“Lo
más interesante es el hecho de que los grandes dictadores tienen un séquito
muy grande… Los que siguieron a Hitler y Stalin, en su mayoría, lo hicieron
precisamente porque fueron ‘conducidos fácilmente de las narices’…
Indudablemente, los grandes dictadores apelaron a todo género de temores y
esperanzas, de prejuicios y de envidias, y hasta del odio.Pero su principal atractivo fue una especie de moralidad.Tenían un mensaje y exigían sacrificios.Es triste ver cuán fácilmente puede ser mal utilizada una apelación a
la moralidad. Pero es un hecho el que los dictadores siempre trataron de
convencer a su pueblo de que conocían el camino hacia una moralidad
superior.” Karl R. Popper, “Conjeturas y Refutaciones: El desarrollo del
conocimiento científico” (Barcelona: Paidós, 1994), p. p. 438-9.
“Pero
tal vez la objeción más fuerte a la teoría de la soberanía popular es que
promueve una ideología irracional, una superstición.Porque es una superstición autoritaria y relativista que el pueblo (o la
mayoría del pueblo) no pueda equivocarse o actuar de un modo injusto… Sabemos
por Tucídides que la democracia ateniense (a la que admiro en muchos aspectos)
también tomó decisionescriminales.Atacó a la isla y ciudad-estado de Melos (no sin previo aviso, es
verdad) mató a todos los hombres y puso a todas las mujeres y a los niños a la
venta en el gran mercado de esclavos.De
esto es de lo que la democracia ateniense era capaz…Y el Parlamento Alemán de la República de Weimar, elegido libremente,
fue capaz de hacer de Hitler un dictador, a través de medios
constitucionales… Y aunque Hitler nunca ganó una lección libre en Alemania,
obtuvo una gran victoria electoral en Austria después de la anexión…
Todos
somos proclives al error, y también lo es el pueblo o cualquier otro grupo de
seres humanos… La ironía de Winston Churchill cuadra muy bien aquí: ‘La
democracia es la peor forma de gobierno, excepto por supuesto todas las demás.’”
Kart Popper, La Lección de Este Siglo, Libertad y responsabilidad intelectual (Argentina:
Temas Grupo editorial, 1992), p. p. 128-9.
“No
debemos olvidar que Hitler llegó al poder de forma legítima y que la ley de
plenos poderes que le convirtió en dictador la aprobó una mayoría
parlamentaria. El principio de legitimidad no es suficiente. Es una respuesta a
la pregunta platónica ‘¿Quién debe gobernar?’. Debemos cambiar la
pregunta… (por) una radicalmente diferente…‘¿Cómo podemos configurar la
Constitución del Estado para que podamos desembarazarnos del gobierno sin
derramamiento de sangre?’ Kart R. Popper, La Responsabilidad de Vivir
(Barcelona: Paidós, 1995), p. p. 205-6.
COLUMNA LIBRE
EL TLC Y EL CONSUMIDOR
Recientemente el
columnista de La Nación, señor Jorge Guardia, considerado por muchos como un
pensador de tendencia liberal, en esencia escribió que permanecía indeciso
ante la aprobación del TLC por su falta de defensa de los intereses del
consumidor y por considerar que éste poco ganaría con él.
Como
introducción contaré una anécdota relevante.En una presentación de un libro del economista doctor Rigoberto Stewart,
como es propio de tan distinguido académico, defendió la posición liberal del
libre comercio que muchos compartimos y lo contrastó con lo que se ha
denominado “acuerdos de libre comercio” (tal como el TLC), en los que no hay
libre comercio a plenitud, sino un acuerdo de desgravación o apertura parcial
resultante de negociaciones entre los países firmantes.En esa oportunidad se había invitado a otro distinguido economista, el
doctor Alberto Trejos, para que comentara el libro de don Rigoberto.Ante los señalamientos de éste sobre los TLCs, don Alberto
aclaró que él (quien, como Ministro de Comercio Exterior, había negociado el
TLC), compartía muchos de los ideales de don Rigoberto sobre las virtudes del
libre comercio, pero le había tocado lidiar con realidades diferentes a las de
su colega.Esencialmente, ese TLC
era lo posible de acordar entre muchas peticiones contrastantes y hasta hostiles
de los diferentes países, si bien él hubiera deseado una mayor apertura
pro-libre comercio de todas las partes; en segundo lugar, en el mundo, en esos
momentos (y también hoy en día), las negociaciones de la Ronda de Doha de
apertura alrededor de la Organización Mundial de Comercio, estaban paralizadas
y por eso las naciones acudían a lo único disponible en pro de la apertura
comercial, como eran los acuerdos de libre comercio.
