|
|
|
|
Asociación Nacional de Fomento Económico ANFE Boletín Abril del 2008
Mensaje de la Presidencia de ANFE Columna Libre - Meditaciones sobre la capitalización del Banco Central Democracia vs Libertad - José Joaquín Fernández Superpoderes o Libertad Económica - Luis E. Loría Cómo detener la inflación - Luis E. Loría Invitar o empujar - Andrés I. Pozuelo A. Disponibilidad económica alimentaria - Andrés I. Pozuelo A. Letras de cambio - Luis Mesalles
MENSAJE DE LA
PRESIDENCIA DE ANFE En esta ocasión empezamos nuestra edición de
este mes con el pronunciamiento que por distintos medios formuló
recientemente la Junta Directiva de ANFE en torno al sistema cambiario que
actualmente nos rige, en esencia para solicitar una discusión pública
razonable acerca de las posibilidades de que nuestra economía se dolarice
como medio para reducir las fuertes presiones inflacionarias actuales en
nuestra economía, así como la incertidumbre que en estos momentos se percibe
en torno al comportamiento esperado del tipo de cambio bajo el actual sistema
de bandas. Nuestro cuarto foro del año se realizó el
pasado 16 de marzo y versó sobre “Microcrédito y Propiedad: El Caso de
FINCA (Fundación Integral Campesina)”.
La actividad la dirigió nuestro Director Ing. Andrés Pozuelo y los
expositores fueron la Directora Ejecutiva de FINCA, Lic. María Martha Padilla
y el Lic. Luis Jiménez de EDESA. Para la audiencia de aproximadamente 35
personas resultó realmente impresionante conocer cómo los programas de
microcrédito de FINCA, sin subsidio alguno, en contraste con lo que uno suele
observar en los programas estatales de “apoyo” al agricultor, y bajo
reglas de empresas constituidas como sociedad anónimas, han logrado que
muchas personas tengan éxito con sus proyectos empresariales. Lo más sorprendente del caso es que los índices
de morosidad de los préstamos son de cero –SÏ una tasa de morosidad del
cero por ciento- lo cual muestra no sólo como la selección de proyectos que
hacen los individuos independientemente, sin mano estatal que los induzca en
la elección, es lo conveniente, sino que, también, los deudores cuidan de su
crédito y su prestigio, además de que son ellos los dueños de la empresa
que efectúa los préstamos y, por ende, no pueden darse el lujo de “prestar
mal”. FINCA constituye la mejor lección de eficiencia y equidad para los
programas estatales de “apoyo” a pequeños y medianos productores,
principalmente agricultores. En esa misma ocasión se realizó la graduación
de los participantes del curso sobre Economía Austriaca que imparte nuestro
Director, Lic. Adrián Brenes. Además,
el Lic. Mario Brenes, representante de la Fundación Naumann y patrocinador de
muchas de nuestras actividades, se dirigió a la audiencia con emotivas
palabras acerca de ambas actividades de esa noche. El próximo miércoles 21 de mayo esperamos
llevar a cabo nuestro quinto foro del año, sobre el tema “El Mercado
Laboral de Costa Rica: ¿De Obreros y Peones a Técnicos y Científicos?”,
para el cual se contaría con las participaciones del Lic. Carlos Sequeira,
Presidente Ejecutivo del INA (por confirmar), de la Licda. Shirley Saborío de
la Unión Costarricense de Cámaras y Asociaciones Empresariales (UCCAEP) y
del Ing. Alexander Mora de la Cámara de Tecnologías de Información y
Comunicación (CAMTIC). Oportunamente les haremos saber del detalle de esta
actividad, la cual sería coordinada por nuestro Director, Dr. Juan Muñoz,
quien en un foro reciente trató de este tema de tanta relevancia nacional.
Como siempre, es necesario confirmar su asistencia a nuestros teléfonos 2253
4460, 2224 7350 y 8376 1947. Ojalá pueda usted invitar a algún amigo para
que también nos acompañe en esta ocasión. Afortunadamente para este boletín tenemos
muchas colaboraciones, una de las cuales es “Democracia vs. Libertad” de
José Joaquín Fernández, del programa de doctorado de la Universidad
Francisco Marroquín de Guatemala. Además,
en vez de la ya usual colaboración de nuestro amigo, el Dr. Luis Loría, en
esta ocasión son dos interesantes artículos de él, uno de ellos titulado “Superpoderes o Libertad Económica” y el otro, “Cómo
Detener la Inflación”. Ambos
revisten especial interés a la luz de los problemas cambiarios e
inflacionarios que actualmente vive el país. Y, para no quedarse atrás,
también de nuestro director, Ing. Andrés Pozuelo, incluimos en esta edición
dos valiosos artículos suyos, uno de los cuales lleva por título “Invitar
o Empujar”, en donde formula posibles soluciones a nuestro alicaído sistema
educativo, y el otro, “Disponibilidad Económica Alimentaria”, en el cual
enfatiza las ventajas de la libertad para producir en el marco de las llamadas
crisis de seguridad alimentaria. Sobre este tema de los alimentos, incluimos
una columna reciente que nuestro asociado, el Dr. Luis Mesalles J., publicó
recientemente en un medio de prensa nacional y que, por su importancia y
claridad analítica, hemos decidido incorporarla en este boletín. El colaborador de ANFE en la columna semanal
que tiene en el Diario La Extra, don Carlos Federico Smith, publicó en marzo
sus artículos titulados “El Zigzagueo del Banco Central”, “Puertas
Cerradas para el Banco Central”, “¿Podrá Mejorar el ICE?” y “No
Limiten Libertades”, los cuales esperamos que hayan tenido la oportunidad de
leerlos. También, como ya es
usual, de don Carlos Federico incluimos en este boletín su columna libre, que
en esta ocasión trata del proyecto que se ha presentado para capitalizar las
pérdidas del Banco Central. El programa “Benefactores de ANFE” gracias
a Dios continúa su actividad beneficiosa y ya nos ha permitido salir de
algunas apremiantes obligaciones que venían agobiando a ANFE, pero para
reforzar nuestras actividades y en especial las que se avecinan en ocasión de
las celebraciones de nuestro 50 Aniversario, continuamos molestándoles para
solicitar el apoyo financiero que a bien tengan darnos. Jorge Corrales Quesada Presidente de ANFE
ASOCIACION
NACIONAL DE FOMENTO ECONOMICO A
la opinión pública La
Junta Directiva de la Asociación Nacional de Fomento Económico considerando
que: 1.
