBERALES
“Un
temor persigue a los grandes gobiernos de todo el mundo –el miedo a la
competencia tributaria.Al avanzar
la globalización, los individuos y las empresas están logrando mayor libertad
para trabajar e invertir en los países que tengan menores impuestos.Esa libertad está erosionando el poder monopólico de los gobiernos y
forzándolos a reformar sus sistemas impositivos y a restringir sus apetitos
fiscales.
Muchos gobiernos han respondido a la globalización con reducciones de
impuestos diseñadas para mejorar la competitividad e impulsar el crecimiento.Las tasas de los impuestos a la renta individual se han hundido en
décadas recientes y más de dos docenas de países han reemplazado sus
complejos impuestos al ingreso con sencillos impuestos bajos y uniformes.Al mismo tiempo, casi la totalidad de países han recortado sus tasas de
impuestos a las empresas, reconociendo que las inversiones empresariales y las
ganancias se han convertido en la economía de hoy en algo sumamente móvil.
Estas
son las buenas noticias. Las malas son que algunos gobiernos y organizaciones
internacionales están tratando de restringir la competencia tributaria.Se está desarrollando una batalla entre aquellos formuladores de
políticas que desean maximizar los tributos y aquellos que entienden que la
competencia tributaria está conduciendo a reformas tributarias beneficiosas.Si los planes para frenar la competencia tributaria tienen éxito, se
minará el crecimiento, los gobiernos ser harán más grandes y se restringirá
la libertad económica.” Chris
Edwards and Dan Mitchell, Global Tax
Revolution: The Rise of Tax Competition and the Battle to Defend It
(Washington D. C.: Cato Institute, 2008), p. 1.
“Quienes
pagan impuestos también tienen opciones. Si las políticas tributarias de un
gobierno son opresivas, los ciudadanos se pueden sublevar, ya sea en las urnas
electorales o en las calles.También
pueden sublevarse evitando los impuestos en sus decisiones laborales, de
inversión y de migración, que se han vuelto mucho más fáciles de tomar en la
economía globalizada…
La
competencia tributaria es, por encima de todo, acerca de la posibilidad de
escoger y eso la convierte en algo similar a la competencia en los mercados de
bienes y servicios. En el mercado la gente compara los costos y los beneficios
de los productos cuando deciden comprar.La
elección del consumidor estimula a que los negocios produzcan eficientemente y
a responder a las necesidades reales de los individuos. En cierto grado, la
competencia tributaria hace lo mismo para los gobiernos.Al limitar la habilidad de los políticos para recaudar impuestos, los
estimula a poner en marcha mejores políticas tributarias y a ser más frugales
con los dineros de los contribuyentes.” Chris Edwards and Dan Mitchell, Global
Tax Revolution: The Rise of Tax Competition and the Battle to Defend It
(Washington D. C.: Cato Institute, 2008), p. 133.
“La
leyes de privacidad en los paraísos tributarios protegen los activos de gente
que necesita de protección ante la persecución gubernamental basada en
factores raciales, políticos u otros. Las jurisdicciones con fuerte protección
a las finanzas privadas son también refugios seguros para los ahorros de las
personas que viven en naciones plagadas de crimen, corrupción y mala
administración.Es más, en la era digital, cuando los gobiernos recolectan y
comparten vastas cantidades de información personal de sus ciudadanos, la
protección a la privacidad financiera es un activo importante y único para
preservarla y protegerla.
Hay también un elemento de ‘moralidad económica’ en el debate
acerca de la competencia tributaria.La
competencia tributaria estimula el crecimiento, lo cual crea mejores condiciones
de vida y más oportunidades.Los
investigadores han encontrado que el crecimiento económico brinda sustento a la
democracia, a una mejor gobernabilidad y a sociedades más tolerantes y felices…”
Chris Edwards and Dan Mitchell, Global
Tax Revolution: The Rise of Tax Competition and the Battle to Defend It
(Washington D. C.: Cato Institute, 2008), p. 177.
COLUMNA LIBRE
OBJECIONES
AL CICLO AUSTRIACO DE LA ECONOMIA
Carlos Federico Smith
Quiero
comentar acerca de algunas objeciones formuladas a la visión austriaca del
ciclo de los negocios, pues es conveniente, como buenos liberales, atender las
observaciones que de buena fe se plantean en torno a una apreciación que se
pueda tener sobre una realidad infinitamente compleja.Así es como avanza la teoría; así es como evoluciona la ciencia y para
ello es primordial hacerlo en el marco de la libertad de pensamiento. En éste,
al igual que en la Columna Libre del mes anterior, algunas partes complejas para
el lector no familiarizado con temas económico-financieros se incorporan entre
corchetes o paréntesis cuadrados.Su
omisión de lectura no demerita el propósito de este ensayo.
Resumo
lo que se denomina como el ciclo austriaco de los negocios, a sabiendas de que
la explicación austriaca es mucho más profunda de lo que expreso (incluso de
lo expuesto en mi Columna Libre anterior).Al expandir el crédito el Banco Central se produce una reducción de la
tasa de interés de mercado, lo cual estimula un crecimiento de la inversión.Sin embargo, a esta nueva tasa de interés surge una divergencia entre
una mayor inversión deseada en la economía y el ahorro que en esa economía se
decide formar. Ese incremento en la inversión inducido por la menor tasa de
interés no es sostenible dado que el ahorro de la economía no ha variado; esto
significa que el crecimiento del ciclo económico terminará por experimentar
una caída, pues, al invertir más los empresarios como resultado de la baja
artificial en la tasa de interés, demandarán más recursos productivos de los
disponibles en la economía, provocando un incremento de los precios de los
bienes y servicios.
Para
los economistas austriacos este aumento de la cantidad de dinero en
circulación, medio que el Banco Central usa para expandir el crédito, ocasiona
un incremento en los precios absolutos y también variaciones en los precios
relativos, locual tiene un efecto
sobre la estructura de la producción.
Para
entender lo que sucede luego, recuérdese el énfasis que los austriacos hacen
sobre una estructura de la producción caracterizada por una gama de bienes
producidos a una relativamente mayor o menor distancia (en el tiempo) de
aquellos bienes de consumo.Por
ejemplo, la producción de bienes de capital o de materias primas o los
proyectos de diseño y la construcción de equipos están muy lejos de los
bienes finales de consumo.Al
contrario, actividades económicas como el comercio minorista o mayorista y el
transporte final, se hayan muy cerca de la actividad terminal de consumo. Tener
presente el concepto de estructura de la producción es importante para
responder a objeciones formuladas a la apreciación austriaca sobre el ciclo
económico.
Al
expandir el crédito el Banco Central, ocasiona una caída en la tasa de
interés de mercado, pero la tasa natural de interés –la que define la
formación de ahorros de las personas- no ha variado y, por tanto, significa que
no decidirán ahorrar más para financiar la expansión de la inversión
mencionada.
Al
bajar la tasa de interés de mercado hay un estímulo para llevar a cabo
proyectos que anteriormente, a la tasa previa de interés de mercado, no eran
rentables. Ahora sí resultan serlo. Pero, entre más distante sea la
producción de otros bienes de la de bienes de consumo, mayor será el estímulo
para invertir en los primeros, pues lo importante es el rendimiento de la
inversión a través del tiempo y la tasa de interés de mercado, que permite
comparar costos presentes con la inversión inicial, ahora se ha reducido
artificialmente por la acción del Banco Central. Esta medida favorece
relativamente más a los proyectos intensivos en capital y que estén más
alejados en el tiempo de la producción de bienes destinados al consumo final.
El
problema está en que hay una discordancia entre la nueva estructura de la
producción, ahora estimulada por la menor tasa de interés de mercado, y la
preferencia hacia el consumo (ahorro) de las personas, la cual no ha variado por
la decisión del Banco Central. Esta inconsistencia termina en una crisis.
La
expansión monetaria del Banco Central provoca un aumento en la demanda de
bienes de capital y con ella se incrementa la demanda de factores productivos
usados en su producción, específicamente del factor trabajo, por lo que sus
salarios en el sector productor de bienes de capital aumentarán en comparación
con aquellos pagados en el sector de bienes de consumo. Habrá una emigración
de trabajadores de este último sector hacia el primero. Pero, al bajar la
oferta de trabajadores en el sector de bienes de consumo, aumentan sus salarios
y, por ende, en el costo de los bienes, lo cual provoca que el consumo de esos
bienes se reduzca y, por lo tanto, que aumente el ahorro.
Por
su parte, los mayores salarios en el sector de bienes de capital provocan que
aumente la demanda de bienes finales y, por tanto, de los precios.
Al
elevarse los precios de los bienes finales, se busca aumentar su producción lo
que requiere mayor demanda de trabajadores, que sólo puede provenir de quienes
laboran en el sector de bienes de capital. Ante estas demandas en conflicto por
el factor trabajo, los inversionistas, estimulados por la decisión del Banco
Central de expandir el crédito, no podrán continuar con las inversiones que se
habían propuesto llevar a cabo. El alza del ciclo se hace insostenible y se
presenta una caída de la actividad económica, hasta que haya una
reestructuración de la producción que sea compatible con las preferencias de
consumo (y ahorro) de la economía.
En
un artículo publicado en la revista Slate, el 12 de marzo de 1998, Paul Krugman
se refiere a la teoría austriaca del ciclo económico como “la teoría de la
goma o la resaca” (hangover, en inglés), al señalar que es “la idea de que
las caídas son el precio que pagamos por las alzas, que el sufrimiento que una
economía experimenta durante una recesión es el castigo debido por los excesos
de la expansión previa.” En opinión de Krugman, “las recesiones no son
consecuencias necesarias de las alzas”, y que las primeras deberían ser
combatidas mediante una “liberalidad en vez de una austeridad”, pues el
liquidacionismo (dejar que las empresas ineficientes se liquiden a fin de
liberar los recursos productivos que se usarían en nuevas empresas) tuvo que
ver mucho con que la Gran Depresión durara mayor tiempo del necesario.
No
hay duda de que Krugman -usual en él- intenta denigrar el planteamiento que
sobre los ciclos han formulado los economistas austriacos, pues el que un alza
en el ciclo sea proseguida por una caída suele formar parte de diversas
teorías sobre el ciclo, como es el caso tanto de la neoclásica como de la
monetarista.
[Así
por ejemplo, refiriéndose a Friedman, escribe Briand Doherty, “el dinero
nuevo en la economía le da a los empresarios la impresión equivocada de que
hay una demanda mayor de su producto concreto, conduciéndolos a incrementar su
producción y emplear más gente. Este es el empuje inicial que hace de la
inflación una droga irresistible para los políticos.Pero, después de un rato, la gente se da cuenta de que no existía un
incremento real de la demanda de su producto en relación con todos los otros
productos; la aparente demanda extra era realmente el resultado de más dinero
en las manos de la gente.” (Brian
Doherty, The Life and Times of Milton Friedman: Remembering the 20th Century’s
Most Influential Libertarian, Reasonline,
marzo del 2007, en www.reason.com/news/show/118494.html).]
