Asociación Nacional de Fomento Económico ANFE 

Boletín Julio del 2008

 

Mensaje de la Presidencia de ANFE 

Pensamientos de liberales

Columna Libre - Bandas y flotación cambiaria ¿q.d.D.g.?

¿Igualdad? ... ¿De qué? - Ronulfo Jiménez 

¿Sin condiciones para la dolarización?  - Luis E. Loría

El miedo a flotar - Luis E. Loría

Lord Acton, Católico y Liberal - Óscar Álvarez Araya

Negociación con Europa, Más de lo mismo - Tomás Pozuelo Arce

Estados Unidos: La Revolución que sirvió - Jaime Gutiérrez Góngora

Novedades en el sitio web de ANFE

¡NUEVO! Columnas de ANFE del mes de julio del 2008
¡NUEVO! Videos del Dr. Daniel J. Mitchell sobre diversos temas de política pública

MENSAJE DE LA PRESIDENCIA DE ANFE

Para este mes de agosto ANFE tiene en cartera diversas actividades que rogamos sean notadas por los amigos lectores.  Por una parte, ya se ha iniciado el curso sobre liberalismo que imparte este servidor, con aproximadamente 18 alumnos. Las clases se imparten los jueves de 6 a 7 en nuestras instalaciones.

Además, el próximo jueves 7 de agosto en el Hotel Radisson, ANFE llevará acabo el seminario titulado “Grandes Temas Energéticos de Costa Rica”, el cual contará con la participación del Ing. Andrés Pozuelo, director de ANFE, quien hará una introducción sobre el tema.  Posteriormente, el Máster Jorge Pacheco y el Ing. Carlos Roldán, de la Asociación Costarricense de Grandes Consumidores de Energía (ACOGRACE), expondrán sobre la “Situación Energética Mundial y la Pérdida de Competitividad”, seguidos por el Ing. Mario Alvarado de la Asociación Costarricense de Productores de Electricidad (ACOPRE), quien se referirá al tema “Producción Privada de Electricidad”.  Después de un refrigerio en el intermedio de la actividad, el Ing. Salvador López, Director de Energía del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), tratará sobre “Oportunidades de Producción Eléctrica por el Sector Privado” y con posterioridad, el Ing. William Ulate, Gerente de Proyectos y Comercio Internacional de RECOPE, disertará acerca del “Potencial Petrolero y de Biocombustibles en Costa Rica”.

Se espera una asistencia de más de 60 personas, por lo cual sugerimos una pronta confirmación de su asistencia a nuestros 2253 4460, 2224 7350 u 83761947, o por el fax 2253 4497 o a la dirección electrónica anfe@anfe.or.cr El costo de de únicamente ¢5.000 y para dicha actividad contamos con el patrocinio de la Fundación Friedrich Naumann, el Periódico El Financiero y la Fundación Academia Studium.

También este mes esperamos realizar con éxito el seminario que lleva por nombre “Hacia una Verdadera Reforma Tributaria en Costa Rica,” en donde expondrá el Dr. Dan Mitchell, del Instituto Cato de Washington, sobre el llamado “flat tax”.  Igualmente sobre ese tema expondrán el Lic. Luis Loría del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad de Costa Rica, además de este servidor, quienes también hablaremos acerca del “flat tax”. Se espera contar con el Ministro de Hacienda, Lic. Guillermo Zúñiga, quien, de tener que ausentarse en la fecha programada, enviaría a un expositor adecuado para sustituirle. La actividad está programada para el miércoles 27 de agosto de 4 a 8 p. m. en el Hotel Radisson y oportunamente haremos saber los detalles de la actividad. Deseamos indicar que el Dr. Mitchell también ha sido invitado para dar la conferencia inaugural del semestre en la Escuela de Economía en la Universidad de Costa Rica el día martes 26 de agosto a las 6 de la tarde en el Auditorio de esa facultad (para ambas exposiciones del Dr. Mitchell se contará con traductor).

Finalmente, también en este mes de agosto –concretamente el jueves 28- en nuestras instalaciones ubicadas 200 metros al Oeste de la Casa Italia se llevará a cabo el foro denominado “Ciencia y Libertad” con la participación de dos distinguidos científicos e intelectuales costarricenses, el Dr. en Biología Pedro León, de la Fundación Comisión Asesora de Alta Tecnología (CAATEC), y el Dr. en Física, Alejandro Jenkins, del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) y del Instituto Tecnológico de California (CALTECH).

