Asociación Nacional de Fomento Económico ANFE 

Boletín Diciembre del 2007

 

Mensaje de la Presidencia de ANFE

Pensamientos de liberales

Columna Libre - Igualdad ante la ley e igualdad de resultados

La lección de Venezuela - Rogelio Pardo Jochs

Neoliberalismo : El fantasma de la teoría de la conspiración - Alejandro Barrantes Requena

Mensaje de la Presidencia de ANFE

En 1958 un grupo de distinguidos costarricenses decidió fundar una asociación dedicada a la defensa de la libertad, particularmente la económica, que en esos momentos históricos estaba sujeta a una amenaza inmediata por un Estado que crecientemente invadía diversos ámbitos propios de las personas. Así surgió la Asociación Nacional de Fomento Económico, la que, al expandir su actuar en defensa de la libertad en el sentido más amplio, hoy día se conoce como ANFE.

Al celebrar estos diez lustros de vida, ANFE tiene el propósito de realizar diversas actividades, acerca de las cuales oportunamente les estaremos informando por este y otros medios.  El objetivo inmediato es aprovechar esta celebración para brindar un nuevo vigor a su acción permanente en promoción de la libertad, especialmente en momentos decisorios como los que hoy vivimos los ciudadanos no sólo de nuestra nación, sino también del continente americano en particular.

Una de las actividades que esperamos poder realizar mensualmente es el denominado Foro, en donde asociados, amigos e invitados podrán compartir de manera relativamente informal para dialogar y conversar acerca de temas de interés público que tengan que ver con la libertad.  El primero de ellos se realizará el miércoles 30 de enero de 6 a 7 y ½  p. m. en nuestras instalaciones ubicadas al costado norte de la Iglesia Sagrado Corazón (200 metros al oeste de la Casa Italia, Barrio Francisco Peralta). Esta actividad es gratuita y tan sólo agradecemos que previamente nos confirmen su asistencia a nuestros teléfonos 253-4460 / 224-7350 / 253-4497 / 376-1947.

El tema sobre el cual versará el intercambio de opiniones es sobre si es hora de que Costa Rica dolarice su economía, el cual reviste de enorme actualidad dados los recientes e importantes decisiones tomadas por el Banco Central. Los conductores seremos el Dr. Juan Muñoz Giró, Vicepresidente de ANFE, economista de Ohio State University y profesor de Economía de la Universidad de Costa Rica, y este servidor, quienes esperamos su compañía y apoyo en el esfuerzo que ANFE realiza para coadyuvar en la formulación de políticas públicas consistentes con la libertad.

 

                                                                                    Jorge Corrales Quesada

                                                                                    Presidente de ANFE

 

 

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PENSAMIENTOS DE LIBERALES  

“En el mercado, el logro de una asignación de recursos sin que medie la coacción es el principal papel instrumental que tiene una distribución en función del producto. Pero no es el único papel instrumental que posee la desigualdad que de ello resulta… La desigualdad juega un rol al brindar un foco de poder independiente que compense la centralización del poder político, así como juega el papel de promotora de las libertades civiles, al dar lugar a que haya “patrocinadores” que financien la difusión de ideas impopulares o simplemente novedosas. Además, en la esfera económica, provee que haya “patrocinadores” que financien la experimentación y el desarrollo de nuevos productos –que compren los primeros automóviles o televisores experimentales, sin dejar de lado a pinturas impresionistas.  Finalmente, permite que haya una distribución impersonal sin necesidad de que lo haga una “autoridad” –una faceta especial del papel general del mercado de llevar a cabo la cooperación y la coordinación sin que haya coerción.” Milton Friedman, Capitalism and freedom (Chicago: The University of Chicago Press, 1962), p. 168.

