Asociación Nacional de Fomento
Económico ANFE
Boletín Abril del 2007
Aspectos del Seminario "Nuestro Sistema Educativo"
Curso "Trayectoria del
Pensamiento Liberal" en ANFE
Pensamientos liberales
Se dijo en Costa
Rica
Columna Libre - El Libre
Comercio y las Falacias que a veces se esgrimen
Electra Net CR -
Andrés I. Pozuelo Arce
Malas Instituciones:
Causa Principal de la pobreza- Luis Di Mare H.
ASPECTOS
DEL SEMINARIO
"NUESTRO SISTEMA EDUCATIVO"


Durante
el mes de marzo del 2007 se realizaron las tres reuniones del Seminario "Nuestro Sistema
Educativo". A continuación se muestran algunas fotografías de la primera
reunión, llevada a cabo el 15 de marzo del 2007 en el Hotel Radisson. Las otras
dos reuniones tuvieron lugar el 22 y el 29 de marzo. Por error, en el boletín
de marzo no se enviaron las fotografías del evento.


***

Panel
de la primera reunión del seminario "Nuestro Sistema Educativo". De
izquierda a derecha Señores Carlos Murillo, Álvaro Cedeño, Victor Buján y
José Abdulio Cordero


Dos
vistas del evento

Curso
"Trayectoria del Pensamiento Liberal"
Este
mes de mayo ANFE inicia el curso "Trayectoria del Pensamiento
Liberal", impartido por el Profesor Jorge Corrales. El curso tendrá
lugar cada miércoles de la semana, de 6:00 a 7:00 pm durante cinco semanas,
iniciando el miércoles 9 de mayo del 2007.
Primera
sesión: Introducción-El Liberalismo hasta el
Medioevo-John Locke-La Ilustración escocesa
Segunda
sesión: David Hume-Adam Smith-Edmund Burke-El
Liberalismo Continental
Tercera
sesión: Jeremy Bentham-John Staurt Mill-Los dos
liberalismos
Cuarta
sesión: El Conservadurismo-El
Liberalismo Social-El Liberalismo de Mercado-El Ordo Liberalismo
Quinta
sesión: El Neoliberalismo-Friedrich A. Hayek
Haga
clic al lado para leer el Programa detallado
del curso
...........................................
Lugar: Local
de ANFE en Barrio Fernández Peralta, frente al costado de la Iglesia
Sagrado Corazón.
Valor: 10.000
colones cada curso
Inscripción abierta a todo
interesado. Tel.
376-19-47 y 253-44-60 FAX:
253-44-97

PENSAMIENTOS DE LIBERALES
“La
protección puede en algunos cosas procurar lograr una ventaja económica, si es
que existe un gobierno lo suficientemente sabio como para discriminar cuáles
son esos casos, y que fuera lo suficientemente fuerte como para limitarse a sí
mismo a sólo esos casos, pero aquella condición es muy difícil de que
exista.” F. Y. Edgeworth, “The
Pure Theory of International Values,” Economic Journal, 4, marzo de 1894.
“La
propuesta de que la libertad en el comercio internacional es, en su conjunto, más
beneficioso que el proteccionismo, es una de las más esenciales proposiciones
que la teoría económica puede ofrecer como guía para la política económica.”
Harry G. Johnson, Aspects of the
Theory of Tariffs, Cambridge: Harvard University Press, 1971.
“Adam
Smith formuló en 1776 un caso poderoso en favor del libre comercio y en contra
de la marea de las doctrinas económicas prevalecientes. Sus fuertes argumentos
probaron ser intelectualmente convincentes.
Desde ese entonces, la doctrina del libre comercio ha estado sujeta a un
escrutinio cuidadoso y detallado y algunas veces ha sido objeto de serias dudas.
Sin embargo, la idea del libre comercio, el caso conceptual en favor del
libre comercio, ha sobrevivido esencialmente intacta en contra de la marea de
una investigación crítica repetitiva… Sin embargo, el caso en pro del libre
comercio ha permanecido, debido a que la proposición esencial de que surgen
beneficios con el libre intercambio de bienes entre los países, no ha sido
sobrepasada por la extensión limitada que tienen las diversas calificaciones y
excepciones. Así es como el libre comercio permanece más sólido que cualquier
otra proposición de teoría económica que pretenda tener implicaciones para la
política económica.” Douglas
A. Irwin, Against the Tide: An Intellectual History of Free Trade, Princeton
University Press, 1996.