En el boletín contamos con varias colaboraciones, dos de nuestro ya usual cooperador, don Luis Loría, una de las cuales se titula “El Miedo A Flotar” y la otra “Sin Condiciones para la Dolarización”.  También se presenta una de nuestro amigo el Lic. Ronulfo Jiménez, denominada “¿Igualdad? ¿De Qué?”, así como otra del profesor Oscar Alvarez, llamada “Lord Acton, Católico y Liberal”. También contamos con una colaboración de nuestro amigo y patrocinador don Tomás Pozuelo Arce, la cual lleva por nombre “Negociación con Europa” y, finalmente, otra, que mucho agradecemos, del Dr. Jaime Gutiérrez Góngora, “Estados Unidos: La Revolución que Sirvió”. Asimismo, presentamos nuestra columna regular “Pensamientos de Liberales”, así como la Columna Libre que escribe don Carlos Federico Smith, la cual en esta ocasión se titula “Bandas y Flotación Cambiaria, ¿q. d. D. g.?”.

Les recordamos que si comparten los objetivos de nuestra institución y desean afiliarse a ella o bien contribuir con su patrocinio, lo pueden hacer, en este año en que celebramos 50 años de existencia,  con tan sólo una llamada a nuestros teléfonos 2253-4460, 2224-7350 u 8376-1947, o por el fax 2253-4497 o a la dirección electrónica anfe@anfe.or.cr o por el sitio www.anfe.or.cr.  Asimismo, se puede hacer a nuestra dirección postal, Apartado 3577-1000, San José, Costa Rica.

Jorge Corrales Quesada         Presidente de ANFE

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PENSAMIENTOS DE LIBERALES

 

“Aún cuando la función esencial en una sociedad de mercado del pago de acuerdo con el producto es la de permitir que los recursos se asignen eficientemente sin coacción, es muy difícil que sea tolerada a menos que también se la perciba como generadora de una justicia distributiva.  Ninguna sociedad puede ser estable a menos que haya un conjunto básico de juicios de valor que son impensablemente aceptados por la gran mayoría de sus miembros.  Algunas instituciones claves deben ser aceptadas como “absolutas”, y no simplemente como algo instrumental. Yo creo que el pago de acuerdo con el producto ha sido, y en un alto grado aún lo es, uno de esos juicios de valor o instituciones aceptadas.” Milton Friedman, Capitalism and Freedom (Chicago: The University of Chicago Press, 1962), p. 167.

 

Aunque la mayoría de la gente considera muy natural la pretensión de que todos sean recompensados tan sólo por los merecimientos de su esfuerzo y trabajo, tal afirmación se basa en una colosal soberbia.  Se presume que en cada caso individual somos capaces de juzgar si la gente ha utilizado bien las diferentes oportunidades y talentos que se le han dado y hasta qué punto son meritorios sus logros a la luz de las circunstancias que los han hecho posibles…Se presume, en definitiva, lo que los argumentos a favor de la libertad rechazan: que podemos conocer y conocemos todo lo que guía las acciones personales… Siempre que razonemos dentro del marco de las relaciones con personas en particular reconocemos generalmente que el distintivo del hombre libre no consiste en depender para su subsistencia de los puntos de vista de otros sobre su mérito, sino tan sólo de lo que él viene para ofrecernos.  Unicamente si pensamos que nuestra posición o nuestros ingresos vienen determinados por la ‘sociedad’ tomada como conjunto podemos ser recompensados de acuerdo con el mérito.”   Friedrich A. Hayek, Los Fundamentos de la Libertad (Madrid: Unión Editorial S. A., 1975), p. p. 111-112.

 

“Los campeones liberales de la igualdad ante la ley se daban cuenta plenamente de que los hombres nacen desiguales y que es precisamente esa desigualdad lo que genera la cooperación social y la civilización.  En su opinión, la igualdad ante la ley no era diseñada para corregir los hechos inexorables del universo y hacer que desapareciera la desigualdad natural.  Por el contrario, era el instrumento que asegurara a toda la humanidad el máximo beneficio que se pueda derivar de ella… La igualdad ante la ley es algo bueno ante sus ojos porque sirve mejor a los intereses de todos.  Deja que sean los votantes quienes decidan quien deberá asumir los cargos públicos y que los consumidores decidan quienes han de dirigir las actividades productivas.  Así se eliminan las causas del conflicto violento y asegura un progreso constante hacia un estado más satisfactorio de los asuntos humanos.  El triunfo de esta filosofía liberal produjo todos esos fenómenos que en su totalidad se le llama la moderna civilización occidental.”  Ludwig von Mises, Human Action: A Treatise on Economics (San Francisco, California: Fox & Wilkes, 1963), p. p. 841-842.

 

En opinión del editor de esta columna, el presidente cubano Raúl Castro se está convirtiendo en un alumno aventajado de estos pensadores, pues dijo, en un discurso ante el parlamento de aquel país, el pasado viernes 11 de julio del 2008, que: “Socialismo significa justicia social e igualdad, pero igualdad de derechos, de oportunidades, no de ingresos.  Igualdad no es igualitarianismo.  Este, en última instancia, es también una forma de explotación: la del buen trabajador por el que no lo es, o peor aún por el vago.” (Tomado del periódico La Nación, domingo 13 de julio del 2008, p. 19A.)

