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Asociación Nacional de Fomento Económico ANFE Boletín Julio del 2008
Mensaje de la Presidencia de ANFE Columna Libre - Bandas y flotación cambiaria ¿q.d.D.g.? ¿Igualdad? ... ¿De qué? - Ronulfo Jiménez ¿Sin condiciones para la dolarización? - Luis E. Loría El miedo a flotar - Luis E. Loría Lord Acton, Católico y Liberal - Óscar Álvarez Araya Negociación con Europa, Más de lo mismo - Tomás Pozuelo Arce Estados Unidos: La Revolución que sirvió - Jaime Gutiérrez Góngora
MENSAJE
DE LA PRESIDENCIA DE ANFE Para
este mes de agosto ANFE tiene en cartera diversas actividades que rogamos sean
notadas por los amigos lectores. Por
una parte, ya se ha iniciado el curso sobre liberalismo que imparte este
servidor, con aproximadamente 18 alumnos. Las clases se imparten los jueves de 6
a 7 en nuestras instalaciones. Además,
el próximo jueves 7 de agosto en el Hotel Radisson, ANFE llevará acabo el
seminario titulado “Grandes Temas Energéticos de Costa Rica”, el cual
contará con la participación del Ing. Andrés Pozuelo, director de ANFE, quien
hará una introducción sobre el tema. Posteriormente,
el Máster Jorge Pacheco y el Ing. Carlos Roldán, de la Asociación
Costarricense de Grandes Consumidores de Energía (ACOGRACE), expondrán sobre
la “Situación Energética Mundial y la Pérdida de Competitividad”,
seguidos por el Ing. Mario Alvarado de la Asociación Costarricense de
Productores de Electricidad (ACOPRE), quien se referirá al tema “Producción
Privada de Electricidad”. Después
de un refrigerio en el intermedio de la actividad, el Ing. Salvador López,
Director de Energía del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), tratará
sobre “Oportunidades de Producción Eléctrica por el Sector Privado” y con
posterioridad, el Ing. William Ulate, Gerente de Proyectos y Comercio
Internacional de RECOPE, disertará acerca del “Potencial Petrolero y de
Biocombustibles en Costa Rica”. Se
espera una asistencia de más de 60 personas, por lo cual sugerimos una pronta
confirmación de su asistencia a nuestros 2253 4460, 2224
7350 u 83761947, o por el fax 2253 4497 o a la dirección electrónica anfe@anfe.or.cr
El costo de de únicamente ¢5.000 y para dicha actividad contamos con el
patrocinio de la Fundación Friedrich Naumann, el Periódico El Financiero y la
Fundación Academia Studium. También
este mes esperamos realizar con éxito el seminario que lleva por nombre
“Hacia una Verdadera Reforma Tributaria en Costa Rica,” en donde expondrá
el Dr. Dan Mitchell, del Instituto Cato de Washington, sobre el llamado “flat
tax”. Igualmente sobre ese tema
expondrán el Lic. Luis Loría del Instituto de Investigaciones Económicas de
la Universidad de Costa Rica, además de este servidor, quienes también
hablaremos acerca del “flat tax”. Se espera contar con el Ministro de
Hacienda, Lic. Guillermo Zúñiga, quien, de tener que ausentarse en la fecha
programada, enviaría a un expositor adecuado para sustituirle. La actividad está
programada para el miércoles 27 de agosto de 4 a 8 p. m. en el Hotel Radisson y
oportunamente haremos saber los detalles de la actividad. Deseamos indicar que
el Dr. Mitchell también ha sido invitado para dar la conferencia inaugural del
semestre en la Escuela de Economía en la Universidad de Costa Rica el día
martes 26 de agosto a las 6 de la tarde en el Auditorio de esa facultad (para
ambas exposiciones del Dr. Mitchell se contará con traductor). Finalmente,
también en este mes de agosto –concretamente el jueves 28- en nuestras
instalaciones ubicadas 200 metros al Oeste de la Casa Italia se llevará a cabo
el foro denominado “Ciencia y Libertad” con la participación de dos
distinguidos científicos e intelectuales costarricenses, el Dr. en Biología
Pedro León, de la Fundación Comisión Asesora de Alta Tecnología (CAATEC), y
el Dr. en Física, Alejandro Jenkins, del Instituto Tecnológico de
Massachussets (MIT) y del Instituto Tecnológico de California (CALTECH). En
el boletín contamos con varias colaboraciones, dos de nuestro ya usual
cooperador, don Luis Loría, una de las cuales se titula “El Miedo A Flotar”
y la otra “Sin Condiciones para la Dolarización”. También
se presenta una de nuestro amigo el Lic. Ronulfo Jiménez, denominada “¿Igualdad?