SE
DIJO EN COSTA RICA
"Los mismos diputados que piden despejar las dudas
sobre la constitucionalidad del TLC antes de someterlo a referéndum son los
mismos que se negaron a prestar las firmas para enviar a consulta de
constitucionalidad la Ley de Violencia contra las Mujeres."
Juan Carlos Hidalgo

COLUMNA LIBRE
EL
LIBRE COMERCIO Y LAS FALACIAS QUE A VECES SE ESGRIMEN
En los oídos
liberales resuenan (o, con mayor realismo de mi parte, deberían de resonar)
aquellas palabras que Adam Smith escribió hace más de doscientos treinta años:
“Rara vez deja de ser prudente en la dirección económica de un Estado la máxima
que es acertada en el gobierno de una familia particular.
Cuando de un país extranjero se nos puede surtir de una mercancía a un
precio más cómodo que al que nosotros podemos fabricarla, será mejor
comprarla que hacerla, dando por ella parte del producto de nuestra propia
industria, y dejando a ésta emplearse en aquellos ramos en que saque ventaja al
extranjero.” (La Riqueza de las Naciones, IV, ii).
Su idea clave de que la división del trabajo está limitada por la
extensión del mercado, encontró, en la ampliación que el libre comercio da al
tamaño del mercado, la fuerza que permite un mayor crecimiento y una mayor
riqueza de las naciones. Desde ese entonces quedó fundamentado el caso en favor
del libre comercio, a pesar de las constantes críticas (muchas sanas) de que ha
sido objeto. Tal vez esta sea la
mayor idea generada por los economistas (Smith) para impulsar el progreso de los
pueblos; idea abrazada como parte del pensamiento liberal.
Es obvio que un
tratado comercial que busca un país es algo diferente de incorporarse al libre
comercio: en la primera situación, por definición, no es unilateral, mientras
que, en la segunda, sí debería serlo, dado el beneficio que trae a las
personas y las naciones. No conozco
caso en el mundo en donde haya habido una apertura unilateral al comercio
internacional, aunque hay que reconocer aproximaciones hacia tal ideal. El caso
moderno de Chile parece ser uno de ellos (o el intento inglés después de la
aprobación de las llamadas Corn Laws). Lo
cierto es que ninguna nación se ha abierto unilateralmente de forma total al
comercio, lo que es entendible en el contexto de intereses que se benefician con
la existencia de un proteccionismo promotor de ganancias monopólicas, las que
desaparecerían con la competencia internacional.
Por ello,
oponerse al Tratado de Libre Comercio entre nuestro país, Centro América y los
Estados Unidos (TLC) con base en que nosotros deberíamos haber seguido el
camino chileno, de primero abrirnos unilateralmente y luego proceder a un
acuerdo comercial con los Estados Unidos, no sólo es una falacia de gran monta,
sino que da alas a quienes verdaderamente se oponen al libre comercio, algunos
porque simplemente no creen en él, y otros porque, por lo general, no creen en
la libertad de las personas.
Los liberales
estamos en principio por la apertura unilateral al libre comercio, si bien tomar
tal decisión no garantiza que con ello el país logra un acceso a los mercados
internacionales. Es cierto que, con
la unilateralidad mencionada, se está mejor que con el proteccionismo rampante,
pero aquella política no garantiza que podamos vender eficientemente nuestros
productos en otros mercados, lo que nos impide obtener las divisas necesarias
para lograr importar, que es el objetivo de una economía de intercambio a fin
de lograr lo que es el fin último de una economía: satisfacer los deseos y
necesidades humanas, las de los consumidores.
Al mismo tiempo,
mediante el TLC logramos una ampliación del mercado, como nos lo enseñó
Smith, que fomenta una división del trabajo más eficiente y más productivo,
con lo cual los costarricenses veremos aumentar nuestra riqueza.
Por ello, no es de extrañar que un reciente estudio de CEPAL señale que