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COLUMNA LIBRE

BANDAS Y FLOTACION CAMBIARIA ¿q. d. D. g?

 

De las cosas más difíciles de predecir es cuándo debe desaparecer una institución, problema que se complica si la entidad en cuestión no es “antigua”, y que por ende ya haya podido probar su utilidad o carencia con el paso de los años. En el caso del régimen cambiario llamado de bandas una de las ventajas a fin de predecir su futuro es que no lleva tantos años de existir, pues se inició allá por octubre del 2006, cuando se abandonó al entonces llamado sistema cambiario de mini-devaluaciones. El problema radica en lo que hemos comentado en otras ocasiones: la tiranía del status quo; esto es, en síntesis, que una vez que las instituciones se establecen, cuesta quitarlas dados los intereses creados a su alrededor y que se favorecen con su existencia.

 Pero, lo que los costarricenses hemos conocido como el esquema de bandas cambiarias tal vez es más fácil de predecir: su futuro es muy pobre, si bien uno nunca sabe, en especial en estos casos de instituciones públicas, si será posible eliminarlas una vez  creadas.  Pongo dos ejemplos de ello: el Consejo Nacional de Producción y la Fábrica Nacional de Licores, que han sido imposible cerrarlos y que es tal vez lo que debería de hacerse.

 Acerca de la introducción de un sistema de bandas cambiarias hubo dos fuertes corrientes, una que me atrevo a calificar de “liberal”, posiblemente porque se sustentaba en una respetable tesis de economistas, como Milton Friedman, quienes han promovido la libre flotación de los tipos de cambios.  Esto de hecho significa que la banda cambiaria es infinita. Asimismo, hay instituciones como el Fondo Monetario Internacional, en donde al menos algunos y posiblemente una minoría han abogado por dejar que el tipo de cambio se determine libremente en el mercado, como forma de controlar el problema de la inflación.  En nuestro medio, el editorialista de La Nación consistentemente ha argüido por la flotación del colón, cuyo precio sería determinado, esencialmente, por la oferta y la demanda en los mercados de divisas, lo cual significa que el valor del colón estaría definido dentro de una banda de límites infinitos o indeterminados.

 Otro grupo, comandado por el Banco Central de Costa Rica, ha abogado por un régimen de bandas cambiarias, dentro de un rango limitado, con límites superior o inferior dentro de los cuales flotaría el colón, si bien dicha fluctuación sería influida determinantemente por intervenciones del Banco Central.  Dicha banda podía ser ampliada, reducida, retorcida -como se quiera- según la voluntad del Banco Central, el cual, en cualquier momento, podía definir una nueva banda cambiaria diferente de la anterior.  Sin embargo, al menos en el largo plazo, la idea es que la banda llegue a ser tan amplia como sea posible, lo cual incluye la posibilidad de que haya una libre flotación sin límite alguno.

 Me ha parecido apropiado exponerle al primer grupo –el de los libreflotadores- la cita exacta en la cual Friedman sustenta su caso en favor de la libre flotación de los tipos de cambio. En su ensayo “The Case for Flexible Exchange Rates” expone la naturaleza del mercado en el cual hipotéticamente funcionaría su propuesta, cuando señala que “Estas condiciones hacen que un sistema de tipos de cambio flexibles o flotantes  -tasas de cambio en un mercado abierto libremente determinadas primordialmente por transacciones privadas y, tal como sucede con otros precios en los mercados, variando día tras día- sea absolutamente esencial para llenar nuestro objetivo económico básico: el logro y mantenimiento de un comercio multilateral sin restricciones.” (Milton Friedman, Essays in Positive Economics, Chicago: The University of Chicago Press, 1953, p. 157.)

  Cuando Friedman realiza su propuesta de libre flotación tiene en mente un mercado en que básicamente las transacciones cambiarias son privadas y no determinadas por la intervención o irrupción en los mercados de la acción estatal, ya sea por un Banco Central o por adláteres (permítaseme el barbarismo) que forman parte de la estructura pública, probablemente porque es bien sabido que sus transacciones no necesariamente están determinadas por consideraciones económicas, sino políticas.

 Friedman, además, señala que “abogar por tipos de cambio flexibles no es equivalente a abogar por tipos de cambio inestables… La inestabilidad en los tipos de cambio es un síntoma de inestabilidad en la estructura económica subyacente. La eliminación de este síntoma mediante el congelamiento administrativo de los tipos de cambio no cura ninguna de las dificultades subyacentes y tan sólo hace más doloroso el ajuste de ellas.” (Op. Cit., p. 158.)