¿De Qué?”, así como otra del profesor Oscar Alvarez, llamada “Lord Acton,
Católico y Liberal”. También contamos con una colaboración de nuestro amigo
y patrocinador don Tomás Pozuelo Arce, la cual lleva por nombre “Negociación
con Europa” y, finalmente, otra, que mucho agradecemos, del Dr. Jaime Gutiérrez
Góngora, “Estados Unidos: La Revolución que Sirvió”. Asimismo,
presentamos nuestra columna regular “Pensamientos de Liberales”, así como
la Columna Libre que escribe don Carlos Federico Smith, la cual en esta ocasión
se titula “Bandas y Flotación Cambiaria, ¿q. d. D. g.?”. Les
recordamos que si comparten los objetivos de nuestra institución y desean
afiliarse a ella o bien contribuir con su patrocinio, lo pueden hacer, en este año
en que celebramos 50 años de existencia, con
tan sólo una llamada a nuestros teléfonos 2253-4460, 2224-7350 u 8376-1947, o
por el fax 2253-4497 o a la dirección electrónica anfe@anfe.or.cr
o por el sitio www.anfe.or.cr.
Asimismo, se puede hacer a nuestra dirección postal, Apartado 3577-1000,
San José, Costa Rica. Jorge
Corrales Quesada
Presidente de ANFE
PENSAMIENTOS
DE LIBERALES “Aún
cuando la función esencial en una sociedad de mercado del pago de acuerdo con
el producto es la de permitir que los recursos se asignen eficientemente sin
coacción, es muy difícil que sea tolerada a menos que también se la perciba
como generadora de una justicia distributiva.
Ninguna sociedad puede ser estable a menos que haya un conjunto básico
de juicios de valor que son impensablemente aceptados por la gran mayoría de
sus miembros. Algunas instituciones
claves deben ser aceptadas como “absolutas”, y no simplemente como algo
instrumental. Yo creo que el pago de acuerdo con el producto ha sido, y en un
alto grado aún lo es, uno de esos juicios de valor o instituciones
aceptadas.” Milton Friedman,
Capitalism and Freedom (Chicago: The University of Chicago Press, 1962), p. 167. “Aunque
la mayoría de la gente considera muy natural la pretensión de que todos sean
recompensados tan sólo por los merecimientos de su esfuerzo y trabajo, tal
afirmación se basa en una colosal soberbia.
Se presume que en cada caso individual somos capaces de juzgar si la
gente ha utilizado bien las diferentes oportunidades y talentos que se le han
dado y hasta qué punto son meritorios sus logros a la luz de las circunstancias
que los han hecho posibles…Se presume, en definitiva, lo que los argumentos a
favor de la libertad rechazan: que podemos conocer y conocemos todo lo que guía
las acciones personales… Siempre que razonemos dentro del marco de las
relaciones con personas en particular reconocemos generalmente que el distintivo
del hombre libre no consiste en depender para su subsistencia de los puntos de
vista de otros sobre su mérito, sino tan sólo de lo que él viene para
ofrecernos. Unicamente si pensamos
que nuestra posición o nuestros ingresos vienen determinados por la
‘sociedad’ tomada como conjunto podemos ser recompensados de acuerdo con el
mérito.” Friedrich A.
Hayek, Los Fundamentos de la Libertad (Madrid: Unión Editorial S. A., 1975), p.
p. 111-112. “Los
campeones liberales de la igualdad ante la ley se daban cuenta plenamente de que
los hombres nacen desiguales y que es precisamente esa desigualdad lo que genera
la cooperación social y la civilización.