 

“Lo que no entienden quienes atacan a una enorme riqueza privada es que como principalmente se crea la riqueza no es ni por un gran esfuerzo físico ni por el simple acto de ahorrar e invertir, sino por dirigir recursos hacia los usos más productivos. Y no puede haber dudas de que la mayoría de quienes han construido grandes fortunas en forma de nuevas plantas industriales y similares, con ello han beneficiado a mucha más gente con la creación de oportunidades de un empleo mucho mejor remunerado, que si hubieran donando su superfluidad a los pobres... Aunque sin duda alguna hay otras y menos meritorias formas de adquirir grandes fortunas (que esperamos puedan ser controladas mejorando las reglas del juego), la manera más efectiva e importante es al dirigir la inversión hacia los puntos en donde más se amplía la productividad de la mano de obra –una tarea en la que muchos gobiernos fallan notoriamente por razones inherentes a las organizaciones burocráticas no competitivas. Friedrich A. Hayek, “Social or Distributive Justice , en Chiaki Nishiyama y Kart R. Leube, The Essence of Hayek (Stanford: Hoover Institution Press, 1984), p. 98.

 

 

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 COLUMNA LIBRE

 

 IGUALDAD ANTE LA LEY E IGUALDAD DE RESULTADOS

 

Desde un inicio debo definir lo que, en mi criterio, los liberales entendemos por igualdad, dada la frecuencia con que se escuchan prédicas a favor de la igualdad de todo tipo, sin definición alguna en cuanto a lo que implica ese deseo. Los liberales suelen decir que están a favor de la igualdad de oportunidades para todos los seres humanos, pero es evidente que, si se le toma literalmente, no hay posibilidades de alcanzar tal objetivo.  Piénsese, por ejemplo, si al nacer un parapléjico tiene las mismas oportunidades que un niño que cuando nace posee todas sus facultades motoras. Medítese, asimismo, acerca de si, al nacer en un hogar en donde reinan vicios e ignorancia, con descuido de su crianza y donde los valores que se le transmiten no suelen ser los más proclives para su desarrollo exitoso, un niño tiene las mismas oportunidades que si naciera en uno en donde se le cuidara y se le brindaran estímulos para su desarrollo y en el cual se le enseñan valores que le potencian para un mejor vivir.  Me parece obvio que, comparativamente, todos los seres humanos no tienen las mismas oportunidades; por ello no hay que tomar esa expresión en un sentido literal.

 

De aquí que la forma adecuada de interpretarla es señalando que no deberían existir obstáculos para que la gente pueda desarrollar su talento de la mejor forma posible en el logro de los objetivos que una persona considere deseables; esto es, la igualdad de oportunidades se refiere a que haya posibilidades de que la persona pueda actuar desarrollando sus habilidades al máximo. Esta forma de ver la igualdad de las personas es conocida como igualdad ante la ley; esto es, igualdad ante las reglas de convivencia social. Tal es la forma en que los seres humanos, tan distintos en sus características genéticas y culturales, pueden proseguir diferentes vías en la búsqueda de su felicidad.  Por ello se debe enfatizar en la consistencia que existe entre los conceptos de igualdad ante la ley y la libertad individual.

 

Hayek expuso esta idea adecuadamente y con mayor amplitud al escribir que “Ha constituido el gran objetivo de la lucha por la libertad conseguir la implantación de la igualdad de todos los seres humanos ante la ley. Esta igualdad ante las normas legales que la coacción estatal hace respetar puede complementarse con una similar igualdad de las reglas que los hombres acatan voluntariamente en sus relaciones con los semejantes. La extensión del principio de igualdad a las reglas de conducta social y moral es la principal expresión de lo que comúnmente denominamos espíritu democrático y, probablemente, este espíritu democrático es lo que hace más inofensivas las desigualdades que ineludiblemente provoca la libertad.

 

La igualdad de los preceptos legales generales y de las normas de la conducta social es la única clase de igualdad que conduce a la libertad y que cabe implantar sin destruir la propia libertad.  La libertad no solamente nada tiene que ver con cualquier clase de igualdad, sino que incluso produce desigualdades en muchos respectos.  Se trata de un resultado necesario que forma parte de la justificación de la libertad individual.  Si el resultado de la libertad individual no demostrase que ciertas formas de vivir tienen más éxito que otras, muchas de las razones a favor de tal libertad se desvanecerían.” (Friedrich Hayek, Los Fundamentos de la Libertad, Madrid: Unión Editorial, 1975, p. 101).