 El problema, para quienes localmente arguyen en favor de que el tipo de cambio sea libremente determinado en los mercados correspondientes, estriba en que, dada la estructura de nuestro mercado cambiario, el tipo de cambio no es “libremente determinado por transacciones privadas primordialmente”, sino que es notoria, por una parte, la influencia de entidades públicas participando en dicho mercado, y, por la otra, que tampoco el mercado es lo suficientemente profundo –esto es, que haya un grado relativamente alto de participantes- como para que el accionar de algún participante concreto no pueda afectar el precio de la divisa.  Esto es, que hay actores “muy grandes” que con sólo entrar en el mercado cambiario de Costa Rica definen el valor de la divisa. Estas consideraciones obviamente no forman parte de la propuesta de Friedman a favor de tipos de cambio flexibles, quien básicamente tiene en mente los mercados globales competitivos. La estructura institucional del mercado cambiario costarricense impide lograr los frutos de una libre flotación.

 El grupo que encabeza el actual Banco Central optó por un régimen cambiario de bandas dentro de las cuales se movería el tipo de cambio; sin embargo, la experiencia habida me mueve a señalar que sobre todo dio lugar a un incremento en la incertidumbre acerca del valor esperado de nuestra moneda, vis a vis la divisa estadounidense. Las erráticas decisiones tomadas en cuanto el manejo de las bandas y, sobre todo, en la definición de reglas de intervención en dicho mercado, ha generado una enorme desconfianza entre los tenedores de colones y de dólares (tanto en Usted como en mi persona), quienes ahora buscan mayor estabilidad en sus haberes y deberes, diferente de la que podría lograrse con un régimen de bandas.

 Tan sólo tres meses después de que en octubre del 2006 el Banco Central decidió establecer un régimen cambiario de bandas, ese mismo ente efectuó el primer cambio, pues pasó de una banda que se deslizaba según la tendencia de devaluación que en ese entonces se tenía, a otra en la cual el límite superior continuó devaluándose, pero a una tasa diferente de la previa, a la vez que fijó el límite inferior de la banda.

 Diez meses después, en noviembre del 2007, de nuevo el Banco Central tomó una decisión acerca de la estructura de la banda cambiaria. Debido a que se veía obligado a adquirir los dólares relativamente abundantes en el mercado costarricense y dada su cabezonada de mantener artificialmente alto el valor del dólar, en vez de dejar que el colón se revaluara, como correspondía en un régimen cambiario libre, el Banco hizo lo que tenía que haber hecho desde hace mucho tiempo atrás: amplió toda la banda cambiaria para dejar que el colón se fuera apreciando gradualmente.  Con ello intentó evitar el exceso de colones en la economía que empujaba los precios internos al alza, debido a las compras de dólares que realizaba el Banco Central.

 Esta última medida agarró en frío a importantes participantes del mercado cambiario, principalmente del sector financiero y de los sectores exportadores, quienes, como es natural, pusieron su grito al cielo.  Según una estimación presentada por una firma de asesoría financiera hace unos tres meses, el “bajonazo” de la banda provocó pérdidas a los bancos por cerca de ¢19.000 millones de colones. Además, fue públicamente evidente la molestia de sectores exportadores, quienes principalmente se quejaron por la incertidumbre en el valor de sus exportaciones y por la falta de instrumentos de cobertura ante fluctuaciones de la divisa, pero, sobre todo, porque no tenían idea de hasta qué grado se podría revaluar el colón (y por ende sus costos, tales como el salario de sus trabajadores denominados en colones).

 En noviembre del 2007 fue que se dio esa “fuerte” baja en la banda cambiaria, en la cual el límite superior seguía ampliándose –esto es, incrementándose el rango posible de una devaluación del colón- a la vez que el límite inferior de la banda  seguía deslizándose, lo cual permitía acomodar el valor de un colón que se revaluaba.  Pero, vean qué interesante: en los meses previos el tipo de cambio se había pegado al límite inferior de la banda, indicando que en ese momento el colón se estaba revaluando dentro de la banda, pero, una vez que se tomó la decisión de bajar toda la banda, el precio de la divisa en el mercado volvió a pegarse al nuevo límite inferior. Evidentemente los mercados indicaban que el colón debería de revaluarse aún más.

 Ante esta situación, el Banco Central (recuerden que ese mismo Banco había reducido sustancialmente las tasas de interés para evitar que ingresaran dólares dizque especulativos al país, así como para que aumentaran las importaciones nacionales) siguió adquiriendo dólares en el mercado e incrementando sus reservas, lo cual, por la monetización a que da lugar, se traducía en mayores presiones inflacionarias. Los tenedores de colones y de dólares se fueron poniendo “nerviosos” ante el comportamiento interventor del Banco Central, pues, por un lado, el Banco quería limitar la entrada de dólares y que más bien estos salieran de la economía, pero, por el otro, evitaba que el colón se revaluara, mediante su decisión de no reducir más  el límite inferior de la banda cambiaria, como es lo que correspondía.