La tasa de inflación interanual actualmente supera el 11%, reflejando
un agravamiento de la inflación de Costa Rica en los últimos meses. 2.
Si bien parte de esa inflación mayor se explica por el alza de precios
internacionales, el origen fundamental del proceso inflacionario de nuestro país
es de naturaleza monetaria. 3.
El Banco Central de Costa Rica ha renunciado explícitamente al control
monetario para forzar la flotación del colón frente al dólar, que ha
llevado a insostenibles niveles negativos de las tasas de interés y a un
incremento inflacionario de los medios de pago, resultado inevitable del
aumento de reservas del Banco para mantener un tipo de cambio que no refleja
las presiones del mercado. 4.
El mercado cambiario no ha respondido a una flotación libre y
transparente y más bien implícitamente genera expectativas de ganancias
cambiarias, incluso en presencia de serias distorsiones e incertidumbre
creadas por el mismo Banco Central en el mercado monetario. ACUERDA:
PENSAMIENTOS
DE LIBERALES “No
cederé más poder al estado. Voluntariamente
no cederé más poder a nadie, ni al estado, ni a la General Motors ni al
Congreso de Organizaciones Industriales [Nota del traductor: el sindicato
estadounidense CIO por sus siglas en inglés]. Atesoraré mi poder cual si fuera
un miserable, resistiendo cualquier esfuerzo por írmelo quitando.
Usaré mi poder tal como lo crea necesario. Tengo la intención de vivir mi vida como un hombre
obediente, pero obediente de Dios, subordinado a la sabiduría de mis
antecesores; nunca a la autoridad de las verdades políticas a las cuales se
arribó ayer en el centro de votación. Este sí que es en verdad un programa,
¿no es cierto? Ciertamente es un programa
lo suficiente como para mantener a los liberales [conservadores, en el
uso que se le da al término en los Estados Unidos], y acorralados a los
estatistas [liberales, en el uso que se le da al término en aquel país]. Y libre a la nación.” William F. Buckley & John
Dos Passos, Up from Liberalism (New York: McDowell, 1959). “La
mejor defensa contra un gobierno usurpador es una ciudadanía defensiva.” William F. Buckley, Windfall: The End of the Affair
(Random House, 1992). “Con
la desmitificación del estado como agente del bienestar universal también
surgió una curiosidad revivida acerca de lo que es deseable de una democracia.
Empiece por admitir que una democracia que nos dio a Perón y a Hitler es
una catedral imperfecta en la cual orar y habrás avanzado mucho.
Si la democracia puede disminuir sustancialmente la libertad humana, es
tan sólo casualmente interesante que esa disminución de la libertad se haya
efectuado gracias a un debido proceso político. Lo que atrajo la atención del
curioso, particularmente entre libertarios, fue la idea de que es enteramente
concebible que en una situación dada uno puede enfrentarse con que la libertad
y la democracia son alternativas mutuamente excluyentes.
No es del todo así, porque si usted renuncia a la democracia con base en
que la democracia va encaminada hacia un abismo totalitario, de hecho usted ha
cedido en algo. Pero ese algo que
usted abandona no es necesariamente más valioso que aquello que por dejarlo de
lado usted puede conservar. Burke
lo expuso con más sencillez cuando reiteró que el fin de la libertad política
es la libertad humana… Para que la democracia sea una servidora de la libertad
en vez de un instrumento por el cual se penaliza a una minoría, entonces deberá
reconocer aquellas leyes auto-limitantes que razonablemente restringen todas las
otras libertades.” William F. Buckley, “Socialism and Freedom” en A Hymnal: The
Controversial Arts (New York: Berkley Publishing Corp., 1981), p. p. 8-9. “La
reforma tributaria que se propone: Que el Congreso (de los Estados Unidos)
elimine el carácter progresivo del impuesto a los ingresos; deberá eliminar
todas las deducciones excepto aquellas relacionadas directamente con el costo de
adquirir los ingresos; deberá eliminar todas las exenciones; deberá eliminar
el impuesto a la renta de las empresas; deberá reembolsar a todos los
contribuyentes que estén por debajo de la línea de pobreza, por cualquier
impuesto federal que tenga un impacto regresivo; deberá poner un impuesto
uniforme con una tasa del 15 por ciento aplicable a todos los ingresos; deberá
asistir a la gente de los estados más pobres que vivan por debajo del nivel de
pobreza… y deberá recolectar el impuesto a la renta a nombre de los estados
individuales a cualquier tasa que sea especificada por esos estados.” William F. Buckley, Tour Reforms: A Program for Today
(New York: Berkley Publishing Corp., 1973), p.p. 63-64. “La
licencia ideológica que hoy en día arde en los Estados Unidos [escrito en
1971] hace atractiva a la anarquía para el cándido.