 

Sin embargo hay otro concepto de igualdad que ha intentado sustituir la idea de igualdad ante la ley.  Me refiero a la búsqueda de una igualdad en los resultados. Es cierto que nadie (de lo que conozco) ha predicado que todos los seres humanos, con independencia de sus condiciones individuales, deben de tener una igualdad material literal, sino que suelen referirse a que exista una “justa” distribución material (tampoco he visto que se abogue por una “justa” distribución intelectual, espiritual o genética).  Esta infiltración del término “justa” no sólo incorpora una vaguedad y confusión innecesaria en cuanto al verdadero sentido que pueda tener el término justicia, sino que también casi que se deja en manos de “alguien” definir qué es lo que se va a entender por “justa”.  Por ello no extraña que se juzgue que sean los políticos quienes van a decir cuál es una “justa” distribución o, más generalmente, que sea el Estado quien decida qué es lo “justo” que debe percibir cada individuo o familia. (También dicha potestad sobre lo que consiste la distribución del producto se ha propuesto que quede en manos de Dioses, iglesias, castas, monarcas y así por el estilo). 

 

Con la pretensión de lograr una “igualdad de resultados” o de “una justa distribución”, una vez que se decide –por alguien- cómo es que se va a distribuir lo producido, se requiere preguntar ¿cuáles son los incentivos para que se dé la producción que deberá distribuirse acorde con la voluntad de ese alguien? Sobre esto nos dicen los esposos Friedman, “el punto clave no es simplemente que la práctica diferirá de lo ideal…  El punto es más bien que hay un conflicto fundamental entre el ideal de las “reparticiones justas” o de su precursor, “a cada cual según sus necesidades”, con el ideal de la libertad individual.  Este conflicto ha plagado cada intento de hacer de la igualdad de resultados el principio general de la organización social… en todos los casos, la desigualdad ha persistido bajo cualquier criterio empleado; desigualdad entre los gobernantes y los gobernados, no sólo en cuanto al poder, sino también en los estándares materiales de vida. (Milton y Rose Friedman, Free to Choose, New York: Harcourt, Brace, Jovanovich, 1979, p. 135).

 

Tal vez un ejemplo simple puede contribuir a exponer la diferencia que hay entre el concepto de igualdad ante la ley y el de igualdad de resultados. Imagínese una carrera de maratón en la que hay diversos participantes.  La idea de la igualdad ante la ley sería en cuanto a que las reglas aplicables para dicha carrera sean esencialmente las mismas para cada uno de los participantes, en donde potencialmente cualquiera puede ser el ganador.  Si acaso, como dice Hayek, se acepta “con carácter de generalidad que, mientras los hombres fueran diferentes y crecieran en familias distintas, no podría asegurárseles un mismo punto de partida” (Op. Cit., p. 107), de manera que la función del gobierno no será la de asegurar que todos tengan los mismos prospectos de llegar a una posición dada, sino la de hacer disponible para todos y en términos de igualdad aquellas facilidades que dependen de la función propia de ese gobierno. Por ejemplo, sería aceptable que, si en dicha maratón decide participar una persona con una discapacidad que le diferencia significativamente del resto de los participantes, no tenga que correr bajo las mismas reglas que los otros (por ejemplo, que corra una distancia menor), pero no de forma tal que se le garantice que llegará, por ejemplo, en un primer lugar, pues se desvirtuaría el propósito de realizar una carrera de maratón.

 

Lo importante para esta competencia es que se remueva cualquier obstáculo puesto por otros hombres para impedir que algún otro pueda ser el ganador.  Así, se deben eliminar privilegios individuales (como, por ejemplo, que sólo puedan participar los que provienen de tal o cual familia o porque son miembros de algo considerado como nobleza), al igual que asegurar que la contribución de la acción del estado sea la misma para todos (que no se subsidie a algunos o que se grave a otros con tal de provocar que alguno de ellos gane en la lid o que otro no pueda hacerlo).  Por lo tanto, se trata de que no haya discriminación de los participantes en cuanto a color, raza, sexo, nacimiento, nacionalidad, origen étnico u otras características poco relevantes para la maratónica.  Se supone que así ganaría el más veloz de los participantes -el atleta mejor capacitado y con mayores habilidades- no en función de su color de piel, raza, etnia, nacionalidad, familia, riqueza o lo que fuere que no tenga que ver con lo requerido para la carrera.  Así, todos son iguales ante las reglas del juego. Hayek escribe que se da “por supuesto que los resultados serían forzosamente distintos no sólo en razón a las diferencias individuales, sino también porque una pequeña parte de las circunstancias relevantes dependían de quienes asumen el poder público.” (Op. Cit., p. 107).