Don
Jorge me alegará en contrario (y hasta podría calificarme de ingenuo) citándome
un valioso trabajo de la CEPAL, que sirve de base para que él considere que el
beneficio del consumidor con el TLC es relativamente inocuo. Sobre esto cabe
hacerle dos señalamientos. El primero es que don Jorge, al igual que quien esto
escribe, somos poco conocedores de las técnicas econométricas.Por ello, para informarme bien, consulté a dos apreciados economistas de
mi confianza académica e ideológica, como son los doctores Juan Muñoz y
Ricardo Monge, ambos profusos conocedores de las técnicas econométricas,
quienes me indicaron que uno de los problemas con los llamados modelos de
equilibrio general, como el de la CEPAL mencionado, es que, por su grado de
agregación, resultados como los expuestos no permiten indicar el grado en qué
se podrán desarrollar las cosas.Así,
por ejemplo, se me explicó, ningún modelo de equilibrio general podía haber
predicho allá por los años ochentas, cuando Costa Rica inició su proceso de
apertura, que el país se convertiría en el mayor exportador de piña a los
Estados Unidos, o que llegaría a exportar más de 3.500 diferentes productos a
ese mercado. Simplemente los modelos de equilibrio general no llegan a ese nivel
de detalle y ello es aplicable en la estimación plena de los beneficios que los
consumidores obtendríamos con un TLC como el de comentario. (De paso, tampoco
es posible, de acuerdo con el economista Roemer, que esos modelos de equilibrio
general incorporen las diversas demandas futuras, ni tampoco incluyan productos
que hoy no se intercambian y que sí lo harían gracias a dichos acuerdos
comerciales… la acción humana no forma parte de esos modelos de equilibrio
general).
Carlos Federico Smith
Queda debidamente
autorizado para reproducir esta columna en el medio de su predilección.
Casi todos los países ricos
tienen comercio muy libre sin monopolios de telecomunicaciones o seguros
Luis Di Mare H -
dimareluis@anfe.or.cr
Se ha dicho que el Tratado de
Libre Comercio (TLC) es la venta de Costa Rica, la “centroamericanización”
de Costa Rica, la instauración de un “Sistema neoliberal excluyente”, etcétera.
Pero las reglas que instauraría el TLC, de aprobarse, son muy similares a las
que ya existen en casi todos los países ricos del mundo, incluyendo los países
de la socialista Europa.
Es central en el TLC eliminar
gradualmente impuestos de aduana a la importación de Centro América o Estados
Unidos (EE.UU.) de ciertos productos de primera necesidad como lácteos y arroz.
El comercio muy libre es la regla en los países ricos. El ARANCEL PROMEDIO
PONDERADO (APP) es un promedio de impuestos que pagan los productos importados a
un país, un APP bajo significa bajos impuestos a las importaciones. La Unión
Europea es una gigantesca zona de comercio muy libre y allí, según Fundación
Heritage, el APP es de 1.7% . En EE.UU. el APP es 1.7% (2005) y en Costa Rica
3.8% (2004). En otras palabras, impuestos bajos de aduana ya son la regla en
Europa, los EE.UU. y Costa Rica.
No sé de ningún país con libre
comercio total, inclusive el ejemplar Hong Kong, con un APP de 0% (2003), tiene
impuestos a hidrocarburos, licores, tabaco y alcohol metílico, y regulaciones
sobre importación de farmacéuticos, servicios legales y propiedad intelectual.
Son poquísimos los países ricos
con altos impuestos de aduana: Por ejemplo Bahamas, en donde el APP es 25.6%
(2002), es un “paraíso fiscal” que no tiene los impuestos al capital típicos
de los países ricos y los impuestos de aduana son altos porque el gobierno
depende casi solo de ellos.
Monopolio estatal en
telecomunicaciones: Hace unos meses el Sr Alberto Trejos señaló: “Los 25 países
en el mundo que hoy tienen monopolio estatal en telecomunicaciones son: Algunos
países árabes con petróleo, algunas pequeñas islas del Caribe, Costa Rica,
Belize, Corea del Norte, Macedonia y Chipre” .