Aún para el ingeniosamente cándido.
Hay jóvenes que son atraídos por el Sr. Rothbard [Murray N.] porque les
atraen los extremistas o (dicho más exactamente) a extremismos fanáticos de
las verdades puras. Oliver Wendell
Holmes lo dijo al comentar que mientras el sentido común nos dice que un hombre
posee el aire encima de su techo, el fanático le dirá que posee un tubo de
aire que va desde su techo hasta los cielos, de manera que ningún transporte
supersónico o el papalote de un niño, pueden sobrevolarlo, excepto con un
permiso por escrito. El liberal estadounidense [conservador en la terminología
de ese país] cree que el estado puede ser a menudo un instrumento de maldad más
que de bien: recuerde que requirió un estado para transformar Mein
Kampf en Buchenwald y a El Capital en
campos de concentración. Pero no,
hijos, uno por tanto no aboga en contra de la existencia del estado.
El liberal abriga la presunción en contra de cualquier crecimiento en el poder del
estado. La cuestión, en una situación dada, de si tal presunción es
sobrepasada por la evidencia, es algo para que los hombres inteligentes
discutan.” William
F. Buckley, “The Right-Anarchists,” en Inveighing We Will Go (New York:
Berkley Publishing Corp., 1972), p. p. 285-286.
COLUMNA LIBRE MEDITACIONES SOBRE LA CAPITALIZACION DEL BANCO CENTRAL Tal
vez ustedes, amigos lectores, observaron la euforia con que muchos de nuestros
diputados –de todos colores y sabores- celebraron la reciente aprobación de
una nueva ley llamada algo así como de la Banca para el Desarrollo. Me expliqué
tan exuberante complacencia -de al menos algunos de ellos- al hecho de que la
aprobación de esa ley se logró porque se erosionó la intemperante oposición
de los diputados del Partido Acción Ciudadana a aprobar ley alguna, pues
erigieron una barrera política para oponerse a cualquier trámite legislativo
dada su férrea oposición a que se votaran las leyes conexas al TLC.
Pero también me pareció que en algunos diputados primaba una genuina
satisfacción. Tal vez porque
regalar plata ajena –como suelen hacerlo muchos políticos- al menos en el
corto plazo parece dar dividendos electorales, a causa del presunto
agradecimiento de los beneficiarios, a la vez que los contribuyentes que pagan
esas cuentas no suelen relacionar -con ira- el aumento en los pagos de impuestos
a la aprobación de ciertas leyes dispendiosas, como la de referencia. Pero
puede ser que los diputados estaban honestamente contentos por el bien que creen
haber hecho aprobando esa ley de Banca para el Desarrollo Pero
en política hay celos y a veces, para evitar sus funestas secuelas, se acude a
poner en práctica aquél lema gálico “après
nous, le déluge”, que en cristiano serio significa “después
de nosotros, el diluvio” y que en cristiano de pata en el suelo se expresa
con un “el que venga atrás, que arrase
con todo”. Los vivillos del
Consejo Nacional de la Producción, con el angelical aire cómplice de “yo
no sé nada de eso” puesto por las autoridades superiores del Ministerio
de Agricultura, dispusieron, antes de que esos fondos se fueran a fortalecer el
programa potencial de préstamos estipulado por la nueva ley de Banca de
Desarrollo, gastarlos en su Programa de Reconversión Productiva, caracterizado
precisamente por una pobre selección de proyectos rentables y una triste
recuperación de recursos. Se trata de gastar ahora, por “nosotros, antes que
ellos”, la bicoquilla de casi once mil millones de colones. Afortunadamente
los diputados no se aguantaron el brinco y pusieron un grito al cielo tan duro
que hasta alertó a la Casa Presidencial, la cual, en el momento en que se
firmaba la nueva ley de Banca de Desarrollo, ordenó echar para atrás la
dispendiosidad de los jerarcas del Consejo Nacional de la Producción. Me
gustó ver esa reacción de los diputados, aunque no porque crea que esa nueva
ley no va a constituir en otro regalo de recursos –pues casi todo está para
que ello sea así- sino porque guardo la esperanza de que esa misma satisfacción
con que recibieron el proyecto del Poder Ejecutivo para capitalizar al Banco
Central, no les irá a obnubilar su perspicacia y así puedan darse cuenta de
que posee problemas muy serios. Ese
es el tema que trato en esta ocasión, pues parece que pocos están en contra de
capitalizar al Banco Central, si, como alegan los proponentes de esta ley, se va
a traducir en un control de la inflación que tanto nos agobia. El
punto esencial, para empezar, es preguntarse si el proyecto de ley para la
capitalización del Banco Central, efectivamente lo logra.
Lo más sorprendente es que el proyecto no capitaliza al Banco, sino que
sólo abre la posibilidad de que el Estado, entre otros, incluyendo personas físicas
o jurídicas, puedan donar o aportar recursos al Banco supuestamente para
capitalizarlo. El Ministerio de
Hacienda así podría entregar recursos para capitalizar al Banco, pero no dice
que tendrá que hacerlo, pues queda a su voluntad. Así podría en el futuro
darse la posibilidad de que el Estado no vaya a querer capitalizar al Banco, con
lo cual persistirían los problemas derivados de su insuficiencia.