[“La
comparación de las viejas teorías austriacas con las nuevas clásicas se
facilita mejor permitiendo que la Teoría del Equilibrio del Ciclo de los
Negocios (TECN) se refiera a aquéllas en las cuales (a) los individuos hacen el
mejor uso de la información que tengan disponible y (b) una deficiencia de
información temporalmente disfraza las intervenciones de la autoridad
monetaria. Tal como expuso Robert Lucas (1981), Robert Barro (1981) y otros, la
TECN así desarrollada explica los ciclos económicos en términos de las
acciones de los participantes en el mercado, confrontados con lo que se ha
llegado a conocer como un problema de extracción de las señales.Las dificultades para interpretar las señales de precios durante una
expansión monetaria también yacen en la raíz de la Teoría Austriaca del
Ciclo de los Negocios (TACN), tal como la introdujo Ludwig von Mises (1953) y
desarrollada por Friedrich Hayek (1967)… Si los modelos TECN fueran tomados al
pie de la letra, las diferencias substantivas entre estos modelos y la teoría
austriaca serían fáciles de identificar.En sus formulaciones básicas (por ejemplo, Barro, 1981, p. p. 80-83 y
Hayek, 1967, p. p. 69-100), la respuesta inicial de los participantes en el
mercado toman la forma de un aumento en los servicios laborales en respuesta a
precios de la producción nominalmente elevados (en el modelo TECN); y de una
restructuración de un capital inherentemente insostenible, en respuesta a una
tasa de interés artificialmente reducida (en el TACN). La respuesta subsecuente
toma la forma de una reversión al nivel inicial de los servicios laborales (en
el modelo TECN) y de una liquidación, que toma tiempo, del capital
mal-invertido (en el TACN). Si estas diferencias fueran las que esencialmente
separaran al TECN del TACN, entonces las dos teorías podrían verse
correctamente como variaciones sobre un mismo tema.” (Roger
W. Garrison, Review of Austrian Economics,
Vol. No. 1, 1991, p. p. 93 y 94).]
Dice
una de las objeciones de Krugman a la concepción austriaca del ciclo de los
negocios: “He aquí el problema: en un asunto de simple aritmética, el gasto
total de la economía es necesariamente igual al ingreso total (cada venta es
también una compra y viceversa).De manera que, si la gente decide gastar menos en bienes de
inversión, ¿no significa eso que deben estar decidiendo gastar más en bienes
de consumo –implicando eso que una caída en la inversión debe siempre ser
acompañada por un alza correspondiente en el consumo? Y si así lo fuera,
¿debería darse un aumento en el desempleo?” (Krugman, Op. Cit.).
Hay
un error en esta apreciación de Krugman, pues no hay razón para pensar que,
ante una caída en la inversión, se vaya a dar un aumento en la producción de
bienes de consumo.Lo que sí
sucede es que el gasto en los bienes de consumo bien puede haber aumentado, pero
no su producción. Se presenta un aumento en los precios de los bienes de
consumo, pero no en la producción de ellos.También hay otra posibilidad que Krugman no considera y es que la caída
en la inversión puede no haber provocado un traslado hacia el gasto en bienes
de consumo, si esa caída es acompañada por una contracción de la cantidad de
dinero (del crédito) por parte del Banco Central, el cual decide revertir la
reducción previa de la tasa de interés. Con esta reversión desaparece el
estímulo para invertir inicialmente provocado sin que tenga alguna incidencia
de un traslado hacia el consumo.
Krugman
señala a los austriacos y dice que “nadie ha podido explicar por qué las
malas inversiones del pasado requieren que haya desocupación de los buenos
trabajadores de la actualidad”. (Krugman,
Op. Cit.). Esto lo explican
los austriacos con base en su premisa de la complementaridad en el uso de los
bienes de capital. Tal como se explicó en el boletín anterior, “esencialmente
el capital es heterogéneo; es decir, no es fácilmente sustituible sino que
más bien presenta características de complementariedad en su utilización.Esta especificidad en la naturaleza del capital no permite que haya una
fácil transferencia de una actividad de negocios hacia otra.” Esto es, la
decisión del Banco Central de reducir las tasas de interés de mercado provocó
que se invirtiera una cantidad significativa de recursos que se encuentran
amarrados en proyectos intensivos en capital y con una larga duración para que
maduren.
Al
darse una caída en el ciclo, los “buenos trabajadores” quedan sin
ocupación porque no hay suficiente capital con el cual trabajar, dado que éste
se dirigió inicialmente -y de manera artificial por la baja de la tasa de
interés que hizo el Banco Central- hacia la producción de bienes más alejados
del consumo, tal como explicáramos anteriormente. Pero ante la caída éstas
inversiones a largo plazo no pueden completarse, dada la insuficiencia de ahorro
generado en la economía para satisfacer sus requerimientos de capital.Lo que Krugman omite es que, cualquier proceso de reajuste en la
estructura productiva toma tiempo y durante éste la demanda de mano de obra es
baja, lo cual se refleja en desempleo.No
sólo es difícil suponer que en la economía se tiene una flexibilidad
instantánea total a la baja en los salarios, de manera que pueda absorber la
misma oferta de trabajo, sino que también hay que tomar en cuenta que no existe
una movilidad de mano de obra casi infinita, tal que permita realizar el ajuste
sin haya un desempleo temporal. El reajuste en la estructura de la producción
toma tiempo y durante éste, lamentablemente, se presenta la desocupación.
Una
crítica a la teoría austriaca del ciclo de negocios esta vez no proviene de
Krugman, sino de Gordon Tullock y de Bryan Kaplan (verGordon Tullock, Why the Austrians are Wrong About Depressions, The
Review of Austrian Economics, Vol. 2, No. 1, 1987) y Bryan Kaplan, Why
I Am Not An Austrian Economist, www.gmu.edu/departments/economics/bcaplan/whyaust.htm).
Kaplan
dice expone “la objeción {a la interpretación austriaca del ciclo de los
negocios}: Dado que las tasas de interés son artificial e inusualmente bajas
{por la política expansionista del Banco Central}, ¿por qué el empresario
basaría sus cálculos de rentabilidad en el supuesto de que las tasas de
interés prevalecerían indefinidamente? No, lo que sucedería es que los
empresarios se darían cuenta de que las tasas de interés sólo son
temporalmente bajas, y tomarían esto en
cuenta.” (Bryan Kaplan, Op. Cit.; los textos entre llaves son míos; el
texto en cursiva es del autor).
[Por
su parte. Tullock señala que “Uno pensaría que los hombres de negocios
pueden ser inducidos al error en las dos primeras rondas del ciclo de Rothbard y
no anticipar que la tasa de interés luego aumentará.Parece poco factible que continúen siendo incapaces de figurarse esto.Normalmente, Rothbard y los otros austriacos exponen que los empresarios
son bien informados y hacen juicios correctos. Como mínimo uno asumiría que un
empresario bien informado sobre asuntos importantes que tengan que ver con los
negocios leerían a Mises y a Rothbard y, por tanto, anticiparían la acción
del gobierno.” (Gordon
Tullock, Op. Cit., p. 73)].
En
resumen, ambos críticos de la teoría austriaca del ciclo de los negocios
arguyen que los empresarios son lo suficientemente listos como para no ser
engañados por la política crediticia expansiva y engañosa del Banco Central,
de bajar las tasas de interés del mercado cuando no es el resultado del libre
mercado. “Si esta crítica fuera cierta, la teoría austriaca del ciclo de los
negocios está equivocada en cuanto a su conclusión de qué es lo que causa el
ciclo de alza y luego de baja.” (Bryan J. Stanley, Why Don’t Entrepreneurs Outsmart the Business Cycle?Ludwig von Mises Institute, Artículo Diario del 28 de agosto del 2007).
Estas
críticas se ven plausibles a simple vista, pero lo cierto es que los
empresarios son individuos que se ven afectados por esas distorsiones en las
señales que perciben el mercado, pues se les dificulta distinguir cuando, por
ejemplo, hay una variación real en los precios relativos y cuando se trata de
un simple incremento inflacionario de la generalidad de los precios. Tal como
dice Stanley, “el meollo del asunto es que la intervención del Banco Central
causa confusión y aumenta el riesgo en las tomas de decisiones en comparación
con lo que sería en un medio ambiente de libre mercado. Tal como dice la
teoría Austriaca del Ciclo de los Negocios, ocasiona que los empresarios
cometan racimos de errores.” (Stanley, Ibídem).
Garrison
explica diversas razones por las cuales estos argumentos en contra de la teoría
austriaca de los negocios no son plausibles.En primer lugar, señala que para algunos empresarios (no todos) podría
haber una buena oportunidad de negocios si se realiza la inversión ante la baja
inducida de la tasa de interés, aún cuando supieran que, en cierto momento,
terminaría por provocar grandes pérdidas generalizadas al revertirse la
expansión del ciclo. “Puede ser rentable mal-asignar los recursos productivos
en respuesta a un precio distorsionado, siempre y cuando los recursos sean
vendidos antes de la caída del ciclo. Discutir que la expectativa de dicha
caída eventual prevendría la materialización del alza es análogo a discutir
que una expectativa similar con respecto a una cadena {en inglés, chain letter;
algo similar sería con el llamado esquema de Ponzi, tan de moda actualmente)
evitaría que se iniciara dicha cadena. (Roger W. Garrison, Hayekian Trade Cycle
Theory: A Reappraisal, Cato Journal,
Vol. 6, No. 2, Otoño de 1986, p. 446. El texto entre llaves es mío).
En
segundo lugar, señala Garrison, aún si todos los participantes en el mercado
conocieran el ciclo de alza seguido de una crisis, no tienen forma de corregir
exactamente las distorsiones monetarias inducidas por el Banco Central.
Siguiendo conceptos desarrolados por Hayek (Friedrich A. Hayek, “The Use of
Knowledge in Society, Individualism and
Economic Order, Chicago: The University of Chicago Press, 1945, p. p.
77-91), el empresario que participa en un mercado no posee un conocimiento de la
realidad tal que le permita separar lo real de lo nominal; lo que él observa
son los precios nominales y su manipulación, en este caso por el Banco Central
con la tasa de interés, le induce al error. Uno puede esperar que el empresario
tenga conocimiento de circunstancias particulares en un momento y lugar
concretos, pero no de un conocimiento de cómo es que funciona un sistema
económico; esto es, un conocimiento de la estructura de producción de la
economía. Por ello, son inducidosa
comportarse como si conocieran la estructura de la economía en función de los
precios que observan en el mercado, pero no es de esperar que, con el
conocimiento efectivo que tengan de la estructura de la economía, estén en
capacidad de corregir aquellas distorsiones de los precios inducidas por las
políticas monetarias.