En su opinión, la igualdad ante la ley no era diseñada para corregir
los hechos inexorables del universo y hacer que desapareciera la desigualdad
natural. Por el contrario, era el
instrumento que asegurara a toda la humanidad el máximo beneficio que se pueda
derivar de ella… La igualdad ante la ley es algo bueno ante sus ojos porque
sirve mejor a los intereses de todos. Deja
que sean los votantes quienes decidan quien deberá asumir los cargos públicos
y que los consumidores decidan quienes han de dirigir las actividades
productivas. Así se eliminan las
causas del conflicto violento y asegura un progreso constante hacia un estado más
satisfactorio de los asuntos humanos. El
triunfo de esta filosofía liberal produjo todos esos fenómenos que en su
totalidad se le llama la moderna civilización occidental.”
Ludwig von Mises, Human
Action: A Treatise on Economics (San Francisco, California: Fox & Wilkes,
1963), p. p. 841-842. En
opinión del editor de esta columna, el presidente cubano Raúl Castro se está
convirtiendo en un alumno aventajado de estos pensadores, pues dijo, en un
discurso ante el parlamento de aquel país, el pasado viernes 11 de julio del
2008, que: “Socialismo significa justicia social e igualdad, pero igualdad de
derechos, de oportunidades, no de ingresos.
Igualdad no es igualitarianismo. Este,
en última instancia, es también una forma de explotación: la del buen
trabajador por el que no lo es, o peor aún por el vago.” (Tomado del periódico
La Nación, domingo 13 de julio del 2008, p. 19A.)
COLUMNA
LIBRE BANDAS
Y FLOTACION CAMBIARIA ¿q. d. D. g? De las cosas más
difíciles de predecir es cuándo debe desaparecer una institución, problema
que se complica si la entidad en cuestión no es “antigua”, y que por ende
ya haya podido probar su utilidad o carencia con el paso de los años. En el
caso del régimen cambiario llamado de bandas una de las ventajas a fin de
predecir su futuro es que no lleva tantos años de existir, pues se inició allá
por octubre del 2006, cuando se abandonó al entonces llamado sistema cambiario
de mini-devaluaciones. El problema radica en lo que hemos comentado en otras
ocasiones: la tiranía del status quo; esto es, en síntesis, que una vez que
las instituciones se establecen, cuesta quitarlas dados los intereses creados a
su alrededor y que se favorecen con su existencia. Pero, lo
que los costarricenses hemos conocido como el esquema de bandas cambiarias tal
vez es más fácil de predecir: su futuro es muy pobre, si bien uno nunca sabe,
en especial en estos casos de instituciones públicas, si será posible
eliminarlas una vez creadas.
Pongo dos ejemplos de ello: el Consejo Nacional de Producción y la Fábrica
Nacional de Licores, que han sido imposible cerrarlos y que es tal vez lo que
debería de hacerse. Acerca
de la introducción de un sistema de bandas cambiarias hubo dos fuertes
corrientes, una que me atrevo a calificar de “liberal”, posiblemente porque
se sustentaba en una respetable tesis de economistas, como Milton Friedman,
quienes han promovido la libre flotación de los tipos de cambios.
Esto de hecho significa que la banda cambiaria es infinita. Asimismo, hay
instituciones como el Fondo Monetario Internacional, en donde al menos algunos y
posiblemente una minoría han abogado por dejar que el tipo de cambio se
determine libremente en el mercado, como forma de controlar el problema de la
inflación. En nuestro medio, el
editorialista de La Nación consistentemente ha argüido por la flotación del
colón, cuyo precio sería determinado, esencialmente, por la oferta y la
demanda en los mercados de divisas, lo cual significa que el valor del colón
estaría definido dentro de una banda de límites infinitos o indeterminados. Otro
grupo, comandado por el Banco Central de Costa Rica, ha abogado por un régimen
de bandas cambiarias, dentro de un rango limitado, con límites superior o
inferior dentro de los cuales flotaría el colón, si bien dicha fluctuación
sería influida determinantemente por intervenciones del Banco Central.