 

Por el contrario, la idea de igualdad de resultados (un resultado que fuera “justo” de acuerdo con el criterio definido por alguien) se refiere a que, con independencia de esa velocidad y de las habilidades individuales para arribar prioritariamente a la meta, sean otros los criterios aplicados; por ejemplo, se podría alegar que el primer lugar le corresponde a alguna persona que tenga ciertos atributos distintos de esa velocidad y habilidades, tales como el color de la piel, el origen familiar, la religión que se profesa, y un etcétera muy amplio de criterios para logar la clasificación, según sean los deseos de quienes se supone son ungidos para definirlos. Tal como lo menciona Hayek, bajo este criterio de igualdad de resultados, “el gobernante, en vez de proporcionar los mismos medios a todos, debiera tender a controlar las condiciones relevantes para las posibilidades especiales del individuo y ajustarlas a la inteligencia individual hasta asegurar a cada uno las mismas perspectivas que a cualquier otro. Tal adaptación deliberada de oportunidades a fines y capacidades individuales sería, desde luego, opuesta a la libertad y no podría justificarse como medio de hacer el mejor uso de todos los conocimientos disponibles, salvo la mejor presunción de que el gobernante conoce mejor que nadie la manera de utilizar las inteligencias individuales.” (Op. Cit, p. 107).

 

La idea de igualdad ante la ley puede resumirse en aquella expresión proveniente de la Revolución Francesa: Une carrière ouverte aux talents; una carrera abierta a los talentos. Por el contrario, la idea de igualdad de resultados se puede concebir como que, cualquiera que sea el talento y las diferencias individuales, así como cualquier cosa que se haga o no, al final de la carrera todos los individuos llegarán iguales… al mismo tiempo. En el famoso libro de Lewis Carroll, Alicia en el País de las Maravillas, aparece una carrera de esta naturaleza (la define como “Carrera Loca”). Un personaje, el Dodo, “trazó una pista para la Carrera, más o menos en círculo (‘la forma exacta no tiene importancia’, dijo) y después todo el grupo se fue colocando aquí y allá a lo largo de la pista. No hubo el ‘A la una, a las dos, a las tres, ya’, sino que todos empezaron a correr cuando quisieron, y cada uno paró cuando quiso, de modo que no era fácil saber cuándo terminaba la carrera. Sin embargo, cuando llevaban corriendo más o menos media hora, y volvían a estar ya secos, el Dodo gritó súbitamente:

--‘¡La carrera ha terminado!’

Y todos se agruparon jadeantes a su alrededor, preguntando:

--‘¿Pero quién ha ganado?’

El Dodo no podía contestar a esta pregunta sin entregarse antes a largas cavilaciones, y estuvo largo rato reflexionando con un dedo apoyado en la frente (la postura en que aparecen casi siempre retratados los pensadores), mientras los demás esperaban en silencio. Por fin el Dodo dijo:

--‘Todos hemos ganado, y todos tenemos que recibir un premio.’

--‘¿Pero quién dará los premios?’ --preguntó un coro de voces.¨

En esta carrera se aseguraba la igualdad de los resultados, todos ganan y reciben su premio, aunque al final de cuentas haya que preguntar, quién deberá otorgarlos.

La distinción entre igualdad ante la ley e igualdad de resultados es crucial en una sociedad libre, porque la igualdad de resultados se pretende lograr mediante la coacción del Estado, que anule lo que se obtiene por una valoración que la sociedad efectúa de la acción de las personas, como compensación por hacer lo que cada cual considera es lo mejor. Cuando esa compensación se hace con base en lo que alguien aprecia es meritorio que se reciba algo que no se ha producido, el camino está abierto para que el Estado defina qué es lo que los individuos deberán hacer y cómo es que deberán de hacerlo, lo cual significa, ni más ni menos, que la sociedad libre, tal como la concebimos, llegue a su fin.