Tal
vez para entender con mayor claridad este punto, convenga referirse a un buen
ejemplo que presenta Garrison, basado en Hayek.Para éste, “debemos mirar al sistema de precios como un mecanismo para
comunicar la información si es que queremos entender su función real… El
hecho más importante acerca de este sistema es la economía de conocimiento con
el cual opera o de qué tan poco necesitan los participantes individuales para
poder tomar la decisión correcta. En forma abreviada, por un tipo de símbolo,
tan sólo se pasa la información más esencial y tan sólo a aquellos a quienes
les interesa.” (Friedrich A. Hayek, “The Use of Knowledge in
Society,” en Chiaki Nishiyama y Kurt Luebe, editores, The Essence of Hayek, Stanford: The Hoover Institution, 1984, p.
219).
Garrison
agrega, “Aquí la analogía entre un sistema de precios y una red de
comunicaciones puede ser llevada más allá: Saber que una señal está siendo
interferida no es lo mismo que saber cómo es una señal sin interferencia.
Durante una expansión monetaria, por ejemplo, el precio del mineral de hiero
puede aumentar en un 8 por ciento. Este aumento del 8 por ciento puede consistir
de un incremento del 2 por ciento en el precio real del mineral de hierro
(debido a cambios coincidentes en los factores reales subyacentes) además de un
incremento del 6 por ciento inducido por la emisión monetaria. O bien puede
resultar de alguna otra combinación de cambios reales y de cambios inducidos
por la expansión monetaria cuyas sumas algebraicas sea de un 8 por ciento.
Posiblemente el supuesto más plausible que los participantes en el mercado
pueden hacer es que no ha habido cambios en los factores reales subyacentes
desde que se inició la expansión monetaria. Una actividad económica que se
base en este supuesto es análoga a hacer una ‘estimación’ con base en la
más reciente señal no interferida. Después de un período prolongado de
manipulación monetaria, la economía bien podría encontrarse a sí misma
considerablemente fuera de curso. Los reajustes que sobrevendrían se
conformarían ampliamente –si no es que hasta en los pequeños detalles- con
aquellos que Hayek originalmente previó {que las señales de precios
falsificadas por la manipulación monetaria creaban las bases para la
descoordinación económica}.” (Roger W. Garrison, Hayekian Trade Cycle
Theory: A Reappraisal, Op. Cit., p. p.
446- 447. El texto entre llaves es mío).
Como
tercer contra-argumento, Garrison indica que, ante una medida tal como la tomada
por el Banco Central de reducir arbitrariamente la tasa de interés, cada uno de
los participantes en el mercado tiene una visión distinta acerca de cuál es la
parte real y cual la monetaria de la variación en el precio observado. Esto
hace que la conducta de los individuos con base en esas distintas percepciones
se traduzca en una descoordinación de la actividad económica. (Roger W
Garrison, Ibídem, p. 447).
Espero
que estos comentarios ayuden en la comprensión de la visión de los economistas
austriacos acerca del ciclo económico.
NO
LLORES POR EL LIBRE COMERCIO
Jadish
Bhagwati*
Vaya a los principales periódicos
de los Estados Unidos de estos días y leerá acerca del “desánimo” y hasta
de la “pérdida de fe” de los economistas en el libre comercio.
Posteriormente recibe los incesantes pronunciamientos proteccionistas de los
nuevos Demócratas en el Congreso (esto es, aquellos quienes tuvieron éxito en
las últimas elecciones) y las ambigüedades calculadas acerca del libre
comercio de los viejos Demócratas cuando aspiran a la Presidencia (tal como
Hillary Clinton –quien infamemente clamó por una “pausa” en la
ratificación de acuerdos comerciales).Cuando
son desafiados por los proponentes del libre comercio, estos políticos ahora
típicamente les dicen: “Ah, pero es que ya los economistas no conforman un
consenso acerca del libre comercio,” citando esas mismas historias que leen en
los periódicos.
Por ello, Usted podría pensar que
los días del libre comercio en los Estados Unidos han quedado atrás. De hecho,
el clamor en contra del libre comercio es tan intenso que pronto podremos
sintonizar a la PBS {el sistema estatal de televisión y radiodifusión de los
Estados Unidos} y encontrarnos con el Réquiem por el Libre Comercio compuesto y
ejecutado por Sir Paul McCartney.Sin
embargo, toda esta moda me recuerda a una caricatura en que aparecen dos
santones perezosamente sentados en las arenas del desierto, junto con sus
camellos, y uno está leyendo el emocionante periódico del Cairo Al-Ahram y le dice al otro: “Aquí dice que de nuevo estamos
excitados.”
La verdad de las cosas es que entre
los economistas el libre comercio está vivo y goza debuena salud; los argumentos analíticos en su favor,
desarrollados con gran sofisticación en la teoría de la postguerra sobre
política comercial, habiendo sido difícilmente tocados por cualesquiera
argumentos originales de unos pocos economistas, incluyendo a Alan Blinder en el
debate de hoy en día, nos han resguardado en su contra.
La Ultima Celebración del Vuelo de los Economistas en
que se Alejan del Libre Comercio
Si uno observa la marejada más
reciente de historias periodísticas acerca del libre comercio, es asombroso ver
qué tan a menudo han sido escritas, en años recientes, en tonos funerarios y
con un desprecio de la realidad histórica por la forma en que tales historias
se han escrito recurrentemente durante los últimos veinte años en los
principales periódicos y revistas.La
últimas historias son de reputados periodistas, tales como Lou Uchitelle del New
York Times [1] y por el equipo de Bob Davis y David Wessel en el Wall
Street Journal. [2]Ellos ha
menudo destacan a economistas “disidentes” tales como William Baumol (con su
coautor, el ampliamente renombrado matemático Ralph Gomory) y a Alan Blinder,
quien hoy está frente a nosotros.
Si bien su entusiasmo en imaginar
la salud enfermiza, y hasta la desaparición, del libre comercio traiciona su
ignorancia de análisis anteriores que a nada llegaron, es igualmente destacable
que estos periodistas son contradichos por otros cuyos análisis de la fortaleza
del libre comercio entre los economistas son más exactos. Así, aún en el
momento en que Davis y Wessel estaban escribiendo su historia sobre “repensando”
el libre comercio en el Wall Street
Journal, un periódico conservador {liberal en nuestra terminología}, y
proclamando que “De muchas maneras, el debate acerca del libre comercio se
está moviendo en… la dirección [de los escépticos y de los oponentes]”,
yo llamé la atención de Davis en una entrevista telefónica sobre la columna
del brillante y agudo Eric Alterman en The
Nation, la revista hoy en día más influyente de la izquierda, en la cual
correctamente se quejaba de la aprobación continua del libre comercio por parte
de los economistas: “Esta columna no va a resolver la disputa acerca de si los
Estados Unidos necesitan una política comercial más fuerte. Resulta que yo
pienso que así debería de ser, pero no espero poder convencer a, digamos, Paul
Krugman o a Jagdish Bhagwati, de que yo estoy en lo correcto y de que ellos
están equivocados. Mi pregunta es: ¿Por qué en el discurso político la
opinión de la mayoría [política] del país no logra nada sino menosprecio?”
[3]
A fin de obtener una perspectiva de
las historias actuales de los medios acerca de la desaparición, una vez más,
del consenso de los economistas sobre el comercio internacional, permítanme
regresar a documentar los diferentes episodios de años recientes en que se
escucharon falsas notas de alarma sobre el libre comercio, similar en moda a
aquellos de la abigarrada tripulación que acabo de citar, como son los últimos
escritos periodísticos todos de una vena similar. Evaluaré y descartaré los
argumentos “heréticos” que se han avanzado en contra del libre comercio en
cada episodio; en efecto, yo fui puesto por los medios en el papel de defensor
del libre comercio en todos estos episodios.
Episodio 1. El Ascenso del Japón: Krugman y Tyson
Al momento, el disentimiento más
destacado sobre el libre comercio, el equivalente a una tormenta de Categoría
5, provino del estudiante del Instituto Tecnológico de Massachusetts {MIT},
Paul Krugman, hoy día una de los personajes ciertamente profundos en la teoría
del comercio internacional. Krugman extendió la teoría de la competencia
imperfecta a la teoría del comercio y empezó a argüir que “El Libre
Comercio Después de Todo era Algo Pasado de Moda”, a finales de los ochentas,
cerca de hace dos décadas. El efecto en los medios y en los oponentes al libre
comercio fue electrizante, principalmente por el surgimiento del Japón y porque
los alegatos de que era proteccionista, en tanto que los Estados Unidos eran
librecambistas, habían alimentado el frenesí que pedía a un reputado
economista como ícono de los proteccionistas.
Robert Kuttner, a la fecha editor
de The American Prospect y por mucho
tiempo un escéptico del libre comercio, celebró la aparente herejía de
Krugman. Karen Pennar escribió en Businessweek
en 1989, bajo el titulo “El Evangelio del Libre Comercio está Perdiendo sus
Apóstoles”, que “El Libro Comercio es bueno para Usted… Ahora más y más
economistas ya no están tan seguros.” Además de Krugman, Laura Tyson
(también una de mis más distinguidas estudiantes del MIT) fue citada en apoyo
de “usar políticas comerciales para promover y proteger industrias y
tecnologías que creemos son importantes para nuestro bienestar”, una
posición que fue rechazada por el economista de Stanford, Michael Boskin, con
sus famosas y políticamente costosas palabras: no hay diferencia entre las
papas tostadas y los chips de semiconductores.
Simplemente tome dos de los
principales argumentos, empezando con la propuesta de Tyson de usar la política
comercial como un instrumento de la política industrial. Tyson alegó que las
industrias que tuvieran externalidades deberían de ser protegidas. Tal como una
vez dijo el Premio Nobel, Robert Solow, Demócrata como pocos: “se que hay
muchas industrias en las que hay cuatro dólares de valor de producto social por
cada dólar de valor de producto privado: mi problema es que no se cuáles son.”
