Asociación Nacional de Fomento Económico ANFE 

Boletín Diciembre del 2008

 

Mensaje de la Presidencia de ANFE 

Pensamientos de liberales

Columna Libre - OBJECIONES AL CICLO AUSTRIACO DE LA ECONOMIA - Carlos Federico Smith

NO LLORES POR EL LIBRE COMERCIO - Jagdish Bhagwati

CRISIS FINANCIERA (3): NEO-INTERVENCIONISMO - Xavier Sala-i-Martin

“CON RESPECTO A LOS RUMORES Y A LA PSICOSIS” ALGO MUY GRAVE VA A SUCEDERLE A ESTE PUEBLO -
Gabriel García Márquez

Teología económica - Luis E. Loría

PESADILLA CAMBIARIA - Luis E. Loría

CAPITALIZAR LOS BANCOS - Juan Muñoz Giró

LOS MEJORES Y MÁS BRILLANTES - Jaime Gutiérrez Góngora

IDEAS SOBRE LIBERTAD - Oscar Alvarez Araya

¡VIDEO! - Keynesian Economics Is Wrong: Bigger Gov't Is Not Stimulus - Daniel J. Mitchell

Novedades en el sitio web de ANFE

¡NUEVO! Columnas de ANFE del mes de diciembre del 2008

¡NUEVO! Fotografías de la Cena del 50 Aniversario de ANFE

¡NUEVO! Anteriores boletines de ANFE accesibles desde la página principal del sitio web de ANFE

MENSAJE DE LA PRESIDENCIA DE ANFE

De mi parte les envío a los amigos lectores (y amigas, pero estoy seguro que entienden bien mi “idioma”) y a sus familiares, el deseo de que esta Navidad haya sido abundante en satisfacciones y plena de amor y de cariño, así como que el año 2009 sea mejor, pero mucho mejor, que este año que, por suerte, ya está por concluir. Hemos laborado duro, todos nosotros, para aumentar nuestro bienestar y el de nuestras familias. Las circunstancias actuales tan sólo deben llenarnos de ánimo para que, con nuestro trabajo, frugalidad e inventiva y sobre todo, con un optimismo racional, podamos superar cualquier dificultad material que pueda presentársenos, pues espiritualmente estamos muy listos para ello. Reciban mi afecto y aprecio.

Este boletín incluye nuestra sección ya conocida “Pensamientos de Liberales”, que en esta ocasión incorpora algunas ideas extraídas de un reciente libro del que es coautor nuestro conocido amigo Dan Mitchell, a quien lo tuvimos como expositor en una de nuestras actividades del año pasado.  También aparece “Columna Libre”, escrita por nuestro colaborador don Carlos Federico Smith, quien continúa con sus reflexiones sobre el importante tema del “El Ciclo Austriaco de la Economía”. En esta ocasión analiza algunas objeciones que se le han formulado a éste, así como las respuestas correspondientes.  

También incluye una traducción mía de un artículo del destacado economista liberal Jagdish Bhagwati, el cual, si bien en algunas partes puede parecer algo técnico, es en mi opinión una de las mejores piezas que recientemente se ha escrito en defensa de aquella idea básica del pensamiento liberal, cual es la libertad de comercio, ante diferentes ataques recientemente experimentados.

Forma parte de esa edición un artículo de Xavier Salá i Martín, quien ha visitado Costa Rica pero no hemos tenido el gusto de compartir con él en una actividad de ANFE (¡estamos trabajando en ello!).  Critica lo que denomina neo-proteccionismo, nueva versión de quienes siempre ha pretendido restringir la libertad de las personas para intercambiar libremente bienes y servicios.

Del distinguido escritor Gabriel García Márquez transcribimos una colaboración que nos envió un amigo de ANFE, en donde enfatiza la importancia de la mesura ante los rumores y lo dañinos que pueden ser por no meditarse acerca de sus contenidos.  Este artículo deberá contribuir con todos nosotros para que mantengamos una actitud positiva y muy clara en “estos tiempos de cólera.”

De nuestro colaborador, don Luis Loría, en esta oportunidad incorporamos dos artículos suyos, uno titulado “Teología Económica” y el otro, “Pesadilla Cambiaria.” Continúa así con sus análisis sobre la “triste” conducción monetaria y cambiaria que el Banco Central ha proseguido durante los últimos tiempos.

Del Dr. Juan Muñoz, compañero de Junta Directiva, incluimos su artículo “Capitalizar los Bancos”, que interesa por su vigencia y por la trascendencia en el comportamiento de nuestra economía. También de nuestro director, el Dr. Oscar Alvarez, les transcribimos su interesante artículo recién aparecido en el periódico La Nación, cuyo título “Ideas sobre Libertad” es un “pan muy nuestro”. Incluimos de nuestro Premio a la Libertad, el Dr. Jaime Gutiérrez Góngora, el ensayo “Los Mejores y Más Brillantes” en el cual expresa su inquietud acerca del futuro de nuestros jóvenes a causa de una ceguera política que no brinda las oportunidades requeridas para que puedan progresar en libertad.

Este año 2009 será crucial en la lucha por la libertad, para ello estamos empezando a conformar diversas actividades que esperamos sean posibles de llevarlas a cabo y sobre la cuales les informaremos oportunamente. Para ello requeriremos de su apoyo y del de todos nosotros.  Un paso importante es aumentar la membresía y consolidar financieramente a nuestra institución.  Ojalá puedan invitar a amigos para que formen parte de ANFE (¡Si nosotros no comemos chiquitos, tal como lo hemos comprobado en estos 50 años de vida!).  Si pueden ayudarnos, favor llamar a los teléfonos 2253-4460, 2224-7350 u 8376-1947, o por el fax 2253-4497 o a la dirección electrónica anfe@anfe.or.cr o por el sitio www.anfe.or.cr.  Asimismo, se puede hacer a nuestra dirección postal, Apartado 3577-1000, San José, Costa Rica.  

Jorge Corrales Quesada         Presidente de ANFE

PENSAMIENTOS DE LIBERALES

 

Un temor persigue a los grandes gobiernos de todo el mundo –el miedo a la competencia tributaria.  Al avanzar la globalización, los individuos y las empresas están logrando mayor libertad para trabajar e invertir en los países que tengan menores impuestos.  Esa libertad está erosionando el poder monopólico de los gobiernos y forzándolos a reformar sus sistemas impositivos y a restringir sus apetitos fiscales.

  Muchos gobiernos han respondido a la globalización con reducciones de impuestos diseñadas para mejorar la competitividad e impulsar el crecimiento.  Las tasas de los impuestos a la renta individual se han hundido en décadas recientes y más de dos docenas de países han reemplazado sus complejos impuestos al ingreso con sencillos impuestos bajos y uniformes.  Al mismo tiempo, casi la totalidad de países han recortado sus tasas de impuestos a las empresas, reconociendo que las inversiones empresariales y las ganancias se han convertido en la economía de hoy en algo sumamente móvil.

Estas son las buenas noticias. Las malas son que algunos gobiernos y organizaciones internacionales están tratando de restringir la competencia tributaria.  Se está desarrollando una batalla entre aquellos formuladores de políticas que desean maximizar los tributos y aquellos que entienden que la competencia tributaria está conduciendo a reformas tributarias beneficiosas.  Si los planes para frenar la competencia tributaria tienen éxito, se minará el crecimiento, los gobiernos ser harán más grandes y se restringirá la libertad económica.” Chris Edwards and Dan Mitchell, Global Tax Revolution: The Rise of Tax Competition and the Battle to Defend It (Washington D. C.: Cato Institute, 2008), p. 1.  

 

“Quienes pagan impuestos también tienen opciones. Si las políticas tributarias de un gobierno son opresivas, los ciudadanos se pueden sublevar, ya sea en las urnas electorales o en las calles.  También pueden sublevarse evitando los impuestos en sus decisiones laborales, de inversión y de migración, que se han vuelto mucho más fáciles de tomar en la economía globalizada…

La competencia tributaria es, por encima de todo, acerca de la posibilidad de escoger y eso la convierte en algo similar a la competencia en los mercados de bienes y servicios. En el mercado la gente compara los costos y los beneficios de los productos cuando deciden comprar.  La elección del consumidor estimula a que los negocios produzcan eficientemente y a responder a las necesidades reales de los individuos. En cierto grado, la competencia tributaria hace lo mismo para los gobiernos.  Al limitar la habilidad de los políticos para recaudar impuestos, los estimula a poner en marcha mejores políticas tributarias y a ser más frugales con los dineros de los contribuyentes.” Chris Edwards and Dan Mitchell, Global Tax Revolution: The Rise of Tax Competition and the Battle to Defend It (Washington D. C.: Cato Institute, 2008), p. 133. 

 

“La leyes de privacidad en los paraísos tributarios protegen los activos de gente que necesita de protección ante la persecución gubernamental basada en factores raciales, políticos u otros. Las jurisdicciones con fuerte protección a las finanzas privadas son también refugios seguros para los ahorros de las personas que viven en naciones plagadas de crimen, corrupción y mala administración.  Es más, en la era digital, cuando los gobiernos recolectan y comparten vastas cantidades de información personal de sus ciudadanos, la protección a la privacidad financiera es un activo importante y único para preservarla y protegerla.

Hay también un elemento de ‘moralidad económica’ en el debate acerca de la competencia tributaria.  La competencia tributaria estimula el crecimiento, lo cual crea mejores condiciones de vida y más oportunidades.  Los investigadores han encontrado que el crecimiento económico brinda sustento a la democracia, a una mejor gobernabilidad y a sociedades más tolerantes y felices…” Chris Edwards and Dan Mitchell, Global Tax Revolution: The Rise of Tax Competition and the Battle to Defend It (Washington D. C.: Cato Institute, 2008), p. 177.

COLUMNA LIBRE

 OBJECIONES AL CICLO AUSTRIACO DE LA ECONOMIA

                                                                                            Carlos Federico Smith

 

Quiero comentar acerca de algunas objeciones formuladas a la visión austriaca del ciclo de los negocios, pues es conveniente, como buenos liberales, atender las observaciones que de buena fe se plantean en torno a una apreciación que se pueda tener sobre una realidad infinitamente compleja.  Así es como avanza la teoría; así es como evoluciona la ciencia y para ello es primordial hacerlo en el marco de la libertad de pensamiento. En éste, al igual que en la Columna Libre del mes anterior, algunas partes complejas para el lector no familiarizado con temas económico-financieros se incorporan entre corchetes o paréntesis cuadrados.  Su omisión de lectura no demerita el propósito de este ensayo.

 Resumo lo que se denomina como el ciclo austriaco de los negocios, a sabiendas de que la explicación austriaca es mucho más profunda de lo que expreso (incluso de lo expuesto en mi Columna Libre anterior).  Al expandir el crédito el Banco Central se produce una reducción de la tasa de interés de mercado, lo cual estimula un crecimiento de la inversión.  Sin embargo, a esta nueva tasa de interés surge una divergencia entre una mayor inversión deseada en la economía y el ahorro que en esa economía se decide formar. Ese incremento en la inversión inducido por la menor tasa de interés no es sostenible dado que el ahorro de la economía no ha variado; esto significa que el crecimiento del ciclo económico terminará por experimentar una caída, pues, al invertir más los empresarios como resultado de la baja artificial en la tasa de interés, demandarán más recursos productivos de los disponibles en la economía, provocando un incremento de los precios de los bienes y servicios.