 El cuarto cambio que el Banco Central hizo a su régimen de bandas se dio tan sólo un año y nueve meses después de que inició tal sistema cambiario. En julio del 2008 decidió aumentar la banda cambiaria, mediante un incremento en su límite inferior, a la vez que el nuevo límite superior, si bien lo redujo con lo cual disminuyó el ancho de la banda, se iría ajustando diariamente, de manera que era un indicador de que el colón se podría devaluar.  Ahora las cosas resultaron al revés: el tipo de cambio se pegó al límite superior.  Los actores cambiarios rápidamente se dieron cuenta de que el tipo de cambio seguiría devaluándose y muchos acudieron a liquidar sus colones para convertirlos en dólares que se apreciarían a futuro. Ni se diga de la incertidumbre que esta nueva maniobra generó en el mercado.  La preocupación del ciudadano era evidente.  De nuevo no se tenía claridad hacia dónde irían los tipos de cambio, pues hasta era evidente un conflicto entre el principal banco estatal, el Nacional, secundado por el de Costa Rica, y el Banco Central en cuanto al manejo cambiario.

Antes del último cambio en la banda, precisamente en los días comprendidos entre el 9 y el 16 de mayo, el abrupto aumento en el tipo de cambio inducido por las compras de divisas que el Banco Central hiciera en el mercado cambiario para RECOPE, propició un enorme beneficio para los intermediarios bancarios. Se estima que en mayo los bancos habían ganado más de ¢21.000 millones. El último salto en el tipo de cambio, a mediados de julio, también favoreció a los bancos, aun cuando no se tenga a mano los datos de las ganancias cambiarias registradas por esas entidades.

 En la actualidad el Banco Central ha acudido a utilizar sus reservas para mantener un tipo de cambio con pocas variaciones y tan sólo siguiendo la pauta diaria de devaluación indicada por el límite superior de la banda. La “extracción” de reservas en el Banco Central continúa y la incertidumbre campea aún, pues no se tiene ni idea de cuánto va a sostener el Banco esa pérdida gradual de reservas. La presión es, de nuevo, para que el tipo de cambio se pegue al límite superior de la banda; esto es, que proseguirá la devaluación y muy posiblemente las presiones inflacionarias ante el aumento del costo de los bienes e insumos importados. Los intentos del Banco de aumentar las tasas de interés como forma de atraer dólares al país no parecen ser de la profundidad necesaria, pues aquéllas continúan siendo altamente negativas, además de que en los mercados internacionales han proliferado las alzas en las tasas de interés, con lo cual relativamente el mercado nacional no ha mejorado su capacidad para atraer capitales financieros desde el exterior.

 Ante el desbarajuste mostrado por las volátiles bandas cambiarias, no es de extrañar un clamor creciente por dolarizar la economía, como lo evidencia el editorial de primera página del periódico La República del martes 29 de julio, el cual atinadamente lo encabeza con “Una moneda seria”. Tal vez estamos en presencia no sólo del inicio del sepelio de régimen de bandas cambiarias, sin tal vez hasta de una moneda nacional profundamente deteriorada por las acciones del Banco Central. Q. d. D. g.

Carlos Federico Smith

Queda debidamente autorizado para reproducir esta columna en el medio de su predilección.

 

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¿IGUALDAD? ... ¿DE QUÉ?


Lic. Ronulfo Jiménez

En el tema de la desigualdad cometemos graves errores que impiden una discusión de calidad. Pongo el ejemplo de mis estudiantes de Introducción a la Economía de la Universidad de Costa Rica. Todos los semestres llegan con un discurso condenatorio de la desigualdad. Al principio simplemente los aliento para que expresen sus ideas, en realidad más bien sus sentimientos, resentimientos o prejuicios.

La prueba para examinar su visión sobre la desigualdad la dejo para el día en el que les devuelvo el primer examen calificado. Antes de entregar el examen, les informo de la desigual distribución de las notas, unas muy buenas y otros notas muy malas. Les propongo la constitución de un fondo solidario para ayudarles a los estudiantes con bajas calificaciones. El fondo estaría formado con contribuciones voluntarias de todos los estudiantes. Entonces les pregunto: ¿Quiénes son los voluntarios que donarán puntos de sus calificaciones para los estudiantes de bajas calificaciones?

La respuesta abrumadoramente mayoritaria es: ¿Perdón, profe, pero yo no contribuyo a ese fondo, porque estudié mucho para el examen, y no voy a compartir mi nota con aquellos compañeros que no estudiaron? Coinciden en este argumento los alumnos capitalistas de la Escuela de Administración de Negocios y los socialistas de la Escuela de Sociología. El resultado es un fondo solidario sin recursos.