                                                                               Carlos Federico Smith

 

Queda debidamente autorizado para reproducir esta columna en el medio de su predilección.

  

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LA LECCION DE VENEZUELA

 

                                                                   Rogelio Pardo Jochs

                                                                                    Fiscal de ANFE

 

La derrota de Chávez en el referendo no sólo ha tenido una gran repercusión en Venezuela, al iniciar el declive electoral del autócrata y revitalizar la unión del vasto y variado mundo oposicionista, sino que influirá decisivamente en el futuro político de otros países, como Bolivia. Nicaragua y Ecuador.

 Los Gobernantes de estas naciones comprenderán que se acabó el mito de la invencibilidad del émulo de Bolívar y les costará mucho comprender como éste perdió en un año un caudal electoral de tres millones de votantes, aún contando con el dominio total del Consejo Nacional Electoral. Chávez perdió en todos los estados más importantes de Venezuela, como el Distrito Federal, Zulia, Miranda y Carabobo, gobernados por sus seguidores. 

 Además, en Cuba ya están sonando las sirenas de alarma ante las perspectivas de dejar contar en un futuro no tan lejano con la inmensa ayuda económica que desde hace años les viene otorgando Chávez.  El conocido pragmatismo de los líderes cubanos debe de estar ya previendo los diferentes escenarios en el caso de un cambio político en Venezuela, aún cuando éste no se produzca a breve plazo.  Para el atribulado presidente boliviano, Evo Morales, la derrota de su protector y consejero tendrá que llevarlo a meditar sobre la conveniencia de continuar atado a éste.  El más cauto Correa, Presidente de Ecuador, tratará de no asemejarse mucho al caudillo venezolano, so pena de un endurecimiento de la oposición que existe en su país.

 En cuanto al gobernante de nuestra vecina, Nicaragua, dudamos de su capacidad para dar un golpe de timón a su política nefasta que augura sufrimientos para su ya agobiado pueblo.

 La lección de Venezuela también se puede aplicar a Costa Rica.  La unión de los partidos políticos democráticos se hace indispensable para detener cualquier intento de aparición de un demagogo con carisma y audacia que pueda poner en riesgo la democracia costarricense.  

       

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Neoliberalismo: el fantasma de la teoría de la conspiración

                                                          Alejandro Barrantes Requena


Todos los días escuchamos a alguien hablar sobre el "neoliberalismo" y los "neoliberales". Puede ser el sacerdote que moralice a su grey diciendo que los "neoliberales" han dejado de adorar a Dios para adorar al mercado. Puede ser el político que dice que la pobreza no se puede reducir porque las políticas "neoliberales" desarrolladas en los últimos años lo impiden. Quizá sea el estudiante que alega que el "neoliberalismo" es el causante del subdesarrollo de los países o, si no, será entonces el profesor universitario, que dice a sus alumnos que las políticas "neoliberales" y la globalización son parte sustancial del capitalismo salvaje.

Lo que con mayor frecuencia escuchamos, indistintamente de quién lo diga, es que las políticas neoliberales son la causa de todos los males que afectan a las sociedades contemporáneas. Acompañando a esa frase, encontramos todo un arsenal de ataques al mercado, calificándolo de machista, terrorista e inhumano y que la libertad política y económica no es más que una estrategia del imperialismo, padre del neoliberalismo, para hacerse con el control del mundo. En síntesis, todos los días escuchamos a alguien hablar del neoliberalismo, pero ¿qué es eso?