 Para los economistas austriacos este aumento de la cantidad de dinero en circulación, medio que el Banco Central usa para expandir el crédito, ocasiona un incremento en los precios absolutos y también variaciones en los precios relativos, lo  cual tiene un efecto sobre la estructura de la producción.

Para entender lo que sucede luego, recuérdese el énfasis que los austriacos hacen sobre una estructura de la producción caracterizada por una gama de bienes producidos a una relativamente mayor o menor distancia (en el tiempo) de aquellos bienes de consumo.  Por ejemplo, la producción de bienes de capital o de materias primas o los proyectos de diseño y la construcción de equipos están muy lejos de los bienes finales de consumo.  Al contrario, actividades económicas como el comercio minorista o mayorista y el transporte final, se hayan muy cerca de la actividad terminal de consumo. Tener presente el concepto de estructura de la producción es importante para responder a objeciones formuladas a la apreciación austriaca sobre el ciclo económico.

 Al expandir el crédito el Banco Central, ocasiona una caída en la tasa de interés de mercado, pero la tasa natural de interés –la que define la formación de ahorros de las personas- no ha variado y, por tanto, significa que no decidirán ahorrar más para financiar la expansión de la inversión mencionada.

 Al bajar la tasa de interés de mercado hay un estímulo para llevar a cabo proyectos que anteriormente, a la tasa previa de interés de mercado, no eran rentables. Ahora sí resultan serlo. Pero, entre más distante sea la producción de otros bienes de la de bienes de consumo, mayor será el estímulo para invertir en los primeros, pues lo importante es el rendimiento de la inversión a través del tiempo y la tasa de interés de mercado, que permite comparar costos presentes con la inversión inicial, ahora se ha reducido artificialmente por la acción del Banco Central. Esta medida favorece relativamente más a los proyectos intensivos en capital y que estén más alejados en el tiempo de la producción de bienes destinados al consumo final.

 El problema está en que hay una discordancia entre la nueva estructura de la producción, ahora estimulada por la menor tasa de interés de mercado, y la preferencia hacia el consumo (ahorro) de las personas, la cual no ha variado por la decisión del Banco Central. Esta inconsistencia termina en una crisis.

 La expansión monetaria del Banco Central provoca un aumento en la demanda de bienes de capital y con ella se incrementa la demanda de factores productivos usados en su producción, específicamente del factor trabajo, por lo que sus salarios en el sector productor de bienes de capital aumentarán en comparación con aquellos pagados en el sector de bienes de consumo. Habrá una emigración de trabajadores de este último sector hacia el primero. Pero, al bajar la oferta de trabajadores en el sector de bienes de consumo, aumentan sus salarios y, por ende, en el costo de los bienes, lo cual provoca que el consumo de esos bienes se reduzca y, por lo tanto, que aumente el ahorro.

 Por su parte, los mayores salarios en el sector de bienes de capital provocan que aumente la demanda de bienes finales y, por tanto, de los precios.

 Al elevarse los precios de los bienes finales, se busca aumentar su producción lo que requiere mayor demanda de trabajadores, que sólo puede provenir de quienes laboran en el sector de bienes de capital. Ante estas demandas en conflicto por el factor trabajo, los inversionistas, estimulados por la decisión del Banco Central de expandir el crédito, no podrán continuar con las inversiones que se habían propuesto llevar a cabo. El alza del ciclo se hace insostenible y se presenta una caída de la actividad económica, hasta que haya una reestructuración de la producción que sea compatible con las preferencias de consumo (y ahorro) de la economía.

 En un artículo publicado en la revista Slate, el 12 de marzo de 1998, Paul Krugman se refiere a la teoría austriaca del ciclo económico como “la teoría de la goma o la resaca” (hangover, en inglés), al señalar que es “la idea de que las caídas son el precio que pagamos por las alzas, que el sufrimiento que una economía experimenta durante una recesión es el castigo debido por los excesos de la expansión previa.” En opinión de Krugman, “las recesiones no son consecuencias necesarias de las alzas”, y que las primeras deberían ser combatidas mediante una “liberalidad en vez de una austeridad”, pues el liquidacionismo (dejar que las empresas ineficientes se liquiden a fin de liberar los recursos productivos que se usarían en nuevas empresas) tuvo que ver mucho con que la Gran Depresión durara mayor tiempo del necesario.

 No hay duda de que Krugman -usual en él- intenta denigrar el planteamiento que sobre los ciclos han formulado los economistas austriacos, pues el que un alza en el ciclo sea proseguida por una caída suele formar parte de diversas teorías sobre el ciclo, como es el caso tanto de la neoclásica como de la monetarista.

 [Así por ejemplo, refiriéndose a Friedman, escribe Briand Doherty, “el dinero nuevo en la economía le da a los empresarios la impresión equivocada de que hay una demanda mayor de su producto concreto, conduciéndolos a incrementar su producción y emplear más gente. Este es el empuje inicial que hace de la inflación una droga irresistible para los políticos.  Pero, después de un rato, la gente se da cuenta de que no existía un incremento real de la demanda de su producto en relación con todos los otros productos; la aparente demanda extra era realmente el resultado de más dinero en las manos de la gente.” (Brian Doherty, The Life and Times of Milton Friedman: Remembering the 20th Century’s Most Influential Libertarian, Reasonline, marzo del 2007, en www.reason.com/news/show/118494.html).]

 [“La comparación de las viejas teorías austriacas con las nuevas clásicas se facilita mejor permitiendo que la Teoría del Equilibrio del Ciclo de los Negocios (TECN) se refiera a aquéllas en las cuales (a) los individuos hacen el mejor uso de la información que tengan disponible y (b) una deficiencia de información temporalmente disfraza las intervenciones de la autoridad monetaria. Tal como expuso Robert Lucas (1981), Robert Barro (1981) y otros, la TECN así desarrollada explica los ciclos económicos en términos de las acciones de los participantes en el mercado, confrontados con lo que se ha llegado a conocer como un problema de extracción de las señales.  Las dificultades para interpretar las señales de precios durante una expansión monetaria también yacen en la raíz de la Teoría Austriaca del Ciclo de los Negocios (TACN), tal como la introdujo Ludwig von Mises (1953) y desarrollada por Friedrich Hayek (1967)… Si los modelos TECN fueran tomados al pie de la letra, las diferencias substantivas entre estos modelos y la teoría austriaca serían fáciles de identificar.  En sus formulaciones básicas (por ejemplo, Barro, 1981, p. p. 80-83 y Hayek, 1967, p. p. 69-100), la respuesta inicial de los participantes en el mercado toman la forma de un aumento en los servicios laborales en respuesta a precios de la producción nominalmente elevados (en el modelo TECN); y de una restructuración de un capital inherentemente insostenible, en respuesta a una tasa de interés artificialmente reducida (en el TACN). La respuesta subsecuente toma la forma de una reversión al nivel inicial de los servicios laborales (en el modelo TECN) y de una liquidación, que toma tiempo, del capital mal-invertido (en el TACN). Si estas diferencias fueran las que esencialmente separaran al TECN del TACN, entonces las dos teorías podrían verse correctamente como variaciones sobre un mismo tema.” (Roger W. Garrison, Review of Austrian Economics, Vol. No. 1, 1991, p. p. 93 y 94).]

 Dice una de las objeciones de Krugman a la concepción austriaca del ciclo de los negocios: “He aquí el problema: en un asunto de simple aritmética, el gasto total de la economía es necesariamente igual al ingreso total (cada venta es también una compra y viceversa).  De manera que, si la gente decide gastar menos en bienes de inversión, ¿no significa eso que deben estar decidiendo gastar más en bienes de consumo –implicando eso que una caída en la inversión debe siempre ser acompañada por un alza correspondiente en el consumo? Y si así lo fuera, ¿debería darse un aumento en el desempleo?” (Krugman, Op. Cit.).

 Hay un error en esta apreciación de Krugman, pues no hay razón para pensar que, ante una caída en la inversión, se vaya a dar un aumento en la producción de bienes de consumo.  Lo que sí sucede es que el gasto en los bienes de consumo bien puede haber aumentado, pero no su producción. Se presenta un aumento en los precios de los bienes de consumo, pero no en la producción de ellos.  También hay otra posibilidad que Krugman no considera y es que la caída en la inversión puede no haber provocado un traslado hacia el gasto en bienes de consumo, si esa caída es acompañada por una contracción de la cantidad de dinero (del crédito) por parte del Banco Central, el cual decide revertir la reducción previa de la tasa de interés. Con esta reversión desaparece el estímulo para invertir inicialmente provocado sin que tenga alguna incidencia de un traslado hacia el consumo.

 Krugman señala a los austriacos y dice que “nadie ha podido explicar por qué las malas inversiones del pasado requieren que haya desocupación de los buenos trabajadores de la actualidad”. (Krugman, Op. Cit.). Esto lo explican los austriacos con base en su premisa de la complementaridad en el uso de los bienes de capital. Tal como se explicó en el boletín anterior, “esencialmente el capital es heterogéneo; es decir, no es fácilmente sustituible sino que más bien presenta características de complementariedad en su utilización.  Esta especificidad en la naturaleza del capital no permite que haya una fácil transferencia de una actividad de negocios hacia otra.” Esto es, la decisión del Banco Central de reducir las tasas de interés de mercado provocó que se invirtiera una cantidad significativa de recursos que se encuentran amarrados en proyectos intensivos en capital y con una larga duración para que maduren.

 Al darse una caída en el ciclo, los “buenos trabajadores” quedan sin ocupación porque no hay suficiente capital con el cual trabajar, dado que éste se dirigió inicialmente -y de manera artificial por la baja de la tasa de interés que hizo el Banco Central- hacia la producción de bienes más alejados del consumo, tal como explicáramos anteriormente. Pero ante la caída éstas inversiones a largo plazo no pueden completarse, dada la insuficiencia de ahorro generado en la economía para satisfacer sus requerimientos de capital.  Lo que Krugman omite es que, cualquier proceso de reajuste en la estructura productiva toma tiempo y durante éste la demanda de mano de obra es baja, lo cual se refleja en desempleo.  No sólo es difícil suponer que en la economía se tiene una flexibilidad instantánea total a la baja en los salarios, de manera que pueda absorber la misma oferta de trabajo, sino que también hay que tomar en cuenta que no existe una movilidad de mano de obra casi infinita, tal que permita realizar el ajuste sin haya un desempleo temporal. El reajuste en la estructura de la producción toma tiempo y durante éste, lamentablemente, se presenta la desocupación.

 Una crítica a la teoría austriaca del ciclo de negocios esta vez no proviene de Krugman, sino de Gordon Tullock y de Bryan Kaplan (ver  Gordon Tullock, Why the Austrians are Wrong About Depressions, The Review of Austrian Economics, Vol. 2, No. 1, 1987) y Bryan Kaplan, Why I Am Not An Austrian Economist, www.gmu.edu/departments/economics/bcaplan/whyaust.htm).