La discusión no puede quedar ahí, pues no se trata de poner en evidencia nuestras hipocresías. La discusión sigue hasta que un estudiante dice: ¿Bueno, profe, tal vez algunos compañeros salieron mal en el examen, no por falta de interés, sino porque no tienen acceso a los libros de texto o al sitio de Internet donde usted cuelga su curso? Esta observación permite establecer una diferencia básica entre dos conceptos: la desigualdad de los resultados (la nota del examen) y la desigualdad en las oportunidades para tener una buena nota.
Ambos conceptos son engañosamente semejantes, están relacionados, pero no son exactamente lo mismo. La distribución de los resultados depende de las oportunidades y de la decisión de cada cual de aprovechar o no las oportunidades. Por ejemplo, un grupo de personas puede tener igualdad de oportunidades, pero podría tener desigualdad de resultados por decisión propia.

Posiblemente si Raúl Castro fuera mi alumno, la pasaría muy bien en mi clase y sacaría buena nota. Él tiene muy claro el asunto cuando dice: “Socialismo significa justicia social e igualdad, pero igualdad de derechos, de oportunidades, no de ingresos. Igualdad no es igualitarismo”. Con esta afirmación, Raúl Castro no está renunciando a una posición por la justicia social, está planteando el tema de la igualdad en su justa dimensión: una sociedad es justa si proporciona igualdad de oportunidades; luego, cada cual verá si desea aprovechar esas oportunidades o no.

En línea con lo planteado, Raúl anunció aumentos salariales para aquellos que producen más para reactivar la economía. ¿Cómo interpretar esto? ¿Será que Raúl y su vigilante hermano se hicieron neoliberales? Dejemos las etiquetas para mentes maniqueas. En realidad, los hermanos Castro están haciendo un ejercicio de realismo para combinar el crecimiento económico y la igualdad, pero la igualdad de oportunidades.

¿Qué lección nos deja todo esto en Costa Rica? Deberíamos preocuparnos más de la distribución de las oportunidades de las personas para generar ingreso y riqueza (educación, salud, acceso al mercado laboral en condiciones productivas, etc.) que en la desigualdad del ingreso. En vez de enfocarnos en el coeficiente de Gini, sería mejor hacerlo en distribución de las oportunidades, especialmente de los niños y los jóvenes que constituirán el país del futuro.


El. Lic. Jiménez ha colaborado con ANFE en diversas ocasiones

 

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¿SIN CONDICIONES PARA LA DOLARIZACIÓN?

 

     Luis E. Loría*

 

No debemos renunciar a la solución óptima, sólo porque “una dolarización no parece estar en la agenda de este Gobierno” o porque esto “implicaría enviar un proyecto de ley a la Asamblea Legislativa”. Esas no son razones válidas. No comparto el argumento de que es mejor trabajar con lo malo que tenemos (el sistema de bandas cambiarias), aunque sea a un costo sumamente elevado para la sociedad, que el aspirar a la mejor solución posible (dolarizar la economía) y empezar a tomar las acciones para implementarla. El regresar a las minidevaluaciones, como ya se hizo de facto, es aceptar convivir con elevados niveles de inflación y favorecer a grupos específicos en detrimento de la gran mayoría. La libre flotación, simplemente no es viable por las ineficiencias del mercado cambiario, las cuales son imposibles de eliminar. Lo que se encuentra en juego es el futuro económico de la nación y, de manera menos abstracta, el bienestar de los costarricenses. Es un  problema real que no tiene color político, ni tinte ideológico y cuya solución beneficiará a todos por igual (no más subsidios disfrazados).

 

Siempre que se enfrentan decisiones de gran trascendencia, resulta más fácil asumir el cómodo rol de espectador (que no actúa, solamente observa), evitando tomar las acciones necesarias para solucionar problemas. Esa actitud se encuentra profundamente enraizada en la manera de ser del costarricense y la encontramos representada en frases como: “esperaremos a que se aclaren los nublados del día” y “patear la bola hacía adelante”, lo cual significa no tomar decisión alguna. Lamentablemente, en el caso de la difícil situación que atraviesa la economía costarricense, al país no le conviene seguir con los brazos cruzados observando pasivo cómo se descalabra el sistema económico.

 

Existe ya un amplio consenso en cuanto a que el experimento con las bandas cambiarias fue un fracaso. También, se ha reconocido que las maniobras para intentar mantenerlo vivo artificialmente, como las reducciones en las tasas de interés y las intervenciones dentro de las bandas, tuvieron enorme costo para la sociedad. Este ha comenzado a hacerse evidente en los niveles de inflación, deterioro de las carteras de crédito, pérdidas por movimientos abruptos en el tipo de cambio, caída en la inversión (tanto nacional como extranjera), grave deterioro de la balanza comercial y desaceleración del crecimiento económico. ¿Cómo justificar, entonces, que lo que más conviene a Costa Rica es seguir en lo mismo?

 

Tomar acción en un régimen democrático es difícil. Implica discusión libre y abierta de los principales problemas que enfrenta la sociedad y crear los espacios necesarios para adoptar las mejores soluciones. Querámoslo o no, llegó el momento de tomar la decisión trascendental de romper con el letargo que se apoderó del manejo de la política económica. Todos los costarricenses estamos llamados a hacer ese cambio posible. De no hacerlo, compartiremos la responsabilidad por las consecuencias.