Ante
este defecto crucial, si conviniera para el país capitalizar al Banco Central
para eliminar sus pérdidas que provocan problemas inflacionarios, lo que se
debe hacer es efectivamente capitalizarlo. Para efectivamente lograrlo propongo
que simplemente se transfieran las obligaciones llamadas cuasi-fiscales al
Ministerio de Hacienda que es adonde pertenecen. Son aquellas obligaciones que
se trasladaron al Banco Central como resultado de una decisión del Poder
Ejecutivo, ante el mal gobierno de la Administración Carazo, que permitió dar
divisas preferenciales a un sector privado a punto de quebrar.
Esas obligaciones, en lugar de asumirlas el Estado como correspondía por
medio del Ministerio de Hacienda, las ubicó en el Banco Central y su servicio
es fuente de emisión monetaria y de presiones inflacionarias. Pero
las pérdidas en que hoy incurre el Banco Central por el servicio que debe hacer
de sus obligaciones, no se originan tan sólo en aquéllas mencionadas en el párrafo
inmediato anterior. También, con el paso de los años, el Banco Central se ha
ido endeudando esencialmente para cumplir con su política de mantener un tipo
de cambio que subvalora al colón frente al dólar.
Por ejemplo, en la actualidad, el Banco, para defender el piso de la
llamada banda cambiaria y no dejar que el colón se valorice a más de lo que
dicho piso define (esto es, impedir que se revalúe el colón ante el dólar),
adquiere una excesiva cantidad de dólares en los mercados cambiarios, que ha
hecho que, a la fecha, tenga reservas de casi cinco mil millones de dólares. Para adquirir esos dólares emite colones, que causarían
inflación y para frenarla coloca deuda para retirar ese exceso de colones,
dando lugar a futuras pérdidas para el Banco Central y una consecuente nueva
emisión monetaria. Es
muy posible, pues no hay cifras exactas al respecto y las autoridades no las han
dado, que las pérdidas para el Banco originadas en sus actuaciones cambiarias
excedan a las pérdidas originadas por el traslado de deudas que el Gobierno le
hizo en el pasado al Banco Central. El país –y ojalá que los diputados
soliciten esta información- debe conocer cuál es hoy el origen de las pérdidas
que tiene el Banco. Lo
cierto es que, independientemente de ese origen, si tan sólo se trasladaran al
Ministerio de Hacienda las obligaciones cuasi-fiscales arriba mencionadas, bien
podría ser que el Banco continúe con fuertes pérdidas y por ende estaríamos
incapacitados de evitar las presiones inflacionarias originadas por ellas. Por
tanto, de ser este el caso, se requeriría de una decisión estatal que
capitalice al Banco para compensar estas pérdidas adicionales.
Ello, de nuevo, pone en manos del Gobierno de la República -responsable
en última instancia de las pérdidas del Banco cualesquiera sean su origen- la
decisión de eliminarlas y ello podría significar trasladarle recursos públicos
adicionales al Banco. Pero nada de esto aparece en el proyecto que se comenta,
sino tan sólo se abre la posibilidad de que el Banco reciba donaciones (y, no
es para burlarme, pero las abre hasta para que el Banco reciba radiopatrullas
viejas y todo tipo de chatarra como donación ciudadana). Otro
aspecto importante del proyecto de ley que comento se relaciona con la ampliación
de la potestad del Banco para aumentar la llamada tasa de reserva legal o encaje
legal. Este se refiere a que el Banco Central exige a los intermediarios
financieros –hoy día, por ejemplo, a los bancos comerciales-
a mantener como encaje (ya sea en las cajas de los bancos o depositándolo
en el mismo Banco Central) un porcentaje de los depósitos o captaciones que
reciben de sus clientes. A la fecha
el límite máximo que el Banco Central puede imponer es de un 15% y si se
excede de esa tasa, debe pagar intereses a los, digamos, bancos comerciales, por
ese monto superior. Ahora pretende
aumentar el encaje hasta un 25% sin que tenga que reconocer interés alguno. Para
los familiarizados con asuntos de finanzas, dicho encaje no es sino un impuesto
a los depósitos en los bancos comerciales, en donde el Banco Central capta
parte de esos recursos sin pagar interés alguno.
Al encaje también se le considera un instrumento del que dispone el
Banco para variar la cantidad de dinero en circulación, pues si, por ejemplo,
por cada mil colones que recibe un banco comercial, si el encaje es de, digamos,
un 10% que debe entregar al Banco Central, los restantes 900 colones los puede
usar para prestarlos a clientes, que, a su vez, regresarán como depósitos a
esos mismos bancos comerciales, que deberán encajados a esa tasa del 10% y así
sucesivamente. Al final de cuentas el dinero en circulación en la economía
crece en un múltiplo del depósito original en el banco comercial (para los técnicos
y en forma simple, el depósito original de dinero por mil colones al final
termina multiplicándose hasta llegar a constituir una cantidad de dinero en
circulación de diez mil colones). Si
el Banco Central pone un encaje legal superior, digamos del 25%, la cantidad de
dinero en circulación a que dio origen el depósito original de mil colones ya
no sería de diez mil colones, sino de sólo cuatro mil colones (crean en mis números,
pues no son cruciales para comprender el concepto). Con
ese aumento en el encaje legal el dinero circulando en la economía se redujo de
diez mil colones a sólo cuatro mil, y es la razón por la cual se alega en los
considerandos del proyecto de ley que se comenta, que el aumento propuesto en el
encaje legal le permite al Banco Central aplicar una política monetaria
restrictiva que faculte reducir la inflación. Pero
ese aumento tiene varios efectos que deben de considerarse. El primero es la
naturaleza de impuesto que tiene y al cual acude el Banco sin expresar que se
trata de un aumento en ellos, tema que debería tratarse con el cuidado que
merece cualquier incremento de gravámenes.