 Kaplan dice expone “la objeción {a la interpretación austriaca del ciclo de los negocios}: Dado que las tasas de interés son artificial e inusualmente bajas {por la política expansionista del Banco Central}, ¿por qué el empresario basaría sus cálculos de rentabilidad en el supuesto de que las tasas de interés prevalecerían indefinidamente? No, lo que sucedería es que los empresarios se darían cuenta de que las tasas de interés sólo son temporalmente bajas, y tomarían esto en cuenta.” (Bryan Kaplan, Op. Cit.; los textos entre llaves son míos; el texto en cursiva es del autor).  

 [Por su parte. Tullock señala que “Uno pensaría que los hombres de negocios pueden ser inducidos al error en las dos primeras rondas del ciclo de Rothbard y no anticipar que la tasa de interés luego aumentará.  Parece poco factible que continúen siendo incapaces de figurarse esto.  Normalmente, Rothbard y los otros austriacos exponen que los empresarios son bien informados y hacen juicios correctos. Como mínimo uno asumiría que un empresario bien informado sobre asuntos importantes que tengan que ver con los negocios leerían a Mises y a Rothbard y, por tanto, anticiparían la acción del gobierno.” (Gordon Tullock, Op. Cit., p. 73)].

 En resumen, ambos críticos de la teoría austriaca del ciclo de los negocios arguyen que los empresarios son lo suficientemente listos como para no ser engañados por la política crediticia expansiva y engañosa del Banco Central, de bajar las tasas de interés del mercado cuando no es el resultado del libre mercado. “Si esta crítica fuera cierta, la teoría austriaca del ciclo de los negocios está equivocada en cuanto a su conclusión de qué es lo que causa el ciclo de alza y luego de baja.” (Bryan J. Stanley, Why Don’t Entrepreneurs Outsmart the Business Cycle?   Ludwig von Mises Institute, Artículo Diario del 28 de agosto del 2007).

 Estas críticas se ven plausibles a simple vista, pero lo cierto es que los empresarios son individuos que se ven afectados por esas distorsiones en las señales que perciben el mercado, pues se les dificulta distinguir cuando, por ejemplo, hay una variación real en los precios relativos y cuando se trata de un simple incremento inflacionario de la generalidad de los precios. Tal como dice Stanley, “el meollo del asunto es que la intervención del Banco Central causa confusión y aumenta el riesgo en las tomas de decisiones en comparación con lo que sería en un medio ambiente de libre mercado. Tal como dice la teoría Austriaca del Ciclo de los Negocios, ocasiona que los empresarios cometan racimos de errores.” (Stanley, Ibídem).

 Garrison explica diversas razones por las cuales estos argumentos en contra de la teoría austriaca de los negocios no son plausibles.  En primer lugar, señala que para algunos empresarios (no todos) podría haber una buena oportunidad de negocios si se realiza la inversión ante la baja inducida de la tasa de interés, aún cuando supieran que, en cierto momento, terminaría por provocar grandes pérdidas generalizadas al revertirse la expansión del ciclo. “Puede ser rentable mal-asignar los recursos productivos en respuesta a un precio distorsionado, siempre y cuando los recursos sean vendidos antes de la caída del ciclo. Discutir que la expectativa de dicha caída eventual prevendría la materialización del alza es análogo a discutir que una expectativa similar con respecto a una cadena {en inglés, chain letter; algo similar sería con el llamado esquema de Ponzi, tan de moda actualmente) evitaría que se iniciara dicha cadena. (Roger W. Garrison, Hayekian Trade Cycle Theory: A Reappraisal, Cato Journal, Vol. 6, No. 2, Otoño de 1986, p. 446. El texto entre llaves es mío).

 En segundo lugar, señala Garrison, aún si todos los participantes en el mercado conocieran el ciclo de alza seguido de una crisis, no tienen forma de corregir exactamente las distorsiones monetarias inducidas por el Banco Central. Siguiendo conceptos desarrolados por Hayek (Friedrich A. Hayek, “The Use of Knowledge in Society, Individualism and Economic Order, Chicago: The University of Chicago Press, 1945, p. p. 77-91), el empresario que participa en un mercado no posee un conocimiento de la realidad tal que le permita separar lo real de lo nominal; lo que él observa son los precios nominales y su manipulación, en este caso por el Banco Central con la tasa de interés, le induce al error. Uno puede esperar que el empresario tenga conocimiento de circunstancias particulares en un momento y lugar concretos, pero no de un conocimiento de cómo es que funciona un sistema económico; esto es, un conocimiento de la estructura de producción de la economía. Por ello, son inducidos  a comportarse como si conocieran la estructura de la economía en función de los precios que observan en el mercado, pero no es de esperar que, con el conocimiento efectivo que tengan de la estructura de la economía, estén en capacidad de corregir aquellas distorsiones de los precios inducidas por las políticas monetarias.

 Tal vez para entender con mayor claridad este punto, convenga referirse a un buen ejemplo que presenta Garrison, basado en Hayek.  Para éste, “debemos mirar al sistema de precios como un mecanismo para comunicar la información si es que queremos entender su función real… El hecho más importante acerca de este sistema es la economía de conocimiento con el cual opera o de qué tan poco necesitan los participantes individuales para poder tomar la decisión correcta. En forma abreviada, por un tipo de símbolo, tan sólo se pasa la información más esencial y tan sólo a aquellos a quienes les interesa.” (Friedrich A. Hayek, “The Use of Knowledge in Society,” en Chiaki Nishiyama y Kurt Luebe, editores, The Essence of Hayek, Stanford: The Hoover Institution, 1984, p. 219).

 Garrison agrega, “Aquí la analogía entre un sistema de precios y una red de comunicaciones puede ser llevada más allá: Saber que una señal está siendo interferida no es lo mismo que saber cómo es una señal sin interferencia. Durante una expansión monetaria, por ejemplo, el precio del mineral de hiero puede aumentar en un 8 por ciento. Este aumento del 8 por ciento puede consistir de un incremento del 2 por ciento en el precio real del mineral de hierro (debido a cambios coincidentes en los factores reales subyacentes) además de un incremento del 6 por ciento inducido por la emisión monetaria. O bien puede resultar de alguna otra combinación de cambios reales y de cambios inducidos por la expansión monetaria cuyas sumas algebraicas sea de un 8 por ciento. Posiblemente el supuesto más plausible que los participantes en el mercado pueden hacer es que no ha habido cambios en los factores reales subyacentes desde que se inició la expansión monetaria. Una actividad económica que se base en este supuesto es análoga a hacer una ‘estimación’ con base en la más reciente señal no interferida. Después de un período prolongado de manipulación monetaria, la economía bien podría encontrarse a sí misma considerablemente fuera de curso. Los reajustes que sobrevendrían se conformarían ampliamente –si no es que hasta en los pequeños detalles- con aquellos que Hayek originalmente previó {que las señales de precios falsificadas por la manipulación monetaria creaban las bases para la descoordinación económica}.” (Roger W. Garrison, Hayekian Trade Cycle Theory: A Reappraisal, Op. Cit., p. p. 446- 447. El texto entre llaves es mío).

 Como tercer contra-argumento, Garrison indica que, ante una medida tal como la tomada por el Banco Central de reducir arbitrariamente la tasa de interés, cada uno de los participantes en el mercado tiene una visión distinta acerca de cuál es la parte real y cual la monetaria de la variación en el precio observado. Esto hace que la conducta de los individuos con base en esas distintas percepciones se traduzca en una descoordinación de la actividad económica. (Roger W Garrison, Ibídem, p. 447).

 Espero que estos comentarios ayuden en la comprensión de la visión de los economistas austriacos acerca del ciclo económico.

 

 

NO LLORES POR EL LIBRE COMERCIO

Jadish Bhagwati*

Vaya a los principales periódicos de los Estados Unidos de estos días y leerá acerca del “desánimo” y hasta de la “pérdida de fe” de los economistas en el libre comercio. Posteriormente recibe los incesantes pronunciamientos proteccionistas de los nuevos Demócratas en el Congreso (esto es, aquellos quienes tuvieron éxito en las últimas elecciones) y las ambigüedades calculadas acerca del libre comercio de los viejos Demócratas cuando aspiran a la Presidencia (tal como Hillary Clinton –quien infamemente clamó por una “pausa” en la ratificación de acuerdos comerciales).  Cuando son desafiados por los proponentes del libre comercio, estos políticos ahora típicamente les dicen: “Ah, pero es que ya los economistas no conforman un consenso acerca del libre comercio,” citando esas mismas historias que leen en los periódicos.

Por ello, Usted podría pensar que los días del libre comercio en los Estados Unidos han quedado atrás. De hecho, el clamor en contra del libre comercio es tan intenso que pronto podremos sintonizar a la PBS {el sistema estatal de televisión y radiodifusión de los Estados Unidos} y encontrarnos con el Réquiem por el Libre Comercio compuesto y ejecutado por Sir Paul McCartney.  Sin embargo, toda esta moda me recuerda a una caricatura en que aparecen dos santones perezosamente sentados en las arenas del desierto, junto con sus camellos, y uno está leyendo el emocionante periódico del Cairo Al-Ahram y le dice al otro: “Aquí dice que de nuevo estamos excitados.”

La verdad de las cosas es que entre los economistas el libre comercio está vivo y goza de  buena salud; los argumentos analíticos en su favor, desarrollados con gran sofisticación en la teoría de la postguerra sobre política comercial, habiendo sido difícilmente tocados por cualesquiera argumentos originales de unos pocos economistas, incluyendo a Alan Blinder en el debate de hoy en día, nos han resguardado en su contra.

La Ultima Celebración del Vuelo de los Economistas en que se Alejan del Libre Comercio

Si uno observa la marejada más reciente de historias periodísticas acerca del libre comercio, es asombroso ver qué tan a menudo han sido escritas, en años recientes, en tonos funerarios y con un desprecio de la realidad histórica por la forma en que tales historias se han escrito recurrentemente durante los últimos veinte años en los principales periódicos y revistas.  La últimas historias son de reputados periodistas, tales como Lou Uchitelle del New York Times [1] y por el equipo de Bob Davis y David Wessel en el Wall Street Journal. [2]  Ellos ha menudo destacan a economistas “disidentes” tales como William Baumol (con su coautor, el ampliamente renombrado matemático Ralph Gomory) y a Alan Blinder, quien hoy está frente a nosotros.