la región, al formar parte del TLC, tendría un incremento adicional de al
menos el 2% anual; esto, por sí sólo, permitiría que los habitantes de la
región dupliquemos nuestro ingreso per cápita en 35 años, agregado al
crecimiento que se lograría si no existiera el TLC.
Crecer no es nada fácil, como lo pueden atestiguar tantas naciones
pobres de nuestro planeta, por lo que los costarricenses jamás podremos
desperdiciar esta oportunidad que el TLC nos da de que nuestra economía pueda aún
creer más.
Chile se abrió
al comercio internacional, pero no del todo, pues si bien tenía desde un
principio aranceles bajos –y eso fue muy sabio- lo cierto es que los ha ido
reduciendo sólo gradualmente y, sobre todo, fue en el camino cuando eliminó
una serie de distorsiones que tenía y cuya equivalencia arancelaria es fácil
de comprender. Después de llevar a cabo esa muy amplia apertura, se dieron
cuenta de que muchos y muy importantes mercados en algún grado permanecían
cerrados a sus exportaciones, lo que les motivó a diseñar una estrategia
comercial basada en acuerdos bilaterales, en la cual, obviamente, Chile ya no
podía disminuir mucho sus ya bajos aranceles, pero había áreas en donde si
podía “ceder” -lo propio que hagan las partes en un acuerdo comercial
negociado- como lo fue en inversión, derechos de propiedad, participación de
capital extranjero en áreas antes circunscritas al capital doméstico, entre
otras, además de eliminar su ya pocos aranceles.
Así fue como tuvieron éxito en negociar acuerdos comerciales
bilaterales con muchos países del mundo.
En resumen, como
es propio de estos acuerdos, tuvieron que “ceder” (no creo que de mala gana,
aunque no dejó de doler a ciertos sectores proteccionistas y estatistas), a
cambio de acceder a los mercados de los países con que negociaban.
Chile lo ha hecho con los Estados Unidos, con Costa Rica, para que no se
olviden, con Japón, con países de Europa y muchos otras naciones.
Por ello, es una
falacia decir (ah, con estos árbitros del futbol de los lunes) que Costa Rica
debería haberse abierto primero, como Chile y, después, buscar acuerdos
comerciales bilaterales tipo TLC, cuando precisamente, al igual que Chile, en su
momento abrió su economía (ojalá lo hubiera hecho aún más) y ahora busca
firmar acuerdos tipo TLC urbi et orbi.
Igualmente es un
error señalar que el TLC no debía haber introducido innecesariamente temas políticamente
sensibles que complicaron las negociaciones.
Claro que sería un mundo más fácil sin la negociación de esos temas
sensibles: es más, lo más fácil sería lógicamente aquél en que nadie
tuviera que ceder en algo, pero, les recuerdo, en esos acuerdos comerciales las
partes “intercambian” protecciones vigentes; yo me abro en esto y el otro y
vos te abrís en eso y aquello. En
cierta manera, los socios comerciales del TLC le pidieron a Costa Rica que, a
cambio de dar acceso a sus economías, el país abriera sus barreras a la
competencia, y lo que alguien puede considerar como políticamente sensible en
el TLC (además del arroz, cuya protección hoy favorece a cinco ricos a costa
de los más pobres del país), son la apertura (parcial) del monopolio de
telefonía y de seguros, que creo que, como liberales siempre opuestos a la
coerción indebida de nuestra libertad de escoger, no lo vemos como algo malo o
inconveniente.
Los enemigos de
la libertad se pondrán muy contentos con esta argumentación contraria al TLC
que hemos venido analizando -en mucho malentendida, pero se debe a que está mal
argüida- que es presuntamente liberal en su fuente, pero en realidad contraria
a la libertad de escoger, lo cual es en verdad lo propio del pensamiento
liberal. Tal vez si las cosas se
hubieran hecho con mayor cuidado…
Carlos Federico Smith
Queda debidamente
autorizado para reproducir esta columna en el medio de su predilección.