 

 

*Investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad de Costa Rica, lloria@strategic-la.com

 

  

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EL MIEDO A FLOTAR

      Luis E. Loría* 

 El miedo a flotar se apoderó de la Junta Directiva del Banco Central de Costa Rica (BCCR). El martes 15 de julio, a altas horas de la noche, el BCCR acordó dar marcha atrás al proceso de flexibilización del mercado cambiario. La decisión sirvió para confirmar lo que ya era evidente: el experimento con el sistema de bandas ha fracasado y la flotación no es alternativa viable, dadas las características del mercado cambiario costarricense.

 

Desde el momento en que el tipo de cambio se despegó del piso en el mes de mayo, el BCCR intervino constantemente dentro de las bandas para fijar artificialmente el precio del dólar, en niveles con los que la Junta Directiva del BCCR se sintiera cómoda, considerara de equilibrio o estimara justos. Cada vez que el BCCR intervino en el mercado cambiario para “defenderlo”  favoreció a grupos específicos en perjuicio de otros, perjudicando su autoridad y credibilidad. El propio Presidente del BCCR se cuestionó a sí mismo. En entrevista reciente, al referirse al tema de la intervención dentro de las bandas y pérdida de reservas monetarias, indicó no saber si lo que se hizo estuvo bien o mal. En sus propias palabras: “no sé si tenía sentido hacer eso.” (La Nación 17/06/08.)

 

La economía costarricense navega en aguas turbulentas y hoy no existe claridad sobre cuál es nuestro régimen cambiario. La incertidumbre acerca del futuro del tipo de cambio no ha disminuido (es cada vez menos predecible) y las expectativas de inflación se encuentran fuera de control. Al mismo tiempo, el BCCR también ha dado marcha atrás en su decisión de bajar las tasas de interés. Los aumentos en las tasas, acompañados por la devaluación, han incrementado significativamente el riesgo de no pago de los créditos, los cuales crecieron aceleradamente durante los meses de una bonanza crediticia artificial inducida por el BCCR. Como si fuera poco, la política monetaria restrictiva le aplicará un freno brusco al crecimiento económico.

 

Es necesario que el gobierno adopte medidas urgentes para reducir los costos de la crisis cambiaria y la creciente inflación. Esto significa un discurso diferente acompañado de acciones concretas que eliminen el riesgo cambiario y anclen la inflación. Para avanzar en esa dirección se requiere lo siguiente:

 

                   i.            Decisión política al más alto nivel para reconocer la necesidad de cambiar radicalmente la trayectoria negativa que tiene el manejo económico.

                  ii.            Anuncio oficial de abandono del experimento con el sistema de bandas cambiarias.

                 iii.            Implementación inmediata de las acciones requeridas para la dolarización oficial de la economía.

 

Investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad de Costa Rica, lloria@strategic-la.com

 

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LORD ACTON, CATÓLICO Y LIBERAL

     Óscar Álvarez Araya*

 

Lord Acton es conocido por su relampagueante sentencia: “El poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente”. Vivió en Inglaterra de 1834 a 1902 destacando como historiador y pensador político emblemático del movimiento católico liberal. Fue profesor en la Universidad de Cambridge y escribió numerosos artículos, algunos de ellos reunidos en su “Historia de la libertad”. Su nombre completo es John Emerich Edward Dalberg-Acton. Es sin duda uno de los maestros del intelectual y teólogo norteamericano Michael Novak.

 

 Así por ejemplo colocó a Jesús entre los precursores de la libertad, pues cuando el Nazareno dijo que había que “dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” le puso límites al poder civil, repudió el absolutismo y marcó el comienzo de la libertad. El César ya no era absoluto pues no le competían los asuntos del Reino de Dios. Jesús en fin, según Lord Acton redujo la autoridad política dentro de límites bien definidos, lo cual es un anhelo de los liberales.

 

 Según Acton por nacimiento todos los seres humanos son libres y la libertad no es un medio sino el fin del gobierno. Por lo demás escribió: “Amigos sinceros de la libertad ha habido pocos en todas las épocas”.

 Este intelectual de la Inglaterra victoriana afirmó que las amenazas hacia la libertad pueden venir de la autoridad, de la opinión, de las costumbre e incluso de la mayoría. Para el “la idea de libertad es la unidad, la única unidad de la historia del mundo y el principal concepto de una filosofía de la historia”. En sus escritos se adivinan lecturas de Santo Tomás de Aquino y de John Locke, el fundador del liberalismo político.

 

 

 Su ensayo sobre la libertad en el cristianismo termina con las siguientes palabras: “Y porque la luz que nos ha guiado está aún sin apagar y las causas que nos han llevado tan lejos en la nave de las naciones libres no ha perdido aún su poder, la historia del futuro está escrita en el pasado, y lo que ha sido es lo que será”.