Si bien su entusiasmo en imaginar la salud enfermiza, y hasta la desaparición, del libre comercio traiciona su ignorancia de análisis anteriores que a nada llegaron, es igualmente destacable que estos periodistas son contradichos por otros cuyos análisis de la fortaleza del libre comercio entre los economistas son más exactos. Así, aún en el momento en que Davis y Wessel estaban escribiendo su historia sobre “repensando” el libre comercio en el Wall Street Journal, un periódico conservador {liberal en nuestra terminología}, y proclamando que “De muchas maneras, el debate acerca del libre comercio se está moviendo en… la dirección [de los escépticos y de los oponentes]”, yo llamé la atención de Davis en una entrevista telefónica sobre la columna del brillante y agudo Eric Alterman en The Nation, la revista hoy en día más influyente de la izquierda, en la cual correctamente se quejaba de la aprobación continua del libre comercio por parte de los economistas: “Esta columna no va a resolver la disputa acerca de si los Estados Unidos necesitan una política comercial más fuerte. Resulta que yo pienso que así debería de ser, pero no espero poder convencer a, digamos, Paul Krugman o a Jagdish Bhagwati, de que yo estoy en lo correcto y de que ellos están equivocados. Mi pregunta es: ¿Por qué en el discurso político la opinión de la mayoría [política] del país no logra nada sino menosprecio?” [3]

A fin de obtener una perspectiva de las historias actuales de los medios acerca de la desaparición, una vez más, del consenso de los economistas sobre el comercio internacional, permítanme regresar a documentar los diferentes episodios de años recientes en que se escucharon falsas notas de alarma sobre el libre comercio, similar en moda a aquellos de la abigarrada tripulación que acabo de citar, como son los últimos escritos periodísticos todos de una vena similar. Evaluaré y descartaré los argumentos “heréticos” que se han avanzado en contra del libre comercio en cada episodio; en efecto, yo fui puesto por los medios en el papel de defensor del libre comercio en todos estos episodios.

  Episodio 1. El Ascenso del Japón: Krugman y Tyson

Al momento, el disentimiento más destacado sobre el libre comercio, el equivalente a una tormenta de Categoría 5, provino del estudiante del Instituto Tecnológico de Massachusetts {MIT}, Paul Krugman, hoy día una de los personajes ciertamente profundos en la teoría del comercio internacional. Krugman extendió la teoría de la competencia imperfecta a la teoría del comercio y empezó a argüir que “El Libre Comercio Después de Todo era Algo Pasado de Moda”, a finales de los ochentas, cerca de hace dos décadas. El efecto en los medios y en los oponentes al libre comercio fue electrizante, principalmente por el surgimiento del Japón y porque los alegatos de que era proteccionista, en tanto que los Estados Unidos eran librecambistas, habían alimentado el frenesí que pedía a un reputado economista como ícono de los proteccionistas.

Robert Kuttner, a la fecha editor de The American Prospect y por mucho tiempo un escéptico del libre comercio, celebró la aparente herejía de Krugman. Karen Pennar escribió en Businessweek en 1989, bajo el titulo “El Evangelio del Libre Comercio está Perdiendo sus Apóstoles”, que “El Libro Comercio es bueno para Usted… Ahora más y más economistas ya no están tan seguros.” Además de Krugman, Laura Tyson (también una de mis más distinguidas estudiantes del MIT) fue citada en apoyo de “usar políticas comerciales para promover y proteger industrias y tecnologías que creemos son importantes para nuestro bienestar”, una posición que fue rechazada por el economista de Stanford, Michael Boskin, con sus famosas y políticamente costosas palabras: no hay diferencia entre las papas tostadas y los chips de semiconductores.

Simplemente tome dos de los principales argumentos, empezando con la propuesta de Tyson de usar la política comercial como un instrumento de la política industrial. Tyson alegó que las industrias que tuvieran externalidades deberían de ser protegidas. Tal como una vez dijo el Premio Nobel, Robert Solow, Demócrata como pocos: “se que hay muchas industrias en las que hay cuatro dólares de valor de producto social por cada dólar de valor de producto privado: mi problema es que no se cuáles son.” Además, Michael Schrage de The Los Angeles Times decidió mirar de hecho cómo es que se hacían las papas tostadas y los chips de semiconductores y, en tanto que los proponentes de la política industrial obviamente pensaron que los chips de semiconductores eran fabricados con una tecnología sofisticada, la realidad resultó ser muy diferente. Las papas Pringles, disponibles en el mini-bar de los hoteles de lujo, eran fabricadas por Frito-Lay, subsidiaria de la Compañía Pepsicola, en fábricas virtualmente automatizadas, mientras que los semiconductores involucraban ajustes de tableros de forma impensada por obreros con pocas habilidades, pero con mucha paciencia y habilidad para sobrevivir el aburrimiento. Es más, en su momento hice notar en un comentario en The New Republic acerca del influyente libro de Laura Tyson, Who’s Bashing Whom?, la preocupación exagerada acerca de qué es lo que uno produce para definir su destino económico, en una obsesión cuasi-Marxista que bordea la estupidez. Usted puede producir papas tostadas, exportarlas e importar computadoras, las que puede usar para hacer cosas creativas. Igualmente, Usted puede producir semiconductores, exportarlos e importar papas tostadas, que podrá masticar mientras mira la televisión, echado en un sofá y convertido en un ocioso. Lo que Usted “consume”, en un sentido muy amplio, es posible que sea más importante para Usted y para el bienestar de nuestra sociedad, que lo que Usted produce.

Sin embargo, el modelo teórico de Krugman de competencia imperfecta entre las empresas que producen productos diferenciados y el modelaje de industrias oligopólicas (por contemporáneos de Krugman, tales como Gene Grossman de Princeton, mi igualmente destacado alumno del MIT, quien apenas venía detrás de Krugman) ciertamente dio lugar en un nivel más profundo a problemas para el libre comercio. Para entender esto, considere que los dos últimos siglos desde que Adam Smith escribió acerca de las virtudes del libre comercio, en efecto habían sido testigos de un disentimiento repetido por parte de economistas de primera línea, tales como Keynes en la época de la Gran Depresión. En esencia, el argumento a favor del libre comercio es una extensión del argumento a favor de la Mano Invisible: que si los precios del mercado no reflejan los costos sociales, entonces la Mano Invisible, que usa los precios del mercado para guiar la asignación, señalará en la dirección equivocada. Durante la Depresión, evidentemente los salarios del mercado (que eran positivos) excedían al costo social (que era cero debido al desempleo extensivo). Así fue como Keynes se convirtió en un proteccionista. Similarmente, si quienes contaminan pueden hacerlo sin tener que pagar por ello, estaríamos sobre-produciendo en la industria de la contaminación, porque su costo privado estaría por debajo de su costo social (el cual debería de incluir el costo que se impone debido a la contaminación). De nuevo, el caso en favor del libre comercio se vería comprometido. Cada generación parece haber descubierto algún fracaso del mercado, apropiado en ese momento, el cual, entonces, minaría el caso en favor del libre comercio.

Pero, al escribir en 1963 en el Journal of Political Economy, formulé un punto muy sencillo que resultó ser revolucionario como argumento en favor del libre comercio: Señalé que, si el fracaso específico del mercado era eliminado mediante una política adecuada, entonces, se restauraría el caso en favor del libre comercio. De manera que, si se introdujera un principio de que “quien contamina, paga” (o de permisos negociables que igualmente cobrarían a aquellos quienes quisieran contaminar), entonces, estaríamos en capacidad de explotar plenamente las ganancias del intercambio mediante la adopción del libre comercio.  El caso en favor del libre comercio había sido restaurado después de dos siglos de dudas recurrentes.

Pero había una trampa importante. Si el fracaso del mercado se daba en los “mercados” domésticos, tales como los mercados de trabajo, en los cuales podría haber imperfecciones como diferenciales entre salarios urbanos y rurales o salarios inflexibles a la baja, que conducía a que existieran salarios que excedían el “verdadero” costo del trabajo, entonces, mi argumento era el correcto: y la vasta mayoría de tales imperfecciones de hecho se daban en los  mercados domésticos.  Pero si estas imperfecciones surgían en los mercados internacionales, entonces, arreglar estos fracasos involucraría la utilización de tarifas y así el libre comercio no podría ser restaurado como la política apropiada.  De manera que, si un país o sus productores, tenían algún poder en los mercados internacionales para elevar los precios a los cuales pudieran vender, al ofrecer en venta una cantidad menor, lo harían mejor mediante lo que los economistas llaman “una tarifa óptima”, un argumento que se remonta a la época de Adam Smith. Precisamente Paul Krugman estaba lidiando con tales imperfecciones.

Pero eventualmente Krugman y otros economistas del comercio regresaron al libre comercio por medio de varios escritos, dejando en el aire a Kuttner y a otros. Esencialmente eso fue logrado con argumentos de “economía política”, los que, si bien eran menos consistentes, sin embargo, eran convincentes. Un conjunto de economistas, entre ellos Avinash Dixit de Princeton, regresó al rebaño, diciendo que “no había carnita”; esto es, que las imperfecciones en el mercado de bienes no eran, basado en investigaciones empíricas, lo suficientemente sustanciosas como para justificar un alejamiento del libre comercio. Otro conjunto de economistas, Krugman entre ellos, aprobó el argumento de que la protección empeoraría las cosas, y que no las mejoraría. Mi radical maestra de Cambridge, Joan Robinson, solía decir que la Mano Invisible funcionaba mediante el estrangulamiento; la menos drástica demostración Krugmaniana, de que era débil cuando había imperfecciones en el mercado de bienes, en cambio ahora se la combinaba con el punto de vista de que la Mano Visible debería de mutilarse.  Sin embargo, otros pensaron que, una vez que permitíamos la existencia de represalias debido a las tarifas, era muy poco posible que aquellos quienes iniciaron el proteccionismo pudieran sobrevivir a tales represalias, como razón para que se abriera una botella de champaña en celebración.

Los proteccionistas, quienes habían celebrado a Krugman como su ícono, se desilusionaron y hasta se enojaron: Por ejemplo, Kuttner escribiría críticas fieras sobre Krugman durante años. Pero la verdad de las cosas es que, aún en los momentos en que estos economistas regresaron al rebaño del libre comercio, Japón cesó de ser una amenaza y la histeria acerca del Japón, espesa como una densa neblina, se calmó. El libre comercio, como nuestra opción de política por elección, regresó de nuevo a estar en el negocio.

 

Episodio 2. El ascenso de India y China: Paul Samuelson

Pero luego el ascenso de India y China conduciría a otra tormenta Categoría 5.  Esta vez provino del Premio Nobel Paul Samuelson, mi maestro en el MIT. Al escribir en el Journal of Economic Perspectives del verano del 2004, arguyó, combinando matemáticas no asequibles a periodistas con un lenguaje colorido, que los creyentes en la globalización estaban ignorando la realidad de que el ascenso de India y China significaría que el bienestar de los Estados Unidos podría sufrir un golpe. [4]

Aunque Samuelson tuvo el cuidado de decir que eso no significaba que los Estados Unidos deberían de responder con el proteccionismo, los proteccionistas pensaron que tenían otro ícono del proteccionismo, esta vez el, discutiblemente, economista más grande del Siglo XX junto con Keynes ¡y por muchos años un proponente del libre comercio en su grey! Kuttner regresó a su negocio y hubo numerosas historias en las revistas y los periódicos que se comparaban con aquellas de cuando Krugman arribó a la escena, casi veinte años antes: como ejemplos,  “Shaking Up Trade Theory” de Aaron Bernstein en Business Week, “An Elder Challenges Outsourcing’s Orthodoxy,” de Steve Lohr en el New York Times, entre muchos otros. Samuelson tuvo el cuidado de enfatizar, tal como lo reportó Steven Lohr en su entrevista para el artículo, que su análisis “no significaba que fuera una justificación para que se tomaran medidas proteccionistas”. Pero eso se perdió en medio de las inferencias injustificadas en contra del libre comercio por parte de los proteccionistas.