Electra
Net CR
Por: Andrés I. Pozuelo Arce
En estos momentos de crisis climatológica y de una decreciente reserva de petróleo
de fácil extracción, a Costa Rica como país se le presenta la oportunidad única
de crear una red eléctrica inteligente - electra Net - que no solo satisfaga
nuestras necesidades energéticas y las de nuestros vecinos, sino que sirva de
modelo para Latinoamérica. Al escribir esto, pienso en lo que seria una
estrategia hacia el abastecimiento energético a partir de una red eléctrica,
en la que tanto usuarios como proveedores, según las necesidades de consumo o
el superávit de energía de cada pueblo, nos integremos activamente.
La suerte de esta red dependería, sin duda, de la capacidad - instalada y
potencial - de generación hidroeléctrica, sumada a un no menos importante
potencial de generación, basado en el inagotable calor de nuestros volcanes. A
esta red principal se podrían integrar, de manera flexible, los
ingenios azucareros, los dispositivos eólicos, edificios con paneles solares,
plantas térmicas y plantas de aprovechamiento del gas metano en las zonas agrícolas
y en los botaderos de basura. Soñando más allá, estoy seguro de que a muchos
atletas empedernidos les gustaría cooperar, donando la energía que botan en
sus bicicletas estacionarias o bandas de ejercicios, las que contarían con
pequeños generadores de energía conectados a una fuente dinámica de recolección
de electricidad. Es factible vislumbrar, desde aquí, toda una
red de automóviles eléctricos rodando por nuestras calles… ¡y sin una pizca
de contaminación!
Para un proyecto tan ambicioso como este, habría que dirigir el esfuerzo
mancomunado de una entidad llamada Nación, en procura de la asimilación del
conocimiento necesario y la cohesión política e institucional, resueltos a
convertir a Electra Net en nuestro propio viaje a la luna. Como dijo
el mismo John F. Kennedy: “Escogemos ir a la luna en esta década, y a hacer
otras cosas, no porque sean fáciles, sino más bien porque son difíciles, y
porque este objetivo servirá para organizar y medir nuestras energías y
habilidades, dado que este reto es uno que estamos dispuestos a tomar, uno
que no estamos dispuestos a posponer, y uno que estamos dispuestos a ganar, y
los otros también”.
Pero, ¿qué estamos dispuestos a hacer para llegar al objetivo de crear la
primera red eléctrica inteligente de Latinoamérica y quizá del mundo entero?
Lo primero, creo yo, es cambiar de actitud y, en tal sentido, debemos
abandonar nuestras ridículas rencillas de poder político que han caracterizado
a nuestro país durante los últimos 30 años. A la vez, tenemos que abandonar
el modelo rígido de negocios del ICE actual y pasar a uno de vanguardia, en el
que la totalidad de los agentes económicos relevantes puedan participar en las
decisiones de compra y venta de energía eléctrica.
Necesitaríamos también un ministerio de energía que concentre su voluntad y
sus fuerzas en el proyecto, dejando de lado otros menos importantes y
controversiales (la refinería regional y los biocombustibles, por ejemplo).
Asimismo, las universidades del país en su conjunto tendrían que aportar lo
suyo con una variación de los currículos en las ramas de ingeniería y una
inversión sustancial en laboratorios de desarrollo tecnológico.
Este proyecto, más que significar un hito tecnológico para nuestra nación,
podría servir a un propósito mucho más filosófico y “nacionalista” en el
buen significado de la palabra, esto es, podría unirnos tras una meta común
que reúna nuestras energías, las de nuestras mentes y almas, y las de nuestros
recursos naturales. Hagamos del sueño una realidad.
Hagámoslo por Costa Rica.