Dicha banda podía ser ampliada, reducida, retorcida -como se quiera- según
la voluntad del Banco Central, el cual, en cualquier momento, podía definir una
nueva banda cambiaria diferente de la anterior. Sin embargo, al menos en el largo plazo, la idea es que la
banda llegue a ser tan amplia como sea posible, lo cual incluye la posibilidad
de que haya una libre flotación sin límite alguno. Me ha
parecido apropiado exponerle al primer grupo –el de los libreflotadores- la
cita exacta en la cual Friedman sustenta su caso en favor de la libre flotación
de los tipos de cambio. En su ensayo “The Case for Flexible Exchange Rates”
expone la naturaleza del mercado en el cual hipotéticamente funcionaría su
propuesta, cuando señala que “Estas condiciones hacen que un sistema de tipos
de cambio flexibles o flotantes -tasas
de cambio en un mercado abierto libremente determinadas primordialmente por
transacciones privadas y, tal como sucede con otros precios en los mercados,
variando día tras día- sea absolutamente esencial para llenar nuestro objetivo
económico básico: el logro y mantenimiento de un comercio multilateral sin
restricciones.” (Milton
Friedman, Essays in Positive Economics, Chicago: The University of Chicago
Press, 1953, p. 157.) Cuando Friedman realiza su propuesta de libre flotación tiene
en mente un mercado en que básicamente las transacciones cambiarias son
privadas y no determinadas por la intervención o irrupción en los mercados de
la acción estatal, ya sea por un Banco Central o por adláteres (permítaseme
el barbarismo) que forman parte de la estructura pública, probablemente porque
es bien sabido que sus transacciones no necesariamente están determinadas por
consideraciones económicas, sino políticas. Friedman,
además, señala que “abogar por tipos de cambio flexibles no es equivalente a
abogar por tipos de cambio inestables… La inestabilidad en los tipos de cambio
es un síntoma de inestabilidad en la estructura económica subyacente. La
eliminación de este síntoma mediante el congelamiento administrativo de los
tipos de cambio no cura ninguna de las dificultades subyacentes y tan sólo hace
más doloroso el ajuste de ellas.” (Op. Cit., p. 158.) El
problema, para quienes localmente arguyen en favor de que el tipo de cambio sea
libremente determinado en los mercados correspondientes, estriba en que, dada la
estructura de nuestro mercado cambiario, el tipo de cambio no es “libremente
determinado por transacciones privadas primordialmente”, sino que es notoria,
por una parte, la influencia de entidades públicas participando en dicho
mercado, y, por la otra, que tampoco el mercado es lo suficientemente profundo
–esto es, que haya un grado relativamente alto de participantes- como para que
el accionar de algún participante concreto no pueda afectar el precio de la
divisa. Esto es, que hay actores
“muy grandes” que con sólo entrar en el mercado cambiario de Costa Rica
definen el valor de la divisa. Estas consideraciones obviamente no forman parte
de la propuesta de Friedman a favor de tipos de cambio flexibles, quien básicamente
tiene en mente los mercados globales competitivos. La estructura institucional
del mercado cambiario costarricense impide lograr los frutos de una libre
flotación. El grupo
que encabeza el actual Banco Central optó por un régimen cambiario de bandas
dentro de las cuales se movería el tipo de cambio; sin embargo, la experiencia
habida me mueve a señalar que sobre todo dio lugar a un incremento en la
incertidumbre acerca del valor esperado de nuestra moneda, vis
a vis la divisa estadounidense. Las erráticas decisiones tomadas en cuanto
el manejo de las bandas y, sobre todo, en la definición de reglas de intervención
en dicho mercado, ha generado una enorme desconfianza entre los tenedores de
colones y de dólares (tanto en Usted como en mi persona), quienes ahora buscan
mayor estabilidad en sus haberes y deberes, diferente de la que podría lograrse
con un régimen de bandas. Tan sólo
tres meses después de que en octubre del 2006 el Banco Central decidió
establecer un régimen cambiario de bandas, ese mismo ente efectuó el primer
cambio, pues pasó de una banda que se deslizaba según la tendencia de
devaluación que en ese entonces se tenía, a otra en la cual el límite
superior continuó devaluándose, pero a una tasa diferente de la previa, a la
vez que fijó el límite inferior de la banda. Diez
meses después, en noviembre del 2007, de nuevo el Banco Central tomó una
decisión acerca de la estructura de la banda cambiaria. Debido a que se veía
obligado a adquirir los dólares relativamente abundantes en el mercado
costarricense y dada su cabezonada de mantener artificialmente alto el valor del
dólar, en vez de dejar que el colón se revaluara, como correspondía en un régimen
cambiario libre, el Banco hizo lo que tenía que haber hecho desde hace mucho
tiempo atrás: amplió toda la banda cambiaria para dejar que el colón se fuera
apreciando gradualmente. Con ello
intentó evitar el exceso de colones en la economía que empujaba los precios
internos al alza, debido a las compras de dólares que realizaba el Banco
Central. Esta última
medida agarró en frío a importantes participantes del mercado cambiario,
principalmente del sector financiero y de los sectores exportadores, quienes,
como es natural, pusieron su grito al cielo.