Ahora bien, los economistas por mucho tiempo han apreciado que desarrollos externos (“exógenos”) podrían afectar a una economía. En efecto, mi maestro de Cambridge, Harry Johnson, escribió precisamente sobre este tema en los años cincuentas, cuando el dólar era escaso y los europeos optaron por el punto de vista pesimista de que el crecimiento de los Estados Unidos les iría a perjudicar (tal como muchos creen que es el caso de los Estados Unidos cuando India y China crecen) y señaló que, más bien, Europa se beneficiaría con ello.  Para ver esto como una analogía, imagine Usted cómo el clima puede afectar su bienestar.  Si un huracán golpea a la Florida, eso duele.  Pero si un buen monzón arriba  a la India, eso ayuda.

Así las cosas, tan sólo un economista sin sofisticación (y Samuelson está en lo correcto en que hay algunos, si bien no necesariamente son los que él cita) descartaría la posibilidad lógica de que un ascenso de China e India pudiera dañar a los Estados Unidos. Esa parte no es noticia. Pero lo que se convirtió en noticia en la imaginación popular, alimentada en mucho por los medios y por los proteccionistas, fue que, si de hecho transpiraba tal posibilidad pesimista, la respuesta apropiada sería el proteccionismo.  Para ver esto de nuevo con toda simpleza, suponga que un huracán efectivamente daña a la Florida. Si el Gobernador Jeb Bush responde a ello cerrando el comercio con el resto de los Estados Unidos, sino es que con todo el mundo, tan sólo estaría aumentando la angustia de Florida. Y Samuelson, cuyo récord académico es impecable y quien no es una criatura de pasiones o un politiquero, evidentemente no estaría cometiendo este error elemental.

Al filtrarse esta verdad, tal como muchos economistas lo notaron y Samuelson mismo lo hizo notar de cuando en cuando, los proteccionistas perdieron a su nuevo ícono. Es más, crecientemente economistas que exploraron este asunto mostraron que la posibilidad pesimista de que el ascenso de la India y China, en donde “se parecieran más a nosotros”, pudiera reducir las ganancias derivadas del comercio para los Estados Unidos, a través de una depresión de los precios de las exportaciones de los Estados Unidos, no era un resultado posible.  Al ir logrando los países dotaciones similares, podrían obtener enormes ganancias por medio del intercambio de productos similares (o una variedad), tal como lo demostraron empíricamente para el período de la postguerra, cuando Europa y Japón se levantaron de las cenizas, otro estudiante mío, Robert Feenstra (quien es hoy el más importante profesional en economía aplicada y encabeza el programa de política comercial del National Bureau of Economic Research {NBER}) en su discurso de aceptación del Premio Bernhard Harms, así como también mi brillante colega de Columbia, David Weinstein. Es más, la fuente política inmediata de preocupación, el temor creado por el outsourcing hacia India de unos pocos centros de llamadas telefónicas y de trabajos de respaldo de oficinas (el cual, me temo, Alan Blinder se lo ha creído) también se esfumó, al hacerse evidente que no compaginaba con los hechos la noción de que todo el intercambio en línea era de una sola vía.

 

Episodio 3. India y China y el temor sobre el Outsourcing: Alan Blinder

Pero el tema del outsourcing sucede que revivió hace un par de años cuando el distinguido macro-economista, Alan Blinder, hoy aquí presente y quien fuera profundamente influido por el libro éxito de venta de Thomas Friedman sobre la globalización –el cual parecía transmitir la afirmación creíble de notables empresarios del campo de la info-tecnología y de científicos de Bangalore, tales como Nandan Nilekani, de que podían hacer todo lo que los Americanos estaban haciendo, en la conclusión aterradora de que, por lo tanto, los indios harían todo lo que los Americanos estaban haciendo- escribió un ensayo en Foreign Affairs, en el cual creyó en el argumento de que el outsourcing de servicios en línea crecientemente exportaría los trabajos de los americanos hacia esos países y ello pondría en peligro a los Estados Unidos y a sus clases medias y de trabajadores. De manera tal que ahora él se convirtió en un nuevo ícono para los proteccionistas ¡aún cuando Blinder siempre dijo que él era todavía un librecambista pero…! David y Wessel del Wall Street Journal construyeron su historia en contra del libre comercio alrededor de él; se presentó en el Sistema de Radio Estatal y aún  en el programa simbólico de la TV de Charlie Rose.

Pero Blinder omitió el hecho de que el outsourcing en línea (esto es, sin que el proveedor y el usuario tengan que estar en una proximidad física, tal como sucede con los cortes de cabello), es el Modo 1 de suplir servicios en el Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios {GATS en idioma inglés} del acuerdo de la Ronda de Uruguay de 1995, modo en el cual los Estados Unidos y otros países ricos estaban más ansiosos: ellos percibieron que serían los mayores ganadores, tal como sin duda lo son. Por todos aquellos servicios de centros de llamadas y de otros servicios que requieren pocas habilidades y que ahora son importados desde la India, hay muchos otros servicios de altas habilidades y de alto valor de profesionales de países ricos, en las áreas de la arquitectura, derecho, medicina, contabilidad y otras profesiones.

Pero ahora Blinder ha variado de rumbo para argüir que, al hacerse los servicios intercambiables en línea, se elevaría pari passu el número de trabajos que sería “vulnerable”. Y hace una lista por arriba de cuarenta millones de trabajos que se verían afectados. Y concluye que, en respuesta, necesitábamos aumentar la asistencia económica para el ajuste requerido y para mejorar la educación. Aquí hay mucho que puede disputarse. Por ejemplo, si Usted quiere hablar acerca de flujos comerciales, hablar tan sólo acerca del Modo 1 (transmisión de servicios en línea) es algo incompleto. Los economistas del comercio saben que ese es tan sólo uno de los modos posibles en que se pueden suplir servicios: por ejemplo, una transmisión de servicios sin la proximidad física de los oferentes y los usuarios de los servicios. Un ejemplo es transmitir digitalmente rayos-X desde Indiana para ser leídos en India. Pero después los doctores pueden ir a donde están a los pacientes y los pacientes adonde están los doctores.  El acuerdo del GATS reconoce cuatro tipos distintos de “transacciones” de Servicios.

Sucede que los diferentes Modos fueron destacados en un par de artículos en The World Economy a mediados de los años ochentas por mí y por Richard Snape y asombrosamente se labraron su camino en el lapso de una década como parte del acuerdo GATS: un triunfo notable para nosotros los economistas. [5] Yo describí la diferencia básica que había entre las transacciones de servicios que requerían una proximidad física y aquellos que no, en tanto que Sampson y Snape brillantemente dividieron la categoría anterior entre aquellos en donde el proveedor llegaba al usuario y al revés.

Blinder, quien no parece haber conocido todo esto cuando escribió su celebrado artículo en Foreign Affairs, tal como yo tampoco conozco acerca de los enredos relevantes de la macroeconomía en la cual él mantiene una ventaja comparativa, ha estado, por lo tanto, equivocado al pensar tan sólo en el Modo 1.  En efecto, el flujo posible surge hoy en muchas más formas de las que él habla. Eso también es cierto debido a la inversión extranjera directa.  Por ejemplo, cuando el Senador Kerry habló acerca del outsourcing, confusamente dio también a entender el fenómeno por el cual el Presidente de una Compañía (CEO) cerraba una fábrica en Nantucket y la abría en Nairobi o bien cuando el mismo CEO simplemente invertía en Nairobi, en vez de hacerlo en Nantucket.

Pero la esencia, desde el punto de vista de la política comercial, es que, desde que tengo memoria, difícilmente algún economista serio o algún formulador de políticas ha objetado la provisión de asistencia para el ajuste (o para mejorar la educación). El primer programa de Asistencia para el Ajuste se remonta a 1962 durante las negociaciones de la Ronda Kennedy: Kennedy y George Meany de la AFL-CIO lo firmaron.  Virtualmente cada legislación comercial, desde ese entonces, ha tratado de mejorarlo. Y muchos economistas del comercio, incluyéndome yo a finales de los sesentas, y otros tales como Lael Brainard, Robert Lawrence y Robert Littan, recientemente en Brookings, han escrito acerca del tema de forma extensa y continua. Blinder, quien empezó a hablar en poesía, ha terminado, por tanto, hablando en prosa. Nosotros los librecambistas no tenemos problemas con él en cuanto esté en la misma escalera, aún cuando venga detrás de nosotros. Si él va a permanecer como el nuevo ícono para quienes se oponen al libre comercio, será porque están muy desesperados.

Así es que estos tres globos con periodistas a bordo, agitando banderas en contra del libre comercio, han perdido su helio. El libre comercio ha continuado manteniendo su credibilidad entre los economistas. Por supuesto que ha habido otros, menos influyentes, asaltos en contra del libre comercio -entre ellos debo contar a aquél de Baumol y Gomory (2000), que sin embargo ha logrado cierto grado de exposición, especialmente por el influyente columnista del ala izquierda William Greider en The Nation (30 de abril del 2007) e irónicamente también del economista del enfoque de oferta Paul Craig Roberts, en su asalto en contra del outsourcing en el Wall Street Journal. [6]

Simplemente puedo afirmar que estos autores formulan un punto importante pero familiar, pero les digo ahora que con poca relevancia sobre política. Es aquel viejo que aprendí de R.C.O. Matthews, mi tutor en Cambridge en 1954-56, quien había escrito un artículo clásico sobre rendimientos crecientes, junto con otros como el Premio Nobel James Meade y, poco después, por Harry Johnson, en donde mostraba que rendimientos suficientemente crecientes implicarían que hubiese un equilibrio múltiple y que esto, a su vez, implicaba (entre otras cosas) que pudiese existir un mejor equilibrio de libre comercio, que aquél en el cual nos encontrábamos.  Matthews y Meade, y muchos otros tales como Murray Kemp, habían formulado esta observación usando la herramienta analítica de que los rendimientos crecientes eran externos a la firma, pero internos a la industria, una herramienta que permitía que se mantuviera la competencia perfecta.  En la época en que Paul Krugman estaba escribiendo su disertación en los setentas, los economistas habían aprendido cómo manejar la competencia imperfecta, y así fue como Krugman logró brillantemente mostrar el equilibrio múltiple en este marco diferente y más realista.  Los economistas del comercio habían conocido estos argumentos por casi más de medio siglo y los habían enseñado en los textos estándares, tales como el mío (junto con Panagariya y Srinivasan).  Por tanto, enmudeció el ruido analítico surgido del libro de Baumol-Gomory del 2000.