Además, Michael Schrage de The Los
Angeles Times decidió mirar de hecho cómo es que se hacían las papas
tostadas y los chips de semiconductores y, en tanto que los proponentes de la
política industrial obviamente pensaron que los chips de semiconductores eran
fabricados con una tecnología sofisticada, la realidad resultó ser muy
diferente. Las papas Pringles, disponibles en el mini-bar de los hoteles de
lujo, eran fabricadas por Frito-Lay, subsidiaria de la Compañía Pepsicola, en
fábricas virtualmente automatizadas, mientras que los semiconductores
involucraban ajustes de tableros de forma impensada por obreros con pocas
habilidades, pero con mucha paciencia y habilidad para sobrevivir el
aburrimiento. Es más, en su momento hice notar en un comentario en The
New Republic acerca del influyente libro de Laura Tyson, Who’s
Bashing Whom?, la preocupación exagerada acerca de qué es lo que uno
produce para definir su destino económico, en una obsesión cuasi-Marxista que
bordea la estupidez. Usted puede producir papas tostadas, exportarlas e importar
computadoras, las que puede usar para hacer cosas creativas. Igualmente, Usted
puede producir semiconductores, exportarlos e importar papas tostadas, que
podrá masticar mientras mira la televisión, echado en un sofá y convertido en
un ocioso. Lo que Usted “consume”, en un sentido muy amplio, es posible que
sea más importante para Usted y para el bienestar de nuestra sociedad, que lo
que Usted produce.
Sin embargo, el modelo teórico de
Krugman de competencia imperfecta entre las empresas que producen productos
diferenciados y el modelaje de industrias oligopólicas (por contemporáneos de
Krugman, tales como Gene Grossman de Princeton, mi igualmente destacado alumno
del MIT, quien apenas venía detrás de Krugman) ciertamente dio lugar en un
nivel más profundo a problemas para el libre comercio. Para entender esto,
considere que los dos últimos siglos desde que Adam Smith escribió acerca de
las virtudes del libre comercio, en efecto habían sido testigos de un
disentimiento repetido por parte de economistas de primera línea, tales como
Keynes en la época de la Gran Depresión. En esencia, el argumento a favor del
libre comercio es una extensión del argumento a favor de la Mano Invisible: que
si los precios del mercado no reflejan los costos sociales, entonces la Mano
Invisible, que usa los precios del mercado para guiar la asignación, señalará
en la dirección equivocada. Durante la Depresión, evidentemente los salarios
del mercado (que eran positivos) excedían al costo social (que era cero debido
al desempleo extensivo). Así fue como Keynes se convirtió en un
proteccionista. Similarmente, si quienes contaminan pueden hacerlo sin tener que
pagar por ello, estaríamos sobre-produciendo en la industria de la
contaminación, porque su costo privado estaría por debajo de su costo social
(el cual debería de incluir el costo que se impone debido a la contaminación).
De nuevo, el caso en favor del libre comercio se vería comprometido. Cada
generación parece haber descubierto algún fracaso del mercado, apropiado en
ese momento, el cual, entonces, minaría el caso en favor del libre comercio.
Pero, al escribir en 1963 en el Journal
of Political Economy, formulé un punto muy sencillo que resultó ser
revolucionario como argumento en favor del libre comercio: Señalé que, si el
fracaso específico del mercado era eliminado mediante una política adecuada,
entonces, se restauraría el caso en favor del libre comercio. De manera que, si
se introdujera un principio de que “quien contamina, paga” (o de permisos
negociables que igualmente cobrarían a aquellos quienes quisieran contaminar),
entonces, estaríamos en capacidad de explotar plenamente las ganancias del
intercambio mediante la adopción del libre comercio.El caso en favor del libre comercio había sido restaurado después de
dos siglos de dudas recurrentes.
Pero había una trampa importante.
Si el fracaso del mercado se daba en los “mercados” domésticos, tales como
los mercados de trabajo, en los cuales podría haber imperfecciones como
diferenciales entre salarios urbanos y rurales o salarios inflexibles a la baja,
que conducía a que existieran salarios que excedían el “verdadero” costo
del trabajo, entonces, mi argumento era el correcto: y la vasta mayoría de
tales imperfecciones de hecho se daban en losmercados domésticos.Pero
si estas imperfecciones surgían en los mercados internacionales, entonces,
arreglar estos fracasos involucraría la utilización de tarifas y así el libre
comercio no podría ser restaurado como la política apropiada. De manera que, si un país o sus productores, tenían algún
poder en los mercados internacionales para elevar los precios a los cuales
pudieran vender, al ofrecer en venta una cantidad menor, lo harían mejor
mediante lo que los economistas llaman “una tarifa óptima”, un argumento
que se remonta a la época de Adam Smith. Precisamente Paul
Krugman estaba lidiando con tales imperfecciones.
Pero eventualmente Krugman y otros economistas del comercio regresaron
al libre comercio por medio de varios escritos, dejando en el aire a Kuttner y a
otros. Esencialmente eso fue logrado con argumentos de “economía política”,
los que, si bien eran menos consistentes, sin embargo, eran convincentes. Un
conjunto de economistas, entre ellos Avinash Dixit de Princeton, regresó al
rebaño, diciendo que “no había carnita”; esto es, que las imperfecciones
en el mercado de bienes no eran, basado en investigaciones empíricas, lo
suficientemente sustanciosas como para justificar un alejamiento del libre
comercio. Otro conjunto de economistas, Krugman entre ellos, aprobó el
argumento de que la protección empeoraría las cosas, y que no las mejoraría.
Mi radical maestra de Cambridge, Joan Robinson, solía decir que la Mano
Invisible funcionaba mediante el estrangulamiento; la menos drástica
demostración Krugmaniana, de que era débil cuando había imperfecciones en el
mercado de bienes, en cambio ahora se la combinaba con el punto de vista de que
la Mano Visible debería de mutilarse.Sin
embargo, otros pensaron que, una vez que permitíamos la existencia de
represalias debido a las tarifas, era muy poco posible que aquellos quienes
iniciaron el proteccionismo pudieran sobrevivir a tales represalias, como razón
para que se abriera una botella de champaña en celebración.
Los proteccionistas, quienes habían celebrado a Krugman como su ícono,
se desilusionaron y hasta se enojaron: Por ejemplo, Kuttner escribiría
críticas fieras sobre Krugman durante años. Pero la verdad de las cosas es
que, aún en los momentos en que estos economistas regresaron al rebaño del
libre comercio, Japón cesó de ser una amenaza y la histeria acerca del Japón,
espesa como una densa neblina, se calmó. El libre comercio, como nuestra
opción de política por elección, regresó de nuevo a estar en el negocio.
Episodio
2. El ascenso de India y China: Paul Samuelson
Pero luego el ascenso de India y China conduciría a otra tormenta
Categoría 5.Esta vez provino del
Premio Nobel Paul Samuelson, mi maestro en el MIT. Al escribir en el Journal
of Economic Perspectives del verano del 2004, arguyó, combinando
matemáticas no asequibles a periodistas con un lenguaje colorido, que los
creyentes en la globalización estaban ignorando la realidad de que el ascenso
de India y China significaría que el bienestar de los Estados Unidos podría
sufrir un golpe. [4]
Aunque Samuelson tuvo el cuidado de decir que eso no significaba que los
Estados Unidos deberían de responder con el proteccionismo, los proteccionistas
pensaron que tenían otro ícono del proteccionismo, esta vez el,
discutiblemente, economista más grande del Siglo XX junto con Keynes ¡y por
muchos años un proponente del libre comercio en su grey! Kuttner regresó a su
negocio y hubo numerosas historias en las revistas y los periódicos que se
comparaban con aquellas de cuando Krugman arribó a la escena, casi veinte años
antes: como ejemplos,“Shaking Up
Trade Theory” de Aaron Bernstein en Business
Week, “An Elder Challenges Outsourcing’s Orthodoxy,” de Steve Lohr en
el New York Times, entre muchos otros.
Samuelson tuvo el cuidado de enfatizar, tal como lo reportó Steven Lohr en su
entrevista para el artículo, que su análisis “no significaba que fuera una
justificación para que se tomaran medidas proteccionistas”. Pero eso se
perdió en medio de las inferencias injustificadas en contra del libre comercio
por parte de los proteccionistas.
Ahora bien, los economistas por mucho tiempo han apreciado que
desarrollos externos (“exógenos”) podrían afectar a una economía. En
efecto, mi maestro de Cambridge, Harry Johnson, escribió precisamente sobre
este tema en los años cincuentas, cuando el dólar era escaso y los europeos
optaron por el punto de vista pesimista de que el crecimiento de los Estados
Unidos les iría a perjudicar (tal como muchos creen que es el caso de los
Estados Unidos cuando India y China crecen) y señaló que, más bien, Europa se
beneficiaría con ello.Para ver
esto como una analogía, imagine Usted cómo el clima puede afectar su
bienestar. Si un huracán golpea a
la Florida, eso duele.Pero si un
buen monzón arribaa la India, eso
ayuda.
Así las cosas, tan sólo un economista sin sofisticación (y Samuelson
está en lo correcto en que hay algunos, si bien no necesariamente son los que
él cita) descartaría la posibilidad lógica de que un ascenso de China e India
pudiera dañar a los Estados Unidos. Esa parte no es noticia. Pero lo que se
convirtió en noticia en la imaginación popular, alimentada en mucho por los
medios y por los proteccionistas, fue que, si de hecho transpiraba tal
posibilidad pesimista, la respuesta apropiada sería el proteccionismo.Para ver esto de nuevo con toda simpleza, suponga que un huracán
efectivamente daña a la Florida. Si el Gobernador Jeb Bush responde a ello
cerrando el comercio con el resto de los Estados Unidos, sino es que con todo el
mundo, tan sólo estaría aumentando la angustia de Florida. Y Samuelson, cuyo
récord académico es impecable y quien no es una criatura de pasiones o un
politiquero, evidentemente no estaría cometiendo este error elemental.
Al filtrarse esta verdad, tal como muchos economistas lo notaron y
Samuelson mismo lo hizo notar de cuando en cuando, los proteccionistas perdieron
a su nuevo ícono. Es más, crecientemente economistas que exploraron este
asunto mostraron que la posibilidad pesimista de que el ascenso de la India y
China, en donde “se parecieran más a nosotros”, pudiera reducir las
ganancias derivadas del comercio para los Estados Unidos, a través de una
depresión de los precios de las exportaciones de los Estados Unidos, no era un
resultado posible.Al ir logrando
los países dotaciones similares, podrían obtener enormes ganancias por medio
del intercambio de productos similares (o una variedad), tal como lo demostraron
empíricamente para el período de la postguerra, cuando Europa y Japón se
levantaron de las cenizas, otro estudiante mío, Robert Feenstra (quien es hoy
el más importante profesional en economía aplicada y encabeza el programa de
política comercial del National Bureau of Economic Research {NBER}) en su
discurso de aceptación del Premio Bernhard Harms, así como también mi
brillante colega de Columbia, David Weinstein. Es más, la fuente política
inmediata de preocupación, el temor creado por el outsourcing hacia India de
unos pocos centros de llamadas telefónicas y de trabajos de respaldo de
oficinas (el cual, me temo, Alan Blinder se lo ha creído) también se esfumó,
al hacerse evidente que no compaginaba con los hechos la noción de que todo el
intercambio en línea era de una sola vía.