Según una estimación presentada por una firma de asesoría financiera
hace unos tres meses, el “bajonazo” de la banda provocó pérdidas a los
bancos por cerca de ¢19.000 millones de colones. Además, fue públicamente
evidente la molestia de sectores exportadores, quienes principalmente se
quejaron por la incertidumbre en el valor de sus exportaciones y por la falta de
instrumentos de cobertura ante fluctuaciones de la divisa, pero, sobre todo,
porque no tenían idea de hasta qué grado se podría revaluar el colón (y por
ende sus costos, tales como el salario de sus trabajadores denominados en
colones). En
noviembre del 2007 fue que se dio esa “fuerte” baja en la banda cambiaria,
en la cual el límite superior seguía ampliándose –esto es, incrementándose
el rango posible de una devaluación del colón- a la vez que el límite
inferior de la banda seguía deslizándose, lo cual permitía acomodar el valor de
un colón que se revaluaba. Pero,
vean qué interesante: en los meses previos el tipo de cambio se había pegado
al límite inferior de la banda, indicando que en ese momento el colón se
estaba revaluando dentro de la banda, pero, una vez que se tomó la decisión de
bajar toda la banda, el precio de la divisa en el mercado volvió a pegarse al
nuevo límite inferior. Evidentemente los mercados indicaban que el colón debería
de revaluarse aún más. Ante
esta situación, el Banco Central (recuerden que ese mismo Banco había reducido
sustancialmente las tasas de interés para evitar que ingresaran dólares dizque
especulativos al país, así como para que aumentaran las importaciones
nacionales) siguió adquiriendo dólares en el mercado e incrementando sus
reservas, lo cual, por la monetización a que da lugar, se traducía en mayores
presiones inflacionarias. Los tenedores de colones y de dólares se fueron
poniendo “nerviosos” ante el comportamiento interventor del Banco Central,
pues, por un lado, el Banco quería limitar la entrada de dólares y que más
bien estos salieran de la economía, pero, por el otro, evitaba que el colón se
revaluara, mediante su decisión de no reducir más
el límite inferior de la banda cambiaria, como es lo que correspondía. El
cuarto cambio que el Banco Central hizo a su régimen de bandas se dio tan sólo
un año y nueve meses después de que inició tal sistema cambiario. En julio
del 2008 decidió aumentar la banda cambiaria, mediante un incremento en su límite
inferior, a la vez que el nuevo límite superior, si bien lo redujo con lo cual
disminuyó el ancho de la banda, se iría ajustando diariamente, de manera que
era un indicador de que el colón se podría devaluar.