El segundo es que, de darse tal alza, se trasladará a los usuarios de créditos
mediante un incremento en los intereses cobrados por los préstamos. Y tercero,
si esos intereses aumentan, se eleva el costo de llevar a cabo proyectos de
inversión, lo cual no parece ser muy afortunado, en especial si es cierto lo
que dijo recientemente el Presidente de que al país se avecinaba “un período
de vacas flacas”. Pero,
sobre todo, el alza en la tasa de reserva legal es para que los costarricenses
cubramos la irresponsabilidad del Banco Central en el manejo de su política
monetaria, principalmente cuando ha pretendido defender un régimen cambiario
específico. Ahora busca pasar el
costo de ese mal manejo a los costarricenses, sin asumir la responsabilidad
financiera de sus actos. Asimismo,
el proyecto de ley busca que el encaje se aplique a “todas las entidades que
realizan intermediación financiera” y se “hace manifiesta la posibilidad de
aplicación (del encaje) a todas aquellas entidades que realicen intermediación
financiera en el país, sin importar donde se ubique el domicilio de la plaza
bancaria” pretendiendo así gravar la captación de bancos con domicilio en el
exterior que realizan operaciones en el país. Es
poco factible que el Banco Central pueda lograr algo como eso.
Por ejemplo, es sabido que en el país operan bancos de la región (les
llaman, con cierta ironía, “bancos de maletín”) que prestan a empresas
ubicadas en el país en mejores condiciones de crédito que el brindado por
intermediarios financieros del país. Esta
competencia es buena y si su existencia se origina en distorsiones ocasionadas
por políticas internas, pues es una razón fuerte para eliminarlas, pero no
para impedir que puedan operar en el país. La pregunta que aquí surge es si el
Banco está en capacidad de controlar (para encajarlas) las operaciones en Costa
Rica de esos bancos. Tengo grandes dudas de que vaya a poder hacerlo y más bien
lo que va a lograr es elevar el costo del capital para operaciones domiciliadas
en el país. El
problema no es sólo con esos bancos regionales (o de maletín), pues algo
similar ocurre con los que llamo “bancos de maletón”, que son algunos
grandes bancos ya ubicados en el país y que bien pueden brindar crédito desde
el exterior a empresas ubicadas en Costa Rica.
Si lo que se alega como razón para el proyecto de ley, es evitar
mediante el encaje la expansión del crédito en el país, ¿estaría el Banco
Central de Costa Rica obligando a encajar las operaciones de esos grandes bancos
establecidos en el exterior por préstamos que haga a empresas y personas
ubicadas en Costa Rica? ¿Acaso cree Usted que pueda tener éxito en tan titánica
tarea de encajar esos bancos extranjeros? Hay
más problemas que se le pueden señalar a este proyecto de ley, pero es
suficiente por el momento. Tan sólo
cabe esperar que los señores diputados (quienes difícilmente van a leer este
comentario) estén atentos a las pretensiones e ilusiones que contiene, para
evitarnos luego un alegrón de burro. Carlos
Federico Smith Queda
debidamente autorizado para reproducir esta columna en el medio de su predilección.
DEMOCRACIA
VS. LIBERTAD
José Joaquín Fernández* ¿Son la libertad y la democracia sinónimos o antónimos? ¿O son más
bien como conceptos independientes que pueden ir de la mano como amigos pero que
otras veces son enemigos a muerte? La respuesta a estas interrogantes depende de
la claridad de los conceptos que tengamos sobre libertad y democracia. El primer punto es que la libertad del ser humano es un derecho
natural. “Todo ser humano nace libre….” dice el primer artículo de la
declaración universal de los derechos humanos. Es decir, la libertad es
anterior a la creación de cualquier Estado y el ser humano es libre por
naturaleza y no por decisión o voluntad del gobierno, del legislador o de las
mayorías. La mejor prueba de que el ser humano es libre es que, si no lo fuera,
entonces sería esclavo -de alguien. En términos materiales, ser esclavo
significa que la persona no pude disponer libremente de su propiedad libremente
adquirida y por tanto el respeto a la propiedad privada y al ingreso
honestamente adquirido son expresión de la libertad. Libertad y propiedad
privada son distintas caras de la misma moneda. Por eso es que Marx en el
Manifiesto Comunista expresa como objetivo último comunista la abolición de la
propiedad privada, es decir, de la libertad. Por otra parte, democracia significa el gobierno de las mayorías,
la voluntad de las mayorías. Esto nace como reacción a las monarquías
absolutas en donde el gobierno, y por ende la ley, era la voluntad del soberano.
Como dijo Luis XIV: “El Estado soy yo”. Sin embargo, la democracia, -el
gobierno de la voluntad de las mayorías- implica por definición que ni la
libertad individual, ni la propiedad privada, ni la libertad económica son
valores o derechos naturales. En este sentido los gobiernos de Hugo Chávez, Evo
Morales, Adolfo Hitler, Daniel Ortega, Rafael Correa no son violadores de la
democracia sino productos naturales de ella. Ninguno ha entrado por la cocina
sino por la puerta grande. El socialismo en la democracia no es usurpación de
la libertad individual porque el gobierno de las mayorías no presupone
necesariamente la defensa de la libertad individual. Un corolario de la libertad individual es la libertad económica.