Episodio
3. India y China y el temor sobre el Outsourcing: Alan Blinder
Pero el tema del outsourcing sucede que revivió hace un par de años
cuando el distinguido macro-economista, Alan Blinder, hoy aquí presente y quien
fuera profundamente influido por el libro éxito de venta de Thomas Friedman
sobre la globalización –el cual parecía transmitir la afirmación creíble
de notables empresarios del campo de la info-tecnología y de científicos de
Bangalore, tales como Nandan Nilekani, de que podían hacer todo lo que los
Americanos estaban haciendo, en la conclusión aterradora de que, por lo tanto,
los indios harían todo lo que los Americanos estaban haciendo- escribió un
ensayo en Foreign Affairs, en el cual
creyó en el argumento de que el outsourcing de servicios en línea
crecientemente exportaría los trabajos de los americanos hacia esos países y
ello pondría en peligro a los Estados Unidos y a sus clases medias y de
trabajadores. De manera tal que ahora él se convirtió en un nuevo ícono para
los proteccionistas ¡aún cuando Blinder siempre dijo que él era todavía un
librecambista pero…! David y Wessel del Wall
Street Journal construyeron su historia en contra del libre comercio
alrededor de él; se presentó en el Sistema de Radio Estatal y aúnen el programa simbólico de la TV de Charlie Rose.
Pero Blinder omitió el hecho de que el outsourcing en línea (esto es,
sin que el proveedor y el usuario tengan que estar en una proximidad física,
tal como sucede con los cortes de cabello), es el Modo 1 de suplir servicios en
el Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios {GATS en idioma inglés} del
acuerdo de la Ronda de Uruguay de 1995, modo en el cual los Estados Unidos y
otros países ricos estaban más ansiosos: ellos percibieron que serían los
mayores ganadores, tal como sin duda lo son. Por todos aquellos servicios de
centros de llamadas y de otros servicios que requieren pocas habilidades y que
ahora son importados desde la India, hay muchos otros servicios de altas
habilidades y de alto valor de profesionales de países ricos, en las áreas de
la arquitectura, derecho, medicina, contabilidad y otras profesiones.
Pero ahora Blinder ha variado de rumbo para argüir que, al hacerse los
servicios intercambiables en línea, se elevaría pari passu el número de
trabajos que sería “vulnerable”. Y hace una lista por arriba de cuarenta
millones de trabajos que se verían afectados. Y concluye que, en respuesta,
necesitábamos aumentar la asistencia económica para el ajuste requerido y para
mejorar la educación. Aquí hay mucho que puede disputarse. Por ejemplo, si
Usted quiere hablar acerca de flujos comerciales, hablar tan sólo acerca del
Modo 1 (transmisión de servicios en línea) es algo incompleto. Los economistas
del comercio saben que ese es tan sólo uno de los modos posibles en que se
pueden suplir servicios: por ejemplo, una transmisión de servicios sin la
proximidad física de los oferentes y los usuarios de los servicios. Un ejemplo
es transmitir digitalmente rayos-X desde Indiana para ser leídos en India. Pero
después los doctores pueden ir a donde están a los pacientes y los pacientes
adonde están los doctores.El
acuerdo del GATS reconoce cuatro tipos distintos de “transacciones” de
Servicios.
Sucede que los diferentes Modos fueron destacados en un par de
artículos en The World Economy a
mediados de los años ochentas por mí y por Richard Snape y asombrosamente se
labraron su camino en el lapso de una década como parte del acuerdo GATS: un
triunfo notable para nosotros los economistas. [5] Yo describí la diferencia
básica que había entre las transacciones de servicios que requerían una
proximidad física y aquellos que no, en tanto que Sampson y Snape
brillantemente dividieron la categoría anterior entre aquellos en donde el
proveedor llegaba al usuario y al revés.
Blinder, quien no parece haber conocido todo esto cuando escribió su
celebrado artículo en Foreign Affairs,
tal como yo tampoco conozco acerca de los enredos relevantes de la
macroeconomía en la cual él mantiene una ventaja comparativa, ha estado, por
lo tanto, equivocado al pensar tan sólo en el Modo 1.En efecto, el flujo posible surge hoy en muchas más formas
de las que él habla. Eso también es cierto debido a la inversión extranjera
directa.Por ejemplo, cuando el
Senador Kerry habló acerca del outsourcing, confusamente dio también a
entender el fenómeno por el cual el Presidente de una Compañía (CEO) cerraba
una fábrica en Nantucket y la abría en Nairobi o bien cuando el mismo CEO
simplemente invertía en Nairobi, en vez de hacerlo en Nantucket.
Pero la esencia, desde el punto de vista de la política comercial, es
que, desde que tengo memoria, difícilmente algún economista serio o algún
formulador de políticas ha objetado la provisión de asistencia para el ajuste
(o para mejorar la educación). El primer programa de Asistencia para el Ajuste
se remonta a 1962 durante las negociaciones de la Ronda Kennedy: Kennedy y
George Meany de la AFL-CIO lo firmaron. Virtualmente cada legislación comercial, desde ese entonces,
ha tratado de mejorarlo. Y muchos economistas del comercio, incluyéndome yo a
finales de los sesentas, y otros tales como Lael Brainard, Robert Lawrence y
Robert Littan, recientemente en Brookings, han escrito acerca del tema de forma
extensa y continua. Blinder, quien empezó a hablar en poesía, ha terminado,
por tanto, hablando en prosa. Nosotros los librecambistas no tenemos problemas
con él en cuanto esté en la misma escalera, aún cuando venga detrás de
nosotros. Si él va a permanecer como el nuevo ícono para quienes se oponen al
libre comercio, será porque están muy desesperados.
Así es que estos tres globos con periodistas a bordo, agitando banderas
en contra del libre comercio, han perdido su helio. El libre comercio ha
continuado manteniendo su credibilidad entre los economistas. Por supuesto que
ha habido otros, menos influyentes, asaltos en contra del libre comercio -entre
ellos debo contar a aquél de Baumol y Gomory (2000), que sin embargo ha logrado
cierto grado de exposición, especialmente por el influyente columnista del ala
izquierda William Greider en The Nation
(30 de abril del 2007) e irónicamente también del economista del enfoque de
oferta Paul Craig Roberts, en su asalto en contra del outsourcing en el Wall
Street Journal. [6]
Simplemente puedo afirmar que estos
autores formulan un punto importante pero familiar, pero les digo ahora que con
poca relevancia sobre política. Es aquel viejo que aprendí de R.C.O. Matthews,
mi tutor en Cambridge en 1954-56, quien había escrito un artículo clásico
sobre rendimientos crecientes, junto con otros como el Premio Nobel James Meade
y, poco después, por Harry Johnson, en donde mostraba que rendimientos
suficientemente crecientes implicarían que hubiese un equilibrio múltiple y
que esto, a su vez, implicaba (entre otras cosas) que pudiese existir un mejor
equilibrio de libre comercio, que aquél en el cual nos encontrábamos.Matthews y Meade, y muchos otros tales como Murray Kemp, habían
formulado esta observación usando la herramienta analítica de que los
rendimientos crecientes eran externos a la firma, pero internos a la industria,
una herramienta que permitía que se mantuviera la competencia perfecta.En la época en que Paul Krugman estaba escribiendo su disertación en
los setentas, los economistas habían aprendido cómo manejar la competencia
imperfecta, y así fue como Krugman logró brillantemente mostrar el equilibrio
múltiple en este marco diferente y más realista. Los
economistas del comercio habían conocido estos argumentos por casi más de
medio siglo y los habían enseñado en los textos estándares, tales como el
mío (junto con Panagariya y Srinivasan).Por
tanto, enmudeció el ruido analítico surgido del libro de Baumol-Gomory del
2000.
Pero, aún al trasladarse a recetas
sobre política, todo lo que podía significar era que la política industrial,
afianzada al estilo de Tyson por una política comercial debidamente diseñada,
podía llevarnos lentamente hacia un “mejor” equilibrio. Pero ninguno de los
autores logró eso, que yo sepa. De manera que, parafraseando a Robert Solow
acerca de las externalidades, uno puede decir: sí, si las economías de escala
son importantes, podríamos tener equilibrios múltiples y podríamos usar las
políticas comercial e industrial para escoger un “mejor” equilibrio; pero,
ay, ¿quién podría plausiblemente computar este mejor equilibrio? Es
más, es difícil imaginar hoy día, con los mercados internacionales tan
amplios debido a la muerte de la distancia y a la extensa liberalización
comercial de la postguerra, que queden algunas industrias o productos en las que
las economías de escala que no se desvanezcan hacia proporciones modestas.
Baumol y Gomory, en efecto un par brillante, por lo tanto, no tienen ninguna
prominencia en cuanto a políticas, desde mi punto de vista. [7]
Pero un asalto en proceso y que ha
tenido un impacto entre los nuevos demócratas, es aquél de economistas
asociados con la AFL-CIO (tales como Thea Lee) y con el centro de pensamiento
influenciado por el movimiento laboral el Economic Policy Institute (tal como
Lawrence Mishel). Desde su punto de vista, la presión sobre los salarios de los
obreros no calificados y progresivamente también sobre la clase media, debe
retrotraerse al comercio con los países pobres.Nada de esto parece encarar bien los estudios empíricos
acerca del tema. En una reciente opinión en la página editorial del Financial Times, titulada “La tecnología, no la globalización,
es lo que está reduciendo los salarios,” yo expuse acerca del número amplio
de estudios empíricos (incluyendo de Paul Krugman) que habían mostrado que el
comercio con los países pobres tenía un impacto insignificante sobre los
salarios reales absolutos de nuestros trabajadores (en contraste con los
salarios relativos de los calificados y los no calificados). [8] [Ni tampoco
tuvieron alguna importancia empírica formas alternativas de ligar los salarios
deprimidos con el comercio (y aún en el caso de la inmigración ilegal no
calificada)]. El prolífico experto en comercio de la Escuela Kennedy de la
Universidad de Harvard, Robert Lawrence, en un espléndido artículo reciente y
no publicado, concurre con este punto de vista, concluyendo en que el impacto
del comercio sobre el lento crecimiento de los salarios “no se aparece” en
su análisis de los datos.
Los nuevos Demócratas, quienes,
sin embargo, continúan creyendo en este imaginario lado maligno del libre
comercio, no le están haciendo ningún bien a nadie. En efecto, usan estas
creencias erradas para detener la liberalización comercial y utilizan cada
truco de los libros para intimidar a las naciones débiles a que acepten
estándares laborales inapropiados, con la esperanza de poder elevar su costo de
producción a fin de moderar la fuerza de la competencia que tanto temen. [9]
Paul Krugman en una de sus columnas
en el New York Times dijo que su
propia investigación previa había mostrado que el comercio no deprimía los
salarios.Pero, luego, agregó: “Pero
eso puede haber cambiado” (las
cursivas son del autor de este ensayo).La
razón sugerida es que “hoy en día estamos comprando mucho más de los
países del tercer mundo que lo que lo hacíamos hace una docena de años atrás”.