Ahora las cosas resultaron al revés: el tipo de cambio se pegó al límite
superior. Los actores cambiarios rápidamente
se dieron cuenta de que el tipo de cambio seguiría devaluándose y muchos
acudieron a liquidar sus colones para convertirlos en dólares que se apreciarían
a futuro. Ni se diga de la incertidumbre que esta nueva maniobra generó en el
mercado. La preocupación del
ciudadano era evidente. De nuevo no
se tenía claridad hacia dónde irían los tipos de cambio, pues hasta era
evidente un conflicto entre el principal banco estatal, el Nacional, secundado
por el de Costa Rica, y el Banco Central en cuanto al manejo cambiario. Antes del último
cambio en la banda, precisamente en los días comprendidos entre el 9 y el 16 de
mayo, el abrupto aumento en el tipo de cambio inducido por las compras de
divisas que el Banco Central hiciera en el mercado cambiario para RECOPE,
propició un enorme beneficio para los intermediarios bancarios. Se estima que
en mayo los bancos habían ganado más de ¢21.000 millones. El último salto en
el tipo de cambio, a mediados de julio, también favoreció a los bancos, aun
cuando no se tenga a mano los datos de las ganancias cambiarias registradas por
esas entidades. En la
actualidad el Banco Central ha acudido a utilizar sus reservas para mantener un
tipo de cambio con pocas variaciones y tan sólo siguiendo la pauta diaria de
devaluación indicada por el límite superior de la banda. La “extracción”
de reservas en el Banco Central continúa y la incertidumbre campea aún, pues
no se tiene ni idea de cuánto va a sostener el Banco esa pérdida gradual de
reservas. La presión es, de nuevo, para que el tipo de cambio se pegue al límite
superior de la banda; esto es, que proseguirá la devaluación y muy
posiblemente las presiones inflacionarias ante el aumento del costo de los
bienes e insumos importados. Los intentos del Banco de aumentar las tasas de
interés como forma de atraer dólares al país no parecen ser de la profundidad
necesaria, pues aquéllas continúan siendo altamente negativas, además de que
en los mercados internacionales han proliferado las alzas en las tasas de interés,
con lo cual relativamente el mercado nacional no ha mejorado su capacidad para
atraer capitales financieros desde el exterior. Ante el
desbarajuste mostrado por las volátiles bandas cambiarias, no es de extrañar
un clamor creciente por dolarizar la economía, como lo evidencia el editorial
de primera página del periódico La República del martes 29 de julio, el cual
atinadamente lo encabeza con “Una moneda seria”. Tal vez estamos en
presencia no sólo del inicio del sepelio de régimen de bandas cambiarias, sin
tal vez hasta de una moneda nacional profundamente deteriorada por las acciones
del Banco Central. Q. d. D. g. Carlos
Federico Smith Queda
debidamente autorizado para reproducir esta columna en el medio de su predilección.
¿IGUALDAD? ... ¿DE QUÉ?
¿SIN
CONDICIONES PARA LA DOLARIZACIÓN?
Luis E. Loría* No
debemos renunciar a la solución óptima, sólo porque “una dolarización no
parece estar en la agenda de este Gobierno” o porque esto “implicaría
enviar un proyecto de ley a la Asamblea Legislativa”. Esas no son razones válidas.
No comparto el argumento de que es mejor trabajar con lo malo que tenemos (el
sistema de bandas cambiarias), aunque sea a un costo sumamente elevado para la
sociedad, que el aspirar a la mejor solución posible (dolarizar la economía) y
empezar a tomar las acciones para implementarla. El regresar a las
minidevaluaciones, como ya se hizo de facto, es aceptar convivir con
elevados niveles de inflación y favorecer a grupos específicos en detrimento
de la gran mayoría. La libre flotación, simplemente no es viable por las
ineficiencias del mercado cambiario, las cuales son imposibles de eliminar. Lo
que se encuentra en juego es el futuro económico de la nación y, de manera
menos abstracta, el bienestar de los costarricenses. Es un problema
real que no tiene color político, ni tinte ideológico y cuya solución
beneficiará a todos por igual (no más subsidios disfrazados). Siempre
que se enfrentan decisiones de gran trascendencia, resulta más fácil asumir el
cómodo rol de espectador (que no actúa, solamente observa), evitando tomar las
acciones necesarias para solucionar problemas. Esa actitud se encuentra
profundamente enraizada en la manera de ser del costarricense y la encontramos
representada en frases como: “esperaremos a que se aclaren los nublados del día”
y “patear la bola hacía adelante”, lo cual significa no tomar decisión
alguna. Lamentablemente, en el caso de la difícil situación que atraviesa la
economía costarricense, al país no le conviene seguir con los brazos cruzados
observando pasivo cómo se descalabra el sistema económico. Existe
ya un amplio consenso en cuanto a que el experimento con las bandas cambiarias
fue un fracaso. También, se ha reconocido que las maniobras para intentar
mantenerlo vivo artificialmente, como las reducciones en las tasas de interés y
las intervenciones dentro de las bandas, tuvieron enorme costo para la sociedad.