Quien es dueño de su ingreso y propiedad honestamente adquirida es libre para
comerciar, comprar, vender, alquilar, empeñar, asegurar, prestar, producir,
importar, exportar, intercambiar, regalar, recibir, heredar sin restricción de
ningún tipo (incluyendo permisos, cuotas, licencias o patentes) con cualquier
otro ser humano sin importar nacionalidad o credo religioso. Creer en la
libertad individual es demandar el derecho a la libertad económica y al libre
comercio por razones morales y éticas. Por otra parte, quien no cree en la libertad individual sino en la
voluntad de las mayorías o en la democracia, somete el libre comercio a
referendos o la voluntad del legislador que representa a las mayorías. Quien
cree en la democracia, no debe ver objeción a los obstáculos al libre comercio
creados por ley bajo la institucionalidad democrática. Creer en la democracia
es creer en el derecho a oprimir a otro. Por el contrario, quien defiende la
idea de que todo ser humano nace libre no cree ni en fronteras ni en aduanas. Ya en 1960 en su libro “Constitution of Liberty” escrito por
Hayek, quien fuera galardonado con el premio Nobel en Economía en 1974 escribió
como la democracia ha fracasado en preservar la libertad individual. Si
democracia es el derecho de las mayorías contra la libertad individual,
entonces libertad y democracia son valores distintos que se contraponen. Pero no
solo Hayek sino autores como Ortega y Gasset en su libro “España
Invertebrada” (1921) y Peter Drucker en “The End of Economic Man: The
origins of totalitarism” (1939) nos hablan desde mucho tiempo atrás sobre
esta contradicción entre libertad y voluntad de las mayorías (democracia). El ser humano debe defender la libertad individual y no tanto la
democracia. En este punto debe quedar claro que hablar de democracia liberal es
un absurdo. Tampoco tiene sentido discutir si lo mejor es una democracia
presidencialista o una parlamentaria, ni discutir sobre los pesos o contrapesos
ni la división de poderes en la democracia porque como dice Murray Rothbard en
“For a New Liberty” (1976), es el mismo gobierno decidiendo sobre si mismo.
Lo importante es defender la libertad individual frente al gobierno, a los
empresarios y los sindicalistas. La democracia no es un valor, la libertad si lo
es. Como decía Lord Acton: “La libertad no es un medio para un fin político
superior. Es en sí mismo el fin político máximo”. * El autor es parte del programa doctoral en Economía de la
Universidad Francisco Marroquín de Guatemala; posee un Master en Economía
Empresarial por la misma universidad y completó el “International Program in
Finance and Managerial Economics” en Boston University. Es Presidente del
Instituto Libertad y autor del libro: “Causa de la inflación, cierre del
Banco Central y dolarización en Costa Rica”.
SUPERPODERES
O LIBERTAD ECONÓMICA
Luis E. Loría* La
persistencia de niveles elevados de inflación introduce efectos nocivos en el
sistema económico. Así se establece en el proyecto de Ley de Capitalización
del Banco Central de Costa Rica (BCCR), expediente No. 16998: “Por una parte
introduce incertidumbre en el uso y la eficiente asignación de los recursos, y
por otra erosiona el poder adquisitivo de la población en general y, en
particular, de aquellos grupos más vulnerables a los que el Estado está
especialmente interesado en proteger.” Contar con una clara definición del
problema es, sin duda, un gran paso. El siguiente es evaluar distintas opciones
de solución. Para contribuir al debate, presento a continuación los
principales elementos de dos propuestas radicalmente opuestas para detener
la inflación. La
primera consiste en otorgar “Superpoderes” al BCCR, como
se expone en el citado proyecto de Ley. Además de una medida inconveniente como
sería aumentar el nivel del encaje máximo de su nivel actual del 15% a un
nivel del 25%, sin reconocer intereses, se argumenta a favor de dotar de más
poderes al BCCR para combatir la inflación. Concretamente, se propone: i) autorización al Banco para recibir aportes de
capital del Gobierno Central y de otros organismos, ii) sanciones y castigos
severos para quienes no cumplan con los requerimientos de encaje y iii) mayores
poderes para intervención del BCCR en mercados (distorsiones) para la negociación
de deuda pública y la gestión de liquidez del sistema financiero.