Pero, aún al trasladarse a recetas sobre política, todo lo que podía significar era que la política industrial, afianzada al estilo de Tyson por una política comercial debidamente diseñada, podía llevarnos lentamente hacia un “mejor” equilibrio. Pero ninguno de los autores logró eso, que yo sepa. De manera que, parafraseando a Robert Solow acerca de las externalidades, uno puede decir: sí, si las economías de escala son importantes, podríamos tener equilibrios múltiples y podríamos usar las políticas comercial e industrial para escoger un “mejor” equilibrio; pero, ay, ¿quién podría plausiblemente computar este mejor equilibrio?  Es más, es difícil imaginar hoy día, con los mercados internacionales tan amplios debido a la muerte de la distancia y a la extensa liberalización comercial de la postguerra, que queden algunas industrias o productos en las que las economías de escala que no se desvanezcan hacia proporciones modestas. Baumol y Gomory, en efecto un par brillante, por lo tanto, no tienen ninguna prominencia en cuanto a políticas, desde mi punto de vista. [7]

Pero un asalto en proceso y que ha tenido un impacto entre los nuevos demócratas, es aquél de economistas asociados con la AFL-CIO (tales como Thea Lee) y con el centro de pensamiento influenciado por el movimiento laboral el Economic Policy Institute (tal como Lawrence Mishel). Desde su punto de vista, la presión sobre los salarios de los obreros no calificados y progresivamente también sobre la clase media, debe retrotraerse al comercio con los países pobres.  Nada de esto parece encarar bien los estudios empíricos acerca del tema. En una reciente opinión en la página editorial del Financial Times, titulada “La tecnología, no la globalización, es lo que está reduciendo los salarios,” yo expuse acerca del número amplio de estudios empíricos (incluyendo de Paul Krugman) que habían mostrado que el comercio con los países pobres tenía un impacto insignificante sobre los salarios reales absolutos de nuestros trabajadores (en contraste con los salarios relativos de los calificados y los no calificados). [8] [Ni tampoco tuvieron alguna importancia empírica formas alternativas de ligar los salarios deprimidos con el comercio (y aún en el caso de la inmigración ilegal no calificada)]. El prolífico experto en comercio de la Escuela Kennedy de la Universidad de Harvard, Robert Lawrence, en un espléndido artículo reciente y no publicado, concurre con este punto de vista, concluyendo en que el impacto del comercio sobre el lento crecimiento de los salarios “no se aparece” en su análisis de los datos.

Los nuevos Demócratas, quienes, sin embargo, continúan creyendo en este imaginario lado maligno del libre comercio, no le están haciendo ningún bien a nadie. En efecto, usan estas creencias erradas para detener la liberalización comercial y utilizan cada truco de los libros para intimidar a las naciones débiles a que acepten estándares laborales inapropiados, con la esperanza de poder elevar su costo de producción a fin de moderar la fuerza de la competencia que tanto temen. [9]

Paul Krugman en una de sus columnas en el New York Times dijo que su propia investigación previa había mostrado que el comercio no deprimía los salarios.  Pero, luego, agregó: “Pero eso puede haber cambiado” (las cursivas son del autor de este ensayo).  La razón sugerida es que “hoy en día estamos comprando mucho más de los países del tercer mundo que lo que lo hacíamos hace una docena de años atrás”. Pero es muy fácil mostrar que Usted puede multiplicar tales importaciones y, aún así, no tener efecto alguno sobre los salarios reales. Este caso particular en contra del libre comercio permanece sin ser  comprobado y no se elevará por encima del nivel de las insinuaciones, hasta que algún estudio empírico dramático muestre lo contrario.


[1] Louis Uchitelle. “Economist Wants Business and Social Needs to be in Sync.” New York Times. 30 de enero del 2007.

[2] David Wessel y Bob Davis. “Pain from Free Trade Spurs Second Thoughts.” The Wall Street Journal. 28 de marzo del 2007.

[3] Eric Alterman. “The Free Trade Instinct.” The Nation. 12 de febrero del 2007.

[4] Paul Samuelson, “Where Ricardo and Mill Rebut and Confirm Arguments of Mainstream Economists Supporting Globalization”, Journal of Economic Perspectives, Vol. 18 (3), verano del 2004. Mi propio artículo, “The Muddles over Outsourcing”, escrito con Arvind Panagariya y T.N.Srinivasan, apareció en la misma revista en el otoño del 2004, Vol. 18 (4), poco después del de Samuelson y fue visto por muchos en los medios como una “respuesta” a Samuelson. No lo fue, ni siquiera nos habíamos dado cuenta del artículo de Samuelson cuando escribimos el nuestro. De hecho, nuestro artículo fue el primer ejercicio analítico, con un conjunto de modelos teóricos, en que explorábamos el comercio de servicios, y también fue el primero en que argüimos que varios críticos y comentaristas, incluyendo economistas, estaban embarrialando diferentes nociones de los que significaba el “outsourcing” y, por lo tanto, a su vez embarrialaban sus propios argumentos.  

[5] Jagdish Bhagwati, “Splintering and Disembodiment of Services in Developing Nations”, The World Economy, Vol. 7, junio de 1984; y Gary Sampson y Richard Snape, “Identifying the Issues in Trade in Services”, The World Economy, Vol.8, junio de 1985.

[6] William Baumol y Ralph Gomory. Global Trade and Conflicting National Interests, MIT Press; Cambridge, 2000. 

[7] Hay otro argumento en Baumol y Gomory que no descansa en las economías de escala. Es simplemente que la tecnología se puede difundir en el exterior y que eso puede crear dificultades para los Estados Unidos. Esto es similar a las preocupaciones de que la India y China pueden llegar a ser muy similares en sus dotaciones y, por tanto, las ganancias del comercio podrían disminuir en los Estados Unidos. Pero yo ya he tratado este argumento al discutir sobre Samuelson.

[8] También ha habido disputas acerca de qué tan estancados han estado los salarios reales, con algunos economistas tales como Marvin Kosters y Richard Cooper quienes argumentan que, una vez que se toman en cuenta, además de estrictamente a los salarios, los beneficios y regalías, el estancamiento se convierte en un crecimiento lento. Pero yo evito este debate, discutiendo tan sólo acerca de la explicación del estancamiento o del lento crecimiento, cualesquiera sea el caso.   

[9] He tratado acerca del fenómeno del proteccionismo exportador, en forma de demandas por estándares laborales más elevados en los países pobres, en mi libro In Defense of Globalization, Oxford, 2004 y particularmente en el Postscriptum de la nueva edición de agosto del 2007. Para la discusión acerca del proteccionismo que ahora caracteriza a los nuevos Demócratas, he tratado con ese asunto en varios otros lugares, tales como el Financial Times y no incluyo aquí ese conjunto de argumentos.

 

*El profesor Bhagwati es Senior Fellow en Economía Internacional del Consejo de Relaciones Internacionales. El artículo fue escrito el 15 de octubre del 2007 y sirvió de inspiración para su ensayo publicado en la página editorial del Financial Times del 9 de octubre del 2007, titulado “La perspectiva del libre comercio continúa con vida”. Los paréntesis en corcheas son de este traductor, Jorge Corrales Quesada.

    CRISIS FINANCIERA (3): NEO-INTERVENCIONISMO


Xavier Sala-i-Martin*

Parece que se ven luces al final del túnel de la crisis. Lamentablemente, se trata de los faros de un camión que viene de cara. Un camión conducido por Sarkozy y un grupo de políticos neo- intervencionistas, con Rodríguez Zapatero de polizonte, que dicen querer "refundar" el capitalismo.

Dejando de lado el hecho de que el capitalismo ni lo fundan ni lo refundan los políticos sino los millones de ciudadanos que tomamos decisiones libres diariamente (ésa es la gran diferencia con aquellos sistemas económicos fracasados que fueron creados desde el estado), los neo-intervencionistas operan bajo dos premisas falsas: La primera es que la crisis financiera ha sido causada por la falta de regulación. En el artículo Crisis (1): Qué ha pasado (LV 13 de Octubre), expliqué que las causas deben ser buscadas en la política monetaria de bajos tipos de interés de Greenspan en el 2001, en la intromisión del congreso norteamericano que indujo a entidades semi-públicas como Freddie Mac y Fannie Mae a asegurar créditos a familias subprime y a una regulación financiera , basada en la convención de Basilea, que permitía a los bancos crear entidades paralelas, los "conduits", con balances separados (cosa que permitió a los bancos multiplicar los créditos concedidos de manera ilimitada) y que obligaba a los bancos a sacarse los créditos de encima cuando el valor de sus garantías bajaba, cosa que provocó la espiral negativa de ventas y caídas en bolsa. La crisis, pues, no fue causada por falta de regulación. La regulación existía y existe pero, no sólo no ha evitado la crisis sino que ha contribuido a generarla y agravarla.

La pregunta clave es: ¿por qué ha fallado la regulación existente? La respuesta es que los políticos que escriben las reglas son incapaces de prever por dónde vienen las crisis. Es muy fácil criticar al entrenador el lunes por la mañana. Y es muy fácil ahora reescribir las normas de Basilea, obligar a que las contabilidades de los bancos y los "conduits" se hagan de manera conjunta, forzar a que la valoración de capital no se haga a valor de mercado para no obligar a vender cuando la cotización baja. El problema es que todo eso será demasiado tarde para solucionar la crisis del presente... y no resolverá las del futuro. Porque las próximas crisis ni van estar causadas por familias subprime, ni van a tener que ver con "conduits" o "credit default swaps". ¿Por dónde van a venir? Pues no lo sé. Nadie lo sabe. ¡Ése es el problema!

La segunda premisa es que los neo-intervencionistas piensan que se puede evaluar la bondad de un sistema económico analizando sólo las crisis e ignorando sus aspectos positivos. El sistema económico que se quiere reformar ha dado lugar el crecimiento económico mundial más espectacular de la historia. Desde Estados Unidos hasta China, pasando por India, América Latina e incluso África, ese progreso económico sin precedentes ha permitido reducir las tasas de pobreza como nunca antes había sucedido en toda la historia de la humanidad.

Si no se tiene en cuenta la parte positiva, corremos el riesgo de que los neo-intervencionistas "refunden" el capitalismo para evitar crisis pasadas, que no lo consigan y que, en el proceso, se carguen algunos los motores del progreso. Y es que la razón principal que explica el fuerte crecimiento de los últimos años es la innovación llevada a cabo por miles de pequeños emprendedores cuyas ideas debían parecer locuras antes de hacerse realidad: desde Microsoft hasta Intel, pasando por Google, Starbucks, docenas de empresas de telefonía móvil o Youtube, las ideas de todos esos emprendedores debían parecer tan "excéntricas" que ningún banco tradicional las hubiera querido financiar. Gracias a Dios, además de bancos tradicionales el sistema había creado instrumentos que permitían financiar empresas de alto riesgo, y eso posibilitó el progreso tecnológico.