Este ha comenzado a hacerse evidente en los niveles de inflación, deterioro de
las carteras de crédito, pérdidas por movimientos abruptos en el tipo de
cambio, caída en la inversión (tanto nacional como extranjera), grave
deterioro de la balanza comercial y desaceleración del crecimiento económico.
¿Cómo justificar, entonces, que lo que más conviene a Costa Rica es seguir en
lo mismo? Tomar
acción en un régimen democrático es difícil. Implica discusión libre y
abierta de los principales problemas que enfrenta la sociedad y crear los
espacios necesarios para adoptar las mejores soluciones. Querámoslo o no, llegó
el momento de tomar la decisión trascendental de romper con el letargo que se
apoderó del manejo de la política económica. Todos los costarricenses estamos
llamados a hacer ese cambio posible. De no hacerlo, compartiremos la
responsabilidad por las consecuencias. *Investigador
del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad de Costa Rica, lloria@strategic-la.com
EL MIEDO A FLOTAR Luis E. Loría* El
miedo a flotar se apoderó de la Junta Directiva del Banco Central de Costa Rica
(BCCR). El martes 15 de julio, a altas horas de la noche, el BCCR acordó dar
marcha atrás al proceso de flexibilización del mercado cambiario. La decisión
sirvió para confirmar lo que ya era evidente: el experimento con el sistema de
bandas ha fracasado y la flotación no es alternativa viable, dadas las características
del mercado cambiario costarricense. Desde
el momento en que el tipo de cambio se despegó del piso en el mes de mayo, el
BCCR intervino constantemente dentro de las bandas para fijar artificialmente el
precio del dólar, en niveles con los que la Junta Directiva del BCCR se
sintiera cómoda, considerara de equilibrio o estimara justos. Cada vez que el
BCCR intervino en el mercado cambiario para “defenderlo” favoreció
a grupos específicos en perjuicio de otros, perjudicando su autoridad y
credibilidad. El propio Presidente del BCCR se cuestionó a sí mismo. En
entrevista reciente, al referirse al tema de la intervención dentro de las
bandas y pérdida de reservas monetarias, indicó no saber si lo que se hizo
estuvo bien o mal. En sus propias palabras: “no sé si tenía sentido hacer
eso.” (La Nación 17/06/08.) La
economía costarricense navega en aguas turbulentas y hoy no existe claridad
sobre cuál es nuestro régimen cambiario. La incertidumbre acerca del futuro
del tipo de cambio no ha disminuido (es cada vez menos predecible) y las
expectativas de inflación se encuentran fuera de control. Al mismo tiempo, el
BCCR también ha dado marcha atrás en su decisión de bajar las tasas de interés.
Los aumentos en las tasas, acompañados por la devaluación, han incrementado
significativamente el riesgo de no pago de los créditos, los cuales crecieron
aceleradamente durante los meses de una bonanza crediticia artificial inducida
por el BCCR. Como si fuera poco, la política monetaria restrictiva le aplicará
un freno brusco al crecimiento económico. Es
necesario que el gobierno adopte medidas urgentes para reducir los costos de la
crisis cambiaria y la creciente inflación. Esto significa un discurso diferente
acompañado de acciones concretas que eliminen el riesgo cambiario y anclen la
inflación. Para avanzar en esa dirección se requiere lo siguiente:
i.
Decisión política al más alto nivel para reconocer la necesidad de
cambiar radicalmente la trayectoria negativa que tiene el manejo económico.
ii.
Anuncio oficial de abandono del experimento con el sistema de bandas
cambiarias.
iii.
Implementación inmediata de las acciones requeridas para la dolarización
oficial de la economía. Investigador
del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad de Costa Rica, lloria@strategic-la.com
LORD
ACTON, CATÓLICO
Y LIBERAL Óscar
Álvarez Araya* Lord Acton es
conocido por su relampagueante sentencia: “El poder corrompe, el poder
absoluto corrompe absolutamente”. Vivió en Inglaterra de 1834 a 1902
destacando como historiador y pensador político emblemático del movimiento católico
liberal. Fue profesor en la Universidad de Cambridge y escribió numerosos artículos,
algunos de ellos reunidos en su “Historia de la libertad”. Su nombre
completo es John Emerich Edward Dalberg-Acton. Es sin duda uno de los maestros
del intelectual y teólogo norteamericano Michael Novak.