Pero es muy fácil mostrar que Usted puede multiplicar tales importaciones y,
aún así, no tener efecto alguno sobre los salarios reales. Este caso
particular en contra del libre comercio permanece sin sercomprobado y no se elevará por encima del nivel de las insinuaciones,
hasta que algún estudio empírico dramático muestre lo contrario.
[1]
Louis Uchitelle. “Economist Wants Business and Social Needs to be in Sync.” New
York Times. 30 de enero del 2007.
[2]
David Wessel y Bob Davis. “Pain from Free Trade Spurs Second Thoughts.” The
Wall Street Journal. 28 de marzo del 2007.
[3] Eric Alterman. “The Free Trade Instinct.” The Nation. 12
de febrero del 2007.
[4]
Paul Samuelson, “Where Ricardo and Mill Rebut and Confirm Arguments of
Mainstream Economists Supporting Globalization”, Journal of Economic
Perspectives, Vol. 18 (3), verano del 2004. Mi
propio artículo, “The Muddles over Outsourcing”, escrito con Arvind
Panagariya y T.N.Srinivasan, apareció en la misma revista en el otoño del
2004, Vol. 18 (4), poco después del de Samuelson y fue visto por muchos en los
medios como una “respuesta” a Samuelson. No lo fue, ni siquiera nos
habíamos dado cuenta del artículo de Samuelson cuando escribimos el nuestro.
De hecho, nuestro artículo fue el primer ejercicio analítico, con un conjunto
de modelos teóricos, en que explorábamos el comercio de servicios, y también
fue el primero en que argüimos que varios críticos y comentaristas, incluyendo
economistas, estaban embarrialando diferentes nociones de los que significaba el
“outsourcing” y, por lo tanto, a su vez embarrialaban sus propios
argumentos.
[5]
Jagdish Bhagwati, “Splintering and Disembodiment of Services in Developing
Nations”, The World Economy, Vol. 7, junio de 1984; y Gary Sampson y
Richard Snape, “Identifying the Issues in Trade in Services”, The World
Economy, Vol.8, junio de 1985.
[6]
William Baumol y Ralph Gomory. Global Trade and Conflicting National
Interests, MIT Press; Cambridge, 2000.
[7]
Hay otro argumento en Baumol y Gomory que no descansa en las economías de
escala. Es simplemente que la tecnología se puede difundir en el exterior y que
eso puede crear dificultades para los Estados Unidos. Esto es similar a las
preocupaciones de que la India y China pueden llegar a ser muy similares en sus
dotaciones y, por tanto, las ganancias del comercio podrían disminuir en los
Estados Unidos. Pero yo ya he tratado este argumento al discutir sobre
Samuelson.
[8]
También ha habido disputas acerca de qué tan estancados han estado los
salarios reales, con algunos economistas tales como Marvin Kosters y Richard
Cooper quienes argumentan que, una vez que se toman en cuenta, además de
estrictamente a los salarios, los beneficios y regalías, el estancamiento se
convierte en un crecimiento lento. Pero yo evito este debate, discutiendo tan
sólo acerca de la explicación del estancamiento o del lento crecimiento,
cualesquiera sea el caso.
[9]
He tratado acerca del fenómeno del proteccionismo exportador, en forma de
demandas por estándares laborales más elevados en los países pobres, en mi
libro In Defense of Globalization,
Oxford, 2004 y particularmente en el Postscriptum de la nueva edición de agosto
del 2007. Para la discusión acerca del proteccionismo que ahora caracteriza a
los nuevos Demócratas, he tratado con ese asunto en varios otros lugares, tales
como el Financial Times y no incluyo
aquí ese conjunto de argumentos.
*El
profesor Bhagwati es Senior Fellow en Economía Internacional del Consejo de
Relaciones Internacionales. El artículo fue escrito el 15 de octubre del 2007 y
sirvió de inspiración para su ensayo publicado en la página editorial del
Financial Times del 9 de octubre del 2007, titulado “La perspectiva del libre
comercio continúa con vida”. Los paréntesis en corcheas son de este
traductor, Jorge Corrales Quesada.
CRISIS
FINANCIERA (3): NEO-INTERVENCIONISMO
Xavier Sala-i-Martin*
Parece que se ven luces al final del túnel de la crisis. Lamentablemente, se
trata de los faros de un camión que viene de cara. Un camión conducido por
Sarkozy y un grupo de políticos neo- intervencionistas, con Rodríguez Zapatero
de polizonte, que dicen querer "refundar" el capitalismo.
Dejando de lado el hecho de que el capitalismo ni lo fundan ni lo refundan los
políticos sino los millones de ciudadanos que tomamos decisiones libres
diariamente (ésa es la gran diferencia con aquellos sistemas económicos
fracasados que fueron creados desde el estado), los neo-intervencionistas operan
bajo dos premisas falsas: La primera es que la crisis financiera ha sido causada
por la falta de regulación. En el artículo Crisis (1): Qué ha pasado (LV 13
de Octubre), expliqué que las causas deben ser buscadas en la política
monetaria de bajos tipos de interés de Greenspan en el 2001, en la intromisión
del congreso norteamericano que indujo a entidades semi-públicas como Freddie
Mac y Fannie Mae a asegurar créditos a familias subprime y a una regulación
financiera , basada en la convención de Basilea, que permitía a los bancos
crear entidades paralelas, los "conduits", con balances separados
(cosa que permitió a los bancos multiplicar los créditos concedidos de manera
ilimitada) y que obligaba a los bancos a sacarse los créditos de encima cuando
el valor de sus garantías bajaba, cosa que provocó la espiral negativa de
ventas y caídas en bolsa. La crisis, pues, no fue causada por falta de
regulación. La regulación existía y existe pero, no sólo no ha evitado la
crisis sino que ha contribuido a generarla y agravarla.
La pregunta clave es: ¿por qué ha fallado la regulación existente? La
respuesta es que los políticos que escriben las reglas son incapaces de prever
por dónde vienen las crisis. Es muy fácil criticar al entrenador el lunes por
la mañana. Y es muy fácil ahora reescribir las normas de Basilea, obligar a
que las contabilidades de los bancos y los "conduits" se hagan de
manera conjunta, forzar a que la valoración de capital no se haga a valor de
mercado para no obligar a vender cuando la cotización baja. El problema es que
todo eso será demasiado tarde para solucionar la crisis del presente... y no
resolverá las del futuro. Porque las próximas crisis ni van estar causadas por
familias subprime, ni van a tener que ver con "conduits" o
"credit default swaps". ¿Por dónde van a venir? Pues no lo sé.
Nadie lo sabe. ¡Ése es el problema!
La segunda premisa es que los neo-intervencionistas piensan que se puede evaluar
la bondad de un sistema económico analizando sólo las crisis e ignorando sus
aspectos positivos. El sistema económico que se quiere reformar ha dado lugar
el crecimiento económico mundial más espectacular de la historia. Desde
Estados Unidos hasta China, pasando por India, América Latina e incluso
África, ese progreso económico sin precedentes ha permitido reducir las tasas
de pobreza como nunca antes había sucedido en toda la historia de la humanidad.
Si no se tiene en cuenta la parte positiva, corremos el riesgo de que los
neo-intervencionistas "refunden" el capitalismo para evitar crisis
pasadas, que no lo consigan y que, en el proceso, se carguen algunos los motores
del progreso. Y es que la razón principal que explica el fuerte crecimiento de
los últimos años es la innovación llevada a cabo por miles de pequeños
emprendedores cuyas ideas debían parecer locuras antes de hacerse realidad:
desde Microsoft hasta Intel, pasando por Google, Starbucks, docenas de empresas
de telefonía móvil o Youtube, las ideas de todos esos emprendedores debían
parecer tan "excéntricas" que ningún banco tradicional las hubiera
querido financiar. Gracias a Dios, además de bancos tradicionales el sistema
había creado instrumentos que permitían financiar empresas de alto riesgo, y
eso posibilitó el progreso tecnológico.
Un micro-cosmos que refleja las ventajas e inconvenientes de la regulación lo
tenemos en España, cuyo sistema financiero ha sido alabado por su rigidez
reguladora. Sí. Es cierto que el Banco de España impidió a los bancos comprar
activos tóxicos, cosa que evitó el contagio procedente de Estados Unidos. Pero
también es cierto que no previó que la crisis en España llegaría por otro
lado y permitió que los bancos se expusieran exageradamente al sector
inmobiliario... y ahora eso lo van a pagar. Es más, la extrema prudencia
impuesta al sistema financiero contribuyó a que la tasa de innovación en
España fuera preocupantemente baja al no poder asumir los riesgos necesarios
para financiar nuevas y arriesgadas tecnologías. Dicho de otro modo: si Sergey
Brinn y Larry Page hubieran sido españoles, Google nunca hubiera sido una
realidad porque ningún banco español hubiera financiado una idea tan
aventurada. España ha podido disfrutar de progreso tecnológico única y
exclusivamente porque ese progreso tuvo lugar en el extranjero. Si no fuera por
ello, España estaría anclada en 1970. Y, si como algunos proponen ahora, todo
el mundo tuviera el sistema financiero español, quizá hubiéramos evitado la
crisis de las subprime, pero el mundo entero estaría anclado en 1970. Y eso
hubiera sido muy malo.
La crisis financiera será pasajera, pero sus secuelas pueden ser catastróficas
y permanentes si dejamos que la batalla intelectual sea ganada por los
políticos que conducen ese camión que nos viene de cara y que aprovecharán la
ocasión para imponernos sus fobias antiliberales sin tener en cuenta los
peligros del neo-intervencionismo.
* Periódico La Vanguardia, España, 17 de noviembre del 2008
“CON
RESPECTO A LOS RUMORES Y A LA PSICOSIS” ALGO MUY GRAVE VA A SUCEDERLE A ESTE
PUEBLO
Por
Gabriel García Márquez*
Imagínese
usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos,
uno de 17 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una
expresión de preocupación.
Los
hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde: “No sé, pero he
amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este
pueblo”.
El
hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola
sencillísima, el otro jugador le dice: “Te apuesto un peso a que no la haces”.
Todos
se ríen. El se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le
preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla.
Y
él contesta: “es cierto, pero me ha quedado la preocupación de una cosa que
me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo”.
Todos
se ríen de él, y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está
con su mama, o una nieta o en fin, cualquier pariente. Feliz con su peso dice y
comenta: “Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla porque es un
tonto”.