Un micro-cosmos que refleja las ventajas e inconvenientes de la regulación lo tenemos en España, cuyo sistema financiero ha sido alabado por su rigidez reguladora. Sí. Es cierto que el Banco de España impidió a los bancos comprar activos tóxicos, cosa que evitó el contagio procedente de Estados Unidos. Pero también es cierto que no previó que la crisis en España llegaría por otro lado y permitió que los bancos se expusieran exageradamente al sector inmobiliario... y ahora eso lo van a pagar. Es más, la extrema prudencia impuesta al sistema financiero contribuyó a que la tasa de innovación en España fuera preocupantemente baja al no poder asumir los riesgos necesarios para financiar nuevas y arriesgadas tecnologías. Dicho de otro modo: si Sergey Brinn y Larry Page hubieran sido españoles, Google nunca hubiera sido una realidad porque ningún banco español hubiera financiado una idea tan aventurada. España ha podido disfrutar de progreso tecnológico única y exclusivamente porque ese progreso tuvo lugar en el extranjero. Si no fuera por ello, España estaría anclada en 1970. Y, si como algunos proponen ahora, todo el mundo tuviera el sistema financiero español, quizá hubiéramos evitado la crisis de las subprime, pero el mundo entero estaría anclado en 1970. Y eso hubiera sido muy malo.

La crisis financiera será pasajera, pero sus secuelas pueden ser catastróficas y permanentes si dejamos que la batalla intelectual sea ganada por los políticos que conducen ese camión que nos viene de cara y que aprovecharán la ocasión para imponernos sus fobias antiliberales sin tener en cuenta los peligros del neo-intervencionismo.

* Periódico La Vanguardia, España, 17 de noviembre del 2008

“CON RESPECTO A LOS RUMORES Y A LA PSICOSIS” ALGO MUY GRAVE VA A SUCEDERLE A ESTE PUEBLO

 

Por Gabriel García Márquez*

 

Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación.

 Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde: “No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo”.

El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice: “Te apuesto un peso a que no la haces”.

Todos se ríen. El se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla.

Y él contesta: “es cierto, pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo”.

Todos se ríen de él, y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está con su mama, o una nieta o en fin, cualquier pariente. Feliz con su peso dice y comenta: “Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla porque es un tonto”.

“¿Y porqué es un tonto?” “Porque no pudo hacer una carambola sencillísima estorbado con la idea de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo”.

Y su madre le dice: “No te burles de los presentimientos de los viejos porque a veces salen”.

Una pariente oye esto y va a comprar carne. Ella le dice al carnicero: “Déme un kilo de carne”, y en el momento que la está cortando, le dice: “Mejor córteme dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado”.

El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar un kilo de carne, le dice: “Mejor lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se están preparando y comprando cosas”.

Entonces la vieja responde: “Tengo varios hijos, mejor déme cuatro kilos...”

Se lleva los cuatro kilos, y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata a otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor.

Llega el momento en que todo el mundo en el pueblo, está esperando que pase algo.

Se paralizan las actividades y de pronto a las dos de la tarde, alguien dice: “¿Se ha dado cuenta del calor que está haciendo?”

 “¡Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor!”

 Tanto calor que es pueblo donde los músicos tenían instrumentos remendados con brea y tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos.

Sin embargo -dice uno- “a esta hora nunca ha hecho tanto calor”.

“Pero a las dos de la tarde es cuando hace más calor”.

“Sí, pero no tanto calor como ahora”.

Al pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz: “Hay un pajarito en la plaza”. Y viene todo el mundo espantado a ver el pajarito.


“Pero señores, siempre ha habido pajaritos que bajan”.

“Sí, pero nunca a esta hora”.

Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo.

“Yo sí soy muy macho” -grita uno. “Yo me voy”.

Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde todo el pueblo lo ve. Hasta que todos dicen:

 “Si este se atreve, pues nosotros también nos vamos”.

Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo.

Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice: “Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa”, y entonces la incendia y otros incendian también sus casas.

Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio; le dice a su hijo que está a su lado: “¿Vistes mi'jo, que algo muy grave iba a suceder en este pueblo?”

Esto se llama la profecía auto cumplida.

No hagas caso del rumor

No seas tú mismo un instrumento para crear el caos.

Tratemos de construir, no de destruir.

 

*Remitida a ANFE por cortesía de nuestro amigo, el Sr. Noel Bustillos.


Teología económica

Luis E. Loría

Economista
Investigador IICE-UCR


En un discurso reciente, el presidente Arias indicó que estamos al “borde del abismo”. Es la realidad. Quienes dicen que aquí no va pasar nada están muy equivocados.

Tampoco es cierto que nos hayamos preparado bien para enfrentar la crisis. En un escenario pasivo –sin medidas que transformen radicalmente las reglas del juego en la economía– los efectos de la crisis, con raíces locales e internacionales, serán devastadores.

La economía no crecerá, miles de costarricenses perderán sus empleos, el consumo se desacelerará, las exportaciones caerán, varias empresas desaparecerán y quienes tienen deudas no estarán en capacidad de pagarlas.

Para detener el avance de la crisis, el equipo económico del Gobierno ha propuesto desenfundar dos pistolas de agua. La primera, la del Ministerio de Hacienda, se prepara para disparar dos chorritos de agua: una inyección de capital a los bancos del Estado y luchará para que se apruebe un crédito para infraestructura. La segunda, la del Banco Central, disparará varios chorritos de gasolina que servirán para alimentar las llamas y neutralizar los disparos de Hacienda.
“Los países no crecen, ni generan riqueza, por decreto o por una mayor intervención del Estado”.

En adición a la disponibilidad de recursos para prestar, la reactivación del crédito productivo requiere de tasas de interés bajas durante periodos de tiempo largos. La manera sana para bajar las tasas de interés es frenando en seco la inflación. Tanto las minidevaluaciones como el experimento de bandas cambiarias fracasaron en ese objetivo. Por el contrario, sirvieron para, entre otros males, elevar la inflación.

Una estrategia coherente para enfrentar la crisis económica, para desilusión de muchos, tampoco emergerá de la exhumación de la tumba de John M. Keynes. Los países no crecen, ni generan riqueza, por decreto o por una mayor intervención del Estado.

La peligrosa inclinación por disparar el gasto público en momentos de crisis solamente puede contribuir a prolongarla.

 Antes de pedir al Gobierno que ponga plata aquí o allá, deténgase un momento y hágase la siguiente pregunta: ¿De dónde sacará la plata el Gobierno para hacer esos gastos? La respuesta es muy simple: de su bolsillo, de su salario, de sus ahorros, de sus pensiones y de sus utilidades.

¿Cómo enfrentar, entonces, la crisis? Con un paquete de medidas que garanticen una mayor libertad económica, que se traduzca un mejor ambiente para hacer negocios, la creación de nuevas empresas y mayor innovación. Ese es el camino que han seguido todas las economías capitalistas modernas exitosas para escapar de la pobreza.

Se requiere un paquete de medidas urgente que incluyan la reducción de tasas impositivas sobre la renta , la eliminación de impuestos menores (para que individuos y empresas cuenten con más recursos para consumo e inversión) y la dolarización de la economía (para anclar la inflación y reducir significativamente las tasas de interés). Si no se adoptan rápidamente esas medidas, muy pronto, será necesario recurrir a la teología económica: aquella rama de la economía que estudia a las economías que se lleva el diablo.

Este artículo fue publicado en la edición 699 de El Financiero (Costa Rica) en
http://www.elfinancierocr.com/edactual/opinion1761617.html


 

PESADILLA CAMBIARIA

     Luis E. Loría*

 

El Banco Central de Costa Rica (BCCR) es responsable de nuestra actual pesadilla cambiaria y monetaria. La credibilidad del ente emisor se erosionó a tal nivel que las expectativas de las personas, incluso las mejor informadas, se encuentran fuera de control. Se equivocó en un 100% en su predicción inicial del nivel de inflación; habló de un 8% y el año cerrará con un nivel cercano a 16%. Los infructuosos esfuerzos por mantener vivo al fracasado experimento de bandas cambiarias, contribuyeron a ese desastroso y empobrecedor resultado. Aunque las autoridades del Central intentan echarle la culpa a cualquier cosa que se mueva, no pueden evadir la responsabilidad por desacertadas decisiones adoptadas por su Junta Directiva. Enumero algunas a continuación:

 

i)                    la decisión de mantener los límites de la banda cambiaria y no permitir que fluctúe el tipo de cambio hacia su nivel de equilibrio de mercado (lo cual implicó inyectar una gran cantidad de colones a la economía),

ii)                  la decisión de empujar las tasas de interés hacia abajo (lo cual generó varias distorsiones crediticias, disparó el consumo y las importaciones),

iii)                la decisión de intervenir frecuentemente dentro de los límites de las bandas (lo cual introduce distorsiones en el mercado cambiario y se presta para la manipulación del tipo de cambio) y

iv)                la decisión de mantener en secreto y no publicar información privilegiada (lo que genera información asimétrica que permite regularmente a jugadores mejor informados realizar ganancias importantes a costa de las pérdidas de los menos informados).

 

Sueños cambiarios rotos. Las ineficiencias en el mercado cambiario son imposibles de eliminar. Es por esas ineficiencias que se observan fluctuaciones abruptas e impredecibles en el mercado cambiario, las cuales no van a desaparecer aunque todas las personas y empresas compren y vendan dólares en el MONEX, ni si se ponen a funcionar coberturas cambiarias. Ya se demostró que el tipo de cambio, bajo el sistema actual, es manipulado con facilidad, que no puede flotar y que no convergerá a ningún equilibrio.  Esto bien lo sabe el BCCR y no lo discute. Por el contrario, evita referirse al tema.

 

Ante esa realidad, para evitar que reine la incertidumbre y continúe indefinidamente una transferencia de riqueza de un grupo menos informado a otro más informado, se requiere eliminar el riesgo cambiario. Eso es posible si se elimina el colón costarricense y se adopta una mejor moneda, como el dólar. Esa decisión permitirá aspirar a una menor inflación, bajas tasas de interés (sostenibles en el tiempo) y salarios, pensiones y ahorros que mantengan mejor su valor en el tiempo (actualmente se reducen, aunque usted no lo perciba, utilizando el impuesto inflacionario). En pocas palabras, al hacerlo, los costarricenses pondríamos fin a la pesadilla cambiaria causada por el BCCR y despertaríamos en una mejor posición para juntos enfrentar la crisis local e internacional.  

 

*Investigador del Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas de la Universidad de Costa Rica (lloria@strategic-la.com)

 

 

CAPITALIZAR LOS BANCOS

Juan Muñoz Giró

El Expediente N. 17236, artículo único, reforma el artículo 4 de la Ley Orgánica del Sistema Bancario Nacional así: "Los Bancos del Estado contarán con la garantía y la más completa cooperación del Estado y de todas sus dependencias e instituciones. La garantía en este artículo no será aplicable a las obligaciones o créditos subordinados que emitan o contraten los bancos del estado" (agregado en  negrita)

El proyecto de ley modifica el artículo 4 de la Ley Orgánica del Sistema Bancario Nacional al introducir la figura de créditos subordinados y obligaciones subordinadas.  Comentar sobre este aspecto amerita dos enfoques: el legal y el económico.  En cuanto al primero la tarea puede ser mejor llevada a cabo por profesionales del Derecho y en cuanto al segundo se somete a consideración una única opinión.  En ambos casos se está en presencia de un procedimiento de acreditación de deudas y acreencias en el evento de una quiebra bancaria. Y esto es muy importante: la modificación de la ley prefigura el orden de predación de las obligaciones y acreencias de un bando del Estado en quiebra; en otras palabras, el proyecto posibilita un procedimiento concursal para liquidar un banco en el que el Estado no garantiza la totalidad de las obligaciones contraídas.