De esos países el único que
pertenece a la Unión Europea es Chipre. Irán, Islas Salomón, Papua, Djibouti,
Benin y Etiopía, por ejemplo, también tienen monopolios en telecomunicaciones
y, con excepción de Irán, son muy pobres.
Monopolio estatal en seguros: No
sé de ningún país rico que no permita seguros privados (no estoy afirmando
que no exista). Sin embargo, Heritage señala sobre Francia. “La Constitución
[francesa] establece que cualquier compañía definida como un servicio público
nacional o como un monopolio natural debe pasar a ser propiedad del estado”.
Seguros de Salud: La OCDE es una
institución que lleva estadísticas de varios países ricos.
El documento de OCDE “Resumen
de aseguramiento privado de salud en los países de la OCDE “ menciona la
existencia de seguros privados de salud en Alemania, Australia, Austria, Canadá,
Corea del Sur, Dinamarca, Estados Unidos, Finlandia, Francia, Holanda, Irlanda,
Italia,Japón, México, Noruega, Polonia, Portugal, Reino Unido, Suecia y Suiza,
en fin, en casi todos los países afiliados a la OCDE.
Se ha dicho que los seguros
privados de salud acabarán con la CCSS.
No estoy enterado de que eso haya
ocurrido en los países de la OCDE señalados, donde más bien la seguridad
social estatal suele gastar sumas enormes. En resumen, el TLC lleva nuestras
normas a ser más parecidas a las de los países ricos. Más en http://www.anfe.or.cr/imp_cap.htm#mono
En la prestación de
servicios de telecomunicaciones hay básicamente tres tipos de opciones:
apertura, que es el caso de Canadá, Francia, Noruega, Uruguay, Colombia, Cuba;
privatización, que es el caso de Argentina, Chile, Estados Unidos, Brasil,Panamá,
Venezuela, Perú, El Salvador, Nicaragua y Guatemala; y,monopolio, que es el
caso de Costa Rica, Irán, Islas Salomón, Papua Nueva Guinea, D-ibouti, Benín
y Etiopía.
The
extend and pace of the development of private health insurance in each country
has been very dependant on the original pattern of the national health care
organisation, even if most countries tend to have now a rather hybrid health
care system (mixing elements from the three original models). Amongst OECD
member countries, strong
contrasts can now be observed in the balance between private and
public
health insurance. Although,
private sector is mainly supplementary
to public coverage, in some
countries it can substitute to
public sector to cover even primary care for all or part of the population.
Lastly private health
insurance may provide the same level of coverage than the existing public
scheme, while giving access to private providers.
•
Two countries, the United
States and Switzerland
have opted for a highly
privately financed system, in which private insurance intervenes even in primary
care. In the US, 40% of overall health expenditures are covered by private
insurance, and above 74% of the population is enrolled in a private scheme, be
it a substitute or a complement to public schemes.
•
In Germany and
in the Netherlands the
wealthiest, independent workers and most civil servants are excluded from the
social health insurance. Health care insurance is left to their own initiative.
In Germany, 20% of the population are insured on a voluntary basis; among these,
7 millions are entirely insured by private insurers.
•
Nevertheless, in the majority of
OECD countries, private health insurance is supplementary to the public scheme
and provides co-payment and deductibles or covers specific services not taken
into account by public financing. The majority of the population therefore
contracts a co-payment insurance in France,
Canada, Japan,
Austria and
Denmark to
some extent.
•
In Ireland
and Australia,
it is possible to “opt out”
of the public scheme. In both countries, private health insurance is highly
regulated in order to be accessible to the most part of the population, hence
40% have a private coverage that gives access to private providers.
•
In other countries with an
overwhelming public financing and providing system such as the UK,
Sweden,
Norway,
Finland and
Portugal, private
health insurance represents a small market covering currently less than 10% of
the population, and insuring mainly access to private providers.
•
Regarding countries in transition,
despite the recent privatisation of health care in Poland,
health insurance markets remain narrow, due to a lack of maturity of insurance
markets and to an inherited quasi-universal public coverage. Lastly, in middle
income countries, like Mexico,
Turkey, Korea or
even Greece,
the role of private insurance also remains marginal (5% of the population
enrolled).
Envíe un correo a anfe@anfe.or.cr con preguntas o
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Puesto al día: 11 de diciembre del 2007