“¿Y
porqué es un tonto?” “Porque no pudo hacer una carambola sencillísima
estorbado con la idea de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy
grave va a suceder en este pueblo”.
Y
su madre le dice: “No te burles de los presentimientos de los viejos porque a
veces salen”.
Una
pariente oye esto y va a comprar carne. Ella le dice al carnicero: “Déme un
kilo de carne”, y en el momento que la está cortando, le dice: “Mejor
córteme dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es
estar preparado”.
El
carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar un kilo de
carne, le dice: “Mejor lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo
que algo muy grave va a pasar, y se están preparando y comprando cosas”.
Entonces
la vieja responde: “Tengo varios hijos, mejor déme cuatro kilos...”
Se
lleva los cuatro kilos, y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero
en media hora agota la carne, mata a otra vaca, se vende toda y se va
esparciendo el rumor.
Llega
el momento en que todo el mundo en el pueblo, está esperando que pase algo.
Se
paralizan las actividades y de pronto a las dos de la tarde, alguien dice: “¿Se
ha dado cuenta del calor que está haciendo?”
“¡Pero
si en este pueblo siempre ha hecho calor!”
Tanto
calor que es pueblo donde los músicos tenían instrumentos remendados con brea
y tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos.
Sin
embargo -dice uno- “a esta hora nunca ha hecho tanto calor”.
“Pero
a las dos de la tarde es cuando hace más calor”.
“Sí,
pero no tanto calor como ahora”.
Al
pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la
voz: “Hay un pajarito en la plaza”. Y viene todo el mundo espantado a ver el
pajarito.
“Pero señores, siempre ha habido pajaritos que bajan”.
“Sí,
pero nunca a esta hora”.
Llega
un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están
desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo.
“Yo
sí soy muy macho” -grita uno. “Yo me voy”.
Agarra
sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la
calle central donde todo el pueblo lo ve. Hasta que todos dicen:
“Si
este se atreve, pues nosotros también nos vamos”.
Y
empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los
animales, todo.
Y
uno de los últimos que abandona el pueblo, dice: “Que no venga la desgracia a
caer sobre lo que queda de nuestra casa”, y entonces la incendia y otros
incendian también sus casas.
Huyen
en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de
ellos va la señora que tuvo el presagio; le dice a su hijo que está a su lado:
“¿Vistes mi'jo, que algo muy grave iba a suceder en este pueblo?”
Esto
se llama la profecía auto cumplida.
No
hagas caso del rumor
No
seas tú mismo un instrumento para crear el caos.
Tratemos
de construir, no de destruir.
*Remitida
a ANFE por cortesía de nuestro amigo, el Sr. Noel Bustillos.
Teología económica
Luis E. Loría
Economista
Investigador IICE-UCR
En un discurso reciente, el presidente Arias indicó que estamos al “borde del
abismo”. Es la realidad. Quienes dicen que aquí no va pasar nada están muy
equivocados.
Tampoco es cierto
que nos hayamos preparado bien para enfrentar la crisis. En un escenario pasivo
–sin medidas que transformen radicalmente las reglas del juego en la economía–
los efectos de la crisis, con raíces locales e internacionales, serán
devastadores.
La economía no
crecerá, miles de costarricenses perderán sus empleos, el consumo se
desacelerará, las exportaciones caerán, varias empresas desaparecerán y
quienes tienen deudas no estarán en capacidad de pagarlas.
Para detener el
avance de la crisis, el equipo económico del Gobierno ha propuesto desenfundar
dos pistolas de agua. La primera, la del Ministerio de Hacienda, se prepara para
disparar dos chorritos de agua: una inyección de capital a los bancos del
Estado y luchará para que se apruebe un crédito para infraestructura. La
segunda, la del Banco Central, disparará varios chorritos de gasolina que
servirán para alimentar las llamas y neutralizar los disparos de Hacienda.
“Los países no crecen, ni generan riqueza, por decreto o por una mayor
intervención del Estado”.
En adición a la disponibilidad de recursos para prestar, la reactivación del
crédito productivo requiere de tasas de interés bajas durante periodos de
tiempo largos. La manera sana para bajar las tasas de interés es frenando en
seco la inflación. Tanto las minidevaluaciones como el experimento de bandas
cambiarias fracasaron en ese objetivo. Por el contrario, sirvieron para, entre
otros males, elevar la inflación.
Una estrategia
coherente para enfrentar la crisis económica, para desilusión de muchos,
tampoco emergerá de la exhumación de la tumba de John M. Keynes. Los países
no crecen, ni generan riqueza, por decreto o por una mayor intervención del
Estado.
La peligrosa
inclinación por disparar el gasto público en momentos de crisis solamente
puede contribuir a prolongarla.
Antes de
pedir al Gobierno que ponga plata aquí o allá, deténgase un momento y hágase
la siguiente pregunta: ¿De dónde sacará la plata el Gobierno para hacer esos
gastos? La respuesta es muy simple: de su bolsillo, de su salario, de sus
ahorros, de sus pensiones y de sus utilidades.
¿Cómo
enfrentar, entonces, la crisis? Con un paquete de medidas que garanticen una
mayor libertad económica, que se traduzca un mejor ambiente para hacer
negocios, la creación de nuevas empresas y mayor innovación. Ese es el camino
que han seguido todas las economías capitalistas modernas exitosas para escapar
de la pobreza.
Se requiere un
paquete de medidas urgente que incluyan la reducción de tasas impositivas sobre
la renta , la eliminación de impuestos menores (para que individuos y empresas
cuenten con más recursos para consumo e inversión) y la dolarización de la
economía (para anclar la inflación y reducir significativamente las tasas de
interés). Si no se adoptan rápidamente esas medidas, muy pronto, será
necesario recurrir a la teología económica: aquella rama de la economía que
estudia a las economías que se lleva el diablo.
Este artículo
fue publicado en la edición 699 de El Financiero (Costa Rica) en
http://www.elfinancierocr.com/edactual/opinion1761617.html
PESADILLA
CAMBIARIA
Luis E. Loría*
El
Banco Central de Costa Rica (BCCR) es responsable de nuestra actual pesadilla
cambiaria y monetaria. La credibilidad del ente emisor se erosionó a tal nivel
que las expectativas de las personas, incluso las mejor informadas, se
encuentran fuera de control. Se equivocó en un 100% en su predicción inicial
del nivel de inflación; habló de un 8% y el año cerrará con un nivel cercano
a 16%. Los infructuosos esfuerzos por mantener vivo al fracasado experimento de
bandas cambiarias, contribuyeron a ese desastroso y empobrecedor resultado.
Aunque las autoridades del Central intentan echarle la culpa a cualquier cosa
que se mueva, no pueden evadir la responsabilidad por desacertadas decisiones
adoptadas por su Junta Directiva. Enumero algunas a continuación:
i)la decisión de mantener los límites de la banda cambiaria y no permitir
que fluctúe el tipo de cambio hacia su nivel de equilibrio de mercado (lo cual
implicó inyectar una gran cantidad de colones a la economía),
ii)la decisión de empujar las tasas de interés hacia abajo (lo cual
generó varias distorsiones crediticias, disparó el consumo y las
importaciones),
iii)la decisión de intervenir frecuentemente dentro de los límites de las
bandas (lo cual introduce distorsiones en el mercado cambiario y se presta para
la manipulación del tipo de cambio) y
iv)la decisión de mantener en secreto y no publicar información
privilegiada (lo que genera información asimétrica que permite regularmente a
jugadores mejor informados realizar ganancias importantes a costa de las
pérdidas de los menos informados).
Sueños
cambiarios rotos. Las ineficiencias en el mercado cambiario son imposibles de
eliminar. Es por esas ineficiencias que se observan fluctuaciones abruptas e
impredecibles en el mercado cambiario, las cuales no van a desaparecer aunque
todas las personas y empresas compren y vendan dólares en el MONEX, ni si se
ponen a funcionar coberturas cambiarias. Ya se demostró que el tipo de cambio,
bajo el sistema actual, es manipulado con facilidad, que no puede flotar y que
no convergerá a ningún equilibrio.Esto
bien lo sabe el BCCR y no lo discute. Por el contrario, evita referirse al tema.
Ante
esa realidad, para evitar que reine la incertidumbre y continúe indefinidamente
una transferencia de riqueza de un grupo menos informado a otro más informado,
se requiere eliminar el riesgo cambiario. Eso es posible si se elimina el colón
costarricense y se adopta una mejor moneda, como el dólar. Esa decisión
permitirá aspirar a una menor inflación, bajas tasas de interés (sostenibles
en el tiempo) y salarios, pensiones y ahorros que mantengan mejor su valor en el
tiempo (actualmente se reducen, aunque usted no lo perciba, utilizando el
impuesto inflacionario). En pocas palabras, al hacerlo, los costarricenses
pondríamos fin a la pesadilla cambiaria causada por el BCCR y despertaríamos
en una mejor posición para juntos enfrentar la crisis local e internacional.
*Investigador
del Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas de la Universidad de
Costa Rica (lloria@strategic-la.com)
CAPITALIZAR
LOS BANCOS
Juan Muñoz Giró
El Expediente N. 17236, artículo único, reforma el artículo 4 de la
Ley Orgánica del Sistema Bancario Nacional así: "Los Bancos del Estado
contarán con la garantía y la más completa cooperación del Estado y de todas
sus dependencias e instituciones. La garantía en este artículo no será
aplicable a las obligaciones o créditos subordinados que emitan o contraten los
bancos del estado" (agregado en negrita)
El proyecto de ley modifica el artículo 4 de la Ley Orgánica del
Sistema Bancario Nacional al introducir la figura de créditos subordinados y
obligaciones subordinadas. Comentar sobre este aspecto amerita dos
enfoques: el legal y el económico. En cuanto al primero la tarea puede
ser mejor llevada a cabo por profesionales del Derecho y en cuanto al segundo se
somete a consideración una única opinión. En ambos casos se está en
presencia de un procedimiento de acreditación de deudas y acreencias en el
evento de una quiebra bancaria. Y esto es muy importante: la modificación de la
ley prefigura el orden de predación de las obligaciones y acreencias de un
bando del Estado en quiebra; en otras palabras, el proyecto posibilita un
procedimiento concursal para liquidar un banco en el que el Estado no garantiza
la totalidad de las obligaciones contraídas.
La subordinación de una obligación implica que tanto el principal como
los intereses se sitúan en segundo lugar de predación tras los acreedores
comunes en caso de que la entidad tuviera problemas de pago. Es decir, un
depositante bancario cobraría antes que el inversionista tenedor de una deuda
subordinada. El último en cobrar sería el accionista y el penúltimo
sería el inversionista subordinado. Antes de ellos cobrarían los
trabajadores, los depositantes, los acreedores, el Estado y otros.