 

  

* El Doctor Alvarez ha sido diplomático y es profesor universitario, www.oscaralvarez.co.cr

 

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NEGOCIACIÓN CON EUROPA, MÁS DE LO MISMO

Tomas Pozuelo Arce

No son nuevas las quejas de la industria alimentaria frente a la estrategia oficial de promover un acuerdo con Europa basado en la intención de exportar materias primas y productos agrícolas del país a precios más bajos que los ofrecidos por las corporaciones agrícolas a los productores nacionales, mientras se cierra el mercado local a las importaciones de estos mismos productos. Semejante estrategia crea una distorsión que beneficia ante todo a los productores de alimentos del Viejo Mundo y que no estimula ningún tipo de inversión en proyectos que agreguen valor a las materias primas nacionales e importadas.  

 
Una negociación, sin duda, digna de ser incluida en los libros de autores renombrados como Andrés Oppenheimer y otros, quienes insisten en afirmar que las raíces de la pobreza de Latinoamérica hay que buscarlas en el modelo de producción y exportación de materias primas que no hemos podido abandonar, más el uso de mano de obra e intelecto barato, con el objetivo de importar productos terminados caros provenientes de las naciones que compran nuestras materias primas y se ríen de nuestra ineptitud como negociadores.

 
Las autoridades centroamericanas anuncian los esfuerzos por la apertura del mercado europeo de bienes primarios –azúcar, por ejemplo,– al tiempo que son los responsables del cierre del mercado local para este producto y otros como la papa, la leche, el arroz y los aceites comestibles. Entonces, ¿por qué abrir nuestro mercado a productos que vendrán elaborados con materias primas regionales que sí han sido negociadas bajo condiciones competitivas y que sí están aprovechando las bondades de la apertura comercial, en tanto que la mejor estrategia regional ha sido la de cerrar el mercado propio de dichos bienes primarios, en contra de los mejores intereses de los usuarios y consumidores locales? ¿Dónde quedó el concepto de libre comercio?
 
Adicionalmente a esta muestra de bondad hacia los europeos, debemos señalar la falta de interés y definición de prioridades por parte de nuestro gobierno en todo lo que se refiere a la integración centroamericana. Nuestra región representa más de la mitad del comercio de alimentos procesados de Costa Rica, motivo por el cual el libre tránsito y la libre movilidad de estos productos resultan ser fundamentales. Antes de avanzar en la apertura del mercado local a los productos que provienen de Europa, la región debe avanzar en procesos de armonización arancelaria, eliminación del Anexo A y de todas aquellas trabas que impiden un comercio fluido y progresivo, tal y como de manera lógica lo solicitan los europeos para sus productos.  
 
Lo que no podemos aceptar es que nuestros negociadores estén más preocupados en darle mayor competitividad al producto europeo en el mercado centroamericano, antes que en priorizar el comercio de productos alimentarios en nuestra región y plantear la necesidad de generar un ambiente de inversión sano en el área de alimentos de alto valor agregado de sello nacional.

 

Colaboración de Don Tomás Pozuelo para el Boletín de ANFE

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ESTADOS UNIDOS: LA REVOLUCIÓN QUE SIRVIÓ

 

Dr. Jaime Gutiérrez Góngora*

 La gran mayoría de las revoluciones no han servido porque parten de una mentira congénita: sus ideales, generalmente, no son realizables. Por eso terminan haciendo daño. Al rebelarse contra la ortodoxia y la opresión, la revolución francesa y la rusa crearon nuevas ortodoxias y opresiones mucho peores que las que habían repudiado. Construyeron “la libertad” sobre montañas de cadáveres e impusieron la estabilidad con la intimidación y la fraternidad con el terror sistemático. Napoleón fue el precursor del estado totalitario del siglo XX de Hitler y Stalin. Creyeron que la naturaleza humana puede ser moldeada hacia una apreciación generosa del bien común. Le atribuían una importancia demasiado irreal a la bondad del ser humano y se toparon con la realidad de su egoísmo. Eventualmente, sus revoluciones tuvieron que ser impuestas por medio de la represión.

 La revolución norteamericana fue inspirada por un grupo de gigantes entre los hombres. El sistema capitalista que surgió, funcionó porque estaba fundamentado en la verdad sobre el egoísmo de la gente y no en un cuento de hadas sobre “la hermandad de los pueblos”. Si el capitalismo es un sistema de competencia despiadada, ¿que es la vida sino eso? Por eso es que el capitalismo es un sistema que está en consonancia con la vida. Y porque refleja la realidad es que la revolución norteamericana funcionó.

 

 

 

 

 

 

*Médico y autor de diversos libros y ensayos periodísticos.

 

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Puesto al día: 11 de diciembre del 2007