Así
por ejemplo colocó a Jesús entre los precursores de la libertad, pues cuando
el Nazareno dijo que había que “dar al César lo que es del César y a Dios
lo que es de Dios” le puso límites al poder civil, repudió el absolutismo y
marcó el comienzo de la libertad. El César ya no era absoluto pues no le
competían los asuntos del Reino de Dios. Jesús en fin, según Lord Acton
redujo la autoridad política dentro de límites bien definidos, lo cual es un
anhelo de los liberales.
Según
Acton por nacimiento todos los seres humanos son libres y la libertad no es un
medio sino el fin del gobierno. Por lo demás escribió: “Amigos sinceros de
la libertad ha habido pocos en todas las épocas”. Este
intelectual de la Inglaterra victoriana afirmó que las amenazas hacia la
libertad pueden venir de la autoridad, de la opinión, de las costumbre e
incluso de la mayoría. Para el “la idea de libertad es la unidad, la única
unidad de la historia del mundo y el principal concepto de una filosofía de la
historia”. En sus escritos se adivinan lecturas de Santo Tomás de Aquino y de
John Locke, el fundador del liberalismo político.
Su
ensayo sobre la libertad en el cristianismo termina con las siguientes palabras:
“Y porque la luz que nos ha guiado está aún sin apagar y las causas que nos
han llevado tan lejos en la nave de las naciones libres no ha perdido aún su
poder, la historia del futuro está escrita en el pasado, y lo que ha sido es lo
que será”.
* El Doctor
Alvarez ha sido diplomático y es profesor universitario, www.oscaralvarez.co.cr
NEGOCIACIÓN
CON EUROPA, MÁS DE LO MISMO Tomas
Pozuelo Arce No
son nuevas las quejas de la industria alimentaria frente a la estrategia oficial
de promover un acuerdo con Europa basado en la intención de exportar materias
primas y productos agrícolas del país a precios más bajos que los ofrecidos
por las corporaciones agrícolas a los productores nacionales, mientras se
cierra el mercado local a las importaciones de estos mismos productos. Semejante
estrategia crea una distorsión que beneficia ante todo a los productores de
alimentos del Viejo Mundo y que no estimula ningún tipo de inversión en
proyectos que agreguen valor a las materias primas nacionales e importadas. Colaboración
de Don Tomás Pozuelo para el Boletín de ANFE
ESTADOS
UNIDOS: LA REVOLUCIÓN QUE SIRVIÓ Dr.
Jaime Gutiérrez Góngora* La
gran mayoría de las revoluciones no han servido porque parten de una mentira
congénita: sus ideales, generalmente, no son realizables. Por eso terminan
haciendo daño. Al rebelarse contra la ortodoxia y la opresión, la revolución
francesa y la rusa crearon nuevas ortodoxias y opresiones mucho peores que las
que habían repudiado. Construyeron “la libertad” sobre montañas de cadáveres
e impusieron la estabilidad con la intimidación y la fraternidad con el terror
sistemático. Napoleón fue el precursor del estado totalitario del siglo XX de
Hitler y Stalin. Creyeron que la naturaleza humana puede ser moldeada hacia una
apreciación generosa del bien común. Le atribuían una importancia demasiado
irreal a la bondad del ser humano y se toparon con la realidad de su egoísmo.
Eventualmente, sus revoluciones tuvieron que ser impuestas por medio de la
represión. La
revolución norteamericana fue inspirada por un grupo de gigantes entre los
hombres. El sistema capitalista que surgió, funcionó porque estaba
fundamentado en la verdad sobre el egoísmo de la gente y no en un cuento de
hadas sobre “la hermandad de los pueblos”. Si el capitalismo es un sistema
de competencia despiadada, ¿que es la vida sino eso? Por eso es que el
capitalismo es un sistema que está en consonancia con la vida. Y porque refleja
la realidad es que la revolución norteamericana funcionó.
*Médico
y autor de diversos libros y ensayos periodísticos.
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