La subordinación de una obligación implica que tanto el principal como los intereses se sitúan en segundo lugar de predación tras los acreedores comunes en caso de que la entidad tuviera problemas de pago.  Es decir, un depositante bancario cobraría antes que el inversionista tenedor de una deuda subordinada.  El último en cobrar sería el accionista y el penúltimo sería el inversionista subordinado.  Antes de ellos cobrarían los trabajadores, los depositantes, los acreedores, el Estado y otros.

La deuda subordinada constituye un instrumento práctico para las instituciones financieras ya que con algunas condiciones legales y contables  las obligaciones subordinadas se consideran recursos propios y, por tanto, son importantes para el cumplimiento de la suficiencia patrimonial.

Desde el punto de vista más importante, la posibilidad de que la ley establezca que el Estado no garantiza las deudas subordinadas lleva, por lógica, a concluir que se permitirá a los bancos del Estado emitir deuda subordinada. Esto implica que inversionistas privados puedan llegar a adquirir emisiones subordinadas de deuda y participar en el patrimonio de los bancos del Estado. Sin embargo, en este punto es necesaria la participación de los abogados para interpretar correctamente.

En el proceso de liquidación de un banco, se consideran créditos subordinados:

1.      Los créditos que, habiendo sido admitidos tardíamente en la masa de acreencias, sean incluidos por la administración concursal de la quiebra en la lista de acreedores o que, no habiendo sido comunicados oportunamente, sean incluidos en dicha lista por el juez al resolver sobre la impugnación de ésta, salvo que se trate de créditos cuya existencia resultare de la documentación del deudor, constaren de otro modo en el concurso o en otro procedimiento judicial, o que para su determinación sea precisa la actuación inspectora de la administración públicas, teniendo en todos estos casos el carácter que les corresponda según su naturaleza.

2.      Los créditos que por pacto contractual tengan el carácter de subordinado respecto de todos los demás créditos contra el deudor.

3.      Los créditos por intereses de cualquier clase, incluidos los moratorias, salvo los correspondientes a créditos con garantía real hasta donde alcance la respectiva garantía

4.      Los créditos por multas y demás sanciones pecuniarias.

5.      Los créditos que como consecuencia de rescisión concursal resulten a favor de quien en la sentencia haya sido declarado parte de mala fe en el acto impugnado.

En términos generales, el proyecto de ley abre el patrimonio de los bancos del Estado a la inversión privada bajo la figura de obligaciones subordinadas. No lo abre en el capital social. Sin embargo, es un buen avance en materia de fortalecimiento patrimonial, incorpora elementos de riesgo y prudencia en el manejo del activo bancario y constituiría otra opción de inversión para el mercado financiero.

 

 

LOS MEJORES Y MÁS BRILLANTES

                                                                                                Jaime Gutiérrez Góngora*

 

En su libro,“Los Mejores y Más Brillantes”, Halberstan relata cómo Kennedy escogió del mundo empresarial y académico a “los mejores y más brillantes” para que lo acompañaran en los principales puestos de su gobierno y hace una demolición pública de la reputación de todos ellos. Demuestra que fueron los principales arquitectos y defensores de la desastrosa guerra de Vietnam.

  Uno de los más notables, Bundy, reconoció que Vietnam fue “una guerra que no se debió haber librado” y que “jugué un papel importante en ese gran fracaso”. El gran enigma es cómo una persona de sobresaliente inteligencia como Bundy le aconsejó tan mal a dos presidentes. Robert Holbrooke, ex embajador de E.U. en la ONU contestó esa interrogante con el título que le dio a un ensayo para Harper’s: Los Hombres más Brillantes No Siempre Tienen Razón.

 En Costa Rica, los más respetados intelectuales de los años 40´s, en lugar de señalar claramente que querían orientar el país hacia un socialismo democrático, escogieron encubrir sus designios argumentando que el “capital costarricense es tímido y cobarde…y no se arriesga en empresas difíciles…y le repugna especialmente el papel creativo y valeroso (para generar) nuevas fuentes de riqueza patria”. Se necesitaba un Estado grande y “valiente” que seria la fuente de enriquecimiento.

 El proceso fue: Centro de Estudios de Problemas Nacionales, Junta Fundadora, Constituyente hasta concluir con el Estado empresario de CODESA que nos empobreció a todos. El Estado Grande con que los mejores y más brillantes costarricenses soñaron simplemente no sirvió. Fomentó la pobreza y la corrupción.

 El proceso regulatorio y el exceso de instituciones ha causado una parálisis virtual del país. Forjó una visión tercermundista de la economía: proteccionista, populista, estatista, que “busca bonos”. No quiere el cambio porque la competencia resulta riesgosa. Pero, además, la Constitución del 49 promovió la corrupción. Los controles y el exceso de instituciones, al no facilitar la competencia, dejó el camino abierto para que otros, menos transparentes, estuvieran dispuestos a ofrecer favores y a pagar “mordidas”.

 La Constitución del 49 es el Vietnam de las luminarias del firmamento político costarricense. Se les olvidó que el mundo existía, que la economía de Costa Rica era liliputiense y que, eventualmente, las grandes economías definirían las reglas económicas que manejarían el mundo. Pensaron que el socialismo sería eterno y no le dieron a la Constitución que inspiraron, la capacidad de una ágil re-adaptación y facilidad de cambio en caso de que se alteraran las reglas de la actividad económica mundial.

 La emancipación del Estado grande es el imperativo político y moral de nuestro tiempo. Hay que reparar el daño que nos hizo la Constitución del 49. Si los ticos quieren ser ricos, hay que tocar la Constitución y es mejor hacerlo ahora. ¿Cómo se reforma la Constitución? Por medio de la Asamblea Legislativa no. Desde el 49 a hoy, no ha sido posible conseguir los 38 votos para hacer las reformas importantes que el Estado requiere para enriquecer a su pueblo.

 Si de verdad somos una democracia, hay que darle al pueblo la responsabilidad de plasmar su propio futuro. Hay que dejar de hablarle a los ticos en “cuti” para que, como son tan delicados, no vayan a resentirse. Las elecciones en Costa Rica se han ganado con promesas de levantarle cargas y deberes a la gente. Ya es hora de que un referéndum le de, por fin, la responsabilidad sobre el futuro de su país a la gente definiendo si quieren redefinir el empobrecedor Estado actual. Que decidan si quieren un país rico como Panamá o pobre como Nicaragua. Y que tengan el país que se merecen en base a su libre albedrío. Hay que darles a los jóvenes una clara señal para que decidan si quieren o no quedarse aquí, dependiendo de las limosnas de Hugo Chávez, o buscar un futuro mejor en el extranjero. En Panamá, por ejemplo, que queda cerca.

*Premio de la Libertad de ANFE 2008. Una versión de este artículo aparece en La Nación del 28 de diciembre de este año.

 

 

IDEAS SOBRE  LIBERTAD

Oscar Alvarez Araya*

 

El régimen que mejor anula las libertades básicas es el régimen totalitario, no importa que se autoproclame de derecha o de izquierda. Entre los totalitarismos más clásicos del siglo XX siempre se menciona al Nacional Socialismo Alemán y al Socialismo Soviético.

  En el régimen totalitario, el poder del estado no tiene límites y llega a asfixiar y anular las libertades de los ciudadanos.

  Limitar el poder del estado, garantizando un espacio para el ejercicio de las libertades, es lo mismo que luchar contra el totalitarismo.

  La libertad es el principio más importante de la dignidad humana. Pero no el único. Debe balancearse con otros principios y valores de la convivencia humana. Sin libertad no puede haber justicia y sin justicia no existe verdadera libertad. Como escribió el filósofo alemán Immanuel Kant: “El Estado ha cumplido sus fines cuando ha asegurado la libertad de todos”.

  El ejercicio de la libertad implica responsabilidades, con uno mismo, con los demás, tanto los que viven ahora como las futuras generaciones. La libertad es inseparable de la responsabilidad.

  Mi libertad individual no es absoluta, pues está limitada por mis acciones pasadas, así como por la libertad que tienen los otros que viven conmigo en sociedad. En una comunidad de seres libres e iguales en derechos y obligaciones, mi libertad termina donde empieza la de los demás.

  La libertad individual absoluta termina en la anarquía o en la dictadura o tal vez primero en la anarquía y después en la dictadura.

  Esa relación compleja entre mi libertad y la libertad de los otros se regula a través de la ley, del estado de derecho. Pero el estado de derecho ha de ser fiel al derecho natural y a los derechos humanos fundamentales.

  Un orden que garantice y promueva la libertad de creación de riqueza es esencial para que la comunidad pueda avanzar hacia niveles superiores de desarrollo humano, tanto económico y social, como espiritual y cultural.

  El ejercicio de la libertad debe realizarse con responsabilidad. Los derechos implican deberes. Cada derecho humano tiene como contraparte una obligación. Cada libertad implica, también, una responsabilidad.

  La libertad debe estar balanceada por la responsabilidad social empresarial y ecológica a través del estado de derecho. La libertad no puede entenderse como una vía libre para contaminar, destruir el planeta y aumentar el calentamiento global. 

  El respeto a las libertades humanas básicas sólo puede lograrse en una verdadera democracia.  Como dijo un prócer latinoamericano “El día que nos den a escoger entre la libertad y el pan, nos quedaremos con la libertad para seguir luchando por el pan”.

  La verdadera democracia es inseparable de la libertad política que hace posible la expresión de la voluntad de la mayoría a través de elecciones libres y justas.

La democracia es el gobierno representativo de la mayoría del pueblo con respeto a los derechos y libertades fundamentales de todos, incluso, los de la minoría.

Sin elecciones libres y justas no hay libertad, ni democracia.

Los partidos políticos son necesarios en la práctica de la democracia y de la libertad política. Sin partidos políticos no hay democracia.

Los partidos políticos son los grandes actores de las elecciones libres. Quienes pregonan la destrucción de los partidos políticos, pregonan el surgimiento de los cesarismos autoritarios, es decir el fin de la libertad política.

Pero los partidos políticos tienen el deber de cambiar para ser cada vez más actualizados, fuertes, democráticos e institucionalizados. Porque como escribió Gutenberg Martínez “La democracia necesita de un sistema de partidos que funcione, y que funcione bien”, si es que pretendemos una sana gobernabilidad democrática que nos permita avanzar hacia el desarrollo.

  *Director de ANFE. Artículo publicado en el periódico La Nación del 20 de diciembre del 2008.

 

Keynesian Economics Is Wrong: Bigger Gov't Is Not Stimulus

Daniel J. Mitchell explica cómo el estímulo keynesiano no funciona y cómo la Gran Depresión fue un período de gran aumento de gasto público e impuestos. El video original de YouTube se encuentra en http://www.youtube.com/watch?v=VoxDyC7y7PM

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Puesto al día: 11 de diciembre del 2007