La deuda subordinada constituye un instrumento práctico para las
instituciones financieras ya que con algunas condiciones legales y
contables las obligaciones subordinadas se consideran recursos propios y,
por tanto, son importantes para el cumplimiento de la suficiencia patrimonial.
Desde el punto de vista más importante, la posibilidad de que la ley
establezca que el Estado no garantiza las deudas subordinadas lleva, por
lógica, a concluir que se permitirá a los bancos del Estado emitir deuda
subordinada. Esto implica que inversionistas privados puedan llegar a adquirir
emisiones subordinadas de deuda y participar en el patrimonio de los bancos del
Estado. Sin embargo, en este punto es necesaria la participación de los
abogados para interpretar correctamente.
En el proceso de liquidación de un banco, se consideran créditos
subordinados:
1.Los créditos que, habiendo sido admitidos tardíamente en la masa de
acreencias, sean incluidos por la administración concursal de la quiebra en la
lista de acreedores o que, no habiendo sido comunicados oportunamente, sean
incluidos en dicha lista por el juez al resolver sobre la impugnación de ésta,
salvo que se trate de créditos cuya existencia resultare de la documentación
del deudor, constaren de otro modo en el concurso o en otro procedimiento
judicial, o que para su determinación sea precisa la actuación inspectora de
la administración públicas, teniendo en todos estos casos el carácter que les
corresponda según su naturaleza.
2.Los créditos que por pacto contractual tengan el carácter de
subordinado respecto de todos los demás créditos contra el deudor.
3.Los créditos por intereses de cualquier clase, incluidos los moratorias,
salvo los correspondientes a créditos con garantía real hasta donde alcance la
respectiva garantía
4.Los créditos por multas y demás sanciones pecuniarias.
5.Los créditos que como consecuencia de rescisión concursal resulten a
favor de quien en la sentencia haya sido declarado parte de mala fe en el acto
impugnado.
En términos generales, el proyecto de ley abre el patrimonio de los
bancos del Estado a la inversión privada bajo la figura de obligaciones
subordinadas. No lo abre en el capital social. Sin embargo, es un buen avance en
materia de fortalecimiento patrimonial, incorpora elementos de riesgo y
prudencia en el manejo del activo bancario y constituiría otra opción de
inversión para el mercado financiero.
LOS
MEJORES Y MÁS BRILLANTES
Jaime Gutiérrez Góngora*
En
su libro,“Los Mejores y Más Brillantes”,
Halberstan relata cómo Kennedy escogió del mundo empresarial y académico a
“los mejores y más brillantes” para que lo acompañaran en los principales
puestos de su gobierno y hace una demolición pública de la reputación de
todos ellos. Demuestra que fueron los principales arquitectos y defensores de la
desastrosa guerra de Vietnam.
Uno de los más notables, Bundy, reconoció que Vietnam fue “una guerra que
no se debió haber librado” y que “jugué un papel importante en ese gran
fracaso”. El gran enigma es cómo una persona de sobresaliente inteligencia
como Bundy le aconsejó tan mal a dos presidentes. Robert Holbrooke, ex
embajador de E.U. en la ONU contestó esa interrogante con el título que le dio
a un ensayo para Harper’s: Los Hombres más
Brillantes No Siempre Tienen Razón.
En
Costa Rica, los más respetados intelectuales de los años 40´s, en lugar de
señalar claramente que querían orientar el país hacia un socialismo
democrático, escogieron encubrir sus designios argumentando que el “capital
costarricense es tímido y cobarde…y no se arriesga en empresas difíciles…y
le repugna especialmente el papel creativo y valeroso (para generar) nuevas
fuentes de riqueza patria”. Se necesitaba un Estado grande y “valiente”
que seria la fuente de enriquecimiento.
El
proceso fue: Centro de Estudios de Problemas Nacionales, Junta Fundadora,
Constituyente hasta concluir con el Estado empresario de CODESA que nos
empobreció a todos. El Estado Grande con que los mejores y más brillantes
costarricenses soñaron simplemente no sirvió. Fomentó la pobreza y la
corrupción.
El
proceso regulatorio y el exceso de instituciones ha causado una parálisis
virtual del país. Forjó una visión tercermundista de la economía:
proteccionista, populista, estatista, que “busca bonos”. No quiere el cambio
porque la competencia resulta riesgosa. Pero, además, la Constitución del 49
promovió la corrupción. Los controles y el exceso de instituciones, al no
facilitar la competencia, dejó el camino abierto para que otros, menos
transparentes, estuvieran dispuestos a ofrecer favores y a pagar “mordidas”.
La
Constitución del 49 es el Vietnam de las luminarias del firmamento político
costarricense. Se les olvidó que el mundo existía, que la economía de Costa
Rica era liliputiense y que, eventualmente, las grandes economías definirían
las reglas económicas que manejarían el mundo. Pensaron que el socialismo
sería eterno y no le dieron a la Constitución que inspiraron, la capacidad de
una ágil re-adaptación y facilidad de cambio en caso de que se alteraran las
reglas de la actividad económica mundial.
La
emancipación del Estado grande es el imperativo político y moral de nuestro
tiempo. Hay que reparar el daño que nos hizo la Constitución del 49. Si los
ticos quieren ser ricos, hay que tocar la Constitución y es mejor hacerlo
ahora. ¿Cómo se reforma la Constitución? Por medio de la Asamblea Legislativa
no. Desde el 49 a hoy, no ha sido posible conseguir los 38 votos para hacer las
reformas importantes que el Estado requiere para enriquecer a su pueblo.
Si
de verdad somos una democracia, hay que darle al pueblo la responsabilidad de
plasmar su propio futuro. Hay que dejar de hablarle a los ticos en “cuti”
para que, como son tan delicados, no vayan a resentirse. Las elecciones en Costa
Rica se han ganado con promesas de levantarle cargas y deberes a la gente. Ya es
hora de que un referéndum le de, por fin, la responsabilidad sobre el futuro de
su país a la gente definiendo si quieren redefinir el empobrecedor Estado
actual. Que decidan si quieren un país rico como Panamá o pobre como
Nicaragua. Y que tengan el país que se merecen en base a su libre albedrío.
Hay que darles a los jóvenes una clara señal para que decidan si quieren o no
quedarse aquí, dependiendo de las limosnas de Hugo Chávez, o buscar un futuro
mejor en el extranjero. En Panamá, por ejemplo, que queda cerca.
*Premio
de la Libertad de ANFE 2008. Una versión de este artículo aparece en La
Nación del 28 de diciembre de este año.
IDEAS
SOBRELIBERTAD
Oscar Alvarez Araya*
El
régimen que mejor anula las libertades básicas es el régimen totalitario, no
importa que se autoproclame de derecha o de izquierda. Entre los totalitarismos
más clásicos del siglo XX siempre se menciona al Nacional Socialismo Alemán y
al Socialismo Soviético.
En el régimen totalitario, el poder del estado no tiene límites y llega a
asfixiar y anular las libertades de los ciudadanos.
Limitar el poder del estado, garantizando un espacio para el ejercicio de las
libertades, es lo mismo que luchar contra el totalitarismo.
La libertad es el principio más importante de la dignidad humana. Pero no el
único. Debe balancearse con otros principios y valores de la convivencia
humana. Sin libertad no puede haber justicia y sin justicia no existe verdadera
libertad. Como escribió el filósofo alemán Immanuel Kant: “El Estado ha
cumplido sus fines cuando ha asegurado la libertad de todos”.
El ejercicio de la libertad implica responsabilidades, con uno mismo, con los
demás, tanto los que viven ahora como las futuras generaciones. La libertad es
inseparable de la responsabilidad.
Mi libertad individual no es absoluta, pues está limitada por mis acciones
pasadas, así como por la libertad que tienen los otros que viven conmigo en
sociedad. En una comunidad de seres libres e iguales en derechos y obligaciones,
mi libertad termina donde empieza la de los demás.
La libertad individual absoluta termina en la anarquía o en la dictadura o tal
vez primero en la anarquía y después en la dictadura.
Esa relación compleja entre mi libertad y la libertad de los otros se regula a
través de la ley, del estado de derecho. Pero el estado de derecho ha de ser
fiel al derecho natural y a los derechos humanos fundamentales.
Un orden que garantice y promueva la libertad de creación de riqueza es
esencial para que la comunidad pueda avanzar hacia niveles superiores de
desarrollo humano, tanto económico y social, como espiritual y cultural.
El ejercicio de la libertad debe realizarse con responsabilidad. Los derechos
implican deberes. Cada derecho humano tiene como contraparte una obligación.
Cada libertad implica, también, una responsabilidad.
La libertad debe estar balanceada por la responsabilidad social empresarial y
ecológica a través del estado de derecho. La libertad no puede entenderse como
una vía libre para contaminar, destruir el planeta y aumentar el calentamiento
global.
El
respeto a las libertades humanas básicas sólo puede lograrse en una verdadera
democracia. Como dijo un prócer
latinoamericano “El día
que nos den a escoger entre la libertad y el pan, nos quedaremos con la libertad
para seguir luchando por el pan”.
La verdadera democracia es inseparable de la libertad política que hace
posible la expresión de la voluntad de la mayoría a través de elecciones
libres y justas.
La
democracia es el gobierno representativo de la mayoría del pueblo con respeto a
los derechos y libertades fundamentales de todos, incluso, los de la minoría.
Sin
elecciones libres y justas no hay libertad, ni democracia.
Los
partidos políticos son necesarios en la práctica de la democracia y de la
libertad política. Sin partidos políticos no hay democracia.
Los
partidos políticos son los grandes actores de las elecciones libres. Quienes
pregonan la destrucción de los partidos políticos, pregonan el surgimiento de
los cesarismos autoritarios, es decir el fin de la libertad política.
Pero
los partidos políticos tienen el deber de cambiar para ser cada vez más
actualizados, fuertes, democráticos e institucionalizados. Porque como escribió
Gutenberg Martínez “La democracia necesita de un sistema de partidos que
funcione, y que funcione bien”, si es que pretendemos una sana gobernabilidad
democrática que nos permita avanzar hacia el desarrollo.
*Director de ANFE. Artículo publicado en el periódico La Nación del 20 de
diciembre del 2008.
Keynesian
Economics Is Wrong: Bigger Gov't Is Not Stimulus
Daniel
J. Mitchell explica cómo el estímulo keynesiano no funciona y cómo la Gran
Depresión fue un período de gran aumento de gasto público e impuestos. El
video original de YouTube se encuentra en http://www.youtube.com/watch?v=VoxDyC7y7PM
Envíe un correo a anfe@anfe.or.cr con preguntas o
comentarios sobre este sitio.
Puesto al día: 11 de diciembre del 2007