Paralelamente, el Gobierno manifestó ya su intención de intervenir más
activamente en la economía y propone, para detener la inflación: controles de
precios, restricciones al crédito al sector privado y nuevos impuestos. No
es claro cómo el conjunto de medidas descrito en el párrafo anterior—todas
orientadas hacía una mayor intervención del BCCR y del Estado en la economía—contribuyen
a solucionar el problema que nos ocupa. Las verdaderas causas de la inflación
son las pérdidas acumuladas del BCCR y la “defensa” a ultranza del sistema
de bandas cambiarias. Esta ha llevado al BCCR a reducir las tasas de interés
pasivas, favoreciendo la expansión del crédito y el consumo, que se traducen
en más inflación. La
segunda consiste en eliminar poderes al BCCR y eliminar distorsiones en los
mercados. Para atacar
las verdaderas causas y darle una solución definitiva al problema de la inflación,
sin introducir distorsiones adicionales con consecuencias indeseables en el
sistema económico, conviene optar por una opción que nos permita avanzar como
sociedad en términos de libertad económica. Me refiero a la eliminación del
colón como moneda de curso legal forzoso, permitiendo a los individuos rechazar
cualquier moneda que no le inspire confianza. Esto dejaría sin trabajo, en un
plazo no muy lejano, a la famosa maquinita de hacer billetes del
BCCR. *El
Dr. Loría es Investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la
Universidad de Costa Rica
CÓMO
DETENER LA INFLACIÓN
Luis E. Loría * La
inflación es la principal amenaza en materia de política económica. Frente a
la erosión de autoridad en materia monetaria y la crisis de credibilidad que
afecta al Banco Central de Costa Rica (BCCR), la libre competencia de monedas es
una opción viable en el corto plazo para detener la inflación. Esta consiste
en que los individuos disfrutan el derecho a decidir cuál moneda comprar y cuál
moneda vender. Los precios a los que se realizan esas transacciones, los tipos
de cambio, se definen libremente en el mercado, sin la intervención del BCCR.
Esto implica que la decisión de dolarizar, eurorizar o colonizar la economía,
la toman, momento a momento, los individuos, en un mercado sin distorsiones. Tal
como lo sugirió Frederich A. Hayek (Premio Nobel de Economía, 1974) en su artículo
Escogencia en Moneda: Una forma para Detener la Inflación: “Lo que es
tan peligroso y debería eliminarse no es el derecho de los gobiernos para
emitir moneda, sino el derecho exclusivo para hacerlo y su poder
para forzar a las personas a utilizarlo y a aceptarlo a un precio en
particular.” (Énfasis en el original) La
historia económica costarricense demuestra que, tarde o temprano, el control
del monopolio de la oferta de dinero por parte del BCCR—el uso de la famosa “maquinita”
para imprimir los colones—se traduce en elevados niveles de inflación. En
otras palabras, los costarricenses hemos sido obligados injustamente a pagar,
con pérdidas en el valor adquisitivo del colón, algunos errores y ciertos
abusos de poder político que, lamentablemente, ha evidenciado el manejo de la
política monetaria. En pocas palabras, el monopolio del BCCR para emitir la
moneda de curso legal forzoso—el colón costarricense—nos ha costado muy
caro y ha contribuido a empobrecernos como sociedad. Para
abandonar el círculo vicioso de política monetaria desacertada-inflación-pérdida
del poder adquisitivo, habría que eliminar el monopolio del colón como
moneda de curso forzoso. La Ley Orgánica del Banco Central de Costa Rica (Ley
N.° 7558) trata los temas referentes a “La moneda y su emisión”. Entre lo
que interesa vale la pena resaltar: i) “El medio de pago legal de la República
estará constituido por los billetes y las monedas emitidos y puestos en
circulación por el Banco Central de Costa Rica.” (Art. 43) y ii) “Los
referidos billetes y monedas tendrán, en el territorio de la República, poder
liberatorio ilimitado y servirán para liquidar toda clase de obligaciones
pecuniarias...” (Art. 46). Estos artículos se pueden eliminar e incluir un
cambio constitucional que garantice a los individuos su libertad para escoger, o
rechazar, cualquier moneda. Para tal efecto, se podría adoptar textualmente el
artículo 117 de la Constitución de la República de Panamá de 1904 que
estableció: “No podrá haber en la República papel moneda de curso forzoso.
En consecuencia, cualquier individuo puede rechazar todo billete ú otra cédula
que no le inspire confianza, ya sea de origen oficial ó particular.” *El
Dr. Loría es Investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la
Universidad de Costa Rica
INVITAR O EMPUJAR
Andrés I. Pozuelo Arce Yo
no sé, y por eso me pregunto, cuál es el enredo que tiene el MEP con los
salarios de los educadores del país; y lo digo de una vez, el asunto de por sí
no me interesa. Lo que realmente me preocupa, en cambio, es el tipo de educación
- o más bien la falta de educación - que soportan nuestros jóvenes, víctimas
de un sistema educativo estatizado, estandarizado y plagado de maestros sin
vocación (huelguistas profesionales), carentes de la adecuada preparación que
exige el entorno socioeconómico globalizado en cuya órbita nos movemos
individualmente y como nación.