Llevemos la discusión al plano conceptual-semántico para tratar de acercarnos a la respuesta. Neo significa nuevo y liberalismo hace referencia, grosso modo, a una corriente de pensamiento de amplia trayectoria que defiende la libertad económica, social, política y moral del individuo, la supremacía de éste en el análisis de la sociedad (individualismo metodológico), el ejercicio de la voluntad sin coerción, así como la reducción del Estado, pues la historia de la humanidad es la historia del poder de unos sobre otros, institucionalizándolo a través del Estado o de muchas otras organizaciones (sociedad, Iglesia, etc.). ¿Pero no sigue defendiendo eso el "neoliberalismo"? La respuesta es sí, entonces ¿adónde está lo nuevo? Para contestar esto, vayamos al plano epistemológico. Thomas Khün introdujo la noción de cambio intrateórico e intertéorico. Si en una teoría o un paradigma se mantiene el núcleo duro (supuestos, axiomas e hipótesis centrales) y lo que varía son las hipótesis auxiliares de la explicación, los enfoques o las técnicas metodológicas para abordar el núcleo, se habla de cambio intrateórico; es decir, a lo interno. Por otro lado, si lo que varía es el núcleo duro, se habla entonces de cambio interteórico. En la actualidad, podemos ver que el liberalismo continúa defendiendo la libertad en todo el sentido de la palabra, al individuo como centro de la acción social, la voluntad de las acciones y la reducción del Estado sacándolo de muchas esferas de la acción del ser humano. Así las cosas, como se mantienen los postulados y axiomas centrales del liberalismo, no se puede hablar de cambio interteórico. Podría plantearse la hipótesis de que el liberalismo conserva sus postulados pero el ámbito de aplicabilidad ha variado, lo cual implica una modificación de los enfoques. Pero el liberalismo nació como una filosofía aplicable a lo político, a lo económico, a lo jurídico, a lo social y a lo moral. Y así lo sigue haciendo hoy día. ¿Entonces adónde está lo nuevo? Como se puede ver, al mantenerse el ámbito de aplicabilidad y mejorarse, no modificarse los enfoques, tampoco puede hablarse de cambio intrateórico.

Queda demostrado que, desde el punto de vista conceptual-semántico y desde el epistemológico, es imposible hablar de neoliberalismo. A diferencia del marxismo, el liberalismo no tuvo que desechar postulados por la simple razón de que no proponía leyes inmutables como era el determinismo económico. Tampoco sus postulados han sido desmentidos pues lo que el liberalismo siempre ha planteado son cosas que podían contrastarse y comprobarse con la realidad, siguiendo los aportes de Locke, Stuart Mill y otros. La realidad siempre le ha dado la razón: a mayor libertad de las personas, mayor paz social, mayor progreso y mayor felicidad....

Entonces ¿por qué entonces oímos hablar de "neoliberalismo"? Muy fácil, porque los inútiles siempre buscan chivos expiatorios. Siempre necesitan decir que hay un gran complot entre el gobierno, los EE. UU., las transnacionales y otros para destruir al mundo. Se trata de una lucha maniquea donde unos son los buenos y los otros son los malos, lo cuál, lógicamente implica una dinámica de legitimación-deslegitimación respectivamente. Muy probablemente esas personas que culpan al neoliberalismo de todos sus males lo hacen porque son seguidores de una tradición de comodidad intelectual: es más fácil descargar la ira, frustración y miedo contra algo que no se sabe si existe o no, que hacer todo el ejercicio racional para encontrar las verdaderas causas de los males. Es la materialización de la ley del mínimo esfuerzo. Además, lanzar diatribas contra un enemigo imaginario tiene otra ventaja: si los progresistas, marxistas, socialdemócratas y otros afirmaran que todos los problemas son causados por el liberalismo, los liberales no sólo reclamarían, sino que hasta podrían hacer que el dedo acusador se vuelva en contra de aquellos, demostrando que dichos problemas son causados por sus ideas colectivistas y fomentadoras de la corrupción. En cambio, atacar al fantasma del "neoliberalismo" permite evitar cualquier riesgo.

Por eso, cuando escuchemos a alguien hablar del "neoliberalismo" no sólo podemos divertirnos imaginando la fantástica forma que tendrá esa mítica bestia (quizá sea como el unicornio, quizá como el cíclope o quizá como Dios), sino también podremos saber que quien lo dice no está siendo racional, sino que es un sujeto amante de ese misticismo adorador o inquisidor de entes esotéricos, capaz de atribuirle las más hiperbólicas características a su chivo expiatorio. Al fin y al cabo tiene una necesidad patológica y paranoica de identificar al culpable de todas las desgracias de la humanidad.

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Puesto al día: 11 de diciembre del 2007