DISPONIBILIDAD
ECONÓMICA ALIMENTARIA
Andrés I. Pozuelo Arce Siempre
que se plantea una problemática global, o sea que nos interesa a todos los
habitantes de este convulsionado planeta, sale a relucir un nuevo vocablo o término
que pretende dar luz al debate sobre el tema. La más reciente adición a
nuestro léxico nos llega ahora bajo el término de SEGURIDAD ALIMENTARIA. De
entrada, nos llama la atención: ¿tendrá que ver con bioterrorismo, o buenas
prácticas de manufactura, o tal vez con sistemas de almacenamiento seguros, o
con bancos alimentarios, o con proteccionismo agrícola? En realidad, la
respuesta correcta es: ninguna de las opciones anteriores. Para
aclarar los alcances de la cuestión, creo conveniente presentar la definición
aceptada por la FAO, órgano adjunto a la ONU y máxima autoridad
–autoproclamada- en el rubro que nos ocupa. Podríamos decir que hay Seguridad
Alimentaria “cuando toda la gente tiene siempre acceso, físico y económico,
a alimentos suficientes, seguros y nutritivos con el fin de satisfacer sus
necesidades y preferencias alimentarias para una vida activa y saludable”. Nótese
de inmediato el uso de las palabras "económico",
"necesidades" y "preferencias". También podemos obviar la
necesidad de preocuparnos por el sustento de las personas involucradas en la
producción de los alimentos, dado que la definición va más allá de las
necesidades de grupos económicos y, definitivamente, no enmarca la necesidad de
optar por medidas de guerra con el objeto de lograr autosuficiencia en la
producción en perjuicio del empobrecimiento de la población. Aunque
no es tan obvio, en la definición precedente queda claro que no puede existir
la llamada Seguridad Alimentaria mientras haya pobreza extrema, dado que esa
parte de la población no podrá acceder a las calorías y proteínas necesarias
para su adecuada nutrición. Este hecho pone gran peso al factor precio en la
oferta de tales alimentos y en los mecanismos para lograr que dichos alimentos
lleguen a los estómagos de la forma más pronta y económica posible. Si esto
es cierto, porque siguen existiendo grupos económicos irresponsables que se
oponen a la apertura arancelaria de todos los alimentos, la disponibilidad económica
alimentaria va depender al fin de que ciertos agentes económicos comerciales
puedan acceder a la oferta de alimentos, tanto nacionales como internacionales,
libres de restricciones. Bueno, aquí la realidad también es obvia: simplemente
algunos grupos solo están pensando en sus propios estómagos y quieren, por
medio de su influencia y presión política, privar a la población de su
derecho a buscar la opción más económica para dar de comer a sus familias. Un
argumento nacionalista común es que si desaparece la industria local, por culpa
de la apertura, dependeremos de otros países a la hora de garantizarle comida
al pueblo (soberanía alimentaría). El argumento resulta absurdo, dado que a
los consumidores les es totalmente indiferente la nacionalidad de los
productores de los alimentos que compran. Las campañas “compre y use lo que
el país produce” han publicitado una de esas frases especiosas, muy
populares; y si bien es cierto que tal tipo de proteccionismo, basado en campañas
que apelan a la voluntad y no a la fuerza,
es menos detestable que los subsidios, aranceles y cuotas, también es verdad
que es sustentado por el propio analfabetismo económico (Stewart, 2005). Por
otro lado, si algo nos ha demostrado Nueva Zelanda es que la apertura y
eliminación de los subsidios genera un ambiente de innovación, cooperación y
eficiencia que logra penetrar en todos los ámbitos económicos y sociales de un
país. Esto obliga a los agentes involucrados en la producción y diseminación
del conocimiento a dejar de ser meros espectadores de las nuevas tecnologías y
a convertirse ellos mismos en creadores.
LETRAS DE CAMBIO Dr. Luis
Mesalles J. Los
precios de los alimentos han aumentado mucho a nivel mundial, por lo que las
preocupaciones por las consecuencias sociales empiezan a aflorar. La FAO
advierte que, a pesar de que la producción mundial de granos aumenta año con año,
no lo hace al mismo ritmo que la creciente demanda por alimentos. Primero
hay que entender que la demanda mundial de granos crece, en buena medida, por
culpa de razones geopolíticas, ajenas a la agricultura. Como el precio del petróleo
ha subido tanto, países como Estados Unidos y Brasil han ideado subsidios para
la producción de biocombustibles (etanol y biodiesel). Por lo tanto, una parte
de la producción de maíz y de soya ahora se utiliza para producir combustible,
en lugar de alimentar a las personas. O sea, estamos retrocediendo a los tiempos
del siglo XIX, en que el principal combustible para el transporte provenía de
la tierra (pastos para caballos), en vez de debajo de la tierra (petróleo para
carros). Como hay pocas tierras adicionales disponibles, que sean aptas para
sembrar, al menos que la productividad aumente mucho, o que la tala de bosques
se acelere, la producción agrícola no aumentará lo suficiente para compensar
la mayor demanda, por lo que los precios seguirán subiendo. Ante
este panorama internacional, estamos advertidos de que nos enfrentamos a un
escenario de altos precios de alimentos por un tiempo más. La solución, por lo
tanto, debe estar orientada a la búsqueda de una mayor eficiencia en el uso de
los recursos, en el largo plazo. Por ejemplo, pensar en forzar a que en el país
se produzca todo lo que nos comemos, sería un error grave. Ahí sí que nos
sale más cara la torta que los huevos. Durante
muchos años hemos estado comprando granos a precios internacionales más bajos
que lo que nos costaba producir. Los costarricenses nos hemos visto beneficiados
al poder comprar alimentos más baratos. Pero también nos ha permitido aumentar
la producción y venta de otros productos y servicios en los que somos más
productivos. Se sustituyó la producción agrícola tradicional por la
exportable y el turismo. Si ahora quisiéramos echar marcha atrás, e incentivar
la producción de granos en el país, ¿Qué pasaría con lo que se produce hoy?
¿Cuáles tierras se usarían? ¿Las que hoy están sembradas de café, piña,
melón o caña, los pastizales, o los pocos bosques que quedan? Si los precios
están tan altos, ¿por qué no se siembran más granos en el país? La
respuesta a todo esto es: productividad. En el país se debe producir lo que le
resulte más productivo, para así generar suficientes ingresos y poder comprar
los alimentos caros. El Gobierno debe ayudar a crear las condiciones necesarias
para que la productividad, en todos los campos, sea la mayor posible.
|
|
Envíe un correo a anfe@anfe.or.cr
con preguntas o comentarios sobre este sitio. |